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2350. Caída de una ciudad

Fotografía: Luis Ramón Marín


Todos los carteles de las paredes,
Todos los folletos de las calles,
Están mutilados, destruidos, o deshecho por la lluvia.
Arrasadas con lágrimas sus palabras,
Las pieles de sus cuerpos se levantan
En el huracán victorioso.

Todos los nombres de héroe en la sala
Donde tronaron los pies y las gargantas de bronce rugieron
Reclamando a FOX y a LORCA como historia en las paredes
Están ahora furiosamente tachados,
O su oro se rinde ante el polvo,
Del elogio excluido.

Todas las divisas y saludos
Arrancados de manos y de solapas
Son arrojados con los sacos humanos que los portaron,
O en el lecho más profundo de la mente
Son borrados con una sonrisa
Que lanza a los vencedores allí donde triunfan.

Más en algún lugar alguna palabra oprime
La puerta alta de un cráneo, y en algún rincón
De un ojo irrefracto,
La memoria de algún anciano salta a un niño
-Chispa de los días de la libertad.
Y el niño lo atesora como un juguete amargo.


Stephen Spender (1909 - 1995)


Fue un poeta y crítico literario británico, que en  
1937 se alistó en el Batallón Británico de las Brigadas Internacionales que combatieron en defensa de la Segunda República Española durante la guerra de España.

En 1937 participó en el II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura celebrado en Valencia.












2285. Port Bou

Un niño español atravesando el collado de Belitres, camino del exilio, en enero de 1939


Como abraza un chiquillo a su perrito
apretando los brazos sin que lleguen las manos a juntarse
y el tímido animal mira por medio
hacia el aire animal libre de fuera,
así los brazos —roca y tierra— de este puerto
abrazan a este mar sin encerrarlo
y vibra en la rendija hacia el océano
donde nadan delfines y vibran los vapores.
Al claro sol de invierno me siento en la baranda
de un puente; allí mis brazos circundantes
están sobre un periódico y mi mente
vacía está cual la piedra que brilla
mientras busco una imagen
(la que está escrita encima) y las palabras (de antes)
que describan los cerros chiquitos de Port Bou.
Para un camión enfrente, con frenos que chirrían,
y miro hacia las caras que miran hacia abajo,
milicianos que observan mi diario (francés).
"¿Qué escriben de esta lucha desde la otra frontera?"
Les enseño el diario, mas no pueden leerlo;
quieren sólo la charla y ofrecen cigarrillos.
En sus rostros-bandera encuentra paz la guerra
y las bocas hambrientas de viejas carabinas
rozan los pantalones,
como cañas de almagre, frágiles y apoyadas.
Envuelta por un paño —abuela en su mantilla—
descansa, tartamuda, una ametralladora.
Gritan; también saludan cuando el camión arranca
hacia el robusto monte, detrás del promontorio.
Pasa un viejo, su boca temblorosa
con tres dientes negros grita "Pom-pom-pom".
Corren detrás los niños; más lento, las mujeres;
cogiéndose las faldas pasan el horizonte.
Port Bou está ya vacío para ensayar el tiro.
Estoy solo en el puente, en el exacto centro
sobre el río que gotea por la garganta
como era la saliva de aquel viejo.
El centro exacto, solo, cual centro de diana.
Y no se mueve nada sobre el fondo de casas de tramoya
salvo algún chucho suelto. Empieza el fuego
por encima del puerto, desde un monte hasta el otro.
Blancas manchas de espuma que en el mar hace el plomo
mientras el eco extiende un latigazo
azotando el costado de los cercanos cerros.
Mis brazos circundantes están sobre el periódico;
mi mente es papel donde cae el polvo y las palabras;
a mí mismo me digo que el tiro es sólo prácticas.
Pero soy el mayor de los cobardes:
y la ametralladora va cosiendo
con aguja, de un lado a otro mis intestinos;
el blanco humo espasmódico y solo de fusiles
dibuja el miedo en blancas puntadas en mi cuerpo.


Stephen Spender (1909 - 1995)

Fue un poeta y crítico literario británico, que en 
 1937 se alistó en el Batallón Británico de las Brigadas Internacionales que combatieron en defensa de la Segunda República Española durante la guerra de España.

En 1937 participó en el II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura celebrado en Valencia.










2028. Discurso de Stephen Spender en el II Congreso Internacional de Escritores

Cuan imposible para nosotros, que representamos a los escritores de Inglaterra aquí en Madrid, la tumba del fascismo, el olvidar a nuestras camaradas, a estos escritores e intelectuales para los cuales el frente de Madrid también fué una tumba: Ralph Fox, Christofer, St. John Sprígg, John Comferd, son los dirigentes naturales de nuestro movimiento de sostén a la democracia española. Tras ellos, nosotros, que nos acercamos ahora, debemos sentir que estamos fuera del centro de esta lucha donde cayeron.

Pero otros escritores que encontramos en España, son vínculos entre nosotros y los muertos: Tom Wintringham, Ralph Bates, y nos vinculan también con los centenares de escritores desconocidos de la Brigada y con los camaradas internacionales que luchan, camaradas como Ludwig Renn y como Miguel Hernández, el pastor de Málaga que ha llegado a ser a la vez un soldado de la civilización y el poeta emocionante y profundamente imaginativo de esta guerra.

Nosotros recordamos todos, con la más profunda emoción, lo que vimos ayer en un pueblecito donde almorzamos :

I/Js niños, cantando La Internacional delante de nuestras ventanas, bailando, saludándonos; las mujeres, que lloraban la ausencia total de SQs hombres, me preguntaban si no había un miembro del Congreso que pudiese explicarlas en español si habíamos comprendido su suerte.

Extremadamente conmovidos por aquella escena, no había ni uno de nosotros que no llorase o no sintiese ganas de llorar.

Cuando nos marchamos, yo había aprendido, y pienso que todos habían aprendido, dos de las lecciones que nos enseña la España de hoy:

Primero, que aquí, en las ciudades y en las aldeas, sufre todo un pueblo.

Segundo, que los crímenes del fascismo, en Badajoz, Irán, Durango y Guernica, no sólo son crímenes cínicos y bárbaros en un mundo burgués, dominado según los principios del imperialismo, sino que también son dañinos moralmente y que, según los principios de la civilización que nosotros defendemos, y según los principios de la religión lúe respetan muchos de nuestros camaradas, y aún según los principios medievales, aquellos dirigentes que están perpretando estos crímenes en España, son condenados en la historia y en la verdad abstracta, eterna.

El mundo capitalista no tiene ninguna moralidad para condenar cualquier acto, cuando está perpetrado en el nombre del comercio y del capital.

Nosotros, los del movimiento revolucionario, nosotros, que somor poetas e intelectuales, vemos con una indignación creciente el crimen ^el fascismo, y afirmamos con una desesperación creciente, que no hay uingún punto en el capitalismo que sea vulnerable moralmente por el fascismo, porque el fascismo ejerce una moralidad de violencia y de avidez, que es la moralidad misma del capitalismo.

España ha enseñado al mundo que todavía existe la vía moral.

Consideramos otra parábola de los niños españoles : los niños vascos en Inglaterra, cuando oyeron la noticia de la caída de Bilbao, destruyeron los muebles de su campamento.

Para nosotros, que somos poetas, expresaron el sentido del cual habíamos estado ajenos muchos años: la, indignación moral que nos ha producido a nosotros, que somos el sostén de la revolución y que nos hizo sostener al Gobierno español en la lucha.

Camaradas, vosotros que sois intelectuales, escritores, críticos, poetas; que sabéis que la civilización que defendemos es inseparable de la lucha contra el fascismo y la barbarie, tenéis el honor inolvidable e infinito de representar el centro geográfico de la lucha, de estar en el corazón de la civilización.


Stephen Spender
Julio 1937

Publicado en Hora de España VIII
Valencia, Agosto 1937