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3444. Las modistillas viguesas quieren una República de orden

Modistillas viguesas - Foto: Pacheco



Las modistillas viguesas quieren una República de orden y admiran a Ramón Franco y prefieren los hombres morenos.


Vigo y La Coruña son actualmente las dos rivales gallegas, las dos capitales más importantes de aquella región; ambas cosmopolitas y de brillante y limpia historia. 

Vigo, quizá más comercial, más dinámico y activo, con una base más sólida en la industria, es una ciudad menos espiritual que La Coruña. Vigo ofrece todas las características de una moderna ciudad norteamericana: vida agitada, nerviosa, en la que se acusa constantemente la «lucha por el minuto», el afán del trabajo... 

La Coruña es otra cosa. La sensación que allí se experimenta es la de hallarse en una ciudad en la que todo el mundo vive de sus rentas. El ritmo de la vida es mis lento, más suave, más frívolo... Es, en fín, La Coruña una ciudad femenina, luminosa y riente como una mañana de Mayo.


*


Unos días en la «perla del Atlántico», con la valiosa colaboración de Pacheco, el fotógrafo de Crónica, son suficientes para hacer una serie de reportajes de la hermosa ciudad de la Oliva. 

—¿Por cuál empezaremos? 

—Dése una vuelta por la calle del Príncipe y las «avenidas», y hable de nuestras modistillas. No lo piense más. 


Queremos una República de orden

Un amigo me presenta. 

Cuando se enteran de que van a salir retratadas en Crónica, saltan de contentas. Hablamos de política. 

Una me dice resueltamente: 

—Aquí todas somos revolucionarias, ¿sabe? 

Las otras repiten a coro: 

—Pero revolucionarias pacíficas, de orden. 

Y una morenita de ojos azules, aclara: 

—Queremos una República moderada, sin sangre. Digalo usted en Crónica. 

—Se lo prometo 

—¿Usted conoce a Ramón Franco? 

—Le conoce todo el mundo. ¿Por qué me lo pregunta? 

Duda unos momentos antes de contestarme. Al fín se decide: 

—Qué simpático es, ¿verdad? 

—Y que valiente —tercia otra—. Mire... 

Y me enseña un retrato del famoso piloto del Plus Ultra que lleva guardado cuidadosamente en el bolso. 

—Le advierto a usted que es casado... 

—¿Pero es que sólo se puede admirar a los hombres solteros?... 

Es una razón que convence. 


Preferimos los hombres morenos

Pasamos al tema amoroso. Y como si se hubiesen puesto de acuerdo, responden todas a mi pregunta: 

—Nos repugnan esos niños tontos, afeminados, que se depilan las cejas y antes de salir a la calle ensayan la forma de caminar y de accionar ante el espejo. 

—No saben ni hacernos el amor siquiera. 

—A mí, el hombre me gusta que tenga carácter Para eso es el hombre Y el que se deja dominar por la mujer merece el desprecio de los de su sexo. 

—Yo lo quiero moreno, con el pelo ondulado y sin bigote. Y, sobre todo, que tenga talento y buenos sentimientos. 

—Pues el mío ha de tener el pelo rubio y los ojos azules. 

—Ay, hija, vaya un gusto el tuyo— le reprochan todas. 

Yo intervengo, conciliador: 

—Un momento. Un momento. Vamos a proceder a una votación. ¿Les parece? 

—Sí, sí— contestan. 

—Bueno, vamos a ver: ¿a usted cómo le gusta? 

—Moreno. 

—¿Y a usted? 

—Moreno. 

—¿Y a usted?... 

Y de esta forma ha terminado la discusión, porque la mayoría se ha pronunciado en favor de los hombres morenos. 

Ya lo saben los rubios; en Vigo han sido derrotados. 

No tienen partido. 


El amor a la profesión

—¿Están ustedes contentas con su profesión? 

—¿Y por qué no hemos de estarlo? 

—Yo, por mi parte, no la cambiaría por otra. 

—Ni yo. 

Una se ha reservado su opinión. Es rubia, con el talle suave y ondulante, y unos ojos misteriosos que reflejan un espíritu melancólico. Lord Byron se hubiese enamorado de ella en el acto. Yo la observo en silencio. 

—Y usted, señorita: si no fuese modistilla, ¿qué le gustaría ser? 

—Qué sé yo... Artista de cine. 

—Me lo suponía. 


Aspiramos a tener un taller propio

Es la hora de entrar a los talleres. Se despiden. Antes formulo la última pregunta: 

—Dentro de su profesión ¿a qué aspiran ustedes? 

—Pues a tener un taller propio y... a casarnos con un hombre que nos haga felices. ¡Adiós, adiós!... 

Se han ido. Sus risas cantarinas y picarescas suenan en la calle del Príncipe como el eco lejano de una canción de juventud ... 


J. Conde Rivera
Crónica, 21 de junio de 1931








3332. Elogio de la mujer gallega

Mujeres limpiando pescado en el muelle de Vigo, agosto de 1933 (Foto. Pacheco)


Vigo marinero: penetrante olor a salitre, yodo y brea. A las nueve de la mañana, pleamar humano en la Ribera del Berbés. Carga y descarga de paneras repletas de pescado en el muelle de los Pescadores. Venta callejera. Arribo de lanchas, veleras y motoras. Redes, con largos flecos de algas, secándose al sol. Brillan con el sudor los rostros bronceados. Chiquillos harapientos, mujeres fornidas, marineros como robles. Sobre las losas resbaladizas del muelle, largas hileras de cestas llenas de sardina, merluza y calamares. Pregones. Ajetreo. Una multitud abigarrada chapotea en los charcos de agua del puerto; corre de aquí para allá; levanta cestas, carga camiones, tira de los cables de amarre, recoge velas, grita, gesticula y trabaja. La niebla azulada que llega por la parte de Cánido se cuelga del bosque de mástiles y cuerdas.

Comienza la dura labor de la mujer. Sobra la cabeza, una, dos, hasta tres cestas de pescado; bajo los brazos, otras tantas. Van descalzas; tienen muy gruesas las piernas, debido, sin duda, a las largas caminatas sobre la arena, sin una mala alpargata, y, por añadidura, con muchos kilos de carga. Bajo el pañolón, atado en punta sobre la frente, asoman las negras trenzas. Los rostros, no obstante la gracia del óvalo, son duros. Pronunciadas las mandíbulas, recta y cortante la boca. Están quemadas materialmente de tanto sol. Prematuramente viejas y agotadas. El único detalle amable de estos rostros surcados de arrugas son los ojos: grises, dorados; verdes, azules... Siempre claros y de mirada dulce y tranquila. Pupilas resignadas, color de mar, de llanto y de niebla...

Por las calles empinadas de Vigo suben las mujeres cargadas con las jarras de leche, las patelas de pescado, los cestos de verdura, los panes como ruedas de carro, los quesos y los haces de leña. Luego de vender la mercancía, trajinarán en el hogar, encenderán la «larada», pondrán la comida, arreglarán los chiquillos, limpiarán el «cortello», regarán la huerta, y al día siguiente, antes de que apunte el sol, tras la yunta de bueyes, abrirán en surcos la tierra húmeda y olorosa. Ella cuida del «lar», de los hijos, del «ganao», de las tierras. Y aún le queda tiempo para ir por estas callea trajinando y vendiendo manzanas, pescado, verdura y leche. Dudo que en todo el planeta exista otra mujer más abnegada, más valerosa y más trabajadora que la gallega. Años atrás, el hombre emigraba, y la necesidad de suplir los brazos ausentes la obligaba a realizar toda suerte de trabajos. Hoy ya no se hace fortuna en América; pocos son los hombres que abandonan Galicia. Pero la vida es difícil, el negocio pesquero, con las restricciones de exportación, ha disminuido en un 50 por 100; llega todos los años un hijo al hogar; crecen las necesidades... ¿Qué hacer sino trabajar, trabajar de sol a sol? 

En los bosques las he visto derribando árboles. En las carreteras, picando piedra. Descargando en el muelle sacos que pesaban de veinte a treinta kilos. 

En Cangas, mientras esperaba el vaporcito para cruzar la ría, presencié una escena curiosa, que da idea del temple y la energía de la aldeana gallega. Cuatro o cinco de ellas, garridas y forzudas, descargaban sacos de arena de un camión. El trabajo era duro y las gotas de sudor perlaban las frentes. Unos cuantos hombres, sentados en el paredón del muelle, observaban tranquilamente el ir y venir de las mujeres. Uno de ellos, en tono de chanza, pronunció algunas frases molestas con referencia al trabajo que las mujeres venían realizando. La sorna y la calma del «gracioso» que las miraba trabajar como bestias de carga, sentado él beatíficamente al sol, exasperó a una de ellas. La de genio más vivo, sin duda. 

—¡Que ché se cai! ¡Que ché se cai!— comentaba el gracioso. 

—¿Ti pensas qui en son tan proxa coma ti? (¿Te imaginas que soy tan débil como tú?) 

—¡Lurpia! 

—¡Meigol 

Siguieron las interjecciones. La mujer, perdida ya la paciencia y furiosa por la burla de que se la hacía objeto, dejó el enorme saco que curvaba sus espaldas en el suelo, y como última y más contundente razón la emprendió a bofetadas y puñetazos contra el hombre. Aquél no sabía cómo defenderse del aluvión de golpes. 

—¡Fera, demo, cadela!

Seguían los puñetazos. Finalmente, el hombre optó por salir huyendo, corriendo a todo correr, sin fuerza ni valor para devolver los directos que la mujer le encajaba.


Miré a aquella. Ni la más leve señal de cansancio. 

Cogió de nuevo el saco de arena, y, como si tal cosa, reanudó el duro trabajo. 


*


La tierra de Galicia da la manzana, el maíz y la pera en abundancia. Las mujeronas viejas, sentadas sobre el bordillo de las aceras, venden la sabrosa fruta. Me acerco por curiosidad a una de ellas. 

—¿Quer mercar mazás? 

No entiendo lo que la mujer me dice. Ante mi gesto impasible, repite la pregunta. Me quedo igual: sin entender jota. Un rapaz avispado aclara la frase: «Que si quiere comprar manzanas...» ¡Acabáramos! Cualquiera entiende el significado de las tres palabritas. Bueno: compraré manzanas. 

—¿Qué vale la docena? 

—Cinco cadelas. 

—¿Qué? 

—Cinco cadelas. 

El intérprete interviene de nuevo: «Quiere decir cinco perras chicas.» Cargo con las manzanas y salgo en el vaporcito hacia Vigo. 


*


Un record que no se le puede discutir a esta ciudad: el de tener el urbano de tránsito más alto de España. Para hablar con él, he de empinarne con la punta de los pies, pregruntarle a gritos. Y aún así, me oye con dificultad.

En la mañana, por la línea de los ferrocarriles eléctricos de Bayona, las muchachas de Vigo —Maruja, Ana-Mari, Cholín, Pepa-Juana— van al encuentro del mar. En Canido, en Panjón o en Samil, se apean. Playas de dos y tres kilómetros de largo, de arena fina y dorada, rodeadas de pinares frondosos. Durante el trayecto, dando pruebas de una laboriosidad que admiro, han hecho crochet y punto de media. Dejaron correr también las tijeras...; pero esto lo mismo ocurre aquí que en Pekín, en cuanto se encuentran reunidas más de dos mujeres. 

Pasa el tranvía entre campos de maíz y prados verdes y jugosos. Olmos, pinos cimbreños, casitas medio ocultas entre parrales y palmeras. Manzanos. Jardines floridos. Hórreos típicos. Quintas soberbias. Del otro lado, el mar, de un azul profundo, con saludos de gaviotas, San Miguel de Oya. La Ramallosa; «rapazigos» bañándose desnudos en la ría. Bosques de eucaliptus. Bajo el arco obscuro del Puente Viejo pasan lentamente unas «vaquiñas» blancas. Manzanilla en flor en las veredas. Helechos, girasoles, hortensias. 

¡Galicia florida! 
cal ela, ningunha; 
de froles cuberta, 
cuberta de espumas. 

Al llegar a Bayona se oculta el paisaje entre túnicas de niebla rosada.


Ana María Martínez-Sagi
Galicia, agosto 1933

Crónica, 10 de septiembre de 1933 









3136. Cómo fueron fusilados los líderes socialistas Botana, Seoane y Bilbatúa, diputados a Cortes los dos últimos, y el alcalde de Vigo, Martínez Garrido




Bajo estos mismos títulos ha publicado el diario valenciano '"La Verdad" la siguiente información: 

Un subdito extranjero que se encontraba en Vigo cuando estalló la sublevación y consiguió trasladarse a América, después de haber permanecido en aquella ciudad viendo los sucesos ocurridos en la misma, nos escribe enviándonos detalles de las circunstancias en que se ha efectuado el fusilamiento de los líderes socialistas Enrique H. Botana, ex diputado de las Constituyentes; el alcalde de aquella ciudad, Emilio Martínez Garrido; los diputados socialistas de la actual legislatura Ignacio Seoane y Demetrio Bilbatúa; el médico Ubaldo Gil y otros destacados elementos izquierdistas de aquella ciudad. 

Nos dice que todos ellos se mantuvieron optimistas, no creyendo que pudiera ejecutarse la sentencia, y aún después de su condena a muerte creían que no sería ejecutada. Y dice el comunicado: 

Producía profundo horror. Conocida que fué la sentencia, se lanzaron al público unas hojas pidiendo la conmutación de la pena; los pliegos se cubrían rápidamente con la firma de todas las clases sociales, a excepción, naturalmente, de los falangitas, quienes, al ver que la gestión obtenía un considerable éxito, dado el gran número de firmantes, hicieron pública amenaza contra los que la solicitaran, por cuyo motivo las gentes, atemorizadas, no firmaron más. Llegado el momento de la ejecución, hicieron el recorrido desde la capilla hasta el cementerio de Pereiró cantando "La Internacional" y dando vivas a la República Uno de los condenados a muerte, Ubaldo Gil, dirigió cálidas arengas al público que presenciaba el paso de los condenados, haciéndolo también al pelotón de soldados que iba a ejecutarles. 

Colocados los diez reos frente a las tapias del cementerio, se hizo una descarga, cayendo muertos, a excepción de Botana, a quien no había alcanzado ninguna bala, según se afirma, porque los soldados desviaron la puntería del cuerpo de aquél. Pero una segunda descarga le privó de la vida. 

Falange había hecho saber de un modo directo a todos los abogados vigueses que quienes defendiesen a los diez procesados a cuya sentencia se hace referencia, sufrirían dolorosas consecuencias. 

El Colegio de Abogados, integrado por fascistas, dirigió un singular escrito al comandante militar en el que, después de hacer grandes elogios del ejército salvador —salvador para ellos, dice nuestro comunicante— y haciéndoles saber que en estos momentos deberían ser los militares los únicos encargados de la defensa de los sentenciados, y por tanto, que ellos, los abogados, se abstendrían de aceptar la defensa de cualquiera que lo solicitara. 

Antes de conocer esta decisión del Colegio de Abogados, se habían comprometido dos conocidos letrados vigueses a defender a los sentenciados, pero comprendiendo la difícil situación que el acuerdo del Colegio les creaba y dispuestos, sin embargo, a cumplir con su deber, optaron por el sacrificio, haciendo saber a los procesados que, fuesen cuales fuesen las consecuencias, les defenderían ante el Tribunal. 

Con posterioridad a la vista de este proceso habían de verificarse otros, de cuya defensa también se habían encargado estos abogados, quienes hicieron saber a los mismos el presentimiento de que ingresarían en la cárcel inmediatamente después de la vista del proceso. Y en efecto, tal como habían previsto, sucedió.

Nos dice también esta carta que el ex diputado de las Constituyentes, Eugenio Arbones, el médico Morgado, Inocencio Taboada y otros más, hasta veintiuno, fueron sacados una noche de la cárcel, llevándolos al cementerio de Lavadores, en Puxeiros, siendo fusilados en la Carretera. 

Agrega que a los asesinados los dejan siempre cuarenta y ocho horas en el lugar de la ejecución para aterrorizar, de este modo, a las gentes campesinas que van a la ciudad. 

Añade que la cantidad de fusilamientos es aterradora, haciendo salir de sus domicilios a los infelices que han de asesinar impunemente. 

También manifiesta que estuvo a punto de ser fusilado el periodista Avelino Rodríguez Elías, redactor del "Faro de Vigo", que ejercía el cargo de cónsul del Paraguay en aquella ciudad. Gracias a la intervención de los cónsules se consiguió no fuera ejecutado. Tanto él como su familia fueron enviados al Paraguay. 

Dice asimismo que el conocido medico de aquella población, el doctor José Ramón de Castro, que fué detenido en los primeros momentos, alcanzó su libertad mediante la entrega de cien mil pesetas, para la suscripción del Ejército.


Ahora, 22 de diciembre de 1936









2982. Memoria y Justicia. Una vieja lucha que no envejece ni se rinde




María Torres / Público, 5 de febrero de 2020

Los crímenes contra la humanidad son un ataque a los derechos humanos fundamentales que por su gravedad suponen un agravio no sólo a las víctimas, también a la Humanidad en su conjunto. Crímenes que buscan aterrorizar, disuadir de cualquier resistencia, humillar, acabar con la libertad y la vida.

En el Estado español la legislación no contempla en su verdadera extensión los múltiples crímenes de lesa humanidad y tampoco contamos en nuestras leyes con la Justicia Universal, que sí está siendo utilizada por la República Argentina en el proceso por crímenes de lesa humanidad durante el franquismo en la causa 4591/10, caratulada "N.N.S./GENOCIDIO", que se tramita en el Juzgado Criminal y Correccional Federal nº 1.

El pasado 28 de enero, a instancias de la A.R.M.H. y en el Consulado General de la República Argentina en Vigo, se presentaron las cinco primeras denuncias de deportados gallegos a los campos nazis para incluir en la Querella Argentina.

Como investigadora tuve la fortuna de acompañar a los familiares a este acto, junto con la responsable de la A.R.M.H. en Galicia, Carmen García-Rodeja. Ambas  entregamos  las denuncias de dos deportados: Arturo González Bastos, vigués que pereció en Meppen-Dalum del que se desconocen descendientes y de Ramón Garrido Vidal, de O Grove, resistente y deportado, que salió con vida de Dachau y cuyo hijo Fabien que reside en Francia no pudo acudir.

Pero los protagonistas indiscutibles de ese día fueron Francisco Pena, José González y Pablo Barreiro, familiares de Francisco Pena Romero, José Ferradás Pastoriza y Domingo Castro Molares, tres gallegos, que al igual que Arturo González Bastos y Ramón Garrido Vidal, tras el golpe de estado de 1936 lucharon en defensa de la República, que se vieron abocados al exilio en Francia, y que acabaron detenidos por el ejército alemán y confinados en los campos de concentración nazis con el conocimiento y la complicidad de las autoridades franquistas. Ellos fueron víctimas de una generación desgraciada como pocas, que lucharon en su país contra el franquismo y en Europa contra el nazismo, por la libertad de todos los pueblos, que dieron todo y todo lo perdieron en defensa de los valores democráticos.


Francisco

Francisco, hijo de Francisco Pena Romero tiene más de ocho décadas de vida, una memoria ágil, repleta de recuerdos propios y de aquellos que le transmitió su progenitor, con el que se reencontró en Francia cuando contaba 14 años. Ha luchado y sigue luchando por mantener viva la memoria de su padre y la de sus compañeros de cautiverio. Siempre le acompaña Carmen, su esposa y apoyo en la lucha y a veces su hija Silvia, orgullosa del ideal de vida, dignidad y Memoria que le han trasmitido sus padres, consciente de la importancia del momento porque ese día su padre «pudo denunciar ante la cónsul de la República Argentina el genocidio y la barbarie a la que fueron sometidos los deportados con el total desamparo del Estado español.» Conocedora de la historia de su abuelo desde que era una niña, afirma «no saber la dimensión que esto tenía hasta que he sido adulta. Mi abuelo pocas veces hablaba de la guerra y de su sufrimiento delante de nosotras, sus nietas. El silencio y las ganas de no recordar se apoderó de él. Por todos esos años de silencio ahora, su familia, queremos hablar y no olvidar el sufrimiento que todos estos hombres y mujeres padecieron.»

Para Francisco «el 28 de enero fue un día inolvidable» que le recordó a «los actos reivindicativos a los que acudimos en París mi padre y yo durante varios años organizados por el Partido Comunista de España. Recuerdo la emoción que sentía de pensar que el franquismo en España duraría poco tiempo, pero se equivocó. Este día fue un día para recordar y revivir en mi memoria los buenos momentos que pase con mi padre. Cuánto le hubiese gustado que todo esto saliera a la luz después de todos estos años sin haberlos reconocidos como víctimas del nazismo» y añade  «no quiero olvidar dar las gracias a la República Argentina por ayudarnos a denunciar los horrores que cometieron los nazis con la colaboración del franquismo.»


José

José es sobrino de José Ferradás Pastoriza, que pereció en Gusen. Se ha pasado casi toda su vida intentando conocer el paradero de su tío, que salió de Beluso en el verano de 1936 sin que la familia volviera a tener noticias de él. Su madre siempre le dijo que había muerto en la Guerra «con los otros». Pronto supo quienes eran los otros: «Siendo niño peloteando con mi balón, día tras día, en el atrio contra las paredes de la iglesia donde había una serie de nombres a ambos lados de una cruz con un yugo y unas flechas, recuerdo un día en que mi madre me llamaba para volver a  casa porque era tarde y al llegar le pregunté: ¡Mama! ¿Por qué o tío Pepe non está nos nombres da parede da iglesia? Ella respondió¡O tío Pepe era dos outros!»

José es un hombre de pocas palabras y una gran sensibilidad. Asegura que «conocer a Francisco y a Pablo me animó a seguir codo con codo en esta lucha. La empatía de la cónsul me liberó de la tensión de formalismo y (como siempre que hablo de mi tío Pepe) las lagrimas llenaron mis ojos. Sé que ese es el camino, se que pondremos a nuestros familiares y a todos los olvidados en el lugar que por justicia y dignidad tienen que ocupar. ¡Va por ellos!»


Pablo

Pablo, el más joven de los tres, es sobrino nieto de Domingo Castro Molares, deportado a Mauthausen y asesinado en el Castillo de Hartheim, centro de eutanasia nazi. Se enteró del destino de su tío hace apenas dos años, y se avergüenza al reconocer que hasta entonces desconocía la existencia de víctimas españolas en los campos nazis. Afirma que la mayor parte de su vida transcurrió en democracia, que la dictadura franquista la estudió en los libros y que ahora es consciente de que en realidad no sabe nada: «Tengo que reconocer que todavía no he podido asimilar esa tragedia familiar, por más que lo intento, soy incapaz de ponerme en la piel del tío Domingo, siento que su padecimiento está muy lejos de mí, eso me avergüenza un poco.»

Asegura haber recibido una lección ya que «por primera vez he tenido que hacer uso del derecho a la justicia universal que nos asiste por ley todos los españoles y no he podido ejercerlo. La justicia española no me permite denunciar un crimen brutal que no ha prescrito y he tenido que acudir a un país extranjero. Pero sobre todo hoy he recibido una lección de humanidad que no olvidaré. Y esa lección me la han dado todos ellos, cada uno a su manera

Lo que Pablo desconoce es que todos recibimos una lección, a pesar de que piense que muchos ya estamos curtidos en luchar contra el olvido con nuestra historia familiar a cuestas, «contra las trabas burocráticas y contra los reproches de los que dicen que no hay que levantar heridas, aunque bajo la costra de esas heridas esté atrapado un trozo de justicia y los derechos de personas que sufrieron como pocos por defender la libertad en España y en Europa.»


En el Consulado

La cita era a las seis de la tarde. Nos recibió doña Silvina Montenegro, Cónsul General de la República Argentina en Vigo, junto a don Alejandro Antonio Franco, agregado administrativo. Mientras que un funcionario iba preparando la documentación relativa a las denuncias que íbamos a entregar, la Cónsul fue haciendo pasar a los familiares uno a uno, depositaba en ellos su mirada cubierta de humanidad y empatía y les animaba a que relataran su historia. Y todas las historias treparon a la superficie de la memoria, fueron hilvanadas poco a poco con dolor, algunas con lágrimas, con la dignidad y el respeto que otorga el sufrimiento por el destino de los suyos, pero finalmente fueron contadas, porque no en vano ellos (los familiares) llevan años enhebrando su historia y su tristeza, esperando que alguien les escuche y les reconforte en su duelo como lo hizo Silvina Montenegro.

Decía Julio Cortázar que «las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma Y tenía razón. Es imposible recoger todas las sensaciones vividas en pasado día 28 de enero en el Consulado de la República Argentina en Vigo, sin ser conscientes de que detrás de cualquier sufrimiento siempre hay una víctima y sus familiares. Así como que detrás de una sociedad herida, al ritmo de un diapasón que va marcando sin tregua el tiempo, solo existe una palabra: impunidad.

Fue sin duda un ejercicio de recuperación de la memoria colectiva, una evocación de la experiencia de la guerra, el exilio, la pérdida de la patria. Retomamos el hilo de la Memoria de un tiempo de infamia, abrazando la certeza de que debíamos hablar en nombre de las víctimas y también en el nuestro para relatar unas vidas que se rebelan contra quienes pretenden olvidar, porque el olvido tan solo beneficia y absuelve a los verdugos.

Como nieta de una víctima del franquismo, la lucha de Francisco, José y Pablo, la lucha de todas las víctimas y sus familias, me resulta dolorosa y cercana.

Salimos del Consulado reconfortados, con la sensación del deber cumplido y con la tibia esperanza de obtener una Justicia que en nuestro país es negada. Al mismo tiempo, orgullosos de recordar, porque Recordar es una palabra hermosa, es la alternativa al silencio impuesto, un acto casi subversivo que devuelve la voz a los que fueron silenciados, la dignidad a los que fueron ultrajados, pone fin de la impunidad del opresor e impide que continúe perpetuándose la traición.






2980. Una lección de Memoria

José González Ferradás, Francisco Pena Romero y Pablo Barreiro Castro en el Consulado General de la República Argentina en Vigo
(Fotografía de José Lores)



El pasado 28 de enero, a instancias de la A.R.M.H. y en el Consulado General de la República Argentina en Vigo, se presentaron las cinco primeras denuncias de deportados gallegos a los campos nazis para incluir en la Querella Argentina.

Una de esas denuncias fue la de Domingo Castro Molares, deportado a Mauthausen y asesinado en el Castillo de Hartheim, centro de eutanasia nazi. Su sobrino nieto Pablo, ha querido dejarnos el testimonio de lo que significó para él ese acto.


*


Cuando vi salir a José González y a María Torres con lágrimas en los ojos sentí un poco de envidia, acto seguido me asaltó la vergüenza por haber tenido ese sentimiento.

Nos habían recibido en el consulado de la República Argentina y esperábamos turno sentados en la pequeña sala de espera. Un eficiente funcionario nos preparó la documentación antes que la cónsul general nos fuera recibiendo uno a uno en su despacho para presentar la denuncia.

Francisco Pena es hijo de un superviviente del campo nazi de Mauthausen, tiene 85 y está lleno de vitalidad y lucidez. Va acompañado de su mujer y su hija que lo adoran y lo cuidan. Cuando algún periodista le pregunta, ellas insisten en que no se vaya por las ramas, que no se enrede en detalles. Francisco no se cansa de contar su historia una y otra vez a quien se interesa por ella. Siempre cuenta un matiz o una anécdota nueva, se expresa con elocuencia y abre mucho los ojos al hablar, más de lo normal, como si no se hubiera podido recuperar del estupor, de cuando su padre le relató el horror que sufrió en su encierro de cuatro años en el infierno de un campo de concentración nazi diseñado para deshumanizar y matar por extenuación.

El padre de Francisco no pudo regresar a su país cuando fue liberado por las tropas aliadas en 1945. Así que Francisco tuvo la suerte de pasar su infancia y juventud en París, alejado de la prisión ideológica y moral que era la España franquista de aquellos años.

José González no tuvo esa suerte.

José es un hombre serio y de pocas palabras, la típica persona tímida que va por la vida con su coraza. Cuando hablas con él se nota que esa coraza es más gruesa de lo normal. Todo comenzó el día en que se percató de que el nombre de su tío José no estaba esculpido en el muro lateral de la iglesia de Beluso, el que da a la carretera para que sea bien visible con la lista de los caídos por la patria.

Ese día hizo la primera pregunta.

¿Si el tío José murió en la guerra porqué no está en el muro de la iglesia?

José ya no dejó de preguntar y de cosechar silencios, lágrimas y miradas evasivas por parte de sus mayores, gestos de reproche y miradas de reojo de los vecinos, y excusas, trabas y desidia por parte de las instituciones a las que se asomó a preguntar cuando llegó la democracia. Todo eso fue conformando esa coraza bajo la que se esconde una persona de extrema sensibilidad y humanidad.

María Torres es una investigadora tenaz y metódica.

María habla con tranquilidad y transmite la determinación que da la certeza de saber que hace lo correcto a pesar de los obstáculos. No en vano, hoy estamos todos en esta sala en gran medida gracias a ella. Hoy está aqui en representación de Ramón Garrido, un vecino de O Grove deportado al campo de Dachau cuya familia, que vive en Francia, no ha podido venir.

Pero María también tiene su propia historia de tragedia familiar y, al igual que José, esta curtida en la lucha contra el olvido, contra las trabas burocráticas y contra los reproches de los que dicen que no hay que levantar heridas, aunque bajo la costra de esas heridas esté atrapado un trozo de justicia y los derechos de personas que sufrieron como pocos por defender la libertad en España y en Europa.

Cuando me tocó entrar, la cónsul se sentó enfrente de mí y después de comprobar que estaba toda la documentación, me miró a los ojos, y me animó a que contara la historia, sin ninguna prisa y con toda la libertad. Yo estaba allí presentado una denuncia, un acto burocrático que suele ser formal y aséptico, pero la sensación de comprensión y calor humano que recibí no se puede describir con palabras.

Mi tío abuelo Domingo murió el castillo de Hartheim en 1942. Me enteré de su alucinante y brutal historia hace apenas dos años, hasta entonces ni siquiera sabía que hubo españoles en los campos nazis. He pasado la mayor parte de mi vida de la que tengo recuerdos en democracia. La represión y dictadura franquista para mí no había salido de los libros de historia, yo presumía de que la conocía bien, ahora sé que no tenía idea de lo esencial.

Tengo que reconocer que todavía no he podido asimilar esa tragedia familiar, por más que lo intento, soy incapaz de ponerme en la piel del tío Domingo, siento que su padecimiento está muy lejos de mí, eso me avergüenza un poco.

Por eso no lloré cuando le conté su triste historia a una persona que me miraba con tanta comprensión y afecto como sería lo normal. José González y María Torres sí lloraron. Ellos vivieron la dictadura y la democracia, llevan años masticando su tragedia, reponiéndose una y otra vez a las trabas y la incomprensión, luchando contra el olvido.

Hoy he recibido una lección. Por primera vez he tenido que hacer uso del derecho a la justicia universal que nos asiste por ley todos los españoles y no he podido ejercerlo.

La justicia española no me permite denunciar un crimen brutal que no ha prescrito y he tenido que acudir a un país extranjero. La lucha por la justicia y los derechos humanos no ha terminado.

Pero sobre todo hoy he recibido una lección de humanidad que no olvidaré.

Y esa lección me la han dado todos ellos, cada uno a su manera. Por eso quiero dar las gracias a Francisco, a José, a María y a Carmen, a la cónsul de la República Argentina en Vigo y el personal que nos atendió. Y a los periodistas y personas que nos arroparon con tanto cariño en un día tan importante para preservar la memoria y la justicia de las víctimas de la intolerancia y la brutalidad.


Pablo Barreiro Castro
Vigo, 1 de febrero de 2020









2972. Acto de la ARMH en Galicia ante el Día Internacional de las víctimas del Holocausto

Nota de Prensa de la  A.R.M.H

Acto de la ARMH en Galicia ante el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto. Presentación de la ARMH de denuncias de víctimas pontevedresas del Holocausto para la Querella argentina.

Ante la conmemoración del día 27 de enero “Día Internacional de las Víctimas del Holocausto”, la ARMH va a presentar por primera vez en el Estado español numerosas denuncias de casos de deportados gallegos en Campos de concentración nazis.

La ARMH acompañará  a los familiares en diversos actos: la comunicación pública  de las denuncias por parte de los familiares, la presentación en la representación consular y diversos actos complementarios como conferencias y exposiciones.



Convocatoria en Vigo

Lunes 27 de enero a las 20.00 h.
Lugar: Federación de Asociaciones de vecinos 
(Plaza de la Princesa 7, 2º, Vigo)

Conferencia: "27 de enero. Recordemos hoy y por siempre" por la  investigadora  de la deportación  María Torres. Presentación de la conferencia y del tema por el profesor Xesús Alonso Montero. 

Martes 28 de enero a las 17.00 h.
Lugar: Consulado general de Argentina en Vigo  
(López de Neira, 3, 2° Piso, Oficina 211)

Convocatoria prensa a las 17.00 h. y posterior entrega de las denuncias por los familiares de los  casos de pontevedreses víctimas  de deportación a los campos de concentración nazis, en el consulado de Argentina en Vigo, ante la cónsul general, para incorporar a la Querella argentina.


Al final de la nota, adjuntamos nombres de deportados y contacto de los investigadores de la ARMH para ampliar información.


Breve precendente de la Querella argentina

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), junto a decenas de familiares Organizaciones humanitarias de Argentina y España y el Nobel de la Paz 1980 Adolfo Pérez Esquivel, se personaron el 14 de abril de 2010 en el Juzgado de Buenos Aires para iniciar la Querella para investigar el genocidio y los crímenes de lesa humanidad cometidos contra miles de personas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista en España. La Querella Nº 4.591/10, caratulada “N.N. S/ GENOCIDIO”, se tramita ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nº 1 de la Argentina.

Esta investigación se abrió en aplicación del principio de jurisdicción universal y es la única abierta en todo el mundo por las graves violaciones de derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y el franquismo.

Se han presentado centenares de casos de víctimas del franquismo por muerte, tortura, prisión, confiscación de bienes…etc ante la Justicia argentina a lo largo de todo el Estado y también en Galicia.


Los deportados gallegos y la Querella argentina

Por primera vez se va a añadir los casos de españoles deportados en campos de exterminio nazis que fueron deportados con la connivencia del régimen franquista.

Los investigadores de la ARMH llevan muchos meses estudiando  los casos de los deportados gallegos en campos de concentración alemanes: Mautahusen, Buchenwald, Dachau, Sachsenchausen,  Neuengamme y otros.

Consideramos que para los familiares es reparador el que por primera vez un organismo oficial, en este caso el Juzgado Nacional nº 1 de la Argentina a través de la representación consular de ese país, recoja oficialmente tantos padecimientos nunca reconocidos de las víctimas gallegas del Holocausto nazi. Víctimas que lo fueron porque el Estado franquista, a sabiendas de lo que sucedía, permitió su deportación a pesar de las reiteradas solicitudes de la embajada alemana y de muchos familiares para cambiar el destino trágico de estos hombres y mujeres republicanos.

Las denuncias la realizan los investigadores de la ARMH con la colaboración de los expertos Carlos Hernández y Benito Bermejo, y la abogada Ana Messuti.

Está habilitado un correo para recibir y proporcionar información sobre los deportados  gallegos:  deportadosgalicia@gmail.com


Datos de los investigadores

Pontevedra
María Torres 698111542

Coordinación
Carmen Rodeja 658680904

Casos de deportados que se presentarán para la Querella argentina

Fecha: enero de 2020
Total: 20 casos en Galicia

Pontevedra:

Domingo CASTRO MOLARES
José FERRADÁS PASTORIZA
Ramón GARRIDO VIDAL
Arturo GONZÁLEZ BASTOS
Francisco PENA ROMERO