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2968. Ramón J. Sender: travesía y regreso de un naúfrago

Ramón José Sender Garcés
(Chalamera, Huesca, 3 de febrero de 1901 - San Diego, EEUU, 16 de enero de 1982


San Diego, California, Estados Unidos. Madrugada del 15 al 16 de enero de 1982. 

Desde la ventana de un estudio, un hombre adusto, ya mayor, estatura mediana, aire ascético, contempla el parque Balboa. Suele pasear por allí cada día. Se sienta en algún banco a leer. Habla con las ardillas y los pájaros. Bluejays y chickadees son sus amigos. Le gusta observar. Ve a la gente pasando presurosa, a los amantes robándose un beso en no importa qué rincón, a las niñas que saltan a la comba… A veces, escribe en su libreta. Parece entonces poseído por la fiebre, su mano se desliza a gran velocidad sobre el papel. Se llama Ramón, Ramón José Sender Garcés, aragonés de Chalamera. En su familia lo llaman Pepe y él prefiere ese nombre cariñoso, tan próximo, tan lejano… Cuarenta y tantos años de exilio pesan demasiado. 

Su perfil ibérico, hosco, algo frailuno, se recorta contra la ventana. Aunque ya octogenario, sus facciones revelan decisión y firmeza, energía y juventud. Pepe observa el parque, la ciudad dormida. Aspira el cigarro y deja salir una bocanada de humo. Hay un aire de ensoñación en su mirada, un leve velo acuoso que la hace brillar. Recuerda las ripas, el saso, el tozal de su tierra alcoleana. De pronto, una tos cavernosa interrumpe sus cavilaciones. Una tos profunda que conmueve todo su esqueleto. 

—¡Asma maldita! 

Es un mal de familia que atormenta sus últimos días. 

—¡Bendita herencia! 

Incluso en los peores momentos le gusta jugar con las palabras. No puede evitarlo. Los extremos se atraen, le atraen. ¿Bendición? ¡Maldición! ¿Maldición? ¡Bendición! 

Nuevo ataque de tos. Se dirige al centro de la sala, hacia la mesa de trabajo, sencilla, austera, como el resto del mobiliario. Coge el vaso de whiskey, al lado de una lámpara de escritorio. Entre dos expectoraciones, toma un trago que alivia el resquemor. Tras un ”aaaaaah” prolongado, exclama: 

—¡Menos mal! 

Un par de toses in diminuendo y recupera su entereza. 

—Ahora, al trabajo 

Se sienta ante los folios y continúa corrigiendo las galeradas de su último libro. 

"Toque de queda. Después del clarín crepuscular, se supone que la gente se recoge y se acuesta a dormir (…) Es curioso que a pesar de que lo único que nos salva ante nosotros mismos y tal vez ante el orden supremo del universo es nuestro deseo consciente o no de lograr alguna clase de perfección nadie piensa que la única indiscutible y total está en la muerte". 

Llegan aullidos animales. El zoo está cerca. Las voces traen recuerdos de otras latitudes. Han pasado tantos años, tantos libros... Pepe se estremece. Es una reacción defensiva, instintiva. Sus "ganglios", como a él le gusta decir. Y recuerda. 

Recuerda la infancia. La dulzura de su madre, doña Andrea, a quien leía sus primeros versos. Las palizas de su padre, carlista conservador, con quien nunca se entendió. Las batallas a pedradas con los chicos del vecino pueblo. Aquella vez que pusieron la esquila a un buitre… Las viejas sentían miedo y, al oír el tintineo sobre el tejado de las casas, gritaban que era un alma en pena. El cometa Halley, en 1910, en Alcolea, refulgiendo en el cielo. "Volveré a verlo, cuando sea muy, muy mayor". La muerte de Froilán, alcanzado por un rayo asesino. La angélica Valentina, hija del notario de Tauste. Y aquel santo varón de Reus, convertido luego en el hermano lego de Crónica del alba. La  zaragozana Quinta Julieta, pequeña Venecia aragonesa. El revolucionario Ángel Checa, mártir de la libertad. Los primeros escarceos eróticos, en Alcañiz. La escapada a Madrid, para vivir la bohemia y estar cerca de los grandes, hasta que su padre vino a buscarlo y se lo llevó a Huesca. El encuentro con el periodismo en La Tierra, de Huesca; El País, España Nueva, El Imparcial, La Tribuna, de Madrid; El Telegrama del Rif, de Melilla. El servicio militar en Marruecos y la desastrosa experiencia de la guerra, que narra en Imán (1930).  

Y, por fin, Madrid. Trabajar. Escribir. Respirar. Escribir. Vivir. Escribir, escribir y escribir. Sender llega a la capital dispuesto a hacerse un hueco. Pertenece a la redacción de El Sol, el diario más prestigioso de su tiempo. Acude al Ateneo, a las tertulias (Cejador, Ledesma Ramos, Cansinos-Asséns…). Se hace amigo de Valle y enemigo de Unamuno. A Ortega, lo admirará siempre, pero de lejos. Baroja le influirá más de lo que él mismo quiere admitir. De los "fáusticos" del 27, no comprende su esteticismo, su preciosismo insolidario. 

Pero no todo es literatura. También existe la realidad social. Se acerca al anarquismo y conspira contra la monarquía, contra la dictadura primorriverista, lo que dará con sus huesos en la cárcel. Allí conoce al Tripa y a un anarquista implicado en lo del cardenal Soldevilla. Sale, después de tres meses, más ácrata de lo que entró. O. P. (Orden Público) y Siete domingos rojos reflejan esa etapa. 

Y el amor. El amor de mujer. El amparo de Amparo. La compañera, la amiga. La madre de sus hijos, Ramón Jr. y Andrea. La libertaria ateneísta, trabajadora e independiente. Empleada de la Telefónica en un tiempo en que el trabajo femenino era casi delito. La mecanógrafa, en fin, de sus textos. La Ariadna de Los cinco libros…, que lo salvó del laberinto dejando su vida en el empeño. 

Años intensos, años convulsos de juventud. Alegría y lucha, confianza en el futuro, en un sistema más justo. Llega, por fin, la República, la Gran Ilusión. Pero Azaña y los suyos habrían sido buenos ministros con el Rey. Y Pepe vuelve a la denuncia: la república burguesa es culpable, reprime a los campesinos en Casas Viejas (Cádiz), se alía con los caciques y la iglesia. Viaje a la aldea del crimen hace caer al gobierno. Y el aire huele a cuartelazo, se vislumbra en el horizonte la bota militar. Sender, ahora filocomunista, reclama unidad de acción. Su prestigio literario aumenta. En 1935, gana el nacional de literatura, con Mr. Witt en el Cantón. Novela psicológica, con la sublevación cartagenera de 1873 como fondo. Premonición del trágico final de la Segunda República. 

Y llega lo inevitable. La sublevación franquista lo sorprende, con su familia, en la sierra de Guadarrama, a tres escasos kilómetros del frente. Sender arriesga su vida para unirse a los milicianos, atravesando de noche la zona de combate. Amparo, con los niños, se dirige a su Zamora natal. La tragedia ocurre, inevitable, una vez más. Ella y sus hermanos son represaliados. Pepe se queda viudo. Sus hijos, huérfanos en la más tierna edad. Como el mal nunca viene solo, Manuel Sender, su hermano menor, es fusilado por los fascistas, asesinado sin juicio previo. Su crimen: ser valiente, negarse a huir. Pepe vive sus horas más bajas. Sufre una humillante "degradación", por culpa de Líster, quien cuenta su versión en Nuestra guerra. Sender siempre la negó. Es acosado por los estalinistas, molestos por su independencia. Disidente de ambos bandos, todo es tristeza a su alrededor. Su preocupación inmediata son sus niños, a los que saca de España la Cruz Roja Internacional. Todo se desmorona. El "carnívoro cuchillo" te persigue. Tienes que partir.

Francia, Guatemala, México, Estados Unidos… El exilio no acaba nunca. Eres un desterrado, un patrio español apátrida sin raíces. Han querido cortarte el vuelo. La idea del suicido ronda tu cabeza. Oscuras reflexiones del personaje Saila, en La esfera. Estremecedores pasajes en Nocturno de los catorce. ¿Cuándo podrás volver, Pepe? La escritura (y la pintura) te sirven de terapia. Hay mucho de "desesperación reabsorbida" en tus novelas de ahora. Recuperas tu pasado por medio del exorcismo literario. El político José Garcés muere en un campo de concentración, quien queda es Ramón Sender, memorialista, escritor con un profundo sentido ético. 

No puedes volver a España, y lo sabes, mientras mande el Figurón. Emprendes tu titánica tarea de recuperación. Te han quitado el contacto con la realidad, pero te queda la historia para buscar inspiración. Así nacen Carolus rex, Las gallinas de Cervantes, Las criaturas saturnianas, El pez de oro y Bizancio, prodigio épico-aragonés. 

Te roban la patria y tú la buscas de nuevo en el Nuevo Mundo, que ensancha tu españolidad: Jubileo en el Zócalo, Epitalamio del prieto Trinidad, El Mechudo y la Llorona, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, Novelas ejemplares de Cíbola, El bandido adolescente… 

Te obligan a vivir en la lejana Norteamérica y nos regalas una joven Nancy, viajera y doctoral, que regresa a Sevilla, apasionada con los gitanos y su cultura atávica. 

Te empujan al rencor y la rabia, y nos devuelves la mirada compasiva de El lugar de un hombre, la expiación de la culpa colectiva en El verdugo afable, el humanitarismo mártir del padre Garcés en Los tontos de la Concepción. 

Se te van los años y los días, y regresas a orillas del Cinca, a buscar tus años juveniles, los angélicos goces de la vida infantil. Revives en los anaqueles de tu idílica biblioteca, en Monte Odina y hallas entre sus muros el libro mágico de la memoria. 

Regresas a nuestro lado. A los que un día te apartamos con el olvido, te ninguneamos con un cómplice callar. Regresas porque estás de vuelta de todos los caminos, sentires, quereres. Trotamundos cansado, con un rictus de nostalgia en la mirada. Caminante de infinitos rumbos del esférico vivir. 

Se acerca el alba definitiva, lo sabes. Clarea la noche. Mientras todo calla, tú corriges. Hablas con la voz sabia del náufrago de todas las catástrofes. Esta noche estás solo en tu estudio. 

Toque de queda. Clarín crepuscular. Levantas la cabeza de los folios y observas las desnudas paredes del apartamento. Hace falta una mano femenina que alegre tu ascético vivir. Es curioso, Pepe. Tú, que has tenido tantas mujeres, estás solo esta madrugada. No importa. Mañana, vendrá Florence, tu segunda mujer, de la que te divorciaste hace años. Suele venir cada día. O cada dos días, no sé. Qué más da. Ella sigue ocupándose de ti. Te admira y aún te quiere. Pronto vendrá a visitarte. No lo has hecho tan mal, viejo amigo. 

Pero estás solo esta noche, Pepe. Poco a poco, te vas quedando dormido sobre los folios. Ella vendrá a visitarte de madrugada. No puedes quejarte, viejo. Siempre una mujer en tu vida. Y ahora, duérmete. Suavemente, sobre el papel. Mientras llega la luz de la mañana. Ella viene, ya está aquí. Te encuentra trabajando. 

—Siento lo de Halley. Temo que no vuelva. 

Sí, Pepe, el cometa volvió. Poco después de tu partida. Fue en el 86, todos pudimos verlo. Con tu amigo Froilán de compañero. Y tus pacíficas cenizas, esparcidas por el Océano Cósmico, estaban también allí. Brillando en nuestro cielo. Aragonés, español, universal. Regresaste, por fin, entre nosotros. Indiano olvidado, ocupas por fin tu lugar. Un lugar en el mundo. Tu lugar de hombre, de artista, de escritor. 


Antonio Villanueva











2238. Réquiem por un campesino español



Réquiem por un campesino español fue publicada originalmente bajo el título de Mosén Millán en 1953 en México, debido a la censura que padeció en España durante los años del franquismo. La obra recoge un dramático episodio de represión durante la guerra de España en un pueblo aragonés. 


Momentos después lo habían sacado de las Pardinas, y lo llevaban a empujones y culatazos al pueblo. Le habían atado las manos a la espalda. Andaba Paco cojeando mucho, y aquella cojera y la barba de quince días que le ensombrecía el rostro le daban una apariencia diferente. Viéndolo mosén Millán le encontraba un aire culpable. Lo encerraron en la cárcel del municipio.

Aquella misma tarde los señoritos forasteros obligaron a la gente a acudir a la plaza e hicieron discursos que nadie entendió, hablando del imperio y del destino inmortal y del orden y de la santa fe. Luego cantaron un himno con el brazo levantado y la mano extendida, y mandaron a todos retirarse a sus casas y no volver a salir hasta el día siguiente bajo amenazas graves.

Cuando no quedaba nadie en la plaza, sacaron a Paco y a otros dos campesinos de la cárcel, y los llevaron al cementerio, a pie. Al llegar era casi de noche. Quedaba detrás, en la aldea, un silencio temeroso.

El centurión, al ponerlos contra el muro, recordó que no se habían confesado, y envió a buscar a mosén Millán. Éste se extrañó de ver que lo llevaban en el coche del señor Cástulo. (Él lo había ofrecido a las nuevas autoridades.) El coche pudo avanzar hasta el lugar de la ejecución. No se había atrevido mosén Millán a preguntar nada. Cuando vio a Paco, no sintió sorpresa alguna, sino un gran desaliento. Se confesaron los tres. Uno de ellos era un hombre que había trabajado en casa de Paco. El pobre, sin saber lo que hacía, repetía fuera de sí una vez y otra entre dientes: «Yo me acuso, padre..., yo me acuso, padre...». El mismo coche del señor Cástulo servía de confesionario, con la puerta abierta y el sacerdote sentado dentro. El reo se arrodillaba en el estribo. Cuando mosén Millán decía ego te absolvo, dos hombres arrancaban al penitente y volvían a llevarlo al muro.

El último en confesarse fue Paco.

—En mala hora lo veo a usted — dijo al cura con una voz que mosén Millán no le había oído nunca—. Pero usted me conoce, mosén Millán. Usted sabe quién soy.

—Sí, hijo. —Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían. —Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás. —¿Por qué me matan? ¿Qué he hecho yo? Nosotros no hemos matado a nadie. Diga usted que yo no he hecho nada. Usted sabe que soy inocente, que somos inocentes los tres. —Sí, hijo. Todos sois inocentes; pero ¿qué puedo hacer yo? —Si me matan por haberme defendido en las Pardinas, bien. Pero los otros dos no han hecho nada.

Paco se agarraba a la sotana de mosén Millán, y repetía: «No han hecho nada, y van a matarlos. No han hecho nada». Mosén Millán, conmovido hasta las lágrimas, decía:

—A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres.

Paco, al oír estas palabras, se quedó paralizado y mudo. El cura tampoco hablaba. Lejos, en el pueblo, se oían ladrar perros y sonaba una campana. Desde hacía dos semanas no se oía sino aquélla campana día y noche. Paco dijo con una firmeza desesperada:

—Entonces, si es verdad que no tenemos salvación, mosén Millán, tengo mujer. Está esperando un hijo. ¿Qué será de ella? ¿Y de mis padres?

Hablaba como si fuera a faltarle el aliento, y le contestaba mosén Millán con la misma prisa enloquecida, entre dientes. A veces pronunciaban las palabras de tal manera, que no se entendían, pero había entre ellos una relación de sobrentendidos. Mosén Millán hablaba atropelladamente de los designios de Dios, y al final de una larga lamentación preguntó:

—¿Te arrepientes de tus pecados?

Paco no lo entendía. Era la primera expresión del cura que no entendía. Cuando el sacerdote repitió por cuarta vez, mecánicamente, la pregunta, Paco respondió que sí con la cabeza. En aquel momento mosén Millán alzó la mano, y dijo: Ego te absolvo in... Al oír estas palabras dos hombres tomaron a Paco por los brazos y lo llevaron al muro donde estaban ya los otros. Paco gritó:

—¿Por qué matan a estos otros? Ellos no han hecho nada.

Uno de ellos vivía en una cueva, como aquel a quien un día llevaron la unción. Los faros del coche —del mismo coche donde estaba mosén Millán— se encendieron, y la descarga sonó casi al mismo tiempo sin que nadie diera órdenes ni se escuchara voz alguna. Los otros dos campesinos cayeron, pero Paco, cubierto de sangre, corrió hacia el coche.

—Mosén Millán, usted me conoce —gritaba enloquecido.

Quiso entrar, no podía. Todo lo manchaba de sangre. Mosén Millán callaba, con los ojos cerrados y rezando. El centurión puso su revólver detrás de la oreja de Paco, y alguien dijo alarmado:

—No. ¡Ahí no!

Se llevaron a Paco arrastrando. Iba repitiendo en voz ronca:

—Pregunten a mosén Millán; él me conoce.

Se oyeron dos o tres tiros más. Luego siguió un silencio en el cual todavía susurraba Paco: «Él me denunció... Mosén Millán, mosén Millán...».

El sacerdote seguía en el coche, con los ojos muy abiertos, oyendo su nombre sin poder rezar. Alguien había vuelto a apagar las luces del coche.

—¿Ya? —preguntó el centurión.

Mosén Millán bajó y, auxiliado por el monaguillo, dio la extremaunción a los tres. Después un hombre le dio el reloj de Paco —regalo de boda de su mujer— y un pañuelo de bolsillo.

Regresaron al pueblo. A través de la ventanilla, mosén Millán miraba al cielo y, recordando la noche en que con el mismo Paco fue a dar la unción a las cuevas, envolvía el reloj en el pañuelo, y lo conservaba cuidadosamente con las dos manos juntas. Seguía sin poder rezar. Pasaron junto al carasol desierto. Las grandes rocas desnudas parecían juntar las cabezas y hablar. Pensando mosén Millán en los campesinos muertos, en las pobres mujeres del carasol, sentía una especie de desdén involuntario, que al mismo tiempo le hacía avergonzarse y sentirse culpable.


Ramón J. Sender
Requiém por un campesino español, 1960








2153. Carta de Ramón J. Sender a Salvador de la Iglesia




Transcribimos una carta inédita que Ramón J. Sender escribió a Salvador de la Iglesia el 4 de julio de 1949 y que nos ha hecho llegar Manuel de la Iglesia, nieto de Salvador, quien la encontró dentro de una maleta junto con otras cartas de los compañeros de su abuelo en la Guerra española.


Querido amigo:

Su carta después de tanto tiempo me ha causado una verdadera alegría. Veo que a pesar de tantas dificultades al final las cosas van bien para usted y los suyos. Por lo menos viven por sus medios sin grandes inquietudes. Como usted sabe hay muchos millares de emigrados que no pueden decir lo mismo.

Yo soy profesor de Literatura Española en la Universidad de New México y vivo aquí en paz, con mis clases y los libros que de vez en cuando público. Hace algún tiempo recibí una carta de la Liga de Mutilados de París pidiéndome que hiciera algo, si podía, por ellos. No les he contestado aún porque no quiero decir que no y trato de organizar algo. Una sola persona puede poco en estos casos pero he hablado con algunos amigos artistas y estoy tratando de conseguir que cedan cuadros para una exposición a beneficio de esa Liga. Yo daré también una o dos conferencias sobre música popular española con discos de Galicia, Asturias, Santander, País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña. Naturalmente el público tendrá que pagar la entrada. Si todo esto que está aún un poco en el aire, cuaja, podré enviar a la Liga algunos cientos de dólares.

Aunque en estos casos el color político no importa, me gustaría saber si la Liga tiene relaciones preferentes con algún partido u organización. Son socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos? O simplemente un organismo administrativo de ayuda? En ese caso de quién ha recibido más ayuda, de Negrín o de Prieto? Haga el favor de decirme su impresión sobre esto. Como le digo cualquiera que sea el color político -si lo hay- no influirá para nada en mí, pero quisiera saber lo más posible de esa Liga y quisiera también ayudarla en la medida de mis medios y la de mis amigos.

De D. Victoriano Rivera, no sé nada. Lo vi en Barcelona poco antes de la catástrofe y supe que todos estaban bien. Yo creo que al final se quedó allí confiando en que sus ideas políticas eran lo menos extremistas que se pueden pedir dentro de la República. No estoy seguro, sin embargo. Lo que puedo asegurar es que no está en México ni en América (habría tenido noticias de él) y tampoco creo que está en Francia. Si se quedó en España confiando en que no habría peligro para él y los suyos lo sentiría porque los de Franco consideran tan enemigo de ellos a un masón como a un comunista y Rivera era masón. En fin, si tengo noticias un día se las enviaré. 

Le felicito por su matrimonio y su niña. Yo volví a casarme aquí con una joven profesora de Universidad. Mis dos niños del primer matrimonio -que estaban en el lado de Franco porque se habían quedado en San Rafael- me los llevó la Cruz Roja a Francia, estuvieron después conmigo en Barcelona y finalmente vinieron conmigo a América al terminar la guerra. Están muy bien. El es un hombrecillo más alto que yo y la niña tiene ya trece años. Son dos americanos perfectos, no quieren saber nada de Europa, para ellos el mundo comienza y termina aquí. Todos somos ciudadanos americanos desde 1945. 

Envíeme sus noticias de usted y de los suyos. Dígame en que trabaja y cuáles son sus planes para el futuro suponiendo que lo de España tarde aún en arreglarse. Nosotros pensábamos ir este verano a Francia pero creo que lo dejaremos para el verano del año próximo. Como es natural, a pesar de nuestra ciudadanía americana yo pienso volver a España en cuanto sea posible. Los que no volverán serán mis hijos porque no tienen ningún interés ni yo hago nada por que lo tengan.

Este estado de New México está en el sur de los Estados Unidos, entre Arizona y Texas. Hay gente de habla española (este territorio fue colonia española muchos siglos) y aldeas indias muy interesantes.  La sociedad dominante (bancos, grandes negocios, política, administración, etc.) son de mayoría anglosajona. Se hablan frecuentemente los dos idiomas, inglés y español y yo doy mis clases a alumnos muy avanzados en nuestro idioma natural. Todo esto hace nuestra vida aquí más fácil y agradable. Esto no quiere decir que no hayamos conocido dificultades como todos sobre todo en los primeros tiempos de inmigración. Pero afortunadamente aquellos tiempos parecen lejanos para siempre.

Cuídese. Aunque las heridas de cabeza son como usted sabe mejor que yo "muy honestas" -es decir que no esconden complicaciones y curadas una vez curadas para siempre- los buenos soldados y los buenos republicanos deben mantenerse sanos y fuertes. Dentro de lo que cabe en las miserias de la guerra una herida en nuestra guerra es un motivo legítimo de gloria. Yo estuve en varios frentes (Guadarrama, Toledo, Madrid) y aunque a veces las pasamos tan negras como los demás tuve suerte y salí sin averías mayores.

Saludos a su esposa y a su niña de parte de los míos y cuente usted con la amistad de su sfmo


Ramón Sender
630 North Girard Avenue, Alburquerque, NM.

Supongo que ha leído por ahí alguna cosa mía. Si leyó una novelita titulada "El viudo" supongo que no se enteró, porque al pobre Fernández Escobes (que murió recientemente) cambió la puntuación y el orden de algunos párrafos para poder extender el texto y llenar las páginas fijas que tienen en la revista, con todo lo cual se armó un lio y confundió la narración.

Me olvidé que sus noticias serán siempre recibidas en esta casa con alegría.



4 de Julio de 1949







2072. La FAI, Maciá, la revolución y la CNT

Contestación a «El Sol» 

En el artículo que días pasados publicaba El Sol sobre el momento social y político de Cataluña se rozaban cuestiones fundamentales de la vida orgánica de la C.N.T. dejando en el aire afirmaciones ligeras. Es conveniente dar a esas afirmaciones su gravidez específica y dejarlas sentadas no en el aire ni en los escaños del Congreso -donde a la ligera se le ha querido dar últimamente una consagración nacional-, sino en la tierra firme de los hechos.

Como consecuencia de la reunión de diputados de la izquierda catalana, ha sido preciso que la Prensa estableciera puntos de vista concretos -la Prensa se recrea ahora más que nunca con las vaguedades-, y los ha buscado por el camino del menor esfuerzo. En lugar de ver que la salvación de la República española es sólo posible llevándola al plano en que la izquierda catalana se mueve, porque fuera de ese plano todo es desorientación, vaguedad y liberalismo monárquico, se prefiere explicar el fenómeno político de Cataluña por la C.N.T. De paso procuran desprestigiarla con los mismos argumentos con que atacan a la izquierda catalana: el pacto con el sindicalismo. Un pacto que no existe, pero que si existiera sería a base de una separación absoluta de principios, con concesiones de la izquierda catalana que harían de la presión de la C.N.T. una influencia progresiva revolucionaria. Como se ve, esto sería precisamente lo contrario de lo que la U.G.T. ha hecho en su pacto con los republicanos. Un pacto en el que las concesiones de la República son privilegios personales contra todo principio de clase, e incorporar como por soborno al ritmo burgués y conservador de la República aun sector del proletariado. Esto tiene para las organizaciones obreras de la U.G.T. una significación bien neta, y lo interpretan con una palabra muy dura: traición.

Pero suponiendo que ese pacto existe entre la C.N.T. y la izquierda catalana -ya se ha demostrado oficial y taxativamente que no existe-, se arremete contra la Confederación afirmando el predominio de la F.A.I., Federación Anarquista no internacional, aunque de hecho lo sea, sino Ibérica, hasta ejercer una dictadura en todos los sectores de la organización obrera revolucionaria. Con esa fórmula queda ya todo resuelto.

Como El Sol asegura que los elementos de la F.A.I. son irresponsables, esa irresponsabilidad cae de lleno sobre la C.N.T., y queda ya una opinión dispuesta para acomodarla a todas las actuaciones de la organización. Pero esa dictadura de la F.A.I. ni es cierta ni es posible. Los mismos militantes faístas lo rechazarían por su amor a la verdad y porque sus convicciones, a las cuales guardan fidelidad ejemplar, vedan ese género de coacción. También porque no existe ni puede existir en los Sindicatos el vasallaje. Si la F.A.I. tiene como unidad orgánica el «grupo», la C.N.T. tiene el Sindicato. El grupo y el Sindicato son hermanos, pero discrepan siempre que hay que interpretar una realidad social inmediata y adoptar una actitud. Las discrepancias se resuelven en las asambleas de Sindicatos, y de ellas surge -lo hemos visto siempre- la interpretación revolucionaria más ajustada a la eficacia. La F.A.I. actúa en ellas de estimulante unas veces, y otras de revulsivo; pero siempre la última palabra la han pronunciado, con una lógica inapelable, las mayorías sindicales. Claro es que por encima de todo está la conciencia de clase, y queda la solidaridad entre la F.A.I. y la C.N.T. en cuanto se plantea el hecho revolucionario, es perfecta.

Ni la F.A.I, es irresponsable, ni aunque desde el punto de vista burgués lo fuera -posibilidad que todos los enterados rechazan- podría ampliarse esa calificación a los sindicatos. Pero según lo que por «responsable» y «responsabilidad» se entiende -aquí D. Miguel, el tozudo de las etimologías, el glorioso despistado-, nadie que mejor responda a sus actos y de los de sus compañeros que la F.A.I. En lo doctrinal y en la acción. Una prueba de la responsabilidad, de la conciencia de sus actos de las dos organizaciones la están dando en estos momentos, resistiendo la provocación sin perder la cabeza, refrenando su poder y su fuerza para no contestar al reclamo belicoso de la República de Maura. Y no es por el temor a la derrota -ya va siendo hora de decir que no se puede destruir a la C.N.T. ni a la F.A.I. sin destruir a España-, sino para no interrumpir la oportunidad revolucionaria que el Gobierno de la República, ayudado por un Parlamento sin contenido y sin vértebras -la posición de todas las fracciones es, como ocurre siempre a los que carecen de fe y de capacidad de interpretación, la de «adherentes» y «congratulantes»-, está poniendo en sazón. El golpe de fuerza lo ha podido dar la C.N.T. y puede darlo en cualquier instante con garantías de éxito. Pero no se trata de asaltar el Poder para aprovechar el mismo sistema estatal, sino de sustituir este sistema vicioso y parasitario, fracasado en todas partes, verdadera cuña entre las clases sociales, que dificulta la armonía del trabajo y la producción, y hace imposible la justicia social por una nueva estructura a base no de instituciones falsas ni de organismos parasitarios sino de organización y articulación de funciones sociales. La C.N.T. estudia y organiza el tránsito, evitando el colapso económico y la etapa de terror y de hambre. Lenin -recurramos a la autoridad que este hombre tiene incluso para los burgueses- dijo precisamente a un delegado español que se podían evitar las imperfecciones y las taras de la revolución rusa aprovechando su experiencia y yendo desde el primer momento a un sistema de convivencia social más avanzado y perfecto. Puede que al hablar así pensara en la diferencia de la psicología española en la entrada doctrinal de la C.N.T., central sindical española perseguida a tiros, combatida a sangre y fuego, y sin embargo cada día más próspera y abarcando nuevos sectores de la producción y minando la vieja y decadente opinión pública española. Es la verdad grávida -no ligera y sencilla-. Es la verdad henchida de fuerza, de realidad y porvenir. Puede el Gobierno de Maura seguir bombardeando casas. Eso preocupará, sin duda, a la Cámara de la propiedad Urbana. Puede poner su fuerza represora al servicio del Wall-Strer. El capitalismo colonial inglés saltará -como ha saltado ya en Riotinto bajando los jornales- en busca del mismo trato de favor del capitalismo rival de la U.S. La conducta del Estado con la Telefónica ha revelado de pronto a las potencias capitalistas que aquí hay mesa franca para el coloniaje y la explotación. Ya recibirán la lección por otro lado si no quieren aceptar la de las organizaciones de la C.N.T. Pueden seguir encargando la nueva reglamentación del trabajo a Largo Caballero, que es como encargar de reglamentar la libertad de cultos al obispo de Madrid-Alcalá. Lo que no podrá volver a hacer en este período constructivo de la C.N.T. es aplicar la «ley de fugas», porque los que se solazan con la posibilidad de una guerra a muerte entre la F.A.I. y la C.N.T., de una guerra que inhabilite e incapacite a las organizaciones, se han de ver sorprendidos con su acuerdo absoluto frente a la verdadera y dañina irresponsabilidad. Puede seguir el Gobierno declarando que el capitalismo ha fracasado en todo el mundo, y asesinando al mismo tiempo a los obreros. Puede anunciar que va a abandonar Marruecos para afianzar al mismo tiempo un punto de vista imperialista. Puede seguir oponiendo a las realidades sociales más crudas el florilegio y el voto de confianza -¿de confianza de quién?-. Puede seguir jugando a las revoluciones. La respuesta a sus afirmaciones sobre el capitalismo se la darán las potencias capitalistas; a sus frivolidades sobre Marruecos responderá un hecho de fuerza en nuestra zona oriental organizado y fomentado tácitamente por Francia e Inglaterra para obligar a los republicanos españoles a definirse en ese aspecto internacional. A los discursos de ateneo provinciano contestarán pronto la exigüidad de las cosechas, la crisis industrial y la guerra de los Estados Unidos y de Inglaterra contra la peseta. A la labor de Largo Caballero está contestando todos los días de tal manera el proletariado español, que la República tendrá que poner detrás de cada decreto de Trabajo -si no se cambia de táctica- toda la Guardia Civil y todo el Ejército, y jugarse la dignidad en testarudos y cruentos empeños de orden público. De esos juegos, de esas trágicas frivolidades, saldrá una sola víctima: el pueblo.

El pueblo está por eso al lado de la C.N.T. y de la F.A.I. Confía en sus cuadros sindicales, en su táctica. Y al pueblo debe decirle la Prensa burguesa la verdad. No hay dictadura irresponsable de la F.A.I. sobre la C.N.T.; ni hay dictadura ni hay un acuerdo perfecto. Pero no es esa una razón de optimismo para la reacción. Es el fenómeno natural de la discrepancia de los núcleos proletarios más fuertes ante la labor revolucionaria constructiva. Las revelaciones sociales comienzan entre las masas obreras. Con estas discrepancias entre la C.N.T. y F.A.I. La burguesía debiera más bien alarmarse. Vería el síntoma fatal en la lucha entre la C.N.T. y la U.G.T. en la discrepancia antes aludida con la F.A.I. En este último caso, la discrepancia no saldrá de la polémica doctrinal porque no hay razones para otra cosa, porque no puede ser, porque ni en la F.A.I. existen esquiroles ni en los Sindicatos ministros. En fin, resumiendo y volviendo a lo general y particular que ha motivado estas líneas, hay que dejar sentadas tres afirmaciones: ni los de la F.A.I. son irresponsables ni ejercen una dictadura responsable o no sobre la C.N.T., ni -y esto es esencialísimo- las diferencias de apreciación y de interpretación entre las dos organizaciones les ha de impedir en ningún caso ir juntas a la lucha, que es lo que querría la burguesía monárquica y esta nueva burguesía socialfascista. Lo que ocurre desde que subió al Poder Berenguer es -repitámoslo- que ha comenzado la labor positiva, la labor constructiva, y que la interpretación del porvenir crea, como siempre, discusión y lucha. La revolución que empieza por debajo.

Hay aún un punto sin aclarar de los que tocaba El Sol: la supuesta influencia del «paternalismo humanitario» de Maciá en la C.N.T. Los que han escrito eso desconocen en absoluto la realidad social catalana, y al mismo tiempo creen conocerla demasiado. Hay que insistir en que la influencia es de abajo arriba, lo contrario de lo sucedido en Madrid con la U.G.T. En Cataluña, Maciá y los diputados de la izquierda se han acomodado, en lo que su educación burguesa les permite, a la realidad social de la C.N.T., y no pudiendo desconocerla, se proponen hacer concesiones de doctrina y de principios. Aquí, en Madrid, los republicanos conservadores -no conservadores del nuevo Estado republicano, sino de los viejos privilegios sociales de la Monarquía- han captado a los dirigentes socialistas y han logrado de ellos todo género de concesiones burguesas. ¿Está con ellos la U.G.T.? El tiempo lo dirá. El punto de vista del «paternalismo humanitario», como el de la «dictadura de la F.A.I.», son dos añagazas burguesas que ni llegan a la organización sindical ni ésta comprende. Para mediatizar a la C.N.T. creen que se puede hablar indistintamente -buscando el ataque por los dos flancos- de la F.A.I. y de Maciá. El juego es contraproducente. Buscar la disgregación aunque sea con la cautela con que se ha hecho es provocar las fuerzas de cohesión y hacer que la C.N.T. y la F.A.I. tiendan automáticamente a una unidad más compacta. Pero además resulta inconcebible que ante una organización cuya firmeza de doctrinas y cuya severa táctica le hacen chocar constantemente con el Estado, no ya sin debilitarse, sino sin dejar de crecer, se puede hablar de influencias desviatorias a base del paternalismo humanitario de un político. Los Sindicatos se nutren ideológica y tácticamente de sí mismos; conocen su fuerza y su ruta y pueden influir en otros sectores creando una opinión relativamente afín capaz de producir efectos de espejismos en la Prensa burguesa. De ningún modo pueden ser influidos ni siquiera en la superficie por un hombre ni por una consigna burguesa. Es una conciencia de clase, no una opinión política, lo que alienta en la C.N.T. Ante esa conciencia nada puede una lógica de premisas capitalistas, aunque la encarne no un político burgués, sino un hombre con los ojos y el espíritu neutrales. Es una discrepancia de orden social y también psicológico y temperamental. Pero además están los imperativos de los Congresos, de las Conferencias nacionales, de los Plenos. Hay una técnica que salvaguardar a la C.N.T. del confusionismo. Una técnica que surge del contraste de las consignas clásicas con las dificultades de cada día y que queda fijada en una disciplina sindical henchida de hechos y de realidades. Esa técnica es la que de momento ha aconsejado a la expectativa mientras la República burguesa se hunde en el atolladero parlamentario dando gritos y palos histéricos -e históricos, que la histeria y la historia van juntas desde hace un año, don Miguel-. Contra esa técnica son inútiles las argucias escisionistas. La F.A.I. seguirá siendo el estimulante o el revulsivo y la Confederación la fuerza. Una fuerza que no depende de las promesas del compadrazgo en el Poder y que debe estar bien arraigada en la médula española cuando en un año es capaz de cohesionar a un millón de trabajadores mientras que la U.G.T. en cuarenta años y con todas las facilidades de la promiscuidad con el Estado y la autoridad apenas ha podido conciliar a trescientos mil.

Aclaradas estas cuestiones, que El Sol rozaba, la aclaración sorprenderá a muchos intelectuales que cierran los ojos, creyendo así anular la realidad circundante y que se creen con derecho a someter al mundo a su necesidad de interpretar original y elegantemente lo que no tiene más que una interpretación. La filosofía y las matemáticas plantean hechos abstractos con una solución inmediata que asume ya todas las interpretaciones, y ante la cual se inhabilitan la elegancia y la originalidad. En lo social ocurre lo mismo. A los intelectuales que quieren urdir elegantes interpretaciones, dando a la República una consagración de frivolidad, una estabilidad en la retórica y la poética, habrá que decirles que esto de la C.N.T., no es sólo aquí en España, Que detrás de todas las alarmas, de los «craks» financieros, de las crisis bancarias, de la bancarrota actual de Alemania, de la próxima de Italia, de América del sur, del temor precavido ingles contra Oriente, de China, y de Rusia y de Portugal, y de España, están los Sindicatos esperando. Pero los intelectuales que no comprenden a la C.N.T. ni a la F.A.I. comprenden mucho menos lo que está ocurriendo fuera de España, Si se les explica con el punto de vista revolucionario no lo entenderán.

«¿Cómo? ¿Qué es eso?» Lo mismo dirán ante estas cuartillas, sorprendidos o indignados. «¿Cómo? ¿Qué es eso?». «Eso» no es nada, señores. Os lo explicaremos apelando a ese acento que tan bien entendéis y que os ha hecho delirar de gozo días pasados en el Congreso: no pasa nada, es el planeta que se cambia de camisa.


Ramón J. Sender
El Sol, 5 de agosto de 1931









1808. Viaje a la aldea del crímen XXVIII. (Final)

Azaña en el juicio contra Rojas en 1935  (Foto: Dubois)



Regreso a Madrid. Pleito parlamentario entre verdugos

El regreso fue por el mismo camino que fuimos. Utilizando el trimotor postal de Sevilla a Madrid. Pero ni era posible ya el juego de imaginación con el tiempo, ni la fruición de la velocidad. Después de lo que habíamos visto, sólo se nos ocurría pensar que el avión postal, con sus tres motores y sus recias alas, podría quizá habilitarse para bombardeo algún día. En Madrid encontramos un silencio cuidadoso y precavido. El Parlamento laico estaba disfrutando sus vacaciones de Navidad. Tardó todavía en reunirse quince días, durante los cuales, estas denuncias se hicieron públicas. Al reanudarse las tareas se planteó en el Parlamento tímidamente la cuestión, para dar pretexto a que el Gobierno hablara y tranquilizara la conciencia de los diputados. En cuanto el jefe del Gobierno y el subsecretario de Gobernación expusieron a su manera y de modo fraccionario y contradictorio su visión de los hechos, la Cámara concedió un voto de confianza al Gobierno socialista-republicano.

Naturalmente, el Gobierno lo había negado todo. Pero una fracción de la oposición pidió que sé designara una Comisión investigadora. El Gobierno se negó; pero a fuerza de insistir, y en vista del ambiente nacional creado alrededor de los sucesos de Casas Viejas, tuvo que acceder. La Comisión confirmó todas las denuncias. Entonces, el Gobierno declaró que no sabía nada.

Se enzarzaron Gobierno y oposiciones en un pleito en el que éstas lograron no sólo demostrar que el Gobierno estaba enterado, sino que había dado órdenes concretas sobre el caso de los fusilamientos. Los pormenores de los debates no interesan. Era, en definitiva, un pleito entre verdugos, donde se trataba de ventilar si las ejecuciones habían sido realizadas correctamente o no.

He aquí, en pocas líneas, la conducta de la República socialista ante los hechos: el Parlamento apoya y justifica al Gobierno, El Gobierno disculpa, rehabilita y defiende a las fuerzas represoras — Guardia civil y de asalto—. Éstas han asesinado a los campesinos hambrientos de Casas Viejas, defendiendo a los terratenientes feudales, monárquicos. La fuerza pública, el Gobierno, el Parlamento y la República socialista asesinan á los campesinos de Casas Viejas y confirman su sumisión ante los feudales terratenientes andaluces, qué hasta producirse la tragedia fueron monárquicos y combatieron a la República, y que ahora, agradecidos por la sangrienta represión, ingresan en los partidos republicanos.

Todo el aparato de la falsa democracia republicana se ha puesto en el Parlamento, en el Gobierno civil de Cádiz y en el pueblecito ensangrentado de Casas Viejas, al servicio del señor feudal, latifundista, católico y monárquico.

Entre los comentarios que los diputados de la mayoría ministerial hicieron a la exposición de la tragedia de Casas Viejas, destacó mucho éste:

—¡Sensiblerías y ventajitas!

A la mentalidad de ese diputado corresponde también la frase de aquel guardia de asalto:

—Está asomando la pestaña un manús...

Que se creyó en el caso de disculparse ante el juez con esas palabras antes de disparar sobre un campesino.

Menos mal que los socialistas siguen diciendo que ésta es una República democrática regida por intelectuales, y que desarrolla «una alta política». Claro que todo eso es compatible con el contento y la satisfacción con que los terratenientes andaluces monárquicos y feudales se acercan a los partidos republicanos y a los socialistas «dispuestos a colaborar con entusiasmo». «Ante todo, la Patria», como decía el jefe de los guardias en la plaza de Casas Viejas, antes de dar los tres vítores. Lo demás, la pugna parlamentaria de los partidos burgueses sobre Casas Viejas, no es sino lo que decíamos antes: una disputa entre verdugos ante los cadáveres calientes aún de sus víctimas.



Madrid, febrero de 1933.


Ramón J. Sender
Viaje a la aldea del crimen (Documental de Casas Viejas),  1933