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2846. Guerrilleros españoles en el maquis «Bir Hakeim»




Vencida Francia, ocupada una gran parte de su territorio a partir dé la ofensiva de mayo-junio de 1940, quedaba la ficción de la llamada «zona libre» que comprendía, sobre todo, el mediodía francés, excluida la banda que, a lo largo de la Aquitania, condujo a los ocupantes hasta la frontera franco-española de Hendaya. En esta zona, la Policía germana intervenía, casi siempre, a través de la organización administrativa dirigida por el gobierno instalado en Vichy, presidido por el mariscal Petain, en torno al cual los «colaboracionistas» iban adquiriendo puestos de mando y extendiendo su influencia política. Cuando los agentes de la Gestapo hacían acto de presencia en algún lugar «libre», ello significaba que la situación se agravaba y que la naciente Resistencia adquiría proporciones inquietantes.

La caza al hombre—que hemos conocido muy de cerca en la «ciudad rosa», Toulouse— era obra de alemanes, de milicianos de Darnand y de algunos otros agentes extranjeros que tenían para actuar en tierra extraña el beneplácito de la Gestapo. No obstante, la situación, las posibilidades de movimientos, eran mejores que en la zona ocupada, gracias a lo cual pudieron crearse, organizarse, desarrollarse grupos de la oposición activa, como «Combat», «France d'abord», «Libération» y otros, entre los cuales queremos destacar —porque los historiadores del país vecino se olvidan muchas veces de citarla— la Agrupación de Guerrilleros Españoles, que agrupó a muchos miles de compatriotas exiliados. Estos grupos lograron traer en jaque y, en ocasiones, enfrentarse en grandes batallas (Vercors, Gliéres, etc.) con la potencia Wehrmacht. Por lo que respecta a los españoles, grupos, compañías, batallones, brigadas y divisiones participaron en los combates de la Resistencia y en los de la Liberación en más de los dos tercios del territorio metropolitano.

En estas condiciones tan especiales de peligro, el comandante Rigal, poco antes de ser detenido por la Gestapo, en el verano de 1942, conoció en Toulouse a un miembro del grupo «Combat» llamado Jean Capel, con el que coincide en cuanto a la forma de actuar y de organizarse. Capel será más conocido a lo largo de este relato con el nombre de «comandante Barreau» (muchos autores escriben: «Barrot»; nosotros preferimos «Barreau», ateniéndonos al Orden del Día firmado por el general 0lleris y que reproducimos más adelante).

Barreau recibe en su domicilio de la calle Caraman a amigos de absoluta confianza, organiza algunas acciones poco espectaculares pero eficaces, prepara falsos documentos de identidad para personas perseguidas —judíos en particular—, crea un centro de información y una oficina de reclutamiento. Los primeros reclutados fueron su esposa, su suegra, su cuñado. Al poco tiempo recibe la visita del alcalde de un pueblecillo cercano a la capital del Languedoc, Auriac, que pone a disposición del jefe del grupo una propiedad, un «chateau», en el que, de su propia iniciativa, esconde ya a judíos y resistentes perseguidos. Apenas establecido este contacto, los alemanes ocupan la totalidad de Francia, terminando con la ficción de las dos zonas, lo que hace pensar a Barreau y a sus amigos que ya había pasado la hora de la propaganda y de las acciones secundarias; que había llegado el momento de organizar un maquis. Para ello era necesario organizar una escuela de cuadros y, al frente de ella, pone a un ex sargento de Caballería que había hecho su servicio militar en Tarbes, Christian Roque Maurel. El 25 de mayo de 1943 se organiza un primer campo en los alrededores de Villefranche de Rouergue (Aveyron), en el caserío de Estibi, a 15 kilómetros del pueblo. Los primeros componentes de este maquis son 16 estudiantes, sin armas ni equipos, vestidos con pantalones cortos y dedicando la mayor parte de su tiempo a la práctica de la cultura física, al estudio teórico de los reglamentos militares.

Cuando se trató de bautizar al grupo, alguien propuso y los demás aceptaron entusiasmados, que fuera llamado «Bir-Hakeim», en recuerdo del principal hecho de armas en que habían intervenido los «franceses libres en el desierto de Libia. Así, simplemente, sin ceremonial, nació el maquis que habría de vivir una vida intensa y errante, antes de comportarse heroicamente en La Parade, en compañía de nuestros compatriotas emigrados, la mayor parte de los cuales cayeron muertos, con las armas en la mano, en el sitio que es hoy lugar de peregrinación.

Este maquis no fue reconocido oficialmente, «homologado» para emplear el lenguaje de la época, por los servicios de la «Armée Secrete», por lo cual tuvo que arreglárselas como pudo para procurarse armas, municiones, abastecimientos diversos; un sacerdote, Fauveau, les regaló una radio («un aparato de TSF», se decía entonces). De esta manera marginal estuvieron los voluntarios hasta que, el 2 de junio de 1943, el teniente coronel Sarda de Caumont («Pagnol», «Rosette» en la Resistencia), jefe de los maquis R4 (cuarta región) reconoce, por fin, la organización en marcha y toma en mano la dirección de la escuela de cuadros. Barreau recibe una primera subvención de 25.000 francos. Algunos golpes de mano permiten al grupo la recuperación de 70 mosquetones y 7.000 cartuchos con los que armar a los 35 «maquisards» en julio.

Pero el 25 de agosto los alemanes instalan una formación SS en Villefranche, obligando a Barreau a evacuar sus tropas en dirección del departamento cercano del Hérault, sobre la meseta de Douch, cerca de Béradieux, donde recibe un segundo contingente de voluntarios a los que se puede encuadrar fácilmente gracias a los buenos resultados de la escuela guerrillera. Al margen del «Bir-Hakeim», los amigos y familiares de Barreau crean en Toulouse un grupo franco, especializado en los golpes de mano, que se reunía en una sala del Museo de Historia Natural, disimulando su armamento entre las tumbas y que depositaba el producto de sus acciones de «recuperación» en un local prestado por... los servicios municipales de limpieza. Este trabajo permitió dotar al maquis de automóviles, camiones y otros medios de transporte, gasolina y piezas de recambio. El golpe de mano que logró dar mejores resultados fue el que dio el grupo en la Montaña Negra, en un campo de jóvenes («chantiers de jeunesse»), donde los resistentes se apoderaron de dos toneladas de equipos y víveres, calzado, mantas, conservas, etc. Ya el «BirHakeim» había adquirido personalidad destacada entre los grupos resistentes del sector y ahogada autonomía.

Pero esta actividad, esta combatividad, esta notoriedad, terminarían por atraer la atención de los alemanes. El 10 de septiembre, a las seis y media de la mañana, cuando una espesa niebla cubría aún la meseta, se oyeron tiros a corta distancia. Una columna de la Wehrmacht, compuesta de 400 hombres, había cercado el campamento sin que los centinelas se apercibieran de la operación. Inmediatamente, los muchachos de Barreau toman posición y obligan al enemigo a detenerse y, luego, a retroceder. Mas los asaltantes reanudan el asalto, tiran con sus armas automáticas, morteros y cañones ligeros. Estaban rabiosos, pues en el primer asalto habían perdido a varios soldados y un capitán. Después de una hora de combates encarnizados, el jefe del maquis se da cuenta que el cerco es incompleto. Más tarde se supo que los alemanes que debían guarnecer el flanco norte se habían perdido en la bruma, llegando a la cita con dos horas de retraso. De esta manera, los «maquisards» habían desaparecido cuando el grueso de la tropa ocupó la meseta. La pequeña tropa llegó, extenuada y medio desvestida, a una aldehuela casi en ruinas, Saint Pierre le Cat, donde, en contra de la voluntad de sus habitantes, logró encontrar viejos trajes y algunos víveres. Para conseguir el consentimiento, fue necesario amenazar con quemar las viviendas (lo que prueba que, por aquel entonces, los que no sufrían directamente de la presencia alemana, aun sin tener ninguna simpatía por los ocupantes, no se comportaban bien con los resistentes).

Se hizo el recuento: de los 47 resistentes, dos habían quedado sobre el terreno y cuatro fueron hechos prisioneros, fusilados dos meses después en Toulouse. Los asaltantes habían tenido ocho muertos y doce heridos, según se pudo averiguar. Un enlace fue a la ciudad, visitó el cuartel general y, una vez informado éste de lo sucedido, se decidió que los jóvenes fueran a la propiedad de Auriac, que había sido ofrecida mucho antes por el alcalde de esta localidad; otros se escondieron en Toulouse. Era necesario un tiempo de espera para estudiar las posibilidades de nuevos emplazamientos.

En los Bajos Pirineos, las autoridades de Vichy habían instalado unos campos para la juventud, algunos de ellos evacuados por estar cerca de la línea de demarcación. Barreau estudió el emplazamiento del que había existido en la meseta de Benou, cerca de Eaux-Bonnes, y decide la instalación de los refractarios. En la noche del 11 al 12 de octubre, el grupo especial, en un golpe de mano audaz sobre el depósito de los campamentos establecido en el «chateau» de Lespinet, cerca de Toulouse, logró apoderarse de siete toneladas de jerseis, pantalones, sacos tiroleses, calzado, conservas, un automóvil y una camioneta. Así se instaló el nuevo campamento.


LA CAZA AL HOMBRE

Mientras tanto, los servicios policíacos nazis lograron conocer los nombres y domicilios de los dirigentes de este grupo, que no conseguían desarticular ni destruir. Sin embargo, a pesar de las pesquisas, visitas domiciliarias y detenciones de rehenes, los principales interesados no pudieron ser detenidos y fueron a esconderse al «chateau» de Auriac. En esta situación difícil, Barrean establece nuevas relaciones y tiene frecuentes entrevistas con los dirigentes militares, en particular con «Rosette». Las discusiones, a propósito de la actuación de los grupos armados y de su organización, enfrentan a los dos hombres. Muy a menudo no están de acuerdo ni sobre el presente ni sobre el porvenir de la Francia liberada.

El superior jerárquico, por ser su amigo, propone a Barreau:

—Le voy a poner en relación con «Rebatet» (Cheval), responsable de la Región 3 y le voy a destacar con él. ¿Qué le parece?

Barreau acepta la proposición y el maquis «Bir-Hakeim» pasa a depender, en octubre de 1943, de la región de Montpellier. En esta ciudad establece su Estado Mayor en compañía de Mallet y de Coucy. En el 4 de la calle Marechal, se abre un centro de reclutamiento, una vez establecidos los contactos con el jefe regional de la «Armée Secrete» Pavelet («Villars»). Inmediatamente, como en Toulouse, se organiza un cuerpo franco para operar en la región del Hérault, mandado por Mallet, a quien los guerrilleros llaman «el toubib».

Barreau soñaba con organizar una fuerte concentración de voluntarios. Cuando recorrió la región de Clermont l'Hérault se quedó atónito: donde esperaba hallar grupos fragmentados, descubrió una verdadera falange de jóvenes patriotas ardientes y deseosos de combatir bajo sus órdenes. La integración de estas tropas aguerridas y con elevada moral en el «Bir-Hakeim» fue el acontecimiento principal de su historial: aumentó su prestigio y multiplicó sus posibilidades de acción. Fue gracias a esta potencia que, incluso después de la tragedia de La Parade, de la que hablaremos más adelante, el maquis logró renacer de sus cenizas y triunfar.

En diciembre, ya reunidas las fuerzas hasta entonces dispersas, canalizadas las iniciativas personales del comandante Barreau y del capitán Demarnes, el «Bir-Hakeim» tiene: en Montpellier, el Estado Mayor más el cuerpo franco de Mallet; en Toulouse, un cuerpo franco mandado por Darrénougué; en Clermont l'Hérault, el grupo de combate venido de Benou, más el maquis-escuela. Al salir de una reunión celebrada en Toulouse, a la que asistían Barreau, Uziel («Viví ») y Coucy, estos dos últimos fueron detenidos —un delator que les conocía comunicó su presencia al inspector de policía Puchot, especialista de la lucha antiguerrilla urbana—, pero Barreau logró escaparse. Coucy fue internado unos días en la Intendencia de la Policía de Montpellier, y Barreau, al frente de un grupo de «maquisards» intentó, en vano, liberarle. Más tarde, trasladado a la Central de Eysses (véase nuestro artículo precedente) fue a parar al campo.de exterminio de Dachau, luego a Mathausen, de donde regresó a la Liberación en un estado de salud lamentable.

Barreau se reincorpora al maquis de Clermont. La fisonomía de la región aparecía como un lugar ideal para servir de base a operaciones futuras: cerca del litoral, donde se podía ayudar a un posible desembarco aliado; posibilidades de dispersión rápida en caso de peligro por estar a caballo entre el valle y la montaña. De allí partieron la mayoría de las expediciones de «recuperación» de armamento, municiones, abastecimientos y otros materiales que les enviaban otras formaciones clandestinas. El grupo de combate de Clermont llegaba de refuerzo cuando un «grupo-maquis» era atacado; el «grupo-maquis» suministraba hombres al «grupo-combate» cuando se realizaba un golpe de mano de difícil ejecución. De vez en cuando, los de la llanura subían al monte para descansar, para hacerse «olvidar» por los perseguidores al acecho, y volvían a bajar descansados, en busca de nuevas aventuras.

Un día advirtieron a Barreau que su escuela de Benou estaba en peligro y dio a ésta orden de repliegue. La nueva concentración de efectivos coincidía con la decisión del jefe regional de reunir a los grupos desperdigados y almacenar los víveres necesarios para un largo período y mucha gente. Al entregar la suma de cien mil francos al encargado de realizar el proyecto, le dijo:

—Pronto les enviaremos una formación constituida ya para instruir a los nuevos reclutas. El grupo viene armado.

Se trataba del «Bir-Hakeim».

La preparación de este nuevo campo de acogida fue minuciosamente estudiada. Si los comerciantes de los alrededores se comprometieron a suministrar víveres, muchos fueron los responsables locales que estimaron que no se podía establecer un maquis tan cerca de la carretera general y de una villa con una importante guarnición alemana. Tras numerosas visitas a los lugares mejor adaptados para los emplazamientos, se eligió Terris (Gard) en noviembre de 1943. El 2 de diciembre llegó el primer equipo, compuesto de 13 hombres. A partir de entonces empiezan las incorporaciones de refractarios al trabajo obligatorio en Alemania, venidos de los departamentos del Gard, Ardeche y Vaucluse, obreros e intelectuales. El maquis cuenta ya con más de sesenta voluntarios y, después de algunos golpes de mano, posee el armamento necesario para hacer frente al enemigo, en la defensa o en el ataque. No faltan responsables que acusan de coquetería a los «maquisards» porque éstos parecen provocar a los alemanes, recorriendo con sus vehículos las carreteras, en pleno día, a toda velocidad, pasando por delante de la estación del ferrocarril y del Hotel de Europa, donde están alojados los jefes germanos.

Dos veces los ocupantes les persiguen, pero, a fuerza de audacia—o de inconsciencia— logran los hombres del «Bir-Hakeim» escapar sanos y salvos.

Barreau tiene apreciaciones discordantes a las de Jean Serbe (verdadero nombre: Jean Todorov, otro héroe del maquis). Esta falta de unidad de criterio en el mando perjudica al conjunto del movimiento guerrillero regional. Los alemanes, al atacar a los «maquisards» harían olvidar las disidencias y luchas intestinas y alejar los enfrentamientos estériles.


EL ATAQUE DEL 26 DE FEBRERO DE 1944

En el «mas» de Serret, los «maquisards» habían almacenado importantes reservas en víveres, armamento, municiones, materiales diversos y gasolina. El sábado 26 de febrero, Mallet recibe la orden de Barreau de reunirse en este lugar por temor a un ataque enemigo. La víspera, una patrulla de resistentes había visto no lejos de allí a un grupo de siete vehículos alemanes. Los jóvenes, en lugar de esconderse y vigilar los movimientos de los soldados, abrieron el fuego matando, en el coche que iba a la cabeza de la expedición, a un comandante y tres oficiales. El resto del convoy dio media vuelta. Y, al día siguiente, llegó un contingente de SS de la Novena Panzerdivisión Hohenstaufen; el Estado Mayor alemán estaba decidido a terminar con las bandas de refractarios que les acuciaban con sus emboscadas.

El 26, pues, a las ocho de la mañana, una columna de cuatrocientos soldados, con autos, camiones y cañones ligeros, atraviesan el pueblecillo de La Bastide de Virac en dirección de Serret. Gendarmes y milicianos franceses forman parte de las fuerzas represivas. Las avanzadillas del maquis dan la alerta, tiran; los alemanes responden con un fuego nutrido. Los dos primeros caídos fueron dos españoles: los hermanos Navarro, que llegaban con un camión de abastecimiento y se encuentran en medio del tiroteo. Los «maquisards», que mantuvieron a raya a los asaltantes, sienten que van a ser cercados y deciden retirarse. El «Bir-Hakeim» perdió en esta operación a un sólo hombre, «el Abuelo», que se sacrificó para que los demás se pusieran a salvo. Los asaltantes tuvieron veinte muertos y treinta heridos.

Cincuenta combatientes deciden establecerse en La Silvadiére y otros quince se quedan en los parajes cerca de Serret. Los alemanes, furiosos, logran cercar dos propiedades: Plagnol y Roche, entran a saco en ellas, lanzando granadas en el interior, se apoderan del dinero y joyas que había en los armarios, detienen y se llevan a los propietarios, mientras que los hombres de La Silvadiére soportan un nuevo ataque alemán.

Este mismo día reservaba otras sorpresas a los resistentes. Algunos vehículos caen en unas emboscadas, otros se encuentran inopinadamente con barreras instaladas por las tropas adversas a la entrada de Saint-Hippolyte du Fort y en algunas de sus calles estrechas. Hubo muchos muertos y algunos heridos, más un puñado de prisioneros. El alcalde afirmó que eran vecinos del pueblo, por lo que evitó las represalias anunciadas. Continuó la caza al hombre con mayor saña. Varios heridos fueron conducidos por sus camaradas al hospital, donde, a pesar de la oposición de los médicos, fueron asesinados allí mismo por los SS.

Conviene destacar un hecho, anecdótico si se quiere, pero significativo: la formación SS que actuó en Saint-Hippolyte estaba compuesta de cuadros alemanes y de soldados de diversas nacionalidades: checos, italianos, franceses y españoles. Una vez más, como sucedió en otros frentes de Europa y en la Unión Soviética, compatriotas nuestros se batieron los unos contra los otros, quien vestido con el uniforme negro y la calavera, -quien con la pelliza del guerrillero.

El primero de marzo, detención de seudorresistentes en las calles de la villa, que serviría de pretexto para preparar, en gran secreto, una gran operación en el este y el noroeste del Gard, donde había varios grupos de la Resistencia más el «Bir-Hakeim». Las operaciones empezaron el día 6 y se extendieron hasta el mes de abril; los alemanes vinieron cinco veces a los emplazamientos de los hombres de Barreau. Luego, durante un período de reagrupamiento y de reorganización, fue la paz relativa.

Del conjunto de estas operaciones existen documentos abrumadores, en particular para los ocupantes. El jefe de la brigada de Gendarmería de Pont Saint-Esprit, el ayudante Chambon, habla de docenas de detenidos contra los que no pesaba ninguna acusación. Dos habitantes del pueblo denunciaron a otros, acusándoles de «burgueses gaullistas». Al final, gracias a los chivatos locales, que querían arreglar cuentas con otros conciudadanos por alemanes interpuestos, éstos lograron detener a amigos del maquis que servían de enlace o suministraban informaciones.


LA TRAGEDIA DE LA PARADE

Es hora ya de hablar de los guerrilleros españoles y de su espectacular participación en los combates contra el ocupante. A mediados de 1942 fueron reclutados los primeros voluntarios que se instalaron en los bosques frondosos del departamento de Lozére. La mayoría venía de la cuenca minera de la Grand Combe y de Alés (Gard), de donde salieron guerrilleros tan famosos como Cristino García, más tarde fusilado en España por tentativa de creación de grupos armados. Hasta finales de 1943, la Quince Brigada de la Tercera División de la Agrupación de Guerrilleros españoles fue mandada por García Acevedo. Cuando éste pasó a mandar la Primera División (Gers, Altos Pirineos, Bajos Pirineos) fue sustituido en el cargo por Miguel López. La Brigada disponía de abundante dinamita, que se extraía de las minas del Gard. No es ésta la ocasión de citar el número y la importancia de las acciones realizadas desde su creación, sobre todo los sabotajes en fábricas y minas. Como los españoles, aunque gozaban de total autonomía en las filas de la Resistencia, trabajaban en contacto con los maquis franceses (en los que había, igualmente, muchos compatriotas), era natural que el «Bir-Hakeim» solicitara la ayuda de los hombres de López para ayudar a recoger los envíos de armas que llegaban por avión y serían largados en el lugar conocido por el nombre de La Parade, un prado en las alturas, en torno al cual abundaban los árboles. Esta recuperación resultaría trágica como vamos a ver.

Los alemanes habían sido advertidos del «parachutage» proyectado. En las cercanías de la meseta pelada concentraron hombres y material abundantes. Pero los resistentes se apercibieron demasiado tarde de la presencia enemiga. Los hechos ocurrieron el 28 de mayo de 1944. El destacamento español formó una línea de protección para cubrir la pista y colocó algunos centinelas para evitar la sorpresa posible.

Y la sorpresa tuvo lugar, sin embargo. El ataque alemán se inició por los cuatro costados. Los «maquisards», pasada la primera sorpresa, resistieron heroicamente. En los primeros combates cayó el comandante Barreau. Inmediatamente toma la dirección de las operaciones Miguel Lopez, que continuó la resistencia aun cuando parecía que todo estaba perdido para la tropa gaullista. Replegándose llegaron hasta una casa, donde se refugiaron los supervivientes de la encerrona. Desde ella, economizando cuanto era posible las municiones, hicieron muchas bajas entre los asaltantes, lo que enfurecía aún más a éstos. Después de varias horas de lucha, los alemanes dieron el asalto y lograron ocupar las posiciones que los franceses y españoles aún en vida defendían hasta haber terminado las municiones. Los guerrilleros hechos prisioneros estaban todos heridos, entre ellos, gravemente, López. Los alemanes, sin hacerles una cura de urgencia (¿para qué, si los pensaban matar?), les condujeron a Mende, donde pensaban interrogarles. Todos ellos fueron torturados y algunos murieron a causa de las torturas. Al no conseguir informaciones interesantes, les metieron en un camión para conducirles hasta Baradoux, donde serían fusilados. Mientras se formaba el pelotón de ejecución, Miguel López, debilitado por la pérdida de sangre, casi paralizado por la tortura, hizo un último esfuerzo para escaparse, cayendo, a los pocos metros, acribillado a balazos. En Baradoux cayeron, además de López, los guerrilleros Manuel Suárez, Eloy Montes, Manuel Sánchez, Manuel Garrido, Gabriel Asensio, Felipe Casal y Manuel Carrasco. En los lugares en que hubieron de batirse cayeron para siempre, además de los franceses del maquis, nuestros compatriotas Enrique Oliva, Manuel Mejías, Remigio Hons, José García, José Camarasa, Agustín Fuentes, Celestino Cuesta, Manuel Cuenca, Marcos Amador, Mariano Cales, José Fernández, Carlos Gallego, Aquilino García, Gilberto Teruel y Joaquín Olmos. Joaquín Olmos, Aquilino García y Manuel Carrasco, veteranos ya de las luchas guerrilleras en Francia, habían participado en el asalto a la cárcel de Nimes.

El golpe fue rudo para los muchachos del «Bir-Hakeim» como para los de la Brigada española. Pero ésta reclutó nuevos elementos y actuó brillantemente en los sucesivos combates que terminarían con la liberación de la región. Otros compatriotas dejaron allí sus vidas: el capitán José Simó, Félix Aguado, Antonio Carrasco y Pedro Sánchez. Hubo también catorce heridos. No quisiéramos terminar esta crónica sin citar el ejemplo de coraje dado por José 0lloza, autor o coautor de varios sabotajes, detenido por la Gestapo, conducido a Mende y de allí a Montpellier. Después de haber sufrido lo indecible, sin que denunciara a ninguno de sus camaradas, logró escaparse e incorporarse a su Brigada. Habiendo tomado parte en los combates de la Liberación fue, como otros más, condecorado con la cruz de guerra. De estas gestas españolas en tierras extrañas quedan, entre otros, el monumento elevado a su memoria en La Parade, sobre el cual están cincelados los nombres de los caídos.


Alberto Fernández
Tiempo de Historia nº 12, noviembre 1975









2100. Secundina Barceló: "Me conocieron por los zapatos"



Entré en Francia en febrero de 1939, pasando por la frontera de Puigcerdá. Internada un día o dos en un hangar de la estación de La Tour de Carol, con otras mujeres, niños y hombres de edad avanzada, de donde fuimos trasladados por tren a Los Andelys(Eure) y alojados en una antigua cárcel y al cabo de varios meses, nos enviaron a Gayon (Eure) y alojados también en una vieja cárcel de menores, hasta junio de 1940, que, como toda la población, huyendo del avance, de las tropas alemanas, participamos en el éxodo a pie por las carreteras, en dirección al Sur, llegando hasta la Loire, donde los alemanes ya se nos habían adelantado y, por tanto, tuvimos que volver atrás, hasta París.

Después de pasar varios días en un "garaje de asilo" del bulevar Raspail, un importante grupo de españoles, fuimos albergados en el cuartel Les Tourelles (París 20), donde mi compañero (Rafael Salazar Laborda - Eysses: 2.754 Dachau-Allach: 73.610), poco después, logró entrar en contacto con uno de los dirigentes españoles de la MOI (José Miret) y se empezó en dicho cuartel entre los españoles un trabajo de organización, distribución de octavillas y prensa clandestina. Se me utilizó como enlace y para el reparto de los diarios, hasta enero de 1941, en que me trasladé a Orléans (Loiret), donde proseguimos en mayor escala las mismas actividades, hasta enero de 1942, en que mi compañero fue enviado a la Bretagne.

Quedando sola en Orléans, con mi hijo (entonces de nueve años de edad), y a pesar de tener que trabajar para poder comer, continué las actividades clandestinas, poniendo a la disposición de la organización clandestina la habitación que ocupábamos y que fue a menudo utilizada para reuniones de los dirigentes de la MOI y de los "maquis" de la región; y también algunos perseguidos por los nazis o la Milicia se camuflaban algunos días en mi casa, hasta que se les podía encontrar otro sitio seguro o los medios para hacerles pasar a zona "no ocupada".

Puse también a la disposición de la organización de resistencia la buhardilla, que se utilizó como depósito de prensa clandestina y octavillas anti-nazis, y algunas veces armas y municiones, máquina de escribir, papel, etc., pero en general mi mayor actividad fue la de enlace y buzón entre los diferentes grupos de resistentes españoles, de la MOI y franceses; el transporte y distribución de la prensa clandestina ("Reconquista de España" y otros diarios en español, catalán y francés, llamando a la lucha contra el fascismo y el ocupante nazi).

El 19 de julio de 1944, a las tres de la tarde, fui detenida. Se presentaron en mi casa milicianos, agentes de la Gestapo y perros policías. También fueron detenidos seis hombres, ninguno de los cuales formaba parte de las organizaciones clandestinas, y por el solo hecho, unos de vivir en la misma casa, y otros, por haber entrado a visitar a otros vecinos, ya que durante unos ocho días establecieron una "souriciére" (ratoneras); pero, por suerte, no detuvieron a las mujeres españolas que fueron a verme, y esto permitió que pronto se supiese mi detención y tomar las medias necesarias, evitando así el arresto de otros camaradas, ninguno de los cuales cayó en las redes tendidas por la Gestapo.

Como es natural, hicieron un registro general, encontrando en la buhardílla prensa, octavillas y otros materiales, registro que completaron pillando todo aquello que pudiera tener algún valor, incluso en otras habitaciones de la casa. Como ya he dicho, vinieron a detenerme a las tres de la tarde, afortunadamente, ya que la misma mañana había tenido lugar en mi casa una reunión en la que participaban responsables españoles, franceses y de la MOI.

Mi detención fue debida a una denuncia de alguien que estaba al corriente de mis actividades y que incluso había participado en el trabajo clandestino, pero detenido más o menos por azar, obtuvo su libertad (según él se escapó) gracias a su buena voluntad, diciendo todo lo que sabía sobre mí y mis actividades.

En el local de la Gestapo de Orléans empezaron los interrogatorios, acompañados de bofetadas, puñetazos, quemaduras con cigarrillos en los brazos. Ante mi silencio, más tarde emplearon la matraca, luego el lavabo y, finalmente, el suplicio de la bañera. Como continuaba sin querer hablar, me amenazaron con que, si no daba los nombres y domicilios de los responsables de la Resistencia local y regional, como también los de todos aquellos que conocía y que participaban a la lucha, detendrían a mi hijo y lo colgarían. Este "tratamiento" duró unos quince días. Entre tanto, y por otras causas, algunos otros camaradas habían sido detenidos, los cuales, cuando al fin me permitieron salir a pasear por el patio de la cárcel, no me reconocieron: tanto mi cara estaba hinchada y desfigurada debido a los golpes recibidos.


Me conocieron por los zapatos

Íntimamente sentía una gran satisfacción y orgullo de haber tenido la fuerza moral y física de haber resistido a la bestia nazi y a sus métodos bárbaros y salvajes de intimidación. Sabía que había cumplido con mi deber y que nadie había caído en manos de los nazis por mi culpa. Además, si como decían en los últimos ínterrogatorios, me iban a fusilar, sabía también que mis camaradas, continuando la lucha, me vengarían, y sobre todo que se ocuparían de mí hijo, por lo menos hasta el regreso de mi compañero, que también había sido detenido, mucho antes, a fines de 1942 (Rafael fue detenido el 30 de noviembre de 1942 cerca de la plaza de Italia en Paris), y deportado a Dachau.

A principios del mes de agosto de 1944 fui trasladada de Orléans a la cárcel de Fresnes, donde estuve hasta el 15 del mismo mes, en que fui deportada a Ravensbruck, siete días y siete noches de viaje, 70 mujeres por vagón de mercancías, en las condiciones trágicas conocidas por todos los deportados.

Hice la cuarentena en Ravensbruck, que duró menos de un mes, en un block infecto (como todos), hacinadas y maltratadas (como todas) y nos hicieron trabajar transportando arena de un lado para el otro, y al mediodía la clásica "gamella" de un líquido pomposamente llamado "sopa", que era tan infecto como el block.

Más tarde me mandaron en "Kommando" a Torgau (cuatro días de viaje). Trabajé en el bosque, traslado de leña, etc. Habiendo pedido voluntarias para trabajar en la fábrica de material de guerra y hábiendome negado (como la mayor parte), fuimos unas 250 mujeres trasladadas (otros cuatro días de viaje) a Abteroda, e inmediatamente obligadas a trabajar en la fábrica de municiones y alojadas en el piso superior de la misma fábrica.

Al cabo de varios meses, otro traslado y otros cuatro días de viaje hasta el campo de Markleeberg, donde trabajaba de día con un pico y una pala como "terrassier", y por las noches, como suplemento, en la descarga de vagones de carbón.

Ante el avance de las fuerzas aliadas, las autoridades nazis del campo decidieron evacuar éste y salimos caminando por las carreteras, según parece en dirección a Checoslovaquia. A los varios días de marcha, y en compañía de otras tres deportadas (francesas), conseguimos escaparnos de la columna y atravesar bosques y caminos; llegamos a un campo de trabajadoras voluntarias, que nos dieron de comer y nos guardaron unos ocho días, escondidas, hasta la llegada de las tropas soviéticas, y con las tres camaradas de deportación antes indicadas, volvimos a ponernos en camino, hasta llegar a un hospital de campaña americano, de donde pocos días después pudimos ser trasladadas a Francia, llegando a Paris a fines de 1945 y, como todos los deportados, acogidos en el hotel Lutetia. 

Tanto en Torgau como en Abteroda y Markleeberg, formé parte activa de grupos de resistencia (siempre con las camaradas francesas, ya que yo era la única española) al trabajo para el potencial de guerra nazi, sabotajes (en general poco importantes, pero eficaces), etc., y también, dentro de las posibilidades ayudé a las camaradas más débiles o castigadas y sobre todo en el apoyo moral a aquellas que más lo merecían por su actuación anterior y que caían, ante nuestra espantosa situación, en el desespero y pérdida de perspectivas para continuar la lucha. Este trabajo permitió, en la mayoría de los casos, recuperar fuerzas morales y poder resistir hasta la liberación.


De la Resistencia y la Deportación 
(50 Testimonios de mujeres Españolas) 
Neus Català 









1590. Paco Ponzán o el beso del olvido

“…Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado de mi maestro, el profesor Ramón Acín, y de mi amigo Evaristo Viñuales”.

Testamento de Francisco Ponzán escrito el 27 de diciembre de 1943 en la prisión militar de Fourgolle (Toulouse).


Quizá porque su padre murió cuando él tenía siete años y por haberse criado rodeado de los cuidados que le prodigaban su madre y sus hermanas, Francisco Ponzán Vidal (Oviedo, 30 de marzo de 1911-Toulouse, 17 de agosto de 1944) era un niño un poco melancólico, con propensión a la tristeza. Hizo los estudios primarios en los salesianos de Huesca, y después ingresó en la Escuela Normal de maestros. Allí conoció a Evaristo Viñuales, que se suicidó en el puerto de Alicante en 1939, antes de dejarse atrapar por las tropas de Franco. Además, en la Normal le aguardaba el gran descubrimiento que explica su vida: el profesor Ramón Acín, a quien admiró por su sensibilidad, su concepto de la justicia, su fe en la humanidad, su preocupación por el bienestar de los humildes. Para aquellos jóvenes que se asomaban a la vida, Acín era un ejemplo de honestidad. Por eso, Ponzán se afilió a los 18 años a la CNT.

Cuando terminó magisterio, ejerció en Ipas y en Castejón de Monegros. Entonces ya le habían detenido varias veces por su participación en mítines, en huelgas o en pequeños sabotajes. Luego estuvo destinado en municipios de La Coruña. En julio de 1936, nada más terminar el curso, acudió a Huesca. Ponzán era partidario de defender la República con las armas. Ramón Acín le pidió un poco de calma, pero al día siguiente ya fue tarde. Paco Ponzán huyó de Huesca. Cuando se enteró del asesinato de Ramón Acín, fusilado el 6 de agosto de 1936, lloró amargamente.

En octubre de 1936, fue nombrado Consejero de Transportes y Comunicaciones del primer Consejo Regional de Defensa de Aragón. Después ocupó la subsecretaría del Departamento de Información y Propaganda. En Caspe, en el desconcierto y el dolor de la guerra, conoció a Palmira Plá, una maestra que había llegado de Teruel para responsabilizarse de las colonias escolares. Con ella compartió muchos sueños hasta el final de su vida. Se hubiera quedado para siempre con ella, pero Ponzán era un hombre de acción y solicitó formar parte del Grupo Libertador, que en agosto de 1937 se integró en el Servicio de Información Especial Periférico (SIEP), encargado de elevar informes sobre la situación de los destacamentos enemigos, de realizar sabotajes y de pasar a zona republicana a personas perseguidas.

El 10 de febrero de 1939, Ponzán pasó la frontera francesa. Estuvo unos meses en un campo de concentración de Vernet d’Ariège. En agosto se instaló, junto a su hermana Pilar, maestra de Jaca, y a la viuda y la hija de Evaristo Viñuales, en Virelhes, aunque unos meses más tarde se trasladarían a Toulouse. Desde ese mismo instante, empezó a tejer una organización de guías y pasadores que sacaba personas de España. Durante la segunda guerra mundial, trabajó para los aliados, convencido de que “trabajar para ellos era trabajar para nosotros”. Colaboró con los servicios de inteligencia ingleses, belgas y franceses. Facilitó la salida de Francia a centenares de personas a cambio de armas y de dinero para la luchar contra Franco, para llevar esperanza a los presos en España.

En 1941 se organizó la cadena de evasión Pat O’Leary con el principal objetivo de rescatar a los aviadores aliados que caían en suelo francés y conducirlos a refugios seguros, procurarles ropa, comida, documentación para cruzar los Pirineos y devolverlos desde Portugal o Gibraltar a territorio aliado. En este último eslabón de la cadena trabajaban los hombres de Paco Ponzán.

Aquella Francia resistente era un mundo de sospechas y traiciones, de calumnias, de agentes dobles y de confidentes. Un complicado juego de estrategia en el que Ponzán, un hombre inteligente y calculador, se desenvolvía con increíble soltura. Una de aquellas traiciones fue la causa de la detención de Ponzán en Toulouse en abril de 1943. Cuando en la primavera de 1944 Palmira Plá, que sufría el exilio en Chartres, se enteró de su detención, se desplazó a Toulouse.

Dos días antes de que los alemanes abandonaran Toulouse, el 17 de agosto de 1944, Ponzán, que acababa de cumplir 33 años, fue asesinado en Buzet-sur-Tarn, un bosque de las afueras de la ciudad, junto a unas cincuenta personas. Como quemaron sus cuerpos, no pudo cumplirse su última voluntad: ser enterrado junto Ramón Acín y a Evaristo Viñuales.

Los sesenta años transcurridos desde el asesinato de Paco Ponzán son muy pocos para quienes paseamos por las mismas calles que él frecuentaba y miramos el mismo cielo que él miró, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas pensando en ella y pensado en Ramón Acín. Ante su testamento incumplido podemos –y debemos- escribir su nombre para que el recuerdo sea una manera de devolver a Paco Ponzán a esta tierra.


Víctor M. Juan Borroy,                 
Qriterio Aragonés, 6 de agosto de 2004 











1460. Testimonio de José Caballero, guerrillero en la Alta Saboya

Avelino Escudero y José Caballero ( Del Blog víctimas del fascismo de La Torre de Esteban Hambrán)


Yo era teniente del Ejército de la República y fui herido tres veces, en Teruel, en el Ebro y en Segre. Pasé la frontera el 9 de febrero de 1939 por la Junquera. Tenía entonces 21 años. Fui internado en el campo de Saint Cyprien. Nos daban cada día un pan para 25 y una lata de sardinas para 10. Estábamos guardados por los senegaleses a caballo. Más tarde crearon Compañías de Trabajadores, mano de obra barata, para hacer carreteras, limpiar bosques, etc.

Yo me incorporé a la Resistencia a últimos del 42 en Doussard, cerca de Annecy. Porque los alemanes nos querían llevar a trabajar a Alemania y dijimos, antes que irnos a trabajar a Alemania preferimos coger de nuevo las armas para luchar contra ellos. Nosotros habíamos perdido una batalla pero queríamos continuar la guerra. Puede usted creerme que yo empecé la guerra el 18 de julio de 1936 y terminé en marzo de 1945 en Toulouse.

Los maquis hacíamos sabotajes a los camiones alemanes, hemos volado algunos puentes y cosas de ese tipo.

En febrero de 1944 yo fui uno de los 56 españoles que estuvimos en el Plateau de Glières. Los dirigentes de la Resistencia nos convocaron a todos los maquis en una montaña que llaman el Plateau de Glières. Este llamamiento lo hacían los franceses para hacer ver al mundo entero que había una cabeza de puente aquí, para que nos metieran armamento. Fue una concentración temeraria de guerrilleros. Éramos chicos muy jóvenes y los franceses de la Resistencia también eran muy jóvenes. Era un equívoco porque la guerrilla es otra cosa, es dar un golpe y desaparecer. Hasta el 27 de marzo estuvimos en esa montaña, con dos metros de nieve. Al cabo del tiempo nos atacaron, alemanes, milicianos, guardia móvil, artillería, aviación, y nosotros allí metidos, sin comer ni nada, no podíamos hacer nada. Llevábamos ya ocho días que no teníamos casi nada. La aviación alemana rompió todos los chalets, lo rompieron todo. Y el capitán de mi compañía ordenó la retirada y cada uno fue a salvarse como pudo.


Félix Santos
"Españoles en la liberación de Francia:1939-1945)
Capítulo IV










1455. Testimonio de Vicente López Tovar, coronel de guerrilleros

Terminada la Guerra Mundial, el Gobierno francés le nombró Caballero de la Legión de Honor. Está en posesión de la Cruz de Guerra con palma y de la Medalla de la Resistencia.

Cuando estalló el movimiento casarista estaba yo comiendo en casa en Madrid y vinieron a buscarme en coche, «ven corriendo que hay una sublevación». Venían Tagüeña, Modesto, Líster, en coche. Me dicen, coge el sombrero y la pistola. Le dije «hasta pronto» a mi mujer.

Al pasar la línea, allí estaba la CNT que controlaba, la camioneta que teníamos que pertenecía al Estado Mayor estaba en regla. Llegamos a Elda. Allí me encontré con el Gobierno, autoridades militares, ministros... Estuvimos allí un día o día y medio. De allí cogimos el avión. Había tres Douglas. Uno de ellos fue a África y los otros dos vinimos aquí a Toulouse, a Francazal. En el avión venía Negrín y el Gobierno en pleno, jefes militares, Modesto, Merino. Era el 7 de marzo de 1939. Nadie salió a recibirnos, ni siquiera nos pidieron la documentación. Yo era entonces comandante jefe de División. Había mandado dos Divisiones y era fundador de la 53 Brigada Mixta encargada de defender Madrid, y fue la que se sublevó cuando el golpe de Estado. Fusilaron a Conesa que fue el Comisario.

En Toulouse, Moix, el ministro del difunto Gobierno Español, me condujo a la casa del Partido Comunista francés, en la Allée Roosevelt, donde nos recibió el diputado francés Gabriel Peri, más tarde fusilado por los alemanes.

Los camaradas españoles me indicaron que me presentase al otro día por la mañana, y me fui a dormir a casa de un camarada francés. Por la mañana temprano cuando llegué allí, Peris me comunica que todos habían salido la noche anterior hacia París. Me envió a casa de unos camaradas para solucionar mi problema. Fue el camarada Juan Fabre, que vivía en la carretera de Lavaur, quien me dio hospitalidad. Esta situación duró algún tiempo hasta que me anunciaron una pensión de mil francos mensuales de la parte del SERE, una representación republicana que se formó en París.

Así fue mi salida de España y el comienzo de mi exilio.

En Toulouse iniciamos el trabajo de contactar con comunistas españoles para formar grupos. Yo tuve la suerte de encontrar a José Vallador que fue jefe de Brigada en la 46 División. Era asturiano y miembro del Partido. Poco a poco empezamos a contactar con los camaradas que encontrábamos en la calle. Empezamos a reagruparlos y con la colaboración del Partido Comunista francés podíamos enviar a algunos a la campaña. Otros que conocían algo de mecánica los enviamos a la fábrica de aviones Dewuaitine y Breget. Los camaradas franceses se ocupaban de ellos y les enseñaban el oficio.

Estábamos asombrados de comprobar que toda la dirección del Partido, Comité Central y Buró Político, habían salido de Francia dejando completamente abandonados a más de 500000 refugiados en los campos de concentración, y otros que habían podido escaparse las arreglaban como podían.

Ocupada Francia por los alemanes y vista la extraordinaria cantidad de refugiados de todas las nacionalidades que llegaban a Toulouse, decidimos ir a Burdeos, a ver si podíamos embarcar hacia Inglaterra. Fuimos Vallador, Alberto un asturiano que conocíamos y yo. Aquello era una verdadera casa de locos. No encontramos medios para ir a Inglaterra. Sólo las personalidades podían hacerlo, y no todos. Decidimos volver a Toulouse.

Empezamos a trabajar como leñadores o en lo que fuera, clandestinamente. Los camaradas franceses nos ayudaron enormemente para sacar a muchos de los campos de concentración para trabajar como obreros, haciéndose ellos responsables. Esto nos permitía tener algunos escondidos. Los que eran propietarios de pequeños bosques nos los dejaban explotar, por ejemplo en Varilhes (Ariège), el camarada Benazet, que además tenía un garaje. Había otros también que sin ser comunistas nos dejaban hacer carbón. Estaban encantados, pues declaraban tres obreros, y tenían el producto de diez o doce que teníamos allí escondidos. Todos estábamos convertidos en leñadores.

Otro francés, Valisou, nos prestó su nombre para poder comprar los bosques para su explotación, y así nació la Sociedad Vallador, que fue la base de los auténticos maquis.

Nuestra misión era estar escondidos para que no nos cogieran los alemanes. Después de un cierto tiempo empezamos a esconder armas. Estábamos seguros que un día tendríamos que coger las armas para luchar al lado de los franceses, y al mismo tiempo defender nuestra vida.

Las operaciones de envergadura comenzaron en el 43, porque en ese momento ya teníamos armas. En el mes de abril de 1943 ocurrió el desastre de las Cabannes, cerca de la frontera. Un gran número de gendarmes se llevaron por sorpresa a 27 camaradas, atados con cuerdas. Estaban desarmados, alguna pistolilla del 6,35. Esto ocasionó una gran desbandada.

Prosigo la organización, y junto con Vallador visito los bosques donde se camuflaban camaradas. Comienzo por Saint Hilaire, cerca de Carcassone (Aude). El secretario de la alcaldía estaba completamente ligado con nosotros. Nos facilitaba toda la documentación que nos hacía falta. Toda esta organización de tajos de trabajo se debía a Vallador, el cual en ciertos momentos corría gran peligro, debido al sabotaje que se efectuaba: carbón mojado y con piedras. Esto fue tan exagerado que los alemanes llegaron a amenazarle de deportación.

En Saint Girons puse de responsable del Partido a Francisco Castañeda, que había estado conmigo en el Batallón Motorizado en Madrid, con la misión principal de establecer contacto con las minas de Santein, cerca de la frontera y recuperar el máximo de dinamita.

Un día nos informan que los contrabandistas van a hacer un pasaje con bastante tabaco desde Andorra. En ese momento el tabaco costaba caro. Como conocíamos el itinerario preparamos una operación de recuperación. Nos emboscamos y cuando los vimos cargados como mulos, en un sitio que no les quedaba más remedio que recular, tiramos algunos disparos con los fusiles. Echaron la carga por tierra, y pies para qué te quiero. La venta de esta tabaco nos produjo mucho dinero. Creo que Vallador pagó el chantier de Prayols con este dinero. Este lugar nos era de gran utilidad pues era uno de nuestros pasajes para ir a España.

Estando en Prayols se nos presenta un día un joven voluntario, de 17 años aproximadamente, recomendado por alguien de confianza. Con el fin de probar su coraje le ordenamos apoderarse de una bicicleta en Saint Girons. Para nosotros una bicicleta era un arma de guerra pues no podíamos circular de otra manera. Llegó a Saint Girons y vio, delante de una barbería, una bicicleta apoyada en la pared. Cogerla y echar a correr fue instantáneo. Al llegar a Prayols nos dimos cuenta que ni siquiera la había quitado la placa de identité. Tuvo suerte que en la carretera no le pidieron los papeles, porque la bicicleta era de un gendarme que se estaba afeitando.

Con la dinamita que recuperábamos y algún arma que caía en nuestras manos, se empezaron operaciones de más envergadura. La más importante fue la efectuada el 11 de noviembre de 1943 en que se volaron los postes de alta tensión del ferrocarril Pamiers-Foix. Yo operé en Varilhes con el Asturias, Conejero y Pichón. El objetivo principal era hacer creer a los alemanes que éramos muy numerosos, pero la verdad es que éramos muchos menos de los que algunos declaran. Que se lo pregunten a Linares, a Royo, y al Sevilla, entre otros.

En uno de los viajes que hice a Toulouse me engancharon en una rafla en la plaza Wilson. Al bajar del coche policial ante la comisaría de la calle Remusat me puse a arreglarme un zapato y poco a poco fui reculando y así pude salvarme. Pienso que el guardia se dio cuenta pero no dijo nada.

El punto de enlace del Partido se encontraba en Toulouse en casa de un zapatero llamado Ros, en la calle Matabiau, en pleno centro. Era un hombre formidable. Su casa servía para todo. Allí se dormía, se comía, se escondían armas, se recibía la correspondencia y se celebraban reuniones. Allí vi a Fernández, el antiguo mulero, como enlace del Partido. Fue un verdadero milagro que aquello no fuera nunca visitado por la Gestapo. ¡Qué falta de responsabilidad!

Para unificar diversas zonas de combate fui nombrado responsable militar de la 5.ª Región MOI (Movimiento Obrero Inmigrado, organización de resistentes muy activos, articulados en la organización armada de los FTP). Allí estaban integrados inmigrados de todas las nacionalidades. Recorrí la Dordogne, Corrèze, Loire, Haute Vienne, haciendo propaganda, no solo con los españoles, para que se integraran en la MOI.

En uno de los viajes me dicen que los responsables de la AS quieren tener una entrevista con Alberto (mi nombre en la clandestinidad), en Perigueux. Esa organización (la Armée Secrète era un movimiento formado en su mayoría por militares profesionales) es la que depende del general De Gaulle. Son los que envían los parachutages con armas y con dinero. Yo he sido siempre muy desconfiado, yo creo que por eso estoy todavía vivo, y les digo que no acepto el sitio indicado por ellos para la entrevista, y les envío un guía para que suban al maquis donde yo me encuentro. Yo llegaba a un maquis y ponía a los centinelas en los cuatro puntos cardinales por si las moscas.

Y vinieron los tres señores representantes del general De Gaulle. A uno de ellos le conocía de verle en el pueblo. Otro se dio a conocer como el coronel Berger, responsable regional de la AS. Y me dice ¿no me conoces? ¿tú qué has hecho en la guerra de España? Le interesaba saber quién era yo antes de ir más adelante, mis campos de batalla y mi grado militar, y si era voluntario de 1936, y quiso saber a qué partido pertenecía. Yo le dije que era republicano. Al final me dijo que él estuvo como voluntario en la guerra de España. Era André Malraux. Nos hicimos muy amigos.

Me planteó que por qué me dedicaba a robar parachutages a fuerzas amigas y también combatientes. Le dije que amigas eran, pero combatientes no. Le expuse mi manera de actuar que era la de combatir, y no dejar a los alemanes y los milicianos pasearse tranquilamente incluso fusilando a aquellos que les parecía, sin ninguna reacción por parte de aquellos que tenían las armas escondidas.

Con mi promesa de no tocar más a los parachutages de los otros, me prometió algunos parachutages para los grupos españoles, cosa que cumplió. Yo le prometí hacer una limpieza de todos los colaboradores que teníamos fichados, de acuerdo con los FTPF (Franco Tiradores y Partisanos de Francia), y sobre todo, de aquellos que cuando las fuerzas alemanas pasaban los recibían en sus domicilios y les daban toda clase de informaciones.

Me había enterado un día que iban a hacer un parachutage a ocho o nueve kilómetros de donde yo estaba. Nos enteramos bien, nos escondimos en las proximidades y cuando llegaron los aviones, pasó el primer avión y no descarga, pero luego vuelve otra vez, porque había que encender unos fuegos, y empiezan a caer los parachutages, containers. Y yo les dije, camaradas, no moverse nadie. Entonces los maquis franceses cogieron los containers, los metieron en una camioneta y cuando los franceses ya lo tenían todo en la camioneta, llegamos nosotros y nos llevamos el parachutage. Y a eso es a lo que vino Malraux a decirme por qué roba usted los parachutages. Digo, coño, porque no tenemos armas y también las necesitamos nosotros los españoles.

Los franceses eran menos activos y menos decididos que nosotros. Nosotros, a los dos días de coger el parachutages pegamos pegamos fuego a una fábrica que tenían los alemanes.

En la MOI los españoles éramos mayoría. A mí me hicieron ir un día a Lyon porque era el responsable español en la dirección de la MOI. Fui a Lyon y allí había polacos, había rumanos y el único español que allí había era yo. Me hicieron responsable militar de la MOI de cinco Departamentos. Como había tantos españoles, con ellos fundé la 15 División de Guerrilleros Españoles. En la MOI había comunistas y de todo, pero la mayoría comunistas. Había un grupo muy importante de anarquistas.

El 19 de octubre de 1944, unos 3000 guerrilleros españoles integrados en la 204ª División de guerrilleros de las FFI-UNE, mandados por el coronel López Tovar cruzaron la frontera pirenaica con el objetivo de ocupar el Valle de Arán y crear una «chispa» que encendiera el levantamiento contra Franco en diversos puntos de España. López Tovar en su citada autobiografía asegura que él se opuso reiteradamente a esta operación por considerarla descabellada y fantasiosa, si bien reconoce que redactó la Orden General de Operaciones y la hizo cumplir, pero que al mismo tiempo preparó la retirada.


Félix Santos
Españoles en la liberación de Francia: 1939-1945 
Capítulo IV