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2370. Carta de Alfredo Espinosa Oribe al Lehendakari Agirre

Mi querido amigo y compañero:

Me dirijo a ti en nombre de todo el Gobierno momentos antes de ser ejecutado en la prisión de Vitoria. Como sabrás, caímos prisioneros en la plaza de Zarauz por avería del avión o traición del piloto Yanguas, he sido juzgado y condenado a muerte y hoy, dentro de dos horas, será cumplida la sentencia, como verás, tengo firme el pulso en espera de ser ejecutado, con la terrible inquietud de esperar el minuto en que he de morir.

Quiero dirigirte un ruego antes de que vuelva al seno de la tierra, y es el siguiente: cuando condenen los tribunales a alguno a muerte mi voto, desde el otro mundo, es siempre por el indulto, pues pienso en que pueda tener madre o esposa e hijos y la terrible condena siempre la sufrirán personas inocentes. Pídeles tú a mis compañeros, en mi nombre, lo que yo te pido, y os suplico no ejerzáis represalias con los presos que hoy tenéis, pues bastante han sufrido como sufro yo. El que no esté procesado en estos momentos ponerlo en libertad, sin que esto quiera decir que no estén vigilados.

Dile a nuestro pueblo que un consejero del Gobierno muere como un valiente y que, gustoso, ofrenda su vida por la libertad del mismo. Diles, asimismo, que pienso en todos ellos con toda mi alma y que muero no por nada deshonroso sino todo lo contrario, por defender sus libertades y sus conquistas legítimamente ganadas en tantos años de lucha, que mi muerte sirva de ejemplo y de algo útil en esta lucha cruel y horrible.

Mi mujer y mis hijos están en Biarritz, Rue Boncher, nº 21, Villa France. Te ruego que la paga que yo recibía como consejero la cobren ellos allí y si el triunfo es nuestro no los abandonéis sino que de tu gran corazón espero sepáis atenderlos lo mejor posible, pues no tienen más amparo que yo.

Asimismo, te ruego dejes salir de España para dirigirse a Francia a mi padre, el Presidente del Tribunal Popular; a mi hermano Manuel, teniente de infantería; a mi suegro, Manuel Gómez Mazo; y a mi entrañable amigo Juan Sobiaga, asimismo, teniente de la misma arma.

A todos mis compañeros de Gobierno un abrazo muy fuerte, abrazo de amigo y de hermano de lucha y sacrificio en esta guerra terrible y cruel.

Mis pobres hijos, háblales, cuando sean mayores de su padre, diles que les he querido con toda mi alma y que sigan mi ejemplo, que quieran a su pueblo como yo le quise y si puedes consolar a mi pobre mujer, tu que tienes talento, hazlo, pues pensando en ella se desgarra mi alma. Ayer creo que fusilaron a Lauaxeta, otro mártir más, hay muchos condenados a muerte. Haced el canje lo antes posible de todos ellos, pues la vida en esas condiciones es terrible y cuanto hagáis por mitigar sus dolores será bien poco, pues todos ellos sufren lo mismo que he sufrido yo y el pobre capitán Aguirre que, conmigo, iba a cumplir su deber en Bilbao o en Santander. Cuando tantos compañeros nuestros huían con rumbo a Francia, nosotros íbamos a cumplir con nuestro deber. Él también tiene hijos en Barcelona. No los desamparéis y protegerlos vosotros.

Termino, pues no tengo tiempo para más, pues falta muy poco tiempo para la ejecución. Háblales a todos de la virtud del deber cumplido y diles que es preferible la muerte a traicionar las virtudes y el alma de una raza.

Te repito lo de mis hijos y lo de mi mujer: no los abandonéis, por Dios te lo pido.

Nada más, querido amigo y siempre Presidente. Un abrazo muy fuerte y ¡Gora Euzkadi! y ¡Viva la República! Cuando la historia nos juzgue a todo, sabrán que nosotros hicimos lo indecible por evitar la muerte a los presos y por conservar el respeto absoluto a toda idea opuesta a la nuestra.

Te abrazo hasta siempre.


Alfredo Espinosa Orive
Prisión de Vitoria, 24 de junio de 1937








1864. Vitoria, 3 de marzo de 1976



El 3 de marzo de 1976 cinco trabajadores fueron asesinados y más de cien resultaron heridos a manos de la policía. Pedro María Martínez Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, operario de panaderías y estudiante, de 17 años, Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa, una sociedad del Grupo Arregui, de 32 años. Dos meses después moriría Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Diferenciales, con 30 años.

La brutalidad de este acto quedó sin castigo. 

Transcripción de parte de las conversaciones entre las patrullas responsables de la carga en la iglesia, según las grabaciones existentes de la Banda de Radio de la Policía:

«V-1 a Charlie. Cerca de la iglesia de San Francisco es donde más grupos se ven. ­Bien, enterados».

«Charlie a J-1. Al parecer en la iglesia de San Francisco es donde más gente hay. ¿Qué hacemos? ­Si hay gente ¡a por ellos! ­¡Vamos a por ellos!»

«­J-1 a Charlie. Charlie, a ver si necesitas ahí a J-2. ­Envíalo para aquí para que cubra la espalda de la iglesia.»

«­J-3 a J-1 Estamos en la iglesia. ¿Entramos o qué hacemos? Cambio».

«...­Entonces lo que te interesa es que los cojan por detrás. Exacto».

«­J-1 a J-2 Haga lo que le había dicho (acudir en ayuda de Charlie a Zaramaga). ­Si me marcho de aquí, se me van a escapar de la iglesia. ­Charlie a J-1. Oye, no interesa que se vayan de ahí, porque se nos escapan de la iglesia. ...Mándennos refuerzos, si no, no hacemos nada; si no, nos marchamos de aquí; si no, vamos a tener que emplear las armas de fuego. ­Vamos a ver, ya envío para allí un Charlie. Entonces el Charlie que está, J-2 y J-3, desalojen la iglesia como sea. Cambio. ­No podemos desalojar, porque entonces, entonces ¡Está repleta de tíos! Repleta de tíos. Entonces por las afueras tenemos Rodeados de personal ¡Vamos a tener que emplear las armas! Cambio. ­Gasead la iglesia. Cambio. ­Interesa que vengan los Charlies, porque estamos rodeados de gente y al salir de la iglesia aquí va a ser un pataleo. Vamos a utilizar las armas seguro, además ¿eh? ­Charlie a J-1. ¿Ha llegado ya la orden de desalojo a la iglesia? ­Sí, sí la tiene J-3 y ya han procedido a desalojar porque tú no estabas allí. ­Muy bien, enterado. Y lástima que no estaba yo allí».

«Intento comunicar, pero nadie contesta. Deben estar en la iglesia peleándose como leones. ­¡J-3 para J-1! ¡J-3 para J-1! Manden fuerza para aquí. Ya hemos disparado más de dos mil tiros. ­¿Cómo está por ahí el asunto? ­Te puedes figurar, después de tirar más de mil tiros y romper la iglesia de San Francisco. Te puedes imaginar cómo está la calle y cómo está todo. ­¡Muchas gracias, eh! ¡Buen servicio! ­Dile a Salinas, que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. ­Aquí ha habido una masacre. Cambio. ­De acuerdo, de acuerdo. ­Pero de verdad una masacre».








989. Columba Fernández Doyague, una de tantas, una de ellas

Ahaztuak 1936-1977 - 9 febrero 2013

COLUMBA FERNÁNDEZ DOYAGUE: UNA DE TANTAS, UNA DE ELLAS.

En los primeros años de terror franquista los escuadrones de la muerte asesinaron al menos a 94 mujeres en Euskal Herria (10 en Araba, 15 en Bizkaia, 40 en Gipuzkoa y 29 en Nafarroa)*. Algunas de estas víctimas fueron asesinadas extrajudicialmente y enterradas en fosas clandestinas por lo que continúan aún desaparecidas, es el caso de la vecina de Gasteiz, Columba Fernández Doyague. La historia de esta mujer sirve de ejemplo para resumir la injusticia y crueldad a la que fueron sometidas cientos de mujeres.


La detención

Columba Fernández había nacido en San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), era vecina de Vitoria-Gasteiz desde muy joven vivía en la calle Pintorería. Fue detenida en la capital alavesa el 31 de Julio de 1936, entonces tenía 38 años.

Aquel día Columba se encontraba en la entrada de la cárcel vitoriana de la calle La Paz, como otras muchas personas, a la espera de entrar a la prisión a visitar a sus allegados. Eran los primeros días tras el golpe de Estado contra la democracia republicana, la capital alavesa estaba ya bajo control franquista y las celdas comenzaban a llenarse de presos políticos. La mayoría de las personas que se agolpaban en las puertas del penal eran mujeres que llevaban paquetes de comida, mantas y ropa para sus maridos encarcelados.

En los momentos de tensión previos a que les dejaran entrar en la cárcel, según la versión ofrecida por los centinelas a su superior, una de las mujeres se dirigió a los soldados que vigilaban el acceso con la frase “con vino y tabaco os están engañando”. Por esa razón procedieron a detener a una de las mujeres del grupo de visitantes. En los interrogatorios posteriores la mujer arrestada alegó que ella no había abierto la boca, y en su declaración acabó señalando a Columba Fernández como la autora de la frase. Columba fue detenida al día siguiente.

Columba era conocida en Gasteiz por ser militante anarquista y participar activamente en movilizaciones obreras. Durante la IIª República, en febrero 1932, ya había sido detenida junto a varias decenas de anarquistas más en una huelga impulsada por la CNT que paralizó la ciudad. Con esos marcados antencedentes acompañados de esa denuncia de “insultos a la autoridad” ingresó directamente en prisión.


El juicio

Tras permanecer tres semanas encerrada, a mediados de agosto, el juez José María Sarachaga Larrea le tomó declaración. Columba rechazó la acusación. Su versión difería absolutamente de lo que se le imputaba haber dicho aquel día en la entrada de la cárcel. Según ella, los soldados de guardia estaban bebiendo y le ofrecieron vino, que rechazó. Insistieron en darle vino pero Columba, firme a sus convinciones libertarias, afirmó ser vegetariana y abstemia por lo que se marchó del lugar sin aceptar la invitación a beber con ellos. El juez nunca tomó declaración a los soldados implicados, porque ya no se encontraban en Gasteiz tras haber sido destinados al frente de Madrid. Las diligencias concluyeron con los informes redactados por los estamentos habituales sobre la procesada:

La Dirección General de Seguridad redactó un expediente demoledor. “A Columba se le considera como muy peligrosa, relacionada muy de cerca con elementos marxistas, habiendo intervenido directamente en cuantas alteraciones de orden público, excitando siempre a la violencia y distinguiéndose siempre por sus insultos a la Fuerza Pública”.

La Guardia Civil ratificaba lo dicho, remarcando que tenía “pésimos antecedentes” y que su marido Isidro Ruiz Pereda había cobijado a tres atracadores en cierta ocasión. Añadía que Columba mantuvo correspondencia con un “peligroso sindicalista” de Logroño.

El general José María García Benítez, máximo responsable de la Comandancia Militar de Vitoria, firmó el traslado de Columba a la cárcel de Laguardia. El 12 de Septiembre Columba fue trasladada a Gasteiz de nuevo, para ser juzgada. Acusada de un delito de coacción, ella mantuvo su inocencia pero el consejo de guerra la condenó a 4 años de prisión.


El asesinato

Cinco días más tarde, el 17 de Septiembre de 1936, fue sacada de la cárcel supuestamente para ser llevada de nuevo a su destino penitenciario, la cárcel de Laguardia. Sin embargo, como tantos otros casos, Columba fue asesinada en el trayecto por el escuadrón de la muerte que la trasladaba, tras lo cual fue enterrada en alguna cuneta de manera clandestina. Algunas investigaciones han señalado que el lugar del crimen pudo ser las Conchas de Haro, pero su cuerpo nunca ha aparecido. Además, en una práctica habitual de la burocracia franquista en la que las autoridades penitenciarias nunca reconocían su responsabilidad en las desapariciones y ejecuciones extrajudiciales de presos políticos, las diligencias judiciales contra Columba continuaron hasta 1944.


Las diligencias judiciales post-mortem

En 1940, la Comisión Central de Examen de Penas del Ejército, proponía que la condena a Columba fuera rebajada de cuatro a dos años. Pero la notificación a la reclusa no se pudo hacer, por razones obvias ya que llevaba cuatro años muerta. En 1944 se volvieron a emitir varios exhortos para comunicar a Columba su libertad, incluso insertaron anuncios en prensa. El 24 de Junio de 1944, el director de la cárcel de Gasteiz respondía que “la interna fue trasladada a la cárcel de Laguardia el 17 de septiembre de 1936, en virtud de la orden del gobernador civil de esta capital”. El primero de julio de 1944, el director de la prisión de Laguardia se justificaba diciendo que la procesada había sido entregada el 11 de septiembre de 1936 a una pareja de la guardia civil para ser trasladada a Gasteiz para el juicio, “sin que regresara jamás a esta prisión ni se hayan tenido noticias de la misma”.

El 4 de julio de 1944, el Gobierno Civil respondió al exhorto de manera tajante: “no hay resguardo en este Gobierno del traslado de Columba Fernández de Vitoria a Laguardia”. Todo era una patraña porque el director de la cárcel de Gasteiz envió al juez la comunicación de que el gobernador decía no conocer: “Gobierno Civil de la Provincia de Álava. Nº de registro 2.290. Columba Fernández Doyague. El jefe de la cárcel de esta capital pondrá en libertad al detenido que se expresa, siendo entregado a los portadores de la presente orden para que sea trasladada a Laguardia. Vitoria, 17 de septiembre de 1936. Delegado de Orden Público, Alfonso Sanz”.

El 11 de julio de 1944, el Gobierno Civil se defendía ante el juez, señalando que “ignora lo ocurrido con la encartada toda vez que en aquella época existían las delegaciones de Orden Público con atribuciones propias”. El juez militar de Gasteiz, Mauricio Fernández de Retana, siguió la investigación y llegó a preguntar al director de la cárcel de mujeres de Saturraran que negó que la procesada se encontrara en la citada prisión. El juez, finalmente, dictó un edicto dándole a Columba, ocho días para que se presentara, cuando llevaba ya ocho años muerta. Como no hubo respuesta, el juez decidió interrogar a su viudo que lo único que pudo declarar era que su mujer había desaparecido en septiembre de 1936.


PRIMEROS AÑOS DE TERROR FRANQUISTA (1936-1940): 94 MUJERES ASESINADAS EN EUSKAL HERRIA

TODOS LOS NOMBRES

ARABA: 10

VICTORINA GONZÁLEZ DE LARRARTE
JUANA ALDAITURRIAGA GUINEA
MONICA BARRON DEL VAL
MARCELINA LANDA SANTA LUCIA
EULALIA GONZÁLEZ DE ZARATE
ISABEL CORRAL GUTIERREZ
COLUMBA FERNÁNDEZ DOYAGUE
CIPRIANA LATABURU MURGA
VERANIA MARTINEZ EGUILUZ
MARÍA EGUILUZ SOPELANA

BIZKAIA:15

JUANA ABASCAL NUÑEZ
AGAPITA CENDOYA MENCHACA
TERESA CHINCE LEDESMA
FELICIANA ECHAVE ARTOLA
CELINA ESPIÑA
MARÍA FERNÁNDEZ GARCÍA
ADELAIDA FERNÁNDEZ PÉREZ
BERTA HURGUER
CECILIA IDIRIN GARABIETA
ELVIRA MARTÍNEZ PASCUAL-PORRES
JUANA MIR GARCÍA
ANA NARANJO MARÍN
BERTA PEÑA PARRAS
BASILIA PÉREZ GARCÍA
ELVIRA PERIBAÑEZ

NAFARROA: 29

DOMINICA AZPARREN GIL
RUFINA CHOCARRO VILLAR
ROMANA ZUBIRIA CASTELLANO
FRANCISCA ALONSO PRADO
RUFINA PEREZ CASTILLO
FRANCISCA ITURRALDE OLAECHEA
MARTINA MARTINEZ BUENO
FELISA AGUADO SAINZ
SIMONA CALLEJA AGUADO
MISERICORDIA ABAD ALCEGA
EMILIA ARRAIZA GARIN
LUCIANA VIGURIA URTASUN
MARAVILLAS LAMBERTO YOLDI
AMADA MORENTIN ROLDAN
JUANA JOSEFA GOÑI SAGARDIA
ASUNCION SAGARDIA GOÑI
MARTINA SAGARDIA GOÑI
DIONISIA MARTINEZ LIZUAN
NIEVES GONZALEZ ROLDAN
CARMEN MONTORO SAGASTI
ENCARNA RESANO FALCÓN
DOLORES GURREA FERNANDEZ
PRESENTACION OROZ BUEY
ASUNCION CAMPAÑA ORTIZ
JOSEFA BUENO AZCARATE
FELIPA RAMIREZ VICENTE
JESUSA OLLOQUI
CARMEN LAFRAYA FERNANDEZ
JUANA CHARELA VIDAS

GIPUZKOA: 40

MARIA OYARZABAL LECUONA
MARIA JOSEFA OLAZIREGUI IBARBURU
MERCEDES LOPEZ COTARELO
PILAR VALLES VICUÑA
MICAELA ROTETA ESNAL
EMETERIA CASIMIRA
ARAMBURUZABALA BEITIA
LEONA CORTABARRIA IZURRATEGUI
TERESA GOICOECHEA GOICOECHEA
EUGENIE GALDONA ECHEVERRIA
JOSEFA MARTINA ISASTI URANGA
FILOMENA BALENCIAGA GOICOECHEA
FELISA GOÑI BIURRUN
ELOISA VARGA LOMERA
GENEROSA COLOMA VICENS
TERESA VILLAREJO GONZÁLEZ
VICENTA IRASTORZA ECHEVERRIA
MARIA GASTESI GARCIANDIA
TEOFILA IBARRETA MENDIOLA
FELIPA GOÑI JORGE
CONCEPCION VALERDI MARTICORENA
AGAPITA LARCANO LOIDI
DOMINICA ARTOLA ECHEVERRIA
ENCARNACION EGURCEGUI ARTEAGA
ROSARIO GONZÁLEZ
ARROITAJAUREGUI
TERESA TELLECECHEA LAGIE
MARIA ITURZAETA GORRITI
CATALINA GASCON PEREZ
NICOLASA AGUIRREZABALA
DOLORES FERNANDEZ FERNANDEZ
MARIA ANTONIA PACHECO MAR
JOSEFA ARRILLAGA ARRIZABALAGA
CONCEPCION CLARIANA LOVEL
MANUELA BOLUMBURU
CARMEN ARAMBURU OYARZABAL
MARIA RAMONA LACARRA ALUSTIZA
JUANA MARTINA ALUSTIZA GOITIA
FRANCISCA RUIZ GARCIA
FAUSTINA RUIZ GARCIA
FLORENCIA OLAZAGOITIA ZEZIAGA
RAMONA ZUBIRIA URRUZMENDI








887. Campanades a morts




María Torres / 3 marzo 2014

La tarde del 3 de marzo de 1976 es una fecha marcada con sangre en la historia de Vitoria-Gasteiz y en la de todo el pueblo español. Cinco trabajadores fueron asesinados y más de cien resultaron heridos. A las cinco de la tarde se celebraba una asamblea de trabajadores en huelga en la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga. La policía dejó que se llenara la iglesia con cerca de cinco mil personas para luego ordenar el desalojo, asaltando la misma con gases lacrimógenos. Cuando los trabajadores, medio asfixiados intentaron salir, la policía armada les apaleó y disparó, felicitándose por haber disparado más de mil tiros y "haber contribuido a la mayor paliza de la historia."

Fallecieron Pedro María Martínez Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, operario de panaderías y estudiante, de 17 años, Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa, una sociedad del Grupo Arregui, de 32 años. Dos meses después moriría Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Diferenciales, con 30 años. 

Nos encontrábamos en la "modélica y pacífica transición". Franco había muerto unos meses antes y el ministro de la Gobernación era Manuel Fraga, quien estaba convencido que la calle era suya. La brutalidad de este acto quedó sin castigo. Los sumarios acabaron admitidos a trámite en la jurisdicción militar que reconoció que los hechos eran constitutivos de delito por homicidio, pero acabó dictando auto de sobreseimiento por falta de motivos para ejecutar la acusación.

La noche de la masacre Lluis Llach compuso la que sería una de las canciones más emblemáticas de la transición: Campanades a mortsTreinta años después, en el 2006, dió un concierto multitudinario en recuerdo a las víctimas del 3 de marzo en el Pabellón Fernando Buesa Arena de Vitoria acompañado por la Orquesta Sinfónica de Gasteiz y el Orfeón Donostiarra. La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) presentó una querella contra los organizadores del acto por apología del terrorismo.

No olvidamos. No perdonamos.





Campanades a morts

I

Campanades a morts
fan un crit per la guerra
dels tres fills que han perdut
les tres campanes negres.

I el poble es recull
quan el lament s'acosta,
ja són tres penes més
que hem de dur a la memòria.

Campanades a morts
per les tres boques closes,
ai d'aquell trobador
que oblidés les tres notes!

Qui ha tallat tot l'alè
d'aquests cossos tan joves,
sense cap més tresor
que la raó dels que ploren?

Assassins de raons, de vides,
que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies
i que en la mort us persegueixin les nostres memòries.

Campanades a morts
fan un crit per la guerra
dels tres fills que han perdut
les tres campanes negres.

II

Obriu-me el ventre
pel seu repòs,
dels meus jardins
porteu les millors flors.

Per aquests homes
caveu-me fons,
i en el meu cos
hi graveu el seu nom.

Que cap oratge
desvetllí el son
d'aquells que han mort
sense tenir el cap cot.


III

Disset anys només
i tu tan vell;
gelós de la llum dels seus ulls,
has volgut tancar ses parpelles,
però no podràs, que tots guardem aquesta llum
i els nostres ulls seran llampecs per als teus vespres.

Disset anys només
i tu tan vell;
envejós de tan jove bellesa,
has volgut esquinçar els seus membres,
però no podràs, que del seu cos tenim record
i cada nit aprendrem a estimar-lo.

Disset anys només
i tu tan vell;
impotent per l'amor que ell tenia,
li has donat la mort per companya,
però no podràs, que per allò que ell va estimar,
el nostres cos sempre estarà en primavera.

Disset anys només
i tu tan vell;
envejós de tan jove bellesa,
has volgut esquinçar els seus membres,
però no podràs, que tots guardem aquesta llum
i els nostres ulls seran llampecs per als teus vespres.

IV

La misèria esdevingué poeta
i escrigué en els camps
en forma de trinxeres,
i els homes anaren cap a elles.
Cadascú fou un mot
del victoriós poema. 

































Campanadas a muertos
I

Campanadas a muerto
lanzan un grito para la guerra
de los tres hijos que han perdido
las tres campanas negras.

Y el pueblo se recoge
cuando se acerca el lamento;
son ya tres penas más
para nuestra memoria.

Campanadas a muerto
por las tres bocas cerradas;
¿ay de aquel trovador
que olvidara las tres notas!

¿Quién segó el aliento
de aquellos cuerpos tan jóvenes
sin otro tesoro
que la razón de los que lloran?

Asesinos de razones y de vidas,
que nunca tengáis reposo a lo largo de vuestros días
y que en la muerte os persigan nuestras memorias.

Campanadas a muerto
lanzan un grito para la guerra
de los tres hijos que han perdido
las tres campanas negras.

II

Abridme el vientre
para su reposo,
de mis jardines
traed las mejores flores.

Para estos hombres
cavadme hondo
y en mi cuerpo
grabad sus nombres.

Que ningún viento
perturbe el sueño
de quienes han muerto
sin humillar la cabeza.

III

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
celoso de la luz de sus ojos
has querido cerrar sus párpados
pero no podrás, porque todos guardamos esta luz
y nuestros ojos serán relámpagos para tus noches.

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
envidioso de una belleza tan joven
has querido desgarrar sus miembros
pero no podrás, porque recordamos su cuerpo
y cada noche aprenderemos a amarlo.

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
impotente para el amor que él tenía
le has dado la muerte por compañera
pero no podrás, porque por todo aquello que él amó
nuestro cuerpo estará siempre en primavera.

Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
envidioso de una belleza tan joven
has querido desgarrar sus miembros
pero no podrás, porque todos guardamos esta luz
y nuestros ojos serán relámpagos para tus noches.

IV

La miseria se hizo poeta
y escribió en los campos
en  forma de trincheras
y los hombres marcharon hacia ellas.
Cada uno fue una palabra
del victorioso poema.










826. La terrible historia del brigadista Nicola Jolic, 'El croata'

Presos del campo de Nanclares de Oca en el comedor



Llegó a España para defender la República y acabó de prisionero en Nanclares e ingresado en Las Nieves. En más de 60 años en Álava jamás pronunció una sola palabra.


El Correo.com  - Francisco Góngora - 09.12.13

Las enfermedades mentales pueden llegar a producir situaciones inimaginables para cualquier ser humano. La biografía de Nicola Jolic, un croata nacido en Triluka, en la actual Bosnia-Herzegovina, en 1912, es una de esas historias que dan vértigo a los propios profesionales de la salud mental alavesa. Llegó a España como voluntario de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil. Fue hecho prisionero por los nacionales y en ese momento comenzaron sus desgracias. Debió pasar algunos años en los campos de concentración españoles antes de recalar finalmente en el de Nanclares de la Oca.

Nicola Jolic se sumergió en el silencio desde entonces. De vez en cuando aparecían algunos supuestos familiares que se preocupaban de su situación. Pero no había respuesta por parte del croata. En 1959 se recibió la carta de un fraile yugoslavo afincado en Madrid, que aseguraba que su esposa se interesaba por su estado. Tres años después era la Cruz Roja la que intermedió con la presunta familia de Jolic en Yugoslavia, al tiempo que le informaban de la existencia de una hermana suya en Toronto, Canadá. Los escritos de la Cruz Roja se repitieron. Pero las respuestas a estas cartas se realizaban a través de la asistente social ya que el hombre no abandonaba su mutismo. En 1971 era el arzobispo de Banja Luka, población de Bosnia, el que volvía a interesarse por su compatriota sin obtener respuesta. También el año 1975 la asistente social recibe una misiva de la sobrina en la que le agradece haber sabido algo sobre Nicola que según los datos que obran en los archivos de Las Nieves reflejan “una alegría manifiesta por estas circunstancias”.

Durante 10 años no ocurrió nada nuevo hasta que apareció otro nuevo sobrino, éste en Alemania, que coincide con un escrito de la embajada yugoslava, a la que se le propone una repatriación de Jolic a un psiquiátrico local. Pero no se termina el asunto y la antigua Yugoslavia comienza una guerra civil que impide la solución apropiada.

A comienzos de los años 90, la reforma del código civil español cambia la situación de todos los internos de Las Nieves y se regulariza su estatus. Se pretendía comprobar si existían personas ingresadas en contra de su voluntad, además de conseguir la tutela por parte de las familias y la desinstitucionalización de los pacientes. Pero Nicola ya se hallaba imposibilitado para vivir fuera del centro.


Murió nonagenario

Con el transcurso de los años, tal y como sucede en las fases más tardías de la enfermedad que padecía Nicola se fue tranquilizando. Pasó décadas de pie, callado –nunca llegó a pronunciar una frase en castellano- pero al envejecer se sentó, permaneció igual de silencioso, y perdió la vista sin que nadie lo notara hasta que necesitó ayuda para deambular. Pasó sus últimos años encamado, silencioso, como siempre y murió tranquilo, ya nonagenario, después de que sus tutores acordaran con el médico internista evitar maniobras intervencionistas dejando que las cosas discurrieran por el camino más natural posible.

Jolic pertenecía, según la bibliografía psicogeriátrica británica, a la categoría de los ‘graduados’, pacientes resistentes y excéntricos que necesitan muy poca asistencia hasta que enferman físicamente con el paso de los años y que se caracterizan por una excelente adaptación a la vida hospitalaria. Pacientes a los que ha sido imposible externalizar adecuadamente en las sucesivas oleadas de programas de desinstitucionalización. A ellos se debe en parte el avance de las terapias y rehabilitaciones de la psiquiatría, porque con ellos se ha experimentado de todo. Un pequeño texto del psiquiatra Juan Medrano y del médico y presidente de la Fundación Tutelar para Personas con Enfermedad Mental de Álava, Ramón Díaz de Otazu, titulado ‘confieso que han vivido’ trata de dignificar la vida de personas como Jolic. A eso contribuye la fundación Beroa que tutela a estas personas y las acompaña a lo largo de su vida.


Medrano y Díaz de Otazu reflejan y llaman la atención sobre la soledad y el aislamiento de las vidas de personas como Jolic o C., otro enfermo esquizofrénico que había estado en Las Nieves más tiempo aún que Nicola. “Fueron muy pocas personas a los funerales de Nicola Jolic y C. Casi todas eran feligreses habituales de la parroquia a esa hora de la tarde, y nunca habían oído hablar de ellos. Sin deudos que los echen en falta y sin más historia que su institucionalización en realidad fallecieron por segunda vez. La enfermedad y el internamiento les llevaron a su primera muerte, la del olvido de los olvidados por la sociedad. Hoy sus cuerpos descansan en dos tumbas contiguas. Pronto unas lápidas reivindicarán su recuerdo y confesarán que existieron dos personas con su nombre”.