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3030. La ventana indiscreta




Otra vez esas radios extranjeras
vomitan contra España su veneno
Salimos ahora al paso de ese trueno
explicando las cosas verdaderas
No ha habido tal señor defenestrado
ni se empleó en su trato la tortura
Tratósele con tacto y con dulzura
Se le invitó a pasar a lo vedado
Saludóselo allí con cortesía
Preguntósele por sus actividades
de manera correcta y muy humana
Díjonos su opinión de la amnistía
Dijímosle después nuestras verdades
Y arrojóse sin más por la ventana.

Alfonso Sastre
La ventana indiscretaRuedo Ibérico, París, 1963


*


Que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?
Pero el mundo se agita y se remueve.
En el mil novecientos treinta y nueve
Se fusilaba más sin tanto inmundo
protestar de masones, liberales,
comunistas, social democristianos,
escritores borrachos, italianos,
gente de mal vivir y radicales.
Pero además, ¿qué pasa? ¿Qué presentas,
mundo, como protesta, inoportuno?
¿Te parece tan grave, pues, la cosa?
¿Tanta importancia tiene a fin de cuentas
que sean un millón o un millón y uno
los muertos de una guerra tan gloriosa?

(Citado por Max Gallo en Historia de la España franquista, Ruedo Ibérico, París, 1971)









2602. Qué dirá el Santo Padre

Fotografía de la Fundació Pere Ardiaca


Miren cómo nos hablan de libertad,
cuando de ella nos privan en realidad.
Miren cómo pregonan tranquilidad,
cuando nos atormenta la autoridad.

¿Qué dirá el Santo Padre 
que vive en Roma
que le están degollando 
a su paloma?

Miren cómo nos hablan del paraíso,
cuando nos llueven penas como granizo.
Miren el entusiasmo de la sentencia,
sabiendo que mataban a la inocencia.

¿Qué dirá el Santo Padre 
que vive en Roma
que le están degollando 
a su paloma?

El que oficia la muerte como un verdugo,
tranquilo está tomando su desayuno.
Lindo se dará el trigo por los sembrao,
regado con tu sangre, Julián Grimao.

¿Qué dirá el Santo Padre 
que vive en Roma
que le están degollando 
a su paloma?

Entre más injusticia, señor fiscal,
más fuerzas tiene mi alma para cantar.
Con esto se pusieron la soga al cuello,
el sexto mandamiento no tiene sello.

¿Qué dirá el Santo Padre 
que vive en Roma
que le están degollando 
a su paloma?


Violeta Parra

Recordando a Chile (Una chilena en París), 1965











2601. Elegía rota para un himno. En la muerte de Julián Grimau

Volvió el cubil a crepitar: serpientes
del rencor, lobos
del odio, 
un trueno de uñas lívidas, un río
de alimañas hirvientes,
plomos, ácidos, 
espadas purulentas
brotándo,
desatándose,
cayendo
sobre dos brazos rotos y una frente
partida.

Llegaba roja el alba, 
abril tenía
los tallos de esmeralda,
ensangrentados.

Lenguas,
lágrimas, 
campanas desoladas a lo lejos
sonaron, un idioma
de congoja
y clamor iba subiendo,
como si le arrancaran a un planeta,
de cuajo,
las entrañas.



Entonces fue.
Gritó la voz enana,
enloquecida voz, la voz
hedionda,
aulló, gritó, ordenó
sádicamente la ración de crimen
dispuesta para el día,
y luego se sentó sobre la Cruz,
sobre la Cruz de Roma.

Entonces 
fue. El miedo le subía
por los oscuros fondos del instinto.

Pero aquella mriada
frente a las negras bocas
ya humeantes,
aquel torrente quieto
de dulzuras
que el fuego quiso devorar,
aquella
sangre erguida delante del abismo
se alzó sobre la muerte
y ahora vuela,
se esparce, por la noche
del mundo como un astro. Como un astro
cercano
que podemos tocar desde la tierra.

Mírame, hermano, sol, espejo
de las vidas, oh sí, mirame,
lléname
de tu luz, álzame
en ella,
tu luz que ya convoca
los distantes insomnios, pone olvido
en las viejas heridas,
nos doncude
hasta el fín.

Mírame, entrégame
tu tranquila energía, tu centella
de paz.

No te han vencido

amigo, compañero de la rama
vencida, lazarillo
del más hermoso sueño, no
te han vencido, perduras, ahora estás
entre las cumbres y no obstante,
caminas con nosotros,
te rodean
los brazos que te aman,
siembras,
fundas
los nidos del futuro.

Huya el dolor
a su frontera. Empieza
a amanecer. Yo canto, yo te canto,
de pie sobre mis lágrimas
con la misma esperanza que tu rostro
tenía
cuando, abrazado a tu estatura
inmensa,
a tu impávida rosa,
ibas naciendo,
como una brisa inmemorial, al día
que no acaba, que nunca
acabará.

Dijiste al hacha fraticida:
"Este
será tu último golpe", y luego,
a los que te escuchaban
con dolido estupor: "Seguid, unidas
las manos, destronad
a la bestia".

Cuando suena
a la orilla de las sombras una música
tan pura y verdadera,
es que del muro
martirizado una diadema está
brotando, una diadema
inagotable
como la sed del tiempo, como el ala
del mar.

Puedes brillar tranquilo,
tu lo sabes.
Estamos hechos para la tormenta,
para el beso creador,
estamos hechos.
A tu fulgor, marchamos. Ya han crecido
al borde de tu sombra arbustos
jóvenes.
Ellos te llevan en los labios.

Vamos
contigo a defender la primavera,
contigo
a levantar la nueva casa.


Juan Rejano
Elegía rota para un himno. En la muerte de Julián Grimau
Editorial: Ecuador 0°0'0", Revista de Poesía Universal, México, abril de 1963
Ilustración: Antonio Rodríguez Luna








2583. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Doce

Protesta contra el régimen franquista. parís, 1963


Doce

Dando vueltas con un amigo en la noche de Madrid, llegamos a la Calle del Reloj. Del cuartel emana, en la oscuridad, un cierto esplendor helado, siniestro, como el que he sentido parándome en el centro de la desierta Plaza Mayor, en el exacto sitio donde la Inquisición, hace ya mucho tiempo, quemaba vivos a los herejes. Ocurre que en este cuartel funcionan los tribunales militares. Aquí, hace bien poco tiempo, aquellos anarquistas fueron condenados a morir por asfixia, por pena de garrote vil, al cabo de un juicio sumario en el que estuvieron, como todos los presos políticos, siempre de espaldas al público. Aquí se dictó sentencia sin pruebas contra Julián Grimau -y después se supo que el militar que lo acusó no había completado sus cursos de Derecho. Miro los fríos muros grises y no puedo dejar de pensar en las cinco de la mañana de aquel sábado en el Campo de Tiro de Retamares, el cuerpo de Grimau neblinosamente iluminado por los focos de los automóviles, la bruma lechosa de los focos, Grimau de pie, Grimau se cae, atadas las manos, acribillado por las balas de los soldados que creyeron que estaban ajusticiando a un delincuente común: no puedo dejar de pensar que si el silencio se está rompiendo en la España de fines de 1966, después de tantos años de insensibilidad que sucedieron al shock de la guerra civil, hubo hombres que pagaron por ello, bien recientemente, el precio de sus vidas. El amigo que me acompaña tiene, por cierto, más motivos que yo para que el frío le recorra el cuerpo. Es un obrero metalúrgico, anarquista, cuyo nombre me reservo: acaba de salir de la cárcel donde estuvo encerrado quince años, quince años enteros, como tantos otros, enterrado vivo.

Me cuenta la historia, desde el día en que lo acorralaron en un ferrocarril en marcha donde viajaba con documentos falsos ("hubo un delator: estaba jodido"), hasta la noche en que salió de la prisión, el mundo nuevo, diferente, que entonces encontró, cómo fue difícil reconocer la ciudad y la gente. Le duele que hayan prácticamente desaparecido aquellos cafés legendarios en los cuales los amigos transcurrían tardes y noches en interminables tertulias que eran como asambleas; le duele que desde el 1936 se haya triplicado la población de Madrid, pero que se venda, ahora, la mitad de los diarios que se vendían entonces; le duele la influencia de la televisión transformando el lenguaje popular y difundiendo la mitología del éxito, la fiebre del oro: me habla de los jóvenes trabajadores que son sus compañeros de pensión, despolitizados, indiferentes a otra cosa que no sea el sueño del Fiat 600 o la millonaria norteamericana que vendrá, viuda, vieja y fea, pero con su varita mágica, para arrancarlos -para arrancar a uno, al elegido- de la humillación y el desamparo de la clase obrera: la sordidez de las conversaciones en que se clasifica a las mujeres en dos categorías distintas, según sirvan para casarse o para acostarse con ellas. Le duele que un pesebre con aire acondicionado pueda ser el ideal de vida de esta "sociedad de consumo" que ha encontrado, instalada en su patria, a la salida de la cárcel: "sociedad de consumo" que, por cierto, consume bien poco.

Pero la prisión no le dobló la espalda. Apenas conoció la libertad, se lanzó a militar en las Comisiones Obreras. Y dice que ya tiene convencidos a dos de la pensión.


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967








2321. Veinte de abril

En esta geografía de presidios,
y a través
de la crónica amarga de torturas,
lentos
caminos desbrozando el horizonte,
sucios
asesinatos a la luz del alba
donde terminan nuestros hombres,
-donde nace
también nuestra leyenda- no resulta
posible,
Julián, mi noble hermano,
predecir
en qué lugar nos llegará el futuro
más inmediato... (el otro siempre es nuestro.)

Yo no sé
si cambiaré un paisaje al aire libre
con árboles y cielo y sol de estío,
por un estrecho marco de silencio,
de sombras,
de lucha renovada...

Por eso, si ocurriera
que mi voz no estuviera con tu nombre
en los labios
cuando un veinte de abril hecho marea


de sangre y de dolor nos vuelva el llanto
de España en tus heridas, imagina
que tengo amordazados los latidos;
que algún muro
sujeta mis palabras; que me encuentro
más cerca de los míos que otras veces,
Julián, campo de espigas...
definitivo mártir de la patria.

(Como la espuma lucha con la roca)


Carlos Álvarez








1940. Tres poemas en recuerdo de Julián Grimau



Al glorioso general Francisco Franco  después de que firmó el fusilamiento de Grimau

Mi General...
¡Qué bonita letra tiene usted!
¡Oh, qué preciosa caligrafía de cuartel!
Así escriben los tiranos, ¿verdad?
¡Y los gloriosos dictadores...!
¡Qué rasgos!
¡Qué pulso!
¿Quién le enseñó a escribir así, mi general?
Se dice general y se dice verdugo.
Los dos tienen el mismo rango,
los mismos galones.
El general se diferencia del verdugo solamente
en que el general tiene la letra más bonita,
para firmar una sentencia de muerte
hay que tener la letra muy bonita...
¡Qué bonita letra tiene usted mi general!

León Felipe 
México 6 de Agosto de 1967
Nueva antología rota



La ventana indiscreta

Otra vez esas radios extranjeras
vomitan contra España su veneno
Salimos ahora al paso de ese trueno
explicando las cosas verdaderas
No ha habido tal señor defenestrado
ni se empleó en su trato la tortura
Tratósele con tacto y con dulzura
Se le invitó a pasar a lo vedado
Saludóselo allí con cortesía
Preguntósele por sus actividades
de manera correcta y muy humana
Díjonos su opinión de la amnistía
Dijímosle después nuestras verdades
Y arrojóse sin más por la ventana.

Antón Salamanca (Alfonso Sastre), 1962

Publicado en España hoy, Ruedo Ibérico, París, 1963) 



Soneto XV
(Muerte de Julián Grimau)

Que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?
Pero el mundo se agita y se remueve.
En mil novecientos treinta y nueve
se fusilaba sin más a tanto inmundo
protestar de masones, liberales,
comunistas, social democristianos,
escritores borrachos, italianos,
gentes de mal vivir y radicales.
Pero además, ¿qué pasa? ¿qué presentas?
Mundo, ¿cómo protestas, importuno?
¿Tanta importancia tiene a fín de cuentas?
que sean un millón o un millón uno,
los muertos de una guerra tan gloriosa?

Alfonso Sastre
Residuos urbanos. Tiempos difíciles, 1963








1421. Julián Grimau

Uno de los momentos de más lacerante dolor que vivimos en la lejanía de la emigración fue la noche del 20 de abril de 1963. Pegadas al aparato de radio, manteníamos un hilo de esperanza.

¿Sería posible salvar a nuestro entrañable Julián Grimau? Pero, ¿cómo? Durante días y noches estuvimos empeñados en movilizar a la opinión nacional e internacional, a través de la Pirenaica, de la prensa, dirigiéndonos a personalidades influyentes de distintos países para detener la ejecución de nuestro gran camarada.

Todos los comunistas, todos nuestros amigos, los demócratas de España, los del mundo, elevaron su voz para salvar la vida del patriota español.

En Madrid, en Barcelona, en la cuenca minera asturiana, en Galicia, en Sevilla y otras tantas ciudades se distribuyeron millares de octavillas explicando quién era Julián Grimau y llamando a la acción en su defensa.

Desde París, Santiago Carrillo, con todo el partido, apoyados activamente por los camaradas franceses, combinando sus esfuerzos con los de los demócratas de España, luchaban desesperadamente para impedir que se cometiera el crimen. La Pirenaica tenía montado un perfecto mecanismo que penetraba incluso en la cárcel de Carabanchel, y hasta en la celda de nuestro Julián. Informaba Radio España Independiente al minuto de los acontecimientos en torno a la vida de Grimau. Habían pedido la conmutación de la pena de muerte desde Juan XXIII hasta John Kennedy. Nikita Jruschov se dirigió directamente a Franco. Participaban en la acción por salvar la vida de Grimau, Ramón Menéndez Pidal, Teófilo Hernández, Xavier Zubiri, García Moreno, Bergamín, Laín Entralgo, Aranguren. Joaquín Ruiz Jiménez visitó a Muñoz Grandes, a Fraga, a Castiella...

Con la natural angustia yo me había dirigido, pidiendo solidaridad para salvar la vida de Grimau a muchas personalidades y amigos.

A usted también, Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio; a ustedes también, señores del Consejo Nacional del Movimiento, que han expresado abiertamente su descontento por la situación en España: ¿van a callar ante el crimen que se prepara?

¿Que es extraño que una comunista se dirija a una falangista? Sí, no es corriente... pero en el tablero está la vida de un hombre que es necesario salvar. Usted, Pilar, y permítame la familiaridad de un adversario, dirá que los republicanos fusilaron a su hermano. Es verdad, es una dolorosa verdad. Pero era la guerra y, hasta ese momento, ¡cuánta sangre, cuánta ruina, cuánto duelo, cuánto estrago tenían en su haber quienes se sublevaron contra la República!

Recordaba a continuación que el PCE defendía una política de reconciliación nacional, una política que abriera el camino a la convivencia civil y a la democracia, que hiciera imposible la vuelta a nuevas guerras y nuevas cruzadas.

En otra alocución yo llamaba a todos, a los amigos de siempre y a los que lucharon contra nosotros en la guerra. La vida de Julián Grimau es sagrada para nosotros, por bueno, por noble, por sencillo, por abnegado.

Salvar a Julián Grimau de una condena dictada por el odio es hacer recuperar a los hombres la fe en la justicia, en la posibilidad de la convivencia. Es dar un paso, quizá decisivo, en el establecimiento o en la liquidación de esas bases de convivencia.

Con la esperanza de que pudiera escuchar mi voz, me dirigí a nuestro Julián: "Y tú, Julián Grimau, camarada, ¡hermano! Yo quisiera que mi voz cordial, fraterna, cariñosa, llegase hasta tu celda donde sufres, esperas, donde estamos todos acompañándote con el pensamiento".

Parece ser que Julián nos escuchaba; tenía en su poder un pequeño aparato de radio.


El crimen.

La noticia fue terrible: nuestro Julián Grimau había sido fusilado. A través de Radio España Independiente dije:

Camaradas y amigos, la iniquidad se ha consumado. Nuestro amigo, nuestro hermano, nuestro camarada, el comunista abnegado y heroico Julián Grimau, ha sido asesinado por orden de Franco y de sus ministros, sobre los que personalmente recae la total responsabilidad de este crimen que el pueblo español no perdonará.

El Caudillo ha querido desafiar al mundo desoyendo las voces humanitarias que, haciéndole un gran honor, se han dirigido a él de todos los países para impedir lo inevitable.

Señores del gobierno franquista: queremos haceros justicia. Sois como suponíamos: ruines, cobardes, abominables. Pensamos ingenuamente que en vosotros quedaría, después de vuestro trágico pasado, un resto de dignidad, de humanismo. Pero no. Sois consecuentes con vosotros mismos. Sois los sepulcros blanqueados de que habla el Evangelio. Pero no sois más que eso: sepulcros que hieden.

Julián Grimau muerto es una bandera de lucha. Está entre nosotros, vive y vivirá con las nuevas generaciones que avanzan por el camino del comunismo, por el camino de la victoria. La vida continúa, y continúa la lucha. Julián Grimau ha sido asesinado en nombre de la ley fascista. En nombre de la causa del pueblo, lo mejor de la juventud española vendrá con nosotros, viene y vendrá al PCE a luchar como luchó Julián Grimau, como lucharon tantos millares de héroes, ejemplo de combatientes revolucionarios, que al caer en la lucha, cayeron invencibles.

Vengaremos este crimen estableciendo en España un régimen más humano, un régimen democrático que termine con el espíritu de guerra civil, con la represión sangrienta y en el que todos los españoles, cualesquiera que sean sus ideas y sus creencias, tengan asegurada la vida y la libertad.

Y añadía:

Franco negocia en estos momentos con los americanos la concesión de bases navales para los submarinos de proyectiles Polaris y en esas negociaciones, donde se juega la seguridad y la independencia de España para exigir un precio remunerador, Franco necesita demostrar a los norteamericanos que él es un hombre consecuente con su reaccionarismo fascista, con el que pueden contar para todo, incluso para el crimen.

Nuestras entrañables Angelita Grimau, esposa de Julián, y sus hijas Carmen y Lolita, se comportaron con entereza en la campaña por salvar a Julián. Ante los medios de comunicación internacionales,

Angelita manifestó:

"Frente a lo irreparable, quiero declarar ante la conciencia universal que mi deseo más profundo y, también el de mis dos hijas y el de mi madre, es que la sangre derramada por Julián Grimau sea la última. ¡Que el general Franco sea proscrito para la Humanidad!... No quiero que otras madres, otras esposas y otros niños tengan que sufrir lo que estamos sufriendonosotros en estos momentos..."

Hubo manifestaciones ante las embajadas españolas en París, en Roma, en Bonn, en tantas otras capitales. Protestas ante las autoridades españolas en los países de América latina. En EE. UU. piquetes de demócratas habían reclamado respeto a la vida de Julián Grimau.

Algunas calles de diversas ciudades del mundo llevan el nombre de Julián Grimau: en París, una plaza fue bautizada con el nombre del héroe español.

En la barriada de San Andrés —y Dios sabe en cuántas barriadas de ciudades españolas—, una calle amaneció con la inscripción: «Calle de Julián Grimau.»

Yo asistí, con la natural emoción, al descubrimiento de una lápida —oro y azabache sobre mármol gris— que lleva el nombre de Julián Grimau colocada en una calle nueva y blanca, de un distrito joven, recién estrenado, el Novie Cheriomushki, de la capital soviética. Uno de los vecinos prometió: «Seremos dignos del nombre de Julián Grimau.»


Dolores Ibarruri
Memorias de Pasionaria (1939 - 1977) 
Editorial Planeta, 1984