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2614. Así era José Díaz

José Díaz Ramos
(Sevilla, 3 de mayo de 1895 - Tiflis, 20 de marzo de 1942)


La vida y la actividad revolucionaria de José Díaz están indisolublemente entrelazadas con los acontecimientos políticos y sociales más importantes y decisivos de la España contemporánea.

Se destaca en los períodos de más intensas luchas de la clase obrera, y el pueblo español contra la España reaccionaria y contra la sublevación de las fuerzas oligárquicas y fascistas, empeñadas en hacer de nuestro país un bastión del fascismo.

José Díaz vino al partido en las postrimerías de los años veinte. No procedía, como la mayoría de nosotros, del Partido Socialista. Había militado desde muy joven en el anarcosindicalismo. Y no vino solo, sino que trajo consigo a un grupo de luchadores, entre ellos a Manuel Delicado, Antonio Mije y Saturnino Barneto. Y Sevilla irradiaba en aquellos años un influjo revolucionario sobre todo el país.

Pepe Díaz era panadero, lo mismo que su padre. Su madre trabajaba en la Fábrica de Tabacos.

Como militante confederal, se destacó por su combatividad y decisión. Sufrió frecuentes detenciones y torturas; fue sometido incluso a un simulacro de ley de fugas (me refiero a los años de la dictadura primorriverista).

Su afición a la lectura, supliendo con su esfuerzo las lagunas de una educación elemental, y la necesidad de ayudar a sus camaradas encarcelados, aproximaron al joven confederal al Socorro Rojo Internacional, dirigido por comunistas. Allí empezó a familiarizarse con temas de solidaridad y con la problemática política. Rápida fue su promoción gracias a la dimensión humana y al talento revolucionario del joven sevillano. Pasó a ser secretario del partido en Sevilla. Y en 1932, tras el IV Congreso del PCE, fue elegido secretario general de nuestro partido. Precisamente en aquel congreso histórico se rompía —y no sin resistencias— con el sectarismo, con la «enfermedad infantil», y ¿aprendiendo de Lenin, se abría el camino a la transformación del PCE en un partido de implantación nacional, marxista, revolucionario, enraizado en las masas y apoyado por éstas, y profundamente internacionalista.

Bajo la dirección de José Díaz y de un equipo de dirigentes capaces elegidos para el comité central y el buró político (Vicente Uribe, Antonio Mije, Manuel Delicado, Pedro Checa, Trifón Medrano, Jesús Larrañaga y yo misma), el PCE se convirtió en el alma de la lucha por la unidad obrera y democrática en el tormentoso período de la anteguerra, de las alianzas obreras y campesinas, del Frente Popular.

Rota la estrechez dogmática, al Partido Comunista acudían nuevas promociones de obreros, de campesinos, de intelectuales.

Por entonces ingresó en el PCE un grupo de socialrevolucionarios encabezado por el diputado José Antonio Balbontín, que fue así el primer representante comunista en las Cortes, antes de ser elegido por Málaga nuestro camarada, el doctor Cayetano Bolívar. Ingresó también el grueso de la Izquierda Revolucionaria y Antifascista (IRYA) encabezada por César e Irene Faleón.

Yo recuerdo, no sin emoción, el estilo de trabajo del camarada Pepe, siempre cordial, sin pedanterías ni escolasticismos. Nos enseñaba a ser modestos, a ser sencillos, sinceros con nosotros mismos y con los demás; a saber escuchar, interpretar y defender, sin regatear esfuerzos ni sacrificios, la voz y las aspiraciones de las masas oprimidas y explotadas, a ser patriotas de nuestra España en el más amplio y noble sentido de la palabra.

Su personalidad política como líder, como diputado comunista, conquistó el respeto y la consideración de los políticos españoles en los años treinta. Más de una vez hemos escuchado de labios de personalidades ideológicamente alejadas de nosotros que José Díaz era «uno de los cerebros mejor organizados de nuestro país». En el libro Tres años de lucha, impregnado de su pensamiento, ha quedado grabada su talla política.

En la formación del Frente Popular, José Díaz protagonizó un papel muy importante y fue incansable en el mantenimiento de la unidad republicana, en el frente y en la retaguardia.

Fue consecuente partidario de la política de alianzas, corrigiendo posturas estrechas y sectarias y explicando el carácter de la guerra de liberación nacional. En carta dirigida a la redacción de Mundo Obrero el 30 de marzo de 1938, José Díaz escribía:

Con toda la claridad posible

Queridos camaradas:

En el número del 23 de marzo de Mundo Obrero aparece un artículo sobre el cual es necesario llamar vivamente vuestra atención y la de todo el partido. Empieza el artículo diciendo que «todo lo que pueda desorientar a las masas debe ser aclarado con el mayor cuidado». La justeza de esta afirmación nadie puede ponerla en duda, y por esto precisamente creo que es necesario os dirija esta carta ya que a continuación se encuentra en vuestro artículo la afirmación siguiente:

«... No se puede, como hace un periódico, decir que la única solución para nuestra guerra es que España no sea fascista ni comunista, porque Francia lo quiere así.»

No conozco el periódico contra el cual está dirigida vuestra polémica. Es posible que ese periódico esté escrito por gentes que no quieren a nuestro partido, ni comprenden bien los problemas de nuestra guerra. Pero la afirmación de que «la única solución para nuestra guerra es que España no sea fascista ni comunista» es plenamente correcta y corresponde exactamente a la posición de nuestro partido.

Es necesario repetirlo una vez más, para que sobre ello no quede la menor duda. El pueblo de España combate, en esta guerra, por su independencia nacional y por la defensa de la República democrática. Combate para echar del suelo de nuestra patria a los bárbaros invasores alemanes e italianos, combate porque no quiere que España sea transformada en una colonia del fascismo, combate para que España no sea fascista. Combate por la libertad, en defensa del régimen democrático y republicano, que es el régimen legal en nuestro país y que permite los progresos sociales más amplios.

El Partido Comunista, que es, junto con el Socialista, el partido de la clase obrera de España, no tiene ni puede tener intereses u objetivos diferentes de los del pueblo entero. Nuestro partido no ha pensado nunca que la solución de esta guerra pueda ser la instauración de un régimen comunista. Si las masas obreras, los campesinos y la pequeña burguesía urbana nos siguen y nos quieren, es porque saben que nosotros somos los defensores más firmes de la independencia nacional, de la libertad y de la Constitución republicana. Esta defensa es la base, es el contenido mismo de toda nuestra política de unidad y de Frente Popular. Y sería muy grave, sería inadmisible, que en las filas de nuestro partido pudiera producirse, no digo una vacilación, sino una simple falta de claridad sobre esta cuestión, precisamente en el momento actual, en que es necesario el máximo de unidad del pueblo para hacer frente a los ataques furibundos de los invasores extranjeros. En nuestro país existen hoy condiciones objetivas que hacen imprescindible, en interés de todo el pueblo, la existencia y el fortalecimiento de un régimen democrático, no existen condiciones que permitan pensar en la instauración de un régimen comunista. Plantear la cuestión de la instauración de un régimen comunista significaría dividir al pueblo porque un régimen comunista no podría ser aceptado por todos los españoles, ni mucho menos, y nuestro partido nunca hará nada que pueda dividir al pueblo, sino que lucha con todas sus fuerzas, desde el principio de la guerra, para unir a todos los españoles en el combate por la libertad y la independencia nacional.

Incluso habría que hacer todo lo posible para ampliar esta unidad, hasta extenderla a capas de la población sometidas al yugo y la influencia de la propaganda franquista, a «todos los españoles que no quieran ser esclavos de una bárbara dictadura extranjera».

Refiriéndose al carácter internacional de la guerra, José Díaz resaltaba en su carta:

“Hay un terreno sobre el cual todos los Estados democráticos pueden unirse y actuar juntos. Es el terreno de la defensa de su propiaexistencia contra el agresor de todos: el fascismo; es el terreno de la defensa contra la guerra que nos amenaza a todos.

Cuando hablábamos aquí de «todos los Estados democráticos» no pensábamos solamente en la Unión Soviética, donde existe una democracia socialista, sino que pensábamos también en Francia, Inglaterra, Checoslovaquia, en los Estados Unidos, etc., que son países democráticos, pero capitalistas. Nosotros queremos que estos Estados nos ayuden; pensamos que defienden su propio interés al ayudarnos; nos esforzamos en hacérselo comprender y solicitamos su ayuda. La posición que adoptáis en vuestro artículo es muy diferente y no es justa. El error consiste en olvidar el carácter internacional de nuestra lucha, que es una lucha contra el fascismo, es decir, contra la parte más reaccionaria del capitalismo, contra los provocadores de una terrible nueva guerra mundial, contra los enemigos de la paz, contra los enemigos de la libertad de los pueblos.

Sabemos muy bien que los agresores fascistas encuentran en cada país grupos de burguesía que los apoyan, como hacen los conservadores ingleses y los derechistas en Francia; pero la agresión del fascismo se desarrolla de tal manera que el interés nacional mismo, en un país como Francia, por ejemplo, debe convencer a todos los hombres que quieren la libertad y la independencia de su país de la necesidad de oponerse a esta agresión, y no existe hoy otra manera más eficaz de oponerse a ella que ayudar concretamente al pueblo de España.

La manera en que vosotros planteáis el problema nos llevaría inevitablemente, una vez más, a restringir el frente de nuestra lucha, en el momento en que es preciso ampliarlo. La tarea de organizar la ayuda internacional a España en este instante trágico de su historia incumbe principalmente a la clase obrera internacional y a sus organizaciones, pero las medidas que se pueden tomar para convencer de la necesidad de esta ayuda a otras fuerzas, no obreras, sino de la pequeña burguesía y de la burguesía democrática y liberal, no pueden tener más que nuestra aprobación.

Todo lo que nosotros pedimos es en interés del pueblo y de la guerra. Por esto pueden y deben estar de acuerdo con nosotros todos los antifascistas; más aún, todos los españoles que quieren que esta guerra se termine con la victoria de nuestra patria y con la derrota de los invasores fascistas. La tarea del partido consiste, basándose en esta condición, en estrechar los lazos de unidad entre todos los sectores antifascistas. Hoy más que nunca, nada contra la unidad, todo para lograr la unidad del pueblo, la más amplia y firme que sea posible...


Dolores Ibárruri
Memorias de Pasionaria 1939 - 1977









2574. Perdimos a José Díaz

José Díaz Ramos y Dolores Ibárruri


En marzo de 1942, cuando las durísimas batallas de la segunda guerra mundial tensaban al máximo el esfuerzo del pueblo soviético, artífice principal de la gran coalición democrática antihitlerina, perdimos a nuestro secretario general, José Díaz.

Sufría desde hacía años de una dolencia intestinal, probablemente incurable, contraída en cárceles y presidios de España. Había sido trasladado con su familia lejos de los campos de batalla, a la capital de Georgia, Tbilisi (antes Tiílis), ciudad favorecida por un clima benigno y dulce. Le atendían eminentes doctores soviéticos. Su mujer, la abnegada e inteligente Teresa Márquez, hacía milagros por aliviar su enfermedad. Pero su situación era dramática. Tanto la física como la moral. Hallarse tan alejado del partido, de la vida política, de la guerra, de su pueblo, no podía dejar de imprimir sus huellas negativas en el ánimo de un dirigente revolucionario de 47 años, del temple de nuestro Pepe Díaz.

José Díaz nos abandonó, puso fin a su breve y heroica vida, dejando un vacío que se nos antojaba insalvable en momentos tan sumamente sombríos. Los principales dirigentes de nuestro partido se hallaban dispersos por varios continentes. En España se torturaba, se fusilaba a nuestros militantes.

Todos éramos conscientes —cierto es— de que José Díaz se hallaba enfermo, incapacitado para el trabajo. Pero le habíamos sentido hasta el último instante entre nosotros, con su ejemplar historia revolucionaria, con su talento natural, su lucidez y su valentía.


Su última carta

Me dejó una carta, unas líneas trazadas a mano sobre una hoja de papel. Decía:

“Querida camarada Dolores: El fin de mi vida se acerca y no quiero que pase sin que recibas unas líneas mías. Dolores, saluda en mi nombre al pueblo español, al partido y a toda su dirección.

Nuestro partido ha crecido y se ha desarrollado en la guerra, en la cual hemos sido derrotados. Pero a pesar de eso nuestro partido ha mantenido su unidad. La unidad de nuestro partido es para nosotros como el agua para vivir."

Añadía José Díaz la necesidad de que los comunistas estudiaran, conocieran la teoría marxistaleninista. Y terminaba:

"Abrazos para todos, Dolores, tú recibe un profundo abrazo de  PEPE”

Éste era su mandato: El mandato del admirable revolucionario, dirigente comunista José Díaz. Ante su tumba, así lo dije:

“El partido que tú forjaste y educaste y que lucha sin desmayo en el interior del país, manteniendo viva la llama de la resistencia, cumplirá tu último mandato, conservando su unidad y creando la unidad nacional como base para la conquista de nuestra España, de la España a la que tú dedicaste íntegramente tu vida.”

Yo me había trasladado de Ufa a Tbilisi en un avión militar, único transporte posible en aquellas condiciones, para asistir al entierro de José Díaz y acompañar a su mujer e hija en su dolor.

El mal tiempo nos obligó —Irene me acompañaba— a hacer escala en Stalingrado, batido por un viento helado. Y como la URSS es tan inmensa, al día siguiente aterrizábamos en la capital de Georgia, intocada por la guerra, soleada, maravillosa, que parecía hallarse en otro hemisferio. Pero nuestra visita era triste, desgarradora.

No pudo acompañar a Pepe Díaz a su última morada el pueblo sevillano. Pero lo hicieron, en homenaje solidario, miles de hombres y mujeres georgianos, de tez morena y ardiente corazón, como los andaluces.

Sobre la tumba de nuestro inolvidable Pepe se eleva una bella escultura, obra de un artista georgiano, donada por el pueblo de Tbilisi.


Dolores Ibárruri
Memorias de Pasionaria 1939-1977










1745. Las enseñanzas de la victoria de Teruel

Es muy legítimo que la toma de Teruel haya producido honda satisfacción a las masas populares. En toda la España leal se celebra el triunfo con verdadera alegría. Y en la zona todavía sometida al poder de los facciosos y del invasor extranjero, estoy seguro de que miles y miles de españoles saludan en silencio nuestra victoria. Porque ésta les anuncia, del mismo modo que nos anuncia a nosotros, la perspectiva del triunfo final.

Legítimo es, igualmente, que nosotros, dirigentes de los partidos y otras organizaciones antifascistas, nos esforcemos en determinar con la máxima precisión cuál es la significación y el alcance de la victoria de Teruel, con el fin detener la visión más clara posible de las tareas inmediatas de nuestras organizaciones y de nuestro pueblo.

La victoria de Teruel no es la primera victoria militar de la República. Más bien se puede decir que es la consecuencia y la continuación de toda una serie de éxitos alcanzados por nuestro Ejército Popular. Desde la defensa heroica de Madrid por las milicias populares, desde el Jarama y Guadalajara, donde ya se afirmaba, a pesar de grandes dificultades y resistencias, un principio de organización de un Ejército Regular; desde las batallas victoriosas de Brunete y Belchite, en las cuales manifestó nuestro Ejército sus altas cualidades y su heroísmo, hasta la gran operación ofensiva que nos ha permitido conquistar Teruel, hay una continua evolución positiva, hay un proceso ininterrumpido, de mejoramiento y consolidación de nuestra organización militar, de sus mandos y comisarios, de su unidad, de su capacidad de resistencia y de ataque.

¿Por qué ha sido posible esta evolución? ¿Por qué, enfrente de un enemigo fuerte, numeroso, bien armado, decidido a defender a toda costa sus posiciones, ha logrado nuestro Ejército arrebatar una posición como la de Teruel y conquistar para la República tan espléndida victoria?

Se refleja en este éxito el progreso general que hay en la organización de todo nuestro país, particularmente desde que se liberó el pueblo de España de un gobierno como el de Largo Caballero, que con su inercia, con su orientación sectaria, con su política personalista, no hacía más que aflojar y obstaculizar la marcha del pueblo y de su Ejército hacia la victoria. La República es deudora de este progreso, no a unos hombres determinados -y al decir esto no quiero disminuir en nada el alcance del papel que han jugado hombres como el actual presidente del Consejo, el ministro de Defensa Nacional, el jefe de Estado Mayor, general Rojo, y otros tantos-, sino a todas las organizaciones y a las masas que integran el Frente Popular y apoyan a su gobierno, y a otras organizaciones y masas también, que todavía no están formalmente incorporadas en el Frente Popular, pero que cada vez se acercan más a él y trabajan con todos nosotros, codo con codo, en la tarea común de ganar la guerra. La unidad: esto es lo que nos ha dado y nos dará la victoria, que nos hace marchar adelante seguros de nuestro triunfo final. Los comunistas Cartón Vega, Líster, el militante confederal Vivanco, los jefes y comisarios republicanos, socialistas y sin partido, las masas de soldados que estos mandos han educado para el combate, se han unido en un esfuerzo supremo de voluntad, de resistencia, de heroísmo, y la victoria fue nuestra. Teruel está bajo la bandera republicana. Y el triunfo no es de uno u otro partido, sino de todo el pueblo, de toda la España republicana.

Esta unidad es el alma de nuestro Ejército, el fundamento de su desarrollo victorioso. Y la primera y fundamental enseñanza que hay que sacar de la victoria de Teruel es que se debe evitar todo lo que vaya en contra de la unidad del Ejército, todo lo que tienda a disminuirla. Nuestro Partido trabaja y trabajará sin descanso en este sentido.

No es hoy el momento de plantear en el Ejército el problema de las “posiciones” de ésta o de otra organización. El Ejército es de todo el pueblo, y si nuestro Partido goza en sus filas de tantas simpatías y adhesiones la causa está simplemente en el hecho de que nuestros militantes se esfuerzan en ser modelos de disciplina, de firmeza y de espíritu de sacrificio, cualidades que son la base misma de la organización militar.

El Ejército sabe que nuestro Partido pone por encima de todo la unidad, sin la cual la organización militar y la victoria no son posibles; que es enemigo encarnizado de la vieja costumbre política, que consiste en gobernar fomentando la división entre Partidos y organizaciones políticas diferentes. Sólo puede ser verdaderamente popular, hoy, en el pueblo y en el ejército, que es la fiel expresión del alma popular, quien trabaja por la unidad abierta y consecuentemente, en cada instante. Esto es lo que hace nuestro Partido. ¡Cómo se fortalecería el Ejército si todos nuestros camaradas y hermanos socialistas comprendieran la necesidad de acelerar la fusión de nuestros dos Partidos, realizando rápidamente la consigna que sale de las trincheras de Madrid y del campo de batalla de Teruel: “Un solo carnet para socialistas y comunistas.”.

Yo hablo de estos problemas hoy aquí, comentando la última victoria de nuestro Ejército, porque son problemas candentes de hoy y de mañana y su solución está estrechamente ligada al desarrollo de nuestra lucha.

Ingenuo es quien considere que con un solo triunfo se ha terminado nuestro esfuerzo. La victoria de Teruel llena a nuestro pueblo de entusiasmo y de coraje, da un golpe formidable a todos los derrotistas y enemigos del gobierno, levanta el prestigio de nuestras armas y de la República en el extranjero, siembra la confusión en las filas enemigas, corta una vez más el camino a las maniobras oscuras con las cuales se intentaba desmoralizar al pueblo, hablándole de compromiso y de paz sin victoria. Todo esto es cierto, pero con esta victoria no se termina la guerra y hay que tener cuidado que este éxito no nos haga perder la cabeza.

El enemigo no capitula. El fascismo italiano y alemán no renuncia tan fácilmente a su lucha para hacer esclavo a nuestro pueblo y conquistar en España las posiciones que le permitan desencadenar una guerra mundial contra los pueblos democráticos de Europa. Al contrario. Habiendo comprobado nuestras fuerzas, el enemigo va a preparar sus próximos golpes y a organizar su resistencia con mucha más atención y tenacidad. Va a intentar concentrar más cantidad de tropas y material bélico, y si queremos rechazarlo y aplastarlo necesitamos nosotros también de fuerzas más grandes, de una mayor tensión de nuestras energías para el combate. La victoria de Teruel sólo puede ser considerada como el preludio de luchas de carácter decisivo. Para estas luchas que nos esperan hay que prepararse en todos los campos y de todas las maneras. Por esto nuestro Partido dice a todo el pueblo de España: ¡Atención! Hemos logrado una gran victoria y estamos orgullosos de ella. La hemos logrado porque supimos organizar un fuerte Ejército; fortalecer nuestra retaguardia y luchar con éxito por la unidad. ¡Necesitamos hoy un Ejército todavía más potente, una retaguardia más libre de enemigos y, ante todo y sobre todo, una unidad más fuerte, más amplia, más sólida que nunca!

El ascenso a general del coronel Sarabia, comandante del Ejército de Levante, anuncia probablemente la intención del Gobierno de recompensar dignamente con ascensos y condecoraciones a los militares y comisarios que, particularmente en las últimas operaciones, han merecido el reconocimiento del pueblo. Si tal intención existe, la saludamos con satisfacción porque esto sólo podrá estrechar más y más la ligazón del pueblo con su Ejército y levantar la moral para futuros combates.

Pero la obra de hacer más potente el Ejército no es exclusiva del gobierno, sino de todas las organizaciones antifascistas del país, y lo mismo la de limpiar de enemigos la retaguardia y consolidar nuestra unidad.

Los combatientes y héroes de Teruel piden y esperan. Piden que la victoria de unidad que ellos han conquistado sea seguida por otras victorias de unidad en todo el país, conquistadas por las voluntades concordes de todos. Esperan que el Frente Popular se haga más fuerte y amplio, que se liquiden las discordias injustificadas, que se haga imposible toda labor de división. Nuestro Partido se compromete una vez más a trabajar, y trabajará en este camino. Está seguro que en el mismo camino se pondrán todas las fuerzas antifascistas de España.


José Díaz Ramos
Artículo publicado en "Frente Rojo" el 24 de diciembre de 1937 y recogido en el libro Tres años de lucha. Editions de la Librairie du Globe, Paris 1970








1374. La lucha por unidad en plena reacción

José Díaz Ramos
(Sevilla, 3 de mayo de 1895 - Tiflis, 20 de marzo de 1942)


Camaradas:

Obreros socialistas y anarquistas, antifascistas todos: os saludo cordial y fervorosamente, en nombre del Partido Comunista.

Permitid que comience por advertiros que, cuando se viene a un acto de esta naturaleza, cuando tan crítica y preñada de peligros está la situación, no debéis mirar solamente si las frases son más o menos bellas, si la oratoria es o no brillante. Camaradas que habéis venido a este acto, escuchad la doctrina, oíd la forma en que el Partido Comunista deduce las enseñanzas del pasado y os expone la situación presente. Estas enseñanzas os serán útiles para desarrollar la lucha de masas que tanta falta está haciendo en estos momentos.


El peligro fascista

No son éstos los momentos más adecuados para perder el tiempo. El peligro fascista es más grande que nunca, en España. El Poder, el aparato estatal, está en manos de un gobierno integrado por reaccionarios y fascistas. Y este gobierno, cargado de las peores intenciones, está tomando las medidas orgánicas y estratégicas para impedir el desarrollo del movimiento revolucionado. Para lograrlo, no repara en los procedimientos. Mantiene al país bajo el terror. Mantiene, a pesar de que todos los días habla de tranquilidad, el dogal permanente del estado de alarma y de prevención. Mantiene la censura de prensa y suspendidos los periódicos obreros, el diario de la revolución “Mundo Obrero”. Todos los días salen de los ministerios, cedistas o radicales (es poca la diferencia entre unos y otros, pues todos tienen por amo a Gil Robles)... (Aplausos.)

...Os decía que todos los días salen de los ministerios reaccionarios y fascistas, disposiciones a cual más fascista y reaccionaria. Y de esas Cortes, que tan bien ha retratado el camarada Bolívar, salen leyes y más leyes fascistas. Y, como si todo esto fuera poco, aún preparan otras, como la Ley de Prensa y la Ley Electoral. La primera, para impedir la publicación de periódicos obreros y populares y para asegurarse, como lo hizo Primo de Rivera, espacios en los diarios para poder insultar y provocar al pueblo con notas oficiosas. Y la otra, para hacer unas elecciones a la medida de sus necesidades, para ayudar a la guardia civil a hacer las elecciones. (Aplausos.)

Pero el Gobierno no se contenta con todo esto. Aún tiene otros procedimientos más contundentes y de los que las espaldas doloridas, las carnes heridas, los cuerpos torturados de millares de obreros en los centros policíacos pueden dar fe. Mantiene una represión durísima contra los trabajadores. Sobre éstos pesa el espectro del verdugo, con las condenas a muerte y las ejecuciones ya perpetradas.

Pero este proceder del Gobierno tiene su contrapartida: si al pueblo se le oprime, se le maltrata y se le condena al silencio, en cambio a las bandas reaccionarias se les da toda la amplia libertad que apetecen para provocar a las masas populares, para que llenen su prensa de insultos canallescos contra los obreros, como hacen “El Debate”, “ABC”, “La Nación”, “Informaciones” y otros. Y para que publiquen esas hojas asquerosas los fascistas de Primo de Rivera, asesino de obreros. (Aplausos. Mueras al fascismo.)


Organizar la lucha

Sí, camaradas, el fascismo morirá. Pero, ¿habrá de morir tan sólo por explosiones de entusiasmo? No. Es verdad que existe hoy un gran espíritu revolucionario en las masas, una formidable corriente en favor del frente único y de la unión de todos los antifascistas. Es una gran verdad que el pueblo trabajador quiere la lucha unificada para salir de esta situación que os acabo de describir. Pero, vuelvo a preguntaros: ¿es suficiente que exista un claro deseo de lucha y una firme voluntad de vencer? Está muy bien el entusiasmo, está muy bien esa voluntad de lucha antifascista que se refleja en este grandioso acto y en los que se celebran estos días. Pero tenéis que comprender todos, que a este deseo ya esta voluntad hay que darles una forma orgánica, hay que encauzarlos en una fuerte organización que desarrolle la lucha y nos lleve al triunfo sobre la reacción y el fascismo. (Muy bien.)

¿Creéis que se puede oponer solamente el entusiasmo a la fuerza de un enemigo organizado, hábil y con un feroz aparato de represión? No, camaradas; si no los encuadramos en la lucha, la voluntad y el entusiasmo serían estériles. Los aplausos con los cuales subrayáis cada consigna de nuestro partido y cada llamamiento nuestro a la acción, demuestran que estáis prestos para formar en el frente de combate, pero eso no basta. No basta con el entusiasmo y la voluntad; es necesarios organizar, organizar siempre, y que las fuerzas organizadas marchen siempre en filas compactas hacia la consecución del objetivo propuesto. El genio de la revolución mundial, Lenin, dijo “que la revolución no se hace, sino que se organiza”. Y esto mismo os decimos nosotros, os dice el Partido Comunista: que a la represión de este Gobierno, a los propósitos claros de hundirnos en el infierno fascista del hacha y del patíbulo, nosotros tenemos que oponer y oponemos ya la lucha organizada. Hoy, desde esta tribuna, como ayer con todos los medios a nuestro alcance, renovamos nuestro llamamiento a los obreros, a los campesinos, a los hombres libres, a los antifascistas, a los republicanos de izquierda, para que todos los que tenemos un punto de coincidencia en esta hora grave, nos unamos en un Bloque Popular Antifascista que rompa los propósitos de este gobierno de fascistas y reaccionarios. (Grandes aplausos.)

Y éste es el sentido, el objeto de mi discurso en este grandioso acto. Quiero hacer llegar a la convicción de los diez mil obreros antifascistas que aquí os encontráis, y de los millares que escuchan desde la calle, que es de todo punto necesario, que es urgente crear las formas orgánicas de lucha antifascista, que hay que organizar el Bloque Popular Antifascista, si queremos arrollar a la reacción y al fascismo, si queremos vencer. El momento actual impone imperiosamente esta necesidad. En nombre del Partido Comunista me esforzaré, pues, en explicaros cómo y bajo qué plataforma de lucha debemos unirnos todos los antifascistas para dar la batalla a las fuerzas de la reacción.


Lo que decía el Partido Comunista antes de Octubre

Antes de Octubre, camaradas, antes de las jornadas de Octubre, nosotros luchábamos, como ahora, por la unificación de las fuerzas obreras. Nuestro partido se ha esforzado siempre por convencer a los demás sectores obreros de que ésta es la condición indispensable para el triunfo. Y ésta es una idea que queremos grabar muy bien, muy hondo en la conciencia de todos los trabajadores. La idea de que para vencer a un enemigo poderoso hay que luchar unidos, hay que presentarle batalla todos juntos. Y para que no creáis que esta afirmación es un simple recurso, vaya permitirme leeros unas breves líneas sobre lo que nuestro Partido estimaba imprescindible antes de Octubre. El Pleno extraordinario del Comité Central, celebrado un mes antes de la insurrección de Octubre, decía en su resolución:

¡”A la burguesía y a los terratenientes ya no les es posible mantener su odiosa dominación cubriéndola con el manto de la “democracia”. Hoy, este ropaje les estorba y se desprenden descaradamente de él, dando rienda suelta a las formas brutales de esclavización de las masas trabajadoras de la ciudad y del campo. El Bloque dominante y su actual equipo gubernamental inspiran su política y sus métodos de represión, enfilándolos hacia la instauración de la dictadura sangrienta y terrorista del fascismo, buscando así el medio de ahogar en sangre y exterminio la creciente potencia de la revolución.”

Y deducíamos:

“Partiendo de esta situación, el problema cardinal para asegurar el triunfo de la revolución, lo constituye la organización y la unificación de las fuerzas de la revolución, bajo una dirección firme y consciente de sus objetivos. Así lo han comprendido las masas trabajadoras.”

“Organizar el Frente único de lucha, en forma permanente y con carácter nacional, para dar la batalla a la contrarrevolución: ¡tal es el anhelo de las masas trabajadoras!”

Ésta era nuestra posición, antes de Octubre. Por eso ingresamos en las Alianzas Obreras, aun a sabiendas de que no eran la expresión acabada y consecuente del Frente único. Ingresamos en ellas, para transformarlas en verdaderas organizaciones de frente único de los obreros y campesinos. Pero no lo conseguimos con la amplitud que era necesario, por las resistencias de unos y las incomprensiones de otros. En Asturias, donde nuestro partido había conseguido hacer penetrar profundamente entre las masas la idea del Frente Único, y donde los Comités de Frente Único de lucha tenían ya una tradición, las Alianzas. Obreras se organizaron rápidamente, y en parte en el mismo curso de los combates, y así fue posible que en Asturias lograra el proletariado la victoria sobre el enemigo, mientras que en los demás sitios de España, en que los órganos de Frente único no estaban creados y desarrollados, la lucha no pudo alcanzar la misma extensión y profundidad.

Y decidme, camaradas, si esto, si el Frente Único, era una necesidad vital antes de Octubre, ¿qué no será ahora, hoy, en que el peligro fascista es más grande, más inmediato, cuando tiene ya en sus manos una parte del aparato del Estado? Hoy es de una necesidad arrolladora la creación y desarrollo de los órganos de la unidad de acción.


Posición del Partido Comunista en el movimiento de Octubre

Todos conocéis lo ocurrido en Octubre. Sabéis que nos levantamos en todo el país, que los trabajadores españoles, los trabajadores catalanes, los de Euskadi, los de Galicia, en fin, los de todas partes de España, se echaron a la calle para impedir el avance del fascismo por medio de la huelga general y de la lucha insurreccional. Y sabéis también que las masas lucharon con admirable coraje para derribar a la gran burguesía, a los terratenientes y a su Gobierno reaccionario y fascista, y también para adueñarse del Poder. Esto último sólo pudo conseguirse en Asturias. En Asturias, por el comportamiento heroico del proletariado. En Asturias, porque supieron marchar unidos y conquistar las armas. La bandera del Poder de los obreros y campesinos ondeó triunfante durante quince días en Asturias. Las Alianzas Obreras y Campesinas se adueñaron del Poder, luchando con las armas en la mano. Esta gesta gloriosa de nuestros compañeros de Asturias vivirá siempre en el recuerdo de todos los explotados. Mas no debemos olvidar que allí nuestros hermanos, nuestros héroes, lucharon unidos y por eso triunfaron; comunistas, socialistas y anarquistas lucharon confundidos, hombro a hombro. Por esto mismo, si queremos triunfar en todo el país, es preciso que el Frente Único sea una realidad, que la unidad de acción se imponga, que las Alianzas Obreras y Campesinas se creen y desarrollen en todo el país, que dirijan la lucha de las grandes masas hacia el aplastamiento de la reacción y el fascismo. Si hacemos esto, yo os digo que no tardaremos en ver a este Gobierno, a Gil Robles y a todos los que ellos defienden, correr, huir de la misma manera ignominiosa que los burgueses y los guardias de Asturias corrían ante las filas apretadas y en armas de los mineros y trabajadores de Asturias. (Atronadora ovación. Durante largo tiempo, se vitorea a Asturias, a la revolución y al Frente Único.


Solidaridad con las víctimas de la represión

Camaradas, aprovechemos este paréntesis que habéis abierto al prolongar los aplausos y vítores a los héroes de la gloriosa Comuna de Asturias, para pediros, en nombre del hecho que tanto entusiasmo provoca en vosotros, que forméis en el cuadro de la solidaridad para con las víctimas de la represión. No olvidéis que en esa Asturias han quedado muchos hijos de mineros huérfanos, muchas compañeras en la miseria más espantosa. No olvidéis que el proletariado de Asturias ha sido condenado al hambre por la contrarrevolución. No olvidéis que en las cárceles hay veinticinco mil camaradas. No olvidéis que hay muchos héroes de la insurrección perseguidos... Es preciso reforzar la solidaridad de clase para con estos camaradas. Es preciso que cada proletario, cada trabajador, cada hombre de buena voluntad, se desprenda de unos céntimos todas las semanas para ayudar a las víctimas del terror contrarrevolucionario. Ésta es una deuda sagrada, una deuda de honor que todos los trabajadores de España tenemos contraída con nuestros hermanos caídos en la lucha. Y sobre todo, con el heroico proletariado de Asturias, que en las condiciones de terror a que lo tiene sometido el Gobierno, no se amilana, ni se arredra, sino que sigue luchando, declarando huelgas y levantando el brazo con el puño en alto, que es una amenaza valiente a los que ensangrentaron..." (Gran ovación, que impide al orador acabar la frase.)


El Partido Comunista asume la responsabilidad de la insurrección

En las primeras filas de la lucha se ha encontrado el Partido Comunista. En Asturias y en todas partes, los comunistas tomaron las armas y lucharon en la primera línea de batalla. Sobre todo en Asturias, donde nuestro partido era más fuerte, tenemos que decir que una gran parte del triunfo nos corresponde. (Grandes aplausos.)

Y oídlo bien, camaradas, que lo oigan cuantos quieran oírlo: los comunistas han llamado a la lucha y a la insurrección a las masas, se han puesto a la cabeza y han luchado contra las fuerzas represivas de la reacción y del fascismo con las armas en la mano. El Partido Comunista está, pues, identificado con el movimiento insurreccional y asume su plena responsabilidad política. Repito esto, porque parece que hay por ahí gentes que se sacuden las pulgas y no quieren que se les diga nada de lo que ha pasado. No quieren nada con la insurrección de Asturias ni con las luchas de Octubre.

Nosotros, el Partido Comunista, comprendemos muy bien que ciertas gentes se desentiendan de las responsabilidades del movimiento. Y si nosotros no saliéramos a la plaza pública a gritar a pleno pulmón que todo cuando hicieron las masas revolucionarias en Octubre, que la insurrección de Asturias, es un hecho glorioso y que es el resultado de toda nuestra lucha, de toda nuestra agitación, del ejemplo que los comunistas dan al proletariado, parecería como si estos hechos gloriosos constituyeran una vergüenza que tenemos que ocultar. No, camaradas; nosotros estamos orgullosos de cuanto han hecho las masas y estamos orgullosos sobre todo de la insurrección de Asturias. Hay, en aquella región, uno de nuestros héroes, un camarada responsable de nuestro partido preso hoy y amenazado de muerte por la contrarrevolución, el camarada Manso... (Gran ovación y vivas a Manso.) El camarada Manso y otros camaradas dirigentes regionales de nuestro partido, se han declarado responsables políticos del movimiento de Asturias.

Y, por si esto no es bastante, por si aún hubiese alguna duda, yo, en nombre del Partido Comunista, digo a todos los obreros, a los campesinos, a los trabajadores todos –y que nos oigan también las huestes de la reacción-, que nosotros somos los responsables del movimiento revolucionario de Octubre, que el Partido Comunista de España recaba para sí toda la responsabilidad política que se derive del movimiento y de la insurrección victoriosa de Asturias. (Aplausos atronadores. Los trabajadores se ponen en pie y saludan con el puño en alto. Grandes vivas al Partido Comunista.)

Después de dominado el movimiento por la reacción, el Gobierno se aprovecha de su triunfó momentáneo sobre la clase obrera para desatar una orgía de represión de tal naturaleza, que no tiene precedentes ni aun en los países de imperio más feroz del fascismo. La venganza llega a extremos que causan espanto. A pesar de la mordaza gubernamental, muchos de estos horrores han llegado a conocimiento del pueblo. Aquí mismo, el camarada Bolívar os ha referido algunas torturas que se han aplicado y se aplican a los trabajadores. Los muertos se cuentan por millares. Pero no sólo los muertos en la lucha, sino los muertos después del triunfo circunstancial de la contrarrevolución, los muertos durante la represión.

La CEDA y los radicales cumplen fielmente el mandato de sus amos, de los capitalistas y terratenientes. Tienen el encargo de reprimir a sangre y fuego el movimiento revolucionario, y no reparan en medios. Esa es su triste misión.

La misión de los católicos de la CEDA, que consiste en enviar a los moros a “pacificar” a los “cristianos” con las gumías y a los degenerados del Tercio a imponer el “orden” en Asturias. Misión que consiste en torturar a los detenidos para hacerles firmar declaraciones de culpabilidad. Misión que consiste en ejecutar a los obreros revolucionarios, en sitiar por hambre a los mineros...

Éste es el Gobierno del hambre, de la sangre y de la muerte. Éste es el Gobierno que ha realizado actos de barbarie tan feroz, que no tienen precedente en la historia. (El camarada Díaz relata algunos hechos concretos y el público prorrumpe en gritos de indignación. Algunas mujeres lloran. El momento es de una emoción indescriptible.)


La primera gran batalla ganada después de Octubre

Y en esta situación que sigue a Octubre, es cuando el Partido Comunista se dirige una y otra vez a las organizaciones obreras, al Partido Socialista y a todos los antifascistas, llamándoles a organizar la lucha en frente único contra la represión y contra la pena de muerte. Nuestra consigna “¡Ni una ejecución más!” ha recorrido todas las ciudades, todos los pueblos y aldeas de España. El pueblo trabajador ha vibrado al conjuro de la voz comunista, que le llamaba a la lucha contra la represión y contra la pena de muerte.

No todas las organizaciones llamadas a la lucha respondieron. El Partido Socialista se mantenía en una pasividad nada favorable a la causa de los trabajadores. A nuestros reiterados requerimientos para organizar la lucha en común ha respondido con el silencio. Y esto, en los momentos en que más necesarias se hacían la actividad y la lucha, en los momentos en que sobre la cabeza de muchos obreros revolucionarios, de muchos militantes comunistas y socialistas se cernía la amenaza de la ejecución.

Mas no por ello hemos cejado en la lucha. Estábamos convencidos de que sólo por la acción incansable de las masas podía impedirse la represión y evitarse las ejecuciones. ¿Quién no vio en las calles de Madrid y en las de todas las ciudades de España, millares de periódicos, millares de manifiestos, millares de inscripciones toscas en las paredes, que al pie llevaban esta firma: Partido Comunista de España? Esa labor la ha hecho nuestro partido y la han hecho las organizaciones que se movilizan por su iniciativa. (Aplausos.)

Y este trabajo incansable, esta lucha, engendró un movimiento de protesta general en el pueblo. Salvo las cuadrillas reaccionarias y fascistas, todo el mundo pidió y exigió el indulto de los condenados a muerte. Pero no fue sólo en España; fue también en el extranjero. En todo el mundo, las organizaciones antifascistas, el Socorro Rojo Internacional, respondieron a los llamamientos comunistas con una campaña de solidaridad grandiosa, enorme. Toda esta lucha dio por resultado el que se arrancara de las garras del verdugo y del pelotón de ejecución a veinte camaradas condenados a muerte. Lo decimos otra vez porque tenemos derecho a decirlo: el noventa por ciento de esta campaña fue movida y desarrollada por el Partido Comunista.

Y esta lucha en frente único, en frente popular, antifascista, que consigue los veinte indultos, es la primera gran batalla ganada al enemigo por el proletariado después de Octubre.


Los motivos de la primera crisis

Todos conocéis por qué se produjo la primera crisis, después de Octubre. Se produjo una discrepancia sobre si debe o no indultarse a veinte obreros revolucionarios condenados a muerte. Lerroux se inclinaba a indultar, porque el viejo zorro reaccionario a las órdenes de Gil Robles veía que la lucha de las masas crecía como la espuma y comprendía que la ejecución de veinte hombres más iba a desbordarles y la sangre derramada se convertiría pronto en el mar que les ahogaría. En cambio, Gil Robles opinaba que cuantos más revolucionarios se mataran, menos enemigos le quedaban. Sin ello, sabía que la semilla de los revolucionarios no muere ni morirá nunca. Porque si su odio sangriento llegase a tanto como a pensar en organizar la muerte de todos los revolucionarios, se vería en la imposibilidad de hacerlo. Porque hoy, en cada obrero, en cada trabajador, en cada antifascista, en cada persona honrada, hay un revolucionario. Y decidme: ¿qué iban a hacer Gil Robles y sus amos cuando hubieran matado a quienes les dan de comer...? (Ensordecedores aplausos y mueras a Gil Robles.)

Los veinte indultos motivan la crisis. Pero estos indultos no se deben a la benevolencia de los gobernantes, sino a la lucha de las masas en frente único. Y si la crisis se produce por esté hecho, de enorme significación revolucionaria, prueba evidente de que la revolución vive y se desarrolla, prueba palmaria de que el proletariado no está vencido, sino en pie de guerra, reparando sus fuerzas para lanzarse a otras batallas, de las que la gran burguesía y los terratenientes saldrán vencidos para siempre.

Si esto se ha hecho, si, todo esto hemos logrado sin la organización necesaria, ¿qué no podríamos lograr con la unión y la organización de todas las fuerzas obreras y antifascistas, dirigidas por un partido con una teoría y una práctica revolucionarias certeras? El empuje de estas masas así organizadas, así dirigidas, no hay gobierno que lo resista. Lerroux y Gil Robles, y todos sus lacayos, serían arrollados como simples muñecos de papel. (Aplausos.)

Pues bien, camaradas, esta organización puede ser el Bloque Popular Antifascista. El Bloque Popular puede y debe formarse alrededor de las Alianzas Obreras y Campesinas. Pero todo camarada debe comprender que este Bloque, este amplio frente de lucha antifascista no debe abarcar tan sólo a los obreros y a los campesinos, a los empleados y funcionarios, sino también a los intelectuales honrados, a los artesanos, a los pequeños industriales y comerciantes; en fin, a todos los que aborrecen el fascismo y su secuela de terror, de miseria y de hambre. A la cabeza de él debe estar y estará el proletariado y su vanguardia, el Partido Comunista. Porque sólo el Partido Comunista, sólo un partido capaz de luchar en primera fila y que tiene la escuela de acero de la Internacional Comunista, puede, como lo ha hecho ya el glorioso Partido Bolchevique, asegurar el triunfo de la revolución. La Unión Soviética es el ejemplo más grandioso de ello. (Aplausos.)


Gil Robles en Guerra

Lerroux forma otro gobierno a base de radicales. Porque, aterrado de la amplitud de la lucha de masas, habla un lenguaje un poco liberal, hace concebir algunas esperanzas durante un mes. Pero ¿a quién hace concebir estas esperanzas? Sólo podía hacérselas concebir a gentes cándidas, que no saben aún, ¡a pesar de lo que ha hecho!, de lo que es capaz este viejo reaccionario. A nosotros, no; al proletariado, tampoco.

Y mirad de lo que es capaz Lerroux y la contrarrevolución toda: al mes siguiente, un gobierno con cinco ministros de la CEDA. Y, por si esto no fuese bastante todavía, es el fascista Gil Robles quien se alza con la cartera de Guerra. ¿Qué pretenden? Gil Robles va a liquidar lo poco que aún queda de republicanismo democrático en el aparato del Estado, en los cuadros del ejército, y va a poner los altos mandos en manos de fascistas tan caracterizados como él. Así se asegura la posibilidad de emplear al ejército como instrumento para el logro de sus propósitos, que son dar paso a un gobierno enteramente fascista. Con el predominio en el Gobierno, la CEDA y los demás partidos fascistas tienen la libertad y los elementos que necesitan para moverse en todas direcciones, para preparar orgánica y políticamente los cuadros del fascismo, para apoderarse del Poder por la vía “legal”, como hizo Hitler en Alemania.

Si no puede hacer esto, si no conquista a las masas necesarias, si la demagogia fascista no da resultado, ¿para qué está Gil Robles en el Ministerio de la Guerra? ¿Para qué pone a la cabeza del ejército al general Franco y a otros generales monárquicos, amigos de Primo de Rivera? ¿Para qué...? (Los aplausos interrumpen al orador.) Hay que suponer que Gil Robles no estará en el Ministerio de la Guerra precisamente para democratizar el ejército, sino para preparar el golpe militar que entronice la dictadura terrorista y sangrienta del fascismo.

Este gran peligro debe ser bien comprendido por todos los comunistas, por todos los socialistas, por todos los anarquistas, por los republicanos de izquierda, por todos los hombres libres. Es un peligro ante el que no podemos alzamos de hombros. Un peligro que no se puede despejar con discursos. Un peligro que sólo puede combatirse con la fuerte unión de todas las fuerzas obreras y antifascistas, con la Concentración Popular Antifascista. Y quien no lo comprende así, no comprende la gravedad del peligro que nos amenaza.


La peligrosa demagogia de la CEDA

No es sólo en la amenaza del golpe militar donde reside el peligro de la hora presente. Existe también en la demagogia cedista. Este partido de los grandes explotadores, de los señoritos de la tierra, de los banqueros, de los grandes capitalistas, de los magnates de la Iglesia, se presenta ante las masas del campo, mantenidas por la burguesía y los caciques en un nivel cultural y político atrasado, ante los parados hambrientos y desesperados, ofreciéndoles la solución a sus problemas. Nosotros sabemos que es mentira, que la CEDA no les va a dar nada, que sólo les da cárcel y metralla. Esto tenemos que hacérselo comprender a nuestros hermanos, los obreros agrícolas y campesinos pobres, a los parados, para que no se dejen engañar por la demagogia embustera de los cedistas. Pero ellos tienen en sus manos el Gobierno y todos los resortes de la propaganda. Y si nosotros descuidamos la propaganda en sentido contrario, podría resultar que, a fuerza de mentiras y de algunas limosnas hábilmente distribuidas, lograran conquistar la adhesión de una parte de estas masas, adhesión que utilizarían para implantar el fascismo, para perpetuar la miseria, el hambre y los asesinatos en España, contra todo el pueblo.

La CEDA trabaja también por medio de la Iglesia y de las damas catequistas. Tenéis la experiencia de los colchones en noviembre de 1933. Esta gente se mete en las casas de los obreros parados, de los hambrientos, ofreciéndoles un empleo y hasta dándoles una limosna insignificante. Con esto y la influencia de los confesionarios pueden hacer mucho daño. Con esta labor quieren ganarse a las masas. Es un peligro que tampoco podemos desdeñar.

Hay que gritar a todo el mundo, a los campesinos hambrientos, a los parados, que la CEDA no quiere más que engañarles, conducirles borreguilmente al fascismo y utilizarles para sumir en el infierno fascista a todo el pueblo trabajador de España. Hay que esgrimir los hechos en contra de esas promesas demagógicas. Hacer ver que Gil Robles prepara un presupuesto guerrero de muchos miles de millones de pesetas. Que quiere crear un fuerte aparato militar que ladre como un perro a las grandes potencias de fuera y que muerda a los de dentro, a los trabajadores. Lo que en los dos casos es malo, porque nos conduce a la guerra y nos sitúa bajo la espuela y el espadón militar. En una situación de provocación constante y de constante guerra civil... (Aplausos.)


¿Cómo salir de esta situación?

Estos dos peligros que acabo de señalar tienen que ser comprendidos por todos los obreros y fuerzas antifascistas del país. Y estos dos peligros tienen una sola finalidad: instaurar la dictadura terrorista del fascismo en España.

Y, ante el reconocimiento de este grave peligro, surge la pregunta: ¿Cómo podemos hacerlo desaparecer? ¿Cómo salir de esta situación?

He aquí la gran tarea que nos impone el momento histórico por que atravesamos. Ha llegado el momento de demostrar si somos o no capaces de barrer el peligro fascista que nos amenaza.

Todos los oradores que han hablado antes que yo, han dicho: “El fascismo no pasará”. Y yo os digo que esta frase sólo tiene sentido cuando se toman todas las medidas necesarias para luchar contra el fascismo. Porque si sólo conservamos el entusiasmo en los mítines y nos marchamos a casa tranquilamente, esperando a que la solución caiga del cielo, entonces, camaradas, yo os digo que el fascismo, con su cortejo de crímenes y de hambre, será una realidad terrible en España. Una realidad feroz, sin comparación con ninguna otra dictadura. Después de lo que conocéis que ha hecho la contrarrevolución en Asturias, ya podéis imaginaros lo que sería en España el fascismo.

En cambio, “el fascismo no pasará” si todos nos unimos, si vosotros, los diez mil obreros que estáis aquí, los que pertenecéis a otras organizaciones y partidos, obligáis a vuestros dirigentes a aceptar las proposiciones justas de frente único que les hace el Partido Comunista, si en vuestras fábricas y talleres, en las oficinas, en las universidades, por todo el país, organizáis la Concentración Popular Antifascista; entonces, sí podremos decir muy alto y muy fuerte que el “fascismo no pasará”. Y no sólo no pasará el fascismo, sino que la lucha unida de todos los obreros y fuerzas antifascistas derribará a este Gobierno, a sus Cortes y a toda la reacción, aplastándoles bajo un puño de hierro. (Grandes aplausos.)


La táctica del momento

¿Y cuál es la táctica que debemos seguir, en estos momentos? No hay más que mirar cuáles son las rutas que nos llevarán al triunfo. No perder de vista que la hora es grave y exige que el frente de combate sea lo más amplio posible.

¿Cuáles son las fuerzas que hoy pueden luchar unidas contra la reacción y el fascismo? Para nosotros, no es dudoso: estas fuerzas son el Partido Comunista y el Partido Socialista, las Juventudes Comunistas y Socialistas, los anarquistas, los sindicalistas y los republicanos de izquierda, todas las organizaciones populares de masas que estén dispuestas a luchar en contra del fascismo.

Pero esta unión no puede ser un conglomerado sin principios, sin programa, y nosotros decimos que la unión requiere formas de organización y un programa común de lucha. Todo muy sencillo, capaz de ser comprendido en seguida por todos los trabajadores y por todos los antifascistas.

Formas orgánicas prácticamente necesarias son la inmediata reunión de los representantes de todos los partidos y organizaciones que ya he mencionado, sobre un plano nacional. Y estas reuniones deben hacerse también sobre un plano provincial y local. De la discusión cordial que se entable en estas reuniones, en torno a un programa sencillo, saldrá la coordinación de las fuerzas para la lucha.

Y así quedará organizada una fuerte y amplia concentración antifascista para la lucha contra la reacción, contra el fascismo y por la liberación de nuestros presos, para arrancar la amnistía. ¿No es esto bien sencillo de hacer? (Voces: ¡Sí, sí!) Pues entonces, camaradas, imponed vuestra voluntad a los dirigentes de vuestras organizaciones y la Concentración Popular Antifascista será una realidad inmediatamente.

La situación es tan clara, que no la desconocen ni los enemigos de los trabajadores. Las fuerzas del fascismo se dan cuenta de lo que sucede y se lanzan a amenazas como la que estampa el periódico fascista “La Nación” y que os voy a leer. Escuchad lo que dice “La Nación” en un artículo que titula “Frente antirrevolucionario y unión de las derechas, para la salvación de España”:

“Nosotros nos permitimos señalar una fórmula con la que pueden conciliarse las dos tendencias. Es indudable que cuando se produce un movimiento revolucionario como el de Octubre, deben formar la muralla que la contenga, lo rechace y aun lo aplaste, todos los españoles que tengan sentido de orden y espíritu de patriotismo, incluso con las armas en la mano, porque si la desvergüenza separatista y bolchevista continúa con el propósito de desgarrar la Patria, llegará el momento en que sea preciso que nos lancemos todos a la lucha y que acabemos de una vez con esa repugnante amenaza de canallesco matonismo, que desde hace cuatro años no deja levantar cabeza al país.”

¿Está clara la amenaza? Estos fascistas aluden claramente al golpe militar y cuentan con que su jefe, el que tiene en sus manos la cartera de Guerra, no les va a defraudar. Pero esta amenaza de lanzarse a la calle con las armas en la mano no nos asusta. Ya tienen pruebas de cómo saben manejar las armas los revolucionarios y hasta dónde llegan cuando las toman, como en Asturias, y deben saber que no nos quedamos a mitad de camino... (Formidable ovación.)

Hay más. Es el miedo del monárquico “ABC” a que nos unamos todos.

“Es la evidencia -dice en un reciente editorial- de que se propaga y cuaja el propósito de establecer una alianza electoral que llegue desde los comunistas y socialistas hasta los republicanos que se alejan de la derecha y del centro. No hay duda que la coalición es segura y va constituyendo en toda España una línea de combate. Esa perspectiva nos llena de intranquilidad -lo confesamos- frente a las grietas y roturas existentes en el frente de las derechas triunfante el día 19 de noviembre de 1933... Desde ahora, más que antes, la lucha se empeña con una divisoria que separa los dos campos: revolución y contrarrevolución.”

Esta lo dice “ABC”, y no le falta razón. Una unión tan amplia, por nuestra parte, nos dará el triunfo seguro. Y, los mismos fascistas lo dicen, no hay más que dos frentes: Fascismo y Antifascismo, Revolución o Contrarrevolución. Y es indudable que las grandes masas españolas están en contra del fascismo y al lado de la revolución.

Y es doloroso comprobar que, mientras esto se siente, porque es una necesidad, tengamos que ver cómo ahora, hoy mismo, a esta misma hora, el Partido Socialista, en vez de venir con nosotros a este acto, al que ha sido invitado, a nuestros actos, donde tiene siempre un puesto, organice por su parte otro mitin. (Voces: ¡Dos, dos!) Dos mítines, que constituyen una verdadera escisión del sentimiento antifascista y de las fuerzas revolucionarias. Es indudable que las masas que hoy se congregan en el Cine Europa, y las del Cine Pardiñas también, son antifascistas y quieren la amnistía, ¿por qué entonces no estamos todos juntos, en un solo mitin? (Grandes aplausos.)

Parece como si el Partido Socialista tuviera el empeño de marchar solo. ¿Puede el Partido Socialista vencer solo al fascismo? No. ¿Puede el Partido Comunista vencer solo al fascismo? No. ¿Pueden los republicanos de izquierda vencer solos al fascismo? Tampoco. Entonces, ¿por qué no estamos todos aquí juntos, como nosotros queríamos? ¿Por qué no han venido los socialistas, por qué no han venido los republicanos de izquierda? ¿No tenemos que luchar todos unidos contra el fascismo? (Grandes aplausos.)


(...)


Llamamiento del Partido Comunista

Camaradas, estamos persuadidos de que contraeríamos una gran responsabilidad ante las masas y ante la historia, si dejáramos pasar estos momentos sin hacer cuantos esfuerzos y sacrificios sean necesarios para lograr la unidad de todas las fuerzas antifascistas. Y por nosotros no ha de quedar. Estamos seguros de que tendremos a nuestro lado a todas las masas antifascistas de España en éste empeño revolucionario.

Y, lo mismo que antes lo hemos hecho por medio de una carta abierta, hoy, desde aquí, en nombre del Partido Comunista, quiero hacer un llamamiento al Partido Socialista, a los anarquistas y sindicalistas, a los republicanos de izquierda y a todos los antifascistas. Vosotros, muchos de los que habéis venido aquí sois militantes o simpatizantes de esos partidos y queremos que seáis portadores de este llamamiento, para que la unión se realice cuanto antes.

Nosotros, Partido Comunista, luchamos y lucharemos siempre por la realización de nuestro programa máximo, por la implantación en España del gobierno obrero y campesino, por la dictadura del proletariado en nuestro país.

Pero, en estos momentos de grave peligro que amenaza a los trabajadores, con el fascismo dueño de los principales resortes del Estado, declaramos que estamos dispuestos a luchar unidos con todas las fuerzas antifascistas, sobre la base de un programa mínimo de obligatorio cumplimiento para cuantos entren en la Concentración Popular Antifascista.

Un programa que hay que comprometerse a realizar ante vosotros, ante todas las masas populares del país. Nosotros no hacemos pactos a espaldas de las masas. (Aplausos.)


Programa de la Concentración Popular Antifascista

No, camaradas; nosotros no hemos hecho ni haremos nunca ningún pacto a espaldas de los trabajadores. Y este programa, que sometemos a la discusión y aprobación de los otros partidos, ha de ser conocido y estar refrendado por la aprobación de las masas. (Una voz: “¡Así se hace!”) Este programa que nosotros proponemos es bien sencillo: sólo consta de cuatro puntos. Y decimos más: las organizaciones y los partidos antifascistas pueden discutir sobre estos puntos para ampliarlos y hasta modificarlos, siempre y cuando que no quiten al programa de lucha su clara significación antifascista.

He aquí los puntos de este programa, que voy a comentar muy brevemente:

1° Confiscación de la tierra de los grandes terratenientes, de la Iglesia y de los conventos, sin ninguna indemnización, para entregarla inmediata y gratuitamente a los campesinos pobres y a los obreros agrícolas.

¿Es que nadie que se diga antifascista puede negarse a aceptar este punto de nuestro programa, que tiende a destruir gran parte de la base material de la reacción, representada por el terrateniente, el cacique y el clero? ¿Es que es posible abrir los cauces de la democracia en España, sin crear las condiciones materiales para la emancipación de la enorme masa de campesinos y obreros agrícolas, que viven todavía en condiciones de opresión y esclavitud, que hacen recordar las épocas feudales? Yo no creo que pueda haber nadie que se llame antifascista y que rechace este punto de nuestro programa. Si los hay, es que no son antifascistas honrados; son demagogos que quieren ganar la confianza de las masas con frases revolucionarias, para poder escalar de nuevo el Poder. Y eso no, camaradas; eso no lo debemos permitir. (Aplausos.)

2º Liberación de los pueblos oprimidos por el imperialismo español. Que se conceda el derecho de regir libremente sus destinos a Catalunya, a Euskadi, a Galicia y a cuantas nacionalidades estén oprimidas por el imperialismo de España.

¿Es que va a resolver el Gobierno actual el problema de las nacionalidades oprimidas? Yo os digo que no. Y la prueba es ese proceso que se sigue por el tribunal más reaccionario del país contra los consejeros de la Generalitat. Va a recaer sobre ellos el peso de una sentencia monstruosa. Treinta años de presidio les piden, y no hay duda de que serán condenados a esa pena. ¿Y, sabéis por qué van a ser condenados? Porque ese proceso no es sólo el de los hombres a quienes se juzga. Quien va a ser condenado con esa sentencia monstruosa es todo el pueblo de Catalunya, por su rebeldía, por su levantamiento contra la opresión del imperialismo español. Y contra esa monstruosa condena, contra ese odio a la libertad de Catalunya, yo os digo lo que antes: ¿Es que no estamos obligados a luchar en la Concentración Popular Antifascista por la liberación de esos hombres, a quienes se condena como expresión del odio y la opresión imperialista? (Voces: ¡Sí, sí!) Pues entonces, camaradas, tenemos una razón más para unimos todos: la lucha por la liberación de Catalunya, por el derecho de Catalunya y de todas las nacionalidades oprimidas a disponer de sus destinos. (Aplausos.)

3° Mejoramiento general de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera (aumento de salarios, respeto de los contratos de trabajo, reconocimiento de los sindicatos de lucha de clases, amplia libertad de opinión, de reunión, manifestación y prensa para los obreros, etc., etc.).

4° Libertad para todos los presos revolucionarios. Amnistía total para los presos y perseguidos de carácter político-social.

Yo os pregunto, camaradas: ¿Es que hay alguien que, titulándose antifascista, pueda estar en contra de este programa tan sencillo? (Voces: ¡No, no!) Pues os repito lo que os decía antes: hacedlo saber así a vuestras direcciones y a todos los trabajadores. (Aplausos.)


¿Qué es la Concentración Popular Antifascista?

Para poner en práctica estos puntos que acabo de señalar, nosotros proponemos la creación de una Concentración Popular Antifascista integrada por los partidos y organizaciones que antes señalé.

¿Sobre qué bases proponemos nosotros que se constituya esta concentración? Fijaos bien en que no se trata de dejar al tiempo que se encargue de resolver lo que nosotros debemos dar ya resuelto. Cuando no se quieren cumplir los compromisos, se dejan en el aire. Pero cuando honradamente se quiere luchar contra un peligro y combatir por la revolución, hay que atar bien los cabos.

Por eso declaramos que la Concentración Popular Antifascista debe descansar en las Alianzas Obreras y Campesinas, en los órganos de unidad y de lucha del proletariado y de los campesinos. Y no hace falta que me extienda mucho sobre la importancia y la significación de las Alianzas Obreras y Campesinas. Estas dos cosas han quedado bien patentizadas en Octubre, con la toma del Poder por los trabajadores de Asturias.

Esta necesidad, esta previsión nuestra, ha de ser bien comprendida. De sobra se sabe que la única clase revolucionaria, consecuentemente revolucionaria, revolucionaria hasta el fin, es el proletariado. Por eso es el proletariado quien debe ser la fuerza dirigente de la Concentración Popular Antifascista. Es la mejor garantía de que la Concentración Popular servirá los intereses de las masas antifascistas y no cejará hasta conseguir su objetivo. Y su objetivo es derribar al Gobierno reaccionario y fascista.


Gobierno provisional revolucionario

Y no sólo esto. Porque nosotros buscamos todos los puntos de coincidencia entre las fuerzas que van a luchar unidas. Y proponemos que la lucha debe encaminarse a lograr, a imponer la disolución de las Cortes contrarrevolucionarias y a que se convoque inmediatamente a nuevas elecciones. Elecciones en las que conseguiremos el triunfo si a ellas vamos unidos todos los antifascistas, y que tendrán una clara significación antifascista y revolucionaria. (Grandes aplausos.)

Y tampoco esto es todo. Nosotros proponemos que se forme un Gobierno revolucionario provisional que de satisfacción a los obreros y a todas las masas populares, a todos los antifascistas; que se comprometa ante las masas a realizar el programa de la Concentración Popular Antifascista.

Vosotros, claro, me preguntaréis: ¿Y quién va a nombrar ese Gobierno revolucionario provisional? La pregunta está justificada, porque hay experiencias dolorosas de otros tiempos. Pero esto es un problema resuelto por las mismas circunstancias en que va a darse la batalla. Yo os digo que la base sobre la cual ha de constituirse este Gobierno provisional es la misma sobre la que descansa la Concentración Popular Antifascista. Y quien ha de nombrarle y darle atribuciones es únicamente el pueblo trabajador. (Gran ovación.)

¿Y si no cumple los compromisos?, volveréis a preguntarme. Y yo os digo: Si ese Gobierno no cumple los compromisos contraídos ante las masas, el pueblo en masa se encargará de echarlo por la borda, de darle su merecido. (Aplausos.)

Pero hay más. No debe olvidarse que quienes lucharán en primera fila serán los obreros aliados a los campesinos y organizados a través de las Alianzas Obreras y Campesinas. He ahí la garantía más eficaz de que ese Gobierno revolucionario provisional ha de realizar el programa de la Concentración Popular Antifascista.


No hay tiempo que perder

Hay que repetirlo una y cien veces, camaradas: el tiempo apremia, el tiempo obra contra nosotros. Si este Gobierno no es derrumbado rápidamente, a pesar del entusiasmo que demostramos en los actos públicos y de nuestra voluntad antifascista dispersa, el triunfo del fascismo en España será un hecho. (Voces: “¡Eso nunca!”)

Eso nunca, sí; pero la realidad es la que yo os digo. Si Gil Robles dura mucho tiempo en el Ministerio de la Guerra, tened presente que lo que él y sus hordas fascistas no puedan conseguir “legalmente”, lo conseguirán valiéndose de los resortes del Ministerio de la Guerra.

No me cansaré de repetir lo que sería España, si el fascismo triunfase, de una u otra manera. La heroica España obrera, los trabajadores de nuestro gran país, serían los primeros en sufrir las consecuencias de los bajos instintos de las bestias fascistas, sedientas de sangre. Entonces puede que ya no necesitasen servirse de los moros mercenarios ni de los criminales a sueldo del Tercio, pues sus “hazañas” serían eclipsadas por las hordas fascistas.

Camaradas: los diez mil obreros que habéis asistido a este acto y que comprendéis el peligro, debéis ser los que en la calle digáis a los trabajadores, a los antifascistas, que es necesario proceder con gran rapidez.

¡Camaradas socialistas, anarquistas, republicanos de izquierda, antifascistas, todos los que tenéis bajo vuestra dirección masas obreras y antifascistas: si no comprendéis el momento que vivimos, si no os ponéis a la altura de las grandes masas, que piden a gritos el Frente Único y la Concentración Popular para vencer al fascismo, cometeréis el crimen más grande que pueda cometerse contra las masas obreras y antifascistas que decís defender! (Grandes aplausos.)

Y terminó, camaradas, gritando: ¡Viva la Concentración Popular Antifascista!

(Formidable ovación, que dura largo rato. Vivas a José Díaz y al Partido Comunista. Resuena, potente, la Internacional.)


José Díaz Ramos
Discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 2 de junio de 1935
"Tres años de lucha"