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1602. Manuel Pinto Queiroz Ruiz. Un héroe de La Nueve



Mi verdadero nombre es Manuel Pinto Queiroz Ruiz. Nací en Jerez de la Frontera el día 14 de abril de 1916. Mi familia era de allí. Mi madre murió cuando yo tenía 5 años. Cayó enferma, le salieron unos bultos y no pudimos hacer nada para curarla porque no teníamos dinero. Sólo recuerdo de ella que poco antes de morir me dijo: «Haz caso de tu padre, Manuel, escúchalo siempre». Mi padre era anarquista. Un hombre muy serio, muy buena persona y muy anticlerical. Era camarero. En Andalucía había muchos anarquistas.

En mi pueblo, la gente se sentaba al atardecer en las puertas de las casas y hablaba y discutía, mientras pelaba y comía higos chumbos. Había un ambiente muy fraternal. A pesar de que eran muy pobres, se ayudaban unos a otros, estaban siempre dispuestos a echar una mano. Había mucha lucha sindicalista, muy bien organizada. Yo trabajé en las viñas y luego en una fábrica de destilería. Entré muy joven en el sindicato de arrumbadores y en las juventudes libertarias.

En aquella época, los jóvenes se reunían para hacer periódicos y revistas, para ir a conferencias, para hacer teatro. Muchos de esos jóvenes recorrían kilómetros y kilómetros a pie para dar clases y charlas en los cortijos, donde se reunían los peones agrícolas tras una dura jornada de trabajo, a la luz de un candil. Yo sabía leer y escribir y pertenecía a uno de los grupos que iba a dar clases y a comentar textos de escritores libertarios.

Cuando llegaron los rebeldes de Franco y ocuparon Jerez, mi padre me dijo que tenía que marcharme enseguida y me ayudó a escapar. El no quiso venirse y poco después lo fusilaron. Según un tío mío, antes de morir dijo: «A mí me van a fusilar pero a mi hijo no lo cogerán nunca». Y no me cogieron.

Yo era muy joven, pero en aquellos momentos, viviendo tanta tragedia, nos hicimos mayores enseguida. Llegué a Granada por las montañas, haciendo ya la guerra contra los que habían dado el golpe de Estado. Estuve en Almería, en Murcia y en Alicante. Desde allí me marché a África del Norte en un barco de pesca que se llamaba La joven María. Con él llegamos hasta Argelia. En el puerto de Orán había un montón de barcos cargados de refugiados y las autoridades no les permitían bajar ni les suministraban ayuda. Nosotros nos las arreglamos para desembarcar y gracias a un viejo pescador que nos dio una dirección conseguimos un hotel para dormir una noche. La única noche que tuvimos libertad.

Al día siguiente, en plena calle, fui detenido por la policía y, como muchos otros españoles, encerrado en un campo reservado a los clandestinos, en un gran hangar de los muelles. El hangar estaba rodeado de alambre de púas y vigilado por la guardia móvil y senegaleses armados. Era un verdadero campo de concentración. El mismo director del campo pronunció este nombre, riéndose, cuando le pedí que nos diera una toalla. «Esto no es un hotel, es un campo de concentración».

De allí me llevaron a otros dos campos y luego a Colomb–Béchar, siempre a pico y pala, aplastando piedra y vigilado por los guardianes, entre los que había algunos nazis. Un día dejé caer una carretilla cargada de piedras contra uno de los jefes alemanes que se encontraba un poco más abajo, un tipo de una gran crueldad. No sobrevivió. Sólo un par de españoles se dieron cuenta de que había sido yo. Estaban muy contentos.

Cuando desembarcaron en África los aliados, nos liberaron a todos. Poco después me enrolé en los Cuerpos Francos de África para luchar contra los alemanes en la guerra de Túnez. Una guerra que dirigía el general alemán Rommel. Sus tropas estaban consideradas como fuerzas de elite. Conseguimos derrotarlos y siempre me he preguntado cómo pude sobrevivir a aquel infierno. Y cómo pude sobrevivir a lo que siguió después.

Mientras estuvimos en Argelia nos decían que no pasáramos a la zona árabe, pero yo pasaba todos los días, me paseaba tranquilamente, iba a los cafés, me invitaban a tomar té. Los otros me decían que estaba loco por hacer eso, pero yo les decía que eran ellos los locos porque aquella gente era estupenda.

Después de la guerra de Túnez me enrolé en las fuerzas de la Francia Libre, con Leclerc. Entré en lo que llamaban todavía, creo, el Regimiento de Marcha del Chad. Después estuvimos en Skira, donde se creó la Segunda División Blindada, hasta que salimos para ir al combate, a Europa. Embarcamos en Mers el–Kebir, en Argelia, en mayo de 1944. El barco se llamaba Franconia.

Cuando llegamos a Inglaterra, la gente nos trató muy bien también. Las mujeres nos preferían a los franceses. Todo el mundo nos trataba bien. Los ingleses tenían mucha más simpatía por los españoles que por los franceses. Las inglesas preferían siempre bailar con nosotros.

Los oficiales franceses tenían miedo de los españoles. Decían que éramos unos salvajes. Es verdad que cuando un oficial no nos gustaba, le hacíamos la vida imposible. No aceptábamos sus órdenes. Sin embargo, Leclerc, el capitán Dronne después y sobre todo el coronel Putz se ganaron nuestras simpatías. Eran gente que nos comprendía y aseguraban que nos ayudarían a luchar contra Franco.

Yo he ido siempre con los blindados de mando. Mi tanqueta se llamaba Los Cosacos. Le pusimos ese nombre porque el capitán Dronne, que mandaba la unidad, un día nos dijo que éramos una banda de cosacos. Uno de los capitanes españoles le dijo: «Ha cometido usted un grave error. Tiene usted que rectificar ante la compañía». Y rectificó.

El coronel Putz también le llamó la atención un día porque le oyó gritar contra los españoles. Le dijo que si se comportaba así, no conseguiría que los españoles le obedecieran. Dronne lo tuvo en cuenta. Lo que Putz le dijo era totalmente cierto.

Después de Inglaterra y del desembarco en Francia fuimos enfrentándonos con los alemanes, siempre en primera línea. Los enfrentamos por toda Normandía, en Alançon, Ecouché, hasta París y después en Alsacia, hasta Berschtesgaden. Fue una guerra dura, perdimos a muchos compañeros pero no nos hicieron retroceder nunca.

Cuando llegamos a París, yo iba en las primeras tanquetas que llegaron hasta la plaza del Ayuntamiento. Aquí tengo una fotografía que me hicieron frente al Ayuntamiento, una fotografía tomada allí mismo. Fue nuestra compañía, La Nueve, la primera que entró en París. Éramos casi todos españoles. La gente se sorprendía mucho cuando nos oía hablar. No paraban de abrazarnos y besarnos. Aquello fue algo extraordinario.

Dos días después, cuando el general De Gaulle desfiló por los Campos Elíseos, nosotros fuimos los que le servimos de escolta. A muchos militares franceses esto no les hizo ninguna gracia.

Cuando bajábamos por la avenida de los Campos Elíseos, con De Gaulle, Leclerc y otros oficiales, a medio paseo empezaron a tirar desde un edificio y enseguida paramos el half-track, empujamos a algunas personas para que se escondieran detrás y disparamos contra la zona de donde llegaron los tiros. Terminamos con ellos y el desfile pudo desarrollarse sin grandes problemas. Recibimos bastantes felicitaciones.

Yo no tuve miedo nunca pero trataba de no exponerme demasiado. No me volví nunca atrás pero siempre mantuve una cierta prudencia.

Luego seguimos luchando hasta que llegamos al mismo refugio de Hitler. Allí terminó la guerra, lamentablemente. Nosotros esperábamos la ayuda para seguir la lucha y liberar España. En La Nueve, todos estábamos dispuestos a irnos y teníamos bastante material preparado. Habíamos estudiado un plan para llegar hasta Barcelona con una gran cantidad de camiones cargados de material. Campos, que era jefe de la 3.ª sección, tomó contacto con los guerrilleros españoles de la Unión Nacional que combatían en los Pirineos. Nos dimos cuenta enseguida de que los guerrilleros estaban totalmente controlados por los comunistas y que no llegaríamos a nada. Tuvimos que renunciar.

Me desmovilizaron a finales de agosto de 1945. Nunca volví a España.


Testimonio de Manuel Lozano [1998]
E. Mesquida: La Nueve. Los españoles que liberaron París 










1601. Los héroes de La Nueve



María Torres, 24 Agosto 2015

La noche del 24 de agosto de 1944 dos secciones de la Novena Compañía, una de ellas encabezada por el Capitán Dronne y la otra por el Teniente Amado Granell, compuestas por 120 hombres y 22 vehículos, entraron en la capital francesa.

Veintidós minutos después la pequeña columna blindada de soldados exhaustos al mando de Amado Granell alcanzaba la Plaza del Ayuntamiento de París. Les acompañaba el alegre volar de las campanas de toda la ciudad, unidas en un violento repique de júbilo que impedía escuchar con claridad  El ejército del Ebro, con su famoso estribillo  Ay, Carmela, que iban cantando. (El Ejército del Ebro/¡Rumba la rumba la rum bam bam!/Una noche el río pasó,/¡Ay, Carmela, ay, Carmela!/Y a las tropas invasoras/¡Rumba la rumba la rum bam bam!/Buena paliza les dio,/¡Ay, Carmela, ay, Carmela!) Un himno también irreconocible para los franceses. Los primeros libertadores de París, portaban un banderín con la tricolor en la solapa de sus uniformes. Un día después la prensa francesa publicaría en portada la imagen de uno de los soldados americanos que habían logrado liberar París. Se llamaba Domingo Baños y había nacido en Extremadura.

Los héroes eran republicanos españoles. París era un símbolo para ellos. Muchos habían cruzado la frontera al finalizar la guerra española en 1939, vencidos. El destino les condujo a alistarse en el mes de mayo de 1943 en la Segunda División Blindada francesa y en la Novena Compañía a las órdenes del Capitán Dronne. Habían luchado para liberar a Europa del fascismo, habían luchado por Francia, por la libertad, convencidos que tras la victoria los aliados les ayudarían a combatir en España para derrocar a Franco. Se equivocaron.

Leclerc había decidido que la Novena Compañía, compuesta en su mayoría por españoles, cubierta de gloria en miles de acciones, debía ser la primera en entrar en París «porque sé que no retrocederéis y que tendréis en alta estima el honor de la División y el honor de las Fuerzas francesas libres, os doy la orden, a vosotros, la Novena compañía de voluntarios extranjeros, de ir a la cabeza de las fuerzas y de ser los primeros en liberar París».

Fueron los primeros, y además llevaron a cabo la detención del Comandante Von Choltiz, quien tenía órdenes de destruir París y resistir desde las ruinas. Francisco Sánchez, Antonio Navarro y Antonio Gutiérrez, a las órdenes de Amado Granell y ataviados con uniforme francés hicieron prisionero al Estado mayor alemán. Cuentan que Von Choltiz se negaba a rendirse a un soldado sin charreteras de oficial, pero finalmente se entregó a Antonio Gutiérrez quien solo le dijo: «Soy español»

Para Raymon Dronne, los españoles «poseían ya la experiencia del combate. Y eran bravos, de una bravura a veces excesiva. No tenían oficio, solamente sabían pelear. Todos se pusieron al trabajo con ardor y corazón». Para él fue un honor haber sido su compañero de lucha. Estaba orgulloso de los soldados españoles.

El 26 de agosto de 1944 París era una fiesta. Amado Granell abrió el desfile en los Campos Elíseos de París sobre un Tatra 57K con la tricolor española, seguido de cuatro half-tracks de La Nueve, con republicanos españoles enarbolando la bandera de Francia junto a la de la República española. En el Arco del Triunfo el General De Gaulle saludó y rindió honores a La Nueve, a quien correspondió el privilegio de escoltar el cortejo por los Campos Elíseos hasta Nôtre-Dame con los half-track Gernica, Teruel, Guadalajara y España Cañí, engalanados con la bandera republicana española. Manifestaba Amado Granell que les costó más trabajo vencer la admiración de los parisinos que la resistencia alemana.

Poco tiempo después la hazaña de estos republicanos españoles cayó en el olvido y su memoria se cubrió con un manto de silencio. No solo tuvieron la gloria de entrar los primeros en París y escribir una página de la historia con su valor y su sangre. También continuaron la lucha hasta Estrasburgo y Berchstesgaden, el santuario del nazismo, y fueron los primeros en alcanzar el Nido del Águila, donde depositaron la bandera republicana española.

Muchos de ellos cayeron en la lucha contra el nazismo y sus tumbas sembraron la tierra desde Normandía a Berchtesgaden. Cuando se firmó la rendición de Alemania en mayo de 1945, apenas quedaban con vida veinte soldados de los ciento cincuenta que integraron La Nueve.

Hoy queremos recordar la gesta de estos hombres, republicanos españoles, queremos militar en el recuerdo para que no se pierda su historia de lucha y sacrificio.


Algunos de los integrantes de La Nueve

Amado Granell Mesado, natural de Burriana, Castellón. En septiembre de 1936 se alistó en el Ejército Voluntario de la II República  y es destinado al Batallón de Hierro. Participó en la defensa de Madrid. Asumió más tarde el cargo de comandante de la 49ª Brigada Mixta del Ejército Popular Republicano, que defendía la ciudad de Castellón, hasta el 29 de marzo de 1939 que se embarcó en el buque Stanbrook con destino a Orán. Tras su paso por varios campos de concentración se alistó en la Legión Extranjera Francesa, enrolado en el Regimiento de Marcha del Chad, más tarde integrado en la 2.ª División Blindada, al mando del general Philippe Leclerc.

Manuel Pinto Queiroz-Ruiz, conocido por el seudónimo Manuel Lozano, natural de Jerez de la Frontera. Hijo de un barbero anarquista fusilado por el franquismo. Combatió en los frentes de Málaga, Granada, Marbella, Almería, Murcia y Alicante. En marzo de 1939 se exilia a Orán. Arrestado por la policía francesa es encerrado en un campo de concentración. Pasó por cinco campos de Argelia y Marruecos hasta noviembre de 1942. Ingresó en la Segunda División Blindada interviniendo en la toma de Bizerta (abril de 1943) y combatiendo en Francia en la División Leclerc, 9ª compañía del 30 regimiento. Fué el primero en entrar en París el 24 de agosto de 1944.

Alférez Federico Moreno. Madrileño y tipógrafo. Miliciano en los inicios de la Guerra. Fué Jefe del Estado Mayor de la 67 Brigada Mixta, y posteriormente refugiado de Alicante a bordo del Stambrook. Drone lo calificaba de hombre calmoso, de juicio mesurado, lúcido y valeroso sin ostentación.

Sargento Domínguez. Conocido por El extremeño para distinguirlo de otro valenciano del mismo apellido. De él se dice que recorrió con La Nueve toda Europa. Hay fotografías que le sitúan en Berchtesgaden, la localidad de los Alpes Bávaros donde se encontraba el Nido del Águila, uno de los refugios de Hitler. En mayo de 1945, Domínguez fue uno de los 16 españoles que tomaron uno de los últimos reductos del nazismo.

Comandante Miguel Buiza. Sevillano, con 17 años ingresó en la Escuela Naval Militar de Cádiz y fue ascendido a capitán de corbeta en 1932. En 1936 se hizo cargo del crucero Libertad. Fue nombrado Jefe de la Flota Republicana el 2 de septiembre. El 5 de marzo de 1939 ordenó la partida de la flota republicana desde Cartagena y puso rumbo a Túnez, donde se entregó a las autoridades militares francesas. Ingresó en la Legión Extranjera y en el Corps Franc d'Afrique y participó en la campaña de Túnez, donde su actuación le valió la concesión de la Cruz de Guerra con Palmas. Se retiró en 1943 por motivos de salud, convertido en un símbolo para los republicanos que continuaron luchando. Uno de los blindados españoles de la División Leclerc llevaba su nombre: Amiral Buiza, el único bautizado en honor de una persona.

Teniente Antonio Van Baumberghen Clarasó. Natural de Barcelona, Guardia de Asalto, conocido como Bamba. Tenía una gran formación intelectual, adquirida en la Institución Libre de Enseñanza. Fue el primer teniente adjunto al mando hasta que Amado Granell ocupó su puesto.

Miguel Campos. Canario, anarquista, el preferido de Dronne quien decía de él que «era un fenómeno, un coloso». Mandaba en la Tercera Sección de Combate. Desapareció el 14 de diciembre de 1944 en el curso de una de sus misiones en solitario. Nunca se encontró su cuerpo.

Alférez Martín Bernal Garcés. Alías El maño, zaragozano, matador de toros con el sobrenombre de Larita II. Combatió toda la Guerra española en el EPR. Prisionero de los franquistas, se escapó a Francia donde fue internado en un campo. A comienzos de 1940 las autoridades francesas le dieron a elegir entre alistarse en la Legión Extranjera o ser deportado a España. El propio Bernal lo contaba así: «Al principio creímos que era una medida de presión, pero cuando nos montaron en un camión en dirección a Canfranc, nos empezamos a poner nerviosos. Y comprendimos que la cosa iba en serio cuando vimos asomar los tricornios de los civiles».

Germán Arrue Alemán. Conocido como Ortega, El Mejicano, natural de Benaguacil (Valencia), militante libertario. Durante la Guerra española se ocupó del transporte de municiones en los frentes de Teruel, Lérida y el Ebro. Pasó a Francia en 1939 y fue internado en los campos de Saint-Cyprien, Argelès y Barcarès. Se alistó en la Legión Extranjera, fue trasladado al norte de África y enviado a luchar en Túnez. Después del armisticio, se unió al Ejército de la Francia Libre. Soldado raso en el half-track Teruel, participó también en la toma de Estrasburgo, la liberación del campo de concentración de Dachau y alcalzó el Nido del Águila  junto a Martin Bernal, Manuel Lozano, Federico Moreno, Fermín Hernández y Daniel Pujol. Nunca quiso la ciudadanía francesa. Trabajó como peluquero en París, obrero de una fábrica de ladrillos en Lyon y más tarde conductor de camión. Regresó a España cuando se jubiló.

Ramón Gualda. Natural de Granada, conductor de autobús y mecánico de profesión. Anarquista, combatió en el Ejército Popular de la República. En marzo de 1939 embarcó en Cartagena con dirección a Orán. Se alistó en la Legión Extranjera en junio de 1940. Dronne aseguraba que era uno de los conductores más expertos de la Nueve. También decían que «se dormía facilmente al volante». Hay imágenes de él conduciendo el Madrid en la calle de Rívoli de París antes del desfile del 26 de agosto de 1944.

Fermín Pujol. (José Nadal Artigas), natural de Sabadell. Pertenecía a la Columna Durruti (26 División). Combatió en el frente de Madrid y fue herido en 1937 en Monte Negrillo. El 17 de febrero 1939 pasó a Francia. Internado en el campo de Argelès, del que escapó, marchó al Norte de África. Fué obligado a alistarse a la Legión Extranjera en Argelia. Luchó en Túnez contra el Afrika Korps de Rommel y se unió a la 2ª División Blindada. Llegó a París el 24 de agosto de 1944 y alcanzó el Nido del Águila. Finalizada la Guerra se instaló en París, trabajó en la fábrica de Renault y se casó con una española.

Rafael Gómez. Natural de Adra (Almería). Con 16 años se enroló en la Quinta del Biberón e ingresó en el Ejército Republicano.  Se exilió a Francia, estuvo en dos campos de concentración y se alistó como voluntario en el Cuerpo Franco de África combatiendo en la Batalla de Túnez. «Subimos una montaña, la de los monos porque había muchos, en las inmediaciones de Temara y allí formaron la primera y segunda División Leclerc; yo me fui como voluntario a la segunda». Tomó parte en el desembarco de Normandía y sobre el semioruga Guernica, fue uno de los primeros en asomar por la Puerta de Italia de París. Llegó hasta el Nido del Águila. «Mi tarea era combatir (...) No creí nunca que íbamos a estar tan bien recibidos por haber hecho nuestro deber»

Luis Royo Ibañez. Alias Julián Escudero, natural de Barcelona, se alistó en el EPR con tan solo 17 años participando en la Batalla del Ebro. Fue confinado durante siete meses en el campo de concentración de Agde, desertó de la Legión Extranjera en 1941 para unirse en África al ejército aliado, y en 1943 a la 2ª División Blindada. Conductor del Madrid, al finalizar la Guerra se instaló en Francia donde trabajó en la factoria de automóviles Citroen.

Manuel Fernández.  Alias Belmonte,  natural de Marentes (Asturias), minero. Al estallar la Guerra española se alistó voluntario en el EPR, siendo detenido en 1937 e ingresado en la cárcel de San Marcos de León y San Pedro de Cardeña en Burgos. Acabó en un batallón de trabajadores penados. El 5 de mayo de 1940 consiguió llegar a Francia y enrolarse en la Legión, de la que desertó para pasarse a las tropas de Leclerc. Al finalizar la contienda trabajó como tapicero en las Galerías Lafayette.

Faustino Solana. Alias El Montañés, cántabro. Llegó hasta la alcaldía de París con el Santander. Tras la Guerra se instaló en Elbeuf, un pueblo de Normandía y se ganó la vida como peluquero. Volvió por primera vez a España en 1962, con pasaporte francés.

David Hernández. Alías El volcán, natural de Almería, pescador e hijo de pescado. Dos meses antes de cumplir 17 años se enroló en Orán con las tropas americanas que desembarcaron en el Norte de África y más tarde en las Fuerzas de De Gaulle. Cuando se enteró de que no participaría en el Desembarco de Normandía el 6 de junio, desertó con otros compañeros de La Nueve y se alistó con los paracaidistas ingleses que comenzarían antes el combate, pero Leclerc les llevó de vuelta a La Nueve. El 24 de agosto de 1944 llegó en París en el Guadalajara y fué uno de los que entró en la guarida nazi de El nido del Águila, donde se apropió del ajedrez de Hitler que más tarde vendió a un americano por 500 dólares.

Salvador Maturana Navarro. Nacido en La Unión, Murcia. Ingresó en la Armada en 1931, militante del PCE, combatió en la Guerra española llegando a alcanzar el grado de teniente de navío. Antes de enrolarse en la columna de Leclerc logró fugarse de varios campos argelinos. Fue instructor de tiro y formó parte de la sección de Obuseros. Entró en París en el Amiral Buiza. Más tarde alcanzó el Nido del Aguila en Berschtesgaden.

Joseph Putz. Natural de Bruselas. En 1936 se unió a las Brigadas Internacionales en defensa de la legalidad republicana. Estuvo encuadrado en la XIV Brigada al mando del batallón Henri Barbusse y después comandó la brigada. Fue también comandante de la 1.ª División Vasca en la defensa de Bilbao, Herido varias veces en combate y ascendido dentro de las Brigadas a teniente coronel. El capitán Joseph Putz, formó parte de La Nueve. Fue el que autorizó a que las tanquetas de la Nueve enarbolaran los nombres de las antiguas batallas de la Guerra española (Guadalajara, Brunete, Teruel, Madrid, Ebro, Santander, Belchite…), pero prohibió que se pusiera ningún nombre de personaje político para evitar enfrentamientos entre sus hombres. Dos miembros españoles de la Nueve, Maturana y Bamba, buenos dibujantes, fueron los encargados de escribir los nombres sobre los vehículos. Don Quijote fue escrito en una mezcla de español y francés (Don Quichotte).

Antonio Llordén Fernández. Nacido en Nerva (Huelva). Capitán en la 112 Brigada Mixta del E.P.R. Tras el final de la contienda logró llegar a Orán, fué allí donde se alistó en la División leclerc en 1942. Fué el sargento del Teruel, la tanqueta que entró en París tras el Guadalajara. El 25 de agosto participó en la ocupación de la central teléfonica, el Ministerio de Marina y en la toma de un cuartel nazi. Tras la liberación de parís siguió combatiendo y alcanzó el Nido del Aguila en Berschtesgaden. Al finalizar la Guerra y tras vivir unos años en París, se marchó a México, donde falleció en 1973.

José María Tarifa. Natural de La Zarza (Badajoz). Combatió en la 91 BM del EPR alcanzando el grado de Teniente. Al finalizar la contienda es apresado en el campo de concentración de Castuera, del que se fuga junto a otros compañeros en enero de 1940. Consigue cruzar la frontera francesa y es internado en el Campo de Gurs.En abril de 1940 se enrola en la Legión Extranjera y parte hacia Argelia. Dos años después se incorpora a las tropas de Leclerc. Entró en París con La Nueve en la dotación del España Cañí. Abandona La Nueve para unirse a los guerrilleros de la U.N.E. y participa en la Operación Reconquista de España en octubre de 1944 bajo el seudónimo de Justo González. Finalizada la II GM se estableció en Sisteron (Francia) y regresó a España en 1976.