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3413. Ramón Sánchez Chapartegui el hombre que pasó cuatro meses metido en una carbonera esperando la República

En Irún, mucha gente está afónica. Se explica. Estos días no dejaron de oírse ni un solo momento los gritos que el día 13 eran aún "subversivos". El entusiasta recibimiento a Marcelino Domingo, a Indalecio Prieto, a Queipo de Llano, a Franco, a Martínez Barrios... Pero lo que me extrañó fué oir grandes ovaciones dedicadas a Ramón Sánchez. ¿Ustedes le conocen?... Yo, hasta ahora, tampoco le conocía. ¿Y qué ha hecho Ramón Sánchez?... Ramón Sánchez fué uno de los iruneses complicados en los sucesos de diciembre en San Sebastián. Los demás han permanecido cuatro meses en la cárcel de Ondarreta o expatriados en Francia. Ramón Sánchez, no. Ramón Sánchez ha hecho vida monástica. Se encerró en su casa. Y en una, carbonera, una carbonera pequeña —un metro de largo, otro de profundidad y medio de ancha— ha pasado la mayor parte del tiempo. Cada vez que sonaba el timbre, ¡zas!, a la carbonera. Pero dejemos que él mismo nos cuente sus peripecias. 


"¡Me parece que pierdo el tren!" 

—Pues verá usted... A los dos días de los sucesos regresaba yo a casa do trabajar. Serian las cinco de la tarde. Tres policías se acercan, a mí. 

—Haga el favor... ¿Usted es Ramón Sánchez? —Sí, señores... No lo trate de negar... Lo sabemos todo... Ustes estuvo en San Sebastián... No lo dejó terminar al que hablaba. —Sí, señor. —Bien, pues sígame. Los otros dos policías marcharon. En cuanto me quedó con uno solo pensé en la fuga. Dimos unos pasos. Al llegar a la Aduana, frente a las vías del tren, eché a correr con todas mis ganas. Al llegar a las vías recordé que siempre hay allí un carabinero de servicio. Efectivamente, estaba el carabinero. Y como ola policía venía tras de mi gritando, yo, para que el carabinero no lo oyera, también empecé a gritar: 

—¡Me parece que pierdo el tren!... ¡Me parece que pierdo el tren! El carabinero me miró asombrado. —¡Este hombro está loco!— debió pensar. 


La lancha del Bidasoa 

En los andenes de la estación, confundido entre los viajeros, me detuve un momento. Miré a ver si salía algún tren para Francia. No salía ninguno. Entonces decidí ir al barrio de Ventas, y seguí corriendo por las vías. En Ventas, entré en casa de una familia conocida. Les conté lo que me ocurría. Pedí, por favor, que me escondieran. Aceptaron de buen grado. Nunca podré pagarles el favor que me hicieron. A la mañana del siguiente día mandé un aviso a casa. Me contestaron. Por la noche me esperaría un hermano mío en un callejón de Irún, en las afueras, e intentaríamos pasar a Francia por el Bidasoa, en una lancha. Nos fracasó el plan. Otros habían pasado antes por ahí. Los carabineros se dieron cuenta, y se incautaron de la lancha que pensábamos utilizar. 


Frío 

Esa noche tuve que dormir en la cuadra de un carnicero amigo mió. Después pasé cinco días en un desván del taller de herrería de mi hermano. Pero allí no podía continuar. Hacía un frío horrible. ¡Qué noches! Era peor el remedio que la enfermedad. Si continúo en aquel desván me muero de frío. Mi padre decidió que fuera a casa. Y el día 24 de diciembre, a las seis de la mañana, vine. Traía un tabla grande al hombro, que me servía para ocultar tras ella la cara. Tan pronto estaba la tabla en el hombro derecho como en el izquierdo, según el lado con que me cruzaba con alguien.


Un policía 

—La Policía española interesó mi paradero a la francesa. Esta me buscó por los puntos donde tiene sucursales la agencia do Aduanas en que trabajo: Hendaya, Burdeos, Cette... Nada. No aparecía. Preguntaban a los emigrados políticos. Estos estaban tan asombrados como la Policía. —Pero no le han detenido en España? Y la Policía debió pensar: —¡Está en España!... 

Fueron interrogados mis amigos, se hicieron pesquisas por ahí... todo en balde. Al mes y medio de estar yo en casa, vino un policía. Mis hermanas le vieron subir por la mirilla de la puerta. Yo me metí en la carbonera, como hacía siempre que entraba o llamaba gente extraña en casa. Mi familia lo preparó bien todo, como estaba dispuesto: colocó un hule, sujeto con clavos mohosos, sobre la carbonera, y encima de él, cacharros, legumbres... 

Una de mis hermanas, la mayor, salió a abrir. 

—¿Vive aquí Ramón Sánchez? 

—Vivía... Ahora está en Francia. 

—Le advierto a usted que soy policía. En Francia le han buscado por todos los sitios, y no le encuentran. Ramón Sánchez se halla en España, y ustedes saben dónde... 

—Le digo a usted que está en Francia. 

—¿En qué punto? 

—¡Ah!... Eso no lo se. 

—¿No le ocultarán ustedes en casa?

—Puede usted pasar. 

El policía asomó la cabeza al pasillo. Todas las puertas estaban abiertas de par en par. Miró... Nada. Y se marchó. 

—¡Qué a gusto respiré... y estornudé ! Porque, claro está, aunque limpiabamos bien la carbonera quedó algún polvillo del carbón, que a veces se metía por las narices. ¡Cuántas veces tuve que hacer esfuerzos terribles para no estornudar!...


El huésped trasnochador 

—En otra ocasión también pasé unos apuros grandísimos. Solíamos quedarnos hasta las dos a las tres de la mañana jugando a la baraja. Cierta vez, aproximadamente a las tres, oímos fuertes golpes en la puertos. Con el apresuramiento con que me metí en la carbonera, coloqué las manos sobre la chapa de la cocina. Estaba caliente. Me quemé los dedos. Mire usted. 

Ramón Sánchez me enseña las manos. Efectivamente: en las yemas de los dedos se ven cicatrices. 

—Sufrí unos dolores agudísimos. Pero mí atención estaba concentrada a lo que ocurría en la puerta. Los golpes fuertes seguían. Abrieron. Y oí la voz ronca de un hombre que decía: —¿Dónde está mi cama?... ¿Dónde está mi cama? 

—Abajo, en el primer piso, ya lo sabe usted, hay un hotel. El huésped trasnochador se confundió. Llamó en casa. No sé quién es, pero guardo de él un recuerdo nada grato.


Las visitas

—¿Y las visitas?.. Era terrible. Venían con una frecuencia espantosa..Como todo el mundo decía que se ignoraba mi paradero, trataban de consolar a mi familia, darle esperanzas... ¡Y yo, mientras tanto, metido en la carbonera! 


¡Viva la República! 

—El día 14... ¡Figúrese usted mi alegría! Oímos los cohetes, la música... Mi hermana mayor salió a la calle. Se enteró de todo. Fué al Centro Republicano. Le contó mi caso al presidente. —¿Pero su hermano está en casa?— le preguntó asombrado éste—.¡Que venga en seguida!... ¡Que venga en seguida!  

Lo supo la gente. Frente a casa se formó una verdadera manifestación que me ovacionaba. Tuve que salir al balcón. Y dí el ¡viva la República! más sincero que se ha dicho nunca. Quise gritar también: ¡Viva la libertad! Pero no pude. La emoción no me dejó... 


C. del Esla
Ahora, 22 de abril de 1931







3081. Cómo cooperan los entusiastas pescadores de Trincherpe a la obra común

Archivo Kutxa Fototeka


Después de una huelga de casi dos meses, su fervor antifascista les anima a blindar camiones en dos horas, acudir a los puestos de lucha y salir a pescar para atender a las necesidades urgentes.

Cada día que pasa salen a la luz nuevos episodios, por humildes más destacables, de esta comunión de lucha ciudadana contra la revolución militar. Episodios callados, humildes, de gentes que nunca pensaron, al ofrecer su esfuerzo, en si habría de ser conocido o sí les podría reportar algún mérito para hacerlo valer más adelante.

Quizá haya de hacerse a su tiempo la historia de estos esfuerzos menudos, por anónimos más estimables; y entonces, será ocasión de rendir justicia a unos bravos y sufridos trabajadores, que en situación excepcional, como ningunos otros en Guipúzcoa, han sabido dar de lado sus preocupaciones y desesperada posición económica para derrochar su entusiasmo en pro de la causa de la Justicia y legalidad republicanas.

Nos referimos a los pescadores de Trincherpe. De populoso barrio pasaitarra salieron los primeros camiones blindados que circularon por las carreteras próximas a la capital. Camiones de una construcción improvisada y rudimentaria en grado sumo, pero que, poco a poco, según avanzaban las horas, eran superados constantemente hasta acusar un plausible mejoramiento duplicador de su eficacia ofensiva y defensiva.


Salud, camarada

No son los actuales momentos para perder el tiempo. Cada uno ha de permanecer en su puesto y rendir una misión rápida y eficiente.

Por eso, cuando expusímos nuestro deseo de acudir a Trincherpe para hacer una información sobre la aportación valiosísima de la gente pescadora a la causa republicana, pronto se puso un coche a nuestra disposición para facilitarnos la labor informativa.

La marcha no ofrece novedad hasta Ategorrieta. Al llegar al reloj, los milicianos de guardia obligan a detener el coche. Ha de mostrarse el permiso de circulación fechado en el día. Se hace.

Poco más adelante, en la clínica de San Ignacio, nueva detención.

El guardia popular hace una señal de amistad por la ventanilla y deja pase franco diciendo:

—Salud, camarada.

Otra parada obligatoria en el alto de Vinagre.

Nuevo frenazo en la bifurcación de Bidebieta y todavía otro en el camino del Tiro Nacional.


Entusiasmo común

Nos detenemos en "Avance Marino", organización afecta a la C.N.T. y que agrupa a unos mil obreros que viven de la industria del mar y sus derivados. Estos hombres, juntamente con unos setecientos que pertenecen al Sindicato La Unión, dependiente de la U.G.T., y unos cuatrocientos de Solidarios Vascos, están en huelga desde el día 5 de junio. La famosa huelga de Pasajes. Tal vez, si la memoria de ustedes es fuerte, recuerden su iniciación. Y las noticias de los primeros días: La huelga de Pasajes sigue en el mismo estado. En el mismo estado que hoy, al cabo casi de dos meses de estar amarrados los barcos.

Pues bien, esta gente, con la bolsa exhausta al cabo de una lucha tan prolongada, privados de lo más indispensable para su subsistencia, no han titubeado un momento cuando hubo necesidad de aportar el esfuerzo común.

El primer camión que se blindó en Trincherpe fué uno de Lerchundi que llegó a Pasajes con ganado. En cuanto lo descargó, los pescadores pusieron manos a la obra y en el taller de Torrea y Vergara, le colocaron unas chapas de la forma más rudimentaria, sin que en el trabajo intervinieran apenas metalúrgicos avezados en la faena.

Siguió a este coche un camión de la Compañía de Maderas, blindado en Casa Lasa, también por maquinistas, fogoneros, pescadores y algún que otro obrero del hierro.

En pocas horas se habilitaron seis camiones más a los que siguieron otros, que todo hemos visto circular por las calles y cubrir puestos de vanguardia donde era necesaria su presencia.

Ahora, ya prácticos en esta especialidad, se procede al blindaje de un camión de nueve toneladas destinado a la artillería y al que se han colocado chapas dobles, previamente probadas con disparos de diferentes calibres. Un trabajo concienzudo y de eficacia, que hace sonreír a los que recuerdan cómo salió del taller el primer camión. Si bien ha de consignarse en justicia el tiempo empleado en hacerlo. Dos horas que, dada la nerviosidad y alarma de los primeros instantes, parecieron dos siglos a los que pugnaban por montar en el coche y salir en él a defender la República ofrendando su vida si era necesario.


Entusiasmo

Esta sufrida gente de mar ha sido la primera que se ha puesto en plan de lucha. Acudieron a la capital en cuanto tuvieron noticia de que su presencia era necesaria. Hicieron otros trabajos de metalurgia a los que no se habían dedicado nunca. Y ahora tienen varios cientos de compañeros con las columnas que operan en las zonas guipuzcoanas de lucha.

Por otra parte, dos parejas de pesca salen a la mar con objeto de procurar pescado para los hospitales de sangre y enfermos, así como para los compañeros que lo necesiten.

Otros dos turnos de treinta hombres trabajan en los barcos de la "Pysbe" descargando el bacalao almacenado en las bodegas y que por la huelga de esta factoría no pudo ser descargado a tiempo. Bacalao necesario para el abastecimiento de la provincia.

Así son estos pescadores. Dos meses de huelga no han agotado sus energías, sino que, al contrario, sacando fuerzas en momentos que otros ya hubieran perdido toda vitalidad, contribuyen con una voluntad sin límites y un entusiasmo que algún día habrá de tenerse en cuenta a esta vibrante defensa del régimen y de las conquistas proletarias contra sus enemigos de siempre.


Soldados en filas

Cuando nos facilitan estos datos en la Secretaría de Avance Marino, interrumpe nuestra conversación la llegada de dos hombres. Vienen con evidentes muestras de fatiga y traen cada uno un fusil. Sin apenas cambiar más que el saludo, entran en materia con parquedad de frase:

—Estamos luchando unos cuarenta hombres en las proximidades del cementerio de Rentería y venimos por municiones.

Mientras varios compañeros salen por ella, otros dan unas friegas en la pierna a uno de los llegados, que se queja de agudos dolores.

Pronto traen dos sacos. Los milicianos, después de despedirse de sus compañeros, marchan nuevamente.

—¿Qué peso tienen esos sacos?—preguntamos.

—Irán unos cincuenta kilos. Pero si necesitasen muchísimos más los tendrían al momento.


Final

La información está hecha. El teléfono de Avance Marino, como el de todas las organizaciones durante estos días de movimiento intenso, no cesa de funcionar.

Avance Marino, La Unión y Solidarios Vascos, han rivalizado en cuantos trabajos y funciones les encomiendan, o de propia iniciativa emprenden para aplastar la intentona fascista.

Hemos visto de cerca su altísima moral y su elevado espíritu de sacrificio después de lo castigado de su economía doméstica. Si se les hurga un poco, quizá musiten una leve queja por el abandono en que les tiene la capital.

Por el contrario, creemos que ni la capital ni la provincia pueden tener queja de los pescadores de Trincherpe.


Frente Popular, 1 de Agosto de 1936







3067. Domi, la "consulesa" de Irún

Domi, la "consulesa" de Irún - Foto:  Benítez Casaux


La vasca rubia. La rubia de la Cruz Roja. La consulesa de Irún... Todas estas cosas le llaman a Domi los compañeros de hospital. Las primeras porque Domi es muy guapa y la hacen destacar en todas partes estas dos cosas: su belleza y su actividad, siempre ágil y alegre. La segunda... 

Pero empecemos con la historia. El 17 de julio, Domi era en Irún una muchacha sin grandes preocupaciones. El 20, justamente tres días después, se presentaba al doctor Gayano, director del hospital. Habían comenzado los tiros en el monte y ella quería ser útil a la causa española. 

—Bien —dijo el doctor, ante su aire resuelto—. Pues si estás decidida, mañana, a las nueve, preséntate en Charodi. 

Charodi era un puesto de vigilancia de las afueras, donde la Cruz Roja había instalado un botiquín para curas de urgencia. 

Allí apareció Domi a la mañana. El botiquín estaba solo. Poco después llegaron dos milicianos que la mandaba el doctor para su seguridad. Al poco, tiempo, los heridos. 

Domi, a solas con vendas y bombonas relucientes, comenzó su labor. 

Un viejo Iparraguirre que la conocía —quizá nieto del bardo de Guenica— se asomó, asombrado, por la puerta cuando Domi estaba entregada a sus curas. 

—Pero, chica... ¿Qué haces aquí sola? ¿No tienes miedo? 

Y Domi le dio una contestación, entre ingenua y altiva: 

—No he tenido tiempo... 

El viejo Iparraguirre debió contarlo en Irún, porque la mandaron un médico y un practicante. La lucha arreciaba. Todo el Arláiz chisporroteaba como un inmenso buscapiés. Unos combatientes heridos llegaron contando que allá arriba, en un prado, estaba un hombre desangrándose. 

Domi resolvió en seguida.

—¡Hay que ir a recogerle! 

—¿Pero quién?— dijo el médico. 

—¿Pero cómo? —se le ocurrió al practicante. 

—¡Como sea! —animó Domi, y ya salía por la puerta. 

Los dos milicianos de la guardia la siguieron monte arriba, cuando llegaban cerca del prado, se dieron cuenta de la situación del herido. Allí estaba, boca arriba, yéndose en sangre; como un pellejo de vino despanzurrado. Avanzó Domi con sus dos soldados. Allí, decidida, envuelta en su lavado paisaje, parecía una mujer mitológica, una valquiria, rubia y todo. Pero dos ametralladoras tenían batido el prado. Ya estaban vibrando, corcusiendo el buen aire campesino. Domi y los suyos tuvieren que tumbarse entre las zarzas. Arrastrándose, guarecidos por ellas, consiguieron llevarse al exangüe. 

Al día siguiente le hizo amanecer un tiroteo imponente. Hasta Irún llegaba su eco. Cuando empezaba a colarse el día por las rendijas de las ventanas, la madre de Domi entró en la alcoba toda alarmada. 

—Domi, hoy no debes salir al monte. Hay una batalla más grande que nunca. Desde que ha amanecido no cesan las explosiones... 

Ante la noticia, Domi despabiló su pereza de madrugada. 

—¡Ahora es cuando voy! 

Y así los cincuenta y cuatro días que duró el asedio. Con estas contestaciones que descubren su decisión. Cincuenta y cuatro días, de cuya intensidad Domi da una noticia concreta: 

—El médico que habían mandado al botiquín se me volvió loco. 

Las últimas horas fueron más angustiosas. Bajo los disparos invasores, que perseguían a los habitantes huidos; entre las explosiones de obuses y su griterío, Domi tuvo que trabajar intensamente hasta no quedarle otra vez, tiempo a tener miedo. Sabía que con la ocupación de la ciudad los heridos peligraban. Buscó una pequeña lancha, y en ella, con un cruzar y cruzar interminable, los fué salvando. Domi se salvó en el último momento.

Por aquellos días hay otra de sus contestaciones que marca su ánimo. Con las solas contestaciones de Domi se podían describir sus andanzas. Querían que se quedase en Francia. Se lo pedían sus familiares, sus vecinos, sus compañeros... 

—No —dijo Domi—. Yo no podría estar aquí mientras haya un trozo de tierra nuestra donde se pueda luchar. 

Todo esto sin el menor asomo de jactancia; con la sencillez de lo que es: una auténtica mujer española. 

De Francia a Barcelona, donde estaban sus paisanos formados en la columna Vasco-Catalana. De Barcelona al frente de Madrid. Aquí, sus episodios de heroína de la independencia se repiten. En Almorox un día se encuentra a solas con cincuenta y tantos heridos. Los tiene curándoles como puede. Ellos, que se dan cuenta de lo inútil de su actividad, le dicen: 

—¡Déjame a mil ¡Cuida a ese compañero, que está peor! 

La presura no les deja darse cuenta de que están en campo faccioso. Un fascista, a quien se le escapa el gatillo, allí, a unos metros, lo denuncia. Entonces, Domi corre por el camino, baja por una ladera y se encara con los soldados que recogen cajas para subirlas a dos camionetas: 

—¡Echar esas cajas abajo y venir a por mis heridos! ¡Tengo más de cincuenta ahí arriba, en verdadero peligro! ¡Pronto! 

Entre todos descargan los coches. Domi va y viene, trayendo a los que pueden andar. Para los otros, los soldados han improvisado unas camillas. 

Los cincuenta heridos están salvados, frente al enemigo. Ahora hay que llevarlos rápidamente a un hospital. 

—Lo mejor es que les traslademos a Madrid—dice un conductor. 

Bueno. Pues a Madrid. Domi no ha estado nunca en la capital de España; los soldados de la camioneta, sí; pero apenas conocen sus calles. No importa. Nada importa para la decisión de Domi. Encuentran el hospital, dejan acondicionados 3 los heridos y a las doce de la noche están de vuelta en Almorox. Una vez más, los vascos se asombran de su paisana. 

—¡Pero, chica!... ¿Cómo has tenido tiempo? ¿Cómo has podido tú sola? 

Lo mismo en Brunete. La actividad de Domi lo abarca todo. Sus vascos parece que andan quejosos sin una dirección firme, sin una voz conciliadora. Domi la adquiere. Les habla, les alienta. Lo necesario es luchar. Ella se encarga de resolver rápidamente lo demás. Todos esperan, convencidos. 

Domi viene a Madrid. Habla con Irujo, se encuentra con Ortega... ¡Feliz encuentro! Al gran militar le invita a visitar el frente donde están sus paisanos. Ortega acepta. Salen juntos para Sevilla la Nueva. Todavía tiene Domi en sus oídos el alegre clamoreo con que les reciben. 

—Usted tiene que quedarse con nosotros —le pide Domi, en representación de todos. 

Al día siguiente, Ortega la llama por teléfono. Está ya nombrado jefe de las Milicias Vascas. La noticia recorre las filas con franco alborozo. Del resultado empezarán a dar cuenta, desde ese momennto, todas los partes oficiales. 

Y así hasta hoy. Domi está en un hospital de sangre. Un médico me cuenta que se prestó voluntaria para la transfusión de sangre a un herido que llegó en momentos que no había quien lo hiciera. Como ella está delante, obtengo su contestación también esta vez: 

—¡Me ofrecí esa vez y cincuenta que hiciera falta!

—¿Y por qué es eso de concretar en tu título de consulesa Domi? ¿Por qué solamente de Irún, si eres la consulesa de toda Vasconia? 

Domi ríe, un poco avergonzada. 

—¡No, hombre, no tanto! Me llaman La consulesa de Irún porque todo vasco, sobre todo de allí, que se presenta en Madrid, suele tener la atención de venir a saludarme. Y, claro, si no tiene recursos o le hace falta dirección, yo le atiendo siempre. 

¿Nada más? Sí; ahora sus cordialidades de consulesa auténtica, sus afectos políticos y hasta sus caprichos de muchacha guapa. El "no te olvides de mi saludo, desde Estampa, a todos los irundeses fuera de su pueblo"; el '"yo era de Izquierda Republicana antes del 19 de julio, pero ahora soy comunista; por menos no lucho"; y el "te voy a presentar a mi perro, Quince, que es mi mascota". 

Nada más por ahora. Lo demás, nos lo darán los días. 


Eduardo de Ontañón
Estampa, 27 de marzo de 1937










3049. El Trintxerpe republicano: génesis de la denominada “quinta provincia gallega” en Euskadi

Milicianos de Pasaia antes de partir hacia el frente. Fotografía www.antxo.com


El Trintxerpe republicano: génesis de la denominada “quinta provincia gallega” en Euskadi1


“Veño, meu fillo, dun país sinxelo de homes a cada paso soñadores, criaturas de man encalecida e a peito aberto, homes de mar que esculcan horizontes, labregos investidos pola melancolía.” (Canto de anguria e de esperanza para arrola-lo meu neno, Avilés de Taramancos)


Después de la Iª Guerra Mundial, el acelerado desarrollo de la pesca industrial tanto en el Cantábrico como en el litoral Sur-Atlántico debido, bien al rápido acceso a ricos caladeros y nutridos mercados, bien a estrategias de los armadores que jugaban con las diversas condiciones sociolaborales existentes en los distintos puertos, dio lugar al desplazamiento de muchos marineros gallegos a localidades tanto del Norte, como Xixón, Santander, Erandio y, sobre todo Pasaia, como del Sur, caso de Ayamonte, Huelva, Algeciras, Málaga y, más que nada, Cádiz. Desde entonces, comenzaron a constituirse en aquellos lugares colonias de pescadores gallegos, algunas de ellas permanentes y sostenidas hasta hace bien poco. 

Vamos a referirnos ahora a Pasaia2, localidad guipuzcoana próxima a Donostia que, a partir de la Gran Guerra, sustituyó a la capital provincial como escenario de una industria pesquera en acelerado desarrollo que, en dos décadas, ya competía con Vigo por ser el mayor puerto pesquero del Estado español y uno de los primeros de Europa3; con la particularidad de que la flota de mayor porte y tonelaje dedicada al arrastre de altura amarraba, no en la dársena de O Berbés, sino en los recientes muelles de La Herrera, gestionados por la sociedad “Muelles y Almacenes para Vapores de Pesca S.A.”, la primera de estas características que se constituyó en la costa española. Además, en 1926 se fundará la principal empresa dedicada a la pesca del bacalao en el Estado español, la PYSBE, con domicilio, muelles y factoría en la otra orilla de la Ría, en el Barrio Bizkaia de Pasai Donibane, junto al embarcadero de la MEIPI que también recibía a las parejas que iban a la merluza en los bancos de La Rochelle, el Petit Sole y el Grand Sole4. En conjunto, 127 bous y parejas de arrastre y 6 grandes trawlers bacaladeros que superaban las 1.000 TRB, a los que había que añadir los arrastreros procedentes de Xixón o de Vigo-Bouzas que amarraban temporalmente en el puerto, componían la flota industrial pasaitarra en el año 1935; una flota que tripulaban en torno a 2.000 marineros, fogoneros y patrones, acompañados como mínimo por otros 500 hombres y mujeres atareados en los trabajos de tierra: rederos, pescadería, carga y descarga, secadero...5

Todo esto apareció casi de la nada en un período de veinte años, entre 1916 y 1936, en los que la demanda de personal para tripular los barcos fue continua por parte de los armadores, que prefirieron contratar la nutrida mano de obra barata, acostumbrada al mar desde muy temprana edad y bien disciplinada que encontraban en las rías gallegas, antes que hacerlo en la pesca artesanal del País Vasco, ya que los “arrantzales” y sus gremios en buena medida fueron refractarios a los nuevos y destructivos sistemas de pesca6. De esta manera, aparte de algunos guipuzcoanos del interior y de los pequeños colectivos de pescadores procedentes de otros puertos del Cantábrico, la gran mayoría de las tripulaciones de los bous y parejas arrastreros estuvo compuesta por marineros gallegos, sobre todo de las Rías Baixas. Algo parecido ocurrió con los bacaladeros de la PYSBE, aunque en ellos el porcentaje de tripulantes vascos era semejante al de gallegos; la distribución, no obstante, lo decía todo: los vascos ocupaban, fundamentalmente, los puestos de mando (capitanes, pilotos, contramaestres....), mientras que los gallegos tenían que conformarse con los oficios de fogoneros, paleros, rederos, tronchadores o saladores. En este caso, también abundaron los marineros procedentes de la Ría de Ferrol y de todos los puertos de la Península del Barbanza.


Surge el Trintxerpe galaico y proletario

De manera acelerada, las pocas docenas de familias que habitaban aquel terreno inculto a comienzos del siglo XX, ya se convirtieron a la altura de la Guerra Civil en cinco mil habitantes, amontonados de manera precaria en un semi-caos urbanístico plagado de bares con resonancias galaicas, sin viviendas dignas y con todo tipo de problemas de salubridad. Se puede decir, en consecuencia, que la gran mayoría de la población que vivía exclusivamente de las faenas pesqueras y tenía origen gallego, sumaba a la explotación que sufría en el inicio de los años veinte a bordo de los barcos pesqueros y que nadie (incluida la prensa nacionalista de derechas) se preocupaba en negar, el abandono en que las diversas administraciones la mantenían. Además, y por si fuera poco, el periodismo confesional donostiarra enfatizaba que aquella era “tierra pagana” sin evangelizar, que carecía de iglesia parroquial propiamente dicha y presentaba una ínfima tasa del 7% de asistentes al precepto dominical7.

Paralelamente a la reputación de ateísmo con que la gente de iglesia, que tanto abundaba en la comarca, obsequió de manera más o menos merecida a aquella comunidad llegada de lejos, se iba desarrollando otro sambenito tanto o más ofensivo a los ojos de la burguesía donostiarra, que no por nacionalista dejaba de ser menos clerical y derechista: el de “rojos”, “bolcheviques”, “anarquistas” o “comunistoides”. Unos roles, en definitiva, a los que pocas veces se les tiene asociado a los gallegos y a las gallegas a lo largo de su devenir histórico8. Nacía, pues, la “quinta provincia gallega” con unas apreciables señales de identidad izquierdistas, ácratas y proletarias. 

Quizás el primer aprendizaje, en aquellos últimos instantes de la Dictadura de Primo de Rivera en los que el asociacionismo marinero de clase declinó en Galicia, fue en los bacaladeros de la PYSBE, donde a veces embarcaban proletarios socialistas residentes en el interior del País Vasco; estos, acostumbrados a defender su dignidad como trabajadores en tierra, hacían lo mismo en el mar, sirviendo de ejemplo a aquellos marineros gallegos educados en la sumisión9. El caso es que, corriendo el año 1930, en pleno gobierno del General Berenguer, un grupo de trabajadores del mar en el que figuraban socialistas, anarquistas y comunistas, iniciaron los trámites para constituir un sindicato de pescadores, enfrentándose al miedo inducido en los tripulantes por los años de mando en plaza de la patronal. Tras alguna propaganda realizada entre los pescadores de los arrastreros por parte de la Federación de Transportes de la UGT en el orto republicano, la propia Federación Local de Sociedades Obreras de San Sebastián todavía integrada en la central socialista, avaló el nacimiento del Sindicato de Industria Pesquera y sus Derivados “La Unión Marítima” de Pasaia. En aquel momento, se produjo una viva discusión entre los partidarios de federarse en la UGT y los que preferían la adhesión a la CNT, ganando por un pequeño margen los primeros10. Al poco tiempo, la secretaría de la agrupación será asumida por el destacado militante comunista Juan Astigarrabía, futuro consejero de Obras Públicas del Gobierno Vasco en plena Guerra Civil; mientras, el PCE comenzaba a controlar paso a paso el comité de la Federación Local donostiarra en detrimento de los cuadros obreros socialistas. 

Finales de Abril de 1931: el sindicato (la función hace al órgano) presenta nuevas bases de trabajo a los armadores para su discusión. Entre ellas figura la solicitud de 300 pts./mes para los marineros del Grand Sole, descanso equivalente a los domingos que se faenaban en el mar y una jornada que no fuese superior a las 15 horas de trabajo. Muy pronto, la huelga de toda la flota de arrastreros dio respuesta a la negativa patronal; los días pasan, el paro se prolonga, el hambre hace su aparición. Los armadores maniobran: envían sus “ganchos” a las villas marineras de Galicia (a Porto do Son, por ejemplo), para reclutar marineros asociados en los Pósitos sin advertirles que van a sustituir a sus compañeros parados; además, pretenden trasladar aparejos y pertrechos a Guetaria, donde algunas parejas están dispuestas a faenar tripuladas por esquiroles. Cuando los marineros gallegos recién contratados llegan a Pasaia, se dan cuenta de la jugada y muchos retornan al pueblo del que salieran engañados. Una noche, la del 26 de mayo, detienen a varios miembros de la directiva del sindicato (entre ellos a Juan Méndez y a Francisco Cabezón) según parece por quemar efectos de pesca y aparejos a punto de ser transportados a Guetaria. Inmediatamente, Astigarrabía se desplaza a San Sebastián y parlamenta con el gobernador Aldasoro para excarcelar a los detenidos; sin acuerdo, el militante comunista parece ser que amenaza con liberarlos por la fuerza. Al amanecer del día siguiente, mil quinientas personas, entre hombres, mujeres y niños, aguardan en Pasai San Pedro a que el gobernador militar General Villa Brille parlamente con algunos de los concentrados. Después de llamar “tozudos” a los gallegos que son allí mayoría, el militar se retira y los manifestantes se dirigen a Pasai Antxo, donde se les juntan otros tantos vecinos. Encabezan la marcha dos pancartas; una pidiendo “Libertad para nuestros compañeros” y otra reclamando “Pan para nuestros hijos”; entre Herrera y las cocheras de tranvías de Donostia, sucesivos retenes de tropas cortan el tráfico de automóviles y de transeúntes. En el primero, el oficial que manda la tropa (que ya muestra la bayoneta calada) no se atreve a dar la orden de cargar contra las mujeres y los niños que van delante y se cuelan entre los soldados por todos los resquicios, mientras el resto de los manifestantes vitorea a los militares. En el Alto de Vinagres, donde hay un nuevo piquete, ocurre otro tanto. Pero en las cocheras, delante del reloj de Ategorrieta, está la Guardia Civil; confiadas por la actitud de los soldados, las mujeres continúan avanzando, seguidas por los hombres que llevan las manos levantadas en señal de pacífica actitud. De repente, una corneta da la primera llamada de atención e, inmediatamente, resuena una descarga cerrada; seis muertos y más de treinta heridos quedan en el medio de la carretera y el resto de la muchedumbre escapa presa del pánico. De los damnificados, la mitad de los muertos eran gallegos y numerosos heridos llevaban apellidos comunes en las rías galaicas: Centeno, Suárez, Novo, Barros....Con la oposición de socialistas y solidarios vascos y el impulso de los comunistas y anarcosindicalistas, estalla la huelga general durante tres días en Pasaia que es tan solo, a pesar del ascendiente del PCE sobre el obrerismo donostiarra, parcial y momentánea en San Sebastián. El Gobernador Aldasoro, antiguo abogado defensor de cenetistas, quizás pensando en los gallegos, proclama: “....a aquellos que cometan coacciones se les tratará con implacable rigor y los que son extraños al país serán enviados a sus provincias respectivas”. 

Los sucesos dejarán una huella bien visible en diversas localidades del litoral gallego, pues muchos vecinos tenían familia en Pasaia y la correspondencia remitida desde allí (alguna de ella “filtrada” al periódico vigués “El Pueblo Gallego” o al semanario cenetista “Solidaridad Obrera” de A Coruña) relató de manera descarnada los acontecimientos. Finalmente, las aguas retornarán a su cauce después del brutal escarmiento; socialistas y comunistas volverán a enfrentarse y, como resultado, la Federación Local de Sociedades Obreras abandonará la UGT para integrarse en la central sindical auspiciada por el PCE: la CGTU. Por su parte, los anarquistas acusarán de irresponsabilidad y aventurerismo a los comunistas, por organizar la mencionada marcha bajo las amenazas explícitas de las autoridades. Por lo menos, la huelga de los pescadores terminará con la firma de unas nuevas bases de trabajo, donde se recogían buena parte de las aspiraciones de los trabajadores del mar. Por primera vez, y a costa del derramamiento de sangre, los pescadores demostrarán su fuerza, de manera que el sindicato quedó consolidado y reconocido por los armadores11.


"La Unión Marítima" versus "El avance marino"

Los enfrentamientos entre las diversas corrientes ideológicas operativas en el interior de “La Unión Marítima”, continuaron en el período de tiempo inmediato a la huelga de 1931. A lo largo del año siguiente, la Federación Nacional de Industria Pesquera de la CNT, domiciliada en A Coruña, envió a sus militantes más reconocidos a Pasaia para intentar la adhesión del colectivo; así, tanto su secretario Manuel Montes como José Villaverde realizaron sendos actos de propaganda en Pasai San Pedro, donde se criticó la mala gestión de las bases de trabajo aprobadas en el verano de 1931, la utilización de los Jurados Mixtos y el dispendio que se realizaba con los “liberados” sindicales, con muy pocos resultados efectivos a decir de los anarcosindicalistas12. En ese contexto, a finales del segundo año republicano va a tener lugar un referéndum para decidir la integración del colectivo, bien en la UGT, bien en la CNT. En aquel momento, el secretario de la Confederación Regional Galaica de la CNT, José Villaverde, se mostraba confiado en el resultado de la consulta por el notorio cambio de talante que se estaba registrando en la incesante emigración galaica a Pasaia, debido a la llamativa expansión del anarcosindicalismo entre las gentes de mar de múltiples localidades del litoral gallego: “La marcha normal del plebiscito es favorable a la Confederación. Es una cosa lógica, ya que la mayoría de los componentes de este Sindicato (se refiere Villaverde a La Unión) son compañeros que ya trabajaron en nuestros Sindicatos de Galicia, y por lo tanto poseen el carnet confederal”13. O sea, que muchos marineros gallegos que emigraron a Pasaia en estos primeros tiempos republicanos, atraídos por jornales más altos que los abonados en los puertos de Galiza14, lo hicieron ya con una nueva conciencia de explotados muy alejada de aquella antigua e indigna sumisión. De hecho, la motivación de algunos de ellos para trasladarse a Trintxerpe era su negativa a tripular la mayoría de las parejas de Vigo-Bouzas en las que andaban enrolados los miembros del sindicato amarillo Agrupación Independiente de Trabajadores de la Industria Pesquera, alentado por los armadores del puerto vigués luego de la derrota sufrida por el cenetista Sindicato de Industria Pesquera, en la huelga y el lock-out acaecidos durante la segunda mitad del año 193215.

Volviendo al mencionado referéndum, las cosas no salieron como Villaverde aguardaba, a pesar de que en una votación a mano alzada y en otra mediante papeletas, los partidarios de la CNT superaron a los de la UGT. Pero aconteció que los comunistas, defensores de la abstención puesto que pretendían declarar autónoma a La Unión, consiguieron que los abstencionistas fuesen considerados los verdaderos vencedores, dándose el colectivo de baja en la UGT sin integrarse en la Confederación. Al poco tiempo, esto provocó el abandono de los libertarios y el acercamiento del sindicato a la CGTU, central a la que estará vinculado hasta diciembre de 1935, fecha en la que retornará a la UGT junto con el resto de los colectivos integrados en la Federación Local de Sociedades Obreras de Donostia.

Por consiguiente, en el albor de 1933 se va a constituir el Sindicato de Industria Pesquera y sus Derivados “El Avance Marino”, integrado en la CNT y domiciliado en el entresuelo del número 13 de la calle Francisco Andonaegui de Pasai San Pedro. Seguidamente, en febrero de aquel año el sindicato pidió la entrada en la Federación Nacional de Industria Pesquera (FNIP) de la CNT, declarando con motivo del Congreso de la mencionada organización celebrado en el otoño, una afiliación de 599 pescadores, rederos, empleados en la Pescadería y personal de la Factoría de la PYSBE16

De cualquier forma, “El Avance Marino” fue minoritario en relación a “La Unión Marítima” hasta el tramo final de la República, y sus inicios no resultaron nada fáciles debido al boicot que sus afiliados debieron de soportar por parte del sindicato comunista, que los consideraba “escisionistas”. Tampoco la coyuntura sociopolítica ayudó, porque los anarcosindicalistas tuvieron cerrado el local a la altura del mes de mayo de 1933, en represalia gubernativa por haber participado en el movimiento de protesta impulsado por la Confederación, para rechazar la ola represiva de la que era objeto por parte de la administración republicana. 

Con todo, ambos sindicatos, en los que los apellidos gallegos se alternaban con los vascos en sus respectivos libros de socios con predominio de los primeros17, no olvidaron la solidaridad con sus correligionarios que actuaban en condiciones mucho peores en Galiza. Ya nos hemos referido en otro lugar a la suscripción que hicieron 41 pescadores originarios del contorno de Corrubedo, presumiblemente integrados en “El Avance Marino”, para liberar a dos miembros destacados del Centro Cultural Obrero (CNT) de aquella desolada localidad coruñesa18. Tampoco los marineros de la comarca del Barbanza afiliados a “La Unión” pasaron por alto sus deberes solidarios, puesto que más de cien pescadores procedentes de Ribeira e A Pobra do Caramiñal afincados en Pasaia hicieron pública, en el transcurso de aquel año 1933, su protesta por las persecuciones caciquiles perpetradas contra el periódico socialista “La Lucha”, editado en A Pobra y del que eran, por cierto, suscriptores19

Insistiendo en la misma temática y retornando otra vez a los anarcosindicalistas pasaitarras, el portavoz de la FNIP “Mar y Tierra” dejó constancia a lo largo de 1933 que las parejas de arrastre de Vigo-Bouzas tripuladas por esquiroles, tuvieron bien complicada la descarga de sus caladas de pescado en el muelle de La Herrera debido al boicot llevado a cabo por el personal de tierra afiliado a “El Avance Marino”, en represalia por la actitud de aquellos una vez terminada la mencionada huelga viguesa de 1932.


La "meca del Soviet Rojo"

Conforme avanzaba la República y las derechas copaban el Gobierno al tiempo que la intransigencia patronal provocaba el colapso de la actividad societaria, la inquina fraticida entre los sindicatos disminuyó, de manera que en el año 1934 se va a conformar en Gipuzkoa una Alianza Obrera compuesta por el PSOE, la UGT, el PCE, la CGTU y la CNT, representada casi en exclusiva por “El Avance Marino”20. No participó el sindicato nacionalista STV, que ahora también estaba representado en Pasaia por un colectivo de 450 afiliados entre pescadores y descargadores, en su mayoría de origen euskaldún. En el instante de la frustrada Revolución de Asturias, a comienzos del mes de octubre de aquel año, la citada Alianza convocó en Pasaia una huelga general, desarrollada con algunos incidentes. Como consecuencia de aquellos acontecimientos, tanto La Unión como “El Avance Marino” estuvieron clausurados hasta el verano de 1935. 

Cuando por fin pudo funcionar con normalidad, “El Avance Marino” conocerá un notorio incremento tanto del número de afiliados, como de su influencia en la industria. El ambiente de combatividad que precedió al Frente Popular influyó, que duda cabe; pero también la presencia de un liberado muy experimentado en la organización sindical y en el trato con la patronal llamado Miguel González Inestal, tuvo algo que ver. De ascendencia salmantina y residencia madrileña, González Inestal ya participara en la eclosión del potente Sindicato de la Construcción de la capital española y en la redacción del periódico “CNT”, formando parte igualmente del grupo “Los Intransigentes”, perteneciente a la FAI21. En Pasaia, además de llevar la secretaría del Sindicato con la ayuda de cuadros originarios de Galiza, como Ramón Lestón, Andrés Ageitos, Eladio Aira, Ángel Barbeito, José Mª Calo o José Sampedro, el salmantino ejerció como director del periódico mensual que, editado a partir de noviembre de 1935, tomó idéntica denominación que la propia agrupación sindical. Con una tirada de 1.000-1.500 ejemplares, distribuidos por Pasaia, Orio, Zumaia, Mutriku, Lekeitio, Ondarru y Bermeo, “El Avance Marino” contó con múltiples colaboradores de procedencia gallega e, incluso, en algún momento publicó artículos en ese idioma22: rastreando en sus páginas, encontramos las firmas del anarquista de A Pobra do Caramiñal afincado entonces en Pasaia, Gumersindo Fernández Pardavila; del propio Ramón Lestón, fundador en breve de las JJLL pasaitarras; de su hermano Melquíades, que escribía desde Porto do Son o desde Xixón con el seudónimo de “Marino Ácrata”, de Domingo Souto, del patrón L. Facal, de Ricardo Pardavila.... 

De la mano de González Inestal, la publicación incluso tomó a su cargo la revitalización de la FNIP, prácticamente desaparecida desde la derrota de Octubre de 1934, impulsando la celebración de un Congreso que la reorganizará en profundidad. El Congreso, finalmente, tuvo lugar a inicios del mes de mayo de 1936 en Zaragoza, coincidiendo con el de la propia central anarcosindicalista. En su transcurso, “El Avance Marino” representó a 940 afiliados y afiliadas y, por primera vez, parecía tomar la delantera a “La Unión Marítima”. 

En realidad, la tasa de sindicación entre los trabajadores de la industria pesquera de Pasaia fue muy alta (por encima del 75%) en la etapa del Frente Popular, ya que a los asociados y asociadas en El Avance Marino, habría que sumar los de “La Unión” (entre 650, 700 y 1.183, según las diversas fuentes), STV (450 afiliados) y los del sindicato de patrones y maquinistas “La Polar”, integrado en la UGT (en torno a 150-200 socios)23. La mayoría de ellos, residían con sus familias en el rincón galaico de Trintxerpe, presentado por una alborotada prensa católico-nacionalista como “el escándalo de Gipuzkoa” y una posible futura “meca del soviet rojo”24, donde, según el portavoz de los comunistas vascos “Euskadi Roja”, era público y notorio que el vecindario había contribuido de manera entusiasta al triunfo de las candidaturas del Frente Popular, en las votaciones celebradas el 16 de febrero de aquel desgraciado año de 193625

En los últimos meses de la República, Donostia y sus contornos vivieron una conflictividad laboral muy poco habitual. Así, en el mes de mayo se paralizaron los trabajos de remodelación del puerto de Pasaia, pararon los trabajadores y trabajadoras de las Pescaderías de Donostia y Pasaia y se iniciaron las huelgas de la construcción y del sector de la madera. En todas ellas, una novedad: para alarma de la derecha nacionalista, al lado de la Alianza UGT-CNT, estuvieron en esta ocasión los de la STV. Paralelamente, en Pasaia se pretendía por parte de los pescadores ajustar las cuentas a un pasado de grandes fortunas, amasadas con el trabajo inhumano y mal pagado de miles de hombres: después de diversas asambleas, convocadas de manera unitaria por todas las opciones sindicales, se aprobaron unas nuevas bases de trabajo muy avanzadas y se inició el proceso de negociación con los armadores. Por aquel entonces, solicitaban los marineros 375 pts. al mes, con una gratificación de 50 pts. para los que iban a los caladeros más lejanos, en razón de la subida de un 3% en los precios de las subsistencias; Bolsín de Trabajo establecido y controlado por los sindicatos, para terminar con los favoritismos y la especulación con el empleo; incremento de las tripulaciones de los bous y de las parejas, para reducir las jornadas laborales que estaban entre las 15 y las 18 horas; cumplimiento efectivo de los descansos; un mes de vacaciones pagadas; mejora de las condiciones sanitarias, de seguridad y de habitabilidad de los barcos...26

Después de un paréntesis de mes y medio en el que la patronal dio la callada por respuesta, los marineros de los bous y las parejas de arrastre decidieron tomar el camino de la huelga el 5 de junio, procurando el apoyo de los sindicatos de la totalidad del litoral español. Cuando llevaban más de dos semanas parados, se les juntaron los tripulantes de los trawlers y el personal de tierra de la Factoría de Pasai Donibane perteneciente a la PYSBE, que solicitaban unas mejoras similares, debiendo intervenir el Ejército para descargar los barcos e impedir que el pescado se pudriera. A finales de junio, cuando el hambre ya hacía acto de presencia por los hogares de Trintxerpe y muchos marineros gallegos que no tenían responsabilidades familiares retornaran a sus villas natales, el vocero comunista “Euskadi Roja” denunciaba que la intransigencia patronal tenía como objetivo llevar la desesperación a las familias de los pescadores, para luego repetir la jornada sangrienta de 1931 y desprestigiar, de paso, al Frente Popular27. Fuese o no fuese así, el estallido de la Guerra Civil dejó el conflicto sin resolución.


Epílogo

Los trabajadores y trabajadoras del mar de Trintxerpe no desmintieron su historia en los primeros días de la contienda y movieron Roma con Santiago para defenderse del golpe militar: primero hicieron una gran cantidad de “cócteles Molotov” que utilizaron en los enfrentamientos que tuvieron lugar en Donostia; luego, blindaron automóviles y camiones; sin vacilar, tomaron el mando del torpedero de la Armada “Xauen”, que estaba amarrado en el puerto, y lo emplearon para bombardear las posiciones de los sublevados en la capital guipuzcoana; más tarde, se apuntaron con entusiasmo para el combate fronterizo en las Peñas de Aya, aunque ninguno de ellos estaba habituado a la montaña, o en la defensa de Irún. En la lucha murieron algunos militantes señalados, como Ramón Lestón o José Cadabal; otros, pongamos por caso al redondelano Ángel Barbeito o al rianxeiro Felipe Redondo, tomaron el camino del exilio francés al terminar la Guerra Civil. 

Finalmente, con la derrota, la reacción del vecindario mostró con claridad dónde estaban sus simpatías: “Trintxerpe, cuando las tropas de Franco, al frente de Beorlegui, entraron, se fue toda la gente y también se llevaron todos los barcos....Por la calle solo se oía el maullar de los gatos que salían a los balcones. El hecho de que la gente dejara Trintxerpe hay que tener en cuenta que era un foco de CNT, FAI, tipo comunistoide, y de ahí la huída. Con el tiempo fueron regresando”28

Comenzaba la “longa noite de pedra”, según ajustada expresión del poeta de Celanova Celso Emilio Ferreiro. Pero esa es otra historia.


PEREIRA, Dionisio: “El Trintxerpe republicano: génesis de la denominada “quinta provincia gallega” en Euskadi”, Itsas Memoria. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, 5, Untzi Museoa-Museo Naval, Donostia-San Sebastián, 2006, pp. 737-743. 

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1. La versión original de este ensayo, en idioma gallego, está incluida en PEREIRA, D.: “Foulas e Ronseis (Retrincos para un Tratado do Mar dos Galegos)”, Positivas, Santiago, 2005. 
2. Hasta los años 10 del siglo pasado, el Ayuntamiento de Pasaia estaba compuesto por tres distritos bien diferenciados, emplazados en diferentes lugares de su intrincada ría: Pasai San Pedro, Pasai Antxo y Pasai Donibane (San Juan). A partir de entonces, el poblado de Trintxerpe surgió en un territorio de marismas y monte bajo, colindante con Pasai San Pedro. 
3. Colectivo Xerminal: “Crise económica e loitas sociais na Galicia republicana: O conflicto pesqueiro vigués de 1932”, en AAVV: O Movemento Obreiro en Galicia. Catro ensaios, Ed. Xerais, Vigo, 1990. 
4. BARKHAM HUXLEY, M. y LÓPEZ LOSA, E.: “Pasajes, puerto pesquero”, en AAVV: Pasaia. Memoria histórica y perspectivas de futuro, Untzi Museoa-Museo Naval, Donostia, 1999. 
5. Ver El Avance Marino, nº 3, enero de 1936. Otras fuentes señalan que, en 1936, tenían a Pasaia como puerto base 160 barcos de pesca industrial, pertenecientes a 52 armadores de aquel puerto y a otros cuatro de Zumaia, Xixón y Vigo-Bouzas. Desglosadas por tipos, estas embarcaciones eran: 6 bacaladeros de unas 1.200 tons., 20 bous de entre 140 y 300 tons., 82 parejas de vapor y 34 de motor de 30 a 150 tons. y 18 bacas y parejas sueltas de menos de 100 tons. Ver PARDO, J.: “La flota de arrastre de Pasajes durante la guerra civil”, en Pasaia. Memoria histórica y perspectivas de futuro, Untzi Museoa-Museo Naval, Donostia, 1999.
6. BARKHAM HUXLEY, M. Y LÓPEZ LOSA, E.: Ibídem. 
7. Ver el periódico católico-nacionalista El Día, Donostia, 12 de enero de 1936; también OREJAS, J.I.: “Breve historia del Sindicato de la Pesca de CNT `El Avance Marino´ de Trincherpe-Pasajes de San Pedro. Guipúzcoa”, en CNT, nºs 184-185, julio-agosto 1995. 
8. Excepto, quizás, en algunos momentos de la emigración a América. A finales del siglo XIX y en el primer tercio del XX, también en el Brasil, en Uruguay o en la Argentina, en determinadas ocasiones los gallegos fueron sinónimo de gente tozuda y rebelde. Ver PÉREZ LEIRA, L. (coord.): O Galego Soto. Líder da Patagonia Rebelde, Xerais, Vigo, 1998. 
9. OREJAS, J.I.: op. cit. 
10. Seguimos aquí el relato de uno de los fundadores del sindicato, el anarquista Juan Méndez, publicado en El Avance Marino, Pasaia, nº 3, enero de 1936.
11. En el relato de la huelga de los pescadores y los trágicos sucesos posteriores, empleamos las siguientes fuentes de información: El Pueblo Gallego, Vigo, 28 de mayo de 1931 y 5 de junio de 1931. Solidaridad Obrera, A Coruña, nº 26, 6 de junio de 1931. EGIDO, J.A.: Jesús Larrañaga, comunista y abertzale, Ediciones Vosa, Madrid, 1994. OREJAS, J.I.: op. cit.
12. El sindicato tenía tres liberados, el presidente, el delegado y un abogado, que cobraban, respectivamente, 400, 350 y 250 pesetas mensuales; Solidaridad Obrera, A Coruña, 16 de enero de 1933. Ver también reseña del Congreso de la Federación Nacional de Industria Pesquera en CNT, Madrid, 26 de octubre de 1933. 
13. Solidaridad Obrera, 16 de enero de 1933. Un buen ejemplo de la gran movilidad de los pescadores gallegos, ahora sindicados, nos lo da el caso (escogido de manera aleatoria) del marinero Manuel Alonso Mouriño de Porto do Son (Coruña), cuyo carnet de la CNT refleja su paso por diversos puertos: desde 1924 hasta 1930 en Coruña, afiliado al Sindicato de Industria Pesquera “El Despertar Marítimo”; desde 1930 hasta 1933, primero en Vigo-Bouzas integrado en el Sindicato de Industria Pesquera de aquella localidad y, luego, en Cádiz, cotizando al sindicato de pescadores cenetista de la capital gaditana; para terminar, entre 1933 y 1936 recala en Pasaia, donde milita en el Sindicato de Industria Pesquera “El Avance Marino” de este puerto. Ver Archivo Histórico Nacional, Sección Guerra Civil, Salamanca, Carpeta 116, Serie F, Xixón. 
14. Ya sabemos que los mariñeiros enrolados en los arrastreros de Pasaia cobraban en torno a las 300 pts/mes, mientras que en Vigo, Coruña o Ferrol la retribución no sobrepasaba las 240 pts. y en el puerto de Marín no superaba las 200. En Pasaia, no obstante, el precio de la vivienda y de las subsistencias era muy superior al de los puertos gallegos y, además, era habitual que los pescadores radicados en Trintxerpe tuvieran que sostener dos casas, una allí y otra en su pueblo natal. 
15. Colectivo Xerminal: Ibídem. 
16. Solidaridad Obrera, Coruña, 25 de febrero de 1933, CNT, Madrid, 9 de octubre de 1933. El delegado de “El Avance Marino” en el citado Congreso, fué José Isidro Llovell.
17. Apuntaba a comienzos de enero de 1936 el periódico donostiarra El Día: “Si bien es cierto que los arrantzales vascos se hallan en situación minoritaria comparados con los pescadores vecinos de Galicia, no debe desconocerse que no pocos euskaldunes –más de los que nosotros desearamos– pertenecen a las organizaciones rojas”. 
18. Ver PEREIRA, D.: “Sindicalistas e Rebeldes. Anacos da historia do movemento obreiro na Galiza”, A Nosa Terra, Vigo, 1998. 
19. PEREIRA, D.: Ibídem. 
20. El portavoz de la CNT de Gipuzkoa “Aurrerá”, señalaba en su número correspondiente al 1º de Mayo de 2003: “Según cuentan las crónicas, la presencia del movimiento libertario en Gipuzkoa vino de la mano de la comunidad de pescadores gallegos que vivían en Trintxerpe”. Según parece, en 1934 surgieron, además, algunos grupos confederales en Rentería, Donostia, Deba y Tolosa; en esta última localidad residió el comité de la primera Federación Comarcal de Gipuzkoa hasta su traslado en abril de 1935 a los locales de la calle Larramendi de Donostia, donde también va a estar la redacción del periódico Crisol. Según algunas fuentes, la mencionada Federación integraba unos 1.271 afiliados en octubre de 1935, de los que algo más de 850 pertenecían al sindicato de Pasaia. Ver OREJAS, J.I.: op. cit. Como comparación, diremos que STV era la primera fuerza sindical en la provincia con cerca de 16.000 afiliados en julio de 1936, seguida por la UGT que agrupó en aquellos días en torno a 10.000 socios, tras la integración de la CGTU. De cualquier modo, la CNT de Donostia tuvo un importante aumento de sus efectivos tras la victoria del Frente Popular, particularmente en el sector de la construcción. Ver BARRUSO, P.: El movimiento obrero en Gipuzkoa durante a IIª República, Diputación Foral de Gipuzkoa, 1996.
21. Ver ÍÑIGUEZ, M.: “Esbozo de una Enciclopedia histórica del anarquismo español”, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid, 2001. 
22. Véase XAU: “Tráxica Leición”, en El Avance Marino, nº 6, abril 1936. 23. Las fuentes empleadas para esta descripción de la implantación sindical, son los periódicos El Avance Marino, Frente Popular y El Día. Conviene decir, que el último periódico recogió con cierto escepticismo los informes del sindicato “La Unión” relativos a sus presuntos más de mil asociados. Además, los capitanes y muchos pilotos que ejercían de patrones tenían su propia asociación corporativa, la “Agrupación Náutica”, y algunos maquinistas formaban parte de la “Asociación General de Maquinistas Navales”. Ver  PARDO, J.: op. cit. 
24. El Día, Donostia, 12 de enero de 1936. 
25. Euskadi Roja, Donostia, 27 de junio de 1936. 
26. “Los Sindicatos de la Industria Pesquera de Pasajes a todos los trabajadores, a la opinión pública”, Solidaridad, Coruña, 4 de julio de 1936. Ver también El Avance Marino, Pasaia, nº 6, abril 1936.
27. Euskadi Roja, Donostia, 27 de junio de 1936. En esos momentos, hubo incluso quien corrió el bulo de que 400 marineros estaban dispuestos a desplazarse desde Galiza, para ocupar los puestos a mayores que habría en los barcos de aplicarse el aumento de tripulaciones solicitado. La patraña, inventada con el objetivo de enfrentar a los pescadores vascos con los gallegos, fue rápidamente desmentida por los anarcosindicalistas, enfatizando que unos y otros convivían fraternalmente en el seno de todas las organizaciones sindicales y, aún en el caso de que fuese cierta la noticia, los presuntos “aproveitados” deberían aguardar su turno en el futuro Bolsín de Trabajo. Ver El Avance Marino, nº 8, junio de 1936. 
28. Testimonio de Francisco Lasa, recogido en GARCÍA ORELLÁN, R. y BEOBIDE ARBURUA, J.: Hombres de Terranova. La Pesca del Bacalao, 1926-2004, Pasaiako Portua-Puerto de Pasajes, 2004.