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3434. El toro del pueblo vuelve

Creyeron que aquel toro ya tenía
rotas las astas, el testuz vencido;
que hasta cuando bramaba, su bramido
ni en el viento se oía.

Creyeron que su oscuro
dolor era agonía;
que el poder de su antigua reciedumbre
para el golpe mortal estaba ya maduro;
que su furor dormía doblado de mansedumbre.

Pero, de pronto un día, un día...

¿Qué sucede, qué sucede?
¿Qué pasa, que en la mañana
hay verdor de acometida,
despertar de sangre brava?

El toro del pueblo sube,
rebosa el toro de España.
Por las calles crece, hambriento,
se empina furioso, salta.
Es un ciclón de hermosura,
tromba de rayos y llamas.
Vive el toro, vuelve el toro.
No hay ruedo, para él no hay plaza,
barreras que lo limiten,
hierros que le pongan trabas.



El toro seco del campo, el de metal de las fábricas,
el de carbón de las minas,
el níveo de las montañas,
el ciego del mar, el toro
blanco y azul de las playas.

El toro español ha vuelto.
Su ruedo ya es toda España.
Si es de furia y pedernales
de chispas que no se apagan,
¿qué no ha de prender, qué nieblas
van a enfrentarle su espada?
Si ayer saltó en Barcelona,
si en Madrid ayer saltara,
mañana lo hará en Sevilla,
lo hará en Asturias mañana.
Levantará hasta los muertos
por donde quiera que vaya.
Su paso será una hoguera,
su arremetida una bala.
No habrá oscuros que lo lidien,
no habrá picas, ni habrá capas,
banderillas que lo doblen,
estocadas que lo hagan
morder el polvo, mulillas
que lo arrastren. ¡No habrá nada!
Sólo su hervor y una nueva
lumbre en los montes de España.


Rafael Alberti
España y la paz núm. 14. México, 15 de junio de 1952







3393. Al nuevo coronel Juan Modesto Guilloto. Lejano compañero de colegio en la bahía de Cádiz




Desde Madrid, Modesto, donde ya las primeras 
bocanadas de frío que el Guadarrama envía 
duramente preparan a glorias venideras 
la capital que el triunfo hará posible un día, 
recibe mi alabanza, coronel, viejo amigo, 
mientras el Ebro justo con su mojada mano 
te asciende y de ola en ola, cara al viento y conmigo, 
a hombros el Guadalete, pasa el mar gaditano. 

¡Nuestro mar, nuestro río, nuestras playas morenas! 
¡Las perdidas lecciones entre los arenales! 
¡Las salvas de los buques silbados de sirenas, 
desde los gratuitos pupitres colegiales! 

Pasad, pasad, recuerdos, orgullosos ahora 
de aquella rota infancia juntamente vivida, 
que hoy para ti, Modesto, coronel, se colora 
de populares lauros y palma merecida. 

Que desde el Manzanares, ya general de ríos, 
quien como tú, hace tiempo, miliciano se viera,
también te condecoren con estos versos míos 
Madrid, que no te olvida, Cádiz, que ya te espera.


Rafael Alberti
Hora de España núm. XXII, Octubre de 1938








1º de Mayo en la España leal de 1938

Campaña solidaria para recaudar dinero para «las víctimas del campo facciosos», en Jaén, el 1 de mayo de 1937



(Coral de Primavera) 

Primero de Mayo.
Himnos, sangre, flores.
Primavera guerrera de los trabajadores.
-Di, ¿tú qué harás el Primero de Mayo?
-Mi país está en guerra, campesina.
Yo, como buen soldado de los mares,
haré que el pabellón de la marina
flote sobre los vientos ejemplares.
-Di, ¿tú qué harás el Primero de Mayo?
-Mi país está en guerra. Un aguacero
batir quiere de balas sus labores.
Yo como campesina, marinero,
prepararé mis brazos segadores.
-Di, ¿tú qué harás el Primero de Mayo?
-Mi país está en guerra. Los talleres
multiplican, veloces, la jornada.
Manó a mano del hombre, las mujeres
ofrecerán su sangre acelerada.
-Di, ¿tú qué harás el Primero de Mayo?
-Mi país está en guerra.
Por su cielo, alas de extraños pájaros ladrones.
Yo condecoraré de gloria el vuelo
de los republicanos aviones.
-Di, ¿tú qué harás el Primero de Mayo?
-Mi país está en guerra. Tercamente
haré hablar al fusil ese lenguaje
que empuje a España valerosamente
a conquistar de nuevo su paisaje.
Primero de Mayo.
Himnos, sangre; flores.
Primavera del triunfo de los trabajadores.


Rafael Alberti
Capital de la Gloria 









3382. Guernica




Tú que hiciste aquella obra y le pusiste un título.
Ése y no otro. Siempre,
desde el primer llanto del mundo,
las guerras fueron conocidas,
las batallas tuvieron cada una su nombre.
Tú habías vivido una:
la primera más terrible de todas.
Y, sin embargo, mientras
a tu mejor amigo, Apollinaire,
un casco de metralla le tocaba las sienes,
tu desvelada mano,
y no a muchos kilómetros de lo que sucedía,
continuaba inventando la nueva realidad maravillosa
tan llena de futuro.
Pero cuando después,
a casi veinte años de distancia,
fue tocado aquel toro,
el mismo que arremete por tus venas,
bajaste sin que nadie lo ordenara
a la mitad del ruedo,
al centro ensangrentado de la arena de España.
Y embebiste con furia,
levantaste hasta el cielo tu lamento,
los gritos del caballo
y sacaste a las madres los dientes de la ira
con los niños tronchados,
presentaste por tierra la rota espada del defensor caído,
las médulas cortadas y los nervios tirantes afuera de la piel,
la angustia, la agonía, la rabia y el asombro de ti mismo,
tu pueblo,
del que saliste un día.
Y no llamaste a esto
ni el Marne ni Verdún ni ningún otro hombre merecedor del
recuerdo más hondo,
(aunque allí la matanza fue mucho más terrible.)
Lo llamaste Guernica.
Y es el pueblo español
el que está siempre allí,
el que tuvo el arrojo de poner en tu mano
esa luz gris y blanca que salió entonces de su sangre
para que iluminaras su memoria


Rafael Alberti







3362. Abril 1938

Fotografía de Antònio Passaporte
 


¿Otra vez tú, si esta venida
más que imposible me parece,
puesto que sube y reverdece
en tan tremenda sacudida?

¿Otra vez tú tan sin medida
tu corazón que estalla y crece,
mientras la tierra se enriquece
de vida muerta y nueva vida?

Otra vez tú, poniendo flores
sobre la tumba improvisada
sobre el terrón de la trinchera

y esa apariencia de colores
en esta patria desangrada?
¿Otra vez tú, la Primavera?


Rafael Alberti
Capital de la Gloria, 1936-1938







3351. Poema de la discordia




Déjame esta madrugada
lavar tu llanto en mi pena,
Virgen de la Macarena,
llamándote camarada.

Flor del vergel sevillano,
sangre de tu santa tierra,
de la paz, no de la guerra,
jamás de Queipo de Llano.

Que tú no eres generala,
abogada del terror,
sino madre del amor,
lumbre que todo lo iguala.

Camarada, compañera,
de obreros y campesinos,
nunca de los asesinos
del pueblo que te venera.

Tú la representación
pura de la luz serena,
Virgen de la Macarena,
no de la provocación.
Muchacha de Andalucía,
la más clamorosa alhaja
de la sola cofradía,
de la gente que trabaja.


Rafael Alberti



Poema a la Virgen de la Esperanza Macarena de Rafael Alberti, leído durante el I Congreso Regional de Andalucía del PCE, los días 24, 25, y 26 de Marzo de 1978 (que coincidió con la Semana Santa de aquel año), conocido como el "poema de la discordia". Fuente: ABC, 28 de Marzo de 1978




3241. Hoy las nubes me trajeron

Rafael Alberti Merelló
(El Puerto de Santa María, 16 de diciembre de 1902 - 28 de octubre de 1999)


Hoy las nubes me trajeron,
volando el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, a caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme agua.


Rafael Alberti
Baladas y Canciones del Paraná, 1954






3227. La última voluntad del duque de Alba

El labio imbécil, caído;
ojos de lagarto muerto;
la comprobada impotencia
reblandecida, hasta el suelo;
espiritado, mezquino,
triste lombriz en los huesos,
saliva el duque de Alba
su último infame deseo:
"Id al palacio de Liria,
hoy sucia cuadra del pueblo,
id con bombas incendiarias,
con dinamita, con truenos,
con rayos que lo fulminen
y descuajen sus cimientos.
Que lo que no ha de ser mío
prefiero dárselo al fuego."
Duque de Alba, duque de Alba,
en todo mi idioma encuentro
insultos con que clavarte,
palabras que echarte al cuello
como nudos corredizos
que estrangularan tu aliento.
No hay lengua para decirte
lo que nunca te dijeron.
Mas lo que yo no te diga
te lo dirá un día el pueblo.
Brazo ejecutivo tiene;
puño tajante de hierro.
Acuérdate, señor duque,
triste gargajo siniestro,


el último que tu casta
escupiera como ejemplo,
como muestra de gusano
ya retepodrido y seco:
la historia de tu familia
la clausuras tú, corriendo,
no los cerrojos dorados
que colgaran tus abuelos
sobre las primeras puertas
que tan noblemente abrieron,
sino los más miserables
cerrojos de tu despecho.
Duque de Alba, duque de Alba,
señorito madrileño,
jamás soñaste un palacio
mejor que el que tú has deshecho,
mejor guardado, más limpio,
más lustroso, más espejo,
más del añor de unas manos
que nunca nada tuvieron.

Las manos que lo guardaban
no lloran de sentimiento;
lloran de rabia, de cólera,
y empuñan, alto, el remedio
que ha de terminar con gentes
como tú, canijo, perro,
mixto de cabrón y mona,
ni de España, ni extranjero,
hijo de ninguna parte,
rodado excremento muerto,
último duque de Alba,
alba triste, sin recuerdo.


Rafael Alberti
26 de noviembre de 1936
Romancero de la Guerra civil