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2692. Santiago Carrillo, por Dolores Ibárruri




Conocía al joven secretario general de las Juventudes Socialistas, discípulo de Largo Caballero, que desde la adolescencia trabajaba en la imprenta y redacción de El Socialista, al lado de su padre, Wenceslao Carrillo, dirigente del PSOE.

Personalmente no traté a Santiago hasta su ingreso en el PCE.

Yo tenía al joven Santiago en alta estima, porque su talante unitario y su actitud revolucionaria habían hecho posible la fusión de las Juventudes Socialistas y Comunistas —éstas dirigidas por el inteligente joven Trifón Medrano—, en la nueva formación Juventud Socialista Unificada —JSU—, que tan importante papel político desempeñó durante nuestra guerra y en los durísimos años posteriores.

La JSU enriqueció a la izquierda, impulsó la unidad y dio al partido cuadros jóvenes de gran valía, combatientes y dirigentes políticos, muchos de ellos caídos heroicamente en la guerra y en la resistencia, y otros que hoy, ya veteranos, proclaman con orgullo su origen jotaseuista y su limpio historial revolucionario.

Internacionalmente, la fusión de las dos juventudes revolucionarias de España, que luchaban en las primeras líneas de las trincheras por la libertad, hizo latir con fuerza el pulso de la solidaridad juvenil en otros países.

En Madrid se reunieron las directivas de la Internacional Juvenil Socialista y de la Internacional Juvenil Comunista, bajo la presidencia de Santiago Carrillo, con asistencia de Federico Adler, secretario de la Internacional Obrera Socialista, y su presidente De Broukére, así como Michael Wolf, secretario de la Internacional Juvenil Comunista.

Muy importante en la realidad práctica fue el fluir de jóvenes voluntarios de todos los continentes a ocupar un puesto de combate en los frentes de la libertad en España.

Con su excepcional sensibilidad, Antonio Machado escribió en 1937:

«Yo os saludo, pues, jóvenes socialistas unificados, con un respeto que no siempre puedo sentir  por los ancianos de mi tiempo, porque muchos de ellos estaban deshaciendo España y vosotros pretendéis hacerla.»

La JSU quedará en la historia del movimiento juvenil revolucionario de España como una de, las más grandes realizaciones.

Algún día, así es de desear, se escribirá la historia apasionante de la JSU, más aún, de toda la juventud progresista española en los años treinta.

Me cuentan que al llegar en 1939 Federico Melchor a Francia, don Pablo de Azcárate, hasta entonces embajador de la República en Londres, le acompañó a la prefectura de Policía de París. Uno de los jefes de policía preguntó a Melchor:

—¿Y usted qué hizo durante la guerra?

—Últimamente fui director general de Propaganda en la Subsecretaría de Asuntos Exteriores.

El policía francés contempló irónicamente a Federico —con su aire de adolescente, pequeño de estatura— y exclamó, dirigiéndose a don Pablo:

—Ya me explico por qué han perdido ustedes la guerra.

Parecido fue el comentario que los policías franceses hicieron a Francisco Romero Marín y a Ramón Soliva —ambos tenientes coroneles a los 24 años— al aterrizar éstos en Oran en marzo de 1939. Su delito, por lo visto, era ser jóvenes y heroicos.

Marín recuerda lo siguiente:

“A Soliva y a mí nos pidieron la documentación; sólo llevábamos documentación militar en la que figuraba el grado y el mando que ejercíamos. Ambos habíamos sido jefes de división y acabábamos de cumplir 24-25 años. Los militares del servicio de información que nos interrogaron hicieron, a la vista de esos datos, comentarios despreciativos. En ese preciso momento se veían evolucionar aviones Pothez; al ver aquellos aparatos militares les dijimos que, si el armamento de que disponían era de las mismas características, en el primer encuentro con el ejército alemán, el ejército francés sería barrido. La contestación les sentó muy mal y, sin más requisitos, nos enviaron al fuerte de Mers-El-Kebir y no al puerto, para pasar a Francia, como habíamos pedido.”

Aquellos policías franceses querían ignorar la realidad de los casi tres años de resistencia del pueblo español a la agresión fascista internacional. No conocían al parecer que los mandos y comisarios veinteañeros de tantas y tantas unidades hicieron posible contener el alud de moros y «nacionales» en el movimiento de 1936; la resistencia en tantas batallas, que muchos militares profesionales consideraban inviables.

Entre los jóvenes jefes militares destacaron Cazorla, Etelvino Vega, Francisco Romero Marín, Ramón Soliva, Pedro Mateo Merino, Artemio Precioso, Francisco Mesón, Tagüeña, Nilamón Toral, Domiciano Leal, Fernando de la Rosa, Carrión, Eduardo García, Pedro Valverde, Andrés Martín. Y entre los comisarios políticos, José Laín Entralgo, Santiago Álvarez, Tomás Huete, Luis Suárez y tantos otros jóvenes jefes y comisarios que con su capacidad y heroísmo fueron el orgullo de nuestro Ejército Popular.

En un saludo que en 1946 dirigí a una conferencia de la JSU, yo decía:

“No eran mentira las estrofas del Himno de las Compañías de Acero, que un poeta popular compuso como homenaje a nuestros héroes:”

Las Compañías de Acero,
cantando a la muerte van...

¡Iban cantando a la muerte defendiendo el derecho a la vida y a la libertad! ¡Iban cantando a la muerte, porque morir por la libertad del pueblo y de la patria no es morir, sino vivir para siempre en el recuerdo agradecido que el pueblo y la patria dedican a sus héroes! ... ¡Lina Odena, Medrano, mi Rubén, Justo, Vitini, y tantos héroes de nuestra juventud, no han muerto! ¡Viven por siempre en el corazón de cada uno de nosotros, vivirán en el cariño y la devoción de las nuevas generaciones!...

No olvidamos, no podemos olvidar, los nombres de nuestros combatientes: del comisario Belmonte, que hizo honor a la consigna de los comisarios: «Ser el primero en avanzar, el último en retroceder.» No olvidaremos los nombres gloriosos del comandante Leal, de Coll, el marino antitanquista, de Celestino García, el sencillo campesino de Morata de Tajuña. No olvidaremos a Juanito García, el primer capitán de milicias; a Andrés Martín; a Gullón, a Antonia Sánchez y a tantos y tantos héroes de la juventud.”
En 1939 encontré a Santiago Carrillo en Moscú, como ya he recordado, trabajando en el comité ejecutivo de la Internacional Juvenil Comunista.

A mediados de 1940, se trasladó a EE. UU., a Cuba, México y otros países de América latina, donde desarrolló diversas actividades políticas.

Volví a encontrarme con él en París, en 1945, a mi llegada a Francia, después de un viaje kafkiano.


Dolores Ibárruri
Memorias de Pasionaria 1939-1977







1920. Los que no podemos votar

Celebrando el 14 de Abril de 1931 en la Plaza de Oriente de Madrid. En la parte superior banderas anarquista y republicana


En estos momentos de gran trascendencia, porque de ellos va a salir una España nueva, conviene que los que no tenemos voto hagamos sonar de una manera clara nuestra voz, para que nadie se llame a engaño y no pueda tomarse nuestro silencio como aprobación de lo que el país unánime repudia. Estas elecciones que mañana se celebran no van a mostrar claramente cuál es la voluntad de país. Primero, porque se van a hacer con un censo amañado por serviles del rey. Después, porque la juventud no se va a poder manifestar en ellas. Y hay que tener en cuenta que, en estos momentos de la vida española, la juventud juega un papel importante y hasta decisivo. Sería demencia desatender su grito y oponerse a sus anhelos.

Nosotros, los que no votamos, queremos que nuestro grito sea oído por los que tuvieron la fortuna de que el amaño gubernamental no hurtara su voto. Los que no podemos manifestarnos en las urnas deseamos ser oídos por los que van a manifestarse. Y deseamos que se fijen en que nosotros somos los que mañana vamos a votar y a dirigir, por tanto, indirectamente el país. Las juventudes españolas se hallan asqueadas no de la política, que en España aún no se practicó en toda su pureza, sino de los políticos que nos gobernaron, profesionales de la inmoralidad, que hicieron del Poder granjería y conculcaron una legalidad establecida por ellos mismos. Las juventudes españolas, que, casi en la infancia, vieron cómo sus mayores caían en los campos de Africa, sienten una profunda indignación al observar encaramados en las alturas del Poder a los generales responsables de esas muertes. Los jóvenes se han cansado de que los héroes directores de la fuerza pública tomen el país por un aduar marroquí y a los ciudadanos españoles por moros rebeldes. Los jóvenes no pueden tolerar por un momento más que un rey absoluto piense que España es una de aquellas colonias que se perdieron en América bajo la regencia de la reina Cristina, en las que los militares cometían cuantos desmanes les venía en gana.

Que oigan bien nuestro grito los que van a votar. Que mediten profundamente antes de echar la papeleta en las urnas. Que piensen que van a votar un régimen de derecho o la prolongación de la tiranía. Los jóvenes no queremos más tiranías, no queremos más reyes, no queremos más militares fracasados, no queremos políticos inmorales. Deseamos honradez, pulcritud, moralidad en la dirección del país. Esas cualidades no podemos encontrarlas en la monarquía. Reflexiónenlo los que voten. Porque el día de mañana votaremos nosotros. Y exigiremos responsabilidades a esas generaciones que no han tenido arranque para restablecer el honor y la libertad. Y las señalaremos con desprecio si en esta hora trágica, al jugarse nuestro destino, no saben ponerse a la altura de las circunstancias votando la candidatura republicanosocialista.

Tomen buena nota. Los jóvenes no podemos manifestarnos en las urnas; pero en una revolución seríamos la vanguardia que los arrollaría.


Santiago Carrillo
Renovación. Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España
Número 8 - Madrid, 10 de abril de 1931









787. Discurso de Santiago Carrillo




"En estos momentos críticos para Madrid en que sus barriadas populares son bombardeadas con el apoyo del fascismo internacional, queremos manifestar nuestro agradecimiento al pueblo soviético que está ayudándonos en el grado que todos sabéis a la Defensa de Madrid. (Gritos  de viva a Rusia). Hemos de decir a todos los pueblos de España, a Cataluña, al País Vasco que defenderemos Madrid casa por casa, milímetro a milímetro. No consentiremos que la capital de España se entregue al enemigo sin honor. Será una fortaleza. Cada palmo de terreno le costará al enemigo horas y horas de lucha y pelearemos para avanzar no para perderlo. No podemos retroceder. La derrota sería la muerte de nuestros seres más queridos. Tenemos que avanzar como lo supo hacer ayer el pueblo de Madrid impidiendo con sus cuerpos el avance del enemigo.  Es hora de decisiones heroicas y de sacrificios. Más vale morir combatiendo que morir después.

Insisto en decir a todos los pueblos de España que estamos dispuestos a la defensa pero que Madrid tiene que ser defendido por todos los pueblos libres. Perder Madrid equivaldría a que la guerra retrocedería en nuestra contra. Sería un hundimiento moral y material. El enemigo podría sacar provecho de esto. Quiero decir a los camaradas libres de España que es necesario que sus esfuerzos se unan a los nuestros. En estos momentos graves nosotros mantenemos la sonrisa del optimismo y la confianza. No podemos creer nosotros que Madrid no sepa defenderse, que no quiera defenderse.

Camaradas que lucháis en los frentes, detrás de vosotros está una Junta de Defensa. Tened confianza en ella. Os pedimos que deis el pecho en el combate, que sepáis luchar y avanzar, que continuéis esta epopeya en que los mejores hombres de nuestros cuadros van cayendo. Madrid cobrará la categoría histórica de ciudad revolucionaria. Tenemos que ganar la guerra. Cuando una juventud quiere la victoria es segura.  Dentro de unos días habremos sabido hacer retroceder al enemigo.  Camaradas a vencer, a vencer a vencer"


Santiago Carrillo
Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid
Madrid, 10 de noviembre de 1936
La Voz de Madrid












463. Un informe sobre Paracuellos detalla el número de presos fusilados e identifica a quienes firmaron los traslados



Cerca de 1.500 presos salieron de cárceles madrileñas entre el 6 y el 7 de noviembre de 1936. Un total de 196 reclusos llegaron a las prisiones donde tenían que ser trasladados. La documentación del alemán Schlayer, vinculado al bando nacional, no menciona a Carrillo.

PATRICIA CAMPELO - 09/10/2012  - Publico.es         

“Desde el sábado 7 por la mañana hasta el domingo a mediodía han sido sacados de las prisiones de Madrid unos 1.500 presos escogidos, militares y personas de apellidos conocidos y distinguidos”. Todo lo que vio e investigó el diplomático Félix Schlayer lo dejó plasmado en su libro de memorias, una publicación en la que trató de huir de cualquier atisbo de propaganda, tal vez para minorar la orientación cercana al nazismo que tenía y que provocó su expulsión del Madrid republicano. El informe original sobre Paracuellos que Schlayer firmó para Cruz Roja Internacional se encuentra en el archivo histórico de la organización en Ginebra y es una pieza más de la documentación que reunió sobre la represión en Madrid.

El documento, fechado el 17 de noviembre de 1936, es una minuciosa descripción de las horas previas y posteriores a la matanza en Paracuellos del Jarama el fin de semana del 6 y 7 de noviembre del mismo año. La primera parte del escrito detalla el número de presos que había en cada una de las tres prisiones madrileñas: Ventas, San Antón y la cárcel Modelo, así como los destinos a donde deberían haber llegado los reclusos tras su traslado. Se temía por la caída de Madrid a manos de las tropas franquistas que avanzaban hacia la capital, por lo que las autoridades republicanas decidieron evacuar a los internos. La distribución por cárceles era de 970 hombres en la Modelo, 360 en la de San Antón –según los listados a los que accedió- y 150 en Ventas. La última cifra, según Schlayer, sin confirmar por la propia penitenciaria. Del total de 1.295 presos, llegaron a salvo a la Casa del Trabajo de Alcalá de Henares 196: once, de la cárcel Modelo; 120, de San Antón y 65, de Ventas.

La diferencia entre salir por la mañana de prisión y hacerlo por la tarde marcó el destino de 240 internos. Según un listado nominal que Schlayer halló en Alcalá, los más de dos centenares de confinados que salieron de San Antón la mañana del sábado 7 de noviembre no llegaron nunca a su destino. Sí lo hicieron, sin embargo, los 120 hombres que abandonaron el mismo penal en dos autobuses por la tarde. A la misma ciudad llegaron también los procedentes de la cárcel Modelo: once en total, de los 970 que de allí salieron con destino Valencia. A la capital del Turia no llegó ninguno.

“Los presos de la cárcel de Ventas estaban destinados en parte a Alcalá, en parte al penal de Chinchilla”. “A Alcalá han llegado 65; a Chinchilla ninguno, según afirmó ayer el director del penal por teléfono a la Cruz Roja”, indica Schlayer en su informe. De la cárcel de General Porlier no hay reseña alguna, según el diplomático quien, asimismo, añade que los confinados en esa prisión tenían como destino Chinchilla “pero allí no había llegado ninguno”. 

Zanjas en ‘los cuatro pinos’

“Los presos ‘trasladados’ fueron llevados a un sitio llamado ‘los cuatro pinos’, al lado derecho de la carretera de Barajas a Cobeña, en el término de Paracuellos del Jarama donde, al lado izquierdo de la carretera, entre ésta y el río Jarama, he visto yo mismo anteayer caballones de tierra recién levantada que llegan desde la carretera hasta el río en varias hileras que cubren los cadáveres de, lo menos, 700 presos asesinados allí mismo donde, al parecer, había ya zanjas abiertas a propósito”.

Schlayer aseguró haber visto también otros montones frescos de tierra en una pendiente al lado del cementerio de Barajas, donde supuso que había un grupo menor de fusilados.

Los presos que salieron de las prisiones madrileñas el domingo 8 de noviembre “fueron llevados a Soto de Aldovea” y, según “referencias fidedignas” que Schlayer no concreta fueron fusilados unos 500 internos.

El que fuera cónsul de la legación noruega en Madrid aseveró en su informe haber visto la orden de entrega y traslado de los presos firmada por el subdirector de Seguridad: Girauta. “Sin embargo, la orden la dio el director general Manuel Muñoz en la noche del 6 al 7, antes de su huida a Valencia”, manifiesta Schlayer, que en ningún momento menciona a Santiago Carrillo en su informe sobre Paracuellos.

La salida de los presos pudo verse aplazada bajo responsabilidad del director general de la cárcel Modelo y del subdirector de seguridad con el objetivo de atenuar las consecuencias de la catástrofe. Pero, según el informe, “los elementos encargados de realizar el transporte se negaron basándose en la orden del director Muñoz”. Los "elementos” a los que se refiere eran policías del Gobierno afectos a la brigada de investigación García Atadell, según aclara él mismo.

Entre los testimonios de Félix Schlayer se encuentran milicianos voluntarios que custodiaban la Modelo y que fueron reclutados para ir "a tirar" porque "había poco tiempo para matar a tantos", según testimonio incluido en el informe. Los voluntarios contaron su experiencia a dos presos que estaban de "escribientes" en una de las galerías de la cárcel Modelo y que Schlayer protegió en su delegación a posteriori.

El alemán que protegió a los franquistas

Schlayer, de nacionalidad alemana, era el encargado de negocios de la embajada noruega. En ausencia del embajador, ocupó el puesto de cónsul y utilizó la sede de la legación para alojar a varias decenas de franquistas con el objetivo de salvarles la vida. Y es que hasta que el gobierno republicano retomó el control de la situación y organizó la resistencia, los asesinatos en la zona republicana se cometían con asiduidad.








347. Santiago Carrillo, que la tierra te sea leve





Ayer falleció Santiago Carrillo. Se marcho con una vida llena de historia. Para muchos se concreta en un solo nombre “Paracuellos”. Para otros, posiblemente una mayoría, fue un icono de la lucha antifranquista.  

Que la tierra le sea leve.


En la primavera de 1939, Santiago Carrillo recibe una doble noticia: su madre había muerto y su padre, Wenceslao, destacado militante socialista, había participado en la sublevación de Casado contra Juan Negrín, formando parte como Consejero de Gobernación del Consejo Nacional de Defensa, creado para forzar un acuerdo con Franco en el final de la guerra.

Estos hechos provocaron un doloroso enfrentamiento entre padre e hijo que se mantuvo por espacio de dos décadas. Santiago Carrillo firmó una carta pública en un diario avergonzándose de su padre. Wenceslao Carrillo contestó con otra carta abierta dirigida metafóricamente a Stalin.

Muerto el dictador, y cuando se comenzaba a organizar la democracia, Dolores Ibárruri le dijo a Carrillo: “Santiago, si apostamos por la reconciliación entre los españoles, tú deberías comenzar por reconciliarte con tu padre”. Estas palabras conmovieron a Santiago Carrillo que no dudó en se desplazarse hasta al hospital belga donde agonizaba su padre y firmar la paz con un abrazo.


*



Paris, 15 de mayo de 1939

Sr. D. Wenceslao Carrillo
Londres.


He recibido la carta que me enviaste desde Londres. No pensaba contestarte. Pero luego he creído útil escribirte, para que conozcas las razones por las cuales he decidido romper toda relación contigo. La traición de Casado, Besteiro, Miaja, Mera, Wenceslao Carrillo y Cía. ha establecido una separación tan profunda entre, de un lado la masa del pueblo y las organizaciones y los hombres que le son fieles, y del otro, los elementos que, en el transcurso de la guerra, preparaban la entrega a Franco, que ya nunca podrá haber nada común entre unos y otros

Durante treinta y dos meses el pueblo español ha luchado con un heroismo y un coraje ejemplar. Los hombres de Guadarrama, Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro, la defensa de Madrid, evocan en los antifascistas del mundo entero el recuerdo de los grandiosos combates por un pueblo dotado de la voluntad firme de defender la democracia y su independencia nacional.

A lo largo de estos treinta y dos meses de resistencia, el pueblo español ha dado al mundo el ejemplo de lo que es posible hacer cara a los agresores fascistas con las armas en la mano. Cuando los elementos capituladores prefascistas pregonaban en todo el mundo «antes la servidumbre que la muerte», el pueblo español ha levantado la bandera de la resistencia armada contra el fascismo y su ejemplo, unido al del admirable pueblo chino, ha puesto en movimiento por todas partes a millones de seres dispuestos a hacer frente a la piratería fascista.

Pero vuestro golpe contrarrevolucionario, vuestra traición por la espalda ha entregado al heroico pueblo español, atado de pies y manos, a Franco y a los destacamentos de la OVRA y de la GESTAPO. Y esto ha sucedido, precisamente, en un momento en que la solidaridad internacional para nuestro pueblo aumentaba; en que la presión de las masas laboriosas apretaba, animadas por nuestro ejemplo, y obligaban a los gobiernos reaccionarios de Francia y de Inglaterra a inclinarse cada vez más por una política de resistencia a los agresores fascistas, en que nuestra lucha encoraginaba a los proletarios y demócratas de todos los países y hacía retroceder a los capituladores.

Vuestro golpe contrarrevolucionario ha sido un gran servicio, no solamente a Franco, sino también a la reacción y al fascismo internacional; gracias a vosotros ha caído en sus manos uno de los principales centros de resistencia de la democracia. Con él en las manos, el fascismo se sintió inmediatamente mucho más fuerte, se decidió a ocupar la Bohemia, Moravia, Albania, Memel y amenaza provocar una guerra general, de la que España será víctima. Para poder consumar vuestra traición habréis engañado al pueblo prometiéndole la paz; le habéis hecho creer que terminaríais la guerra, que no habría represalias, que quedarían a salvo la independencia nacional y las conquistas populares. Y en vez de esto, ¿qué habéis dado al pueblo?

Ha terminado la guerra de trincheras para dar comienzo a una ola de persecuciones que causan en las filas de la clase obrera y del antifascismo, sin distinción de tendencias, muchas más bajas que si se hubiera continuado la resistencia; ha comenzado un período de represión en que falangistas, Guardia Civil, la OVRA y la GESTAPO organizan la caza de los antifascistas y asesinan a millares de ellos en todo el país. No hay hogar antifascista donde no se lamente la pérdida o la prisión del hijo, el padre o el hermano, que a estas horas vivirían y serían libres al no haber mediado vuestra infame traición.

Las  conquistas sociales de los obreros han desaparecido bajo las medidas draconianas de las autoridades fascistas, fieles servidores de la patronal; la tierra, que el Frente Popular había entregado a los campesinos, liberándoles así, ha vuelto a caer en manos de los terratenientes.

Italianos, , alemanes y moros campean por sus respetos sobre nuestro territorio que las potencias fascistas tratan de colonizar.

Eso es lo que vosotros, el Consejo de la traición, habéis dado al pueblo español; eso es lo que se escondía bajo vuestras falsas promesas de paz. Centenares de miles de españoles comprueban ahora con horror cuánta falsedad y doblez se escondía en vuestras promesas, y que razón teníamos nosotros al alentarles contra vosotros.

Toda vuestra cuadrilla sabía bien que para realizar la entrega a Franco de un pueblo grande y heroico, como el pueblo español, era ante todo necesario desacreditar y desarmar a los comunistas, porque los comunistas, que siempre hemos dicho la verdad al pueblo, que somos carne de la clase obrera, no íbamos a permitir que se consumara la traición.

Y todos a una, Casado, Besteiro, Miaja, Mera y tú, y la prensa redactada por cobardes capituladores y fascistas, comenzásteis a lanzar cieno sobre mi Partido y sus jefes más queridos; injuriásteis a Pasionaria, la mujer a quien todos los españoles consideran como un símbolo en la lucha por la libertad, la buscásteis como lobos para detenerla y entregarla a Fanco; injuriásteis a Pepe Díaz, el jefe querido de los comunistas y de los obreros españoles que los ha dirigido a través de las luchas difíciles en los últimos años, les dirige hoy, bajo la dominación extranjera, y les llevará en definitiva a la victoria; perseguísteis a Jesús Hernández, a Modesto, a Lister que queríais también fusilar.

Habéis dejado en la cárcel para que Franco no tenga la molestia de buscarles a valerosos revolucionarios como Girón, Cazorla y Mesón; habéis asesinado a Conesa y Barceló y a decenas de luchadores y revolucionarios probados.

Todos los enemigos del pueblo os habéis conjurado para ir contra mi Partido y sus hombres. Oficiales de familias fascistas, como Casado, agentes de la reacción internacional, como el profascista Besteiro, militares ambiciosos como Miaja, aventureros de la F.A.I., caballeristas-trotskistas. Y entre estos tú, que, a pesar de ser un obrero, no has vacilado en traicionar a tu clase de la manera más vil.

¿Por qué os habéis unido todos vosotros contra mi Partido? Porque el Partido Comunista luchaba por la victoria del pueblo y, en todo caso, por una paz verdadermente honorable que evitara el terror y la matanza de millares y millares de antifascistas y revolucionarios; porque el Partido Comunista hacía esfuerzos enormes por mantener la unidad sin la cual una tal paz era imposible, como se ha comprobado.

A través de esta dolorosa experiencia, el pueblo español ha comprendido mejor que nunca, en su propia carne, que tras el lema de la lucha «contra el comunismo»se esconde la preparación de la dominación brutal del fascismo. El pueblo español ha podido ver quiénes son sus amigos y defensores y sus enemigos disfrazados.

Y los obreros socialistas que algún día creyeron en la sinceridad del sedicente izquierdismo del grupo Largo Caballero -tu jefe e inspirador principal-, han comprendido que el izquierdismo-trotskismo de Largo Caballero, Araquistain, Baráibar, Zancajo y Cía., agentes del fascismo, lleva al mismo fin que el prefascismo de Besteiro. Unos y otros jugáis el mismo papel triste de la traición al servicio de Hitler y Mussolini. Unos y otros sentís el mismo odio al gran país del socialismo, la Unión Soviética, y al jefe de la clase obrera mundial, el gran Stalin, porque son la vanguardia y el amigo fiel de todos los pueblos que luchan por la libertad; porque han ayudado constantemente al pueblo español, y también porque han sabido barrer con mano de hierro a vuestros hermanos gemelos, los traidores trotskistas, zinovietistas y bujarinianos.

Unos y otros, los caballeristas-trotskistas, y los amigos de Besteiro, los faistas y demás comparsas, sois enemigos de la unidad de la clase obrera y del Frente Popular. Durante los treinta y dos meses de lucha habéis hecho todos los esfuerzos posibles para escindir a la UGT y a la JSU, por romper la unidad popular, y en el extranjero continuáis entregados a la misma tarea y a la obra de descrédito del heróico pueblo español y de sus jefes más firmes.

Pero no conseguiréis vuestros propósitos. A la luz de las últimas experiencias aparece más claro para todos los obreros socialistas, traicionados por vosotros, la necesidad de la unión con el Partido Comunista; todos los jóvenes, todos los obreros comprenden la necesidad de mantener a todo precio la unidad de la UGT y de la JSU.

Y las masas del pueblo, que han visto que era necesario romper el Frente Popular para realizar la traición, se dan cuenta, ahora mejor que nunca, de que el Frente Popular, libre del lastre de los traidores que le saboteaban, es el arma que nos permitirá hacer una resistencia de masa que impida la consolidación del fascismo en España, y que nos llevará a la victoria.

La unidad popular, sin traidores, para la lucha contra Franco y la invasión, es absolutamente necesaria, y el Partido Comunista, como siempre, lucha por ella a la cabeza del pueblo.

Y yo soy un militante fiel del Partido Comunista de España y de la gloriosa Internacional Comunista. Quiero recordarte y decirte que cada día me siento más orgulloso de mi partido que ha sabido dar el ejemplo de abnegación y de heroísmo en la lucha contra los invasores, el partido que en las difíciles horas de la ilegalidad no arría su bandera y, por el contrario, mantiene la batalla contra el fascismo con decisión y coraje, el Partido sobre el que todos los españoles cuentan, y con razón, para su liberación de las garras fascistas.

Cada día me siento más orgulloso de ser un soldado en las filas de la Gran Internacional Comunista, que tu y tus complices odiáis tanto y que ha sabido mantener en todo el mundo la bandera de la solidaridad con el pueblo español, mientras que tus amigos del extranjero, los dirigentes de la II Internacional, hacían cuanto podían para acogotarnos, trabajaban y siguen trabajando contra la unidad, contra la URSS, utilizando el mismo lema que Hitler y Mussolini: «la lucha contra el comunismo».

Cada día es mayor mi amor a la Unión Soviética y al gran Stalin, a los que vosotros odiáis y calumniáis precisamente porque han ayudado a España de una manera constante a través de toda nuestra lucha.

El odio de vuestra cuadrilla caballerista-trotskista al Partido Comunista de España, a la Unión Soviética y al gran Stalin, es una prueba más del formidable papel jugado por estos en la lucha del pueblo español por su libertad.

Cuando pides ponerte en comunicación conmigo olvidas que yo soy un comunista y tú un hombre que ha traicionado a su clase, que ha vendido a su pueblo. Entre un comunista y un traidor no puede haber relaciones de ningún género. Tú has quedado ya del otro lado de las trincheras.

No, Wenceslao Carrillo, entre tu y yo no puede haber relaciones, porque ya no tenemos nada de común, y yo me esforzaré toda mi vida, con la fidelidad a mi partido, a mi clase, a la causa del socialismo, en demostrar que entre tú y yo, a pesar de llevar el mismo apellido, no hay nada de común.

Por vuestra traición, la República Española ha sido batida, pero la lucha no ha terminado. Por el esfuerzo del pueblo, Franco caerá, los obreros y campesinos, unidos a todos los demócratas con el Partido Comunista a la cabeza, restaurarán de nuevo la República popular, pero jamás, ni bajo la dominación fascista ni después de nuestra victoria, olvidarán vuestra infame traición.


Santiago Carrillo