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3212. La odisea de una capitana. Anita Carrillo

Anita Carrillo fué primero una ráfaga del campo andaluz, una de esas niñas que los turistas suelen encontrar "pintorescas" y buenas modelos para sus "kodaks", y que la realidad de la miseria cotidiana obliga a ganarse el pan, el pobre cacho de pan, como un hombre, a la edad en que las niñas de los países sin tanto pintoresquismo y tanto latifundio van a la escuela y tienen juguetes. Luego fué una mocita pinturera que seguía trabajando como no se debería trabajar, y muy pronto, a los dieciocho años, una casadita hacendosa, que tenía su pisito de Málaga como los chorros del oro. Luego fué, igual que su compañero, una militante socialista. Y luego, por fin, igual siempre que su compañero José Torrealva, una buena militante comunlsta de La Línea. Y luego ya... 

Luego viene la sublevación, que sorprendió a Anita Carrillo de dirigente del Partido en La Línea. El viernes 16 de julio, ante la inminencia de ''lo que se veía venir", se reúne en La Línea el Bloque Popular. Los comunistas, por mediación de un informe de los Torrealva, exponen la gravedad de la situación. Como en todas partes: dilaciones, vacilaciones... Nadie responde. El 17 llegan de Algeciras dos coches con oficiales fascistas, que vienen a sublevar la guarnición. Esta, ese día no se subleva, cierto, pero el 18 entra un tabor de Regulares con morteros y ametralladoras, y la guarnición se rinde. Torrealva y Anita, con unos cuantos compañeros, van al Partido y recogen toda la documentación, que Anita quema ella misma en su casa. Tras lo cual, obedeciendo órdenes, marcha a Gibraltar. La Línea ya está totalmente ocupada por los rifeños; los elementos significados de los partidos de izquierda se internan en los huertos. A los tres días, a Anita le llega la noticia de que su marido ha sido muerto; sin pensar más se disfraza y regresa a España. En la Aduana, repleta de falangistas, un carabinero escudriña indolentemente el cabás de esa inglesa estrafalaria, con gafas, sombrero absurdo y falda cubriéndole los tobillos. Anita, pasado ese primer peligro, va derecha a los huertos donde están "los huidos"; allí tiene la alegría de encontrarse vivo a su compañero, y con él y otros tres camaradas se queda a vivir esa vida, que parece inverosímil, de espera de las fuerzas anunciadas de Estepona, que nunca acaban de llegar, pero que aquellos cinco empecinados esperan día tras día, durmiendo en los cañaverales y con seis pistolas y ciento ochenta tiros para defender la existencia de los cinco contra todo lo que pueda surgir. 

Y así, veintiocho días. El que hace veintinueve, lo que sucedió fué un grito desgarrador, brotado con riesgo de la propia vida de quien lo profería, de la garganta angustiada de la hija de un huertano, un viejo luchador: "¡Peeepe! ¡Los civiles!" Estaban copados por los del tricornio y los moros; un huertano, un pobre miserable, los había vendido. Y allí estaban, con ese grito de aviso desesperado metido en el temblor del cuerpo, y sin saber por dónde buscar una salida, ni atreverse a mover. Y así, ¿cuántos minutos o cuántas horas? El hecho es que un camarada del Partido, Manolo Corral, uno de los futuros héroes de la guerra en los frentes del Sur, se vistió de aldeano y cruzó cerca de ellos, descubriéndoles la única posible salida del cañaveral: "Seguidme, que estáis copados." Para seguirle había que saltar tapias; con los fugitivos estaba un chiquillo de quince años, herido, y que no podía andar; Anita se lo puso en la cadera y con él saltó como los demás, tapia tras tapia, de huerto en huerto, hasta el último. Y vuelta a disfrazarse, esta vez de hortelana, con un pañuelo a la cabeza, y a llegar jugándose el todo por el todo, hasta el bote preparado por el bueno de Manolo Corral. 

Al pontón de Gibraltar. ¿A ponerse a salvo? Eso no lo hacen unos comunistas. A pedirle al cónsul pasaportes para volver a Estepona en una motora y empezar a luchar. Torrealva organiza unas compañías de Milicias, el batallón Méjico, que muy pronto se hará famoso como "batallón de choque". Anita es el "responsable político" de la tercera compañía, y al formarse poco después la compañía de ametralladoras y ser nombrado Torrealva comandante, el jefe de la columna nombra a Anita responsable político de esta nueva compañía, "por ser quien más confianza le inspiraba". Por cierto, que el nombramiento se extiende en esta forma: "Al compañero Anita Carrillo." Y hasta el 6 de febrero la existencia de Anita se confunde con la de este "batallón de choque", que tan alto había de dejar el pabellón de los voluntarios malagueños. Después del duro combate del pantano de El Chorro, la "responsable político" es felicitada por el jefe de la columna por el arrojo con que se ha batido, y a petición de la compañía, es propuesta para recompensa. 

El 6 de febrero... ¿Cómo hablar con serenidad de lo que no debió nunca ocurrir, y es más terrible que cuanto pudiera describirse? Anita está en el cuartel, en su puesto, en Málaga. Se da cuenta de lo que pasa y va a decírselo a su marido, que se encuentra herido en el hospital: que el enemigo está en puertas. Torrealva se niega a creer lo que no puede, lo que no debe ser. El batallón se halla dispersado en tres puntos distintos: "la responsable" no puede abandonarlo. Está bien. Quedará en el cuartel en espera de órdenes. Las órdenes llegan, y las dan los médicos del hospital: hay que evacuarlo en seguida, cómo sea. Anita llena cinco camiones de la columna con heridos y sale al frente de ellos hacia Almería. El batallón se batirá en retirada, con un heroísmo de locura, paso a paso, hasta Motril.

Camino de Almería. Bombardeo por tierra, mar y aire. Los falangistas, valientes ante las mujeres, los niños y los heridos, ametrallan por detrás ese éxodo, que parece resucitar, en pleno siglo XX, los pánicos dé las huidas de los tiempos más remotos de la Historia. (Sólo que entonces no había fascismo, y tamaña barbarie no se podía imaginar.) Anita es contusionada por la explosión de una bomba de avión; sufre fuerte hemoptisis, y al llegar —¡por fin!— a Almería, ingresa en el hospital. 

Hoy, ya está curada. Y fuerte y animosa como el primer día.

—¡Qué magnífica eres, Anita!  

Y la capitán responsable de una compañía de ametralladoras, rápida nos contesta: 

—¿Magnífica? Nada de eso. Soy comunista. 


Margarita Nelken
Estampa, 27 de marzo de 1937







2896. La guerra en mis ojos. Los cuatro exilios de Ana

La guerra en mis ojos. Los cuatro exilios de Ana

Los autores almerienses Fran Martín (autor entre otros libros de memoria de la obra “Madre anoche en las trincheras. Dos hermanos de Serón en la guerra de España” y Sonia Cervantes, han documentado la biografía de una niña malagueña de la guerra de España. Su obra “LA GUERRA EN MIS OJOS. Los cuatro exilios de Ana”, editada bajo el sello de Editorial Círculo Rojo, narra las vicisitudes de la población no combatiente durante la contienda. Centrada en la historia real de la familia Pomares Ruiz, es Ana la que con sus recuerdos actuales, a la edad de 91 años, da forma y sentido a esta historia que a su vez lo es de toda su familia y de otros muchos más.

Representa la visión de una niña sobre su experiencia vital durante la contienda del 36. Los contextos espacio temporales que marcan la singladura de Ana Pomares van desde la Málaga de la dictadura de Primo de Rivera, el período republicano y la guerra hasta la toma de la ciudad que generó el primer gran exilio de Ana, la carretera de la muerte de Málaga a Almería. Los bombardeos aéreos, los refugios en las cuevas del Cerrillo del Hambre en la capital almeriense.

Segundo exilio a Orán en una traíña de pesca, travesías trascontinentales, Port Vendres, la Barcelona de enero de 1938, las bocas de metro, los refugios, la Barceloneta, la Aviación Legionaria Italiana, Valencia, el refugio infantil del Colegio Balmes con capacidad para 1.000 niños.

El tren en tiempos de guerra, del tranvía malagueño a los vapores, la solidaridad entre los refugiados, bombardeos y huídas de la sinrazón. El mar como elemento de subsistencia familiar, vida cotidiana de la población no combatiente, ejemplo de cómo la población civil tuvo que soportar la violencia y los desarraigos familiares. Todos estos son algunos de los temas que el lector conocerá de primera mano a través de los recuerdos de esta nonagenaria malagueña de nacimiento con raíces almerienses y que reside en Algeciras desde los últimos 70 años.

Conocer la singladura de los Pomares Ruiz supone viajar al pasado para acercarnos a cómo las familias se tuvieron que adaptar a las tristes y duras circunstancias de huir para sobrevivir. Los momentos del camino a ninguna parte, la zozobra de la desesperación y la incertidumbre de cómo poder seguir sorteando todas las vicisitudes y problemáticas derivadas de aquella incivil guerra.

Además, la obra cuenta con un “Epílogo final la opinión de los historiadores”, donde colaboran historiadores de reconocido prestigio contextualizando los exilios de Ana. Tal es el caso de Julián Casanova, Encarnación Barranquero Texeira, Eusebio Rodríguez Padilla y Mirta Núñez Díaz-Balart. Paul Preston también realiza una mención de la obra en la contraportada.

La obra cuenta con un importante archivo gráfico de la familia Pomares Ruiz que va desde instantáneas de 1917, los años 30 o la dura y posterior posguerra.

Fuentes hemerográficas, gráficos sobre bombardeos tanto en Almería como en Barcelona, documentos de un pasado que enlazan con las vivencias y sufrimientos de esta niña de la guerra que por suerte, aún todavía vive y ha decidido contar su historia para que el paso del tiempo no la sumerja en el más triste de los olvidos. Ana Pomares es el último bastión, el último testigo del tiempo de aquella increíble historia enmarcada en una guerra, la del 36.










2541. Almeria 1937




Un plato para el obispo, un plato triturado y amargo,
un plato con restos de hierro, con cenizas, con lágrimas,
un plato sumergido, con sollozos y paredes caídas,
un plato para el obispo, un plato de sangre de Almería.

Un plato para él banquero, un plato con mejillas
de niños del Sur feliz, un plato
con detonaciones, con aguas locas y ruinas y espanto,
un plato con ejes partidos y cabezas pisadas,
un plato negro, un plato de sangre de Almería.

Cada mañana, cada mañana turbia de vuestra vida
lo tendréis humeante y ardiente en vuestra mesa:
lo apartaréis un poco con vuestras suaves manos
para no verlo, para no digerirlo tantas veces:
lo apartaréis un poco entre el pan y las uvas,
a este plato de sangre silenciosa
que estará allí cada mañana, cada
mañana.

Un plato para el coronel y la esposa del coronel,
en una fiesta de la guarnición, en cada fiesta,
sobre los juramentos y los escupos, con la luz de vino de la madrugada]
para que lo veáis temblando y frío sobre el mundo.

Sí, un plato para todos vosotros, ricos de aquí y de allá,
embajadores, ministros, comensales atroces,
señoras de confortable té y asiento:
un plato destrozado, desbordado, sucio de sangre pobre,
para cada mañana, para cada semana, para siempre jamás,
un plato de sangre de Almería, ante vosotros, siempre.


Pablo Neruda
España en el corazón










2306. VI Encuentro de testimonios de la Guerra civil española

En Almería tendrá lugar el "VI ENCUENTRO DE TESTIMONIOS: Educación y cultura en tiempos de guerra". Una iniciativa que surge de cuatro institutos de la provincia para que las nuevas generaciones puedan conocer la guerra de España desde metodologías innovadoras y participativas. Tertulias de la guerra con mayores, documentales inéditos producidos por el alumnado, teatro de la guerra civil, concursos de dibujo de la vida cultural en tiempos de guerra e incluso coro lorquiano son algunos de los trabajos que confluirán los días 21, 22 y 28 de abril en unas jornadas cuyas sedes serán Almería capital y Roquetas de Mar. 

Las exposiciones paralelas sobre la cartelería de la época también tendrán lugar en estas jornadas intercentros organizadas por el IES Turaniana de Roquetas de Mar con la colaboración del IES Carmen de Burgos de Huércal de Almería, el IES Albaida y el IES Azcona, ambos de la capital almeriense. 

Julián Casanova Ruiz, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, ofrecerá al alumnado, profesorado y demás personas interesadas una conferencia en la jornada inaugural titulada "La guerra civil: qué deberían saber los alumnos de Bachillerato". El primer día se completará con el homenaje a los mayores que aportan sus recuerdos y la proyección del documental del VI ENCUENTRO DE TESTIMONIOS DE LA GUERRA CIVIL.

La segunda jornada abrirá con una obra de teatro de la guerra civil representada por el alumnado del IES Carmen de Burgos titulada "¿Qué has hecho hoy para ganar la guerra?" de Max Aub, a la que seguirá la conferencia de María Dolores Jiménez Martínez, Profesora Titular de Didáctica de las Ciencias Sociales de la UAL, sobre "Espacios de memoria y su enseñanza en Almería". Para finalizar este segundo acto el Coro del IES Carmen de Burgos pondrá la melodía a aquel tiempo de barbarie y sinrazón.

La tercera y última jornada abrirá con la conferencia de Vicenta Fernández Martín, Catedrática de Historia y Poeta: "Lorca y su relación con Almería. Una voz que silenció la guerra". Seguidamente tendrá lugar la entrega de premios del concurso de dibujo de la guerra civil y como cierre de estas jornadas Alberto Montoya Alonso y Luis Ibáñez Luque ofrecerán un concierto musical que llevará por título "Poetas en guerra". Decir que las jornadas tendrán una pequeña muestra de carteles y biografías relacionados con la guerra de España para embellecer y dar colorido a los diferentes espacios donde discurrirán las actividades. La entrada a todos los actos es libre y gratuita.

Estas jornadas contarán con el respaldo de los Ayuntamientos de Almería, Roquetas de Mar y Huércal de Almería así como de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial de Almería a través del Instituto de Estudios Almerienses.

Más información: Testimonios de la Guerra civil española











2176. Madre anoche en las trincheras. Dos hermanos de Serón en la Guerra de España

De Francisco Jesús Martín Milán, autor de Madre anoche en las trincheras. Dos hermanos de Serón en la Guerra de España, para Búscame en el ciclo de la vida


Madre anoche en las trincheras es un estudio exhaustivo de investigación sobre el periplo de los hermanos Corral Martínez en la guerra de España a partir de treinta y seis cartas que remitieron desde los diversos frentes de batalla por los que pasaron. Dos hermanos movilizados por el Ejército Popular de la República para defender al estado leal de la sublevación militar del 18 de julio de 1936. El fracaso de ésta derivó en una  guerra civil de 988 días dejando al país fracturado en dos, como también quedaron innumerables familias. Una guerra entre hermanos, conocidos, paisanos y familiares que decidieron dirimir los conflictos sociales sustituyendo la política por las armas.

Naturales de la pedanía de Las Casillas, en Serón (Almería), desde su tierna infancia vieron cómo la vida les presentó su peor cara en un hábitat rural de una España muy distinta a la que hoy conocemos. La evolución de Antonio Miguel Corral Martínez en el levante valenciano y en el frente aragonés donde fue protagonista de los acontecimientos en torno a la famosa Bolsa de Bielsa con todos sus avatares históricos. La 43 División “La Heroica” vio como este seronero pronto ascendió a Cabo de una Compañía de Depósito dentro de la 130ª Brigada Mixta del Ejército Popular.

Felipe Corral Martínez quedó encuadrado en Alcalá de Henares (Madrid) a las órdenes de Valentín González González “El Campesino” formando parte de la famosa 46 División dentro de la 10ª Brigada Mixta, 38º Batallón, 2ª Compañía, la Batalla de Teruel y sus duras consecuencias, los Hospitales de Sanidad Militar valencianos. Nuevos destinos le aguardaban a nuestro hombre encuadrado en el Ejército del Norte en la 32 División como enlace de un Batallón de Ametralladoras Motorizado primero y como soldado de la 141ª Brigada Mixta durante la Batalla del Ebro después, y de la 12ª Brigada Mixta durante la retirada hacia Cataluña de finales de 1938. Conoceremos por último la represión franquista en los Batallones de Trabajadores que con el tiempo evolucionaron a Batallones Disciplinarios de Soldados de Trabajadores.

Dos historias reales que nos sitúan a estos dos héroes olvidados en los acontecimientos de un país en guerra que sangró las heridas por los cuatro costados mientras en Las Casillas de Serón, sobrevivir era el gran objetivo de una población duramente golpeada por los horrores de la guerra. Hoy esta lectura rinde homenaje, hace historia y a su vez memoria con tantos y tantos sueños rotos para siempre y que han dormido el paso del tiempo durante los últimos ochenta años esperando a que llegase este momento: el de conocer, recordar, valorar y divulgar nuestro pasado más cercano a las siguientes generaciones para que acontecimientos como estos jamás vuelvan a repetirse.









2077. Pan, T (...rabajo y Libertad)

En Almería, la madrugada del  13 al 14 de agosto de 1976, Javier Verdejo Lucas murió abatido por las balas de la Guardia Civil. Tenía 19 años y militaba en la Jóven Guardia Roja de España. Su delito, escribir en un muro de la playa del Zapillo de San Miguel, un mensaje que no pudo finalizar: Pan, trabajo y Libertad.


«El 13 de agosto, Francisco Javier Verdejo Lucas, estudiante de 19 años, muere en Almería por disparos de la Guardia Civil. Recibe un balazo por la espalda mientras hace una pintada: “Pan, trabajo y lilbertad”. Es plena feria patronal en la localidad andaluza y el suceso conmociona a toda la provincia. Javier es hijo de un personaje muy conocido en aquellas tierras, Guillermo Verdejo, un franquista recalcitrante que ha sido presidente del Colegio de Farmacéuticos y alcalde de Almería. Cuando los guardias civiles que han asesinado a su hijo se presentan ante él para ofrecerle sus excusas, intentando explicarle que lo ocurrido ha sido fruto de un accidente, el padre de la víctima les contesta que sólo han cumplido con su obligación. Los familiares del fallecido intentan que el entierro pase desapercibido, pero la gente abarrota la iglesia de la Virgen del Mar. Varios camaradas del Javier, que militaba en la Joven Guardia Roja, organización juvenil del Partido del Trabajo de  España (PTE), y miembros de otros partidos de izquierda arrebatan el féretro a la familia y lo llevan en hombros hasta el cementerio, al frente de una gran multitud. El gobernador civil de Almería es el fiscal Roberto García Calvo, que en 2001 llegará a magistrado del Tribunal Constitucional. Ordena la detención de quienes han paricipado en “el secuestro del cadáver” durante el entierro, pero no realiza ninguna investigacion sobre las circunstancias en la que se ha producido la muerte del joven comunista y archiva rápidamente el caso. Cuando es designado juez del Tribunal Constitucional, 25 años después, respaldado por el gobierno de José María Aznar, a nadie se le ocurre preguntarle por el asesinato de Javier Verdejo. »

Alfredo Grimaldos
La sombra de Franco en la Transición




Por las playas de Almería
nacieron claveles frescos
sembraos con la semilla
del joven Javier Verdejo.
 
Del joven Javier Verdejo
que en una noche de Agosto
cuando su misión cumplía,
las balas del enemigo
le destrozaron la vía.
 
Y sin poder defenderse
cayó su cuerpo jerío
como en otoño las hojas
y con su sangre en la arena
puso la bandera roja.
 
Como se agitan los mares,
Euzkadi se ha estremeció
y al grito de Libertad
se levanta embravecío.
 
Se levanta embravecío
que el pueblo pide justicía
por la muerte de Zabala,
por todos los que han caío
jeríos cuando luchaban.
 
Pueblo de Fuenterrabía
sobre tus piedras ha caío
Jesús María Zabala
que agonizante ha rodao
destrozao por las balas.
 
Hasta cuando compañero
seguiremos aguantando,
el caer de uno en uno
y que sigamos callando.
 
Y que sigamos callando
ante aquellos que no quieren
darle al pueblo Libertad
y que nos ponen cadenas 
si decimos la verdad.
 
Compañero, compañero
quita el velo de tus ojos
y el tapón de tus oídos,
ven a luchar con nosotros
y caminemos unidos.
 
Están pidiendo justicia
la sangre de nuestros muertos
y aquellos que los mataron
andan por el mundo suelto.
 
Andan por el mundo suelto
por que tienen las caenas
y cárceles pa encerrar
pató el que vaya gritando
PAN, TRABAJO Y LIBERTAD.
 
Compañeros, compañeros
gritemos hoy fuertemente
al cogernos de la mano
que forjando la unidad
es seguro que triunfamos.
 
Letra: José Mª Carrillo          
Música: Gente del Pueblo







1958. Antonio Muñoz Zamora, trovador de sueños, juglar de libertades. Mi amigo



Creció mirando al mar y su juventud comenzó a vivirla bajo las bermejas torres de su Alcazaba, rojiza por el atardecer mediterráneo, aunque tuvo que simultanearla con las bayonetas, en la contienda civil, que durante tres años lo mantuvo ocupado bajo el fuego y el olor a pólvora.  

Por estar en el bando perdedor, tuvo que asistir a la escuela del miedo primero, -en los campos de concentración franceses y más tarde, comenzada la IIª Guerra Mundial, en la Resistencia Francesa bajo los cielos galos de la Bretaña-, y doctorarse después en la Universidad del horror: los campos de concentración nazis. Pasó por Dachau, en Alemania, para terminar en Mauthausen, en Austria.  

Su Tercera Edad la ha compartido con un dolor sentido desde antiguo, con un mirar hondo, del más allá, recordando quizá que llegara el día de cumplir un juramento hecho en las aulas de aquella “Universidad”.  

Antonio es un hombre y es una herida profunda que aún no ha cicatrizado del todo. Ha traído, desde tan lejos, ciento cuarenta y dos preguntas de por qué cayeron otros tantos almerienses en aquel fatídico “Campus”; trae diez mil pesadillas,  de diez mil españoles que se “doctoraron” con él.  

Habla pausadamente a veces, atropelladamente otras porque los recuerdos acumulados le brotan de su mente a la vez y quisiera decirlos todos a una, le salen a borbotones, interrumpe la conversación porque los recuerdos le pueden pero, sobre todo, habla con la serenidad de quien ha tenido, tantas veces, la muerte entre las manos que le ha perdido el respeto para dárselo a cada segundo de su vida.  

Su viejo corazón late a ciento ochenta y seis pulsaciones por minuto cuando recuerda las escaleras de Wienergraben, la cantera anexa a la “Universidad” de Mauthausen; “las escaleras de la muerte”,  -susurra con voz entrecortada-, donde terminaba el “sendero de la sangre”. Se detiene y respira de nuevo para tomar impulso.  

Vino de parte de sus muertos para dirigirnos unas palabras de libertad a la parte de los vivos, y nos trajo aquel juramento, sellado en la “Universidad del horror”, asombrado de haber sobrevivido.   

Quiso dejarnos un sonoro recuerdo y lo ha conseguido con una imagen en piedra de los que no consiguieron escapar, un mapa humano que nos oriente a no perder el Norte.    

Esporádicamente ha vuelto a la “Universidad de Mauthausen”. No va a hacer ningún “master”. Va a decirles a los que allí quedaron que aquel juramento se ha cumplido en Almería; que su recuerdo es imborrable e imperecedero; que su muerte no fue en vano, para que las generaciones que les sucedieron viesen atardeceres claros y no negros amaneceres.  

Su mirada profunda, limpia, serena, lo dice todo. Está viendo imágenes, una tras otra, de toda una vida de lucha por defender principios elementales, por luchar contra sin razones, por estar en el otro extremo del lado oscuro de cerebros irracionales.  

Mintió su edad para poder alistarse y defender el Estado de Derecho y, una vez en él, lo hizo como debía aunque el destino quiso que fuese uno de los cientos de miles que cruzaron la frontera pirenaica, ateridos de frío, hambrientos, desarmados, militares y civiles confundidos en una larga y estremecedora columna hacia lo desconocido. La guardia senegalesa de Septfonds, de Barcarnés, de Noé, de Argèlés-Sur-Mer, de Saint-Cyprien... y las aguas del Mediterráneo les esperaban; por paredes: alambradas; por techo: el cielo gris del invierno galo.  

Conforme sube la colina a espaldas del apacible y tranquilo pueblo donde se ubica la “Universidad”, todas las tonalidades del verde aparecen ante sus cansados ojos. Poco a poco va apareciendo, mezclado con el verde, el color oscuro, pétreo, del edificio donde se “doctoró”. La inmensa mole granítica, dominando los cuatro vientos de la colina, aparece desafiante a su mirada.   

Hace un alto. Respira profundamente. Gira sobre sí y observa el ondulante paisaje austríaco cubierto de verdes praderas. Podía haber sido un lugar tranquilo, idílico, pero ese “monstruo granítico” está voceando, cada segundo, que fue un lugar maldito, que está estigmatizado por las vidas de cientos de miles de personas de veintisiete nacionalidades distintas que claman, desde el infinito, justicia, que recuerdan lo que allí sucedió para que no vuelva a repetirse.  

Mientras asciende recuerda aquel chirrear de frenos de la locomotora que, desde Baviera, en Alemania, lo transportó, en condiciones inhumanas, hasta el Noroeste de Austria, en Centroeuropa. Un aciago día, desde luego, para cientos de personas que le acompañaron en ese largo e incierto viaje.  
Traspasado el umbral coronado por el símbolo del Reich, el águila de bronce, otra vida les esperaba en el interior: guardias S.S., voces, ordenes, perros, látigos, kapos, duchas, horca, fusilamientos, hornos crematorios, escalera, cantera..., “Arbeit macht frei” -, rezaba el lema, en la entrada de todas las “Universidades del horror” nazis que sembraban la Europa conquistada por las huestes de negro uniforme. La libertad estaba en la humeante chimenea que durante veinticuatro horas al día, de todos los días del año, durante muchos años…, por ella, y en su densa humareda, era por donde se conseguía la ansiada libertad. 

Mientras cruza el umbral del ciclópeo edificio, sin la aguda mirada de la cercenada rapaz, desestiba sus recuerdos. Ahora se le viene a la mente aquel día que tocan a la puerta de una casa, en Rennes, donde en aquel momento moraba, y agentes uniformados con largos abrigos de cuero negro, de la Gestapo, le detienen: interrogatorios, torturas, brusquedades, un tren hacia Alemania, otro hacia Austria y, mientras tanto, vejaciones, malos tratos, hambre, frío...  

La “Appelplatz” aparece ante sus ojos. A un lado y otro, perfectamente alineados, los barracones le dan la bienvenida. Conforme avanza se le agolpan en su mente los momentos vividos tras las angostas paredes de madera: los catres, las llamadas a deshoras, las interminables pasadas de lista, los trabajos, la cantera, el esperar, a cada momento, que ése era el último de tu vida... y ese profundo y penetrante olor que invadía todo el “Campus”, a la noche, al alba, al día.   

Dentro del barracón Antonio se asoma a una de las ventanas y su mirada vaga por la explanada recordando... frente a él aparece, enhiesta, desafiante, monolítica, una de las chimeneas. No sale nada por su parte superior; el cielo, aunque gris, no lo es tanto como en aquel otro tiempo que era casi negro amalgamado con la neblina del alba...   

Entre monumentos erigidos por casi todos los países que tuvieron ciudadanos entre sus gruesas paredes,- excepto España que sólo tiene una pequeña placa -, discurre el sendero que lleva a la cantera. Una pared lisa, un granítico acantilado sin mar, “la pared de los paracaidistas” aparece ante sus ojos. En un lateral comienza el infierno de Dante. Ciento ochenta y seis irregulares escaleras, labradas sobre el mismo granito, te llevan hacia el averno... el “juego de bolos” se le viene a la mente.  

Mientras cargaban, como bestias, los moldeados bloques a sus espaldas, los cancerberos negros disfrutaban viendo como uno tras otro, piedras y personas, como en perfecta simbiosis, rodaban, escalón tras escalón, hacia el fondo del abismo.  

El tiempo del horror ya pasó. La época “universitaria” es pretérita, pero el “doctorado” es vitalicio, hasta que llegue el final y cruces otro umbral y aún después de este postrer viaje siempre quedará en la memoria, de generación en generación, que hubo una vez “universidades del horror” y que existieron alumnos aventajados en ellas.  

Antonio Muñoz Zamora, trovador de sueños, juglar de libertades, enarbola su bandera solidaria contra la xenofobia, contra el racismo, contra la intransigencia acérrima de cerebros adoquinados y clama sosiego, tranquilidad y decoro para su monumento en piedra, en las Almadrabillas, junto a su mar.  

Y junto a su monumento, van y vienen sus cenizas, con el leve murmullo de las olas que lo traen, para que contemple, con orgullo, “su” monumento, que lo llevan a mundos donde se reencuentra con antiguos camaradas y compañeros, donde una vez juraron luchar, con la palabra, para que los nombres, y los hechos, de todos los que quedaron “allá”, no se olvidara nunca y, sobre todo, para que no volviera a repetirse nunca más.

Hasta siempre 90.009, descansa en paz Antonio Muñoz, siempre estarás en mi memoria querido amigo, continúa “trovando sueños” juglar de libertades.   


José Sedano Moreno
Berja (Almeria), 2010











1857. Una calle para el presbitero republicano Hugo Moreno López



El Ayuntamiento de Almeria ha respondido a la petición de estudiar la posibilidad de conceder una calle al presbítero republicano Hugo Moreno López (Juan García Morales). Necesitamos el mayor número de firmas para avalar dicha propuesta.

El formulario de apoyo podéis descargarlo aquí, y remitirlo a antoniomorenocantano@hotmail.com


Las razones que presentamos para defender esta propuesta son:

1.- Participó en las misiones apostólicas promovidas por el jesuita Francisco Tarín en la provincia de Almería (Adra, Dalías, Tabernas, Carboneras…) en los años 1898 y 1905, cuyo fin era instruir a las clases campesinas.

2.- Fue uno de los fundadores en Almería del diario El Eco Social. Semanario en defensa de los intereses del pueblo. Creó, igualmente, la publicación Bonifacio. Un hombre de sentido común, con el que ganó el premio al mejor semanario social católico popular de España en 1912.

3.- De 1914 a 1917 fue Secretario de la Junta de Reparación de Templos y Edificios Eclesiásticos en la diócesis de Almería.

4.- Fue un escritor de gran prestigio, como lo atestiguan sus numerosos artículos en diarios y revistas como Cervantes, La Voluntad o La Esfera, llegando a integrar círculos literarios en los que figuraban ilustres intelectuales como Azorín, Pío Baroja, Valle-Inclán…

5.- Durante los años de Gobierno republicano participó, codo con codo, con los más destacados líderes de Izquierda Republicana.

6.- Fue un firme defensor de la legalidad republicana, desde 1931 hasta el fin de sus días. Este compromiso le llevó a exiliarse a Francia en 1939 y sufrir, en 1941 por presiones de la España franquista y las autoridades de Vichy, el internamiento en el campo de Gurs (Lyon).

7.- Bajo el pseudónimo de Juan García Morales fue uno de los más destacados y populares articulistas del periódico madrileño Heraldo de Madrid.

8.- Sus obras, entre ellas El Cristo Rojo, llegaron a vender más de 400.000 ejemplares.

9.- Participó en 1934, junto a personalidades como José Giral o Ramón J. Sender, en el “Manifiesto a la opinión”, donde condenaba la reimplantación de la pena de muerte en España.

10.- En junio de 1935 el pueblo de Albánchez (Almería) le dedicó una calle y le nombró Presidente "honoris causa" de su Ayuntamiento.

11.- Fue miembro del Socorro Rojo Internacional durante la Guerra Civil.

12.- Durante el exilio en Francia trabajó como profesor de los niños republicanos en diferentes escuelas infantiles: Chelles, Bessy, Ecully (colonia Iberia)…

13.- Fue miembro de la Unión Nacional Española y de la Federación de Españoles Residentes en Francia, colaborando en periódicos del exilio como La Voz de España Unidad y Lucha.

14.- Murió en 1946 en el más absoluto anonimato. Su nombre ha estado en el olvido hasta fechas recientes, pese a que fue una de las voces religiosas más comprometidas con la libertad y la legalidad constitucional durante la Segunda República y la Guerra Civil.


Dr. Antonio César Moreno Cantano
Universidad de Alcalá