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1656. Palabras de Pau Casals




Este es el honor más grande de mi vida. La paz ha sido siempre mi mayor preocupación. Ya en mi infancia aprendí a amarla. Cuando yo era un muchacho, mi madre -una mujer excepcional, genial-, ya me hablaba de la paz, porque en aquellos tiempos también había muchas guerras.

Además, yo soy catalán. Cataluña hoy es una provincia de España, pero que ha sido Cataluña? Cataluña ha sido la nación más grande del mundo. Os explicaré por qué. Cataluña tuvo el primer Parlamento, mucho antes que Inglaterra. Cataluña tuvo las primeras Naciones Unidas. En el siglo XI todas las autoridades de Cataluña se reunieron en una ciudad de Francia -entonces Cataluña- para hablar de la paz, en el siglo XI. Paz en el mundo y contra, contra, contra la guerra, la inhumanidad de las guerras. Es por eso que estoy tan y tan feliz de estar aquí con todos ustedes. Para que las Naciones Unidas, que trabajan únicamente por el ideal de la paz, están en mi corazón, para que todo lo referente a la paz me va directamente.

Hace muchos años que no toco el violonchelo en público, pero siento que ha llegado el momento de volver a tocar. Tocaré una melodía del folclore catalán: "El canto de los pájaros". Los pájaros, cuando están en el cielo, van cantando: "paz, paz, paz" y es una melodía que Bach, Beethoven y todos los grandes habrían admirado y querido. Y, además, nace del alma de mi pueblo, Cataluña. 


Pau Casals 
24 de octubre de 1971
Discurso en la ONU al recibir la Medalla de la Paz











1144. Pau Casals y su carta a Charles De Gaulle

Pau Carles Salvador Casals i Defilló
(Vendrell, 29 de diciembre de 1876 - San Juan de Puerto Rico, 22 de octubre de 1973)


Carta de Pau Casals al General De Gaulle
25 de marzo de 1963


«Señor presidente: me permito escribirle porque me he enterado, por la prensa, de que su Gobierno parece tener la intención de tomar determinadas medidas con respecto a los refugiados políticos españoles que se vieron obligados a establecerse en Francia veinticuatro años atrás.

Como yo mismo soy un refugiado, y me siento solidario de mis compatriotas, considero un deber recordarle que cualquier medida de expulsión o confinamiento adoptada contra esos españoles sería recibida dolorosamente por todas las personas que permanecen fieles a ciertos valores humanos.

Mi general: durante los años sombríos de la ocupación hitleriana, desde la pequeña ciudad de Prades escuchaba sus llamamientos retransmitidos por la radio como unos llamamientos a la esperanza. No ignora usted quiénes eran entonces los que deseaban ardientemente la liberación de Francia, y los que, por el contrario, se alegraban de todas las victorias de los ocupantes. Permita que le diga que para todos nosotros sería un terrible desengaño que el mismo hombre que simbolizaba la esperanza adoptase unas medidas - ¡veinte años después!- contra aquellos que le sostenían con su entusiasmo y su acción. (En Annecy existe un monumento elevado a la memoria de los españoles que dieron su vida por liberar a Francia.) Quizá soy un romántico anticuado, pero, a mi entender, el destino de un solo justo es más importante que las combinaciones diplomáticas.

Conozco a Francia desde hace más de sesenta años, y nunca podría olvidar los maestros y los amigos que, en este país, me acogieron y me alentaron en momentos difíciles; sin embargo, lamentaría muchísimo verme decepcionado por un hombre al que tanto había admirado.»


Respuesta del presidente de la República francesa
9 de abril de 1963


«Mi querido maestro (Mon cher maître): ha tenido la amabilidad de comunicarme las inquietudes que le provocan los rumores que ha propagado cierta prensa.

Puedo asegurarle que estos rumores carecen en absoluto de fundamento, y que el Gobierno francés no tiene en modo alguno la intención de adoptar medidas discriminatorias contra los españoles refugiados en su territorio.
Celebro poder aprovechar la oportunidad que se me presenta con ese motivo para manifestarle mi profunda admiración por su gran talento, y le ruego que quiera aceptar, mi querido maestro, la expresión de mis sentimientos más distinguidos y más cordiales.» 









400. Pau Casals, in memoriam




"La paz ha sido siempre mi mayor preocupación. Ya en mi infancia aprendí a amarla. Mi madre —una mujer excepcional, genial—, cuando yo era chico, ya me hablaba de la paz, porque en aquellos tiempos también había muchas guerras. Además, soy catalán. Cataluña tuvo el primer Parlamento democrático mucho antes que Inglaterra. Y fue en mi país donde hubo las primeras naciones unidas. En aquel tiempo —siglo XI— se reunieron en Tolouges —hoy Francia— para hablar de la paz, porque los catalanes de aquel tiempo ya estaban en contra de, EN CONTRA DE la guerra. Por ello, las Naciones Unidas, que trabajan únicamente por el ideal de la paz, están en mi corazón, porque todo lo referente a la paz le llega directamente". (Pau Casals. Discurso al recibir la Medalla de la Paz, otorgada en octubre de 1971 por Naciones Unidas)


María Torres / Octubre 2012

El 22 de octubre de 1973, dos años antes que el dictador,  fallecía Pau Casals en el exilio. El desenlace de la Guerra de España le obligó a emprender el camino de tantos transterrados y a residir primero en Prades (Francia) y después en San Juan de Puerto Rico. Aunque durante muchos años mantuvo la esperanza de regresar a su amada Cataluña, solo lo consiguió muerto en el año 1979, cuando su esposa Marta Canals, dio autorización para que su cadáver fuera trasladado a El Vendrell.

Casals fue uno de los mejores músicos del siglo XX, pero por encima de su calidad musical, estaba el ser humano comprometido que luchó por la paz, la justicia y la libertad, que colaboró en la resistencia de Barcelona, que dedicó su esfuerzo y su dinero en ayudar a otros exiliados, que luchó contra el fascismo haciendo pública su voluntad de no tocar en ningún país que tuviese relaciones con el gobierno franquista, que juró no regresar a España hasta que la democracia fuera establecida.

En una carta al compositor ruso Dmitri Shostákovich, fechada en 1947, escribía: "La injusticia que se lleva a cabo con mi país después de la guerra, confirmada por la reunión de la ONU, me ha hecho tomar la decisión de no tocar más mientras España continúe bajo un régimen que debería considerarse la vergüenza del mundo".

Una tarde de marzo de 1937, Pau Casals participaba en un concierto en el Palau de la Música de Barcelona a favor de heridos de guerra y la población de la retaguardia. De repente las sirenas anunciaron que se aproximaba un bombardeo. Se apagaron las luces en el Palau y la gente comenzó a abandonar el edificio entre gritos. El violonchelo de Pau Casals comenzó a sonar y cuando se encendieron las luces, en el centro del escenario se vió como el maestro lloraba como un niño ante los heridos soldados de la República, que saludaban con el puño en alto al hombre que quiso acallar las bombas con su música.

El músico que extendió su vocación a todas las clases sociales a través de la Associació Obrera de Concerts, creada por él en 1925 y formada, mantenida y dirigida por obreros.

El hombre que decidió permanecer al lado del pueblo y al que cuando en 1954 le propusieron la presidencia de la Generalitat de Catalunya en el exilio no aceptó y siguió clamando por el fin del régimen franquista.

Y todo comenzó un día de julio de 1936: el de la sublevación militar contra el legítimo gobierno de la República. Pau Casals se encontraba ensayando la Novena de Beethoven para interpretarla en el “Semana contra la Guerra” cuando recibió la noticia. Casals dio por finalizado el ensayo prometiendo que volvería a interpretar la Sinfonía en Madrid y Barcelona cuando todo acabara.

Nunca pudo cumplir su promesa.