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1627. Por qué me marcho del anarquismo (Helios Gómez)

Helios Gómez Rodríguez
(Sevilla, 20 de mayo de 1905 - Barcelona, 19 de septiembre de 1956)


A todos los trabajadores y revolucionarios

Camaradas: Una obligación ética me impele a haceros partícipes de las causas que motivan la decisión de separarme de un movimiento al que consagré 10 años de actividad discreta y sentida, con toda la fuerza y sinceridad de la juventud. Esta separación no significa una deserción de la lucha; ello es simplemente una rectificación en la metodología revolucionaria, consecuencia experimental de ideas malogradas.

Para haceros más viable el enjuiciamiento de causas, os las clasificaré en la forma siguiente:

Motivos teóricos

El anarquismo se halla fosilizado, sumergido en el pasado, huérfano de una revisión crítica profundísima en sus principios que lo haga vivir con la época. Está incapacitado para una amplia acción revolucionaria de masas organizadas, que es lo que únicamente puede destrozar hoy al régimen capitalista, primer dique contensor para innumerables conquistas ideológicas posteriores.

Los anarquistas están imposibilitados de unificar las diferentes fases doctrinales de su movimiento. La moral humanitaria de Tolstoi excluye por completo el individualismo aristocrático de Stirner. Las luchas de clases de Bakunin y Kropotkin no pueden acrisolarse en una misma acción científica a causa de ese caracter indisciplinado de la teoría. Ello es la causa de que en todo el curso de sus actividades no hayan podido obtener un éxito de importancia mundial. La ausencia de unidad en el pensamiento anarquista ha paralizado la unidad de la voluntad colectiva, fracasando en toda la tentativa de acción revolucionaria de masas.

Para ellos no importa que en los pueblos se sucedan convulsiones políticas o científicas; que el ritmo de la historia se vea apresurado continuamente por la apoteosis de la ingeniería. Los anarquistas siguen conservando el ideal en su iniciación teológica, considerándolo infalible para solucionar unilateralmente todas las cuestiones. Con su característica demagogia gritan: ¡Hay que abolir la máquina del estado! Como si este solo grito pudiera satisfacer a la inmensa multitud de pueblos que se preparan a hacer su revolución. No ven que ante el proletariado se presenta una cuestión ineludible, ¿Por qué puede ser reemplazado este organismo estatal? Es la pregunta fundamental de Lenin, a la cual el anarquismo se ha evidenciado como incapaz de dar una respuesta teórica concrta. Sus eternos monosílabos filosóficos plenamente han demostrado su bancarrota en lo concerniente a soluciones prácticas y científicas, ocasionando estos formidables fracasos a los movimientos revolucionarios de los pueblos.

Hoy ha de satisfacerse el escepticismo de las masas con soluciones concretas que vigoricen sus ímpetus combativos, gastados en pesadas esterelidades filosóficas.

La crisis económico-política por la que atraviesa España, y que rápidamente puede transformarse en una situación revolucionaria, nos coloca a los trabajadores en la necesidad de conquistar la dirección de la revolución que se prepara. y para ello estamos obligados a denunciar la incapacidad del anarquismo como movimiento de masas, evitando que repitan sus fracasos poniendo en peligro el triunfo de la revolución. La historia nos señala ejemplos monumentales de sus desaciertos líricos: la Comune de París abandonada en manos de Thiers, y la revolución de Alemania e Italia en las de Hindenburg y Mussolini son esperiencias dolorosas que nos hacen comprender que si bien hay que destruir la máquina burocrárica militar y capitalista del Esado, el proletariado victorioso debe controlar y mantener esta acción revolucionaria creando su propio estado obrero transitorio, interin no consolide todas las conquistas de la revolución. Este Estado está bien definido que ha de ser transitorio, y no existe un teórico del comunismo que lo haya preconizado a perpetuidad. He aquí cómo se expresa Engels a este objeto: «Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como inevitablemente surgieron en el pasado. Con la desaparición de las clases el Estado también desaparecerá. Al organizar de nuevo la producción sobre la base de productores libres e igualitarios, la sociedad desterrará la maquinaria integral del Estado a un lugar muy apropiado para ella, es decir, al museo de antigüedades, al lado del hacha de silex y de la rueca». Y Marx añade rotundo: «La sociedad sin Estado es el ideal del provenir»

La revolución es un ejemplo elocuentísimo del procedimiento estatal de clase como transición hacia la desaparición de las clases. Estúdiese el desarrollo real de los acontecimientos revolucionarios en el interior de Rusia; la lucha de los soviets de obreros y campesinos contra el ambiente antirevolucionario del resto del mundo; la autodefensa de la revolución contra sus enemigos interiores y exteriores; su marcha hacia la construcción del socialismo, edificador de un nuevo sistema económico que va abriéndose paso a pesar del sabotaje y otras múltiples formas de agresiones contrarevolucionarias. Esto nos plantea de forma concreta, y no de un modo sofístico, la consecuencia de un plan de organización disciplinada por un partido que tiene un concepto básico de la defensa de la revolución por el control de un Estado, a la par organizador de la producción.

Ahora, he aquí los

Motivos tácticos

Los anarquistas han subordinado siempre los intereses de clase del proletariado a los caprichos filosóficos de pequeños grupos, no concediendo al movimiento obrero casi ninguna beligerancia. Nosotros pretendemos volcar las actividades filosóficas de los grupos en el vasto movimiento general de clase. Sus tácticas han sido y siguen siendo siempre la consecuencia de un concepto mecánico y arbitrario de los fenómenos sociales, dan soluciones metafísicas a todos los problemas, sustituyendo la vida real por abstracciones ideales, pretendiendo sugestionar a las masas con palabras y conceptos rígidos como «acción directa»«propaganda por le hecho»,«anti-autoritarismo» y otros muchos tópicos que constantemente tienen en boca con lo cual demuestran su completa contradicción entre la teoría y lo hechos. El anarquismo viene batiendo el récord del colaboracionismo con los políticos y partidos burgueses en inteligencia de izquierdas más o menos revolucionarias y mendigando constantemente por los ministerios el reconocimiento de sus organizaciones. Y para colmo de su disparidad ideológica, pidiendo Cortes Constituyentes en un reciente manifiesto de la CNT.

Esta desorientación táctica no es sólamente exclusiva del movimiento en España, es la característica en general del anarcosindicalismo en Europa y América. Más de un año en Berlín me ha dado margen para estudiar, con materias de juicio suficiente, la actuación del desquiciado engranaje burocrático-vitalicio de la AIT, caricatura de organización internacional de notoria nulidad combativa. Solamente recordar dos jornadas memorables del proletariado alemán, es lo suficiente para poner de relieve el vergonzoso reformismo de quienes tan pomposamente se proclaman defensores de la acción directa del sindicalismo revolucionario. Fue el primero de mayo de 1929, cuando yo presencié a las masas proletarias de la capital de Prusia batirse a sangre y fuego contra las hordas policíacas de Zörgiebel, el jefe socialdemócrata, asesino de mujeres indefensas. Fue en esta sangrienta jornada cuando yo ví a los anarco-sindicalistas cobardemente refugiados en un local de la barriada de Treptow, con músicas y discursos, hacer odas a la Diosa anarquía, mientras el proletariado alemán conquistaba con su sangre sus reivindicaciones.

Otra fecha fue el primero de agosto, jornada internacional de lucha contra la guerra. Las fuerzas organizadas del proletariado comunista alemán se lanzaban a la calle en tempestuosas manifestaciones antimilitaristas y la AIT, con la ridícula pretensión de sabotear el movimiento, convocaba cuatro días más tarde otra manifestación con una fracción de la social-democracia.

Insistiendo en los motivos tácticos tenemos que reconocer que el capitalismo contemporáneo ha llevado al máximo los procedimientos monopolistas. Concentrando los medios de producción ha aglomerado las diferentes categorías obreras en una masa proletaria compacta, presentando al movimiento obrero moderno tareas y procedimientos modernos de lucha que requieren nuevas formas de organización. En esta época de gran acción de masas se precisa una firme orientación político-social de clases. Gigantesca tarea para la que está incapacitado el anarco-sindicalismo. Sus partidarios, al pretender mantener la hegemonía en el movimiento obrero, imposibilitan a éste de paralelizar su ritmo con la época, incapacitándolo para el injerto de las nuevas experiencias sociales y los modernos descubrimientos técnicos y científicos con los que no se puede perder contacto para no anular su actividad revolucionaria sobre el capitalismo moderno.

La crisis del régimen burgués acentúa la reacción política contra el proletariado, teniendo éste para su defensa necesidad de coordinar las huelgas políticas de masas con sus reivindicaciones económicas, de transformar las guerras imperialistas en guerras civiles, y de organizar la revolución para crear el Estado proletario. Todos estos nuevos problemas y procedimientos de lucha se van planteando cada día de forma más imperiosa e ineludible como labor inmediata y no como tema de discusiones filosóficas y literarias. El leninismo ha dado a todas estas cuestiones respuestas claras y definitivas en el orden teórico y práctico. El anarquismo ha callado en lo que concierne a la teoría, y en la práctica participa con los enemigos de los trabajadores en la actividad combativa contra los movimientos revolucionarios comunistas, como por ejemplo desautorizando recientes movimientos espontáneos de las masas rebeldes del país, en notas oficiosas elogiados por los corifeos de la burguesía.

Motivos éticos

Todas las ideas pueden mantenerse en el campo de las actividades públicas, si se desarrollan en un plano moral y de franca polémica teórica. Pero cuando para afianzar principios, que la ley arrolladora del tiempo condenó a la jubilación, se lanza cieno a falta de lógica, pretendiendo de esta forma obstruir actividades libertadoras no catalogadas en el arcaico criterio de determinados grupos filosóficos, erigidos por sí mismos en patrones del movimiento proletario, no cabe más que una solución a los revolucionarios, aparte de tales saboteadores de la unidad revolucionaria, señalando a los obreros como enemigos de sus intereses.

¡Trabajadores! ¡Revolucionarios! Pensadlo bien. Nos encontramos ante dos interrogantes definitivos: fascismo o comunismo. No existe otro dilema. No hay otro camino. Los que no vengan con el comunismo, no importa cual sea su lenguaje ideológico, se encontrarán, tarde o temprano, en las filas del fascismo.

Vuestro y de la revolución proletaria.


Helios Gómez
Cataluña, Julio 1930









61. El papel del pueblo gitano durante la Guerra Civil Española


Retrato de un soldado gitano durante la Guerra Civil / ROMIR


Tan escasa como interesante es la información que preservamos sobre la participación del pueblo gitano durante la Guerra Civil, debido a la actitud apolítica que en su mayoría decidieron tomar.

Después de más de 500 años en territorio ibérico, la participación del pueblo gitano en los diferentes sucesos acaecidos durante ese período de tiempo continúa siendo una verdadera incógnita. Pese a la cantidad de textos, memorias, películas y diferentes documentos sobre el conflicto civil sucedido en España durante los años 1936-39, es todo un reto encontrar testimonios fiables sobre la implicación que pudieron tener.

Debido al contexto socio-cultural relacionado con el pueblo gitano, su incursión en el conflicto bélico se antojaba desde el inicio meramente testimonial. Existía una desconfianza generalizada con relación a ellos, que junto a la fama de robar ganado, provocó que durante el conflicto fueran perseguidos tanto por el bando republicano como por el nacional. Sirva de ejemplificación el suceso llevado a cabo el 26 de febrero de 1939, cuando dos soldados pastores dispararon con su fusil contra dos gitanos nómadas, totalmente desarmados. La razón fue sencilla, parecían tener intención de robar parte de su ganado.

Sirva este caso para comprender la marginación social a la que estaban sometidos los pertenecientes a la etnia gitana. Por ello, no es de extrañar que la gran mayoría decidieran mantenerse al margen del conflicto, respetando la tradición apolítica llevada a cabo por sus antepasados durante los siglos anteriores. Aunque como es común en los conflictos, son varias las excepciones. Y en este caso fueron relativamente importantes las incursiones de individuos de raza gitana en ambos bandos, especialmente en el republicano.

Destaca por encima de todos el caso del artista Helios Gómez, de pensamiento anarcosindicalista.

Nacido en Sevilla en el año 1905, tiene que exiliarse durante la dictadura de Primo de Rivera. Volviendo a España en el año 1930 cuando esta finaliza, desvinculándose de momento del movimiento anarquista para pasar a formar parte del PCE.

Pero como es común en todo comunista con pasado anarquista, tal y como resalta Abel Paz en varias de sus obras, su formación libertaria les impedía aceptar los dogmas y la disciplina del partido. Algo parecido le debió ocurrir a Helios, que por discrepancias ideológicas se enfrenta y dispara al capitán estalinista Arjona, por lo que es expulsado y perseguido desde el partido, acusado de trotskista. Por ello vuelve a la CNT en 1938, donde lo esconden y ofrecen batallar de nuevo. Siendo asesinado por la represión franquista en el año 1956 por sus actividades revolucionarias y antifranquistas, dando nombre en una de las muchas prisiones en las que estuvo a la Capilla Gitana.

No es de obviar la vida del recientemente beatificado por Juan Pablo II, el archiconocido gitano Ceferino Giménez Malla, más conocido como “El Péle”.

Considerado por muchos como un astuto comerciante, que hizo fortuna durante la I Guerra Mundial, aunque a menudo acusado de robo. Ferviente creyente católico, intervino en la Guerra Civil de manera indirecta, aunque su recuerdo está estrechamente relacionado con el conflicto, pues fue fusilado por el bando republicano debido a su negativa de renunciar a la religión católica, según fuentes episcopales. Aunque son variadas las hipótesis sobre la verdadera razón de su muerte, posiblemente relacionada con el arresto de un sacerdote relacionado con el bando sublevado.


Mención aparte merece el caso del secretario general de la CNT desde el año 1936 hasta el 1939, el joven Mariano Rodríguez “Marianet”.

Desempeñando con sólo 27 años importantes labores para el anarcosindicalismo, y siendo recordado como figura clave de la resistencia anarquista en los campos franceses, donde fallece ahogado en un río cercano a éstos.

Accedió al pensamiento ácrata en prisión, debido a su faceta delictiva antes de conocer dichos ideales, que cambiaron su vida de manera decisiva.

Por último, y casi como anécdota, debe mencionarse el caso de José Palma León “Osolito”, un afamado deportista republicano de etnia gitana, que días antes de las Olimpiadas Populares y debido a la sublevación militar, decide alistarse en las milicias para combatir por “la libertad del pueblo”, como él mismo dijo.

Después de estos breves recordatorios de individuos de etnia gitana estrictamente relacionados con el conflicto, es necesario realizar un análisis global de su participación en dicho conflicto, pues pese a ser una pequeña punta de un gran iceberg, una cara tan desconocida como ésta merece ser estudiada a fondo, para una verídica interpretación de la situación del pueblo gitano en la actualidad.

Por ello, debe ser conocida la habitual confusión entre los maquis republicanos y los gitanos nómadas, que debido a la confusión eran fusilados en nombre del franquismo. Fueron castigados con dureza por su pensamiento apolítico, y severamente castigados durante la posguerra por su creciente desprestigio social.

Fueron, al fin y al cabo, víctimas del genocidio fascista que asoló España entre los años 1936-39. No eran republicanos concienciados en su mayoría, pero pagaron su deslealtad al régimen de manera eficaz.


Raúl López Baelo