Lo Último

Mostrando entradas con la etiqueta Arturo Torres Barranco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arturo Torres Barranco. Mostrar todas las entradas

Víctimas y victimarios

 

Arturo Torres Barranco en tiempos de la República

Me enteré de que mi abuelo había estado en la cárcel cuando tenía siete años. Por aquella época yo no sabía nada de la Guerra, la represión, ni del infame que meció ambas por el camino del desamparo y la tragedia.

 

Soy nieta de un republicano español, un represaliado por el franquismo. Tal vez por ello la lucha de tantas víctimas y familiares de éstas en cualquier lugar del mundo me resulta tan dolorosa y cercana.

 

Yo también soy una víctima, repleta de cicatrices en la piel de la memoria, porque los nietos nos hemos encontrado con un silencio heredado y con la falta de información necesaria a nivel institucional y familiar para asimilar y digerir el trauma. Mi padre también fue una víctima que aprendió del suyo los silencios, a no hacer preguntas, a reprimir emociones y padeció la desgraciada infancia y el sufrimiento de un niño de la Guerra y de la posterior dictadura.

 

Existe un denominador común inherente a todos los golpes militares: terror y muerte, desaparecidos, ausencia de derechos humanos, ausencia de Justicia. La dramática historia del Estado español y de sus ciudadanos desde el golpe de estado de 1936 es tan contundente que no puede ni debe ignorarse. Quienes perdieron la vida sufrieron todas las negaciones por parte del sistema represivo. Negaron su detención, su tortura, su asesinato. Ya advirtió el poeta visionario León Felipe que "detrás de Franco llegarían los enterradores y los arqueólogos".

 

Pero como en gran parte de las familias de “este país de todos los demonios”, cuento entre mis ancestros con un victimario y cuando fui conocedora de ello quise saber y recordé las palabras de Jean Jaurès: "El coraje es buscar la verdad y decirla."

 

 

Arturo

 

Mi abuelo Arturo nació en Torrubia del Campo, un pequeño pueblo de Cuenca. Era labrador, propietario de unas tierras, una galera y una pareja de mulas. Trabajaba de sol a sol y tenía muchas inquietudes políticas. Con la llegada de la República ocupó el cargo de Recaudador del Impuesto de Utilidades y Consumos. En las elecciones de febrero de 1936 apoyó al Frente Popular y tras la victoria de éste fundó en su municipio el partido de Izquierda Republicana.

 

Por testimonios que he podido leer en su expediente judicial, mi abuelo pasó los años de Guerra ayudando tanto a personas de derechas como de izquierdas y haciendo cuanto pudo para favorecer, amparar y aliviar la situación en que se encontraban unos y otros. Pero hay un hecho que marca su futuro. El 7 de diciembre de 1937 fueron detenidas tres personas en el pueblo por la Brigada Roja. Parece ser que desde Madrid se pidieron informes de estas personas a Izquierda Republicana y que mi abuelo firmó los mismos, como así lo ratifica en su declaración posterior al Auditor de Guerra, manifestando que no se arrepentía de haberlo hecho.


En la mañana del viernes 1 de septiembre de 1939, a la misma hora que Alemania invadía Polonia dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, fue detenido por falangistas de la localidad. Ese día cumplía 44 años y como tantos otros defensores de la República pasaba a engrosar el catálogo franquista de destrucción humana.

 

Cinco días después se cursa denuncia  contra mi abuelo por parte de Eugenio Espada, Ceferino Martínez e Isidro Barranco. Este último tío de mi abuelo, que posteriormente se desdice de la misma. El 9 de febrero de 1940, Eugenio Espada, conocido como “El Cojo Tramillones”, vuelve a ejecutar la denuncia esta vez en el marco de la Causa General, el gran sumario franquista para depurar responsabilidades políticas por las actuaciones de personas e instituciones republicanas durante la Guerra. Este individuo era un delator ejemplar que llenó la Causa General de denuncias hacia sus vecinos. Posiblemente esto le sirvió para conseguir dos puestos del Ayuntamiento, el de cartero y el de guarda del término municipal.

 

La Auditoria de Guerra franquista procede a instruir un sumarísimo de urgencia. Ser republicano, tener ideología de izquierdas y haber fundado I.R. en una pequeña localidad era más que suficiente para que a mi abuelo le imputaran un delito de auxilio a la rebelión, siendo condenado a la pena de doce años y un día de reclusión.

 

Fue encarcelado, sometido a tortura psicológica y física, convivió cada día con el miedo y cuando salió de prisión, lo que obtuvo fue una libertad precaria, pues a todos los efectos seguía siendo un preso de Franco. Su libertad estaba condicionada al comportamiento que tuviera fuera de la cárcel, por lo que vivió con la constante amenaza del retorno. Los salvadores de la patria no le dejaron levantar la cabeza. Regresó a casa repleto de dignidad y silencio.

 

Falleció en mayo de 1975, unos meses antes de que el dictador abandonara la vida que nunca debió acogerle.

 

 

Antonio

 

Antonio era el hermano pequeño de mi abuelo. Residía en Rozalén del Monte (Cuenca) desde su casamiento. No recuerdo si llegué a conocerlo, pero de lo que tengo certeza es que la impunidad le acompañó hasta su muerte.

 

La noche del 29 de marzo de 1939 cuando las esperanzas republicanas ya estaban muertas, cargó su fusil, se encaminó al encuentro de Francisco Quintero, dirigente de la CNT local, amigo y camarada, y le asestó un disparo que acabó con su vida. Alguien escucho la frase "Ya ha caído el pájaro" salir de los labios de Antonio que unas horas había sido nombrado Alcalde y Delegado de Orden Público de la nueva corporación "nacional".

 

Se da la circunstancia de que Antonio estaba afiliado a la CNT desde el año 1917. En un informe de Falange emitido posteriormente se hace constar que se afilió a la CNT como salvaguarda de derechas. Actuó como secretario de la misma hasta su incorporación forzosa al Ejército republicano. Volvió del frente el 27 de marzo de 1939, dos días antes de asesinar a Francisco Quintero.

 

A partir de la entrada de los franquistas en Cuenca, desde la Alcaldía del municipio se prohíbe expresamente realizar declaraciones contra Antonio con el apercibimiento de ingresar en prisión en caso de hacerlas. Cuando esto sucede, el ya se había afiliado a FET de las JONS. Al constituirse la corporación franquista además de Alcalde es designado como Delegado de Información e Investigación y comienza su tarea en la nueva España vestido de impecable azul con una arañita roja a la altura del pecho. El hábito no hace al monje, pero él ya estaba dentro del entramado de impunidad franquista y nada había que temer.

 

Pero un día de diciembre de 1940 desde la Prisión del Monasterio de Uclés se recibe denuncia de uno de los reos, Pedro Quintero, (Archivo Histórico de Defensa, fondo Madrid, sumario 19164, legajo  889) hijo de Francisco Quintero, el hombre que había sido asesinado por Antonio, quien a partir de ese momento comprueba que el silencio no es para siempre. Se le incoa un expediente sumarísimo de urgencia con fecha 24 de diciembre de 1940, pero la realidad es que nunca fue encarcelado ni pagó por el crimen cometido. Nunca llegó a celebrarse el Consejo de Guerra y en septiembre de 1943 se decreta su absolución.

 

Continuó siendo cartero hasta su jubilación y se dedicó a la cría de cerdos para su posterior despiece y venta.

 

 

María Torres

Artículo publicado el 24 de enero de 2026 en El Salto

 



3018. Resiliencia




María Torres / 2 abril 2020

No dejo de pensar —en estos días que vivimos peligrosamente—, en mi abuelo y tantas personas que como él, tuvieron que padecer durante años en las cárceles franquistas, almacenes humanos donde se ejercía todo tipo de represión. Lugares de luto, sufrimiento, hambre y enfermedad, intoxicados de la estructura mental del dictador, para el cual el orden era su orden, el derecho su derecho y la vida no tenía valor. No dejo de pensar cómo serían sus días esperando la resolución de un consejo de guerra que en la mayor parte de los casos les condenaba a la muerte.

Mi abuelo tuvo que resistir a eso y al fusilamiento de cincuenta de sus compañeros a lo largo del año 1941 en «estrictos actos de justicia» como los fascistas denominaban las acciones represivas encaminadas a la «redención nacional».

Resistió, abrazando el objetivo de salir de aquel infierno, y lo consiguió, pero no fue libre, puesto que siguió siendo un delincuente al que era necesario vigilar. La libertad condicional o prisión atenuada como fue su caso, era un elemento de control sobre los expresos y sus familias, que también se convirtieron en objeto de reeducación. Todos estaban sometidos a los Servicios de Vigilancia y Tutela que les exigía la misma sumisión y «buena conducta» que en la prisión. Todos tuvieron que acatar la continua labor de adoctrinamiento patriótico y religioso del Nuevo Estado, dentro y fuera de las cárceles.

Resistió y vivió durante años con una libertad precaria, pues a todos los efectos seguía siendo un preso de Franco. Su libertad estaba condicionada al comportamiento que tuviera fuera de la cárcel, por lo que tuvo que vivir con la constante amenaza del retorno.

Resistió siempre, hasta el 19 de mayo de 1975, que la muerte le obligó a darse por vencido.








1 de septiembre de 1939

"Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma"
Julio Cortazar


1 de septiembre de 1895

Candelaria tiene miedo. A sus 33 años viste de luto riguroso y ya sabe lo que es un parto. Los dolores van en aumento y con cada contracción se le atenaza el corazón al pensar en la niñita que perdió hace un año. También sabe lo que es la pena: Adoración Juliana falleció a los siete meses víctima de una gastroenteritis. Era su segunda hija.

Cecilio, su marido, también tiene 33 años. Apenas llevan seis años casados y espera ilusionado su tercer hijo. Tal vez haya suerte y esta vez sea un varón, piensa. Hoy llegó antes de lo habitual a casa de su trabajo en el campo y la había obligado a meterse en la cama con la promesa de que él se encargaría de la Sagrario, la hija mayor, y de avisar a la partera. Era domingo y por tanto, no había que atender la carnicería.

A las seis de la tarde y en la casa que ocupaba el matrimonio en la Calle Prior de Torrubia del Campo (*), vino al mundo Gil Arturo Torres Barranco, mi abuelo, nieto por línea paterna de Juan Francisco Torres y de Alejandra Gutiérrez, ambos ya difuntos cuando nació su nieto y naturales de la misma villa, y por línea materna de Luis Barranco y Gregoria Plaza, naturales de Torrubia del Campo y El Acebrón respectivamente.


1 de septiembre de 1939

Es viernes y aún no ha amanecido, pero Arturo está despierto. Ignora que hace apenas dos horas Alemania acaba de invadir Polonia. Ignora que acaba de comenzar la Segunda Guerra Mundial. Contempla como Juana amamanta a Gonzalo, su pequeño hijo de seis meses.  Sagrario, Adoración y Arturo duermen. Dentro de poco comenzará a clarear el día y le espera una dura jornada en el campo. Intentará con la ayuda de un jornalero preparar las tierras para que el próximo año, libre de guerra ya, pueda recoger una cosecha que le garantice el sustento de la familia. En apenas un mes comenzará la vendimia en la Cuesta Malgacenas. Si ésta es aceptable tendrá liquidez para invertir en la futura siembra.

Se incorpora de la cama con cansancio y en silencio. Desde que terminó la Guerra no ha conseguido dormir bien. Aunque intenta convencerse de que no hay motivo para sentir miedo, no lo consigue. Su implicación con el Frente Popular y su militancia en Izquierda Republicana sabe que no pasarán desapercibidas para los nuevos valedores de la Patria.

Antes de terminar de lavarse la cara escucha unos pasos y a continuación alguien golpea la albada de la puerta bruscamente. A medio vestir, sin peinar, y secándose el agua que le resbala por el cuello se apresura en abrir. Según avanza cae en la cuenta de que ese día cumple 44 años. Está cansado, muy cansado.

Al otro lado del portón una pareja de la Guardia Civil y algunos falangistas de la localidad. No hay cruce de palabras. Tan solo insultos que le incluyen de inmediato en la lista de las hordas rojas que quiere aniquilar el cudilloporlagraciadedios. Mientras le conducen a la cárcel del pueblo siente uno a uno en su cansado cuerpo los golpes de las culatas de las escopetas. Después el silencio y el miedo, mucho miedo.


*

(*)Toda la familia del abuelo por línea paterna había nacido en la villa de Torrubia del Campo y en cuanto a la línea materna, hasta donde conozco, gran parte de ella. En la Desamortización de Mendizabal de bienes rústicos pertenecientes al clero durante los años 1836-1945 en Torrubia del Campo, se hace referencia a un antepasado del abuelo:

“Galo Barranco, vecino de Torrubia, labrador acomodado. En el año 1843 compró 88,48 hectáras. en Torrubia por 18.080 reales de vellón”


María Torres
Nieta y biznieta de republicanos españoles









24 de noviembre de 1941

Arturo Torres, mi abuelo, en compañía de Julián Jiménez Sanz, compañero de cárcel y vida


Traspasó el portón del Seminario Mayor de Cuenca arrastrando los pies, intentando mantenerse erguido para que su columna fuera capaz de sujetar su cuerpo. Había perdido tanto peso que a duras penas lo conseguía durante algunos minutos seguidos, pasados los cuales su osamenta, que era incapaz de obedecer las órdenes de su cerebro, se doblaba por la zona lumbar tras un chasquido de dolor.

Hacía un frío intenso, seco, que le golpeaba el rostro y le sacudía los doloridos huesos. Intentaba sostener el atillo que colgaba de su mano derecha que aunque no pesaba mucho, era una carga más. Su escueto contenido lo componía una muda, útiles del afeitado y unos cuantos documentos entre los que se encontraba el más valioso, un informe de la Comisión Provincial de Clasificación y Excarcelamiento de detenidos presos en Cuenca que un día antes había decidido decretar que era beneficiario de la prisión atenuada, “por hacer más de seis meses que le fue ratificada la prisión sin que haya sido elevada su causa a plenario ni declarada su peligrosidad por la autoridad competente, en cumplimiento de los artículos 6, 11 y 12 del Decreto de 2 de septiembre último"

Lo único que entendía de ese documento es que podía volver a casa con Juana y los chicos, a los que a excepción de Arturo no había vuelto a ver. También sabía que seguía siendo un preso y que su libertad estaba condicionada al comportamiento que tuviera fuera de la cárcel, por lo que tendría que vivir bajo la amenaza del retorno. Bajar la cabeza, aún más, no estaba entre sus deseos. El no tenía de que redimirse, no se arrepentía de nada porque no había cometido ningún delito.

Se encontraba cansado, muy cansado. Tenía 47 años pero parecía un anciano. Dos años, dos meses, y veinte días había permanecido privado de libertad,  conviviendo con el hambre, el hacinamiento, la falta de higiene, los malos tratos y la arbitrariedad de los mandos de la prisión.

Se detuvo un momento y cerró con fuerza los ojos. Los recuerdos se agolpaban en su cabeza.

-¡Rediós, cuantas muertes!¡Cuanto dolor innecesario!- murmuró entre dientes, temeroso de ser escuchado por alguien.

Desde que fue detenido no había dejado de padecer y de soportar el sufrimiento que le rodeaba. Primero en la provincial, ese espacio inquisitorial repleto de celdas frías con ventanas sin cristales hacia las que disparaban los centinelas. Allí se acostumbró a dormir en el suelo, baldosa y media para cada preso y su petate.

Cuando en la provincial ya no había sitio ni para un alfiler le trasladaron a la habilitada del Seminario en la plaza de la Merced. Aún tenía presente en su memoria el día que bajó la calle de San Pedro con un centenar de compañeros. Allí había más espacio al principio y también más hambre. El rancho diario lo componía una docena de garbanzos o veinte granos de arroz que flotaban en un caldo marronáceo y turbio.

¡Ay, Seminario de Cuenca,
quién lo ha visto y quién lo ve,
que ayer para curas era,
y hoy para dolores es!
(Peraile, 1991)

Dolores. Terribles dolores es lo que sintió las tres veces que regresó de "diligencias". En esas visitas las declaraciones de los acusados en vez de con papel y lápiz se tomaban con verga de toro retorcida. Era entonces cuando los compañeros le curaban con sal y vinagre las heridas, al igual que él había hecho otras veces con ellos.

Sabía lo que eran aquellas noches interminables traspasadas de dolor e insomnio. Noches enteras deseando que amaneciera.

Esa había sido su vida durante dos años, dos meses y veinte días.

Regresaba a casa el vencido, para algunos escarmentado y con la lección aprendida, para él, repleto de dignidad, la misma que le acompañó, junto al silencio, durante toda su vida.


María Torres
Nieta de un republicano español
http://memoriadebusqueda.blogspot.com.es/







755. La memoria de los abuelos



 María Torres y la memoria de Arturo Torres Barranco



Araceli Pena y la memoria de Alfonso Sanz Martín, "El Corneta"



MESA DE MUJERES 
SECRETARIA DE DESAPARECIDOS DE LA GAVILLA VERDE
XIV JORNADAS EL MAQUIS EN SANTA CRUZ DE MOYA
5 de Octubre de 2013









754. ARTURO TORRES BARRANCO. Memoria de una búsqueda



Araceli Pena, María Torres y Remedios Palomo



MESA DE MUJERES. SECRETARIA DE DESAPARECIDOS DE LA GAVILLA VERDE - XIV JORNADAS EL MAQUIS EN SANTA CRUZ DE MOYA - 5 de Octubre de 2013
___________________________________________


ARTURO TORRES BARRANCO. Memoria de una búsqueda.



Cuando leí las palabras de Kafka que presiden este texto
(¿Qué llevo sobre los hombros? 
¿Qué fantasmas me envuelven como una capa?)
entendí de qué se trataba, 
qué impulsos profundos me empujaban
a abordar unas cuestiones de las que nada sabía"
José Andrés Rojo
"Vicente Rojo. Retrato de un general republicano"


Lo que puedo contaros es todo lo que sé desde el dolor, y eso nunca se inventa…

Me enteré que mi abuelo había estado en la cárcel cuando tenía siete años. Por aquella época yo no sabía nada de la Guerra, la represión, ni de la mano del infame que meció ambas por el camino del desamparo y la tragedia.

37 años después inicié una investigación, que aún está inconclusa. Una batalla contra la desmemoria con el objetivo de averiguar cuándo, cómo, quién y por qué. La Memoria no puede desaparecer con los testigos.

Mi abuelo, Arturo Torres Barranco, nació en 1895 en Torrubia del Campo, un pequeño pueblo de Cuenca. Era agricultor, propietario de unas cuantas tierras, una galera y una pareja de mulas. Trabajaba de sol a sol con la ayuda de un jornalero y tenía muchas inquietudes políticas.

Con la llegada de la República ocupó el cargo de Recaudador del Impuesto de Utilidades y Consumos de la primera corporación republicana de la localidad. El 30 de junio de 1936, pocos días antes del golpe militar, presentó el último estado de cuentas.

En las elecciones del 16 febrero de 1936 apoyó al Frente Popular y tras la victoria de éste, fundó en su pueblo el Partido de Izquierda Republicana. Carezco de información de este periodo de la vida de mi abuelo. (Cuando solicité datos de su militancia a Izquierda Republicana, después de mucho silencio solo obtuve la desafortunada respuesta de que para ellos era prioridad la política y no la Memoria, regalándome el calificativo de “ignorante”).

Y llegó la sublevación fascista que desencadenó en la Guerra en la que mi abuelo no participó. La provincia de Cuenca se posicionó fiel al gobierno legítimo de la República hasta el 29 de marzo de 1939, fecha en que los franquistas ocuparon la capital.

Por testimonios que he podido leer en su expediente judicial, mi abuelo pasó el periodo de la Guerra ayudando tanto a personas de derechas como de izquierdas, y haciendo cuanto pudo para favorecer, amparar y aliviar la situación en que se encontraban unos y otros.

Pero hay un hecho que marca el futuro de mi abuelo. El 7 de diciembre de 1937 fueron detenidas en el pueblo tres personas por la Brigada Roja. Parece ser que desde Madrid se pidió informes de estas personas a Izquierda Republicana y que mi abuelo firmó los mismos, como así lo ratifica en su declaración posterior al Auditor de Guerra.

En la mañana del viernes 1 de septiembre de 1939, casi a la misma hora que Alemania invadía Polonia dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, mi abuelo era detenido y trasladado a la cárcel del municipio en prisión preventiva. Ese día cumplía 44 años y como tantos otros defensores de la República pasaba a engrosar el catálogo franquista de destrucción humana.

El 6 de septiembre de 1939 se cursa denuncia  contra mi abuelo por parte de Eugenio Espada Fraile, Ceferino Martínez Moreno e Isidro Barranco Plaza. Este último tío de mi abuelo, que posteriormente se desdice se la misma. El 9 de febrero de 1940, Eugenio Espada Fraile, más conocido como “El Cojo Tramillones”, vuelve a ejecutar la denuncia esta vez en el marco de la Causa General. Este individuo era un delator ejemplar que llenó la Causa General de denuncias hacia sus vecinos. Posiblemente esto le valió para conseguir dos puestos del Ayuntamiento, el de cartero y el de guarda del término municipal.

Ese mismo día la Auditoria de Guerra solicita informe de conducta social y política. Se recibe una primera respuesta por parte del Comandante de la Guardia Civil de Fuente de Pedro Naharro, Cuenca, fechada el 14 de octubre de 1939 que dice: “Arturo Torres Barranco no participó en desmanes de la Horda Roja. Tan solo elaboró informes contra la ideología de varias personas como directivo de Izquierda Republicana”; Una segunda por parte del Comandante del Puesto de la Guardia Civil de Cuenca el 15 de enero de 1940: “Arturo Torres Barranco es fundador de Izquierda Republicana. Se ignora el cargo que ostentaba. No tomó parte en requisas, incautaciones, destrucciones de la Iglesia ni detenciones. En los primeros días del alzamiento fue visto en la localidad armado de escopeta. Ingresó con carácter forzoso en el Ejército Rojo” y una tercera de la Alcaldía de Torrubia del Campo el 22 de enero de 1940: “Arturo Torres Barranco pertenecía a Izquierda Republicana de la que fue fundador y socio desde las elecciones de febrero de 1936, votando la candidatura del Frente Popular. Como directivo del partido emitió y firmó informes contra los denunciantes”.

A las tres de la tarde del 10 de septiembre de 1939 ingresa en la Prisión Provincial de Cuenca, cuatro días después asiste a la práctica de diligencias al S.I.P.M. (Servicio de Inteligencia de la Policía Militar), el 15 de septiembre pasa a disposición del Auditor de Guerra de la plaza y después es trasladado a la Prisión habilitada del Seminario de Cuenca.

Con fecha 18 de septiembre de 1939 la Auditoria de Guerra procede a instruir un sumarísimo de urgencia (1654/39). Cuatro meses después comparece ante el Juez para la lectura de cargos y el 4 de mayo de 1940 se le comunica que se llevará a cabo la vista del Consejo de Guerra, así como el nombramiento de defensor en la persona de Antonio Ruiz-Pérez Pérez. El instructor de la Causa considera que “el hecho perseguido se encuentra sancionado en el Bando de Guerra y Código Castrense, y se ratifica  el procesamiento de Arturo Torres Barranco  que se encuentra detenido en la Prisión del Seminario”.

Ser republicano, tener ideología de izquierdas y haber fundado I.R. en una pequeña localidad conquense era más que suficiente para que a mi abuelo le imputaran un delito de Rebelión. Pero, ¿Quién se rebeló contra quien? A media España se la castigó con el encarcelamiento y/o la muerte por no adherirse a la sublevación fascista.

El Consejo de Guerra tuvo lugar a las tres de la tarde del día 6 de noviembre de 1940. En el expediente judicial custodiado en el Archivo Histórico de Defensa, consta que se celebró en la Audiencia Provincial de Cuenca. El rastreo de información del Ministerio del Interior indica que tuvo lugar en Madrid. La acusación del Fiscal: culpable de un delito de auxilio a la rebelión, siendo condenado a la pena de doce años y un día de reclusión. Transcurrieron doce meses sin notificación oficial de sentencia, por lo que con fecha 14 de noviembre de 1941 mi abuelo escribe al Auditor de Guerra de Aranjuez suplicando le sean concedidos los beneficios de la libertad condicional o la prisión atenuada. Para ello se hacía imprescindible la presentación de un aval ante la Comisión Provincial de Clasificación y Excarcelamiento. Contó con un inmejorable aval fechado el 12 de noviembre de 1941 firmado por el entonces Alcalde de Torrubia del Campo, Ramón Salmerón Herráiz, y los jefes de Falange en el que manifiestan que “no ven inconveniente en que el convecino Arturo Torres Barranco recluido actualmente en la Prisión Seminario de Cuenca, como presunto responsable de algunos sucesos ocurridos en la localidad durante la dominación marxista, le sean concedidos los beneficios de la libertad condicional o prisión atenuada, el que de ellos corresponda en su caso según las leyes vigentes, ya que reconocen que su culpabilidad no es grave ni lo conceptúan peligroso, siendo por tanto posible, la convivencia con el mismo en este municipio”.

Quien promovió ese aval, tras un exhausto trabajo y ayudó al abuelo cuando estaba en prisión, haciendo de soporte jurídico y empeñándose en conseguir sacarle de aquel infierno fue Ramón Salmerón y su mujer Asunción Sanz Pérez, hija de Baldomero Sanz el fundador de Solán de Cabras. Ambos de derechas y adeptos al Glorioso Movimiento Nacional, pusieron de manifiesto con éste este y otros actos, que existe una realidad que no tiene en cuenta las ideologías y esta realidad no es otra que el compromiso de vida y solidaridad con las personas.

Simultáneamente, el Auditor recibió una veintena de declaraciones indicando que mi abuelo era un hombre de intachable conducta. Entre las declaraciones se encontraba la de algún delator, perteneciente a la familia, concretamente el tío y primo de mi abuelo desdiciéndose de sus denuncias.

Le concedieron la prisión atenuada el 23 de noviembre de 1941. Había pasado encarcelado dos años, dos meses y trece días, abatido, sometido a la tortura psicológica y física. Más de dos años conviviendo con el miedo. Salió de la cárcel el 24 de noviembre de 1941 con una libertad precaria, pues a todos los efectos seguía siendo un preso de Franco. Su libertad estaba condicionada al comportamiento que tuviera fuera de la cárcel, por lo que tuvo que vivir con la constante amenaza del retorno. Los salvadores de la patria no le dejaron levantar la cabeza.

En la causa General instruida por la Fiscalía del Tribunal Supremo franquista, encontré que cuando ya llevaba un año encarcelado y con fecha 28 de octubre de 1940, se le imputa junto con otros, el siguiente delito: “Durante la guerra se incautó la horda marxista de las fortunas de los señores que a continuación se relacionan, saqueó sus casas y hasta intentaron o pensaron atentar contra la virtud de dos jóvenes hijas de un asesinado”.

“Intentaron o pensaron atentar”. No es que se tenga certeza del delito, tan solo se supone. Incluso se supone lo que pensaban.

El 22 de mayo de 1943 el Auditor de Guerra de Aranjuez manifiesta: “Examinada su causa y valorados los hechos, no se encuentran méritos suficientes para tener por justificada la perpetración de delito, por lo que se aconseja el sobreseimiento provisional”.

En octubre de 1944 el Juez considera a mi abuelo mero propagandista y el Auditor de Guerra acuerda dar curso a la libertad vigilada. Seguía siendo preso. Aún no he podido averiguar el día que consiguió la libertad definitiva.

El 27 de marzo de 1945 se decide finalmente el sobreseimiento de los cargos. Vivió desde entonces su exilio interior dentro de una sociedad herida, intoxicada de la estructura mental del dictador, para el cual el orden era su orden, el derecho su derecho y la vida no tenía valor.

Antes de que Auditor de Guerra aconsejara el sobreseimiento provisional de la causa, mi abuelo fue citado a un interrogatorio el 7 de abril de 1943. Se encontraba ya fuera de la cárcel en prisión atenuada. El Auditor le preguntó por la autoría de las firmas de una serie de documentos incautados en relación con su militancia en Izquierda Republicana. El abuelo ratificó que eran suyas. En algún momento el Auditor le pregunto si sentía arrepentimiento y comenzó a mofarse de la República. Mi abuelo dijo: “Soy más republicano que nadie”, y así lo recoge el sumario.

Gracias abuelo. Gracias por no doblegarte y por ser un hombre íntegro durante toda tu vida. Porque fuiste, soy y porque soy, será...

Mi abuelo murió el 19 de mayo de 1975, cuando le quedaban unos meses para cumplir ochenta años y antes de que el “caudilloporlagraciadedios” abandonara la vida que nunca debió acogerle. Murió sin ver cumplido uno de sus deseos y que no era otro que celebrar su ochenta aniversario rodeado de toda la familia. Se llevó con él todo el dolor y su historia, que aunque a nadie más que a él pertenecía, también era parte de la mía. Si yo hubiese sabido antes lo que se hoy, en su féretro no hubiera faltado la bandera republicana.

Partí de cero y he conseguido recuperar una parte importante de la Memoria de mi abuelo.  Contar con la certeza de que como tantos otros fue humillado y torturado en las cárceles franquistas, que convivió con el hambre y el terror de una represión institucionalizada, que cuando pudo salir de aquel infierno, era un ser derrotado, agarrado a un bastón, un vencido que guardó silencio durante toda su vida, no es suficiente.  He intentado iluminar su Memoria por mi padre y sobre todo por mi hija, para que no olvide nunca y jamás tenga que luchar contra una palabra: IMPUNIDAD.

Durante estos meses he llamado a muchas puertas y no siempre he recibido respuesta. Es triste comprobar que organizaciones, sindicatos o partidos políticos que deberían mantener viva la memoria republicana y recordar a sus militantes históricos, dan la callada por respuesta.

Mi denuncia desde aquí al Archivo Histórico de Defensa por las dificultades para conseguir datos de su represión a través. No he podido conseguir copia de su expediente judicial y en un principio se negaron a entregármelo alegando que estaba en avanzado estado de deterioro. El Acta del Consejo de Guerra no aparece. Los documentos están en proceso de destrucción y no de restauración, y no por falta de medios, que los ha habido, sino por la desidia de una institución que no debe olvidar que custodia un patrimonio documental que es de todos los españoles. Denuncio la paradoja que supone el ejercicio del derecho a saber y un Estado que se llama democrático que lo impide.

Mi denuncia al trato recibido por parte del Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Debe ser de los pocos archivos que cuenta con fondos virtuales denominados "No tenemos nada".

Mi denuncia a la CNT, que nunca respondió a mis correos.

Mi denuncia a Izquierda Republicana, partido del que mi abuelo es militante histórico y para el que la  prioridad es la política y no la Memoria.

Mi denuncia a los gestores de la Querella Argentina y el impedimento constante en forma de silencio para poder presentarme como querellante en nombre de mi abuelo.

Mi agradecimiento por la colaboración y la respuesta positiva recibida de Martín, funcionario del Centro Penitenciario de Cuenca y a Andrea Rascón, funcionaria del Ministerio del Interior.

Mi agradecimiento a Pedro Peinado y Adolfo Pastor por su ayuda incial y por ofrecerme la posibilidad de participar en la Mesa de Desaparecidos de las Jornadas de La Gavilla Verde.

Mi agradecimiento a Floren Dimas y a Paco Jerez, que junto a Pedro y Adolfo me tendieron los primeros puentes que me animaron a cruzar las montañas del pasado.

Gracias a Fernando Partida, nieto de Andrés Iniesta, “El niño de la prisión”, por poner en mis manos la memoria documental de su abuelo.

Y por último, gracias a Gabi, mi marido, sin cuyo apoyo y paciencia jamás hubiera sido capaz de caminar por el árido sendero de la desmemoria.

Honor y gloria a todos los represaliados, a todos los guerrilleros, a todos los republicanos españoles.

¡Viva la República!


María Torres
Mesa de Desaparecidos
14ª Jornadas El Maquis en Santa Cruz de Moya de La Gavilla Verde
5 de Octubre de 2013