Lo Último

Mostrando entradas con la etiqueta 8 marzo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 8 marzo. Mostrar todas las entradas

3329. Jornada Internacional de la Mujer 1937




Hoy, 8 de marzo, día en que florece más que nunca la esperanza de millones y millones de mujeres en el mundo. Día de trabajo, de esfuerzo, de renovadas iniciativas para la lucha.

A la mujer española le cabe el alto honor de enarbolar por sobre todas su bandera de emancipación y de combate. 

Hombro con hombro, al lado de los soldados del pueblo, el fusil al brazo, dispuesta a jugárselo todo en la contienda de la civilización contra la barbarie. Dispuesta a entregar su vida para conquistar el derecho a vivirla. Dispuesta a morir, si es preciso, para defender, frente a un pasado de ignominiosa esclavitud, un porvenir de felicidad y de justicia. 

Millares y millares de mujeres defienden en España la causa de la libertad de los pueblos, pues ellas saben, conscientemente, que es con el progreso social como hallarán su redención y la de sus hermanas de sexo y de clase. 

La valiente miliciana que empuña su fusil en las trincheras tiene el mismo temple heroico que la "stajanovista" de un taller que trabaja diez, doce, hasta catorce horas diarias para producir más y mejor con destino a los frentes. 

La muchacha que en los hospitales, con su blanca toca de enfermera, restaña las heridas sangrientas o acerca su vaso de agua a unos labios enfebrecidos y sedientos, hace tan magnífica labor como la que en las guarderías infantiles aleja de los ojos inocentes los aguafuertes sombríos de la guerra. 

La mujer del hogar que se aleja voluntariamente de su casa porque un decreto de evacuación se lo pide para las conveniencias de la guerra, la mujer que con pena de su corazón se desprende de su centro familiar, y dejando a su compañero se aleja de Madrid en procura de alimento y seguridad para sus hijos, trabaja también en beneficio de su sexo, porque trabaja, con el más abnegado y silencioso de los sacrificios para la victoria de nuestras armas, victoria que nos dará a todos, hombres y  mujeres, frutos maduros de libertad, de bienestar y de justicia. 

Hoy, Día Internacional de la Mujer, la mujer española hace ondear, en el tope de la fortaleza más gloriosa del mundo, su bandera de emancipación y de combate. 

Y levanta, como ejemplo imperecedero y magnífico el nombre de sus ardientes heroínas, caídas en la pugna enconada y sangrienta contra la opresión: Aída Lafuente, Lina Odena, Paca Solano, y, entre tantas otras, la más humilde de todas: Encarnación Jiménez, la vieja lavandera malagueña, fusilada por orden de los generales facciosos y a la que, en día acaso no lejano, mujeres de todos los rincones del mundo iremos a llevar una flor y un recuerdo al pie del monumento que habrá de perpetuarla en mármol o en piedra, en la misma tosca piedra de su tosca vida proletaria.

¡Salud, Encarna Jiménez! En las aguas del Guadalmedina no volverás a lavar las ropas sangrientas de tus milicianos; pero, al rumor de sus aguas, otras mujeres, ya libres, cantarán, al correr de los años, el romance de tu muerte gloriosa y de tu sacrificio. 


María Luisa Carnelli
Ahora, 8 de marzo de 1937







1357. El trabajo, por Clara Campoamor



Nada ha contribuido o modificar, mejorándolo, el espíritu de la mujer, como el ambiente de actividad en que se desenvuelve.

El trabajo, fuente de toda alegría, es el mejor regulador moral; la actividad da a nuestra vida encanto y sabor peculiares. El trabajo y la actuación despiertan en el espíritu una serie de concatenados deberes, aspiraciones y satisfacción valiosas.

Las personas activas pueden comprender la purificadora virtud del trabajo, porque ésta es su mejor escuela social. De la traslación de la vida vegetativa de la mujer a una actuación más humana, nadie se beneficiará como el varón, porque su unión con ella se espiritualizará. El lastre de fastidio que arrastraban tantas vidas de mujer, truncadas en la amargura de la inutilidad, se tornará en la alegría purificadora del esfuerzo y en la comunidad de ideales, que harán más bella y humana la armonía de los sexos, comprendiéndose mejor, sin inferioridad ni supremacías, sin lucha ni humillación, considerándose como dos expresiones cuantitativas y diversas sólo en cualidad del principio humano, lograrán un valor análogo dentro de su diferenciación sexual y realizarán la plenitud de la vida por esa armonía.

Esta finalidad, fruto del nuevo ambiente, la inicia la mujer; es su obra y su deber. La humanidad debe a la exclusiva actuación masculina, aunque sea aparentemente, toda civilización actual. En su apartamiento de los deberes sociales, no fue culpable, sino víctima, la mujer; que esta consideración le sirva de estímulo para reclamar a la sociedad, su deudora, lo más importantes para la vida de relación: esto es, la fusión espiritual de los sexos por una ecuación de libertad y posibilidades.

Con su justa demanda de derechos que le permitan romper de una vez los viejos prejuicios opuestos a sus propósitos, acepte también la mujer la noción de su gran deber moral, y no olvide ni un momento que debe a la humanidad una justificación de la pureza de sus reivindicaciones. La realidad de la mujer necesita oír siempre la voz de la verdad; alma de ese cuerpo social será su propia actitud, su nobleza de miras y sus merecimientos. La libertad moral, como todo lo que tiene un elevado valor, ha de conquistarse en franca lucha, en infatigable conquista, y como el conseguirlo es premio de los fuertes, de los perseverantes, la mujer sólo obtendrá su libertad moral y social si sabe merecerla; en conquistarla, en tenerla por derecho, debe cifrar todo su ideal.

Le basta con quererlo; ningún obstáculo serio que no pueda vencer su competencia o su firmeza se opone al mejoramiento individual de la mujer, y si no ocurre lo mismo en cuanto a sus reivindicaciones legales, es innegable que cuanto mayor sea el número de mujeres útiles y aptas, más se irá quebrando el hilo, ya débil, que une el pasad con el porvenir.

No sé si estamos muy lejos de ese instante, pero sí se que nos hallamos a inmensa distancia del pasado, y la sociedad mira con cierta curiosa complacencia los esfuerzos personales de la mujer por dignificarse. Cada día ocupa nuevos peldaños de la escala ideal y su actuación va modelando la nueva fisonomía de la sociedad.

El plasma de las futuras sociedades está en el alma humana y los infinitos mundos que en ella se agitan la hacen impresionable a todo cambio, sensible a toda transformación. El alma femenina se engrandece en estas transformaciones y ve surgir ante ella un mundo de esperanzas…


Clara Campoamor
"La mujer y su nuevo ambiente [La Sociedad]"
Conferencia pronunciada en la Universidad Central en mayo de 1923







890. Día Internacional de la Mujer




Nací en un país y en una época en que para abrir una cuenta corriente donde ingresar el primer sueldo de mi primer trabajo, tenía que ir armada de una la venia marital. Un país donde una mujer se quedaba sin sus hijos si osaba separarse de su marido, ya fuera porque su amor se había acabado o, incluso porque recibía constantes malos tratos.

La justicia no protegía nunca a la mujer y la religión le aconsejaba paciencia, “aguanta hija mía aguanta, lo importante es mantener la familia unida”.

Esto ocurría en las clases sociales llamadas “elevadas” porque la falta de libertad, el trato despótico y sobre todo el olvido a que sometía la justicia a las que vivían en condiciones infinitamente más precarias se asemejaba mucho más a una situación de esclavitud.

Son solo unos ejemplos de lo que podía ser la vida de la mujer en una dictadura, del mismo modo que podríamos hablar del trato que sufren en distintas sociedades que las consideran inferiores al hombre incluso por ley.

Pero tal vez de lo que se trate para hacer más comprensible los tormentos a los que ha estado sometida la mujer desde el principio de los tiempos, es establecer no un ejemplo sino la denigración que en distintos grados nos alcanza a todas, sea bajo despóticas dictaduras o protegidas por el yugo celestial de religiones y tradiciones: la desigualdad.

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, comienza la Declaración de los Derechos Humanos aplicable a todos los habitantes de la Tierra, sea cual sea su sexo, su raza, sus creencias e ideas, su riqueza o sus tradiciones.

Y es esta igualdad la que reconocemos y queremos recordar al mundo entero en la celebración del día de la mujer, trabajadora o no, el próximo día 8 de marzo. Porque incluso los que vivimos en un país que ha desterrado la dictadura, asistimos a una constante discriminación de la mujer que es juzgada por el hombre cavernícola y también por el tradicional, como digna de críticas soeces que ofenden su dignidad y se llevan por delante la del que las emite. Falta de igualdad en el trato social y profesional pero también en el laboral donde son miles las mujeres que por el mismo trabajo que los hombres reciben sueldos inferiores a ellos. Y falta de igualdad en el trato familiar con el triste y macabro ejemplo que tenemos de las mujeres que cada semana o mes mueren en manos de sus maridos o amantes porque no han querido doblegarse a su voluntad.

El día de la mujer es un día para recordar y reconocer esa lacra que nos invade, un día para intentar tomar conciencia de su ominosa gravedad y para cambiar en nosotros lo que ayude a perpetuarla, y un día para pensar quien será capaz de luchar cuando esté en el gobierno, gracias tal vez a nuestros votos, para erradicarla de una sociedad manchada hoy por tanta perfidia. 


Rosa Regàs
El Correo de Bilbao (06/03/2011)











587. Todas las mujeres

Primera manifestación del Día de las Mujeres en España, el 8 de marzo de 1936


Octavilla de mujeres democráticas de Barcelona, con motivo del Dia Internacional de a Mujer Trabajadores (8 de Marzo)

TODAS LAS MUJERES


Ante el día INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

En todos los países socialistas se viene celebrando el día 8 de marzo como el día internacional de la mujer trabajadora. Esta fecha ha sido elegida en memoria de la gloriosa lucha que las obreras de Petrogrado llevaron a cabo, parando las fábricas y saliendo a la calle para exigir la igualdad económica y social de la mujer y la libertad para todo el pueblo, el día 8 de marzo de 1917. al día siguiente, los hombres, ante el ejemplo de las obreras, fueron a la huelga dando comienzo la gran lucha que culminaría en la Gloriosa Revolución rusa que acabó con la tiranía del zar y mediante la cual el pueblo conquistó la libertad.

En España el fascismo nos ha ocultado siempre esta fecha y en su  lugar ha creado otras (día de la Madre, etc.) que resaltan el pasivo y discriminado de la mujer, el único que se nos permite cumplir en esta sociedad. Cada día somos más conscientes de la discriminación de que somos objeto y cada vez es mayor el número de mujeres que se incorporan a la lucha. Las más combativas son detenidas y encerradas en cárceles donde esta discriminación es todavía más dura (les prohíben fumar, recibir libros, etc.)

Ante la generalización de las luchas el Gobierno o duda en aplicar las medidas más graves (piden pena de muerte para Eva Forest, Garmendia y Durán). En estos momentos amplios sectores populares están desarrollando una amplia campaña en pro de la AMNISTÍA y contra la PENA DE MUERTE.

Unámonos decididamente en esta lucha.
Denunciemos masivamente la situación de nuestras compañeras represaliadas.
Las mujeres democráticas debemos hacer nuestra esta campaña.

¡POR LA AMNISTÍA!
¡CONTRA LA PENA DE MUERTE!

_________________________
Mujeres democráticas
Barcelona 8−III−1975
MORENO, Amparo: Mujeres en lucha.

Ed. Anagrama, pag. 219−210.








586. República es nombre de mujer






La II República española fue de las mujeres, a las que se les dio reconocimiento como personas. Se reconoció el principio de igualdad de derechos entre hombre y mujeres, se aprobó el sufragio femenino, se implantó el matrimonio civil y se aprobó el divorcio, se sancionó la igualdad en el acceso a los puestos oficiales, y el analfabetismo femenino descendió al 37 %.  
Quedaba mucho por hacer y los logros fueron efímeros. El 1 de abril de 1939 se evaporó todo lo conseguido, y habría que esperar más de 40 años para recuperar el punto de partida que había significado la conquista del voto en 1931.  
La República fue de las mujeres y tal vez por ello la defendieron como bandera de su propia dignidad personal. Muchas se dejaron la vida en el intento.  
Por aquellas mujeres que plantaron la semilla de lo que somos hoy, por nosotras y por las que vendrán.

María Torres