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3312. Agua del destierro

José Moreno Villa
(Málaga, 16 de febrero de 1887 - Ciudad de México, 25 de abril de 1955)


Remojo la memoria
con agua del destierro.
Hay una soledad en el exilio
que no es de gente: soledad de muros,
de solera y de techo;
soledad de reflejos;
soledad de calores imprecisos.
De soledad tan vaga y tan concreta
sale un hilo de agua:
el agua del destierro,
muy parecida al llanto.
Es llanto de interior,
de lagrimales que andan por el pecho
y forman una poza
cristalina en el alma.
En ella es donde mojo
y vuelvo a remojar esta memoria
que ya tiende a secarse con los años.


José Moreno Villa
Voz en vuelo a su cuna, México, 1961






3084. El hombre del momento

Botas fuertes, manta recia,
Fusil, pistola: es el hombre.
Barba hirsuta, barba intensa,
salivas e imprecaciones,
pisar duro, mirar fijo,
dormir vestido: es el hombre.
Es el hombre del momento.
No se ve más que este hombre,
la calle, trenes, portales,
bajo lluvias, bajo soles,
entre sillas derrumbadas
y fenecidos faroles,
entre papeles sangrientos
que el cierzo invernizo corre.
Toda la ciudad es suya,
y nada le importa
dónde reclinará la cabeza,
con fatiga de diez noches.
Parece que no ha tenido
ni piaras, ni labores,
ni familia que le cuide,
ni mujeres en que goce,
Bebe, canta, riñe y cae
(porque caer es de hombres).
No sabe de casi nada
(pero casi es de hombres).
Quiere verse dueño y uno
con todos los demás hombres.
Quiere libro, pan, respeto,
cama, labor, diversiones
y todas las cosas que hace
el hombre para el hombre
o da la naturaleza
para que el hombre las tome.
Bajo la lluvia inverniza
y entre los grandes cañones,
le veo por la ciudad



devastada, serio y noble,
como un vástago que busca
su raíz. Éste es el hombre.


José Moreno Villa
26 de noviembre de 1936
Romancero General de la Guerra de España




3069. Tu tierra

Yace tu tierra más allá del agua.
Nunca tus ojos volverán a verla.

Ésa tu tierra —te dirán— es de polvo,
como todas las patrias del mundo.
Pero, no. Tu tierra es la fórmula
archicompleta de tu ser. Eres tú.
Eres tú quien quedó más allá de las aguas.
Nunca más te verás.
y no viéndote, no sabrás decir.
Y quien no dice es como llama muerta.

¿Por qué no vuelves a tu tierra, a ti?
Remozarías tu edad, tu luna.
O morirías dentro de ti mismo,
en tu tierra, en tu yo, no sobre alguien
ajeno a tu paisaje y tu conciencia.
Lo grave de morir en tierra extraña
es que mueres en otro, no en ti mismo.
Te morirás prestado.
y nadie entenderá tu voz postrera
por más que cielo, muerte, amor y vida
se digan cielo, muerte, amor y vida
en la tierra en que mueres.
Tu madrina de guerra no es tu madre
y, si morir es retornar al seno,



vuelves al que no es tuyo.

¿Por qué no vuelves a tu tierra, a ti?
Te dirán que tu tierra ya no es tuya;
que te aventó por malo; que reniega de ti.
Pero si tú eres ella y ella tú,
reniego y aventón son cosas nulas,
palabras muertas en el aire loco.

Palabras muertas en el aire loco...
Por palabras así mueren los hombres;
y el cielo cruzan hoy sólo aires locos. :
Por palabras así, truenan las bombas,
y en esos aires van los aviones.
Por palabras así, la humanidad
vive dispersa, errante y maldecida.
Y, donde posa, está a merced del aire;
que es aire loco lleno de palabras.

Yo sé que es la palabra y es el aire
los que te alejan de tu yo, tu tierra.
Y, como la palabra es centenaria,
tú morirás primero.
Tan largo es adentrar una palabra
en el cerebro humano
como sacarla de él.
Tan costoso es crear un aire nuevo
como anular el viejo.
No. Ya no te rescatas.
Tu tierra yace más allá del agua.


José Moreno Villa
Puerta severa, México 1941







3063. Frente




Esto es el frente; aquí no hay

el menor asomo de juego.
Ya no valen literaturas.
Esto es el frente, duro y seco.
Es la bala y el cuerpo humano,
es la tierra y el pájaro avieso,
es la cabeza y es la mano,
y es el corazón contra el hierro.
Es subir y bajar cañones
por lomas atónitas de miedo.
Es aguantar cuchillos y cascos
sin moverse del parapeto;
es acompañar a los tanques
monstruosos en sus sondeos;
es no beber y no comer
y no dormir un día entero;
es salir con la frente alta,
o en la lona del camillero.


José Moreno Villa
Hora de España núm. 1. Enero de 1937







3039. Converso con vosotros

De izquierda a derecha. Emilio Prados, José Moreno Villa y Luis Cernuda en México años ciencuenta. Archivo Moreno Villa


Converso con vosotros porque estáis en mis venas,
en mi garganta y en mi frente.
Y porque yo, a mi vez, estoy viviendo
en el gatillo de vuestro fusil.
Yo voy con vuestras balas silbando
y recibo en silencio las que nos tocan.
Pego mis alas con las del buitre,
me aferró a los paquidermos rampantes,
brinco en el potro y enfilo el cañón.
Cuando quiero vivir converso con vosotros.
No hay mejores amigos,
mejores hermanos,
mejores inteligencias.
Cuando la incertidumbre —pena del exiliado—
quiere hundirme y secarme,
converso con vosotros.
Y a vosotros recurro cuando veo
que el curso de mi vida se ha acortado.
Sois vosotros, amigos infinitos,
los que eleváis mi caduca moral;
así como yo soy quien os ayuda
a levantar la vuestra si decae.
Es el pájaro quien alegra a la rama
y es la rama quien alegra al pájaro.
Es el río quien sostiene al cauce
y es el cauce quien sostiene al río.
Somos débiles y somos fuertes.
Por esto debemos conversar.
Converso con vosotros al despuntar la luna
y al despuntar el día;
cuando enmudece la ametralladora
y cuando bosteza el cañón.
Conversamos sin odios, sin alardes ni llantos.
En paz, como el regato y el pájaro que pasa.
En paz, como la muerte del que cae de un tiro.
Y sé que hemos de hablar hasta que un día
no crucen por el cielo balas, sino canciones.


José Moreno Villa  
México, enero de 1938

Hora de España, Marzo 1938









2217. Madrid, frente de lucha



Tarde negra, lluvia y fango,
tranvías y milicianos.
Por la calzada, un embrollo
de carritos sin caballos,
o jumentos con el mísero
ajuar de los aldeanos.
Caras sin color que emigran
de los campos toledanos;
niños, viejos,
mujeres que fueron algo,
que fueron la flor del pueblo
y hoy son la flor del harapo.
Nadie habla.
Todos van, todos vamos
a la guerra, o por la guerra,
en volandas, o rodando
a millares, como hojas
en el otoño dorado.

Pasan camiones de guerra
y filas de milicianos
entre zonas de silenció,
lluvia y fango.
Pasan banderines rojos
delirantes, desflecados,
como nuncios de victoria
en las proas de los autos
mientras las mujeres hacen
«colas» por leche, garbanzos,
carbón, lentejas y pan.
 Los suelos están sembrados
de cristales y las casas
ya no tienen ojos claros
sino cavernas heladas,
huecos trágicos.
Hay rieles del tranvía
como cuernos levantados,
hay calles acordonadas
donde el humo hace penachos,
y hay barricadas de piedra
donde antes nos sentábamos
a mirar el cielo terso
de este Madrid confiado
abierto a todas las brisas
y sentimientos humanos.
Confundido, como pez
en globo de agua, deshago
mis pisadas por las calles.
Subo, bajo,
visito las estaciones
del Metro. Allí, como sacos,
duermen familias sin casas.
Huele a establo;
se respira malamente.
Subo, salgo.
Vuelvo a la tarde nublada.
Me siento como encerrado
en un Madrid hecho isla,
solo, en un cielo de asfalto,
por donde cruzan los cuervos
que buscan niños y ancianos.
Tarde negra; lluvia, lluvia,
tranvías y milicianos.


J. Moreno Villa
Hora de España I
Valencia, Enero 1937