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3445. Romance de Zurbano Ramos

A golpes de corazón.
A martillazos severos,
España canta sangrando.
Cumple con furia su sueño.
El brazo de la pasión
Abraza todos los pechos,
El pulso español levanta
Su libertad en el viento.
La sangre mueve el arado,
Y la fe derrumba el miedo.
Digno sudor de muchachos,
Rompe el silencio del hierro.
Muchachos trabajadores,
De nueva frente, ojos nuevos,
Que han nacido alimentados
De nueva leche del pueblo.
Zurbano Ramos, varón.
Hermanos por el alma
Con Grau, Cornejo, Carrasco,
Hijos de la misma planta,
Hermanado por la sangre
La clara fe, la esperanza,
Con Stajanov, el ruso,
De igual corazón y alma.
La luna nueva, la luz,
Más limpia de la mañana,
Dejen su frescor, su aliento,
Sobre tu frente cansada.
Tu sed obrera no calme
En el descanso del agua.
La gloria de tus sudores,
Pañuelo de tela blanca.
Por tus blancas manos sencillas,



Sencillamente bordada,
La guarde, porque se vea,
Tela de gloria mojada.
Y esa esperanza que arde
En tus manos, y que canta
En tus ojos y tu risa,
Cruce la meseta alta,
Baje al llano, suba al monte,
Y golpee en las ventanas
De muchas calles dormidas,
Donde la sangre no canta,
Donde la frente es olvido
Y los brazos no trabajan,
Donde ya no quedan venas
Con sangre roja de España.
Tu palabra de varón
Cruce de un golpe la cara
De quienes traidoramente
Se alimentan de tu planta.
De quienes cogen los trigos
Que tú con pasión sembraras.
De quien debiera morir
Del hierro que tú trabajas.
Hombres en hembras trocados
Cobardes, ya sin curanza,
Impotentes peregrinos
Caminantes de la nada.
Habladores de mil lenguas,
Todas ellas deslenguadas.
Sin un rincón en el pecho
Donde guardar esperanza.
Sin un pulso que se queme
En el incendio de España.
Olvida, Zurbano Ramos,
Tan triste escoria mundana.
Tan sucia gusanería,
Tanta caca disfrazada.
Que sobre el hierro glorioso
Que tú das a las batallas,
Tus manos sean potentes,
Ligeras como las balas.
A cada golpe el martillo
Que tu brazo manejara.
Forje la luz que ilumine
Con alto claror a España.


Lorenzo Varela
El Mono Azul, 29 de julio de 1937






3438. La falsa promesa

Pregonero, pregonero, 
falsas noticias de España 
por una falsa promesa 
tú nunca las pregonaras: 
"Por las vegas de Valencia 
y por las playas de Málaga 
han de correr para siempre 
las tropas de las mejalas." 
Después que lo pregonaste 
quedó sonando Al Bagdala 
a la luna de Valencia 
y al mediodía de Málaga. 
Pregonero, pregonero, 
tú nunca lo pregonaras. 
Después que lo pregonaste 
salió de guerra Al Bagdala, 
en montura de oro fino,
luciendo blanca chilaba. 
Salió de Ceuta el guerrero 
por hacer la guerra a España 
y robarle la Mezquita 
y la Alhambra de Granada, 
que la libertad del pueblo 
él no pensara robarla. 
Pregonero, pregonero,
tú nunca lo pregonaras. 
Nunca llegaran tus voces, 
nunca tus promesas falsas, 
por las plazas y los zocos, 
por todo el suelo de África. 


Prometiste la Mezquita: 
Córdoba cayendo estaba, 
conquistada con bravura 
por las Milicias de España. 
La Alhambra les prometías, 
la Alhambra de Granada: 
y ya las tropas del pueblo 
a Granada la cercaran. 
Pregonero, pregonero, 
falsas noticias de España 
por una falsa promesa 
tú nunca las pregonaras. 
Pregonero, pregonero, 
moro de pregón sin alma: 
con oro y galones falsos 
nunca un traidor te engañara. 


Lorenzo Varela
El Mono azul, 17 de septiembre de 1936






3387. Primero de Mayo




I

No hay descanso ni paz en esta tierra, 
ni en esta marga calle señalada, 
en estos corazones. 
A vosotros, canteros y pastores, 
obreros de Paris, de Londres y del mundo:
¡No hay descanso ni paz en esta tierra!

II

Hombres, trabajadores lo mismo que vosotros, 
con yuntas de bueyes iguales que los vuestros. 
Con tornos parecidos también de polvo y de romero, 
por el mismo cielo común y parecidas fábricas, 
caminan y trabajan infatigablemente. 

III

Sombres, trabajadores lo mismo que vosotros, 
con hijos tan hermosos 
y sábanas tan pobres en lechos parecidos, 
y tierno pan, tan oloroso como el vuestro, 
pelean y triunfan al pie de los olivos, 
en los trigales rubios, 
sobre la nieve vieja que duerme entre los pinos. 
Bajo un cielo varón, hombres varones, 
fuertes y alegres como lo sois vosotros, 
dejan en el olvido 
el incendio de sus dormitorios y abuelos mutilados. 
¡No hay descanso ni pan en esta tierra 
que paro siempre ha de llamarse España!
Porque somos, hemos de ser, las únicos propietarios del día,
dueños de las ciudades y verdaderos amos de los campos.

IV

Los hombres de las minas. 
Los que trabajan en ganados y montas. 
Los que hacen el pan y los que lo cultivan. 
Los poetas, herreros, leñadores, 
el nombre guardan, y la sangre del pueblo 
en la quemada tierra de las avanzadillas,
en los talleres

V

¡No hay descanso ni pan en esta tierra!
Solo hay flores que viven en tinajas quemadas. 
Castas que terminó la Artillería. 
Hombres que no descansan, 
despiertos siempre, como están los castaños 
hasta que la victoria da los frutos.


Madrid, primero de Mayo de 1937

Lorenzo Varela






3152. Romance de Lina Odena

Por Granada, tropas moras.
Por Málaga, son leales,
y de Málaga a Granada
es de fieles el viaje.
Por ella va Lina Ódena
donde nunca fuera antes.
Va camino de la muerte,
va dirigiendo el avance.
Por allá va Lina Ódena,
donde nunca fuera antes.
Quiere avisarle el vigía
y no puede darle alcance.
El auto que la llevaba
sigue camino adelante.
¡Lina Ódena, Lina Ódena
ya nadie puede salvarte!
¡Ya no veremos tu risa,
tu estrella de comandante!

¡Ya tus palabras guerreras
no encenderán nuestra sangre!
¡Que falsas noticias tienes!
¡De qué camino fiaste!
Carretera envenenada
de negras flechas fatales.
Lina Ódena, Lina Ódena,
por qué traición te engañaste.
Ya no sonarán tus balas
de justicia en los trigales.
Sólo sonará tu cuerpo
cayendo en los olivares.



Sólo contra las arenas,
a luz sonará tu sangre.
Lina Ódena, Lina Ódena,
camarada de linaje claro,
de todos los héroes,
que sangrarán por vengarte.
¡Tú caíste, Lina Ódena,
pero no tus libertades!
Que de Málaga a Granada,
tierras, trigos y olivares,
y las novias y las madres
no temen ya a criminales.
¡Que de Málaga a Granada
los caminos son leales!
¡Que todo alberga alegrías;
sólo tu muerte pesares!


Lorenzo Varela
El Mono Azul, 15 de octubre de 1936








740. Lina Odena, in memoriam

El 14 de septiembre de 1936, junto al Pantano de Cubillas el chófer que conducía el coche en el que iba Lina se equivocó en un cruce y fue a dar directamente a un control de los falangistas.

Viéndose rodeada, Lina sin dudarlo dos veces sacó su revólver y se suicidó.


Ya no veremos tu risa,
Tu estrella de Comandante!
Ya tus palabras guerreras
no encenderán nuestra sangre.
Ya no sonará tu voz
por los soldados leales.
Sólo sonará tu cuerpo
cayendo en los olivares.
Solo contra las arenas,
a la luz sonará tu sangre.
Tu caíste Lina Odena
pero no tus libertades,
que de Málaga a Granada
tierra, trigo y olivares ...
Y las novias y las madres
no tienen ya criminales.

¡Que de Málaga a Granada

los caminos son leales!
¡Que todo alberga alegrías
solo tu muerte pesares!

Lorenzo Varela