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3236. Ana María Martínez Sagi, directiva del Barcelona F.C.

Ana María Martínez Sagi, bien conocida de los lectores de Crónica por sus ágiles reportajes, por sus delicadas notas femeninas, ocupa el primer lugar de la actualidad deportiva en Barcelona, en estos momentos. Ha sido nombrada directiva del Barcelona F.C. Creo que es el primer caso en Barcelona, y probablemente en España, de que una mujer vaya a compartir con los hombres las responsabilidades, los sinsabores, las luchas heroicas, que lleva consigo la dirección de un club de fútbol. No sé por qué ha de ser más difícil llevar el timón de una entidad futbolística que cualquier otra. Pero resulta así. Un club de fútbol es un semillero de pasiones, de desconfianzas, de recelos, de contiendas. Las pasiones se ponen al rojo vivo con el menor pretexto. El socio de un club de fútbol propende a ver mala fe, espíritu de lucro, incapacidad, en los mismos a quienes eligió para desempeñar las funciones directivas. Por eso, cualquier asamblea de cualquier club de fútbol español tiene los caracteres bélicos de «un partido amistoso»... 

El Barcelona F.C. no podía escapar a esta ley general. Es más, había llegado a una situación insostenible por la violencia con que jugaban las pasiones. No se podía seguir así ni un momento más. Pero en la asamblea en que se puso en evidencia esta situación desesperada no había manera de ponerse de acuerdo. Y se apeló a una solución extrema. Se dio un voto de confianza a José Suñol y Garriga, gran prestigio deportivo, para que designara él mismo la Directiva que entendiera podía normalizar la vida del club. Y Suñol reunió unos nombres con tal acierto, que no hubo discusión acerca de ellos. La Junta directiva así nombrada se aceptó por unanimidad.

Suñol es quien ha tenido el gesto de llevar a una mujer a la Junta directiva del Barcelona. Y esta mujer ha sido Ana María Martínez Sagi, que no sólo es una deportista notabilísima, sino una escritora deportista que goza de gran crédito y que aportará al cargo para el que ha sido designada una capacidad evidente, un admirable sentido práctico y una visión certera de los asuntos sociales y deportivos. 

Ana María Martínez Sagi pertenece al equipo de La Rambla, el gran periódico, mitad político, mitad deportivo, que ha conseguido el éxito más popular de estos últimos años. Su lema «sport y ciudadanía» fué un acierto magnífico. Interesar en las cosas políticas a la juventud, absorbida por el furor deportivo, fué una idea estupenda. Tanto, que a los pocos números de la nueva publicación la juventud barcelonesa ponía en las discusiones políticas el mismo apasionamiento que en las controversias deportivas. En los grupos que se solían formar en la Rambla de Canaletas, al finalizar los partidos de fútbol, se hablaba tanto de política como de deporte. Y este milagro fué obra de La Rambla, de José Suñol y de los redactores de su periódico.

Entre ellos, destacaba, con su recia personalidad, Ana María Martínez Sagi, temperamento dinámico, desbordante, que lo mismo enjareta un artículo político que juega al basquet, o nada, o rema; que lo mismo redacta un reportaje que da una conferencia o redacta un oficio en la oficina, o infunde ánimo al Club Femenino de Deportes... 

Y Suñol, que conoce perfectamente las dotes que adornan a su inteligente colaboradora, la ha llevado a la Directiva del Barcelona.

Por sorpresa. Sin decirle nada. Ana María no había pensado nunca en la posibilidad de figurar en la Junta directiva de un club de fútbol. Había imaginado ocupar cargos, unos más importantes, otros de menos categoría. Pero éste, no. Su primer impulso fué negarse a aceptar. Pero entendiendo que la mujer no debe quedar al margen de las actividades sociales, de las inquietudes ciudadanas, se decidió a aceptar.

¿Con qué proyectos? Según Ana María, con el propósito de cumplir con su deber lo mejor posible, de trabajar, de corresponder a la confianza que en ella se ha depositado... Y con el ánimo de salir airosa de la dura prueba, para que se borre ese prejuicio que coloca a la mujer en un lugar de subordinación. 

Desde su nuevo cargo quiere trabajar por el mejoramiento físico y moral de la mujer. Establecer clases de gimnasia para las mujeres. Preparar a conciencia a las niñas que quieran cultivar el deporte, protegiéndolas del peligro de actuar sin control. Organizar cursillos, conferencias, excursiones; hacer una labor cultural eficaz en todos los momentos.,. 

La experiencia es interesante. Y una mujer de las condiciones de Ana María Martínez Sagi, intelectual y deportista, con talento y actividad, con sentido práctico e idealista, puede proporcionar a su sexo un triunfo resonante en una batalla decisiva. 

Ahora, que los socios no le pierdan la consideración debida en los «partidos amistosos» que suelen ser las asambleas... 


Braulio Solsona
Crónica, 26 de agosto de 1934






1764. Día de Reyes



"Este hecho sucedió el día de Reyes del año 1949, cuando me faltaba un mes para cumplir 9 años. Sólo quienes han vivido en aquellos años pueden comprender la emoción que unos niños llegaron a sentir al ver por primera vez en su vida un balón de reglamento. Yo vivía cerca de un barrio de gente bien. Mis amigos y yo éramos hijos de gente obrera más pobres que las ratas. Nos juntábamos a la recacha de una casa solitaria que estaba cerca del llano en donde jugábamos a la pelota. Ibamos llegando de uno en uno, todos iguales, tiritando de frío con las manos en los bolsillos y las caras mohinas. Todos preguntábamos "¿qué te han echado los Reyes" y todas las respuestas erán iguales, "nada, ni un triste caramelo". El de Reyes era para nosotros el día más triste del año. Cuando ya estábamos todos para jugar el partido con nuestra pelota de trapo tuvimos una aparición que para nosotros fue más que divina. Se trataba de un niño con un equipo completo de fútbol con sus botas de reglamento, con tacos de Spy y debajo del brazo un balón que nosotros sólo habíamos visto en los cromos en los que aparecían los porteros agachados con su gorra y sus guantes apoyados en él. Todos al mismo tiempo nos fuimos hacia el niño diciendo: "Vamos a jugar", pero su respuesta fue un "no" tajante así que empezamos a hacerle la pelota, pero nada, que no había manera. Pero para nosotros estaba claro que teníamos que jugar con el balón, así que me acerque al niño por detrás le di con mi puño al balón y éste salto. Creo que no llegó a tocar el suelo, pues antes ya estábamos dándole patadas. Enseguida formamos dos equipos. El niño se fue llorando y nosotros estuvimos jugando toda la mañana hasta que el niño llegó acompañado de su padre. Allí se quedaron los tres, el niño, su padre y el balón. Nosotros desaparecimos. Ese fue el mejor día de Reyes de nuestras vidas".

"A mí al poco aquello se me olvidó, pero unos cuantos días después mis padres recibieron una carta del Tribunal Tutelar de Menores en la que se les decía que uno de ellos había de presentarse allí conmigo. "¿Se puede saber qué has hecho para tener que ir a un sitio así?", me preguntaba mi madre. Yo no era consciente de haber hecho nada malo, pero cuando llegamos al tribunal y vi que allí estaba el padre con el niño ya supe de qué iba la cosa. Primero entramos nosotros. Yo iba temblando el juez me tranquilizó y me dijo: "Cuéntamelo todo tal y como sucedió". Cuando lo hice, el juez añadió: "tiene que haber algo más, porque este hombre te acusa de haber amenazado de muerte a su hijo para quitarle el balón. ¿Eso es verdad?". "Lo que pasó ya se lo he contado", le contesté yo. Entonces el juez se quedó un momento callado mirándome y luego se dirigió a mi madre diciéndole: "Señora, llévese de aquí a este niño". Nunca volví a tener noticias de aquello, pero el miedo que pasé se me quedó grabado para siempre y si hoy escribo ésto es en homenaje a un juez justo y humano que tuve la suerte de encontrar en mi vida, porque yo el único crimen que cometí fue el de tener la osadía, y más en aquellos años, de quitarle por un rato el balón al hijo de un señorito".


Carlos Elordi
Los años difíciles, 2002










1560. Bebel García y su última voluntad

Bebel García, segundo por la izquierda



La Coruña, verano de 1936: Bebel García muere fusilado.
Bebel es zurdo para jugar y para pensar.
En el estadio, se pone la camiseta del Depor.
A la salida del estadio, se pone la camiseta de la Juventud Socialista.
Once días después del cuartelazo de Franco, cuando acaba de cumplir veintidós años, enfrenta el pelotón de fusilamiento:
–Un momento –manda
Y los soldados, gallegos como él, futboleros como él, obedecen.
Entonces Bebel se desabrocha la bragueta, lentamente, botón tras botón, y de cara al pelotón echa una larga meada.
Después, se abrocha la bragueta:
–Ahora sí.

Eduardo Galeano, "Espejos. Una historia casi universal"



María Torres / 29 Julio 2015

Bebel García García fue ejecutado con tan solo 22 años junto a su hermano France, el 29 de julio de 1936 en Punta Herminia, A Coruña. Su última voluntad antes de que el pelotón de fusilamiento acabara con su vida fue orinar ante sus verdugos.

Había nacido en Ribadeo (Lugo) en el seno de una numerosa familia de 8 hijos.  Su padre, destacado militante socialista, fue desterrado de Ribadeo por su ideología, lo que obligó a la familia a trasladarse a A Coruña. En el Barrio de Monte Alto establecieron su vivienda y su negocio, una pequeña fábrica de lejía, dedicándose a su venta y distribución.

Los hermanos de la lejía, apodo por el que eran  conocidos, ostentaban nombres de personalidades de izquierda como Bebel, Jaures, France, Voltaire, Berthelot, etc.  a excepción del mayor, José, conocido por Pepín, el único que pasó por la pila bautismal.

Todos abrazaron la ideología paterna, se afiliaron a las JSU, y ayudaban al padre en el negocio familiar repartiendo lejía por la ciudad. Los cuatro hermanos mayores eran aficionados al deporte. José destacó en atletismo y ciclismo y France en boxeo.

Bebel se convirtió en jugador del Deportivo, donde actuó durante cuatro temporadas en segunda división, unas veces como extremo derecho, otras como delantero. Cuentan que tenía buenas condiciones para el fútbol a pesar de su escasa estatura.

Bebel y France fueron arrestados en 1935 por un incidente en el fortín militar de Adormideras. Según relata El Compostelano con fecha 28 de marzo de 1935, los dos hermanos junto a otros cuarenta individuos, vestidos de rojo, hicieron "ejercicios de formación y entonaron cantos subversivos". El gobernador civil declaró no estar dispuesto a permitir en la provincia la menor sombra revolucionaria y acordó encarcelarles e imponerles una multa de 250 pesetas por "considerarles incursos en actos contra el orden público"

El 20 de julio de 1936 los hermanos García tomaron parte en la defensa del Gobierno civil de A Coruña. Cinco días más tarde Bebel, France y Jaurés serían detenidos en Santa Mariña, Guitiriz, cuando huían hacia Asturias. José logró escapar y se incorporó al EPR.

Tras una parodia de juicio militar sumarísimo, acusados de rebelión militar, fueron condenados a la pena de muerte. Bebel y France serían ejecutados el 29 de julio de 1936. Jaurés, que no alcanzaba la mayoría de edad, condenado a cadena perpetua, aunque un año después los rebeldes acabarían su vida en un traslado de presos. Apareció muerto junto al cementerio de San Amaro.

En el año 2002 el Ayuntamiento de A Coruña dedicó una calle a los hermanos García, los hermanos de la lejía.










1393. Republicano, fraile y presidente del Madrid

Miguel Ángel Lara / Marca.com

Poco después del mediodía del jueves 2 de abril de 1964, en una celda del convento de los Dominicos de Villava (Navarra), se apagó la vida de Rafael Sánchez-Guerra. Murió acompañado por su hija Rosario y sus hermanas (Emilia, María y Constancia) después de pedirles con su último hilo de voz que rezaran junto a él una Salve que no llegó a completar. Se iba una vida de película, la de un hombre que combatió en la Guerra de África, un republicano convencido pesadilla de Primo de Rivera y que se negó a abandonar Madrid durante la Guerra Civil, secretario de la Presidencia de la República, preso franquista, fraile… y presidente del Real Madrid.

Nacido en Madrid el 28 de octubre de 1897, Rafael era hijo de José Sánchez Guerra, presidente del Consejo de Ministros entre diciembre y marzo de 1922 y ministro en diferentes carteras durante el reinado de Alfonso XIII como miembro del Partido Liberal Conservador, además de gobernador del Banco de España. Apasionado por el fútbol desde niño, Rafael estudió en el Colegio del Pilar, cuna de políticos y también de jugadores del Madrid. En sus aulas conoció a Réne Petit. Licenciado en derecho, hizo del periodismo una de sus formas de vida.

En 1918 fue llamado a filas y pidió su ingreso voluntario en los Regulares para combatir en Marruecos. Así, pasó a formar parte de los Regulares. El 23 de julio de 1921 fue herido gravedad en el barranco de Farhana, a tres kilómetros de Melilla, en la pierna izquierda. Tras mes y medio de recuperación en un balneario de San Sebastián, pidió su regreso a África, donde permaneció hasta septiembre de 1923. Como herido de gravedad habría podido evitar la vuelta al frente africano.

De regreso a Madrid, con 26 años, se entregó de manera total a la causa republicana desde sus ideas conservadoras. Junto a su padre tomó parte activa del levantamiento republicano fracasado de 1929 y sus artículos en ABC y otras publicaciones fueron un azote para el dictador, Primo de Rivera. Hombre de confianza de Niceto Alcalá Zamora y gran amigo de Julián Besteiro y Miguel Maura, fue elegido concejal por Madrid en las elecciones del 12 de abril de 1931, las que acabaron con la proclamación de la II República. Él fue la persona que apareció en el balcón del Ayuntamiento de Madrid (hoy sede de la Comunidad en la Puerta de Sol) exhibiendo la bandera republicana el 14 de abril.

Rafael Sánchez-Guerra fue Secretario de Presidencia de la República desde la llegada al poder de Alcalá Zamora hasta la victoria del Frente Popular en 1936. Durante ese tiempo también alcanzó su sueño de ser presidente del Real Madrid. Tras no superar la fuerte oposición de las fuerzas más conservadoras del madridismo en 1933, dos años después, con su entonces amigo Santiago Bernabéu claramente en contra, llegó a la presidencia. La renovación de la masa social blanca, una fuerte abstención en la votación de los más conservadores, un buen acuerdo con el Banco Urquijo y la presencia en su junta de dos pesos pesados de la anterior (Valerio Ribera y Gonzalo Aguirre) le dieron una clara victoria con 442 votos a favor.

Su llegada a la presidencia fue un soplo de aire fresco para el Madrid. Sánchez-Guerra impulsó la idea que llamaba "fútbol a peseta" para hacer del equipo blanco un fenómeno de masas. Gracias a él, y para horror de los más antiguos, cada socio tuvo derecho a voto. Con los fichajes de Lecue, Kellemen y Alberty, el Madrid ganó la última Copa de la República (al Barça en Mestalla) y su presidente lanzó el proyecto de levantar un gran estadio en la calle de Alcalá, frente a la plaza de toros. Pero el estallido de la Guerra Civil acabó con aquel sueño.

El levantamiento liderado por Franco, del que siempre dijo que "no tienen ni tendrá ningún valor intelectual", hizo que el Madrid pasara a ser gestionado por el Frente Popular. El 4 de agosto el club pasó a ser dirigido por una junta encabezada por Juan José Vallejo, presidente de la Federación Deportiva Obrera. Sánchez Guerra desaparecía del club.

A pesar de que se le ofreció huir de Madrid e irse con el gobierno a Valencia, Sánchez Guerra se negó. "Decidí permanecer en Madrid porque mi identificación era con el pueblo", escribió años después. A pesar de su posición de republicano conservador, fue siempre respetado por socialistas y comunistas. Nunca ocultó su desacuerdo con ciertos comportamientos y no dudó en criticar a ciertos dirigentes extremistas instalados en la capital a los que consideraba desertores del frente y cobardes por haber abandonado a sus compañeros para refugiarse en despachos. Durante la defensa de Madrid tuvo cargo de oficial en el Ejército de la República.

Cercano siempre a Besteiro, era habitual verle por Madrid con Antonio Ortega, coronel comunista, miembro de la directiva del Madrid durante la guerra y que murió ejecutado a garrote vil en Alicante al tomar esta ciudad las tropas franquistas. Y, sobre todo, fue hombre de confianza del coronel Segismundo Casado, el hombre que trató de alcanzar una paz negociada con Franco.

El 28 de marzo de 1939, a primera hora, sonó el teléfono de la casa de Sánchez Guerra en el número 18 de la Claudio Coello. Era Casado. Después de haber dominado Madrid en el llamado 'golpe casadista' contra los comunistas de Negrín con el fin de evitar el último impuso prosoviético y fracasar en las negociaciones para una rendición pactada con Burgos, Casado decidió huir a Gandía. Citó a Sánchez-Guerra en el Ministerio de Hacienda, donde le informó de sus intenciones y le pidió que se fuera con él. El diálogo fue breve. "¿Qué hace Besteiro?", preguntó Rafael. "Se queda" dijo Casado. "Pues no hay más que hablar. Yo también", espetó el ex presidente blanco. Besteiro queda en Madrid como máxima autoridad republicana y como tal tenía que entregar la capital a las tropas franquistas. Entre Besteiro y Sánchez Guerra, ya con todo perdido, tomaron la simbólica decisión de nombrar último alcalde del Madrid republicano a un anarquista: Melchor Rodríguez García.

Allí, en Hacienda esperó Sánchez-Guerra la detención. Después de no reconocer a una pareja de jóvenes requetes, tuvo que ser la Guardia Civil la que le llevara a la cárcel de Porlier y de allí a la de las Salesas. El 9 de junio de 1939 conoció su condena. En ella se explicaba que lo natural, por la fidelidad la República, era la pena de muerte, pero que se cambiaba por la "reclusión permanente" por su denuncia y postura en el asesinato de José Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936, además de un catolicismo al que nunca renunció.

Arrancó allí su recorrido por varias cárceles franquistas en las que vio el horror, conoció la corrupción del padre Elías en el Castillo de Cuéllar (ni eso le hizo dudar de sus convicciones religiosas) o escuchó con estupor como un comerciante al que le tocó atender en un una sala de espera al tener trabajo de ofician le explicaba que venía a vender una máquina capaz de matar a 3.000 presos en media hora.

A finales de 1941, cuando en el Penal del Puerto de Santa María se había convertido en el lector de libros para los presos que no sabían leer (les estaba leyendo 'Disraeli', de André Maurois), le llegó la libertad gracias a las gestiones de su primo hermano, Antonio Barroso Sánchez-Guerra, ministro el Ejército. Fue detenido de nuevo, pero logró escapar y cruzar la frontera francesa en 1946.

En París se le nombró Ministro de la República en el Exilio. La muerte de su mujer, Rosario, a la que consideró siempre la gran víctima de su vida, le hizo caer en una profunda depresión. A principios de 1960, de nuevo su primo hermano intercedió para que pudiera volver a España. Franco exigió garantías y llegaron con su ingreso en febrero en el Noviciado de Hermanos Cooperadores de Villava, donde recibió el Hábito de Honor.

Allí encontró la paz que buscaba… y el fútbol. A pesar de su edad, volvió a tocar la pelota y dirigió los partidos entre los novicios. Un año antes de su muerte, el 6 de abril de 1963, le avisaron que tenía visita, algo que no era frecuente. Cuando salió se encontró con Santiago Bernabéu y todo la expedición del Real Madrid que al día siguiente jugaba con Osasuna en Pamplona (1-1, Hormaechea y Puskas). Fue idea del presidente blanco, que había combatido en el bando rebelde durante la guerra y del que le había separado un mundo desde aquellas elecciones madridistas de 1935.

"Nunca lo hubiera podido imaginar" dijo Sánchez Guerra cuando Bernabéu abandonó el convento junto a Miguel Muñoz, Puskas, Gento, Amancio, Müller, Pachín y compañía.










1077. Recordando a Ricardo Zamora, "El divino"

Homenaje al guardameta nacional Ricardo Zamora. Revista Mundo Grafico, 26 diciembre 1934 



María Torres / 8 Septiembre 2014

Ricardo Zamora, "el divino", fue el gran portero del futbol español, el primer futbolista profesional y el primer ídolo de masas del deporte español.  Tras su paso por el Barça y el Espanyol, fichó por el Real Madrid tras pago de 100.000 pesetas de la época .

Recibió "La Orden de la República" de manos de Niceto Alcalá Zamora el 20 de noviembre de 1934, en un partido homenaje a su figura disputado en el Estadio de Chamartín entre las Selecciones de España y Hungría.  El resultado fue de 6-1.

En febrero de 1936, en Montjuic, se enfrentan en un encuentro amistoso las Selecciones de España y Alemania. Al sonar el himno del III Reich, («Canción de Horst Wessel»),  los jugadores de Joseph Goebbels que decía QUE “Ganar un partido de fútbol es más importante para la gente que capturar una ciudad del Este”, extendieron el brazo y cuadraron el saludo nazi. Zamora, molesto e indignado con el proceder de los alemanes y como capitán del equipo español,  cuando empezaron los acordes del himno de Riego, levantó con rabia su puño izquierdo.  

Unos meses más tarde, en junio de 1936, el republicano Madrid Futbol Club, venció la Copa de la República (Campeonato de España de 1936) tras imponerse el Madrid por 2-1 al FC Barcelona en el campo de Mestalla, y Ricardo Zamora comunicó que concluía su carrera como futbolista. Tenía entonces 35 años.  En la cena de celebración de la victoria "El divino" terminó su alocución con un "Viva Valencia, el Madrid y España". Un periodista añadió "y viva la República también". Pero Zamora permaneció en silencio.

El golpe de estado contra la República le sorprendió en Madrid, cuando trabajaba como redactor de deportes en el diario Ya, un medio ligado a la Iglesia.  En esos convulsos días en el Madrid de julio de 1936, Ricardo Zamora fue perseguido, detenido por milicianos y trasladado a la cárcel Modelo. Allí permaneció durante la masacre de Paracuellos. Parece ser que iba a ser sacado de la cárcel con un grupo de presos, cuando fue reconocido por un miliciano que le salvó la vida (Pedro Luis Gálvez). "Le dijo que se fuera con él y consiguió abandonar el camión que le hubiera llevado a una muerte segura”, según relataba su hijo años después.

Corrió incluso el rumor de que había sido fusilado, y distintos medios se hicieron eco de su supuesta muerte, pero al descubrirse su encarcelamiento, el mundo del futbol se movilizó para solicitar su libertad. Gracias a la ayuda del anarquista Pedro Luis Gálvez (que sería fusilado en 1940) y a la Embajada de Argentina, consiguió salir de la cárcel en noviembre de 1936  y viajar a Valencia para reunirse con su familia, emprendiendo después su marcha a Francia.

Los franquistas le invitaron a regresar a España. La respuesta, que les enfureció, llegó a través de una entrevista en el periódico francés Sport, órgano oficial de la Federación Deportiva y Gimnástica de los Trabajadores: "Entiéndanlo bien, jamás iré a Burgos. Si hiciera política sería siempre a servicio del pueblo, a su favor". En otra entrevista publicada en la Correspondencia de Valencia señalaba: "Decid en España que yo no soy fascista, que mi único deseo es regresar allí, trabajar para mi patria con total seguridad".

En Burgos se le señaló y se le puso en la lista de la Ley de Responsabilidades Políticas. Sancionada el 9 de febrero de 1939, en su punto N establecía penas por: "Haber salido de la zona roja después del Movimiento y permanecido en el extranjero más de dos meses, retrasando, indebidamente su entrada en el territorio nacional". Mientras, la República le denominada el "ex-muerto" y le acusaba de jugar a dos bandas en sus discursos y de no existir impedimento alguno para que regresara y “trabaje, como dice, a favor del pueblo”.

Y regresó a España a través de San Sebastián en 1938. Instalado en "zona nacional", participó en partidos en beneficio del “aguinaldo del soldado” con una selección de jugadores sublevados y la Real Sociedad. También colaboró con organizaciones juveniles de Falange, jugando con viejas glorias del FC Barcelona frente a jugadores del Europa en beneficio de las Organizaciones Juveniles de las FET de la JONS, pero esta actuación tampoco le libró de ser procesado y encarcelado por los franquistas. El Consejo Nacional de Deportes le inhabilitó durante seis meses. Más tarde decidió aceptar el cargo de entrenador del Atlético Aviación, Así reanudó su carrera deportiva que le condujo a ocupar el cargo de Seleccionador Nacional en 1952. 

El portero que el 5 de junio de 1934, al regreso del Mundial de Italia, era la estrella en el paseo en autobús desde el puerto de Barcelona hasta los Jardines de la Exposición entre banderas republicanas sería años después condecorado por Franco con la Gran Cruz de la Orden de Cisneros.

Falleció el 8 de septiembre de 1978.














1070. Batallón Deportivo, futbolistas en la defensa de Madrid



Miguel Ángel Lara / Marca.com 

En septiembre de 1936 las tropas sublevadas el 18 de julio se acercaban a Madrid. Talavera de la Reina había caído, el Ejército de Marruecos se aproximaba a la capital de España y el día 4 Azaña, presidente de la República, solicitó al socialista Largo Caballero la formación de gobierno tras el fracaso del presidido por José Giral. Faltaban dos meses para que el frente se estabilizara en Madrid, pero las calles madrileñas eran un hervidero en las que se estaba gestando el ‘No pasarán’ que iba a durar hasta la entrada de las tropas franquistas el uno de febrero.

Los deportistas del Madrid republicano no se iban a quedar al margen de la defensa de la ciudad y la formación de tropas gremiales. A mediados de septiembre se creó el Batallón Deportivo, en el que la Federación Española de Fútbol tendría un papel esencial. Ocupada por milicianos la Federación Castellana de Fútbol, la Española decidió ceder sus poderes y con los fondos que existían se decidió la formación del Batallón Deportivo, en el que además de futbolistas había boxeadores, atletas, árbitros… La sede del Madrid F.C., en el Paseo de Recoletos, se convirtió en la sede del Batallón.

Los uniformes del Batallón Deportivo lucían insignias bordadas con los colores con los que la selección española había jugado sus partidos hasta el inicio de la guerra. A la primera compañía que se formó se le puso el nombre de José Sunyol, el ex presidente de la Federación Catalana y del Barcelona y miembro de Ezquerra que había sido fusilado en el madrileño puerto de Guadarrama por los rebeldes.

Al mando de una de las unidades se colocó el árbitro Balaguer, uno de los más populares del fútbol español y cuya experiencia bélica en la campaña de Marruecos le daba galones. “Aquí me tienen que hacer más caso que en el campo”, bromeaba con el periodista Francisco Díaz Romero en los primeros días de instrucción del Batallón.

Las instalaciones del Madrid en Chamartín pasaron de ser el campo de entrenamiento del equipo blanco, que en junio se había proclamado campeón de Copa en Valencia contra el Barcelona, a terreno de instrucción para las milicias deportivas.

La sede de la Federación Española, sita en la Calle Claudio Coello número 10, se convirtió en el centro de reclutamiento para los deportistas. Allí acudieron futbolistas de Madrid, Atleti, CD Nacional, del Deportivo Valladolid… La edad mínima para alistarse era de 21 años, pero en el caos que se vivían y aprovechando su buen estado físico como deportistas, muchos menores de edad pasaron a formar parte del Batallón Deportivo. La idea de Paco Hernández Coronado, Álvarez Zamanillo o Ángel Rodríguez, dirigentes de la Federación Castellana y miembros del Frente Popular, era una realidad.

A la segunda compañía se la llamó Valencia y a la tercera Alcántara, en recuerdo al primer muerto del Batallón Deportivo. Julián Alcántara, jugador del Deportivo Nacional, murió en el frente y fue enterrado en Madrid el 19 de octubre de 1936 portando su ataúd tres milicianos futbolistas: Emilín (Arenas de Guecho y Real Madrid y que emigró a Argentina al acabar la guerra), Lecue y García de la Puerta.

Si las exigencias con la edad eran laxas, las que hacían referencia a demostrar un sólido antifascismo eran extremas. Fe de ello pudo dar el madridista Félix Quesada, que se vio envuelto en acusaciones de haber tenido amigos entre los que se levantaron contra la República. Así, el 22 de septiembre, el delegado de la Federación Castellana, Juan Ribas Guixeras, tuvo que publicar un comunicado: “El veterano defensa del Madrid Félix Quesada es persona completamente afecta al régimen. No es ahora, sino de antiguo, y cuantas personas han convivido con él y le han tratado lo saben perfectamente. Organizaciones política solventes lo acreditan. Poco antes de la rebelión se hallaba, como otros parroquianos nada sospechosos, en un bar de la calle de Torrijos, donde circunstancialmente se habían reunido varios fascistas. Ocurrió un incidente y Quesada resultó lesionado, como asimismo una señorita que le acompañaba, todo ello como consecuencia de una descarga. Indudablemente. Debido a esto, es por lo que ahora Félix Quesada ha sido objeto de unas molestias absolutamente huérfanas de todo fundamento. El Batallón Deportivo Suñol , ruega a todas las organizaciones milicianas, políticas y sindicales, que consideren a Quesada, como lo que es: un deportista republicano, al servicio de la República”. Lo cierto, es que acabada la guerra, Quesada estuvo en buenas relaciones con la dictadura hasta el punto de llegar a ser seleccionador nacional en 1951.

Conocidos como ‘soldaditos de plomo', los futbolistas y deportistas del Batallón Deportivo tuvo un papel importante en batallas como las de Navalcarnero o en Usera, cuando los milicianos lograron alejar de Madrid el optimismo de los sublevados, que aseguraban que “estamos a dos pesetas en taxi del centro de Madrid”. Además de empuñar las armas encontraban tiempo para organizar partidos benéficos, como el del 24 de septiembre de 1936 entre jugadores del Batallón y una selección de Madrid y Atleti. Los ingresos fueron para los niños acogidos en la Casa Cuna y que habían quedado huérfanos desde el estallido de la guerra.










979. Cuando España tuvo miedo a Rusia




María Torres / 12 Junio 2014

Cuenta Ramón Ramos en su libro "¡Que vienen los rusos!", que hubo una época en la que los visados españoles llevaban un gran sello que ponía: "Este pasaporte es válido para todos los países del mundo excepto Rusia y los países satélites".

Ese tiempo, como os podéis imaginar, el era el franquismo. El dictador aún no se había curado -la verdad es que no se curó nunca- de la psicosis de "La horda roja". Seguía viendo la conspiración judeo-masónica por todas partes, incluídos los campos de fútbol. Esto hizo que en el año 1960 España renunciara a jugar la primera edición de la Eurocopa, a pesar del buen momento que vivía el fútbol español.

En 1958 el Gobierno franquista acordó que ninguna selección española se inscribiera en competiciones en las que pudiera darse la posibilidad de enfrentarse a Rusia. No entraba en los planes que una nación "grande y libre" cayera derrotada por los comunistas, aunque el arma fuera un balón. A pesar de ello, Lafuente Chaos, presidente de la Federación Española de Fútbol, inscribió a la Selección Española comandada por Di Stéfano, Kubala y Luis Suarez pensando en que era prácticamente imposible que llegara a enfrentarse con Rusia y de hacerlo, existían muchas opciones de victoria.  Pero los rusos llegaron a los cuartos de final donde se debían enfrentar con España el 29 de mayo en Moscú y el 9 de junio en Madrid.

En esta Eurocopa los partidos de octavos se disputaban un año antes y los de cuartos diez meses después. España jugó el primer partido de la competición en Chorzow (Polonia) el 29 de junio de 1959, correspondiente a la ida de los octavos de final.  Ante Polonia se impuso por 2-4. Di Stéfano y Luis Suárez fueron los goleadores. En la vuelta, jugada cuatro meses después, España ganó por 3-0 con tantos de Gento, Gensana y Di Stéfano.

El 24 de mayo de 1960, cinco días antes del partido de ida, el Consejo de Ministros decidió a mano alzada la renuncia de España a jugar la eliminatoria. Cuentan que Carrero Blanco y Alonso Vega, ministros de la presidencia y gobernación,  temían en su paranoia una posible derrota ante los soviéticos. Se redactó un breve comunicado que fué publicado en ABC el 26 de mayo, cuyo texto era el siguiente: "EL PARTIDO ESPAÑA-RUSIA SUSPENDIDO. La Federación Española de Fútbol ha comunicado a la FIFA que quedan suspendidos los encuentros de fútbol de las selecciones nacionales de España y de la URSS valederos para la Copa de Europa de Naciones".

La Federación Española que ya había publicado la lista de los veinte jugadores convocados, intentó por todos los medios convencer a Franco para que revocara esta decisión. Su presidente intentó buscar una solución y propuso jugar en campo neutral, jugar los dos partidos en Moscú, o incluso renunciar a los derechos económicos. Los rusos no aceptaron ninguna de estas opciones, trasladaron el asunto a la UEFA que decidió expulsar a España de la Eurocopa con sanción de dos mil francos suizos, aprobando de esta forma el pase automático de los soviéticos a la fase final, mientras que en el diario Pravda el titular de la noticia rezaba: "el régimen fascista español tenía miedo al equipo del proletariado soviético".

En cuanto a España,  la decisión ya estaba tomada por los conservadores ministros del régimen y Franco, todopoderoso, no podía cambiarla. A menudo le bombardeaba la imagen de una delegación de comunistas en Madrid y le producía pesadillas que en el Bernabeu ondearan banderitas rojas con la hoz y el martillo ahora que era aliado de los americanos.

La censura hizo todo lo demás silenciando a la totalidad de los medios para que no transcendiera la prohibición. Tan solo una tardía y escueta nota en la prensa nacional. En la prensa europea el titular fue: "El fútbol es víctima de la Guerra Fría" y se justificó la renuncia española por el incidente del U-2, un avión espía norteamericano derribado hacia pocos días.

Los jugadores seleccionados se enteraron de que no habría partido cuando ya estaban concentrados y unas horas antes de emprender el vuelo hacia Moscú.

La final se jugó en el Parque de los Príncipes de París el 10 de julio de 1960 ante casi dieciocho mil espectadores. El resultado: Rusia 2 - Yogoslavia 1. Cuatro años después España acogió la final de la Eurocopa que se disputó en el Estadio Santiago Bernabeu entre las selecciones española y soviética. El mítico gol de Marcelino dió la victoria a España ante la mirada del caudilloporlagraciadedios acomodado en el palco de honor y una bandera roja con la hoz y el martillo ondeando al viento.