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3215. ¡Ay Carmela! El paso del Ebro




El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la.
El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
una noche el río pasó.

¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba la.
Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba la
buena paliza les dio,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
buena paliza les dio.
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba la.
El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba la
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba la.
Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba la
donde sobra corazón,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
donde sobra corazón.
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba la.
Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba la
deberemos resistir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
deberemos resistir.
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!

Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba la.
Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba la
prometemos combatir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
prometemos combatir.
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!



¡Ay, Carmela!, canción popular del siglo XIX, que cantaban los guerrilleros españoles que luchaban contra las tropas de Napoleón en 1808. 

Durante la Guerra de España se cantaron varias versiones con distintos títulos, como El paso del Ebro y la Viva la XV Brigada






3158. El otoño y el Ebro


Foto:  David Seymour


A Enrique Lister

El otoño, otra vez. Sigue la guerra, fría,
insensible al periódico descenso de las hojas.
Como el hombre del Ebro bajo la artillería,
los despoblados troncos junto a las aguas rojas.

Resistencia del árbol, tan dura, tan humana
como la del soldado que entre los vendavales
de la muerte nocturna ve crecer la mañana,
florida nuevamente de ramos inmortales.

Miro las hojas, miro cuán provisionalmente
se desnuda la tierra del bosque más querido
y de qué modo el hombre de esta España se siente,
como los troncos, firme, ya desnudo o vestido.

El otoño otra vez. Luego el invierno. Sea.
Caiga el traje del árbol, el sol no nos recuerde.
Pero como los troncos, el hombre en la pelea,
seco, amarillo, frío, mas por debajo, verde.


Rafael Alberti, 1938







2745. Elegía a la tierra y a los muertos de Gandesa





Triste flor de diciembre
en el viento enraizada,
nutrida por la sangre de tantos muertos que en esta tierra crecieron
en hierbas de carrascal;
que en la casa paterna
y en las mismas lluvias del invierno
fueron huéspedes alegres;
aires grises, menudas flores del campo que,
como el aroma del tiempo,
perdieron las agrestes alegrías de la primavera.
Tristes alegrías que graciosamente fueron otorgadas algún día.

Miserable y seca tierra. Avaramente intentas
sobrevivir al polvo
de estos torrentes desolados
y a la infinita, melancolía del campesino que labra
bajo el grito del buitre.
Dura tierra que amó
en su agonía,
dura agonía mía
detenida en el pecho.

No, no hay simiente que pueda fertilizar la roca.
Nutrida por la sangre de estos muertos que florecieron
en ásperos tomillos,
no te acompaña ya sino el silencio,
la abandonada espera,
la inmensidad augusta y muda del firmamento.



Juan Perucho
Antología PoéticaEdiciones Polígrafa, 1970








1910. Cigarrillo compartido / Shared cigarette



James Robert Jump, "Jimmy", nació en 1916 en Wallasey, una localidad cercana a Liverpool. Escritor, poeta, periodista trabajaba como reportero del "Worthing Herald" cuando en noviembre de 1937 se alistó en las Brigadas Internacionales para defender a la República española. Fue destinado a la Segunda Compañía de Ametralladoras del Batallón británico y durante la ofensiva del Ebro, en la colina 666 de la Sierra de Pándols (Tarragona), cayó herido por la metralla. Regresó a Gran Bretaña en diciembre de 1938, pero jamás se olvidaría de España.

Antes de venir a combatir al fascismo conoció en Worthing, una colonia para niños refugiados españoles, a Cayetana Lozano Díaz, que había llegado a Southampton en el Habana, junto a casi cuatro mil niños vascos. Se casaron en 1940.

James fue autor de varios libros sobre el idioma español y sobre España, como The Spaniard an His Language,  La ofensiva del Ebro, The Penguin Spanish Dictionatry, y Poemas de guerra y paz.

Falleció el 29 de noviembre de 1990. Cuentan que sobre su ataud había una bandera de la República española.


Cigarrillo compartido / Shared cigarette 

Hace medio siglo
durante un breve recalmón en la batalla
fumamos entre los dos un pitillo -
el último de diez marca Woodbine
que me habían enviado envueltos en un periódico.

Liamos dos cigarrillos esqueléticos
y suspiramos contentos
mientras tragamos el humo,
llenándonos los pulmones con dulce esperanza.

Más tarde aquel día te mataron
y enterramos tu cadáver
allí en la montaña que da a Gandesa.

Cincuenta años después
todavía vagueas
en los márgenes de mi mente,
y haces repentinas incursiones
en mi nebulosa memoria.

Sin previo aviso aparece tu cara
y veo otra vez
la sonrisa permanente,
los ojos destellantes,
la mal afeitada barbilla.

Entonces recuerdo cómo te hallamos
caído sobre tu ya silenciada ametralladora.

En el bolsillo de tu camisa
había una pitillera vacía,
sin ni una fibra,
ni una miga de tabaco.

Me alegré en aquel momento
(y todavía me alegro)
que compartí contigo, Jorge,
mi último Woodbine.


J. Jump , 12 de julio de 1988
Traducción de James R. Jump (Hijo)









1702. Ebro, de la cuna a la batalla. Campaña de micromecenazgo



“Ebre, de la cuna a la batalla”, es la primera película en retratar los hechos ocurridos durante la batalla del Ebro. Se trata de una coproducción entre TV3, Canal Sur y Setmàgic Audiovisual.

El año 1938 la Guerra española ya ha desgastado a los dos ejércitos y arrasado los ánimos de la población de ambos bandos. No obstante, las diferencias entre republicanos y nacionales son reveladoras: el bando fascista dispone de la ayuda incondicional de Hitler y Mussolini en forma de armamento  y hombres, mientras que el ejército republicano en cambio se ve ignorado por una Europa más preocupada por una posible Gran Guerra que por el destino de España. En este ambiente, cruzar el Ebro parece la mejor táctica republicana para llamar a estas alianzas internacionales indispensables y demostrar a la vez la resistencia frente a los fascistas, que llevan carrerilla hacia la victoria.

Poco antes de cruzar el río, frente a la falta de soldados y la alta mortalidad de los últimos meses, miles de jóvenes entre 17 y 18 años son llamados a filas por el ejército republicano. Entre ellos se encuentran nuestros protagonistas, cuatro jóvenes para los que la Batalla del Ebro será el primer contacto directo con la guerra.

“Ebre, de la cuna a la batalla”, narra la historia de estos jóvenes obligados a abandonar la inocencia entre el silbido de las balas. Personajes como Pere Puig, que ha tenido que dejar su vida de pastor; Fermí Quintana, que se ha alistado voluntariamente para encontrar a su hermano desaparecido; Valentí Godall, un convencido antifascista; y Jaume Comelles, un seminarista que vive asustado porque compañeros como Martí Claret, anticlericales, lo miren con tanto odio como a los enemigos. El destino de todos ellos resultará imprevisible.

Las escenas en el campamento de instrucción y en la primera línia de fuego se complementan con las cuestiones políticas que manejan los máximos responsables del gobierno de la República. Por un lado Manuel Azaña, presidente de la República, que intenta conseguir una paz que evite más muertos, y por otro lado, Juan Negrín, presidente del gobierno, que quiere alargar la resistencia hasta conseguir una ayuda internacional que parece poco probable. El enlace de los dos escenarios de la historia es Carme Manyà, la secretaria de Azaña, quien mantiene una relación espistolar con Pere Puig por correspondencia. 

Una película basada en hechos reales. “Ebre, de la cuna a la batalla”. La narración de una historia ambientada en la batalla del Ebro, es la batalla, los motivos de esta, lo que allí sucedió y lo que generó en la vida de miles de pesonas. El film esta basado en hechos reales y testimonios reales y consta de una ambientación ciudada al detalle para llevar al espectador al medio de la batalla.

Una película para el público joven. Los soldados de la quinta del biberón tenian 17 y 18 años, por este motivo el film esta protagonizado por algunas de las jóvenes promesas más reconocibles del audiovisual catalán. Pocas veces un film sobre la guerra ha ido dirigido a un público joven.

Una película para la memoria. “Ebre, de la cuna a la batalla” es una película necesaria para la memoria de uno de los hechos más significativos de nuestro país, es un homenaje a todos los que lucharon, en recuerdo a toda una generación. Únicamente conociendo la historia podemos evitar repetirla.

Una película sobre la pérdida de la inocencia La película quiere ser un homenaje crudo y directo a todos los chicos que, un día sin saber por que motivo, les tocó cojer un arma y empezar a luchar. Es un homenaje a todos los adolescentes que en escasos meses se convirtieron en hombres.




Por ello el Equipo de la película “Ebre, de la cuna a la batalla” os invitan a participar en la recién estrenada campaña de micromecenazgo para financiar el último tramo de la producción del film: los efectos especiales.


Cómo participar

Muy simple. Solo hay que entrar en vkm.is/ebrefilm escoged la recompensa que deseéis. Las primeras 48 horas de la campaña son cruciales para conseguir los objetivos, y por eso os pedimos que hagáis la aportación lo antes posible.

Además, es vital que el proyecto llegue al máximo de gente. Por eso, también os queremos pedir que si os gusta el proyecto hagáis toda la difusión que podáis entre vuestros contactos.

Podéis seguir al equipo en esta aventura en Facebook, Twitter e Instagram.









1619. Harry Dobson

"Tuve un sueño ... de un mundo sin soldados ni armas, ni violencia ni opresión; oh, que llegue el día en el que toda la gente del mundo camine cogida de la mano" ("My gen i freddwyd”, canción galesa)


María Torres / 8 septiembre 2015

Cerca de 2.500 voluntarios británicos se unieron a las filas de más de 35.000 hombres y mujeres de todos los rincones del mundo que llegaron a a España para luchar contra el fascismo. Harry Dobson tuvo la mala fortuna de ser uno de los 526 brigadistas británicos que murieron.

Había nacido el 8 de septiembre de 1907 en la localidad galesa de Tonpandy, pertenciente al condado de Rhondda. Durante años trabajo en la mina de carbón de Blaenclydach en el  valle de Rhondda. Afiliado al Partido Comunista de Gran Bretaña, ejerció como sindicalista de la Federación de Mineros. Desde septiembre de 1931 a octubre de 1932 estudió en la Escuela Lenin de Moscú, compartiendo habitación con Bob Cooney, que más tarde sería comisario del Batallón Británico.

Por su activismo en contra de la Unión Británica de Fascistas de Tonypandy, acabó con sus huesos en la cárcel. Estando preso estalló la Guerra española y tomó la decisión de unirse al Batallón Británico. Para ello debía estar en libertad y poder llegar a España. En cuanto pudo, en mayo de 1937,  se embarcó en Marsella con destino a Barcelona. Su barco fue torpedeado por un submarino italiano el 30 de mayo cuando se encontraba a dos milas de la costa de Barcelona, causando numerosas víctimas, pero Dobson consiguió llegar a tierra el 2 de junio de 1937  y unirse al Batallón Británico de la XV Brigada Internacional, cumpliendo su deseo.

Sus primeros combates tuvieron lugar en Brunete, donde cayó herido. Una vez recuperado fue nombrado comisario político del Batallón. Luchó en Quinto, Belchite, Mediana y Huesca. En octubre de 1937 fue enviado a la Escuela de Formación de Oficiales de Tarazona y en enero de 1938 ascendido a sargento. Se reunió con su batallón y tomó parte en los combates de Gandesa y Ebro. 

Atacando posiciones enemigas desde una colina de Gandesa denominada cima de la muerte, al tiempo que defendía a seis compañeros del fuego enemigo, se encontraba Harry Dobson el 27 de julio cuando fué alcanzado en el abdomen por la metralla de la 6ª bandera de la legión española. Junto a él fué herido otro brigadista, Morris Davies. Dobson insistió en que trasladaran a su compañero primero, pues solo había una camilla. El permaneció tendido en el campo de batalla gravemente herido durante un tiempo antes de poder ser rescatado y trasladado al hospital de la Cueva de Santa Lucía, una cavidad natural de grandes dimensiones habilitada en 1938 como hospital de campaña de las Brigadas Internacionales que combatian en la Batalla del Ebro. Este hospital cueva llegó a disponer de cien camas, tres quirófanos, seis equipos quirúrgicos móviles, ambulancia y vehículo de transporte.

A pesar de los intentos por salvarle la vida, -le extirparon el bazo y le transfundieron sangre- falleció agarrado a la mano de la enfermera Leah Manning un día después, el 28 de julio de 1938. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común del cementerio municipal de La Bisbal de Falset. Años después, su amigo Alun Menai depositó sobre su tumba un puñado de carbón de las minas galesas del Valle de Rhondda.

Cuentan que era un hombre "tranquilo, sin pretensiones y un gran compañero"


















438. El brigadista que quería ser escritor

Jim Lardner fue el último norteamericano caído en la Guerra Civil. Su comandante lo puso en primera línea de batalla para que fuera mejor literato. Es uno de los personajes de la reconstrucción histórica de la sangrienta batalla del Ebro elaborada por Jorge Martínez Reverte.


Jorge M. Reverte -  4 NOV 2012 - ElPaís.com

28 de julio de 1938

Jim Lardner experimenta, por primera vez, en carne propia, la barbarie de la guerra. Tiene hambre y se arriesga a dejar el parapeto para coger manzanas de un árbol. Una bomba de aviación revienta a su lado. La tierra se conmueve a su alrededor y cae al suelo. Aturdido, busca su equipo, el fusil, las cartucheras, la cantimplora, que ha quedado desperdigado a su alrededor, y vuelve a la posición donde está su compañía. Cuando llega, advierte que está herido en la pantorrilla y la nalga izquierdas. Le evacuan al hospital, donde pasará varias semanas.

Lardner es el segundo de los cuatro hijos de un conocido escritor norteamericano, Ring Lardner. Todos ellos tienen una fuerte vocación literaria, y todos comparten una ideología izquierdista. Jim ha venido a España unos meses antes como corresponsal de guerra para la revista danesa Politiken, la agencia de noticias News Services y, sobre todo, un periódico, Herald Tribune. Tras pasar algunas semanas en España, decidió que su lucha por la libertad debía hacerla en el frente, y no en la retaguardia. Ernest Hemingway, al que había conocido como corresponsal, elogió su decisión, aunque le advirtió que no podía aconsejarle, que se trataba de algo muy personal. Jim se alistó en las Brigadas Internacionales.

En una carta algo rimbombante le comunicó a su madre los 16 motivos de su decisión: no sé con qué atención has seguido la guerra, pero imagino que tienes una exagerada idea del peligro de nuestra posición. (...) Hice una lista de razones:

“Porque creo que el fascismo está equivocado y debe ser exterminado, y esta democracia liberal, o más probablemente comunista, tiene la razón”.

“Porque mi integración en las B. I. podría tener un efecto para la abolición de la neutralidad en Estados Unidos”.

“Porque espero encontrar material para escribir”.

“Porque quiero saber qué es tener miedo de algo, y quiero ver cómo otra gente reacciona ante el peligro”.

Lardner acaba la carta a su madre pidiéndole, “si es que aún me consideras uno de tus hijos”, que le envíe chocolate con leche, ciruelas y cosas que no necesiten preparación.


5 de agosto

Alvah Bessie, que es ya un escritor conocido en su país, y Ed Rolfe discuten mucho sobre el futuro literario. El de Rolfe y el del ausente, por estar herido, Jim Lardner. Rolfe está obsesionado con el posible paso de Jim a la retaguardia para escribir en el órgano de prensa de la Lincoln, The Volunteer for Liberty. Rolfe le insiste a Bessie en que, desde luego, teme por su vida, pero sobre todo piensa que su experiencia en el combate es muy importante para los demás, y tiene ya una gran carga literaria.


17 de agosto

Ernest Toller, el autor de Una juventud en Alemania, está en el hotel Majestic, en Barcelona, emborrachándose en medio de una discusión sobre el porvenir de la República española. Su borrachera tiene que ver con lo que ha podido observar en Pàndols, una experiencia casi insoportable. Con él comparten bebidas y argumentos André Malraux, Boleslavskaya (corresponsal de Pravda), Herbert Matthews (de The New York Times) y otros periodistas como Robert Payne, Louis Fischer y James Lardner, que se repone de sus heridas y va a volver en breve al frente.

André Malraux, que es piloto aficionado, estuvo al principio de la guerra volando en una escuadrilla de caza en el frente de Madrid. Sus discrepancias con la Internacional Comunista le llevaron a abandonar el frente, pero no la causa de la República. Ahora está en Barcelona, hospedado en el hotel Majestic junto con su equipo y la ocasional compañía de un soberbio escritor republicano: Max Aub. Rueda una película basada en su última novela, Sierra de Teruel, que se ha publicado en Francia con gran éxito (...). La propaganda es, hoy más que nunca, un objetivo estratégico. Malraux ha probado su fidelidad a la República y su película será un buen argumento para la política exterior.

André Malraux es un veterano de la guerra y no baja nunca a los sótanos cuando se anuncia un bombardeo. No falta la bebida en el hotel, aunque no hay prácticamente nada sólido que llevarse a la boca. Los camareros se mueven alrededor del variopinto grupo y encienden las velas que iluminan las mesas. Hay que tener cuidado con la iluminación, debido a los bombardeos nocturnos.


13 de septiembre

Los de la XV Brigada Internacional están sucios y exhaustos, y desean, “probablemente en vano”, volver al otro lado del río. Alvah Bessie espera noticias. Quizá le envíen a Barcelona a la redacción del periódico Volunteer for Liberty, como le ha prometido Ed Rolfe que intentará conseguir. Sería un buen destino, tras haber participado en tantos combates y estar invadido por la sarna, resfriado y con dolores de estómago. Jim Lardner está ya repuesto de sus heridas y se ha reincorporado a la brigada. El comandante del batallón Lincoln, George Watt, discute con el capitán Wolf sobre la posibilidad de que Lardner se incorpore como su ayudante. Watt se muestra pretencioso, engreído cuando da su opinión:

—Jim está aprendiendo cosas que le harán madurar, ser mejor escritor. Es mejor para él seguir en primera línea, no ha aprendido aún bastante de eso. ¡Será mejor escritor!

—Si vive —responde Wolf.


22 de septiembre

Tres soldados de la XV Brigada Internacional han sido enviados, aprovechando la oscuridad, para contactar con una unidad aislada. Uno de los patrulleros es Anthony Nowakowsky, un americano de la Lincoln. Jim Lardner es otro. Lardner se distancia un poco de sus compañeros, pidiéndoles silencio. Y se oyen unas voces, a las que contesta en español. Su acento le delata. Le responde el fuego de una ametralladora y un auténtico diluvio de granadas de mano. Nowakowsky logra huir, dejando a sus dos compañeros tras de sí. De Lardner no se vuelve a saber nada.

Durante algunas semanas, su familia piensa que puede estar prisionero de las tropas franquistas. Pero finalmente aparecerá un cuerpo con sus credenciales de prensa en el bolsillo.

La muerte de Lardner provoca una dura reacción de Alvah Bessie: su desaparición acaba con una carrera que “estaba asegurada por lo que está viendo ahora. Es amargo contemplar el resultado de la estupidez y el engreimiento de Watt”. Watt es el comandante de su batallón, el que se negó a aceptar que Lardner estuviera en un puesto más seguro, para que se pudiera hacer mejor escritor con las experiencias de la primera línea. Y Lardner es el último brigadista norteamericano que muere en tierra española.

Otra muerte inútil en una batalla innecesaria.










256 Alfonso García Margarito

Voy a contar parte de la historia de mi abuelo Alfonso García Margarito, y para ello comenzaré por el final. Mi abuelo murió en febrero de 1982, justo un año después de la intentona golpista del 23F. Murió con la satisfacción de haber visto el resurgimiento de la democracia en España y con la satisfacción de haberse encontrado con su hija Josefa, mi madre. Mi madre conoció a su padre cuando ella tenía unos 37 años.

Un día estaba mi madre escuchando en la radio un programa de aquellos que ponían canciones a petición del oyente, cuando una dedicatoria le llamó la atención: "Queremos dedicar una canción desde Jaén a nuestra sobrina de la que no tenemos noticias..." Mi madre pensó que podía ser ella aquella persona a la que dedicaban esa canción e inmediatamente se puso en contacto con el obispado de Jaén para saber si ella era familia de aquellas personas que le dedicaban una canción en la radio, cuestión que el obispado confirmó afirmativamente.

Poco tiempo después, y también por casualidad, un tío materno de mi madre estando en el consulado francés en Barcelona para arreglar unos papeles de inmigración para alguno de sus hijos, vio en un documento el nombre y apellidos de mi abuelo, además de una dirección de residencia en París. Y así es como comenzó el encuentro de dos personas separadas por el horror de la guerra; primero la guerra civil española y después la II guerra mundial.

Cuando comenzó la guerra española mi abuelo Alfonso García Margarito, de la familia de los "robamujeres" de Jaén, fue movilizado dejando atrás a una mujer -no estaban casados- y a una niña de escasos dos años. Tras participar en la cruenta Batalla del Ebro pasó la frontera por los Pirineos viéndose metido de hoz y coz en la guerra mundial, en la que también luchó contra el fascismo imperante. Obligado por los colaboracionistas franceses a trabajar con maquinaria pesada de la que era experto conductor, fue descubierto saboteando los motores de las máquinas echando arena en los depósitos de combustible, tras lo cual huyó siendo capturado en París. Estuvo recluido primero en Auschwitz y después en Mauthausen hasta su liberación.

Acabada la II guerra mundial se instaló en Paris sin tener noticias de su familia en España, llegando a pensar que habrían muerto durante la guerra. Efectivamente, una vez acabada la guerra española, Isabel, su mujer, moría de tuberculosis en el hospital de Madrid que hoy es el Museo Reina Sofía, dejando huérfana y desamparada a la pequeña Josefa. Allí mismo alguna enfermera piadosa consiguió que una señora que había quedado viuda durante la guerra se hiciese cargo de ella. Esta mujer, dueña de una joyería, es decir, con posibles económicos, perdió el juicio por lo que le fue retirada la tutela de Josefa que a partir de entonces paso a depender del Tribunal Tutelar de Menores hasta su mayoría de edad.

Mi abuelo Alfonso, se instaló en París y allí rehizo su vida casándose con René con la que tuvo tres hijos, poniendo por nombre a la mayor de los tres Josefa, siguiendo la tradición andaluza de poner el nombre de la abuela a la primera hija... así que mi madre tiene una hermana que se llama como ella. En París se integró en el Partido Comunista de España donde conoció a Ignacio Gallego.

Mi abuelo escribía cartas a sus padres analfabetos, cartas que eran leídas por un señor para el que trabajaba una de sus hermanas. En ellas se interesaba por el paradero de su familia, sin encontrar respuesta alguna, y en la posibilidad de regresar a España, a lo que el señor que leía las cartas le respondió que podía volver si quería porque había un sitio en la carretera de Granada en el que daban trabajo a todos los que volvían... Mi abuelo captó el mensaje al percatarse de que aquel hombre le estaba hablando del cementerio de Jaén.

A finales de los años 60 consiguió permiso para poder visitar España. En una de esas visitas, cuando mi madre ya andaba sobre la pista de su padre, aquel familiar que vio el nombre de Alfonso en el consulado francés de Barcelona, le hizo llegar una fotografía que nos hicimos toda la familia para que conociera a su hija, a su yerno y a sus nietos españoles.

En el verano de 1972, en una tarde de calor sofocante, estando solos mi madre y yo en casa, alguien llamó a la puerta; yo salí a abrir y cuando mi madre me preguntó que quien era, yo le conteste "un señor" a lo que el señor contestó "cómo que un señor, soy tu abuelo". Así que yo conocí a mi abuelo al mismo tiempo que mi madre conocía a su padre...


Jesús Chicharro Ruiz