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2082. Federico García Lorca en la pintura de José Caballero

«Un muerto en España está más vivo como muerto que en ningún sitio del mundo»
Federico García Lorca


María Torres / 17 Agosto / 2016

Contaba José Caballero (Huelva 1915 - Madrid 1991) que aquel verano de 1936 le fué devuelta una carta por la censura militar de Sevilla. El destinataro de la misma era su amigo Federico García Lorca. Estaba abierta y pegada con papel de goma del borde de los sellos. En el folio, escrito con lápiz rojo se leía: «Por su seguridad personal no vuelva a escribir más a esta dirección. ¡Ojo, primer aviso!». Federico ya había sido asesinado, pero José Caballero lo desconocía, pues su familia había hecho lo posible por ocultárselo. Fué entonces cuando le hicieron entrega de un periódico atrasado en el que se había publicado una nota sobre la muerte del poeta. El titular rezaba: «Ya se matan entre ellos. ¿Ha sido asesinado Federico García Lorca?»

El 12 de julio de 1936 se habían despedido en Madrid con un abrazo y la promesa de escribirse -«Escríbeme, no dejes de hacerlo que tenemos que contarnos muchas cosas. Yo también te escribiré»- le rogó Lorca. Pensaban encontarse durante el mes de agosto en la Huerta de San Vicente, donde el pintor -que ya había realizado las ilustraciones del poema Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935)- iba a realizar un mural sobre la cogida y la muerte del torero para la casa familiar del poeta. El proyecto tan solo se quedó en un boceto que muchos años después José Caballero donaría a la casa natal del Federico. También tenían que trabajar en los decorados de La casa de Bernarda Alba. El golpe de estado y el posterior estallido de la guerra impidieron el encuentro y decapitaron el futuro de ambos.

Se conocieron en 1932. Federico le había enseñado a amar la poesía y le introdujo en el mundo del teatro. Su primera colaboración fue la exposición que hicieron, en compañía de otros artistas, en el Ateneo de Huelva. Dos años después Lorca le incorpora a La Barraca donde Caballero realiza los figurines y decorados de Las almenas de Toro (1934), El Caballero de Olmedo (1935) y El burlador de Sevilla (1935). También colabora en el teatro de realiza Lorca fuera de La Barraca, elaborando el cartel de Yerma (1934) y los decorados y figurines de Bodas  de Sangre para su estreno en Barcelona por la compañía de Margarita Xirgu en 1935. El último encargo que le realizó el poeta son los decorados de La casa de Bernarda Alba, obra que finaliza Federico en junio de 1936 y que pensaba estrenar después del verano.

El asesinato de Federico causó una herida mortal en el corazón de José Caballero. La guerra y la posguerra le separaron de todo lo que amaba. Sus amigos estaban muertos o en el exilio. Su familia había sido desterrada a Fuerteventura. Abandona la pintura durante más de diez años.

Fueron años de silencios, de injusticia: «Siempre, desde hace más de veinte años soy excluido de toda manifestación artística, con unos y con otros. ….Todo es injusticia. Todo continúa siendo silencio para mí. Nunca tuve mi momento y siempre fui un excluido a partir de la guerra del 36. Pertenezco a una generación partida y destruida por esa guerra. Luché en solitario y así tendré que continuar siempre, en la más completa soledad, en la mayor incomprensión. Esto es amargo y no vislumbro otra cosa que la amargura y la soledad.» 

No fue fácil para José Caballero. Durante la dictadura le acusaban de rojo y tras la muerte del dictador, comenzaron a señalarle como fascista: «Es absurdo… Yo por mi educación, por  mis contactos ya anteriores a la guerra, he sido siempre un hombre a la izquierda. Es una cosa muy triste el exilio en tu patria, pero he tenido que amoldarme a vivir en el país en donde vivíamos todos.»

En 1968 visita el escenario del crímen: Viznar. Del impactante encuentro surgen una serie de obras que recogen los úlltimos días de Federico y escribe: 

«Hoy día primero de mayo he subido a Viznar para tratar de encontrarte… Parece un lugar maldito donde crecen púas en vez de flores. Por allí debiste pasar en un camión bamboleante hacia tu destino. He mirado intensamente cada piedra, cada bache, queriendo adivinar lo que irías pensando. Pero sólo encontré silencio… He llegado a la plaza de Viznar, un pequeño pueblo encalado y mortuorio que debió ser alegre y ahora está marcado por su sino. “En las esquinas grupos de silencio” de los que tú has hablado, con sus lenguas atadas por sus pensamientos. Hacía calor, pero un viento helado paralizaba sus miradas duras, alertadas a la desconfianza. Parecía un pueblo definitivamente mudo, ni un gesto ni una palabra, sólo silencio. Un silencio de complicidad o de miedo o de pesadilla o de muerte que les aplasta en vida…

Me pregunto ¿Por qué este silencio? ¿por qué no gritar? ¿por qué no señalar con el dedo y decir aquí cayó, aquí enterramos su cuerpo ensangrentado, aquí dejó de ver Granada para siempre…» 

Varios años después, a las cinco de la tarde del 5 de junio de 1987, José Caballero se hermanaba con Federico García Lorca en el pueblo natal del poeta, Fuente Vaqueros. Era el 89º aniversario del nacimiento de Federico.

La memoria no es nostalgia. Este es el título que José Caballero puso a uno de sus lienzos elaborado en 1990. La memoria es ese espacio que siempre ocupan los ausentes y la memoria de Federico está más viva que nunca.



Retrato de Federico García Lorca (1954). José Caballero. Réplica del pintado en 1935. Museo Municipal de Madrid

El retrato original realizado en 1935, lo guardó en su casa la actriz de La Barraca, María del Carmen García Lasgoity. Fue quemado por las tropas franquistas cuando entraron en Madrid. 



Amanecer en Viznar (1969). José Caballero

Aquella madrugada/sintió el fascismo resbalar los secos/gusanos por su entraña (Pedro Garfías)



La sangre derramada (1967). José Caballero

La sal de nuestro mundo eras/vivo estabas como un rayo de sol (Luis Cernuda)



Muerte de Federico García Lorca (1968). José Caballero 

¡Qué muerte enamorada de su muerte! /¡Qué fusilado corazón tan vivo! /¡Qué luna de ceniza tan ardiente /en donde se desploma Federico! (Raúl González Tuñon) 


Secuencia de la caída en el fusilamiento de Federico García Lorca (1974). José Caballero

Y tu, ya solo fósforo de huesos/o ennegrecida hierba quebradiza/tu, Federico, vives. (Antonio Buero Vallejo)


Muerte de Federico García Lorca (1974). José Caballero

Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria/ese horror en los ojos de último fogonazo/ante la propia sangre que dobló tu memoria,/toda flor y clarísimo corazón sin balazo. (Rafael Alberti)


La sangre de un poeta (1968). José Caballero. Museo Nacional de Arte Extranjero de Sofía (Bulgaria)

Muerto cayó Federico. /-sangre en la frente y plomo en las entrañas-. /...Que fue en Granada el crimen /sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada... (Antonio Machado)











2019. José Caballero y Pablo Neruda. Un encuentro

José Caballero y Pablo Neruda en Barcelona el 20 de junio de 1970


España es para mí una gran herida y un gran amor. Y ustedes comprenden demasiado las cosas para tener que aclararlas más. Pero los españoles deben saber  que yo aquí viví mucho tiempo, los españoles de estas generaciones que han olvidado ya muchas cosas, y que tomé parte, dentro de una generación extraordinaria, en las preocupaciones, en los deberes y en la poesía de una época.  Esa época es para mi fundamental en mi vida. Por lo tanto, casi todo lo que he hecho después -casi todo lo que he hecho en mi poesía y en mi vida- tiene la gravitación de mi tiempo en España.

España fue para mí la revelación de mis raíces más antiguas. España no es fácil. En España hay que darse con la cabeza en el muro.

Pepe Caballero y otros artistas plásticos de la época, como Maruja Mallo, y especialmente el gran Alberto Sánchez cruzamos el umbral de aquel tiempo. Tiempo encendido y apagado a la medida que nuestras esperanzas  o nuestros deseos se cumplían o se morían.

Pepe Caballero me trae el recuerdo de una época anterior a la Guerra Civil llena de alegría, de creación y de desenfado. Estábamos casi todos más o menos locos, pero la guerra nos hizo ponernos muy serios…  

Bueno, tiempo pasado y ahora Pepe Caballero está convertido en un pintor que era diferente de lo que fue. El siempre fue un gran dibujante, pintaba poco. Se iba especializando en la decoración de teatro. Federico lo admiraba sobre todo como un dibujante, grabador influenciado por el surrealismo de la época. Siempre, desde muy jovencito demostró su gran capacidad creadora y su inteligencia formidable. Fue uno de los amigos predilectos de mi época y aunque no conozco completamente su pintura actual estoy seguro que no desmiente a su relativo pasado puesto que aún es muy joven. 

En él abrazo yo a mis amigos de aquella época, en especial a los que alcancen todavía a recordarme.


Pablo Neruda
Entrevista grabada por Marino Gómez Santos a Pablo Neruda el día 23 de junio de 1970 en Barcelona. 








1460. Testimonio de José Caballero, guerrillero en la Alta Saboya

Avelino Escudero y José Caballero ( Del Blog víctimas del fascismo de La Torre de Esteban Hambrán)


Yo era teniente del Ejército de la República y fui herido tres veces, en Teruel, en el Ebro y en Segre. Pasé la frontera el 9 de febrero de 1939 por la Junquera. Tenía entonces 21 años. Fui internado en el campo de Saint Cyprien. Nos daban cada día un pan para 25 y una lata de sardinas para 10. Estábamos guardados por los senegaleses a caballo. Más tarde crearon Compañías de Trabajadores, mano de obra barata, para hacer carreteras, limpiar bosques, etc.

Yo me incorporé a la Resistencia a últimos del 42 en Doussard, cerca de Annecy. Porque los alemanes nos querían llevar a trabajar a Alemania y dijimos, antes que irnos a trabajar a Alemania preferimos coger de nuevo las armas para luchar contra ellos. Nosotros habíamos perdido una batalla pero queríamos continuar la guerra. Puede usted creerme que yo empecé la guerra el 18 de julio de 1936 y terminé en marzo de 1945 en Toulouse.

Los maquis hacíamos sabotajes a los camiones alemanes, hemos volado algunos puentes y cosas de ese tipo.

En febrero de 1944 yo fui uno de los 56 españoles que estuvimos en el Plateau de Glières. Los dirigentes de la Resistencia nos convocaron a todos los maquis en una montaña que llaman el Plateau de Glières. Este llamamiento lo hacían los franceses para hacer ver al mundo entero que había una cabeza de puente aquí, para que nos metieran armamento. Fue una concentración temeraria de guerrilleros. Éramos chicos muy jóvenes y los franceses de la Resistencia también eran muy jóvenes. Era un equívoco porque la guerrilla es otra cosa, es dar un golpe y desaparecer. Hasta el 27 de marzo estuvimos en esa montaña, con dos metros de nieve. Al cabo del tiempo nos atacaron, alemanes, milicianos, guardia móvil, artillería, aviación, y nosotros allí metidos, sin comer ni nada, no podíamos hacer nada. Llevábamos ya ocho días que no teníamos casi nada. La aviación alemana rompió todos los chalets, lo rompieron todo. Y el capitán de mi compañía ordenó la retirada y cada uno fue a salvarse como pudo.


Félix Santos
"Españoles en la liberación de Francia:1939-1945)
Capítulo IV