Recuerdo con todo detalle el día que por fin pudimos salir al patio; la fecha exacta es lo único que he olvidado. Era después de la comida. El patio estaba vacío. Nos dijeron que no nos podíamos hablar, sólo dar vueltas por el patio, a dos metros de distancia de los muros, y a quince o veinte metros entre uno y otro.
Las ventanas de la sexta galería daban a aquel patio, y los camaradas estaban en sus celdas en aquel momento. Esa tarde no dormía nadie. La escena entera empezaba a tener un tono bastante macabro, con nosotros tres allí, los tres condenados a muerte con todos los funcionarios observando. Hasta entonces no me había fijado en que yo y los demás, en realidad estábamos en las celdas de la muerte de la prisión.
Y luego, de pronto, alguien, desde las ventanas con barrotes pero sin cristales, empezó a silbar la Internacional. En seguida se formó todo un coro de silbadores. La atmósfera macabra desapareció de repente. Era un saludo de nuestros camaradas y de nuestro Partido. Lo mejor que podíamos desear, decir que nos emocionamos profundamente es decir poco. Pero no podíamos mostrar nuestra alegría. Los guardias no nos dejaban levantar los puños, ni sonreír, ni gritar. La situación creada les ponía nerviosos y no sabían qué hacer. La Internacional terminó y volvió a empezar. Finalmente los funcionarios decidieron avisar a los de la sexta para restablecer el silencio. Pronto todo volvió a la normalidad.
Sin embargo, aquellos momentos fueron inolvidables.
Nuestro paseo duró veinte minutos. Luego nos registraron, completamente desnudos, y nos devolvieron a las celdas.
A partir del segundo proceso, los tres camaradas, "Hidalgo", "Pito" y "Ramiro" (Cañaveras), empezaron a vivir igual que nosotros, la única diferencia era que ellos no saltan al patio con nosotros.
Sólo se podía fumar en el patio.
La imagen más clara en mi mente, era la de la cara de Xosé Baena durante nuestros paseos diarios en el patio. Había cambiado bastante desde que lo conocí, antes de nuestra detención. Su cara parecía más larga, más seria; con los pómulos salientes. Su expresión más grave, más decidida. Daba sensación de firmeza y convicción. Sobre todo recuerdo sus ojos. Eran profundos, como su voz, y lleno de vida. No estoy hablando sólo por hablar, camaradas. El observar a Xosé, tranquilo y sereno; tranquilo y sereno como sólo quien ha salido del pueblo puede estar, era una lección de fuerza y serenidad.
Nuestras familias y abogados nos traían noticias de las movilizaciones para salvamos la vida a través de toda España y el resto del mundo. Varios periodistas extranjeros habían entrevistado a nuestras familias; equipos de televisión habían estado filmando las instalaciones de El Goloso, las Salesas y la cárcel de Carabanchel.
En la soledad de la celda aprendimos a vivir con la certeza de un desenlace fatal. Sin embargo, no nos permitimos volvemos blandengues y sentimentales por eso. Sabíamos las razones verdaderas que había detrás de nuestra situación.
Un día vino el cura de la prisión. Con su sonrisa falsa y gestos estudiados. Estaba claro que no sabía qué hacer. ¿Y de qué hablamos? De nada, en realidad; de cosas en general, de religión, de marxismo. Fue una conversación forzada e inútil.
Vi a Pito (García Sanz) durante uno de mis "viajes" arriba. Creo que fue un día que volví de ver al abogado. Era la primera vez que lo veía en persona, pero le reconocí por los periódicos. Lo ví justo cuando me devolvían a mi celda. Se estaba vistiendo después de ser registrado. Quizá él también venía de ver a su abogado.
Ramón García Sanz (Pito) era un camarada nuevo en el Partido pero tenía una preparación política muy sólida, como si hubiera sido militante durante años. Nacido en Zaragoza, tenía veintiocho años. Sin padres, había sido criado en un orfanato, donde los otros chicos le habían dado el nombre de "Pito". Cuando entró en el Partido, quiso conservarlo como nombre de guerra. Trabajó en el campo, como vaquero, y también en fábricas de Madrid. Fue soldador. Esa era su profesión cuando le detuvieron. Pablo Mayoral me contó que Pito estaba seguro de que le iban a matar. Había sido acusado de apretar el gatillo y matar al teniente de la guardia civil.
Lo triste es, -le contó a Pablo- que no he podido hacer más cosas como militante.
Después del proceso, según Pablo, Pito y los otros condenados a muerte habían sido incomunicados. Sólo pudo verlo cuando paseaba sus veinte minutos por el patio. Paseaba tranquilamente, con las manos en los bolsillos, como si no hubiera pasado nada. De vez en cuando miraba hacia las ventanas de la sexta.
- No os preocupéis camaradas, estoy preparado.
No puedo decir mucho acerca de José Luis Sánchez Bravo (Hidalgo). Sólo he hablado con él dos o tres veces. Era de Galicia, como Xosé, y era un huracán de actividad. Tenía una capacidad increíble de trabajo, surgida de su entusiasmo revolucionario. Hablar con él, era descubrir un hombre delicado e imaginativo.
Cuando le mataron, tenía 21 años, y había dejado sus estudios, a su madre y a su ciudad natal –Vigo- por el Partido y por la revolución.
Se habla casado en Madrid unos meses atrás.
El último día, le informaron que habían detenido a su mujer, embarazada de cuatro meses. José Luis nunca vería a su hijo.
Noticias que sé las esperas y no te van a sorprender. La lucha continua. Han parado las fábricas han sonado nuevos disparos han caído nuevos enemigos. Tengo noticias para ti, camarada noticias que te alegrarán noticias que sé las esperas y no te van a sorprender. Tu sangre heroica ha sido fértil Y nuevos camaradas puños cerrados y decisión han levantado tu bandera. de lucha En sus bocas está tu nombre y en sus manos tu pistola. Tengo noticias para ti, Daniel Mi camarada.
Mañana, matarán a
Daniel mi camarada.
Por eso quiero que mis ojos no se cierren que mis oídos estén alertas que mi
cuerpo esté despierto. Acompañándote en silencio, camarada respirando contigo
estas últimas horas
Adivinándote sereno seguro y dispuesto.
Mis ojos, Daniel, están secos sé que no quieres lágrimas mis puños están
cerrados
Tu ya sabes por qué Tu ejemplo es mi bandera de lucha y tus motivos, los míos.
En mi mano hay una pistola cargada de odio para tus asesinos Daniel, mi
camarada.
Manuel Blanco Chivite
Víspera del fusilamiento
Escrito la noche del 26 al 27 de septiembre de 1975
(Daniel, era el nombre que en la organización tenía Xosé Humberto Baena)
«Aquello fue una muestra de lo poco que el general Franco quería a España. Una muestra de desprecio al país que llevaba cuarenta años gobernando. Era demostrar otra vez más que el poder lo tenían cuatro o cinco, o diez o quince a los que les importaba mucho y muy poco el género humano»
Ovidi Montllor
María Torres / 27 septiembre 2011 / Actualizado 26 septiembre 2016
En el
amanecer del sábado 27 de septiembre de 1975, cinco jóvenes militantes
antifranquistas, dos de ellos pertenecientes a ETA (Ángel Otaegui y Juan
Paredes Manot, Txiki) y tres al FRAP (Xosé Humberto Baena
Alonso, José Luis Sánchez-Bravo Solla y Ramón García Sanz) perdieron la vida
ante los últimos pelotones de fusilamiento de Franco, con el apoyo unánime de
todos los ministros de su gobierno, a cuyo frente se encontraba Carlos Arias
Navarro, quien había inaugurado su mandato con el asesinato a garrote vil de
Salvador Puig Antich.
El día anterior, 26 de septiembre, el Gobierno presidido por Arias Navarro y compuesto por los ministros: Antonio Carro, Santos Blancú, Nemesio Fernández Cuesta, Martínez
Esteruelas, Rodríguez de Miguel, Alejandro
Fernández Sordo, Licinio de la Fuente, Pedro Cortina Mauri, Joaquín Gutiérrez
Cano, Allende y Garda Baxter, Rafael Cabello de Alba, Ruiz Jarabo, junto los militares y también ministros: León Herrera
Esteban, José Solís Ruiz, Francisco Coloma Gallego, Gabriel
Pita da Veiga y Mariano Cuadra Medina, se reunió,bajo la presidencia del Jefe
de Estado Francisco Franco, alrededor de una mesa sobre la que se encontraban
las confirmaciones de once penas de muerte.
Tres horas y media después el portavoz del Gobierno, León Herrera y Esteban, leyó el siguiente
comunicado oficial:
«El gobierno, en
relación con cuatro causas instruidas por la jurisdicción militar por delito de
terrorismo y agresión a la Fuerza Armada, ha tenido conocimiento de las
correspondientes sentencias y se ha dado por "enterado" de la pena
capital impuesta a Ángel Otaegui Echevarría, José Humberto Francisco Baena
Alonso, Ramón García Sanz, José Luis Sánchez Bravo Solla y Juan Paredes Manot.
Su Excelencia, el Jefe del Estado, de acuerdo con el Gobierno, se ha
dignado ejercer la gracia: del indulto en favor de los también condenados a la
pena capital, José Antonio Garmendia Artola, Manuel Blanco Chivite, Vladimiro
Fernández Tovar, Concepción Tristán López, María Jesús Dasca Penelas y Manuel
Cañaveras de Gracia. (...) No ha habido
el menor disentimiento por parte de ninguno de los miembros del Gobierno y los
acuerdos del mismo… han sido tomados con absoluta y solidaria unanimidad».
Apenas
faltaban dos meses para la muerte del dictador, pero éste quiso dejar su
sello homicida hasta el último momento. Se celebraron cuatro Consejos de Guerra,
cuatro simulacros en Barcelona, Burgos y dos en Madrid. Juicios sumarísimos que
dieron como resultado once penas de muerte. Seis de ellas fueron
conmutadas.
*
Hoyo de Manzanares, 09:10 h. del 27 de septiembre de
1975. Ramón García Sanz (Pito) acaba de
ser fusilado por un grupo de miembros de la policía armada. Minutos antes había
rechazado que le vendaran los ojos y ser atado a un poste colocado para la
ocasión. Su
cuerpo queda destrozado por las balas y se deniega su identificación posterior.
«Yo sé que
esto es el final, pero me molesta el garrote, pido ser fusilado». «No os
preocupéis por nada camaradas, estoy preparado».
No dispuso de abogado, ni de familia que le despidiera con un abrazo.
Compartió sus últimas horas con los funcionarios de la prisión y unos tragos de
coñac.
Tenía 28
años y era natural de Zaragoza. Huérfano desde niño, se había criado en el
orfanato Pignatelli junto a su hermano Santiago enfermo de poliomielitis, del que más tarde se haría
cargo. Era soldador y trabajaba en una cerrajería de Madrid.
Hoyo de Manzanares, 09:30 h. del 27 de septiembre de 1975. Otra descarga de fusiles de
un grupo de policías siega la vida de José Luis Sánchez Bravo. Al igual que sus compañeros se niega a
que le venden los ojos y se le sujete al poste.
La noche
anterior había recibido la visita de sus familiares y de su esposa Silvia, que
estaba embarazada de tres meses y encarcelada en Yeserías.
Su
hermana María Victoria relataría después: «Había dos guardias al lado
de mi hermano y otros dos fuera, en la puerta; había unos cuarenta por los
pasillos. Cuando mi hermano los llamaba fascistas, ellos se reían. Mi hermano
se agarraba a las rejas con rabia. Aparentemente parecía tranquilo. Claro que
se le notaba un odio y una rabia... Mi hermano lamentaba también no haber
podido hacer más por el pueblo y no poder saber lo que iba a pasar en España
después de su muerte... Cuando su mujer estaba allí, él ha tocado su vientre y
ha dicho: 'Si el hijo es un varón quiero que se llame José Luis Ramón. José
Luis porque es mi nombre y Ramón, porque nuestro camarada Ramón muere sin
familia'.»
La hija de Sanchez Bravo nació en París en febrero de 1976 y se le pusieron los nombres de Luisa
Ramona Humberta.
José Luis
Sánchez Bravo tenía 21 años, era natural de Vigo e hijo de una familia
numerosa. Desde muy joven comenzó a trabajar. Vendía libros mientras estudiaba
bachillerato nocturno en el Instituto Santa Irene. Cuando a los quince años
perdió a su padre tuvo que hacerse cargo de toda la familia.
Una
semana antes de su ejecución consiguió entregar a su hermana una carta que no
fue interceptada por la policía de la cárcel:
«...Yo no tengo miedo y
estoy tranquilo, sé que si sucede lo inesperado estaremos preparados ... Si hay
algo que me molesta es la "lástima" o la "compasión", hay
que aceptar las cosas y la realidad exterior tal cual es y no dejarse arrastrar
por influencias o depresiones. Aunque yo os parezca fuerte, tengo mis
debilidades y mis limitaciones, y sufro como cualquier ser humano o más que
muchos, ya que mi sensibilidad y la soledad agudizan esa depresión. Si ves
alguna vez a mi mujer, entrégale la carta... y dile que no quiero que sea una
mártir, pues sería egoísta e irracional por mi parte… Si por un casual tuviera
un hijo me gustaría que llevase mi nombre y que le contaseis algún día que,
como leo en una pared grabado: "la vida es una gran y larga carrera que
hay que ganar"... Estoy ya bien y con mis compañeros y camaradas, y mi
conciencia es cada vez más clara y fuerte».
Hoyo de Manzanares, 10:15 h. del 27 de septiembre de 1975. Suena una descarga. Xosé Humberto Baena Alonso acaba
de ser fusilado por un pelotón formado por guardias civiles. Al igual que sus compañeros se había negado a
que le vendaran los ojos y le ataran al poste colocado para la ocasión. Hasta el último momento mantuvo ante su familia su
inocencia. Había aceptado la sentencia con serenidad: «todo lo que yo
quiero es que las muertes de mis camaradas y la mía sean las últimas que
se produzcan ante un Tribunal Militar en España bajo estas circunstancias»manifestando
su deseo de ser enterrado en su ciudad natal. Unas horas antes pudo compartir
con su padre y hermano apenas quince minutos de despedida. El abrazo tan deseado
no pudo llevarse a cabo. Los barrotes que les separaban lo impidieron.
«Papá, mamá... me ejecutarán
mañana, quiero daros ánimos. Pensad que yo muero pero que la vida sigue. Cuando
me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos, para ver la muerte de
frente. Que mi muerte sea la última que dicte un tribunal militar. Ese era mi
deseo. Pero tengo la seguridad de que habrá muchos más. Mala suerte! una semana
más y cumpliría 25 años. Muero joven pero estoy contento y convencido»(Xosé Humberto Baena, fragmento de la carta enviada a
su familia horas antes de ser ejecutado)
Había nacido en Vigo en octubre 1950. No llegó a cumplir los 25 años. Militante del Partido
Comunista de España (marxista-leninista). Hijo de Fernando, trabajador jubilado
y de Estrella, jornalera. Gracias a la ayuda de unos parientes pudo estudiar el
bachiller superior y matricularse en Filosofía en Santiago de Compostela. Hizo
el servicio militar en Colmenar Viejo y al finalizar encontró trabajo como peón
de fundición.
Detenido
el 22 de julio de 1975 en Madrid es trasladado a la
Dirección General de Seguridad donde le comunican «que había participado en la
muerte de un policía armada y que iban a golpearme hasta que declarase, pero
que me iban a dejar vivo para que pudiese firmar la declaración, aunque sería
por poco tiempo porque me iban a liquidar a garrote vil. Ante mi negativa a
declarar, empezaron los golpes y las torturas. Me lanzaban de un extremo a otro
de la pared, golpeándome con porras y con los puños. Caí varias veces al suelo
pero me levantaban rápidamente para seguir golpeándome. En una ocasión,
mientras me sujetaban por la espalda, me agarraron por el cuello y me golpearon
repetidamente la cabeza contra un mueble metálico, produciéndome heridas en la
cara, sobre todo en la frente, pómulo y ojo izquierdo. Siguieron golpeándome y
en uno de los golpes me arrancaron una muela, aunque en el parte médico de la
DGS figura solamente la palabra 'caries'. Otras torturas que me hicieron fue el
obligarme a arrodillarme y golpearme con un palo la planta de los pies de
manera que cuando los apoyaba en el suelo sentía como si se me abriesen.
También me colocaron de cara a la pared y me golpearon durante media hora la
parte izquierda de la columna vertebral con la punta de un bolígrafo. Al
principio no dolía demasiado, pero después esto me impedía hacer el menor
movimiento...»
El único
civil que presenció la ejecución de Xosé Humberto Baena Alonso, José Luis
Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, fue el párroco de Hoyo de Manzanares,
quien después relató los escalofriantes hechos de aquella madrugada:
«Les dije que estaba allí
por si querían algo, pero ninguno de los tres quería nada. Fue todo muy rápido.
Murieron de una forma absolutamente íntegra, sin decir una palabra y sin que se
les escapara un quejido».
«Además de los oficiales y guardias civiles que
participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear
las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a
uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente del pelotón y le dio
el tiro de gracia, sin dar tiempo a que me separara del cuerpo. La sangre me
salpicó».
Los cuerpos fueron arrojados en ataúdes sin ningún cuidado ni respeto. El
de Sánchez Bravo es depositado en una caja de cinc y trasladado a Murcia ese mismo día. Xosé Humberto Baena Alonso
y Ramón García Sanz son enterrados cuatro horas más tarde en el cementerio
de Hoyo de Manzanares, prohibiéndose el acceso al público. Cuentan que algunos miembros de la Brigada Político-Social se pusieron corbatas floreadas y de colores vivos.
La familia de Xosé Humberto Baena no obtiene a tiempo la
autorización para trasladar sus restos a Vigo, acto que se realiza con
posterioridad, el 9 de noviembre de 1975.
Burgos, cárcel de Villalón, a las 08:00 h. del 27 de
septiembre de 1975. La descarga del pelotón de fusilamiento integrado por
miembros de la policía armada, acaba con la vida de Ángel Otaegui Echeverría, nacido en 1942
en Nuarbe (Guipúzcoa).
Su familia
espera a las puertas de la prisión, hasta que les entregan el cuerpo a las
cuatro de la tarde y la comitiva fúnebre se dirige hacia Nuarbe. A las diez de
la noche, en la más completa oscuridad y discreción es sepultado en el
cementerio de su localidad natal.
Había sido detenido el 18 de noviembre de
1974 en su domicilio, declarado culpable de participar el 3 de abril de 1974 en
la muerte del cabo primero de la Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón y
sentenciado a la pena de muerte en el consejo de guerra celebrado el día 29 de
agosto de 1975.
Cerdanyola, proximidades del cementerio, 8:30 horas del 27 de
septiembre. Juan
Paredes Manot, alias Txiki, es fusilado en un claro del bosque con los brazos
atados a un trípode por un pelotón de seis guardias
civiles voluntarios. Muere cantando el himno
guerrillero vasco. Unas horas antes había
escrito: «Mañana,
cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento
de libertad», palabras que serían utilizadas como
epitafio en su tumba.
Tenía 21 años y había nacido en Zalamea de la Serena, Badajoz. A los nueve años se traslada
con su familia a Zarautz. Era el segundo de cuatro hermanos.
Detenido el de 30 de julio de 1975 en Barcelona,
fue juzgado por un tribunal militar el 19 de septiembre y condenado a muerte al
declararle culpable del asesinato del cabo primero de la policía armada Ovidio
Díaz López, en el transcurso de un atraco en la sucursal del Banco de
Santander de la calle Caspe de Barcelona el 6 de junio.
En el consejo de guerra del 19 de septiembre contra Txiki, el fiscal
militar reiteró la petición de pena de muerte contra el acusado, según dijo por
«razones prácticas, históricas y estadísticas».
Fue enterrado en Barcelona y la familia no pudo trasladar sus restos a
Zarauz hasta un año después.
*
El
abogado Christian Grobet, observador de la Liga Suiza y de la Federación Internacional
de los Derechos del Hombre, estuvo presente en los consejos de guerra
celebrados en Madrid el 11 de septiembre de 1975 bajo la presidencia de los
por entonces coroneles Francisco Carbonell Cadenas de Llano y Ricardo Oñate de
Pedro, y elaboró un informe que tuvo una gran repercusión mundial.
«El que suscribe no puede por menos que comprobar una
vez más que los derechos elementales de la defensa, es decir, el derecho que
tiene el acusado a ser juzgado con equidad ha sido menospreciado en España de
la manera más grosera.
El
proceso de los cinco militantes del FRAP ha constituido un simulacro...
Es evidente que el régimen franquista no podía dejar impune el asesinato de un
policía, sobre todo en el clima actual de represión que ha alcanzado su
paroxismo con la promulgación de la Ley Antiterrorista, cuya finalidad es
amordazar cualquier forma de oposición.
Era preciso encontrar culpables para infringirles el castigo ejemplar exigido
por ciertos sectores del régimen... ¿Pero son realmente culpables los miembros
del FRAP que están siendo juzgados? ¿No pagan éstos por otros?.
El que suscribe nunca ha tenido, desde que asiste a procesos políticos en
España, un sentimiento tan acusado de asistir a tal simulacro de proceso, en
definitiva a una farsa siniestra, sobre todo si pensamos en la suerte que se
reserva a los acusados».
Otro informe del observador y abogado alemán Rainer Frommann,
señalaba:
«Los
acusados declararon que pertenecían al Partido Comunista de España
(marxista-leninista) y al FRAP, que sus confesiones eran falsas ya que habían
sido arrancadas mediante la tortura.
El acusado Sánchez Bravo declaró que le habían puesto
una pistola contra la cabeza y que habían amenazado, en el caso de que no
confesara, de matarlo en el acto. También declaró que el juez de instrucción le
había amenazado con enviarlo de nuevo a la policía (DGS) en el caso de que se
retractara de sus declaraciones ante la policía, eso significa la continuación
de la tortura.
Todos los acusados -salvo Fonfría- declararon más o
menos lo mismo. Hablaban de golpes en la cabeza, en la planta de los pies, en
los órganos genitales. Dijeron que les habían aplicado choques eléctricos en
la planta de los pies».
Frommann dirigió a la opinión pública mundial un escrito pidiendo
como abogado y demócrata la anulación de las penas de muerte y denunciando que:
«Los antifascistas acusados
no han dispuesto incluso de los más elementales derechos que deben ser
garantizados en un proceso penal. La preparación de la defensa era imposible.
Los defensores fueron excluidos al principio del proceso y reemplazados por
defensores militares no profesionales. En el proceso no se han presentado
pruebas. Las sentencias se han aplicado en base a confesiones que, según los
acusados, han sido arrancadas mediante la tortura.
En tanto que jurista, en tanto que abogado, en tanto
que demócrata me siento en la obligación de condenar los procedimientos del
Ejército español y exigir urgentemente la anulación de las penas de muerte».
A pesar de la censura informativa impuesta por la dictadura, las
movilizaciones, huelgas, paros y otras acciones
de protesta crecieron dentro y fuera de España en los días previos y los
posteriores a las ejecuciones. Miles de personalidades protestaron por los
fusilamientos y condenaron a la dictadura franquista. Naciones Unidas y gobiernos
europeos solicitaron el indulto para los condenados, se intentó asaltar
embajadas, boicotear intereses españoles, vetar la entrada en la Alianza
Atlántica, se solicitó la expulsión de la ONU. El gobierno mexicano rompió con
el régimen, no sin antes echar del país al embajador franquista. Los gobiernos
europeos protestaron oficialmente ante el gobierno franquista y tras las ejecuciones
un total de diecisiete gobiernos
retiraron a sus representantes diplomáticos en España: Alemania, Inglaterra,
Francia. Italia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suiza, Portugal, Austria, Suecia,
Irlanda, Luxemburgo, Canadá, Polonia, Hungría y la RDA. La URSS, EE.UU. y China no realizaron ninguna protesta.
Desde la
guerra española, no se habían conseguido tantas muestras de solidaridad internacional.
La
Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal emitió un comunicado en el que
manifestaba «el reconocimiento de la sentencia impuesta a los
terroristas». Pidieron clemencia para los condenados, al igual que
lo hizo el Papa porque «el perdón no pone en entredicho la firmeza de
una sentencia que sea en sí justa, sino que la subraya».
El
dictador ignoró, como siempre, cualquier petición de clemencia, y convocó para
el 1 de octubre una manifestación de adhesión a su divina crueldad en la Plaza
de Oriente, a la que acudió acompañado del entonces príncipe Juan Carlos. «Todo lo que en España y Europa
se haarmaoobedece a una conspiración
masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en
lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece». afirmó. Se ordenó el cierre de todas las fábricas,
empresas y comercios. Se facilitó el traslado con autobuses gratuitos a quienes desearan asistir
desde cualquier parte de España.
Fue,
afortunadamente, su última aparición pública.
Luis Eduardo Aute escribió "Al Alba" como un alegato contra la
pena de muerte, unos días antes de que se produjeran las últimas ejecuciones en
España (1975). Para tratar de esquivar la censura estatal, escribió una canción
de amor en el que el mensaje de fondo queda oculto tras el lamento de un
enamorado. La primera en grabar la canción fue Rosa León, y el propio Aute la
incluyó finalmente en su disco "Albanta" en 1978.
Una vez más el fascismo de Franco va a derramar la sangre del pueblo vasco. Probablemente cuando llegue este comunicado al pueblo, yo ya habré caído bajo el pelotón de ejecución. Mi intención al escribir este comunicado es poner una vez más de relieve la represión que sufre el pueblo vasco y todos los pueblos de España. No debemos olvidar nuestro objetivo: la creación de un Estado Socialista Vasco, objetivo por el cual han caído y han dado la vida muchos militantes revolucionarios, entre ellos los últimos caídos en el Estado español, Kepa, Nicia, Montxo, Andoni, y no serán los últimos. Sois vosotros, la clase trabajadora y el pueblo en general, quienes lleven a cabo la lucha hasta derrocar al régimen franquista; entonces se habrá cumplido nuestro objetivo y podréis construir una sociedad nueva, sin clases, donde no exista la explotación del hombre por el hombre. Hoy me van a asesinar a mí por el simple hecho de luchar por mi pueblo. Eso para el régimen de Franco es un crimen, no es un crimen asesinar a los militantes de ETA antes de cogerlos, tampoco es un crimen matar a la gente en manifestaciones, controles, etc. Hoy somos nosotros los que estamos en el banquillo, pero mañana estarán ellos, o sea, Franco y toda su camarilla y seréis vosotros quienes nos hagáis justicia: no lo olvidéis, puesto que mis compañeros y yo ya no podremos. Confiamos en vosotros. Por último, quiero hacer saber a mis compañeros de organización y a nuestro pueblo que mientras he estado libre he cumplido como militante y como hijo del pueblo y puesto que no he caído asesinado "legalmente" como mis compañeros, he pedido como última y única petición que sea fusilado ante un pelotón de fusilamiento como un Gudari más, recordando a todos los que han muerto por Euskadi, llevando en la mente nuestra Ikurriña, puesto que voy a morir lejos de ella...Os toca a vosotros hacer justicia.
¡VIVA LA SOLIDARIDAD DE LOS PUEBLOS! ¡GORA EUZKADI ASKATUTA! ¡ABERRIA ALA HIL EUZKADI ZUTIK! "Txiki"
«Si me llega el ultimo momento y el fascismo nos
ejecuta, moriremos orgullosos de nuestra militancia en el Partido Comunista de
España (marxista-leninista) y en el FRAP, y de haber contribuido a que España
se convierta en una Republica Popular y Federativa.
Salud»
Mi palabra,
el eco de mi voz que,
tras la muerte,
arengará a los míos,
¿se callará algún día?
Mi palabra,
Justicia combativa, grita fuerte
al pueblo que el 36 vencido
¡Tendrá para siempre vida!
Carabanchel, 7 de septiembre de 1975
Tras las rejas, aprendo
Tras las rejas, enseño
La defensa del pueblo son los puños;
las hoces y martillos son sus armas.
El opresor con carros de combate
le ha robado a la muerte su guadaña.
Pero no basta, tirano, este tu ejército
para acallar el odio de mi España.
Carabanchel, 9 de septiembre de 1975
La imagen que acompaña el texto ha sido escaneada de una pegatina del año 1977 propiedad de Gabino Alonso.
El 27
de septiembre de 1975, la ciudad de Vigo y el mundo entero se estremecía
delante de las últimas penas de muerte ejecutadas en Europa por motivos
políticos. Cinco luchadores antifranquistas eran asesinados luego de unos juicios
farsa y sin las más mínimas garantías procesales. Tales hechos golpearon sobre
todo a nuestra ciudad porque entre los cinco asesinados, dos, Xosé Humberto
Baena Alonso y Xosé Luís Sánchez Bravo-Solla eran vecinos de Vigo. Junto a
ellos caían también delante del pelotón de fusilamiento Ramón García Sanz, Juan
Pareres Manot ”Txiki” y Angel Otaegui.
Es un deber inexcusable para todos y todas los que creemos en la
necesidad de la verdad, la justicia y la reparación para con las victimas de la
dictadura, que el recuerdo de este trágico acontecimiento no se diluya con el
paso del tiempo y no desaparezca para siempre de nuestra memoria colectiva.
Desde aquel 27 de septiembre hasta hoy, con mayor o menor
intensidad pero con idéntico y activo compromiso de denuncia antifascista
contra los crímenes de la dictadura, l@s amig@s, compañer@s y camaradas de Xose
Humberto Baena y también de Xosé Luis Sánchez-Bravo, procuramos mantener viva
su memoria celebrando, de forma ininterrumpida durante estos cuarenta años, un acto
de homenaje en el cementerio de Pereiro en Vigo delante de la tumba de Xose
Humberto Baena, “Peter”.
Sin embargo, este año 2015 tiene especial importancia simbólica por tratarse
del 40 aniversario de aquellos asesinatos legales. Por eso creemos que es
nuestro deber llevar a cabo una serie de iniciativas de mayor calado e
importancia pública que las que desarrollamos en años anteriores para llegar a
todo el pueblo de Vigo y para que nadie olvide lo que sucedió hace ahora 40
anos.
Desde la Comisión 27 de septiembre pensamos que tendría un gran
impacto social que el día anterior al acto del cementerio apareciese publicada
en Faro de Vigo una gran esquela, reivindicativa, militante y memorialista, que
sirviera para golpear la conciencia del pueblo y, al mismo tiempo, ayudase a
realizar un ejercicio de memoria y homenaje a quienes dieron su vida luchando
contra la dictadura.
También entre las iniciativas que vamos a desarrollar esta la del alquiler de
dos grandes vallas publicitarias que durante quince días, entre el 13 y el 27
de septiembre, servirán para recordar la figura de Baena y también los 40 años
de aquellos asesinatos de estado.
Este es nuestro objetivo. Naturalmente, para llevar a cabo todas estas ideas,
se precisan fondos. Para recaudarlos pondremos en circulación unos bonos de
ayuda por valor de 2 y 5 euros que serán puestos a la venta durante los meses
de agosto y septiembre. Para aquellas personas que no tengan posibilidad de
comprarlos, estará a su disposición el número de cuenta bancaria ES20 2080 5217
2130 4000 2915 en la que podrán hacer las aportaciones económicas que
consideren oportunas, debiendo indicar en el concepto 27 DE SEPTIEMBRE 2015.
De los fondos obtenidos dependerá no sólo el tamaño de la
esquela sino también el lugar de ubicación de las vallas publicitarias.
Nada más, esperando contar con vuestro apoyo solidario y
antifascista, recibid un saludo fraternal.
Asunción Baamonde Polo
Miguel Angel Gomez Álvarez
Celso X. López-Pazos
Marí Luz Maset Catala
Laura Pérez Durán
Manuel Reinoso Dominguez
(Por la Comisión 27 de septiembre de 1975)
¡¡¡VERDAD, JUSTICIA, REPARACIÓN PARA LAS VICTIMAS DE LA
DICTADURA¡¡¡
¡¡¡CONTRA LA IMPUNIDAD DEL FRANQUISMO¡¡¡
Vigo, Julio 2015
*
O 27 de setembro de 1975, a cidade de Vigo e o
mundo enteiro estremecíase diante das derradeiras penas de morte executada en
Europa por motivos políticos. Cinco loitadores antifranquistas eran asasinados
logo duns xuízos farsa e sen as máis mínimas garantías procesais. Tales feitos
golpearon sobre todo a nosa cidade porque entre os cinco asasinados,
dous, Xosé Humberto Baena Alonso e Xosé Luís Sánchez Bravo-Solla eran
veciños de Vigo. Xunto a eles caian tamén diante do pelotón de fusilamento
Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot ”Txiki” e Angel Otaegui.
É unha obriga inescusable para todos e todas @s que
creemos na necesidade da verdade, da xustiza e da reparación para coas
vitimas da ditadura franquista que a lembranza deste tráxico acontecemento non
esmoreza e desapareza para sempre da nosa memoria colectiva.
Dende aquel 27 de setembro ata hoxe mesmo, con maior
ou menor intensidade pero co mesmo e activo compromiso de denuncia
antifascista contra os crimes da dictadura, @s amig@s, compañeir@s e camaradas
de Xose Humberto Baena e tamén de Xosé Luis Sánchez-Bravo, tentamos
manter viva a súa memoria celebrando de forma ininterrompida durante estes
cuarenta anos un acto de homenaxe no cemiterio de Pereiro en Vigo
diante da tumba de Xose Humberto Baena, “Peter”.
Porén este ano ten especial relevancia simbólica por
tratarse do 40 aniversario daqueles asasinatos legais. Por eso creemos que é a
nosa obriga levar a cabo unha serie de iniciativas de maior calado
e relevancia publica que as que desenvolvimos en anos anteriores para chegar
a todala veciñanza de Vigo e para que ninguén esqueza
o que aconteceu fai agora cuarenta anos.
Dende a Comisión 27 de setembro, creemos
que tería un grande impacto social que o día anterior ao acto
do cemiterio aparecese publicada en Faro de Vigo unha grande esquela, reivindicativa, militante e memorialista, que fora quen de golpear a
conciencia do pobo e, ao tempo, axudase a realizar un exercicio de
memoria e homenaxe aos que deron a súa vida loitando contra a dictadura.
Tamén entre as iniciativas que imos desenvolver está o do
aluguer de dúas grandes vallas publicitarias de 8 metros de longo por 3
metros de ancho (adxuntase texto) que durante quince días, entre o 13 e o
27 de setembro, sirvan para lembrar a figura de Baena,
Sanchez-Bravo, García Sanz, Txiki y Otaegui e aqueles asasinatos de estado.
Este é o noso obxectivo. Naturalmente, para levar a cabo todas estas iniciativas
precísanse fondos. Para acadalos poremos en circulación uns bonos
de axuda por valor de 2 e 5 € que estarán a venda
durante os meses de agosto e setembro. Para aquelas persoas que non teñan
acceso a mercar os bonos, terán a súa disposición o numero de conta
bancaria ES20 2080 5217 2130 4000 2915 na que poderán facer as aportacións económicas que
consideren oportunas, debendo indicar no concepto 27 DE SETEMBRO 2015.
Dos fondos recadados dependerá non só o tamaño da esquela, senón tamén o lugar de ubicación das vallas publicitarias.
Máis nada , agardando contar co voso apoio solidario
e antifascista, recibide un saúdo fraterno
Asunción Baamonde Polo
Miguel Angel Gomez Álvarez
Celso X. López-Pazos
Marí Luz Maset Catala
Laura Pérez Durán
Manuel Reinoso Dominguez
(Pola Comisión 27 de setembro de
1975)
¡¡¡VERDADE, XUSTIZA E
REPARACIÓN PARA COAS VITIMAS DA DICTADURA¡¡¡