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2134. Radio Sevilla

¡Atención! Radio Sevilla.
Queipo de Llano es quien ladra,
quien muge, quien gargajea,
quien rebuzna a cuatro patas.
¡Radio Sevilla! –Señores:
aquí un salvador de España.
¡Viva el vino, viva el vómito!
Esta noche tomo Málaga;
el lunes, tomé Jerez;
martes, Montilla y Cazalla;
miércoles, Chinchón, y el jueves
borracho y por la mañana
todas las caballerizas
de Madrid, todas las cuadras,
mullendo los cagajones,
me darán su blanda cama.
¡Oh, qué delicia dormir
teniendo por almohada
y al alcance del hocico
dos pesebreras de alfalfa!
¡Qué honor ir al herradero
del ronzal! ¡Qué insigne gracia
recibir en mis pezuñas,
clavadas con alcayatas,
las herraduras que Franco
ganó por arrojo en África.
Ya se me atiranta el lomo,
ya se me empinan las ancas,
ya las orejas me crecen,
ya los dientes se me alargan,
la cincha me viene corta,
las riendas se me desmandan,
galopo, galopo… al paso.


Estaré por Madrid mañana,
que los colegios se cierren,
que las tabernas se abran.
Nada de Universidades,
de Institutos, nada, nada.
Que el vino corra al encuentro
de un libertador de España.
-¡Atención! Radio Sevilla.
El general de esta plaza,
tonto berrendo en idiota,
Queipo de Llano, se calla.


Rafael Alberti
El Mono Azul, 1 de octubre de 1936










2051. Un discurso Queipo de Llano



En medio de gran atención comenzó su interesantísimo discurso el teniente general don Gonzalo Queipo de Llano.

“Señores – comenzó-: Yo no sé si la emoción sincera que me embarga podrá dar salida a mi expresión, porque cuando un corazón está embargado por la emoción suele ocurrir que la palabra no es fiel reflejo del pensamiento.

Enorme gratitud siento hacia todo ustedes, sevillanos, andaluces y extremeños, y a esas representaciones femeninas que no han reparado por venir a este homenaje en las molestias de un viaje y de un clima tan ardiente como el de Sevilla en verano.

Dios me colocó en circunstancias de salvar de las garras del marxismo a este vergel que es Sevilla y a este florón de España, que es Andalucía. Aquí, donde todo sonreiría como sus campos, si no fuera por el egoísmo de algunos hombres que desvirtúan la obra de la Providencia; aquí, los cereales, la riqueza mineral, la fauna magnifica, hacen de esta región una de las más ricas de España, y yo os aseguro que, bien gobernada, sería tan rica como todo el resto de España junto. Esta riqueza es la que yo pude salvar en beneficio de España. Yo fui, si queréis, cabeza, pero nada hubiera conseguido yo solo si el pueblo de Sevilla no se hubiera asociado a mi esfuerzo. Si al principio el grupo de los que me asistieron fue pequeño, bien pronto, a media noche, al salir de la cárcel el actual gobernador de Huelva, don Joaquín Miranda, el número de los falangistas aumentó, permitiendo primero vencer a Sevilla y más tarde ensanchar nuestras conquistas en Andalucía. Todos sabéis lo que hemos hecho, pero por la lectura de alguna Prensa y de algunos discursos acaba uno de pensar si la Historia no recogerá los hechos con fidelidad. Dicen que la Historia se repite, y yo temo que se repita. Lucharon en Andalucía los árabes, y quedaron aquí los caballeros que fueron recompensados por sus hechos de armas, pero no se habló nada de Andalucía. Y yo temo que ahora se diga que en Sevilla reinaba la paz octaviana en julio del 36, que yo no vine a esta ciudad y que el que salió a la calle fuera quizás alguno que en dicha hora estuviera en la zona roja, pues hay hijos que se sienten engendrados de sus propios padres. Al paso que vamos van a resultar héroes muñecos de trapo, que tienen la barriga de serrín, o muñecos de barro, que se rompen con facilidad. En ese homenaje, Andalucía ha demostrado su patriotismo, y creo que despierta ahora y que se opone a que le quiten su gloria en este epopeya.

(El general lee un recorte de periódico en el que se asegura que los puntos centrales de la guerra española fueron en el Norte de Navarra y en el Sur de Marruecos.)

No hago comentario, pero me atrevo a deciros por convicción arraigada que Sevilla y Andalucía fueron la clave de la salvación de España. (Enorme ovación y vítores.)

Sevilla fue la llave del cuadrilátero formado por Granada, Córdoba, Cádiz y Algeciras. Sevilla dio órdenes para fortificar ese cuadrilátero, en las cuales no se hubiera podido efectuar el desembarco en Algeciras, y sin Sevilla tampoco se hubiera podido efectuar el traslado de fuerzas por vía aérea. Sevilla requisó una gran cantidad de camiones, sin quedarse nada para ella, para que las fuerzas de Marruecos llegasen pronto a salvar a Toledo y a las puertas de Madrid.

Cuando por primera vez desde el Movimiento logré ver al general Mola en el despacho del Generalísimo, me dijo las siguientes palabras: “Debo confesar a usted que el 19 de julio, por la noche, yo tenía todo preparado para marcharme a Francia, pero le oí por la Radio Sevilla, y dije: No está todo perdido; es necesario resistir. Es decir, sin Radio Sevilla, el Movimiento nacional hubiera fracasado.” (El público enardecido prorrumpe en una atronadora ovación.)

El general continuó su discurso, diciendo: La C.N.T ha publicado recientemente un libro, que quiere ser historia de la guerra, y en una de las páginas afirma: “Las idioteces de Queipo porradio nos hicieron más daño que el desembarco de las fuerzas de Marruecos.”

Digo por tanto que Sevilla fue clave, pero no quito ni regateo méritos a nadie. Conozco muy bien al Ejército español y sé que tiene jefes y oficiales brillantísimos y me emociono ante el recuerdo de esos oficiales provisionales que supieron morir a montones por la Patria, sirviendo de ejemplo a sus soldados. Reconozco los méritos de todos, pero no quiero que se me reste a mí ni a mis compañeros, ni al pueblo de Sevilla lo más mínimo. (Gran ovación.)

Conozco bien los méritos de los jefes. Ahí está Yagüe, general brillantísimo, jefe de las fuerzas de Marruecos, quien ante mi apremio por los días que se perdían ante el avance de las organizaciones sindicales perfectamente instruidas por oficiales indignos, recabó para sí el honor de ser el primero para sublevarse, honor también recabado por mí. Por eso fue Marruecos el primero en sublevarse. El general Mola me decía: “Yo solo con Navarra conseguiría mantenerme un año sin que lograse entrar el Ejército”, y decía bien porque tenía detrás una masa de hombres que ante el asombro del mundo han sabido morir con el pensamiento puesto en Dios y en la Patria.

El general Saliquet es un amigo mío de toda la vida, capaz de afrontar todo riesgo, y contaba en Valladolid con la guarnición y muy especialmente con los partidos de Gil Robles y otras organizaciones de derecha. Pero en Sevilla todo sabéis con lo que yo contaba y este solo hecho ya representa un éxito.

A continuación el general explica su intervención en la organización del Movimiento. En el mes de abril yo oía en Madrid que se preparaba un movimiento, pero no llegaba nunca a cristalizar. Se hablaba de Mola y jamás le prendieron porque la Policía que le vigilaba no observó en él nada sospechoso. Yo, valido de mi cargo, recorrí las guarniciones de España, llegando algunos días a marchas de mil seiscientos kilómetros y teniendo que dormir con mi ayudante en el coche. Un día fui a Pamplona, le hablé a Mola de la situación anárquica de España, y el general me decía a todo que si reservadamente y sin expresar opinión alguna. Por la tarde pasé por la plaza, a fin de hacerle el encontradizo con él, pero por lo visto no se confiaba en mí porque yo tenía fama de ser un “terrible revolucionario” cuando no he sido toda mi vida más que un hombre de orden amante de mi Patria. Insistí, le hablé de que las guarniciones de San Sebastián y Alicante estaban prontas al primer aviso. Luego pude convencerme del engaño en que estaba. Al fin, nos reunimos en una venta a cincuenta kilómetros de Pamplona y allí concertamos pedir a Cabanelías armas para los hombres de Navarra. De este momento arranca la marcha del Alzamiento. De allí fui a Valladolid. En Madrid, el teniente coronel Galarza me dijo que viniera a Andalucía. Vine a Sevilla y no pude convencer al general Villabrille. Sí, en Cádiz, a López Pinto, y en Málaga el general Patxot se negó en redondo. En Granada hablé con el general Llano, que más tarde fue relevado por Campins. Yo quería haberme sublevado en Madrid, y tengo el presentimiento de que quizás las cosas hubieran ocurrido de manera distinta a como ocurrieron, pero sin duda alguien quería estar próximo al ministerio de la Guerra.

El vil asesinato de Calvo Sotelo vino a despertar el espíritu de la gente. Ese día llegué yo a Madrid y había dejado a mi familia en Málaga. En la misma tarde el general Fanjul me dijo: “Márchate a Andalucía a sublevar aquella guarnición”, y el 16 por la noche, con mi ayudante señor López Guerrero, llegamos aquí. Ya recordáis las escenas de aquellos días. Hasta la conquista de Málaga el Ejército del Sur no dependió de nadie absolutamente, y yo os aseguro que Andalucía ha salvado varias veces a España durante la guerra. Primero, porque al quedar en nuestro poder las fábricas militares, durante seis meses enviamos al Ejército del Norte millones de cartuchos, enorme cantidad de granas de mano y toda clase de municiones. En una ocasión le pregunté yo al Generalísimo Franco porqué no se había roto el frente de Somosierra, y me contestó que no se había hecho, porque cada soldado contaba con treinta cartuchos. ¿Qué hubiera sido del Ejército si no hubiera sido por el aprovisionamiento de municiones que le hacíamos desde Sevilla? (Muchos aplausos.)

Andalucía llegó a movilizar 255.000 hombres, más que ninguna región de España, y de éstos, 55.000 estuvieron encuadrados en el Ejército del Norte. Y salvó a España nuevamente por el impulso de la economía del país. Sin la siembra de Andalucía en el primer año de la guerra, sin la multiplicación de su ganadería que llegó a tener más contingente que en la época de paz, hoy, España estaría en muy malas condiciones.

Esta ha sido nuestra labor. No habéis hecho, pues, una injusticia con este homenaje, y ahora quiero deciros que hay un artículo del Reglamento de la Laureada que dice que cuando los jefes no pide esa recompensa para sus subordinados, pueden éstos por sí hacer la petición con exposición de sus méritos. Yo no pedí la Cruz Laureada que creo merecer; primero, porque ante el Alzamiento convinimos con Mola en no pedir recompensas; segundo, porque entonces no tenía jefe superior, y tercero, porque en enero de 1938 se me dijo que no se me daba la recompensa, porque no pareciera obra de compadrazgo, que se me daría al formar Gobierno. Por eso no he hecho la petición. No quiero que vea nadie en estas palabras ni despecho, ni ambición. Tengo todo lo que mi espíritu pudiera apetecer. No quiero nada más. Sólo que el espíritu de justicia que siempre me ha animado reine y prevalezca en España. Mi gratitud, enorme a todos, y sepan que siempre estaré a disposición de vuestros deseos, al servicio y muy especialmente al servicio de Sevilla, por las circunstancias que todos conocéis.

(El general, que fue ovacionadísimo al terminar su emocionante discurso, prorrumpió en vítores a España, a Franco y al pueblo. Todos los presentes, enardecidos, dieron grandes vivas al general Queipo de Llano, salvador de Andalucía y Extremadura.)

Al salir el general del Ayuntamiento fue ovacionadísimo nuevamente por el numeroso público que se hallaba estacionado en la plaza de San Fernando.


ABC de Sevilla, 19 de Julio de 1939









1827. Charla radiofónica de Queipo de Llano el 9 de febrero de 1937



¡Atención! Radio Sevilla./ Queipo de Llano es quien ladra,/Quien muge, quien gargajea,/Quien rebuzna a cuatro patas./¡Radio Sevilla, señores!/Aquí un salvador de España./¡Viva el vino, viva el vómito!/Esta noche tomo Málaga;/El lunes tomé Jerez;/El martes, Montilla y Cazalla (…) Rafael AlbertiChoque, Órgano del 10º Batallón del Regimiento de Infantería, nº 1, 14 de febrero de 1937


Gonzalo Queipo de Llano, el general que dijo el 14 de abril de 1931: "Españoles, España está salvada. Arriba los corazones. Viva España, Viva la República", fue el reponsable de la sublevación militar en Andalucia y de la caída de Málaga. Este "ferviente republicano" hasta que los celos y el ansia de poder lo convirtieron en un genocida, fue el responsable de miles de muertes. Era la representación del terror a través de las consignas que radiaba señalando a a las víctimas e incitando a los asesinos. Cada una de sus charlas, tan celebradas entre los sublevados, plagadas de epítetos e insultos como hordas, indocumentados, salvajes, rojos, ratas, pandilla, facinerosos, barcos pirata, hijos de la Pasionaria, lacayos, bolcheviques, marxistas, turbas, canallas, energúmenos, rojo-separatista, hebreo, enchufista, canallero, etc. debía ser publicada en la prensa obligatoriamente al día siguiente. 

El 9 de febrero de 1937 su charla en Unión Radio Sevilla fué la siguiente:

«Vengo a reclamar una deuda. Radio Madrid dijo al día siguiente de yo decir hace días que tomaría Málaga cuando quisiera, que si conquistaba Málaga ellos me regalaban Madrid. Y vengo a reclamar su promesa, aunque sé que ellos son muy malos pagadores. Espero que ya se estarán dando cuenta de que están perdidos. Ellos son muy aficionados a los juegos de palabras, ya en Porcuna cuando entramos, vimos un cartel que decía: "si perdemos Porcuna no entraremos en Córdoba y si no entramos en Córdoba, perderemos Madrid". Y esa profecía se va a cumplir.
Yo reclamo su palabra porque si no lo hacen, perderán Madrid de todas maneras y lo harán sacrificando muchas vidas de esos borregos que llevan engañados. Madrid será tomado con la misma facilidad que Málaga. Ha sido un juego de prestimano. Esos juegos que con tres cartas enseñan una que la hacen aparecer en donde quieren y cuando uno señala creyendo que ha acertado, siempre pierde. Málaga aparecía en la izquierda roja, en la derecha roja y de pronto surge Málaga blanca y blanca para siempre. No será roja ya jamás, pues los malagueños morirán antes de permitir el dominio marxista que los ha tenido aterrorizados. Los criminales son siempre cobardes que matan a traición y cuando se encuentran superiores  en número, pero que nunca dan la cara cuando se encuentran con un hombre; y los marxistas son una masa de criminales que sólo se defienden tras los muros. El mismo miedo les hace ser valientes, pues el temor de salir de las trincheras y el tener que ponerse delante de los enemigos los hace resistir. En Málaga han tenido un terreno favorable, abrupto, con trincheras de cemento y piedra, carreteras entre riscos que defendidas por hombres hubiesen sido casi inexpugnables. Napoleón se estrelló en estas tierras, meses sin poder pasar. Pero es que entonces los defendían hombres con corazón, aunque apenas tenían armas. Todo ha sido inútil, y vencida la resistencia del primer día lo único que han hecho los marxistas ha sido huir. Los marxistas en cuanto salen  de los muros, corren como galgos gritando ¡que nos copan!, y huyen abandonándolo todo, tirando el fúsil y las municiones para llevar menos peso. Y ellos tenían cañones, morteros y fusiles, y además han volado puentes y alcantarillas.que.costarán muchos millones reconstruirlas.Si no fuera porque también hay personas dignas, merecerían que no  se les arreglasen los destrozos y viviesen en estado salvaje sin comunicaciones.
Los riscos, las trincheras, las armas, todo ha sido inútil ante el ímpetu y el valor de mis soldados—dice con emoción el general—. Legionarios, regulares y soldados han luchado en todas partes contra el terreno y el enemigo derrotándolo, persiguiéndolo y haciéndole muchos muertos, centenares de prisioneros y numerosísimos muertos. El material recogido costará varios días clasificarlo, recontarlo y hallarlo, pues muchos cañones los han abandonado en los riscos y habrá que ir a por ellos... El alto mando rojo no sabía la verdadera situación de la capital. Un oficial de mi Estado Mayor llamó por teléfono a Marbella y salió al aparato Málaga. Al preguntar quién había al aparato, contestaron: "Aquí Málaga". —Pero quién es? "Un ayudante del general Villalba. ¿Y ahí?" —Aquí un miliciano. ¿Qué deseas? "Refuerzos enseguida, que nos comen". —¿Quién os come? "Los fascistas, que vienen más de 15.000".
—Resistir. "No puede ser, todos corren". Y antes de retirarse, mi oficial le dijo: "Idiota, soy un fascista, estamos en Torremolinos y vamos a cortaros la cabeza". El teléfono fue cortado de golpe.
A los tres cuartos de hora, un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarle en su huida y hacerles correr más a prisa, enviamos a nuestra aviación que bombardeó incendiando algu-nos camiones. Hay que darse cuenta lo que esto significa. El alto mando rojo en Málaga no sabía la verdadera situación. ¡Ay Villalba, qué poco ha faltado para que caigas en nuestras manos! Es trágico tu destino.  Pocos días antes del movimiento, Villalba estuvo con el general De Benito, indignado con los marxistas y diciendo que si estallaba pronto el movimiento él se echaba a la calle porque no podía aguantarlos más. De Benito le suplicó que tuviera paciencia, que pronto llegaría ese momento. ¿Qué pasó después? Pues por lo visto, como en Barcelona, se retrasó un poco la sublevación, se las dio de vivo y se hizo rojo por miedo. Villalba tenía un hermano, hombre digno y valeroso que estaba en Ron da, aunque se encontró con la cobardía de algunos jefes y oficiales sin contar con nadie, sino con el comandante de la plaza, declaró el estado de guerra dispuesto a luchar contra los oficiales traidores y contra los marxistas. Naturalmente, fue asesinado. ¡Hasta dónde llega la indignidad de un hombre que convive en Málaga con los asesinos de su hermano! Fracasó en Cataluña al mando de las columnas que enviaron contra Huesca y después, para desquitarse quizás, lo mandan para Málaga. Hay quien dice que Villalba no es rojo y que está dispuesto a fracasar por propia voluntad. ¿Por qué no ha fortificado Málaga? Y que no ha querido resistir para congraciarse con nosotros. No; nosotros no aceptaremos a traidores y criminales como tú a nuestro lado. Sufre tu destino y huye de España, quizás tengas que ganarte el pan cargando bultos en algún puerto, sino haces como tu compañero Miaja que se lleva todo lo que puede. Sigue tu destino y que el peso de tu conciencia te abrume muchos años.

Se tomó Málaga esta mañana. Como ayer dije, tres columnas de nuestras fuerzas se quedaron en los suburbios de la población y esta mañana entraron.
La primera fue la del coronel Borbón y la vanguardia que manda el teniente coronel Rentería. Después entraron las columnas de Almogía y Colmenar. El entusiasmo de la población fue delirante; antes hubo una pequeña resistencia de unos locos que paquearon haciéndonos algunos heridos y hubo necesidad de terminar con ellos, ocasionándoles 80 muertos. El número de prisioneros es grande, pues en las columnas ya venían unos 400 y en la capital se han cogido muchos más, bastantes con sus armas. Málaga se encuentra como al despertar de un sueño. El entusiasmo se desborda. Todos abrazan a los soldados y aplauden a  las columnas, que esta tarde, a las 5, han realizado un desfile por la capital. La noticia de la ocupación de Málaga la conoce ya  el mundo entero menos  los marxistas.
El parte oficial rojo dice, refiriéndose a Málaga, sólo, que dos bimotores gubernamentales han bombardeado barcos nacionales en aguas de Málaga. Y más tarde, una radio insiste en las mismas noticias y además, repite que los bimotores repitieron por la tarde el bombardeo, aunque, lo confiesan, sin éxito. Por lo visto, quieren hacer creer que siguen en Málaga. También dicen que en Lopera se lucha casa por casa y que en Montero se desarrolla una batalla por la posesión del puente de entrada al pueblo. Pues tan falso es lo de los aviones como esto. Desde hace cinco días no aparece por el frente de Málaga un avión rojo. En cuanto a Lopera y Montoro hay absoluta tranquilidad.
Y ahora quiero hacer constar una omisión involuntaria. Además del heroico comportamiento de legionarios, regulares y soldaditos andaluces, han luchado brillantemente Infantería de Marina y Falange Española. Estos falangistas se han portado como buenos, como veteranos y entre estas falanges han destacado dos: las de La Roda y las de Cádiz, que han intervenido con gran efectividad. Y no cito a los requetés, porque todos los que están en Andalucía, al mando del valeroso teniente coronel Redondo, se encuentran concentrados en el frente de Córdoba, como fuerzas de reserva, para acudir a donde haga falta. La lucha por ahí no ha sido violenta, per  de todas maneras, allí donde hay un amago, van los requetés junto a nuestros soldados. También quiero hacer resaltar y elogiar el comportamiento de la aviación, que con su brillante actuación ha facilitado la labor de nuestras columnas y lo mismo tengo que decir de nuestra escuadra, que metiéndose temerariamente hasta la misma tierra, ha infundido el pavor en el enemigo. A todos, muchas gracias y mis calurosas felicitaciones...

Y por último, quiero decir que de Andalucía y de toda la zona ocupada he recibido infinidad de amables cartas y telegramas de felicitación por la ocupación de Málaga, y ante la imposibilidad de contestar personalmente a todos, quiero transmitir desde este micrófono mi agradecimiento. Buenas noches, señores.»


Gonzalo Queipo de Llano
Charla radiofónica en Unión Radio Sevilla
9 de febrero de 1937









1020. La columna minera que plantó cara a Queipo de Llano

Grupo de mineros saliendo de la Audiencia Provincial de Sevilla

El 19 de julio de 1936, un grupo de mineros de la provincia de Huelva, prácticamente indefensos, se desplazaron hasta Sevilla para defender el orden constitucional de la República. La Guardia Civil les tendió una emboscada asesinando a 25 de ellos. 68 más fueron ejecutados tras un Consejo de Guerra.


ALEJANDRO TORRÚS - 28/07/2013 - Publico.es

Esta es la historia de un grupo de mineros que sacrificó su vida por la República. Pero también es la historia de una traición. La del comandante de la Guardia Civil Gregorio Haro Lumbreras, que condujo hasta la muerte a una columna formada por alrededor de 500 mineros. Una columna que se había formado espontáneamente durante el 18 de julio y que decidió sin más medios que las escasas armas que habían confiscado y la dinamita de sus almacenes ir a defender a la República hasta Sevilla, donde las tropas de Queipo de Llano habían entrado a sangre y fuego. Es la historia de la columna minera que entregó su vida en La Pañoleta (Camas, Sevilla).

"La reacción de los mineros de la provincia de Huelva en defensa de la República tiene una importancia enorme. Fueron los únicos que consiguieron inquietar los planes de Queipo de Llano. Quizá por ello la venganza fue brutal. 25 personas murieron en el momento, 68 fueron fusilados tras un Consejo de Guerra y 6.000 personas fueron asesinadas en toda la provincia de Huelva", narra a Público Francisco Espinosa, historiador y autor de la obra La justicia de Queipo.

Cuando el 18 de julio de 1936 el golpe militar llega a España, un grupo de mineros de la cuenca minera de Huelva (Nerva, Río Tinto, Valverde, Peña de Hierro, Mesa de los Pinos, San Juan del Puerto, Zalamea la Real, Campillo, entre otros) requisó coches, camiones, maquinaria agrícola, dinamita y todas las escopetas de caza y se organizó en milicias para defender al Gobierno republicano salido de las elecciones de febrero de 1936.

Con Sevilla ya tomada por las fuerzas de Queipo de Llano, el inspector general de la Guardia Civil Sebastián Pozas (ministro de Gobernación de la época) ordenó a un grupo de guardias civiles, comandado por Gregorio Haro Lumbreras, sofocar la rebelión y luchar contra las tropas de los golpistas. Por detrás, una columna civil, formada en un 90% por mineros y encabezada por los diputados Luis Cordero Bell y Gutiérrez Prieto, intentaría ayudar en la medida de lo posible.

Gregoria Haro ya había participado en el golpe del general Sanjurjo en agosto de 1932 y había destacado en la fallida revolución de Octubre de 1934 por su dureza en la represión. Sin embargo, acató las órdenes de Madrid y juró fidelidad a la República. Fidelidad que ya había traicionado. "Cuando Haro y sus hombres llegan a Sevilla, se presentaron ante Queipo de Llano, quien los manda a la entrada de la ciudad, en el barrio de La Pañoleta en Camas, a esperar a la columna minera. Fue una encerrona terrible", señala Espinosa.


Una encerrona terrible

La llegada de la columna minera se produjo a las 11 de la mañana. En Camas esperaban cientos de hombres de Haro y Queipo de Llano. El ABC de Sevilla habló de cerca de 1.000."Cuando llega el primer coche de la columna, los que esperaban abrieron fuego. En ese primer momento, explotó la dinamita que llevaban y murieron 25 de ellos inmediata", prosigue Espinosa.

Los camiones más atrasados, al oír la explosión pudieron dar marcha atrás y regresar. Otros, sin embargo, "se vieron apresados entre el camión explosionado que encabezaba la columna por un lado y por otro la barrera del tren que había sido bajada para impedirles la salida", según recoge la instrucción judicial. 25 personas murieron en el acto y 71 fueron apresados por las fuerzas golpistas.


El 31 de agosto de 1936, 68 de ellos fueron ejecutados en seis sacas diferentes tras un Consejo de Guerra celebrado en la Plaza San Francisco (Sevilla). Sólo se libró un menor de edad y dos hombres que en ese momento pasaban por allí pero que no tenían nada que ver con el enfrentamiento. "Esperaron hasta que el ejército golpista hubiera conquistado Huelva para ejecutarlos. De esta manera, se aseguraban que no habría venganza con la población reclusa en las localidades donde no había triunfado el Golpe", asegura Espinosa, que relata que las ejecuciones se repartieron por toda la ciudad "para darle un tono de ejemplaridad".


La búsqueda continúa

Cuando se cumplen 77 años del suceso, las familias siguen buscando a las víctimas. Actualmente, la Junta de Andalucía, en colaboración el Ayuntamiento de Camas y la Asociación Memoria, Libertad y Cultura Democrática está desarrollando un proyecto de indagación y localización de la fosa común donde se enterraron nueve de las víctimas del enfrentamiento. "Creemos que la fosa común debe existir en el antiguo cementerio municipal de Camas, que actualmente es el Parque de Educación Vial", asegura a PúblicoAndrés Fernández, arqueólogo del proyecto.

Este proyecto nació de la fuerza e insistencia de María del Pilar Comendeiro y Nélida Bravo, sobrinas de José Palma Pedrero, quien formaba parte de la columna minera tiroteada en el Barrio de la Pañoleta y cuyos restos descansan, supuestamente, en la señalada fosa común. Estas dos mujeres conocieron a través de internet la obra de Espinosa y entre sus páginas encontraron el nombre de su tío. Desde entonces han movido cielo y tierra para poder enterrar dignamente a su tío. Su deseo está más cerca que nunca.

"Cuando ya era una niña con edad de entender un poco mejor las cosas, le pregunté a mi madre cómo habían muerto sus padres y sus hermanos y ahí fue cuando, en lo que respecta a la muerte de su hermano, dijo lo que siempre escuchamos mi prima Nelly y yo:"El día que estalló la Guerra, Joselito salió con otros del pueblo a detener a Franco y lo mataron camino a Sevilla. Y eso era todo, nunca mencionó la Columna Minera ni La Pañoleta", narra María del Pilar Comendeiro a Público, que señala que su único deseo es el de poder encontrar y exhumar los restos de los "nueve mineros sepultados" para enterrarlos en Camas con "una placa que lleve su nombre".