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3401. Sobre la toma de la la Cabeza: carta y aclaración

Guardia Civil superviviente del asedio al Santuario de la Cabeza con sus dos hijos



Recibimos la siguiente carta que publicamos íntegra seguida de la contestación de nuestro colaborador Miguel Hernández:


Camarada Director de Frente Sur.

Estimado camarada: En el número 13 del semanario de su digna dirección, aparece una crónica firmada por Miguel Hernández, haciendo el relato de lo que fue el ataque y conquista del Santuario de la Virgen de la Cabeza. 

En la mencionada crónica aparecen algunos conceptos equivocados que deseamos rectificar y esperamos que, haciendo honor a su proverbial ecuanimidad, dé publicidad a esta carta con las siguientes aclaraciones: 

Primera. En la mencionada crónica se dice que fue el comisario del cuarto Batallón de la Brigada (parece ser que se refiere a la 16 Brigada Mixta) quien empuñaba la bandera que se plantó en lo alto del cerro, concepto completamente equivocado, pues la bandera, la única bandera que allí ondeó señalando a nuestros soldados que la conquista del Cerro Chico estaba realizada, fue la de la cuarta Compañía del segundo Batallón de Jaén, que no debe confundirse con la del cuarto Batallón de la Brigada. 

En esta bandera, y en letras blancas sobre fondo rojo, podía leerse antes de ser hecha jirones por las bombas enemigas la siguiente inscripción: GRUPO DE TORREVIEJA (ALICANTE), por pertenecer a un grupo de milicianos de dicha localidad, que forman parte de la mencionada Compañía. 

Segunda. Durante el ataque no fue arrebatada esta bandera por ningún miliciano al comisario, pues completamente se han invertido los términos. 

La bandera fue victoriosa hasta mitad de Cerro Chico, conducida por su abanderado y allí, al caer éste herido, fue cuando se hizo cargo de ella el Delegado político accidental de la Compañía, camarada Ruiz Santos, el cual, con valor inimitable y dando pruebas de un encendido amor a la causa antifascista, logró colocar en el puesto de honor a la bandera de la Cuarta Compañía del segundo Batallón de Jaén; y 

Tercera. Que si bien es cierto que fue la 16 Brigada la animadora de este ataque, dados sus elementos bélicos, no es menos cierto que el segundo Batallón de Jaén fue en primer término el forjador de este triunfo, que tan alto pone el espíritu y la combatividad y entusiasmo de nuestro Ejército Popular.

Mil gracias, camarada Director, por la molestia en la publicidad de esta carta, y con este motivo reciba el testimonio de mi más atenta consideración. 

Afectuosamente, por la cuarta Compañía del Batallón de Jaén, 
Juan Celdrán. Miliciano. 
Andújar, 7-5-37


*


Compañero Juan Celdrán:

Siento los errores que haya podido haber en el relato de la toma del Santuario de la Cabeza. Desde luego, puedes creer que no han sido intencionados. He procurado siempre ser justo y verdadero, y, aunque no soy periodista, sino poeta, escribo en el periódico de mis compañeros de Altavoz del Sur la prosa de la poesía que veo y siento en lo mas hondo de esta guerra. Sabe que me irrita la falsedad, mala hierba abundante entre los periodistas, acostumbrados a contar sucesos no sucedidos o sucedidos de otra manera y mucho antes de que ellos pasaran por el campo de su desarrollo. Las cosas, para sentirlas, vivirlas y verlas, y la prensa no sería tantas veces irritante o aburrida si algunos de los que escriben sus diarios se acercaran más oportuna y menos prudentemente a los campos donde la verdad habla a balazos.

Todo esto lo digo a propósito de tu carta, que agradezco nos hayas enviado.

Yo, compañero Celdrán, asistí al combate desde los primeros momentos, aunque sin lápiz ni papel, que no me gusta ni puedo explotar el momento que vivo, y prefiero volver a vivirlo recordándolo. De ahí nacen los errores que tu, y todos nuestros compañeros que colaboraron valientemente en la tome de Cerro Chico, sabréis disculpar. En los instantes de emoción, de lucha, de muerte, es difícil, casi imposible, retener la atención en un determinado detalle. Recordarás que antes de plantarse definitivamente una bandera en Cerro Chico conquistado, hacia las diez de la mañana se llevó otra hasta su cumbre y sigo en la creencia de que aquella bandera fue arrebatada al Comisario del cuarto Batallón de la 16 Brigada Mixta por uno de sus soldados. Ahora bien: creo que confundes este rasgo que cito con otro. Al relatar la toma de Cerro Chico digo: "La nube tempestuosa se retiraba reculando. Un soldado que tenía a mi derecha, se levantó con una bandera roja iluminado por una luz especial, saltó sobre la piedra más alta de Cerro Chico y allí permaneció varios minutos: los precisos para que el sol irrumpiera sobre él y le rodeara de resplandores y hermosuras nunca vistos entre un cerco de balas." Este soldado a que me refiero es, de seguro, el Comisario político de la cuarta compañía del Batallón de Jaén, y siento no haber mencionado como se merece a Ruíz Santos. Aquellos momentos eran de mucha emoción y yo no veía más que la hermosura de cuanto sucedía bajo ningún nombre, porque los nombres reducen, achican en mí los actos de las personas que los hacen, y no quería empequeñecer luego aquella victoria preguntando los nombres y apellidos de cada uno de sus forjadores. 

Punto y aparte ya, te pido saludes de mi parte a ese grupo de Torrevieja (Alicante), porque yo he nacido por aquella tierra: soy de Orihuela. Precisamente, el teniente que me confundió con uno de los prisioneros en el momento de rendírsenos me dijo que era de los de Torrevieja. Salúdalo también, y que los cincuenta anos que lleva encima le sean leves para seguir metido en estos penosos trotes. Y nada más. ¡Salud!. - M.H.


Frente Sur,  (Jaén), 13 de mayo de 1937 








3394. Carta a los Centros gallegos de América

Centro gallego de Buenos Aires. Años 30


“Es preciso halle eco en vuestras conciencias, en vuestros espíritus humanitarios, para impedir que nuestra querida Galicia se convierta en una colonia alemana y que sus mujeres y sus hijos sean torturados."


Galicia, nuestra hermosa y bella región, se ve desde hace nueve meses bajo el yugo y la tiranía más salvaje que se conoce en la historia de los pueblos. Nuestra querida tierra cuando estaba a punto de tener su autonomía se ve sorprendida por una cobarde sublevación de terratenientes, banqueros y generales traidores al servicio del fascismo internacional, que pretenden hacer de España una colonia por su riqueza y estratégica situación, para darle el golpe definitivo a la democracia mundial. El pueblo gallego se levantó contra los generales traidores y resiste durante varios días, pero ante un ejército armado de cañones, ametralladoras y fusiles tiene que ceder y desde este momento empieza la represión brutal contra el pueblo y son miles de hombres, mujeres y niños los que pierden la vida, y no solamente pierden su vida sino que antes son bárbaramente apaleados empleando para ello los procedimientos más salvajes de los tiempos de la «Santa Inquisición». 

Cuenta Luis Camarón, evadido de El Ferrol el dta 17 de Marzo, que solo en dicho pueblo perderían la vida entre hombres, mujeres y niños seis mil, sin contar los que se mueren en los frentes que se recluta ya hasta los de 19 años. En Ferrol se fusilaron a asilados del Hospicio Municipal que solo contaban 15 y 16 años, se fusiló a Jaime Quintanilla y a su hijo de 16 años, las mujeres son violadas, a muchas después de desnudarlas las metían en la piscina de la Academia de Maquinistas (que está instalado el Cuartel General de Falange Española) y agarrándolas de los pelos las sacaban cuando estaban a medio ahogar a prestar declaración, la que no lo hacia (porque no quería o porque no sabia) era vuelta a meter y fueron muchas las que por este procedimiento han perdido la vida. Hubo una chica embarazada que le mataron a su marido, a la que esperaron que diera a luz y después la fusilaron; los obreros en la Constructora trabajan bajo la vigilancia de falangistas armados, al que le marcan un trabajo y no logra hacerlo es bárbaramente apaleado. Están bajo la dirección de técnicos y obreros alemanes especializados en la construcción de bombas y artefactos de matanza, tienen prohibido bajo pena de muerte el hablar de nada de lo que se construye. En ocasión de llegar a reparar con varias planchas estropeadas el «Canarias» colocaron unos carteles por las calles que decían: Bajo pena de muerte se prohíbe hablar del «Canarias».

Ante estos y otros casos peores, vive hoy nuestro pueblo, la vida de un ciudadano depende en todo momento de un hilo. ¡Oh juventud gallega!, amigos, hermanos y padres, resistid todo lo que podáis que los gallegos que quedamos por el resto de la Península lucharemos por todos los medios, hasta lograr libertaros y echar da España a los invasores, a los Ejércitos mercenarios de Hitler y Mussolini. Las Brigadas gallegas que actúan en Madrid con su heroico jefe Lister a la cabeza y la Flota republicana en su mayoría gallegos son una prueba de ello. 

Por eso yo como gallego y amante de nuestra querida tierra, me dirijo por este medio a vosotros, a los gallegos residentes en América, para que desde el sitio que estáis trabajéis por todos los medios a vuestro alcance en favor de vuestra querida tierra, que se ve invadida y saqueada, tenéis que demostrarle a los pueblos de los distintos países que aún no están a nuestro lado, el significado de nuestra guerra, para que exijan da sus respectivos Gobiernos el envió de armas al Gobierno legítimo de España, organizar suscripciones y enviarnos víveres que nos pueden ser muy necesarios, haced porque los Gobiernos de esos países imiten a los de Méjico y la U.R.R.S, que incondicionalmente se han puesto desde el primer momento a nuestro lado. Demostradle a esos pueblos de América el heroísmo de un pueblo que lucha por su independencia, que con su heroísmo hace retroceder a los Ejércitos pertrechados de toda la técnica moderna de Hitler y Mussolini, y que ante la impotencia de su Ejército, los aviones alemanes e italianos bombardean cobardemente nuestras ciudades indefensas. Madrid la heroica capital de la República, es constantemente bombardeada, destruyendo sus monumentos artísticos que eran la envidia y maravilla del mundo, ametrallando a millares de mujeres y niños indefensos y también fueron muchos hospitales de sangre los que fueron bombardeados y destruidos.

Al dirigirme yo a vosotros que hoy vivís en países libres, que sabéis porqué habéis emigrado de la tierra que os vio nacer y que estaréis en todo momento recordando, lo hago para que en todo momento luchéis en favor de nuestra querida España, no de la España de antes, la de los terratenientes y capitalistas, sino de la España que está naciendo y que se está forjando con la sangre de sus verdaderos hijos: que tenéis una misión sagrada que cumplir y que yo espero que como buenos gallegos y españoles, amantes de la paz, de la libertad y del progreso, cumpliréis. 

¡Viva España independiente! 

¡Viva Galicia autónoma!

Glido Santos 
Marinero de la  Flota Republicana

La Armada, órgano oficial de los marinos de la República
Cartagena, 15 de mayo de 1937








3366. Respondiendo a Marañón

Gregorio Marañón en París


Los más nobles representantes de la cultura responden a las manifestaciones de Marañón

La Casa de la Cultura nos envía el siguiente escrito para su publicación: 

"Sin propósito de entrar en polémicas inoportunas, у sólo con el deseo de servir al gran pueblo español que lucha en las trincheras contra militares rebeldes y alemanes e italianos invasores, hemos de consignar la protesta que nos merecen las inverosímiles declaraciones de don Gregorio Marañón aparecidas en "Le Petit Parisién" de 21 de febrero y no rectificadas hasta ahora por dicho señor. Queremos eludir todos aquellos puntos que no despiertan en nosotros sino indignación o desdén. No queremos discutir si Franco es como el Cid o como los Reyes Católicos por apoyar en fuerzas moras sus conquistas y todas las demás afirmaciones peregrinas de que Marañen se sirve, suponiendo en su nuevo público un desconocimiento completo de la vida y de la historia españolas y jugando arteramente con las fechas, las circunstancias y los nombres. 

No nos interesa nada que el doctor Marañón se declare fascista; apenas les interesará a los mismos adeptos de Franco que por la emisora española de Lisboa le hicieron saber en la noche del 27 de enero la opinión que de él tenían y las condiciones con que lo aceptaban. Tenia que pedir perdón, tenía que desdecirse de su liberalismo. A él, que hubiera querido pasar por el apóstol de la convivencia, que parecía el inventor de un nuevo liberalismo, cuya fórmula era pertenecer simultáneamente a Falange Española y a la C.N.Т., se le invitaba a abjurar de todos los liberalismos y a acudir a Burgos a hacer confesión general. No responden en el fondo a esa invitación las declaraciones de "Le Petit Parisién". El doctor Marañón no ha ido a Burgos todavía; pero desde París ha entonado el "mea culpa"; ha repetido una por una, dirigidas a la atención de Franco, todas las palabras del "confiteor". 

No nos importaría nada su defección si para justificar de algún modo esta actitud suya no se hubiera lanzado a fulminar condenaciones contra la República, esta malhadada República que tolera, según Marañón, los mayores excesos, y olvidando sus orígenes se ha llenado de aborrecimiento por cuanto signifique cultura; todo París lleno de intelectuales españoles fugitivos de la tiranía roja así lo proclaman. Pues bien, esos intelectuales a los que el Gobierno legítimo de España ha permitido abandonar el territorio nacional por razones respetables, y a muchos de los cuales asiste con sus medios, sabrán dar cuenta señor Marañón de por qué están en París, y sobre todo de por qué no están en Burgos. En cuanto a nosotros, los que vivimos en España, podemos decir que no nos hallamos prisioneros, ni perseguidos. Tenemos las puertas abiertas, hemos recibido atenciones de las autoridades, sin que se nos haya pedido declaración ni compromiso alguno de carácter político. Hemos sentido en lo más hondo de nuestro ser el inmenso dolor en los días en que estalló la revolución; pero los desbordamientos lamentables que el Gobierno entonces no pudo evitar, análogos a los de todas las revoluciones y menores seguramente que los que se han producido en el campo opuesta, no nos han apartado del entusiasmo y devoción por nuestro pueblo, ni nos han impedido admirar la grandeza del sacrificio que está realizando en defensa de sus ideales de emancipación, independencia y libertad. 

Elegantemente, con un resbalar ligero, sin insistencia importuna, como perfecto nombre de mundo, el doctor Marañón alude a su fuga, a su novelesca fuga. El lector de "Le Petit Parisién" habrá sentido un escalofrío por la espalda al reparar en la discreta veladura puesta sobrе el más dramático episodio de la vida del doctor Marañón, escrito por él mismo. Pues bien: es conveniente hacer constar que el doctor Marañón salió de España provisto de un pasaporte de la Dirección General de Seguridad —así lo hizo constar aquel mismo dia el director del ramo— y de un salvoconducto del Ministerio de Instrucción Pública y que le acompañaron hasta Alicante Milicias del 5º Regimiento. Hay fotografías que muestran la acogida dispensada al doctor dramáticamente perseguido, en el cuartel de esas Milicias, el quince de diciembre dе mil novecientos treinta y seis. El capitán Ganivet que арагece en la fotografía, fué uno de los que le acompañaron a Alicante, en compañía de don Ramón Menéndez Pidal, después de haber sido testigo de la boda de un hijo del mismo, según consta en el acta matrimonial levantada ante el 5." Regimiento, ante su comandante jefe. Salió de Madrid diciendo que lo hacía contra su voluntad, como médico de Menéndez Pidal. No debe omitirse que con Marañón salía de España su hijo —oficial hoy, según se dice, en las filas fascistas—, conscrito entonces en el Ejército regular español y obligado, por tanto, a permanecer en filas. ¿Conoce alguien mayor tiranía que la de esta República, que no sólo otorga pasaporte a intelectuales ilustres, sino a sus hijos, obligados a servirla con las armas en momentos de movilización general? ¿Qué dirán los militares facciosos de esta generosidad nuestra?

El doctor Marañón, víctima, sin duda, del amor paterno, ha perdido una gran ocasión de mostrar la calidad aristocrática de su silencio y otras muchas calidades. La delicadeza más elemental le obligaba a callar; pero su afán de sinceridad rompía todos los diques de la discreción; no era justo ofrecer al público francés medias verdades que parecían mentiras. Y si su conuencia de español está en carne viva, si la tragedia de su Patria le lleva transido y angustiado hacia la España de Franco, en esas mismas tierras podrá encontrar un caso ejemplar a que atener su conducta: el de Unamuno, muerto de dolor, de vergüenza, de asco, en la atmósfera irrespirable, asfixiante de la Salamanca fascista." 

Firman: M. Marqués, Jacinto Benavente, Antonio Machado, Victorio Macho, profesor Carrasco, José F. Montesinos, León Felipe, T. Navarro Tomás.


Ahora, 6 de marzo de 1937










3280. Carta de los intelectuales chilenos a la España popular

Miembros del Socorro Rojo Internacional en Madrid durante la Guerra de España


Otra vez España es el campo de batalla entre antagonismos irreconciliables. Dos Españas chocan y se debaten una vez más: una que es la expresión de su suelo, y otra que intenta de nuevo invadir sus tierras. La España del Cid libertador, la que supo enviar a Cristóbal Colón como emisario del progreso, la España popular con que Riego soñaba hace ya cien años, la que produjo a Ramón y Cajal para la ciencia de la Humanidad y la que con Cervantes, Góngora, el Greco, Goya, Valle-Inclán, Manuel de Falla, Pablo Picasso y centenares de genios dió con creces su cuota para el arte mundial; el Estado republicano de Manuel Azaña, las obreras de Largo Caballero y la Pasionaria; la España de los héroes de la Ciencia, del Arte y la Libertad ha sido agredida en mitad de su camino ascendente por la falsa España de los Austrias, de Torquemada y la Inquisición de Femando VII, el rey felón y verdugo de América; de los Borbones nauseabundos, de los jesuítas Calvo Sotelo y Gil Robles; la de los generales africanos sedientos de sangre, como Mola, Franco y Cabanellas y el beodo Queipo de Llano; del bandolerismo fascista, desencadenado por la Legión Extranjera, y de Juan March, el banquero contrabandista. 

De un lado vemos flamear la libertad, vemos el horizonte del porvenir, el orden popular, la organización consciente el derecho de la paz, la justicia y la cultura. Del otro, la tiranía obcecada, los oscuros abismos del pasado, el pillaje insaciable, el dogmatismo enceguecido, los gérmenes de una nueva guerra mundial, la devastación de las poblaciones, las ciudades ensangrentadas por millares de asesinatos, los hospitales ametrallados, las iglesias y los tesoros de arte convertidos en cuarteles, la vida sofocada y el porvenir destrozado. 

Hoy que España es de nuevo el campo de batalla entre el pasado y el porvenir, hoy que en ella luchan a muerte dos principios opuestos: el fascismo y la libertad, hoy que nuestra España es nuevamente el corazón de la humanidad, es más España que nunca. Como nunca también sentimos que su sangre es nuestra sangre y su lenguaje es el nuestro; su historia es la historia de nuestra existencia, y repudiamos a los que, en nuestro propio país, desde la tribuna, la Prensa o los cargos públicos, se suman a las hordas de la Legión Extranjera. Por eso estamos contra el fascismo internacional, que alimenta a la rebelión antiespañola, y nos colocamos junto a los que desde cualquier país u organización, extienden su brazo para apoyar al pueblo español. Por eso nosotros, intelectuales de Chile, reunimos nuestras distintas voces, nuestras varias opiniones y nuestra acción dispersa, para colocamos de parte de la España siempre joven, que una vez más renace, y que exaltada, herida y ensangrentada, escribe nuevas páginas para la historia del progreso. Por eso, impedidos materialmente de sumarnos a sus heroicas Milicias de la Libertad, ofrecemos nuestra voz, le ofrecemos nuestros corazones y recogemos para Chile su ejemplo fecundo.


Augusto D'Halmar
Vicente Huidobro
David Cruz Ocampo
Pablo de Rokha
Ricardo Latcham
Mariano Latorre
Luis Alberto Sánchez
Víctor Domingo Silva
Januario Espinosa
Carlos Préndez Saldías
Joan Emar
Marta Brunet
Anibal Bascuñán
Hernán Gazmuri
Lorenzo Domínguez
Hernán del Solar
Ángel Cruchaga
Manuel Eduardo Hübner
Boris Orjikhs
Marta Vergara
Jorge Caballero
Carlos Sepúlveda Leytón
Eugenio Orrego Vicuña
Rosamel del Valle
Winett de Rokha
Laura Rodig
Gerardo Seguel

y siguen numerosas firmas. 


Pubicada en Ahora, 18 de enero de 1937













3178. Tercera carta de Miguel Hernández a María Cegarra

(Sin fecha, final de octubre / primeros de noviembre 1935)


Querida María:

Ya hace tanto tiempo que no me escribes, que me decido a escribirte yo a ti. No sé los motivos del silencio tuyo. Supongo que serán muchas tus ocupaciones, pues no puedo creer que te hiriera ninguna de las cosas que te decía en mi última carta de hace tiempo. Pienso en ti y te veo tan sola en ese pueblo tristísimo, que me da angustia, María. Por eso me gustaría estar escribiéndote continuamente, cosa que me es imposible hacer por varias razones. ¿Me equivoco al pensarte sola? Ya sé que tienes tu familia, pero hay necesidades y congojas tan íntimas que no puede curar más que un buen amigo de la misma especie. Ya me dijiste ahí aquella tarde, que deseabas venir por aquí alguna vez. Me alegraría tanto que tu deseo, que yo he experimentado hasta la exasperación, se satisficiera cuanto antes... Yo te acompañaría a donde quisieras por este laberinto peligroso de gentes. He hablado mucho de tí a mis mejores amigos y amigas, y ya quieren conocerte. ¿ Cuando vendrás por aquí María? Mira, que sea pronto. Yo estoy cansado de vivir aquí. Busco la manera de escaparme a la tierra que sea.

No quiero seguir haciendo biografías de toreros y vida de oficina. Paso muchos días tristes, y no me consuela nada en absoluto. Después de todo me digo  que no debiera haber salido nunca de pastor. Presiento que la insatisfacción de ahora será de siempre. Me arrepiento de haberte dicho que vengas. Te irás desengañada y verás que nada vale la pena.

Se ven muchas cosas mezquinas en todas partes. No saldremos de animales nunca. No vengas, María, no vengas: sigue en tu casa con tus cosas. Hazte novia, si ya no lo eres, del hombre más sencillo y más vulgar que te quiera, y ten hijos, y sigue escribiendo en tu soledad.

Perdóname, si te he dicho antes o ahora algo inconveniente. Me pongo a escribir y dejo que la tinta exprese lo que voy sintiendo al pensar en tu vida a través de la mía. Por eso no quiero que tomes en cuenta lo que no te parezca bien. Tu eres dueña de tu corazón y puedes hacer y harás siempre lo que oigas en su sangre. No dejes de escribirme, María.

Dime muchas cosas, muchas cosas, muchas cosas, las más sencillas y las más pequeñas de tu vida, sobre todo. Llena tu soledad de mi un poco y dime como ruedan los días para ti. Quisiera que no tardaras en escribirme. Necesito ahora noticias de todos mis amigos lejanos más que nunca. Estoy sólo, a pesar de todo, más sólo que tú, aquí. ¿Te ha escrito alguien hablándote de tu libro? Aleixandre me dijo hace días que te iba a escribir y a decirte que le había gustado mucho tu libro. Es quien más me ha preguntado por tí.

Saluda mucho a tus padres y a tu simpática hermana por mí. Tu, María, recibe, en cuanto quiera, todo el corazón que puedo darte de mí, con un adiós.


Miguel 






3147. Segunda carta de Miguel Hernández a María Cegarra

Carmen Conde y María Cegarra

(Sin fecha. Últimos días de septiembre / primeros de octubre de 1935)


Mi apreciada María:

Agradezco tu mandado de libros y letras infinitamente. Reparto unos entre mis mejores amigos y me quedo con las otras para siempre. Alegra los ojos ver tus verdes cartas que huelen tan bien, que trae el cartero oliendo entre las demás. Me asombra recibirlas con ese olor penetrante que no le quitan ni el roce con las otras, ni la cartera de los mensajeros, ni la distancia que recorre de mano en mano y de tren en tren. Bueno ¿sabes que he acabado ya mi nueva cosa? Estoy muy contento por ahora; no sé si mañana mismo estaré de otro semblante y corazón. No creo, no creo, María querida, que yo sea nunca un poderoso del dinero como tú quieres. Me enfada que pienses eso de mi. Yo no tendré dinero nunca, María. No me sirve para nada. Me basta con tener el pan justo del día, y no preocuparme de si mañana será otro día.

He hablado, porque me lo hallé en Cruz y Raya, con el idiota Miguel Pérez Perrero; le dije que hiciera una nota sobre tu libro, que llevaba en la mano yo y le ofrecí; me dijo que no tenía tiempo y que si a mi me parecía bien que la hiciese yo y me la publicaría en su página. A mi no me desagradó la idea; pero cuando se explicó un poco más, resultó que la nota había de ser de ocho líneas o diez a lo más. Como comprenderás, esto no es nada, y es ridículo mandar una nota así. ¿No te parece?

A Concha Méndez y Manolo Altolaguirre he dado un ejemplar de tu libro y creo que me darán varios de los publicados por ellos de ellos mismos y de otros poetas para tí. En cuanto los tenga en mi mano, te los enviaré, María buena.

Verdaderamente, no es posible que tú estés conforme del todo con la vida que llevas en tu pueblo. Cuando me dijiste ahí que estabas contenta y eras feliz en ese reducido aire minero, no me lo creí. Adiviné que hablabas así porque sabías que yo venia de casa de Carmen y me había dicho que llevabas una vida muy... no sé como dijo... Pero yo te pregunté de tu estado ahí por mí mismo, porque sé que, con familia y todo, a veces es insoportable la vida ahí para uno, que necesita contactos con estas gentes que escriben, y mienten, y pecan, y murmuran, y envidian, como nosotros mismos y como todo el mundo.

Quiero que me perdones lo mucho que tardo en contestarte. No quiero decirte nada para disculparme. Sé que tú comprenderás perfectamente que estar ahí da más tiempo y gana para escribir que estar aquí, y rodeado de cosas, trabajos y cuestiones de vida y muerte como estoy.

He dicho a Neruda que te escriba si puede y me lo ha prometido.

Pronto te mandaré la revista que va a publicarse de poesía, Caballo verde, en la que verás un poema largo, y diferente de todo lo que conoces mío. Vecino de la muerte.

Te recuerdo muchísimo y espero que un día me des la noticia gozosa de que vienes por aquí.

Saluda mucho a tu padre, madre, y hermana, de quien recuerdo su voz y su confitura y tu acéptame esta mano que te tiendo idealmente Miguel tu amigo

¡Adiós María!








3115. Carta de Antonio Machado a Miguel de Unamuno, 1913




Tengo motivos que usted conoce para un gran amor a la tierra de Soria; pero tampoco me faltan para amar a esta Andalucía donde he nacido. Sin embargo, reconozco la superioridad espiritual de las tierras pobres del alto Duero. En lo bueno y en lo malo supera aquella gente. Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de segunda enseñanza, y apenas sabe leer un 30 por 100 de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta. La profesión de jugador de monte se considera muy honrosa. Es infinitamente más levítica que el Burgo de Osma y no hay átomo de religiosidad. Hasta los mendigos son hermanos de alguna cofradía. Se habla de política -todo el mundo es conservador- y se discute con pasión cuando la Audiencia de Jaén viene a celebrar algún juicio por jurados. Una población rural, encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones tan lamentables que equivalen al suicidio.

A primera vista parece esta ciudad mucho más culta que Soria, porque la gente acomodada es infinitamente discreta, amante del orden, de la moralidad administrativa y no faltan gentes leídas y coleccionistas de monedas antiguas. En el fondo no hay nada. Cuando se vive en estos páramos espirituales, no se puede escribir nada suave, porque necesita uno la indignación para no helarse también. Además, esto es España más que el Ateneo de Madrid. Yo desde aquí comprendo cuán a tono está con la realidad esa desgarrada y soberbia composición de usted y comprendo también su repulsión por esas mandangas y gariboleos de los modernistas cortesanos. A esos jóvenes los llevaría yo a la Alpujarra y los dejaría un par de años allí. Creo que esto sería más útil que pensionarlos para estudiar en la Sorbona. Muchos, seguramente, desaparecerían del mundo de las letras, pero acaso alguno encontraría acentos más hondos y verdaderos.

Yo no me atrevo a decir en público ciertas cosas, por miedo a que se me crea defensor de la barbarie nacional, pero temo también que se forme en España cierta superstición de la cultura que puede ser funesta. Me parece muy bien que se mande a los grandes centros de cultura a la juventud estudiosa, pero me parece muchísimo mejor la labor de usted cuando nos aconseja sacar con nuestras propias uñas algo de nuestras mismas entrañas. Esto, que no excluye lo otro, me parece lo esencial. Yo he vivido cuatro años en París y algo, aunque poco, he aprendido allí. En seis años rodando por poblachones de quinto orden, he aprendido infinitamente más. No sé si esto es para todos, pero cada cual es hijo de su experiencia.


Además estoy convencido de que los hombres van dejando huella en el alma nacional como usted y Costa en nuestra época, son aquellos que más desafinan en el concierto cortesano y los que no han buscado la cultura hecha, como el escobero del cuento de las escobas. Su voz parece ruda y extemporánea, pero, al fin, comprenderemos que estaban a tono con realidades más hondas y verdaderas. Si a Cervantes lo hubieran protegido los magnates de su tiempo, es posible que no hubiera pasado de autor de La Galatea.

Leí también su artículo sobre la cuestión del catecismo. Es verdad que este asunto ha revelado también cuánta tierra hay en el alma de nuestra tierra. Mucha hipocresía hay y una falta absoluta de virilidad espiritual. Las señoras declaran que aquí todos somos católicos, es decir que aquí todos somos señoras. Yo creo que, en efecto, la mentalidad española es femenina, puesto que nadie protesta de la afirmación de las señoras. Después de todo, un cambio de sexo en la mentalidad española dominante a partir de nuestra expansión conquistadora en América, podría explicarnos este eterno batallar, no por la cuestión religiosa, sino contra ella, porque no haya cuestión. La Inquisición pudo muy bien ser cosa de señoras y las guerras civiles un levantamiento del campo azuzado por las señoras.

Comprendo que esto es una interpretación caprichosa de la historia; pero en verdad extraña que en este país de los pantalones apenas haya negocio de alguna trascendencia que no resuelvan las mujeres a escobazos. Empiezo a creer que la cuestión religiosa sólo preocupa en España a usted y a los pocos que sentimos con usted. Ya oiría usted al doctor Simarro, hombre de gran talento y de gran cultura, felicitarse de que el sentimiento religioso estuviera muerto en España. Si esto es verdad, medrados estamos, porque ¿cómo vamos a sacudir el lazo de hierro de la Iglesia católica que nos asfixia? Esta iglesia espiritualmente huera, pero de organización formidable, sólo puede ceder al embate de un impulso realmente religioso. El clericalismo español sólo puede indignar seriamente al que tenga un fondo cristiano. Todo lo demás es política y sectarismo, juego de izquierdas y derechas. La cuestión central es la religiosa y ésa es la que tenemos que plantear de una vez. Usted lo ha dicho hace mucho tiempo y los hechos de día en día vienen a darle a usted plena razón. Por eso me entusiasma su “Cristo de Palencia” que dice más del estado actual religioso del alma española que todos los discursos de tradicionalistas y futuristas. Hablar de una España católica es decir algo bastante vago. A las señoras puede parecerles de buen tono no disgustar al Santo Padre y esto se puede llamar vaticanismo; y la religión del pueblo es un estado de superstición milagrera que no conocerán nunca esos pedantones incapaces de estudiar nada vivo. Es evidente que el Evangelio no vive hoy en el alma española, al menos no se le ve en ninguna parte. Pero los santones de la tradición española dirán que somos unos bárbaros los que proclamamos nuestro derecho a ignorar prácticamente unos cuantos libracos de historia para uso de predicadores y profesionales de la oratoria.  Pronto tendremos otro pozo de ciencia donde acudan a llenar sus cubos los defensores de la España católica. Con la muerte de Menéndez Pelayo se quedaron en seco. Ahora acudirán al padre Calpena. Lo mismo da Julio César que Julián Cerezas; para estas gentes lo esencial es que haya un señor con autoridad suficiente para defender el tesoro de la tradición. Cultura, sabiduría, ciencia, palabras son éstas que empiezan a molestarme. Si nuestra alma es incapaz de luz propia, si no queremos iluminarla por dentro, la barbarie y la iniquidad perdurarán. Ni Atenas, ni Koenisberg, ni París nos salvarán, si no nos proponemos salvarnos. Cada día estoy más seguro de esta verdad.

Envío a usted lo que tengo publicado. Planeo varios poemitas y tengo muchas cosas empezadas. Nada definitivo. Mi obra esbozada en Campos de Castilla continuará si Dios quiere. La muerte de mi mujer dejó mi espíritu desgarrado. Mi mujer era una criatura angelical segada por la muerte cruelmente. Yo tenía adoración por ella; pero sobre el amor está la piedad. Yo hubiera dado mil vidas por la suya. No creo que haya nada extraordinario en este sentimiento mío. Algo inmortal hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere. Tal vez por esto viniera Dios al mundo. Pensando en esto, me consuelo algo. Tengo a veces esperanza. Una fe negativa es también absurda. Sin embargo, el golpe fue terrible y no creo haberme repuesto. Mientras luché a su lado contra lo irremediable me sostenía mi conciencia de sufrir mucho más que ella, pues ella, al fin, no pensó nunca en morirse y su enfermedad no era dolorosa. En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente que la he de recobrar. Paciencia, y humildad.

En fin, querido don Miguel, quería usted carta mía y acaso le he complacido. Aquí apenas llegan periódicos y muchas veces no me entero siquiera de lo que se publica. Su Cristo de Velázquez saldrá, supongo, en El Imparcial.

Algún día le visitaré en esa Baeza castellana. Tuve intención de ir con mi mujer a verlo el año después de mi matrimonio.

Le desea toda la felicidad que usted merece su siempre admirador y amigo.


Antonio Machado

No todo lo que le envío está publicado y de lo publicado faltan algunas composiciones que no he podido encontrar y que busco para remitírselas. El amigo Palacio me envía La Nación, de Buenos Aires, cuando trae cosas de usted, y la revista Hispania.


En torno a Unamuno, de Manuel García Blanco, 1965






3108. La última carta de Lorca




Carta de Federico García Lorca a Juan Ramírez de Lucas, julio de 1936


Mi querido Juanito:

He recibido tu carta que aunque triste me ha dado alegría por tener noticias tuyas.

Lo primero que se me ocurre es decirte que como tienes talento debes llevar con talento el enojoso asunto de tu padre. Tu padre no es de tu generación y es lo más natural, no solo el que no te entienda, sino que piense todo lo contrario que tú. Lleva años y años aferrado a unas ideas y a unas normas que te son antagónicas y es natural que choque contigo. Una persona que no tuviera luces, te daría leña para tu fuego; yo te quiero dar agua para tu fuego, flores para tu quemadura. Juan: yo te pido por Dios que sobrelleves a tu padre y le hagas comprender con dulzura y silencio que está equivocado contigo. Si algún canalla o inconsciente le ha contado calumnias tuyas, tú debes hacerle comprender que son calumnias, pero no adoptes actitudes airadas en contra suya. Adopta un aire de gran dignidad hasta que él salga de su ofuscación.

Y desde luego ten fe en ti, nada de desmayos, ten fuerza hijo mío y lee y estudia y piensa que esa tormenta que estás pasando solo servirá para enriquecer tu espíritu. En tu carta hay cosas que no debes, que no puedes pensar. Tú vales mucho y tienes que tener tu recompensa. Piensa en lo que puedas hacer y comunícamelo enseguida para ayudarte en lo que sea. Pero obra con cautela. Estoy muy preocupado contigo pero como te conozco sé que vencerás todas las dificultades porque te sobra energía, gracia y alegría, como decimos los flamencos para parar un tren.

Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú sin necesidad de decírtelo pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón.

Solo tengo una obsesión y es que quisiera meterte en la cabeza la actitud que debes guardar, llena de fuerza y de astucia para contrarrestar la actitud equivocada de tu padre que tú tienes que encauzar con talento y hombría y respeto.

Conmigo cuentas siempre. Yo soy tu mejor amigo y que te pide que seas político y no dejes que el río te lleve. Juan: Es preciso que vuelvas a reír. A mi me han pasado también cosas gordas por no decir terribles y las he toreado con gracia. No te dejes llevar de la tristeza. Tienes muchas cosas y el mundo aunque nos viera es hermoso.

Bien sabes lo mucho que yo te quiero y por eso te aconsejo prudencia y bien hacer.

No vuelvas a desesperarte. Es de gente débil y tú debes recordar en todo momento que eres un verdadero hombre.

Dime todos tus proyectos.

Yo empiezo ahora a trabajar de nuevo y tengo un espíritu caluroso en buena disposición para aconsejarte.

Muchos recuerdos a “tus hijos te formaron” y tú recibe un abrazo cariñoso de este gordinflón poético que tanto te quiere.

Federico

Estoy en mi huerta. El día 18 es día de mi Santo.
Escríbeme enseguida y ¡por Dios! que estés más contento

kiquiriquí.
¡Ya viene Don Berondian Pollino!

Señas Sr. D. Manuel Fernández Montesinos
Para FGL
San Antón 39
Granada


Fuente: La Razón / Victor Fernández / 13-11-2019