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2275. Carta de Salvador Puig Antich a su hermana Merçona

Salvador Puig Antich 
(Barcelona, 30 de mayo de 1948 - 2 de marzo de 1974)


En diciembre de 1973 y desde la cárcel Modelo de Barcelona, Salvador Puig escribe a su hermana Merçona.


Barcelona - diciembre -1973

Merçona:

... Escribe ... Escribe. La inspiración se resiste. Hay tal galimatías en mí que al intentar expresar detalles o ideas es una verdadera batalla. 

Se que detrás las nubes, allí, aún muy lejos me espera quien es capaz de andar un mar, o saltar una montaña ? Porqué la niebla oscurece el paisaje? Y el sol, es que nunca llega? Dónde se han escondido las nubes de los cuentos? Han perdido la varita mágica?

Preguntas, cuestiones, interrogantes y puntos suspensivos. La imaginación ayuda o es la niebla que oscurece el paisaje? Decirte ... ¡tantas cosas! ... y que decirte?

Donde estén unos ojos que aportan las palabras!

Algún día te hablaré de mí pero espera. Espera que todo en mí explote, me exprima y deje reposar el peso. Cuantos más años tiene el vino, mejor sabor, más "bouquet".

Es ahora cuando empieza la batalla. "En guerra con mis entrañas". (...)

No. No quiero poner una palabras tras otra (demasiado fácil). Quiero mostrar sentimientos. Cómo darte las gracias, por tantas cosas?

Algunas veces -¡malditos años!- me tienta darte consejos. Yo? De qué? Por qué? Pocas cosas sé y menos explicarlas. Eres tu... tu sola ... y "porque vivimos a golpes" nosotros solos - cada uno-  nos hacemos  Recuerdo tus preguntas -muchas-, tu afán por saber. Sé, sin que tu lo supieras, como me impresionaban tus respuestas.

Y el perro (Rie), la cotorra, el caballo allá en el establo, y tu. Los estudios, los deberes, los amigos y tu. La ..., la familia, el cuñado (con perdón) y tu. Tu y yo. Hermanos. Ahijada y padrino. Y no, sin ironía, nos parecemos. Y más, Y más. Mucho más...

Has terminado ya de leerla? Guardala, rompela. Pero no dejes de mirar, allí, a lo lejos (Horizonte, mar, montañas). Es proyectándonos en el futuro, sintiendo el peso del presente, nuestra razón de ser.

"Siento esta noche / heridas de muerte / las palabras" (R. Alberti)

T ' estima.



Salvador


La carta ha sido transcrita de la página del MIL-GAC









1863. La esperanza de un condenado a muerte


Nacen flores para ti Salvador
Dentro del corazón, por las cumbres y los valles
Tu luz iluminará
Para siempre la libertad
Joan Isaac

Asumirás la voz de un pueblo,
y será la voz de tu pueblo, 
y serás, para siempre, pueblo.
Vicent Andrés Estellés


Salvador Puig Antich, 26 años, condenado a muerte por un tribunal militar, ratificada la sentencia por el Consejo Supremo de Justicia Militar, fue ejecutado en la cárcel Modelo de Barcelona a las 09:40 horas del 2 de marzo de 1974 mediante estrangulamiento por garrote vil. Una argolla rompió su cuello cuando el verdugo hizo girar una llave. Fué la última vez que se utilizó el garrote vil en el Estado español.

Cuentan que cuando Franco ordenó la ejecución de Salvador Puig Antich, Joan Miró «llamó al Papa para que intercediera ante Carmen Franco y se pudiera parar la ejecución».

«Ya sabéis que esos criminales asesinaron al anarquista Salvador Puig Antich con el garrote vil, un sistema medieval que desde hace años ninguna nación utiliza en el mundo. Anteayer nos hemos reunido en el Moulin de la Galette, recogimos bastante dinero; pero ninguna campaña ablandó a Franco, ni tan siquiera la intervención del Papa.»

Pero Miró hizo algo más: un tríptico en homenaje a Puig Antich. Un trabajo iniciado hacía unos años pero que Miró terminó y lo rebautizó después de la ejecución: La esperanza de un condenado a muerte. Un tríptico en el que según los expertos el artista captó la atmósfera trágica latente en la sociedad. Llenó su obra de fondos blancos, líneas gruesas y firmes, manchas, salpicaduras y puntos como balas.

«Hace años, en una tela grande pinté un trazo, un trazo blanco pequeño; y en otra, uno azul. Y llegó un día... cuando le dieron garrote a ese pobre muchacho catalanista, Salvador Puig Antich. Sentí que era eso. El día que le mataron. Terminé el cuadro el día que le mataron. Sin saberlo. Su muerte. Una línea que se iba a interrumpir. Es un tríptico, que llamé L’espoir du condamné a mort. Quiero que esas tres telas se queden en Barcelona, en la Fundación. No fue, de ninguna manera, una coincidencia intelectual. Una coincidencia un poco mágica... no sé bien cómo llamarla.»

«(...) ¡Terrible fue aquel año que precedió a la muerte de Franco, y terribles aquellos fusilamientos!

- ¿Es eso lo que quiere reflejar (tal como obra en la exposición de Madrid) en la sorda, dramática y litúrgica escena que usted titula Tríptico de la esperanza de un condenado a muerte?

- Eso, exactamente eso, aunque de forma inconsciente y un tanto profética. Suene o no a inmodestia, le diré a usted que siempre he tenido algo de profeta. No deja de ser extraño y significativo que yo concluyera ese tríptico el día mismo en que dieron garrote a aquel pobre muchacho catalanista, Salvador Puig Antich. Terminé el cuadro el mismo día que lo mataron, sin que yo lo supiera: una línea negra sobre un fondo blanquecino: una línea negra como un hilo que alguien corta por la fuerza y sin piedad.

- La relación entre estas telas y el drama de Puig Antich no era buscada al comienzo?

- No, era en absoluto una coincidencia intelectual. Sino una coincidencia un poco mágica ... como os lo diría?»

Francesc Català-Roca captó en una imagen a Miró místico y de espaldas, sentado frente al tríptico:

«Yo estaba haciendo unas fotografías de sus obras en la habitación contigua y al alzar la vista observé como se sentaba frente a las telas y descubrí que si yo me situaba a su altura, con su cabeza tapaba una bombilla encendida de la que se expandía una especie de aura. No se enteró y capté aquella enigmática imagen. Lo cierto es que también se la hice porque él mismo me contó una anécdota sobre una broma que le había ocurrido un día en Barcelona en el que un grupo de amigos le tomaban por lelo. Resulta que mientras tomaban café en un bar de las Ramblas, sus amigos se pusieron de acuerdo diciéndole que le pasaba que tenía como un aura. Él pensó que se lo decían por sus cabellos. Lo cierto es que le tomaban el pelo, se burlaban de él, y esta fotografía me recuerda aquella anécdota.» 








1347. Salvador Puig Antich, in memoriam

«Salvador Puig Antich fue ejecutado ayer por el sistema de garrote vil en la prisión provincial de Barcelona. La hora de ejecución fue las diez menos veinte minutos de la mañana, es decir, a las doce horas de serle comunicada la sentencia. No pudieron asistir a la ejecución ni sus tres hermanas, ni su abogado, ni un sacerdote salesiano amigo de la familia, todos ellos en la cárcel hasta los últimos momentos. El cadáver de Puig Antich fue trasladado Inmediatamente de la cárcel al depósito del cementerio del Sudoeste (Montjuich)». (La Vanguardia, 3 de marzo de 1974)


María Torres / 2 Marzo 2015

1 de marzo de 1974. Salvador, conocido también como el Metge, (el médico), apodo que recibió durante el servicio militar porque administraba el botiquín, es un joven anarquista de 25 años miembro del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación). Desde hace seis meses se encuentra en la celda 443 de la quinta galería de la Cárcel Modelo de Barcelona. Le acaban de comunicar que será ejecutado en unas horas por el asesinato del subinspector Francisco Anguas Barragán.

Unas horas antes el consejo de ministros del régimen había aprobado la ejecución en base a la pena impuesta por un tribunal militar. Franco decide no conmutar la pena de muerte a pesar de las numerosas peticiones de clemencia. La dictadura es incapaz de mantenerse sin el uso de la fuerza. Es más, la decisión de no conmutarla se había tomado mucho tiempo atrás, durante el juicio contra Salvador, un proceso plagado de irregularidades. 

Pío Cabanillas, Ministro de Información y Turismo informa en rueda de prensa que el Consejo de Ministros presidido por Arias Navarro  había dado el enterado al cumplimiento de la sentencia. Tras ello, la televisión española programa un combate de boxeo entre Urtain y King Roman.

Ofrecen a Salvador asistencia religiosa a través del sacerdote de la cárcel. La rechaza, pero solicita  la presencia de un antiguo maestro suyo, religioso salesiano de Mataró.

Salvador confía hasta el último momento en que la pena le será conmutada. Aún así, escribe tres cartas de despedida y pide que la decisión del Consejo Supremo y el enterado del Gobierno sea comunicada a sus compañeros encarcelados.


2 de marzo de 1974. A las nueve de la mañana las hermanas de Salvador, Imma, Carme y Montse, que le han acompañado en vela durante toda la noche, son obligadas a abandonar las dependencias carcelarias. Minutos después lo hacen los dos abogados. Los verdugos argumentan que ninguna ley prevé la presencia de abogados en las ejecuciones y que tampoco se contempla esa posibilidad en el reglamento de prisiones.

El último en abandonar la cárcel es el sacerdote salesiano que también había permanecido toda la noche al lado de el Metge.

A las nueve y veinte horas Salvador es ejecutado en un espacio habilitado del almacén de paquetería por el método del garrote vil, sistema utilizado en España desde 1820, que consiste en un collar de hierro atravesado por un tornillo acabado en una bola que al girarlo causa la rotura del cuello.

En el suelo sujeta con cemento se encuentra una viga de madera y un banquillo sin respaldo. El encargado de acabar con su vida es el verdugo de Madrid Antonio López Sierra, natural de Badajoz y titular en la Audiencia madrileña desde 1949. Un coche de policía le había trasladado unas horas antes a Barcelona junto a su negro maletín donde llevaba el garrote. Debido al exceso de alhocol que corre por sus venas, no acierta a encajar correctamente las piezas del garrote, lo que prolonga la agonía de Puig Antich más de lo debido. La muerte tarda 18 minutos en llegar.

La ejecución es presenciada por el juez instructor, un mando de la Dirección General de Seguridad, el capellán de la prisión, un médico militar, dos funcionarios que hacen de testigos y un número indeterminado de policías.

Cuentan que las últimas palabras de Salvador al ver al verdugo fueron «qué putada». 

A las diez menos veinte, el capitán médico certifica la muerte del reo: «En Barcelona, a 2 de marzo de 1974 y siendo las nueve cuarenta horas, se extiende la presente diligencia para hacer constar que en la prisión de hombres de esta ciudad ha sido ejecutada por garrote la pena de muerte en la persona del reo Salvador Puig Antich». 

Minutos después el cadáver de Salvador es trasladado en un furgón al depósito de cadáveres del Cementerio del Sudoeste de Montjuich. Fuerzas especiales de la Policía Armada vigilan el Depósito y miembros de la Policía Armada a caballo forman guardia en el exterior del recinto.

Joaquín Puig, padre de Salvador aún no ha sido informado de la ejecución de su hijo. Militante de Acció Catalana durante la República, el exilio en Francia le abocó a permanecer en el campo de refugiados de Argelès sur Mer. A su regreso a España fue condenado a muerte e indultado.

Esa misma tarde, en la ciudad de Salvador Puig Antich, los guerrilleros de Cristo Rey festejan su muerte y celebran el castigo ejemplar del régimen.

Por más que callen
por más vueltas que de el mundo
por más que nieguen los acontecimientos
por más represión que el Estado instaure;
por más que se laven la cara con la democracia burguesa;
por más huelgas de hambre que callen;
por más que tengan saturadas las cárceles;
por más pactos que desarrollen con los controladores de clase;
por más guerras y represión que impongan;
por más que intenten negar la historia y la memoria de nuestra clase;
Más alto diremos:
asesinos de pueblos
miseria de hambre y libertad
negociadores de vidas ajenas
más alto que nunca, en grito o en silencio,
recordaremos vuestros asesinatos
de gentes, vidas, pueblos y naturaleza.
De labio en labio, paso a paso, poco a poco.

Salvador Puig Antich


*


Tras el mayo francés de 1968, Salvador decide implicarse en la lucha antifranquista. Milita inicialmente en Comisiones Obreras y posteriormente se incorpora en la rama armada del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), integrado por libertarios. Utilizan las armas para para atracar oficinas bancarias y obtener fondos destinados a represaliados y colectivos sociales necesitados y de lucha obrera. Su base se encuentra en Toulousse, pero las acciones se ejecutan en Barcelona.

La tarde del 25 de septiembre de 1973 Salvador es detenido por la Brigada Político Social tras una emboscada. En el tiroteo fallece Francisco Anguas Barragán, un joven policía de 23 años. Puig Antich recibe una bala en la mandíbula y otra en el hombro, quedando malherido.

Salvador es encarcelado. Juzgado en consejo de guerra, un tribunal militar le considera culpable «por la muerte de un funcionario público por razones políticas». Se le condena a dos penas de muerte por dos delitos de terrorismo. Jamás se pudo probar si fué el autor del disparo que causó la muerte del policía. Nunca se presentó el correspondiente estudio balístico solicitado por el decano del Colegio de Abogados de Barcelona: «no es necesaria, nosotros somos profesionales de las armas». El policía muerto tenía cinco balas en el cuerpo. El arma de Salvador solo efectuó tres disparos.

El proceso contra Puig Antich aún no ha podido ser revisado y sigue siendo materia informativa reservada. La documentación policial que custodia el Ministerio del Interior también continúa siendo secreta.

A partir del 19 de febrero de 1974, fecha en la que el Consejo Supremo de Justicia Militar aprueba la ejecución de la sentencia, todos los intentos por conseguir el indulto fueron en vano. 

Documentos e informes  de la Embajada de Estados Unidos en Madrid han demostrado que había un interés especial en ejecutar a Salvador Puig Antich como medida ejemplarizadora: «El interés del Gobierno en el orden público y su sensibilidad a las presiones de la extrema derecha, explica la decisión de ejecutar al anarquista catalán Puig Antich. Para tomar esta decisión, el Gobierno se ha mostrado públicamente del lado de la ley y el orden antes que de la moderación de los países extranjeros y los grupos liberales españoles»«En la clase política española prevalecía el sentimiento favorable a la ejecución, pero era un asunto delicado que podía írsele de las manos al Gobierno. Además de empeorar la mala imagen ante Europa y bloquear el ingreso en el Mercado Común, una política favorable a la pena de muerte produciría una división con los aperturistas, incluida parte de la Iglesia»(Horacio Rivero, secretario de Estado de EEUU)

Tras el atentado contra Carrero Blanco, la suerte de Salvador esta echada y el régimen, que se encuentra en sus últimos estertores, aumenta su sed de venganza: «Todo indica que al optar por una ejecución rápida, el Gobierno quería evitar a toda costa la lección del proceso de Burgos de 1970, donde las dudas y las vacilaciones finales que llevaron al indulto preocuparon muy seriamente a los militares, la policía y a sus aliados más conservadores, que lo vieron como una prueba de debilidad convertida en una victoria por los agitadores de dentro y fuera de España.» (Horacio Rivero, secretario de Estado de EEUU)

La misma mañana en que ejecutaron a Salvador Puig Antich, y en la prisión provincial de Tarragona, daban garrote a Georg Michael Welzel, alias Heinz Chez, un alemán de 33 años, condenado por el asesinato de un Guardia Civil el 19 de diciembre de 1972.









391. "En democracia tenían que haber pedido perdón a todo el que sufrió"

"En democracia tenían que haber pedido perdón a todo el que sufrió"


Las hermanas de Salvador Puig Antich participaron el sábado en un acto a favor de la querella contra los crímenes franquistas que sigue su curso desde Buenos Aires.


PATRICIA CAMPELO - 08/10/2012 - Público.es

Imma, Carme, Montserrat y Merçona llevan mucho tiempo encontrando cerradas las puertas de la justicia. Pero los años y las negativas no han desgastado el ánimo de las hermanas de Salvador Puig Antich, el joven catalán ejecutado a garrote vil en la cárcel Modelo de Barcelona el 2 de marzo de 1974. Miembro del grupo anarquista Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), Salvador se vio envuelto en un tiroteo en el que tanto él como un policía salieron malheridos. Al joven anarquista le extrajeron dos balas de la mandíbula y del hombro y el policía murió en el hospital. Unos meses después, y tras el asesinato de Carrero Blanco por ETA, el Consejo de Ministros del 1 de marzo de 1974 firmó la sentencia de muerte pese al clamor popular que pedía su indulto. Las hermanas achacan la utilización del garrote vil a un acto de venganza.

Ahora, tras sumarse a la querella contra los crímenes franquistas interpuesta en Buenos Aires en abril de 2010, estas mujeres comienzan a vislumbrar la luz al final del túnel. El sábado participaron en un acto promovido por la red AQUA, de apoyo a la investigación que realizan los tribunales argentinos sobre los delitos de la dictadura. Allí, ante un numeroso público explicaron su periplo judicial y narraron los hechos que condujeron a su hermano hasta la pena capital.

La querella que sigue su curso desde Buenos Aires ha supuesto un balón de oxígeno para las hermanas Puig Antich, cuya única petición a la justicia es "que se reconozca que el juicio a Salvador fue toda una pantomima". Momentos antes de intervenir en el acto de apoyo a la querella, celebrado en Madrid, Merçona y Carme relatan para Público lo que esperan del proceso judicial en el que se embarcaron el pasado verano, cuando enviaron su declaración a la jueza argentina que instruye el caso.

¿Cómo están viviendo este proceso judicial?

Merçona : Es muy importante para nosotras. Llevamos muchos años y siempre nos han quitado de encima. No sabíamos que estaba en marcha esta denuncia y nos avisaron desde La Comuna [colectivo de ex presos políticos]. Mandamos una declaración sobre cómo fueron los hechos para sumarnos a la querella.

¿Qué le piden a la justicia?

Merçona: Que se reconozca que todo aquello fue una pantomima. Esa justicia era de todo menos justa. En el consejo de guerra que condenó a Salvador no había ni un solo abogado, todo eran cargos militares. Tampoco admitieron las pruebas de balística que aclaraban de qué arma eran las balas. Meses antes fue el asesinato de Carrero Blanco [presidente del Consejo de Ministros] y todo esto fue una venganza. Le tocó a él.

Carme: Cuando sucedió lo de Carrero Blanco fuimos a verlo y nos dijo 'ETA me ha hecho una putada'.

¿La venganza explica el ensañamiento que hubo al utilizar el garrote vil?

Carme: Él estaba seguro de que lo fusilarían y nos enteramos todos el mismo día que lo iban a hacer así. Estuvo muy entero en todo momento y al saberlo se vino abajo, según nos contó el abogado. Pero al rato logró reponerse un poco.


¿La película sobre el caso de Salvador (2006) refleja bien esos momentos?

Carme: No es película, es realidad.

¿Han incorporado a la investigación los nombres de todos los implicados en su muerte?

Merçona: Llevamos ese tema con los abogados. Nosotras no recordamos todos los nombres de los vocales y militares pero estamos en ello.

¿Son optimistas?

Carme: Nos han dicho tantas veces que no que ahora, viendo todos los que estamos en esto, tenemos más fuerzas. Diez años después de su muerte acudimos al tribunal de Estrasburgo, pero nos lo denegaron porque España aún no estaba en la Unión Europea. Después, con ayuda de ERC, se volvió a trabajar sobre el asunto, a pesar de las dificultades que hubo para acceder al sumario. Llevamos el caso ante el Supremo, y también nos lo denegaron. De ahí, acudimos al Constitucional, que también nos rechazó y, por último, volvimos a Estrasburgo, donde directamente no nos lo admitieron a trámite.

Merçona: Esto es una nueva vía de apoyo colectiva, lo que es muy importante. Incluso en la calle sentimos el apoyo de la gente. Cuando hay que dar el DNI en algún sitio y ven los apellidos nos preguntan, '¿ya lo habéis conseguido?'.

El caso de Salvador congregó un gran clamor popular.

Merçona: El doctor Puigvert, médico privado de Franco, trató de interceder por él llamándole la noche antes pero el dictador no quiso ponerse al teléfono, tenía que dormir. 

Ahora las víctimas del franquismo tienen que hacer frente a una voluntad política hostil hacia ellas.

Carme: No se quiere abrir la caja de pandora. En una democracia tenían que haber pedido perdón a toda la gente que sufrió. No se han hecho las cosas bien.

Merçona: El pacto de silencio de la transición fue demasiado grande. Estaba todo muy reciente y los militares franquistas tenían un peso político muy importante.

¿Es necesaria la justicia para superar un episodio traumático?

Carme y Merçona : Para superarlo no porque hay cosas que no se superan nunca. Pero es historia, y la historia es parte de nuestras vidas. Tiene que saberse lo que pasó. La gente tiene que conocerlo. No se pueden enterrar las cosas sin más.

Y normalizar el debate.

Carme: Es difícil, pero sí hay que hablar mucho de las cosas. Los pactos de silencio se hacían en las propias familias debido al miedo. Nosotras lo vimos con nuestro padre que estuvo condenado a muerte durante la guerra.

Merçona: Es que esto lo puedes llevar, pero nunca te recuperas. Ese día lo tenemos muy presente aún.


El joven a quien quisieron matar dos veces.

"El 23 septiembre de 1973, tras ser herido en un tiroteo con la policía, fue ingresado en el clínico de Barcelona. Allí le extrajeron dos balas de la mandíbula y del hombro. También ingresó un policía con múltiples heridas de bala recibidas en el mismo tiroteo que no llegó a sobrevivir". Así comienza la declaración que las hermanas Puig Antich remitieron el pasado verano a la jueza que instruye la investigación de los crímenes franquistas en Buenos Aires. En la misiva, las cuatro mujeres señalan aspectos claves que determinan las irregularidades del juicio. Así, relatan cómo la autopsia del policía fallecido tras el tiroteo no se practicó en el Clínico de Barcelona, sino en una comisaría donde los propios agentes llevaron el cuerpo sin justificar ese traslado. La prueba forense que allí le practicaron y que concretaba la procedencia de los disparos fue inculpatoria en el juicio contra Salvador. Cuando el joven anarquista se recuperó de las heridas, fue trasladado a la cárcel Modelo de Barcelona en régimen de aislamiento. En enero se celebró el juicio bajo jurisdicción militar. Un mes antes, ETA había matado a Carrero Blanco.

El tribunal militar no admitió las pruebas de balística ni los testimonios del hospital Clínico presentados por la defensa. Las pruebas de la acusación no eran concluyentes. "Todo fue una vergonzosa pantomima", señalan las hermanas en su declaración. El fiscal pidió dos penas de muerte y el tribunal las ratificó. A partir de ese momento, cada viernes por la tarde, día en que se celebraba el Consejo de Ministros, "la familia vivía una situación de congoja porque temíamos que Franco firmara la pena de muerte y ordenara su ejecución". Esto sucedió el viernes 1 de marzo de 1974. "A las nueve de la tarde comenzó la cuenta atrás; tras una noche llena de tragedia los funcionarios de la prisión se llevaron a Salvador para cumplir su pena". "La puntilla llegó cuando lo mataron: querían venganza y lo consiguieron", advierten las hermanas en referencia al instrumento de tortura medieval utilizado, el garrote vil. A pesar del trágico suceso, la familia de Puig Antich deja claro que no ceja en la búsqueda de justicia: "No queremos olvidar".