Lo Último

Mostrando entradas con la etiqueta Franquismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Franquismo. Mostrar todas las entradas

Víctimas y victimarios

 

Arturo Torres Barranco en tiempos de la República

Me enteré de que mi abuelo había estado en la cárcel cuando tenía siete años. Por aquella época yo no sabía nada de la Guerra, la represión, ni del infame que meció ambas por el camino del desamparo y la tragedia.

 

Soy nieta de un republicano español, un represaliado por el franquismo. Tal vez por ello la lucha de tantas víctimas y familiares de éstas en cualquier lugar del mundo me resulta tan dolorosa y cercana.

 

Yo también soy una víctima, repleta de cicatrices en la piel de la memoria, porque los nietos nos hemos encontrado con un silencio heredado y con la falta de información necesaria a nivel institucional y familiar para asimilar y digerir el trauma. Mi padre también fue una víctima que aprendió del suyo los silencios, a no hacer preguntas, a reprimir emociones y padeció la desgraciada infancia y el sufrimiento de un niño de la Guerra y de la posterior dictadura.

 

Existe un denominador común inherente a todos los golpes militares: terror y muerte, desaparecidos, ausencia de derechos humanos, ausencia de Justicia. La dramática historia del Estado español y de sus ciudadanos desde el golpe de estado de 1936 es tan contundente que no puede ni debe ignorarse. Quienes perdieron la vida sufrieron todas las negaciones por parte del sistema represivo. Negaron su detención, su tortura, su asesinato. Ya advirtió el poeta visionario León Felipe que "detrás de Franco llegarían los enterradores y los arqueólogos".

 

Pero como en gran parte de las familias de “este país de todos los demonios”, cuento entre mis ancestros con un victimario y cuando fui conocedora de ello quise saber y recordé las palabras de Jean Jaurès: "El coraje es buscar la verdad y decirla."

 

 

Arturo

 

Mi abuelo Arturo nació en Torrubia del Campo, un pequeño pueblo de Cuenca. Era labrador, propietario de unas tierras, una galera y una pareja de mulas. Trabajaba de sol a sol y tenía muchas inquietudes políticas. Con la llegada de la República ocupó el cargo de Recaudador del Impuesto de Utilidades y Consumos. En las elecciones de febrero de 1936 apoyó al Frente Popular y tras la victoria de éste fundó en su municipio el partido de Izquierda Republicana.

 

Por testimonios que he podido leer en su expediente judicial, mi abuelo pasó los años de Guerra ayudando tanto a personas de derechas como de izquierdas y haciendo cuanto pudo para favorecer, amparar y aliviar la situación en que se encontraban unos y otros. Pero hay un hecho que marca su futuro. El 7 de diciembre de 1937 fueron detenidas tres personas en el pueblo por la Brigada Roja. Parece ser que desde Madrid se pidieron informes de estas personas a Izquierda Republicana y que mi abuelo firmó los mismos, como así lo ratifica en su declaración posterior al Auditor de Guerra, manifestando que no se arrepentía de haberlo hecho.


En la mañana del viernes 1 de septiembre de 1939, a la misma hora que Alemania invadía Polonia dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, fue detenido por falangistas de la localidad. Ese día cumplía 44 años y como tantos otros defensores de la República pasaba a engrosar el catálogo franquista de destrucción humana.

 

Cinco días después se cursa denuncia  contra mi abuelo por parte de Eugenio Espada, Ceferino Martínez e Isidro Barranco. Este último tío de mi abuelo, que posteriormente se desdice de la misma. El 9 de febrero de 1940, Eugenio Espada, conocido como “El Cojo Tramillones”, vuelve a ejecutar la denuncia esta vez en el marco de la Causa General, el gran sumario franquista para depurar responsabilidades políticas por las actuaciones de personas e instituciones republicanas durante la Guerra. Este individuo era un delator ejemplar que llenó la Causa General de denuncias hacia sus vecinos. Posiblemente esto le sirvió para conseguir dos puestos del Ayuntamiento, el de cartero y el de guarda del término municipal.

 

La Auditoria de Guerra franquista procede a instruir un sumarísimo de urgencia. Ser republicano, tener ideología de izquierdas y haber fundado I.R. en una pequeña localidad era más que suficiente para que a mi abuelo le imputaran un delito de auxilio a la rebelión, siendo condenado a la pena de doce años y un día de reclusión.

 

Fue encarcelado, sometido a tortura psicológica y física, convivió cada día con el miedo y cuando salió de prisión, lo que obtuvo fue una libertad precaria, pues a todos los efectos seguía siendo un preso de Franco. Su libertad estaba condicionada al comportamiento que tuviera fuera de la cárcel, por lo que vivió con la constante amenaza del retorno. Los salvadores de la patria no le dejaron levantar la cabeza. Regresó a casa repleto de dignidad y silencio.

 

Falleció en mayo de 1975, unos meses antes de que el dictador abandonara la vida que nunca debió acogerle.

 

 

Antonio

 

Antonio era el hermano pequeño de mi abuelo. Residía en Rozalén del Monte (Cuenca) desde su casamiento. No recuerdo si llegué a conocerlo, pero de lo que tengo certeza es que la impunidad le acompañó hasta su muerte.

 

La noche del 29 de marzo de 1939 cuando las esperanzas republicanas ya estaban muertas, cargó su fusil, se encaminó al encuentro de Francisco Quintero, dirigente de la CNT local, amigo y camarada, y le asestó un disparo que acabó con su vida. Alguien escucho la frase "Ya ha caído el pájaro" salir de los labios de Antonio que unas horas había sido nombrado Alcalde y Delegado de Orden Público de la nueva corporación "nacional".

 

Se da la circunstancia de que Antonio estaba afiliado a la CNT desde el año 1917. En un informe de Falange emitido posteriormente se hace constar que se afilió a la CNT como salvaguarda de derechas. Actuó como secretario de la misma hasta su incorporación forzosa al Ejército republicano. Volvió del frente el 27 de marzo de 1939, dos días antes de asesinar a Francisco Quintero.

 

A partir de la entrada de los franquistas en Cuenca, desde la Alcaldía del municipio se prohíbe expresamente realizar declaraciones contra Antonio con el apercibimiento de ingresar en prisión en caso de hacerlas. Cuando esto sucede, el ya se había afiliado a FET de las JONS. Al constituirse la corporación franquista además de Alcalde es designado como Delegado de Información e Investigación y comienza su tarea en la nueva España vestido de impecable azul con una arañita roja a la altura del pecho. El hábito no hace al monje, pero él ya estaba dentro del entramado de impunidad franquista y nada había que temer.

 

Pero un día de diciembre de 1940 desde la Prisión del Monasterio de Uclés se recibe denuncia de uno de los reos, Pedro Quintero, (Archivo Histórico de Defensa, fondo Madrid, sumario 19164, legajo  889) hijo de Francisco Quintero, el hombre que había sido asesinado por Antonio, quien a partir de ese momento comprueba que el silencio no es para siempre. Se le incoa un expediente sumarísimo de urgencia con fecha 24 de diciembre de 1940, pero la realidad es que nunca fue encarcelado ni pagó por el crimen cometido. Nunca llegó a celebrarse el Consejo de Guerra y en septiembre de 1943 se decreta su absolución.

 

Continuó siendo cartero hasta su jubilación y se dedicó a la cría de cerdos para su posterior despiece y venta.

 

 

María Torres

Artículo publicado el 24 de enero de 2026 en El Salto

 



3513. Plaza de Oriente

 

Manifestación de afirmación nacional en la Plaza de Oriente. En el balcón Franco, los Príncipes de España y miembros del Gobierno
Madrid, 17 de diciembre de 1970. EFE/Olegario Pérez de Castro/aa Foto Premio Nacional de Periodismo


Los partidarios del asesinato
encalan con pus
el crepúsculo
cárdenos cardenales
ofician en la frontera
al borde del abismo de plata
fría como la soledad
geográfica
y el mundo gira
y las estrellas ruedan
y los años luz son luminosos
los partidarios del asesinato
dividen el tiempo en toques de queda
el tiempo de silencio es nuestro acantilado
más allá la Historia
aquí
las mantecadas de Astorga
y el beso en la nuca.

 

 

Manuel Vázquez Montalbán

A la sombra de las muchachas sin flor (Poemas del amor y del terror) – I El libro del amor. Ed. Laia, 1985









3512. Memoria de las mujeres

Desde la raíz

Introducción a Memoria de las Mujeres

 

 

Sería en el mes de octubre de 2021 cuando empecé a colaborar con el periódico digital Nueva Revolución llevando a cabo una serie de entrevistas a mujeres de toda la geografía española vinculadas, por razones de parentesco o actividad -o por ambas cosas-, con la memoria histórica, democrática o antifascista, como le gusta decir al director de Nueva Revolución, Anxo Padín.

 

La elección de este tema no fue fruto del azar, sino resultado de una conversación meditada con el propio Anxo, en la que ambos colegimos que la revolución será femenina o no será, y que las mujeres republicanas han sido las grandes invisibilizadas de la historia: por su condición femenina, por su ideario político, por ser las compañeras de los perdedores de la guerra. “Las olvidadas de los olvidados”, como las define la escritora Fermi Cañaveras, una de las entrevistadas que aparecen en esta publicación.

 

Antes de seguir he de decir que Nueva Revolución es un periódico digital que surge en diciembre de 2014, con el objetivo de ser un espacio plural para el debate y la reflexión, donde las diversas corrientes políticas puedan confluir sin la opresión de intereses partidistas o corporativos. Desde su fundación, ha buscado ir más allá de la superficialidad informativa para convertirse en una voz de resistencia y conciencia social y un lugar de denuncia de injusticias políticas, sociales, medioambientales o humanas, en un mundo mediático donde las noticias son cada vez más mercantilizadas y las voces disidentes, silenciadas.

 

Bajo el epígrafe “Memoria de las Mujeres” hoy se reúnen en esta publicación conjunta los testimonios de veinticinco mujeres que se fueron publicando por separado en dicho medio digital a lo largo de casi tres años -desde octubre de 2021 a septiembre de 2024-. El objeto de dicho trabajo es transmitir, a través del análisis y la reflexión, unos hechos de nuestro pasado más reciente que las  mujeres entrevistadas conocen muy bien, por su condición de familiares de víctimas, o por los conocimientos científicos y la actividad profesional que muchas de ellas vienen desarrollando -hay entre las entrevistadas historiadoras, arqueólogas, antropólogas, documentalistas, profesoras de universidad, escritoras, cantautoras, periodistas, editoras-.

 

El sentido último que alienta estas veinticinco entrevistas en clave de mujer es, sin duda, la búsqueda de la verdad, pilar fundamental en el que se sustenta la memoria histórica para, de esta manera, hacer justicia y llegar a la reparación simbólica de unos hechos sistemáticamente silenciados a lo largo de casi noventa años. También por razones de no repetición -conocer los errores del pasado para no volver a cometerlos-, principios todos ellos del derecho internacional. También porque tenemos, seguimos teniendo, una deuda histórica con los verdaderos artífices de la democracia, mujeres y hombres  que creyeron, lucharon y hasta dieron su vida por conseguir unas condiciones de vida más justas (acceso a la educación, igualdad de géneros, mejores condiciones laborales, sanitarias…) que nosotros ahora estamos disfrutando.

 

Hay un momento en mi vida, de esos que yo llamo epifánicos, que me quedó grabado con huella indeleble. Tuvo lugar en el año 2012, cuando ultimaba los detalles de mi libro “Los cinco de Trasrey y otros relatos”. Ocurrió mientras realizaba una visita a una sobrina de las víctimas de esos cinco hombres, entre ellos mi abuelo, fusilados en las tapias del cementerio de Astorga el 9 de octubre de 1936, y en la cocina de la casa de esa mujer, delante de una caja de cartón que contenía los objetos de su tío que guardaba como un tesoro -una petaca, las cartas que enviaba desde la prisión, entre ellas la que escribió en capilla…- me confesó que los mayores nunca les hablaban a los niños de los horrores de la guerra para que no crecieran con odio y que ella de pequeña, recluida con su madre en una habitación oscura, le leía las cartas de su tío porque su progenitora no sabía leer ni escribir. Con gran pesar  lamentaba no haber preguntado más para saber más cosas de lo que pasó entonces. Pero lo que más me impactó de ese encuentro fue que me dijera, con una insistencia fuera de lo normal, que lo único que quería es  que se supiera lo que pasó, que les mataron por sus ideas y que eran inocentes.

 

Esa mujer ha perdido la memoria, pero sus palabras, su sentir, su deseo, hoy sé que no era solo suyo, sino que respondía a un sentir colectivo, atávico, heredado. De eso y no de otra cosa trata la memoria histórica, de salvaguardar unos hechos del pasado para que no caigan en el olvido, y que tanto dolor, sufrimiento y pérdidas transciendan y tengan algún sentido. Es obvio que la memoria no importa a todos, pero sí importa a los que sufrieron y sufren su dolor en silencio durante décadas. Importa para que los hechos del pasado no caigan en el olvido. Importa porque si no conocemos nuestro pasado estamos condenados a repetirlo. No hay en ello deseo de venganza, como muchas veces se ha acusado torticeramente a familiares, asociaciones, historiadores, estudiosos de la memoria -parece mentira que a estas alturas de la historia se pueda decir esto-, sino que responde a una necesidad y un deber de justicia para quieres nos precedieron y pagaron, a veces con su vida, el intento de hacer del mundo un lugar mejor, más habitable. Responde a razones de humanidad. “Que aunque no he hecho nada muero inocente (…) no maldigáis a nadie y perdonar a todos como yo lo hago (…) conservad todo esto que os mando para el día de mañana que podáis decir que esto nadie lo borre, esto os lo digo a las cinco de la mañana del 9 y a las 6 ya estoy para el otro mundo”, serán las últimas palabras de despedida que ese familiar una mañana de mediodía y domingo del año 2012, puso delante de mis ojos. ¡Tantas cartas de condenados a muerte transmiten idéntico mensaje!

 

No sé, a veces me digo que tal vez todas estas cosas suenen a repetidas, sin embargo, cada vez tengo más claro que no importa repetir si lo que repetimos, importa. Y esto importa. Nos importa.

 

Doce años han pasado desde aquel momento y algunos cambios se han producido. El auge del fascismo a nivel internacional y nacional es una realidad que viene a demostrar que las conquistas sociales, conseguidas con tanto sudor y lágrimas, con tantas vidas y lucha, no son permanentes, y que la historia es un terreno movedizo en el que no se siempre se producen avances.

 

Vivimos tiempos feos, tiempos de vocinglerío, de confusión, de ruido inducido.

 

Tiempos en los que a veces desde ciertas instancias del Estado social y democrático de derecho se da la espalda a eso que el propio Estado promulga.

 

Tiempos en los que se produce una banalización del lenguaje y palabras como libertad, que tanto costó levantar, son manipuladas por el liberalismo más atroz mientras 7291 ancianos mueren en residencias durante la Covid-19 por falta de asistencia.

 

Tiempos en los que la bestia ha despertado, cargada de odio y de mentiras.

 

Tiempos oscuros, inciertos, sin petirrojos, esos pájaros a los que alude David Lynch en Terciopelo azul. “Soñé que el mundo era oscuro porque no había petirrojos y los petirrojos representan el amor”, dirá la luminosa Sandy mitad del film en alusión a ciertas épocas oscuras, de guerras, de catástrofes naturales, de enfermedades, en las que la maldad se instala causando en la humanidad un tremendo sufrimiento.

 

Tiempos en los que se hace necesario, tan necesario o más que siempre, seguir defendiendo, con claridad y calma, con perseverancia, que la memoria no abre heridas sino que las cierra y que no se puede pasar la página de la historia sin antes haberla leído y reflexionado sobre ella. “Nosotros a lo nuestro, la mirada al frente, el objetivo claro”, dice siempre el investigador y militar Miguel García Bañales. O como dijo hace unos días el dramaturgo, miembro de la Real Academia española y coautor del guión de la imprescindible obra teatral “1936 ¿El año en que España entró en shock?”: “Hablar serenamente sobre la guerra es trabajar para la paz y es deber de la memoria histórica”.

 

Todo esto me remite a otro momento también epifánico, también revelador, que ocurrió en la visita que mi sobrina Lucía y yo hicimos a la exposición “Auschwitz, no hace mucho, no muy lejos” el 3 de enero de 2018. Ya salíamos, consternadas, de ver  lo que fue el horror más grande de la historia, cuando nos llamó la atención un video en el que un testigo de la masacre hablaba del concepto de superioridad de unos hombres sobre otros, creado por el régimen nazi, tan perverso que daba potestad de exterminar a los que dicho régimen catalogaba de inferiores. Con palabras sencillas decía que estas cosas empiezan con algo pequeño como coger manía al vecino distinto y con palabras sencillas también daba la solución, la cura, el remedio, que consiste en la aceptación del otro, sea amarillo o rojo o blanco o multicolor.

 

Con la convicción de que sin memoria no hay futuro y de que es esencial que la juventud coja el testigo como salvaguarda de la misma y evitar que los hechos del pasado no caigan en el olvido, hay una pregunta final que formulo a todas las  entrevistadas: Qué les dirían a los jóvenes en materia de memoria histórica. Las respuestas son unánimes y coinciden en que sean inquietos, pregunten, lean, se informen, escuchen los testimonios orales que quedan, se sirvan de fuentes científicas, asentadas en horas de trabajo e investigación en los archivos. Porque si una cosa hizo el franquismo fue dejar constancia escrita de la barbarie, y los archivos están plagados de documentos que nos revelan lo que pasó.

 

Soy plenamente consciente también de que el franquismo sociológico impuesto con su férreo control sobre la Iglesia, la escuela y la prensa, es un lastre que llevamos arrastrando durante décadas. No es casual que las instancias educativas, pilares fundamentales de transmisión de conocimientos, se salten sistemáticamente esta parte de nuestra historia.

 

Como decían Beatriz García Prieto y Enrique Javier Díez Gutiérrez en la presentación del libro “La memoria histórica democrática de las mujeres: segunda República, guerra civil y exilio” el pasado 4 de diciembre de 2024 en la librería Meta de Madrid, hay que educar en el antifascismo lo mismo que se educa en respeto, en empatía, en valores humanos, en diversidad. Ese es el reto. Ese es el trabajo. Ese es el camino. Memoria y responsabilidad, en palabras de la profesora Ruth Sanz Sabido, van de la mano.

 

Solo me queda dar las gracias a cada una de las veinticinco mujeres que con sus testimonios han contribuido a que este proyecto vea la luz: Susanna Toral Cabau, Isabel Revilla del Río -Isamil9-, María Eugenia Castiello Canal, Cristina Pimentel Huerga, Luisa Vicente Martín, Ruth Sanz Sabido, Pepa Miranda,  Laura González Garrido, Beatriz García Prieto, Hedy Herrero, Ana Gaitero Alonso, Tere Rivas López, María Antonia Reinares Alonso, Fermi Cañaveras, Silvia Traversa, Neus Roig Pruñonosa, Laura Martínez Panizo, Camino Alonso Díez, María Torres Celada, Maribel Luna Baragano, María Jesús Izquierdo García, Ana Cristina Rodríguez Guerra, María Huelva Salas, Yaiza Alonso Beltrán, y Eloína Terrón Bañuelos, mujeres con las que me siento unida por el hilo invisible de la memoria en esa familia, no de sangre, que he ido encontrando en el camino. Su disponibilidad y sus contribuciones han sido un hermoso regalo de la vida.

 

A Anxo Padín, a quien felicito por su trabajo encomiable a lo largo de estos diez años en el periódico Nueva Revolución y su incesante defensa de la libertad -empezando por la de expresión-. Desde aquí quiero manifestarle mi gratitud por la confianza que depositó en mí, su respeto, su amistad.

 

A Cristina Pimentel y Jesús Palmero, integrantes de la editorial Marciano Sonoro, por su compromiso claro y rotundo por la memoria y la democracia, que van de la mano.

 

A la Fundación Jesús Pereda de CC.OO de Castilla y León y, en concreto, a su presidente, José Ignacio Fernández Herrero, que tanto ha trabajado desde el compromiso sindical por la justicia social y la libertad verdadera, porque cuando le pedí que el proyecto de publicación conjunta de estas entrevistas concurriera, a través de la fundación que preside, a la convocatoria de subvenciones del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, no lo dudó un instante.     

 

A Miguel García Bañales, que tanto trabajó por sacar a la luz la historia silenciada de mi pueblo, Valderas, y me enseñó que la memoria propia no se expropia.

 

Por supuesto, a Antidio Gómez Carriedo, mi padre y fuente de memoria, y a mi abuela, Sotera Carriedo Ortega, esa mujer de luto vitalicio que entre otros méritos supo mantener intacta la memoria de su marido asesinado.

 

A las mujeres de mi vida, madre, hermana, sobrina, con las comparto pan y  tiempo en tardes de camilla y labor.

 

A Miguel Ángel Paramio Rodríguez, que siempre está, y comparte mi entusiasmo y zozobras.

 

A Ellas y Ellos, cuyos nombres y biografías  aparecen en esta publicación, y por extensión a todas Ellas y Ellos, verdaderos padres de la democracia y objetivo último de este trabajo, con los que, como dijo Isamil9, somos una deuda de amor inabarcable.



Sol Gómez Arteaga

Memoria de las mujeres

Editorial Marciano Sonoro, 2025




Presentación del libro en Vigo: 


11 de septiembre de 2025

20:00 horas

Libreria Librouro


Organiza: Asamblea Republicana de Vigo





3501. Memorial a las víctimas de la represión franquista en Torrubia del Campo (Cuenca)

El pasado sábado 8 de julio de 2023 se inauguró en el cementerio de Torrubia del Campo la placa conmemorativa a las víctimas de la represión franquista tras 61 años de sus asesinatos. La financiación ha estado a cargo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Historia de Cuenca con su sede en Tarancón y se ha realizado con el permiso y colocación por parte del Ayuntamiento de Torrubia del Campo. Todo ello hizo posible que nuestros torrubianos tuvieran su merecido recuerdo en su tierra natal.

Tal y como hizo mención el presidente de la asociación, Máximo Molina, llegamos tarde en el reconocimiento: pocos fueron los familiares asistentes al evento puesto que ya no viven para verlo, y los muchos de los parientes que pudieran quedar han perdido los vínculos con el pueblo, siendo imposible localizarles.

17 son los vecinos de Torrubia del Campo que aparecen en la placa, diferenciado por la cárcel que fueron asesinados.

Fusilados en la Cárcel de Uclés: Julián Amores Gómez, Pedro Aragonés Rubio, Miguel Carabaña Jiménez, Eustasio Crespo Riquelme, Francisco Díaz Carabaña, Manuel Guillermo Fernández Tornero, Juan Vicente García Cézar, Julián Rubio González, Gregorio Sánchez Fraile, Ramón Sánchez Zamarra, Juan de la Torre del Saz, Félix de la Torre Gómez.

Muertos en la Cárcel de Cuenca: Guillermo Amores Sánchez, Cipriano Carabaña Sánchez, Lupicinio Carabaña Sánchez.

Muertos Campo de Concentración Gusen: Ángel Espada Zamarra, Indalecio González Gabriel.

Pero en la investigación también nos topamos con otros nacidos en Torrubia que también tuvieron la mala suerte de haber caído en esas cárceles torturadoras de los años 40 y que tienen su representación en los memoriales de los lugares donde ocurrió.

Muertos en la Cárcel de Ocaña: Lorenzo Martínez Mateo

Fusilados en la Cárcel de Huete: Desiderio Martínez Gómez

Muertos en la Cárcel de Porlier, Madrid: Pedro Garrido Martínez

Muertos en la Cárcel de Yeserías, Madrid: Venancio de la Torre García

Fusilado en la Cárcel de Jaén: Carlos Cuerda Gutiérrez

No se quedó nadie en el olvido, puesto que se procedió a la lectura pública, en el espacio público, como reconocimiento los aproximadamente 130 torrubianos documentados hasta ahora, que también fueron represaliados por el fascismo entre detenidos, condenados, exiliados, desterrados o acusados de cualquier delito, y que aunque sobrevivieron, marco toda su vida.

No se quiso dejar sin nombrar los familiares que hicieron que la memoria siguiera viva, especialmente vaya un recuerdo para Hilario de la Torre al que tantas veces se consultó para recopilar información de este y otros temas relacionados con Torrubia y que por unos pocos meses no ha podido presenciar la creación de este monumento en el que está su abuelo.

En el evento se guardó un minuto de silencio en honor a nuestros paisanos fallecidos y se acabó con los asistentes dejando claveles en el monumento.

Agradecer a la ARMH de Cuenca y al alcalde de Torrubia del Campo Pedro Romeral, su interés y colaboración para la realización de este memorial, y a los asistentes el apoyo mostrado, que da fuerzas para seguir investigando y rescatando nuestros paisanos del olvido. Para toda la gente que no se atrevió a asistir por miedo al qué dirán, o a verse señalados, solo decirles que somos libres y que no hay que tener miedo ni vergüenza a la hora de hacer justicia y reparar la memoria. La historia hay que contarla como fue, no como se nos dijo que fue.

Gracias a María Torres por su apoyo y dejar un hueco en su blog para dar visibilidad a este importante hecho para la historia de nuestro pueblo.

 

Daniel Garrido



3497. Exequias de Federico García Lorca

Federico García Lorca en Radio Stentor de Buenos Aires. Marzo de 1934


No importa que hayan sido éstos
quienes de plomo llenaron tu boca,
quienes sellaron para siempre tus labios
con latigazo de blasfemia y pólvora:
Tus labios por los que la patria
nos amanecía en frescor y aurora
en todas tus mañanas estrenadas de versos,
Federico García Lorca.

No importa si han sido éstos
quienes condecoraron tu gloria
con laureadas de injuria y muerte
Federico García Lorca.

Que tú ya estabas asesinado
desde que Ignacio militó en Loyola.
Ya tu grito se alzó con los niños de Flandes
en las mismas hogueras y en idénticas horcas
(el Duque se atusaba rosarios y perillas
mientras el Santo Oficio quemaba tus estrofas).
Ya te han matado los encomenderos,
los golilas y corchetes, las caspas y las costras,
los memoriales y letras procesales,
los autos de fe y las sopas bobas.
Ya has muerto cuando otros miserables
firmaban otra muerte de España en Bayona;
y otra vez cuando la carlistada
soltó sus lobos, como ahora;
y otra con los fusilados de Torrijos,
y con las milicias decimononas;
y cuando te pusiste en el camino de las balas
que de Martí y Rizal buscaban la vena generosa;
y otra vez con los tísicos repatriados
que vomitaba Cuba. Y aún otra
en los barrancos de Marruecos,
donde un rey putrefacto y muy mala persona
jugaba un ajedrez de áulicas estrategias
con lo mejor de nuestra sangre moza.

¡Ya ves si has tenido muertes
Federico García Lorca!

Que a ti no te mataron un balazo aparente
sino con silogismos y jaculatorias,
con “ordeno y mando”, pragmáticas y mitras,
con inciensos y hieles, espuelas y coronas,
con olor a colillas de los cuartos banderas,
con caderas renunciantes de madres superioras,
con los entorchados de los rijosos coroneles,
con los furores de las reinas chulonas
con las hemofilias y los cánceres de oído
de la purulencia borbónica,
con los resecos tufos de conventos,
con novenas, trisagios y 40 horas,
con las majaderías enlevitadas
de las academias marañonas,
con mariconadas de los señoritos,
con hipocondrías provincianas y beatonas,
con las dispepsias de las clases pasivas,
con las letras de “El Debate” y de “Patria Española”...
Ya habían asfixiado tu aliento de malvas
todas las solfataras de las antiguas roñas
y ya te habían lapidado otras cien veces
con todos los vetustos cascotes de la Historia

¡Ya ves si estabas muerto antes de haber nacido
Federico García Lorca!

¡Qué piquetes de fusilamiento
qué ¡apunten! ni qué hostias!

¿Desde cuándo acá los fusiles
matan el aroma de las rosas?

¿Desde cuándo los generales verdugos
ametrallan el color de las amapolas?

¿Cómo podrían frailes, beatas y señoritos
sacarle al rubio Dauro tu nombre de la boca?

¿Y con qué flotilla de aviones nazis
van a matar en nuestra carne tu eucaristía portentosa?

Porque es ahí donde siempre has vivido
Federico García Lorca
y donde siempre seguirás viviendo,
hasta que empiecen y se acaben todas las horas
de esta España que arranca y se inaugura de tu sangre
por ti, para ti, de ti, hacia ti,
nuestro Federico García Lorca.


Eduardo Blanco Amor, 1937
(Fragmento)

(Poesía de Blanco-Amor, para el Recital poético de Mony Hermelo, en el Homenaje de Escritores y Artistas a García Lorca, Buenos Aires-Montevideo, 1937).

consellodacultura.gal