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1245. Tina Modotti, por Pablo Neruda

Cuando quiero recordar a Tina Modotti debo hacer un esfuerzo, como si tratara de recoger un puñado de niebla. Frágil, casi invisible. La conocí o no la conocí?

Era muy bella aún: un óvalo pálido enmarcado por dos alas negras de pelo recogido, unos grandes ojos de terciopelo que siguen mirando a través de los años. Diego Rivera dejó su figura en uno de sus murales, aureolada por coronaciones vegetales y lanzas de maíz.

Esta revolucionaria italiana, gran artista de la fotografía, llegó a la Unión Soviética hace tiempo con el propósito de retratar multitudes y monumentos. Pero allí, envuelta por el desbordante ritmo de la creación socialista, tiró su cámara al río Moscova y se juró a sí misma consagrar su vida a las más humildes tareas del partido comunista. Cumpliendo este juramento la conocí yo en México y la sentí morir aquella noche.

Esto sucedió en 1941. Su marido era Vittorio Vidale, el célebre comandante Carlos del 5º Regimiento.

Tina Modotti murió de un ataque al corazón en el taxi que la conducía a su casa. Ella sabía que su corazón andaba mal pero no lo decía para que no le escatimaran el trabajo revolucionario. Siempre estaba dispuesta a lo que nadie quiere hacer: barrer las oficinas, ir a pie hasta los lugares más apartados, pasarse las noches en vela escribiendo cartas o traduciendo artículos. En la guerra española fue enfermera para los heridos de la República.

Había tenido un episodio trágico en su vida, cuando era la compañera del gran dirigente juvenil cubano Julio Antonio Mella, exiliado entonces en México. El tirano Gerardo Machado mandó desde La Habana a unos pistoleros para que mataran al líder revolucionario. Iban saliendo del cine una tarde, Tina del brazo de Mella, cuando éste cayó bajo, una ráfaga de metralleta. Rodaron juntos al suelo, ella salpicada por la sangre de su compañero muerto, mientras los asesinos huían altamente protegidos. Y para colmo, los mismos funcionarios policiales que protegieron a los criminales pretendieron culpar a Tina Modotti del asesinato.

Doce años más tarde se agotaron silenciosamente las fuerzas de Tina Modotti. La reacción mexicana intentó revivir la infamia cubriendo de escándalo su propia muerte, como antes la habían querido envolver a ella en la muerte de Mella. Mientras tanto, Carlos y yo velábamos el pequeño cadáver. Ver sufrir a un hombre tan recio y tan valiente no es un espectáculo agradable. Aquel león sangraba al recibir en la herida el veneno corrosivo de la infamia que quería manchar a Tina Modotti una vez más ya muerta. El comandante Carlos rugía con los ojos enrojecidos; Tina era de cera en su pequeño ataúd de exiliada; yo callaba impotente ante toda la congoja humana reunida en aquella habitación.

Los periódicos llenaban páginas enteras de inmundicias folletinescas. La llamaban "la mujer misteriosa de Moscú". Algunos agregaban: "Murió porque sabía demasiado."

Impresionado por el furioso dolor de Carlos tomé una decisión. Escribí un poema desafiante contra los que ofendían a nuestra muerta.

Lo mandé a todos los periódicos sin esperanza alguna de que lo publicaran. Oh, milagro! Al día siguiente, en vez de las nuevas y fabulosas revelaciones que prometían la víspera, apareció en todas las primeras páginas mi indignado y desgarrado poema.

El poema se titulaba "Tina Modotti ha muerto". Lo leí aquella mañana en el cementerio de México, donde dejamos su cuerpo y donde yace para siempre bajo una piedra de granito mexicano. Sobre esa piedra están grabadas mis estrofas.

Nunca más aquella prensa volvió a escribir una línea en contra de ella.


Pablo Neruda
"Confieso que he vivido. Memorias"
Capítulo 11 - La poesía es un oficio


Nuestro recuerdo a Tina Modotti, "nuestra María", que falleció el 5 de enero de 1942.









1050. Recordando a Tina Modotti

27 de Octubre de 1936

Ya para fines de octubre, Albacete es una torre de Babel. Un barco proveniente de Marsella trajo quinientos voluntarios, otros quinientos llegan a Alicante. Albacete, la base militar, no sabe ya ni a qué santo encomendarse. No llegan los camiones de aprovisionamiento. Los alemanes quieren cerveza, los italianos espagueti, los franceses patatas fritas, vino hay y mucho, pero todo lo demás falta. Nadie entiende a nadie. Los franceses, los belgas, los ingleses, los alemanes, se jactan de su formación de combatientes; estuvieron en la guerra de 1914 y presumen: “ Hemos combatido en los Balcanes, en el Marne, en los Alpes. En Libia. Tenemos experiencia, recibimos un entrenamiento; hicimos, al menos, nuestro servicio militar”. Desprecian a la gran mayoría que no tiene la menor disciplina e ignora hasta cuál es el cañón de un fusil. Los más calificados, los más políticos son comunistas, los demás tienen diferentes ideologías. “Babel, esto es Babel” dice Longo al caminar entre los campamentos. “Unirlos va a ser mi prueba de fuego”. ¿Qué voy a hacer con ellos? ¿Cómo voy a hispanizarlos?” Entre ellos se pelean comunistas con socialistas, anarquistas con antimilitaristas (que sin embargo piden fusil); elegirán a sus oficiales, a sus suboficiales, las medidas se discutirán y tomarán de común acuerdo: cualquier acción tiene que aprobarse y votarse. Los ingleses, los escoceses, los irlandeses, sobre todo, miran consternados. Ralph Fox, un joven inglés, escribe todas las mañanas en un cuaderno escolar antes de salir a entrenarse en las madrigueras cercanas. “Puedo organizar una comida con lo que tenga a la mano”, ofrece. “Lo malo es que no tenemos nada a la mano”. Seguramente los voluntarios de cincuenta y tres países incluyendo hindúes, argelinos, árabes, sudafricanos, latinoamericanos, esperaban otra cosa, pero ¿qué puede darles Luigi Longo si no tiene nada? “Paciencia, por el momento, les pido paciencia.” Gallo encanece. Lo peor es la falta de armas. ¿Qué va a ofrecerles a estos hombres que Malraux llamará más tarde voluntarios de la libertad? ¿Cómo unir a hombres tan dispares en una sola voluntad?

Radio Salamanca, de los nacionalistas, los trata de aventureros, canallas, piojosos malhechores, borrachos, criminales; las cárceles de Europa han abierto sus puertas para dejar salir a toda su podredumbre, su cloaca. Radio Salamanca se ensaña contra la horda del comunismo internacional, que vierte sus aguas negras sobre la tierra de España. En cambio, los nacionalistas reciben el apoyo de verdaderos ejércitos rigurosamente entrenados, de la Alemania de Hitler y de la Italia de Mussolini.

Así, por su idioma, se van dividiendo los voluntarios en brigadas, la Thaelmann de los alemanes, la Gastone-Sozzi de los italianos y suizos. El flujo de hombres y mujeres es cada vez mayor. Nino Nanetti los recluta, Palmiro Togliatti –Alfredo o Ercole, de la Comintern- y Pietro Nenni los transforman en unidades de ofensiva. Ludwig Renn, el alemán, escribe lo que ve; Gregory Stern toma el nombre de General Kleber; Mata Zelka, el húngaro, el de Paul Lukács. Las brigadas reciben entrenamiento del francés André Marty, un hombre duro, que instruye a la fuerza: “Las tres cosas esenciales para la victoria son la unidad política, líderes militares y disciplina” y les dice que están aquí para matar fascistas, no para suicidarse frente a ellos. No cree en el falso heroismo, “No tendréis condecoraciones o cruces de guerra, vuestras viudas no recibirán pensión. Ateneos a las consecuencias.” Entre tanto, los ingleses, irlandeses, franceses, los voluntarios de América tienen  que acostumbrarse a la falta de higiene, a la mala comida, a la incomunicación, pero sobre todo, y es lo que más les duele, a las armas obsoletas. Las piezas de artillería no sirven. Aunque André Marty advierte: “Los entrenamos para ser buenos soldados y salir a la acción bien equipados y con buenos fusiles; se avecina una guerra, no una masacre”, la verdad es que las armas no sirven y las pésimas condiciones de vida siguen igual.

La causa: esto es bueno para la causa, estos es malo para la causa. Ya no hay civiles en España, todos llevan uniformes. Las gorras, las botas, los zapatos pueden ser distintos, pero todos quieren que se les identifique como milicianos.

Circulan los porrones de vino y los extranjeros distinguen porque no saben recibir el chorro y por más que abren la boca, el vino les cae en la cara, en el pelo, y los demás ríen.

Cuando Tina regresa en tren a Madrid, al bajar en la estación e Chamartín va corriendo al cuartel de Francos Rodríguez. Vittorio ha salido a París con Matilde Landa.

¿Quién es ésta que ahora se apoya contra el muro? ¿Quién soy yo aquí clavada escuchando que Vittorio se ha ido con otra? Una inmensa opresión la paraliza, el ardor en su pecho se transforma en una aguda punzada. También el brazo izquierdo le punza, imposible moverlo, duele, duele tanto como su costado. “Soy una mujer inmune”, se repite. Pero no es cierto. Los celos desplazan un lugar en su corazón; sus latidos son puñetazos sonoros, nada los amortigua. Cálmate, camarada María, calma, calma, ¿no eres tan independiente de espíritu como él? Súbitamente se le aparece Edward, todo el color se ha ido de su rostro. Y yo que me burlaba de sus ataques de celos. Tina los descubre por primera vez y sabe que no hay antídoto contra semejante mal.

Sus pasos trastabillantes camino al Hospital Obrero son de anciana. O de ebria.

- Oye, parecemos una posesión rusa, Madrid está lleno de rubios deslavados. A mí no me gusta la gente así, tan sin color.

- ¿Qué te pasa, chica? –se enoja María Luisa Lafita con Mari Valero-. Estamos viviendo una revolución de gran alcance, esto ya nadie lo puede parar. ¿Qué daríamos por tener una revolución como la rusa?

- Yo sigo pensando que son muchos rusos.

Estas dos discuten siempre.

La Pasionaria las arenga: “Sed las heroínas de esta lucha gloriosa por la libertad del pueblo y la independencia de España.” “Las mujeres debemos exigir valor a nuestros maridos.”

Las madrileñas responden: “Si los hombres no defienden Madrid, lo defenderemos nosotras mismas. Moriremos antes que caer en manos de los moros. ¡Madrid no será nunca del fascismo!”

Pepe Díaz viaja por España enardeciendo a los hombres y a las mujeres que se agrupan en torno suyo. Jesús Hernández, Pietro Nenni y André Marty hacen lo mismo frente a las brigadas internacionales. “Las trincheras que surcan la tierra de España son los trincheras de la libertad de Europa.”

La rusificación es natural. En octubre, se celebra el aniversario de la Revolución Rusa y en los cines madrileños se exhiben El acorazado PotemkinEl asalto al Palacio de Invierno ,Lenin en octubre.

El Genil, un afluente del río Guadalquivir, rompe en dos un pueblo; la parte rica a la derecha, la pobre a la izquierda. Los de la derecha llaman al otro lado del río Genil, el izquierdo, Rusia. ¿Te vas a Rusia?” Allá están la UGT, la CNT, los jornaleros y los combatientes más aguerridos. Al niño de nueve años, Federico Álvarez, le dice su primo:

- ¿Sabes qué? Tu papá es ruso.

Federico corre a confesarse:

- Padre, mi papá es ruso.

- ¡Pero qué va a ser ruso, hijo mío, claro que no es ruso, quiérele mucho, quiérele mucho, yo casé a tu padre y a tu madre, no te digo más, quiere a tus padres, quiere a tus padres!

- Don Vicente, el confesor, abraza al niño.

Los muros de Madrid, cubiertos de propaganda prosoviética, hacen que la España republicana aguarde la llegada de los Chatos, los Moscas, los Katiushkas, los Ratas, los Natashas, aviones prometidos de la Unión Soviética. Cuando Águeda Serna Morales, Mura –como la llaman- los ve en el cielo dibujar con humo la hoz y el martillo, no cabe en sí de la dicha, “¡Ay, ya tenemos aviación, ya tenemos quien nos ayude, ya no estamos solos!”

- ¡No sabes lo bien que se ve cuando están ametrallándose arriba!

- Muchachas, entrad, entrad, es peligroso.

- No importa quien nos maten, ya llegaron los rusos, nos ayudan los rusos, nos mandaron aviación.

Mura se pone un pañuelo floreado en la cabeza y amarra las dos puntas bajo su mentón:

- Qué bonita, pareces rusa.

- ¡Qué bueno, me encantaría ser rusa! Es que yo desde jovencita he sido rebelde y no creo que Rusia me vaya a desilusionar jamás.

Lo que no saben sus compañeros es que la joven Mura está aprendiendo a dinamitar puentes. Después del primer bombardeo, cuando vio que los Junkers y los trimotores escogían las entradas del metro, los barrios populares y las colas de gente en espera de pan y leche para masacrarlos, decidió unirse a un grupo en la sierra que recibiría un entrenamiento especial guerrillero. La movilizaron para Extremadura. Más tarde la encontrará Ernest Hemingway y será el modelo de María, en la novela Por quién doblan las campanas.

Tina lee:

Se le vio caminando entre fusiles
por una calle larga
salir al campo frío
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
me osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos,
rezaron: ¡ni Dios te salva!
muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo
en las entrañas-.
Que fue en Granada al crimen
sabed -¡pobre Granada!., -¡en su Granada!

A Tina se le humedecen los ojos, no por Federico, por don Alejandro que murió. ¡Cuánto desea conocer a Antonio Machado, qué poeta maravilloso!


Elena Poniatowska
Tinísima, 1992









315. Tina Modotti en el recuerdo

Assunta Adelaide Luigia Modotti (Tina Modotti)
(Údine, Italia, 17 de agosto de 1896 - México DF, 5 de enero de 1942)


Tina Modotti ha muerto.

Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:
tal vez tu corazón oye crecer la rosa
de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.
Descansa dulcemente, hermana.

La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.

Pero es tu dulce tu nombre, pura es tu frágil vida:
De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma:
De acero, línea, polen, se contruyó tu férrea,
tu delgada estructura.

El chacal a la alhaja de tu cuerpo dormido
aún asoma la pluma y el alma ensangrentada
como si tu pudierás, hermana, levantarte,
soriendo sobre el lodo.

A mi patria te llevo para que no te toquen,
a i patria d enieve para que tu pureza
no llegue al asesino, ni el chacal, ni el vendido:
allí estarás tranquila.

¿Oyes un paso, un paso lleno de pasos, algo
grande desde la estepa, desde el Don, desde el frío?
¿Oyes un paso de soldado firme en la nieve?
Hermana, son tus pasos.

Ya pasarán un día por tu pequeña tumba,
antes de que las rosas de ayer se desbaraten.
Ya pasarán a ver los de un día, mañana,
donde está ardiendo tu silencio.

Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana,
avanza cada día los cantos de tu boca
en la boca del pueblo glorioso que amabas.
Tu corazón era valiente.

En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas
polvorientas, algo se dice y pasa,
algo vuelve a la llama de tu dorado pueblo,
algo despierta y canta.

Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre,
los que de todas partes, del agua, de la tierra,
con tu nombre otros nombres callamos y decimos,
porque el Fuego no muere.


Pablo Neruda
México, enero de 1942
Del poemario Tercera residencia










118. Tina Modotti, “nuestra María”





No podíamos creerlo. El mundo de los anti fascistas fue profundamente conmovido. Una mujer extraordinaria había muerto. Nuestras banderas rojas se inclinaron (...). ¡Qué día amargo debe haber sido, Tina, cuando te enterraron en tierra mexicana, a ti, quien había vivido rodeada por los fuertes, por los que nunca dejan de luchar por un mundo mejor y los que defienden la verdad contra la mentira de los que sólo conocen el poder y la especulación! No fuiste una refugiada cualquiera que había muerto; fuiste un símbolo que estaba naciendo. Después de treinta años, las mujeres seguimos aprendiendo de ti, de tu dedicación, de tu lucha por la causa del proletariado, de tu solidaridad con los que sufren. ¿Cómo puedo olvidar yo, mujer española en el exilio, tu ejemplo extraordinario? Las lágrimas son poco [...] Quiero que un día, un joven grabe en las rocas de la Sierra de Guadarrama el nombre que nadie puede borrar de nuestra memoria: Tina Modotti. Nuestra María". (María Teresa León)


María Torres / Enero 2011

Tina fue un ejemplo de compromiso, un ejemplo con el género humano que la llevó a luchar en el Estado Español contra la rebelión fascista. Un ejemplo que en pleno siglo XXI sigue de vigente actualidad, pues siguen siendo necesarias personas como ella, de ideas claras, compromiso decidido y corazón sencillo.

El 21 de junio de 2009 la agrupación del Partido Comunista de Getafe cumplió este deseo de María Teresa León colocando en esa sierra una pequeña placa con el nombre de "nuestra María".

Vivió una vida intensa, profunda y comprometida. Revolucionaria, de las que creía que otro mundo era posible. Se preocupó de los desfavorecidos, los refugiados, los olvidados de cualquier país. Su sensibilidad le permitió retratar por primera vez, desde la visión de una “extranjera”, la realidad de México, descubriéndolo y descubriéndose al mismo tiempo.

Su vida privada fue escudriñada por el poder que la utilizó como atracción pública en un juicio en el que se demostró que la situación de las mujeres mexicanas era de plena sumisión, y que a la vista de los hombres no tenían valor alguno o si acaso un valor secundario.

Siempre fumando, siempre con su chaqueta negra, su falda negra, unos zapatos de tacón bajo, una blusa blanca y el pelo recogido en un moño. Esta era la indumentaria que Tina llevó casi toda su vida. No podía pasar por su cabeza tener o ser más que nadie.

Assunta Adelaide Luigia Modotti, nació el 17 de agosto de 1896 en Udine, una pequeña ciudad de fábricas textiles en el norte de Italia. Su padre, Giuseppe Modotti, era mecánico y su madre, Assunta Mondini, ama de casa. Tina se educó en escuelas italianas y austriacas, pero debido a los bajos recursos económicos con los que contaba su familia, a los 12 años se vio obligada a trabajar en una de las fábricas textiles de su ciudad natal, aunque este hecho no mejoró la situación económica familiar.

Cuando tenía diecisiete años, emigró a Estados Unidos con su familia, donde comienza a trabajar en una fábrica de seda (de 1913 a 1914) y después como modista hasta 1917. Tenía 21 años cuando se casa con el poeta y pintor Roubaix de l’Abrie Richey quien la introdujo en el mundo cultural de los Ángeles y durante los años veinte fue protagonista de cuatro películas en el Hollywood del cine mudo.

Su relación con Robo se rompe cuando conoce al excelente fotógrafo americano Edward Weston, con quien empieza a colaborar como modelo, de quien aprendió fotografía y con el que se marchó a México en 1922. Allí trabajó como fotógrafa profesional y modelo. Conmovida por la explotación en la que vivía la clase trabajadora de la posrevolución mexicana, Tina se convierte en activista revolucionaria desde principios de los años veinte, desarrollando fuertes lazos con miembros del grupo de la Unión Mexicana de Artistas como Diego Rivera, Frida Khalo, David Alfaro Siqueiros, José Clemente de Orozco, y con del general de la Revolución Manuel Galván.

Por su casa pasaban John dos Passos, Alexandra Kollontai, Cesar Augusto Sandino, Rene de H’arnoncourt y Katherin Anne Porter. Era la fotógrafa de Dolores del Río, Antonieta Rivas Mercado y de mujeres y niños anónimos, flores, plantas y campesinos. Tina llegó a identificarse totalmente con el país, sin embargo, su actitud y costumbres chocaron con la moral provinciana del México de la época.

Mantuvo una relación con el muralista Xavier Guerrero, quien la introdujo en el Partido Comunista en 1927. Participó activamente en la campaña "Manos fuera de Nicaragua" en apoyo a la lucha de Augusto César Sandino y ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano. En 1928 conoció a Julio Antonio Mella, en una manifestación en protesta por la ejecución de Sacco y Vanzatti. Julio Antonio era un dirigente estudiantil cubano que más tarde fundaría el Partido Comunista Cubano. Vivieron tres meses juntos. El 10 de enero de 1929, una fría noche de invierno, murió tiroteado en sus brazos.

En 1930 es acusada falsamente de conspirar para asesinar al presidente de México Pascual Ortiz Rubio. Fue sometida a juicio y expulsada del país. En su marcha se detuvo en Berlín, allí tomó sus últimas fotografías, mientras los camisas pardas se iban haciendo, legalmente y a puñetazos, con el poder. Desolada, se fue a Moscú. Ya convertida en activista de Socorro Rojo Internacional, vivió en pareja con Enea Sormenti, alias Vittorio Vidali, a quien había conocido en México y que más tarde se convirtió en el Comandante Carlos del Quinto Regimiento en la España de la guerra civil, del que decían que tuvo algo que ver con el asesinato del cubano Mella. En Alemania fue agente del Comintem. Colaboró llevando dinero para sacar presos de las cárceles nazis, ayudando a los trabajadores en huelga, atendiendo a los huérfanos que el capitalismo salvaje iba dejando a su sombra.

Cuando estalló la revolución asturiana de 1934, intentó entrar en España para ofrecer su ayuda, pero no lo logró hasta 1935. Desde Madrid se trasladó a una Asturias derrotada, repleta de muertos, presos y hombres exilados y ella, la antigua modelo y actriz de Hollywood, se mimetizó con las mujeres y los hombres que mantenían las organizaciones de clase declaradas fuera de la ley por el gobierno del Bienio Negro.

Después de la rebelión militar, en 1936, se alistó al Quinto Regimiento y trabajó con las Brigadas Internacionales, con el nombre de María. Combatió en la Guerra española, desde un hospital, encargándose de los heridos y los niños que llegaban destrozados por las bombas. Trabajó con Alberti, Machado, María Teresa León, Neruda, Hernández, Connie de la Mora y tantos otros. Y escribió en la revista de Socorro Rojo, para más tarde, en 1939, exiliarse en México.

Continuó con su actividad política a través de la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi y en 1940 el gobierno de Lázaro Cárdenas anuló la expulsión que se había decretado contra ella en 1930, el mismo año que dejó de hacer fotografías. Nunca más quiso tomar una cámara en sus manos.

Rodeada de unos pocos amigos sobrevivió sus últimos tres años, hasta que en la noche del 5 de enero de 1942, al salir de la casa de su amigo Hannes Meyer, para dirigirse a la suya, la sorprendió la muerte en forma de un improbable ataque al corazón. Tenía 46 años.

Se la enterró en la parte más pobre del Panteón de Dolores en la Ciudad de México, pero su piedra funeraria lleva grabados los primeros versos del poema que le escribió Pablo Neruda.

Tina Modottí, hermana, no duermes, no, no duermes
Tal vez tu corazón oye crecer la última rosa
De ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa
Descansa dulcemente, hermana.

“Puro es tu dulce nombre, pura es tu frágil vida.
De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma
De acero, línea, polen se construyó tu férrea,
tu delgada estructura.

(Versos de Pablo Neruda esculpidos en la tumba de Tina,
ubicada en el Panteón de Dolores, en la ciudad de México)


Libro recomendado: "Modotti, una mujer del siglo XX", Ángel de La Calle, Editorial Sinsentido, 2007