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3376. El diputado que antes fue marinero, pastor y lavaplatos

Galicia la tacita, la "choromiqueira" —como diría don Miguel de Unamuno recordando en epigrama de Curros Enriquez—, la de la estampa a dos tintas —verde de prado, gris de niebla—, de cartel para fomento del turismo, ha adquirido una fonación que constituye una sorpresa para muchos.

El informador podía dar noticias explicativas del porqué de este nuevo tono, de esta nueva prosodia gallega, que ha perdido los matices quejicones para adquirir el acento que mejor va a los anhelos regionales. Pero prefiere, por medio de una interviú, trazar esta biografía, pues que la vida de los hombres es el más exacto reflejo de la psicología de tos pueblos.

Entre los diputados gallegos a las Cortos Constituyentes hay uno, Suárez Picallo, que ya empieza a ser discutido, y alrededor del cual se hace un ambiente pasional, basado en cosas adjetivas, que es como la personificación de la Nueva Galicia. Picallo, que parece un héroe de novela gorkiana, es también la realización del espíritu democrático de la República. Su voz es la auténtica del pueblo. Para Galicia es la de los ''rumorosos da costa verdecente" a los que interroga el bardo celta Pondal. 

Suárez Picallo, pequeño, enjuto, rubio y pecoso. como marinero que fué de la Costa de la Muerte, nos dice: 

—Sí; soy hijo del pueblo. Fuí marinero y pastor, como todos los niños de esta población anfibia de la costa gallega. Mi padre también era marinante. Tuvo once hijos. Desde muy pequeño luché a brazo partido con la vida. 

—Naturalmente, será usted un autodidacto. 

—Sólo fui tres años a la escuela de instrucción primaria, aprovechando las clases nocturnas. Todo lo que sé lo aprendí leyendo ávidamente, sin sujeción a ninguna clase de disciplinas. 

—Y, como casi todos los gallegos, se fué usted a América. 

—A los catorce años. Me empujó el sino de la raza que nos hace ir por el curso del sol hacia ese "alén", que es la meta de la "saudade". 

—¿Es verdad que fué usted allí lavaplatos?

—Eso y otras cosas más. Mi primer empleo fué el de peón en una farmacia. Luego entré al servicio de una oficina. Por cierto que allí deseaban que el empleado supiera escribir a máquina. Yo no sabia tal cosa, pero como tenia hambre, arrostrándolo todo, me presenté como mecanógrafo. Y en tres días me impuse en el dominio del artilugio.

Más tarde, dominado por mis aficiones marineras, entré como marmitón de un barco de los que hacen la navegación a Tierra del Fuego.

Recorrí la Argentina desde los canales fueguinos al Chaco, misionero de las nuevas doctrinas sociales. No hice la América en el sentido que allí se da a esta frase, pero hice una América. Di conciencia al proletariado de un pueblo chauvinista que mira con recelo al gallego y al gringo. Mi anecdotario no cabe en el espacio de una interviú. Ya puede usted figurárselo. Considere la dificultad de la lucha en un medio donde hay hombres de la envergadura de uno de mis primeros patronos. 

—¿Quién era? ¿Qué hizo?

—Uno de tantos emigrantes. Un rapaz del Noroeste, que llegó a ser dueño absoluto de la Patagonia, la vasta soledad pavorosa a donde ningún europeo se atrevía a ir. Y él, tan grande como Cortés y Pizarro, pero sólo, la conquistó y domeñó. Para que se dé cuenta de su carácter, basta este rasgo: Por su cuenta erigió a Magallanes, en el estrecho que descubrió el gran nauta portugués, un monumento, y en el pedestal puso esta leyenda: A Magallanes, Menéndez.

—Así se llamaba.

—¿Pero usted también fué periodista? 

—Si; es uno de los avatares de mi vida. Después de una titánica lucha como obrero manual, que tiene que robar horas al descanso para hacerse una cultura, adquirida ésta, colaboré en numerosas publicaciones, principalmente de carácter societario, pues ya puede usted comprender que, por mí condición social, orienté siempre mi actividad hacia todo lo que redundara en beneficio y mejoramiento de la condición del hombre del pueblo. 

—¿En qué periódicos ha escrito usted? 

—En varios. Con otros jóvenes gallegos fundé y sostuve una publicación llamada Céltiga, que era, en el conjunto de las publicaciones españolas de Buenos Aires, el único vocero de las reivindicaciones democráticas de la colectividad hispánica. Trabajé como redactor en La Argentina y en La República.

—¿Quiere usted decirme alguna anécdota de su vida como periodista o colaborador en la prensa?

—Vera usted. En América el periodista tiene que ser omnisciente: ha de escribir de todo. En el periódico que le dije teníamos muy escasa información del Extranjero. Un día, un despacho de Londres nos anunciaba que Mc Donald había pronunciado un discurso con referencia a una huelga general. El director me preguntó si yo me comprometía a inventar el discurso del que es hoy "primer inglés", y así lo hice. Cuando los demás rotativos, como La Prensa y La Nación, publicaron el discurso integro de Ramsay, no difería del mío más que en algunos matices de forma. El director me regaló doscientos pesos. 

—Un discurso bien pagado. 

—Mejor que todos los que pronuncié en mi vida, alguno de los cuales me han valido la cárcel. 

—¿También estuvo usted preso? 

—Ya lo creo. Yo he hecho una gran labor societaria. Puede decirse que la organización de la gente de mar en la República Argentina es obra mía. 

—¿Es verdad que está usted nacionalizado en la Argentina? 

—Soy gallego. Nacido en Sada. En América no sólo trabajé por el bienestar moral y material de mis hermanos, los hombres del pueblo de todas las razas, sino que consagré también mis esfuerzos para que sean hacederas las reivindicaciones de Galicia. Para que se vea cómo es compatible el espíritu universalista con las aspiraciones de mi tierra. Cuando empezaron a concretarse éstas, que hasta hace algunos años no eran más que el balbuceo lírico, que es lo que sólo parece conocerce por aquí, otros jóvenes y yo empezamos a luchar por todo aquello a que Galicia tiene derecho como pueblo de definida personalidad étnica, histórica y geográfica. Fundamos El Despertar Gallego y Galicia e infundimos vida y aliento a la "Orga", a quien se debe, en buena parte, la proclamación de la República. Las entidades agrarias y societarias gallegas de Buenos Aires me delegaron con otros para representarlas en la asamblea de La Coruña, en que se ponía a discusión el Estatuto gallego. ¿Soy o no gallego? 

—Yo creo que si. 

—Pues aun hay más que abona mi galleguidad. Llegué a La Coruña el 4 de junio: el 10 me eligieron candidato, y el 28 era diputado. Para serlo me bastó hablar. Yo digo siempre lo que siento. Y lo que yo pienso y siento debe sentirlo y pensarlo hondamente el pueblo gallego, por cuanto me diputó sin titubeos para que hable en su nombre y diga sin ambages lo que quiere. 

En mi pueblo, Sada, de dos mil doscientos once electores, votaron en mi favor dos mil doscientos ocho. 

—¿Y es compatible lo que Galicia desea con lo que quieren y desean todos los demás españoles? 

—Sí. Nuestro regionalismo, que es cosa de corazón y la cabeza, está limpio del pecado del egoísmo, porque no se basa en una concepción materialista, puesto que nuestros problemas no son, principalmente, de orden económico. Tal es así que no pensamos presentar nuestro Estatuto hasta que no esté sancionada la Constitución española. 


Ribas Montenegro
Estampa, 22 de agosto de 1931












1051. Alexandre Bóveda. No hay olvido

"Alexandre Bóveda terá de ser nun mañá, próximo ou lonxano, a bandeira da nosa Redención" (Castelao)

"Nos moitos cimeterios de Galicia, durmen os derradeiros mártires,da Libertade, en número incontable. A miña imaxinación veu unha fogueira en cada cimeterio, como outros tantos clamores de xusticia. Pero no de Pontevedra veu unha labarada que chegaba até o ceo. Era o lume do esprito de Bóveda que non figura na Santa Compaña dos inmortaes, porque non pertenece a Historia senon a Tradición en arume de lenda. Bóveda terá de ser nun mañán próisimo ou lonxano, a bandeira da nosa Redención". (Del libro 'Vida, paixón e morte de Alexandre Bóveda', de Xerardo Álvarez Gallego)


Gabino Alonso / 17 Agosto 2014

El 18 de julio de 1936 todos los cuarteles en Galicia están controlados por los golpistas  bajo el mando del coronel Martin Alonso. Aún así, Alexandre Bóveda, artífice del Partido Galeguista, impulsor del Estatuto de Galicia y de las cajas de ahorro gallegasacude ese día al Gobierno Civil para prestar apoyo a su amigo el entonces gobernador civil de Pontevedra, Gonzalo Acosta Pan, que sería ejecutado por los franquistas el 12 de septiembre de 1936. Junto a Amancio Caamaño, Telmo Bernárdez, Luis Poza, Paulo Novás, Germán Adrio, Benigno Rey, José Adrio Barreiro, Víctor Casas, Juan Rico, Ramiro Paz y Amando Guiance Pampín, entre otros, formaban un grupo de apoyo en defensa de la República. Todos menos Amando Guiance perderían la vida por ello el 12 de noviembre de 1936.

Al día siguiente los militares toman las calles de toda Pontevedra. La "Guardia cívica", capitaneada por el médico Victor Lis Quibén, se apodera del Ayuntamiento y Gobierno Civil. Alexandre Bóveda, Gonzalo Acosta y otras personas leales a la República son detenidos, aunque a Bóveda le dejan libre ese mismo día y acude en busca de refugio a la casa de su suegro, donde solo consigue pasar la noche. El día 20 es apresado nuevamente y conducido a la prisión en la que se encuentran  Víctor Casas (director A Nosa Terra), Xoán Rico (Capitán de la Guardia de Asalto), Lois Poza e Amancio Caamaño (médicos), Xoxé Adrio Mañá (maestro).

Ese mismo día el golpe se extiende por toda Galicia. El 21 caen Coruña y Ferrol, y posteriormente Santiago, Orense, Vigo y Lavadores (hoy integrado en el municipio de Vigo). Tuy, el último reducto de la resistencia gallega fué aniquilado el 26 de Julio. Fueron días de lucha y represión. Esta última alcanzó sus máximas cotas en el área de Ferrol, Bajo Miño y en los barrios obreros de las distintas ciudades.

Cuentan que el 25 de Julio, día de la patria gallega, se les escuchó entonar el Himno de Galicia en su lengua materna. Los que tanto habían luchado por el Estatuto de autonomía de su tierra, aún no sabían que darían su vida por ello.

La noche del 26 de Julio, Alexandre Bóveda es introducido en un coche y trasladado al monte por miembros de la Guadia Civil para fusilarlo. En el último momento, los números de la benemérita se niegan a realizar la ejecución, solicitando que lo hagan los falangistas.

Comienza para Alexandre Bóveda un periplo por distintas cárceles habilitadas como Pontecaldelas y Caldas de Reyes, terminando en la Escuela de Magisterio de Pontevedra, donde tuvo la oportunidad de fugarse a cambio de dinero, pero se negó a ello.

El 13 de agosto de 1936 es juzgado ante un tribunal militar, junto con el diputado socialista Amando Guiance, por un delito de traición. Actuó como instructor Xavier Vila, enemigo acérrimo del galleguismo; como Auditor Javier Rivero, fiscal de de la Audiencia de La Coruña y como presidente el coronel de artillería Duran.

Solo le permitieron en su defensa hablar durante diez minutos con prohibición expresa de hacerlo en gallego.

Procesado: "De los 10 minutos que se me conceden me sobran cinco. Y en castellano, naturalmente, me expresaré, no en español, como decía el presidente, puesto que el gallego es también idioma. Idioma, repito,de la raza gallega y no dialecto, como aquí se ha dicho, tan reiterada como equivocadamente".

Presidente: "Advierto al procesado que tampoco eso de la raza gallega puede ser consentido. La gallega, como todas las de España, pertenecen a la raza española".

Procesado: "No voy ahora a discutir ese aspecto (....). Mi patria natural es Galicia. La amo fervorosamente. Jamás la traicionaría, aunque se me concediese siglos para vivir. La adoro hasta mas alla de mi muerte. Si entiende este tribunal que por este amor entrañable debe serme aplicada la pena de muerte, la recibiré como un sacrificio más por ella. Hice cuanto pude por Galicia y haría más si pudiera. Si no puedo, hasta me gustaría morir por mi patria.

Bajo su bandera deseo ser enterrado (....) y este sentimiento que le tengo a la tierra sagrada que en tuve la dicha de nacer no me obliga a sentir odio a España, a la que por derecho pertenezco. Solamente he combatido sus errores y ,a veces, sus crueldades políticas para con mi Galicia idolatrada. Nada más".


Boveda fue condenado a muerte y Amando Guiance a cadena perpetua que consiguió rebajar finalmente a veinte años. La familia de Bóveda procura tramitar en vano un último recurso que el lider galleguista se niega a firmar en un intento de salvar a su familia. "Tengo para mí que se saciarán con mi vida y que, arrancándomela, se ablandarán para castigar a una familia honorable. Mira, pués, cuanto valdrá mi muerte" No sirvió para nada, pues Dario Álvarez Limeses, médico y tio político, así como su concuñado Ramón García Nuñez, condenados a muerte acabaron ejecutados más tarde.

"Como contestación a su escrito de fecha de hoy, he resuelto que la ejecucción del reo Alejandro Bóveda, tenga lugar a las 5,30 horas de mañana día 17 en las inmediaciones del km.1 de la carretera de Campañó.

A este efecto ordeno al jefe de las Fuerzas de Asalto de esta plaza, que a las 2,15 horas, se encuentre una Sección al mando de un Oficial en el edificio de la Normal a fín de trasladar, custodiar y ejecutar al reo.

Esta Sección que llevará sus propios medios de transporte, se pondrá a las inmediatas órdenes de V.S.

¡Viva España!
Pontevedra, 16 de Agosto de 1936

El General Comandante Militar.


Alexandre Bóveda, de 33 años, fue fusilado a las 05,30 horas de la mañana del 17 de agosto de 1936 en A Caeira, de espaldas a un pino y por un pelotón, dirigido por el teniente Antonio Vázquez Quintián y en el que estaba un amigo suyo de la infancia, que apuntó directamente al corazón.

Unas horas antes recibió la visita de su mujer, embarazada de cinco meses, y de sus cuatro hijos.

Escribió sus últimas voluntades y tres únicas cartas a Pedro Basanta, Víctor Casas y a su mujer, Amalia.

Hasta muerto se le negó reposar junto a la bandera gallega. Fue su íntimo amigo, Pepe Sesto, quien se precipitó al cementerio de San Mauro para que le hiciesen una pequeña bandera que le escondió en el pecho, mientras le besaba la frente.


"Non enterraron cadáveres, enterraron simiente"
(Castelao)










1030. El nacionalismo en Galicia. Los orígenes



“Para nosotros los gallegos el nacionalismo racista es un delito y un pecado. Nunca mediremos los diámetros de nuestro cráneo, ni se lo mediremos a nadie para ser admitido en nuestra comunidad” (Castelao)


Gabino Alonso Hernández / Vigo, 24 Julio 2014

Introducción teórica al nacionalismo

Se ha descrito que un proceso nacionalista consta siempre de tres fases evolutivas:

Fase 1: Las minorías intelectuales descubren la identidad diferencial de la nación

Fase 2: Agitación nacional en la cual las elites intentan ganar a sus conciudadanos para la causa mediante la formulación de sus reivindicaciones.

Fase 3: El movimiento nacionalista minoritario trata de convertirse en un movimiento de masas.

Partiendo de que una nación es una “Comunidad imaginada” en la cual los individuos se auto comprenden como miembros de la misma mediante la concurrencia de determinados rasgos o características “objetivas” seleccionadas: Lengua, cultura, territorio, raza,  no es la nación la que genera el nacionalismo, sino el nacionalismo el que produce la nación.


Los inicios del nacionalismo en Galicia

La inicial formulación del discurso nacionalista gallego tiene lugar en los movimientos que se autodenominaban “regionalistas”. A finales del siglo IXX surgieron organizaciones como “Asociación Regionalista Gallega” (1981) de carácter liberal; “Junta de defensa de Galicia” (1893), formada por católicos y tradicionalistas  y la “Liga Gallega”  (1897), de origen federal. Todas ellas promovían una muy diversa articulación política de Galicia.

Los liberales estaban bajo la dirección de Manuel Murguía y la definición de Galicia como nación no era aceptada por muchos de ellos que preferían la denominación de “Región Gallega”  y de “regionalismo" para su movimiento. Murguía sentó las primeras bases ya en 1865 de la concepción de Galicia como nación: “Galicia tiene territorio perfectamente delimitado, raza, lengua distinta, historia y condiciones especiales creadas gracias a esa misma diversidad… constituye, pues, una nación porque tiene todos los  caracteres propios de una nacionalidad”. La experiencia de la I Republica y el cantonalismo llevaría a Murguía a desestimar la alternativa federal que implicaría un estado propio para Galicia en el seno de una federación española,  tal y como proponían los republicanos federales con Aureliano Pereira a la cabeza. Murguía descartaba al mismo tiempo la republica a favor de la monarquía parlamentaria.

Por su parte, el sector católico-tradicionalista con su líder Alfredo Brañas, se postulaba de diferente manera, reclamando para Galicia la recuperación de las viejas instituciones políticas y un catolicismo fundamentalista: “No hay más patriotismo que el que nace de una fe sincera”. No reivindicaban “la autonomía” sino “las libertades gallegas” entendidas por los antiguos fueros, libertades comunales y franquicias populares, es decir, el regionalismo que valora más la Galicia tradicional como una crítica radical de la libertad. “Galicia es esencialmente agrícola: la industria fabril y el comercio no tiene vida propia; el movimiento vertiginoso de las fábricas, el humo espeso de las fundiciones, el rodar incesante de los vehículos, no constituye la fisonomía social de nuestra tierra”.


En el siglo XX

En la primera parte del siglo XX hay dos años señalados que dan lugar a la plena realidad de la concreción nacional de Galicia: 1916, en que aparecen las  “Irmandades da fala” y 1918 con la celebración de la Asamblea Nacionalista de Lugo.

En 1920 Vicente Risco será el formulador de la teoría nacionalista gallega. Partía de considerar a Galicia como una entidad objetiva y natural, que existía desde siempre ajena a la voluntad de la gente. El nacionalismo no la creaba, sino que su misión era recuperar la propia identidad y despertar en el pueblo gallego la conciencia de sus particularidades. Curiosamente, Vicente Risco, terminó con un cambio de posición hacia políticas reaccionarias y manifestando su apoyo al franquismo.

En los años 1930 y 1931, aparecieron muchas agrupaciones de signo galleguista de ámbito local como consecuencia del fracaso de la VI Asamblea de las Irmandades da Fala. Valentín Paz Andrade formó en Vigo el “Grupo Autonomista Galego”. Sus ideales eran una Galicia autónoma en la que el pueblo participaría en la resolución de sus problemas sin interferencias exteriores, con autonomía reconocida en la constitución, con derecho al uso del gallego y con igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Este discurso en sus línea maestras formaría el futuro alegato del “Partido Galleguista” fundado en 1931.


Camino de la Madurez

Con la proclamación de la II República y de una nueva constitución que permitía las autonomías, se concretó para el nacionalismo la creación de sus estructuras organizativas y el ámbito de su discurso e influencia.

El Partido Galleguista inicialmente era un movimiento cultural, social y político minoritario. No fue hasta su fracaso electoral de 1934 cuando comenzó a caminar hacia una mayor organización y alcanzar atractivo político, con la resolución del conflicto interno entre conservadores y republicanos que dio lugar varias escisiones de los conservadores. Fundaron “Dereita Galleguista” en 1936 con Vicente Risco como cabeza visible;  un grupo de afiliados en Pontevedra de tendencia católica liderados por Filgueira Valverde y otra escisión de afiliados de Santiago capitaneada por Morquera Perez, Fontenla y Manuel Beiras. Esto permitió la escora definitiva hacia las fuerzas republicanas del Partido Galleguista con Castelao y Boveda como máximos representantes. El Partido cambio su forma de actuación y entró a formar parte del Frente Popular, aceptando un estatuto de autonomía de mínimos.

Aparecieron los órganos de prensa como “A Nosa Terra”, “El Heraldo de Galicia“ e instituciones como “El Seminario de Estudos Galegos” o la “Misión Biológica de Galicia”, que dieron soporte y publicidad a los ideales del nacionalismo gallego y permitieron asentar sus bases ideológicas.

En las elecciones de febrero de 1936 el Frente Popular con la colaboración del Partido Galleguista logra 286.000 votos en Galicia, saliendo electos Castelao por Pontevedra y Suarez Picallo y Villar Ponte por la Coruña. Esta colaboración permitió el plebiscito y la aprobación del primer Estatuto de Autonomía para Galicia en 1936.

El golpe de estado contra la República, la inmediata Guerra Civil y el franquismo, rompieron de forma abrupta el movimiento nacionalista gallego, dando comienzo “a longa noite de pedra”.










834. “Sempre en Galiza" (Recordando a Castelao)

Alfonso Daniel Rodríguez Castelao Manuel
(Rianxo, 30 de enero de 1886 - Buenos Aires, 7 de enero de 1950)


“No se puede negar que había en todos los republicanos españoles un afán de considerar a Galicia como una madriguera de reaccionarios, sin más fundamento que la mala ley que nos tienen. Ningún antifascista se acordó de citar a Valladolid, pongo por caso de madriguera reaccionaria. No; sobre Castilla no podía caer ningún palo, sabiendo a ciencia cierta que fue la matriz antidemocrática. Los “nacionalistas” hicieron un mapa de las partes que se entregaron sin resistencia, en demostración de la lealtad de Castilla y de su “voluntad de Imperio”. Ni durante la guerra fueron capaces (se refiere a los republicanos) de comprendernos y estimarnos”.

“Su tema preferido consistía en llamarse progresistas y en acusar de retrógrados a los que no soportaban su ley. Combatían a los vascos por reaccionarios; a los gallegos, por reaccionarios; a los catalanes, por reaccionarios. Y a todo esto, las izquierdas y el mismo proletariado servían y seguían la hipócrita y taimada acusación de los centralistas. Podemos decir más: estas fuerzas luchaban a codazos para ponerse a la vanguardia del movimiento uniformista. La España castellana, que dentro del marco geográfico y cultural de Europa era extremo simétrico del Imperio Turco, se empeñó en considerar a Cataluña, Euzkadi y Galicia como países retrógrados. No se daría nada más risible si no existiera un ejército regular y la Guardia Civil par defender esta hipocresía, esta ficción, esta falsedad”.

“A toda España se le hizo creer que los gallegos éramos gente inferior, sin capacidad para el ejercicio de las artes y de las letras, y que nos oponíamos a los designios civilizadores de Castilla sólo por servir y sostener el bandidaje de los señores feudales; pero a nadie se le dijo que contaban con instituciones forales que concedían a los labriegos un comienzo de propiedad, base de los actuales minifundios, mientras que en la España castellana y en el España reconquistada por los castellanos a los moros, perdura el latifundismo feudal, y los labriegos aún son siervos, incapaces de regir sus propiedades”.

“A toda España se le hizo creer que los vascos defendieron a don Carlos por simple fanatismo religioso, y que opusieron su ferocidad de sentimientos al liberalismo iniciado en las Cortes de Cádiz, armando tres guerras civiles con el exclusivo objeto de restaurar la Monarquía despótica; pero a nadie se le dijo que los pseudo-liberales querían abolir los Fueros Vascos y arrasar, en nombre de Castilla, la nación más original de Europa”.”No es cierto que la intransigencia de las “derechas” y de las “izquierdas” sea un hecho irremediable de España, pues sólo es un hecho de castellanización del Estado y acabaría el día en que Cataluña, Euzkadi y Galicia fuesen libres y pudieran contrarrestar esa hegemonía”.


Los cuarteles españoles

“La bravura de los militares españoles era el miedo que metía miedo. El cuartel era un convento donde se juraba, se blasfemaba, se conspiraba contra el gobierno, se pelaban patatas y se tocaba la corneta. Los militares usaban bigote y padecían de catarro crónico. Se adornaban con plumas, charoles, hierros y botones dorados, para enamorar a las mujeres. Gustaban más de procesiones que de batallas. Perdían las guerras, eso es verdad, pero las perdían “gloriosamente”. Eran caballeros en el Casino y arrieros en el hogar. Llegaban a generales por riguroso turno de antigüedad y morían de prostatitis crónica. Se arruinaron comprando “marcos” y continuaban germanófilos”.

“El catolicismo español era una flor de trapo. Los clérigos eran desertores de la agricultura. Cantaban “flamenco” en vez de “gregoriano”. Vivían a costa del purgatorio y morían de indigestión o de apoplejía. Los clericales ponían en la puerta de su casa una efigie del Corazón de Jesús estampada en hojalata. Dentro del hogar vivían aconchabados con los siete pecados capitales. Compraban indulgencias y prestaban dinero al cien por cien. Por algo Dios dejó quemar las iglesias”.

“Estoy por decir que muchos republicanos sintieron el derrumbamiento de la Monarquía porque vivían exclusivamente de combatirla”.

“Si vamos al País Vasco nos encontraremos con un caso semejante, pero más admirable. No es que Euzkadi sea antimilitarista; es que siente incompatibilidad con los uniformes del Ejército español, al que odia cordialmente. Los capitalistas vascos crearon un gran poder financiero, incompatible con la pereza del capitalismo español, de cuya pereza ellos saben aprovecharse. Cierto que se dividían en carlistas, dinásticos y nacionalistas, pero todos juntos rechazaban el programa de la Falange Española. En cuanto a los católicos y al clero de Euzkadi, bien demostraron su incompatibilidad con los reaccionarios de secano”.

“Todo esto quiere decir que las tres nacionalidades avasalladas eran los baluartes de la República, los soportes de la verdadera libertad, y en ellas descansaría segura y firme, si los republicanos no fuesen ciegos y … centralistas."

“El caso de Euzkadi es más sencillo y más fuerte. El renacimiento vasco fue iniciado por la acción del Partido Nacionalista, creado por Sabino Arana en 1895. Las bases doctrinales del nacionalismo vasco contienen afirmaciones rotundas, encaminadas a enmendar el error carlista, y sólo confiadas a la virtud y fortaleza del pueblo. Euzkadi es la única nacionalidad hispana que se funda principalmente en las características de pueblo, y por lo tanto en la acción. No hay duda de que el País Vasco es también un “hecho de voluntad”; pero más permanente que el de Cataluña, porque se siente invulnerable a las contingencias políticas de España”.

“Sólo se quisieron atender las demandas abrumadoras de Cataluña y disfrazóse la concesión con prerrogativas generales que no se pensaban cumplir”.

“Los Estados autonómicos fueron considerados como recurso terapéutico, y no como solución liberal para soldar los diferentes pueblos que integran España”.

“El aplazamiento de las autonomías –por culpa de los trámites inventados para prolongar el sistema unitario- desintegró a Navarra del País Vasco, retrasando en cinco años la fortificación de un baluarte seguro de la democracia”.

“Los gobernantes provisionales de la República carecían de un plan de organización del Estado, y no tenían aliento para formarlo, y por no atreverse a resolver por decreto –pongo por caso- los simples problemas de justicia social, convocaron a toda prisa unas Cortes constituyentes, disfrazando con escrúpulos de leguleyo lo que en el fondo era indecisión, incapacidad y cobardía”.


Iba a ser una República Federal

“Me acuerdo de la noche en que se planteó el problema de la estructuración de la República, cuando la mayoría de los diputados nos disponíamos a votar a favor del sistema federal. Aquella votación hubiera sido absolutamente sincera porque fue promovida por una enmienda de alcance insospechado, que cogió de improviso a los valedores del Parlamento. Tan poca importancia se le dio a esta enmienda que el “banco azul” estaba desierto de ministros. Me acuerdo de que se levantó Santiago Alba y acoquinó a los diputados haciéndoles ver la sorpresa qur recibiría el presidente del Consejo de Ministros, al día siguiente cuando leyese en los diarios de la mañana que la República ya no era unitaria. Los expertos diputados de la Monarquía convencieron a los diputados novicios, y la votación se aplazó hasta conocer el criterio del Gobierno. Y así fue como las Cortes que hubieron dicho “sí”, dijeron “no”.

“Aprobóse, por fín (el Estatuto vasco) el día 1 de octubre de 1936, y no por mayoría de votos, sino por aclamación. Se evitó la tan temida controversia porque era necesario contentar a los vascos y estimularlos para que defendieran la República”.

“Acabáronse los Estatutos restringidos y regateados, que dejan vivos los viejos resentimiento y no curan las mutuas desconfianzas. Tampoco aceptamos que cualquier provincia o provincias limítrofes tengan derecho a reclamar un Estatuto autonómico. Para nosotros no hay más que una república viable: la que se basa en el libre consentimiento de las nacionalidades que integran España. Damos por bien muertas a la primera y segunda República y esperamos a la tercera. Esta tercera República será federal si quiere ser definitiva”.

“Yo creía que la posibilidad de que los españoles mudasen de pensamiento dependía de que mudasen de clima, pero ni aún así. Perdieron una guerra civil y armaron otra en seguida porque no son capaces de convivir consigo mismo. Y como yo estoy exento de responsabilidades y de complicidades, me veo obligado a decir que sólo vivo para Galicia, y que sólo confío en la cordura de los gallegos”.

“No aceptamos que se nos señale la obligación de luchar por la República española “porque ella va a ser la que nos conceda el Estatuto autonómico”, como dicen los republicanos de secano, pues somos nosotros, junto con los vascos, catalanes y demás pueblos hispánicos los que crearemos la unidad superior de todos los españoles, es decir, la República”.

“Lo que más nos duele es que los compañeros de destierro siguen soñando con la República del 31, causa indirecta de nuestro dolor”.

“El caso es que todos pensamos volver en cuanto podamos, y que la mayor parte de los desterrados cree que seremos recibidos con palmas y aclamaciones del pueblo. Yo, por lo menos, no lo creo así. Mucho más que nosotros –los que vivimos en América- está sufriendo la gente de España, que no tiene pan, ni ropa, ni sosiego, ni libertad. No hay peor destierro que el que se sufre en el propio país”.


Castilla es como Prusia

“No hay manera de hacerles ver que los refugiados tenemos derecho a ponernos de acuerdo para llevarnos a España un plan bien meditado y capaz de merecer la aprobación del pueblo. Y como ellos se privan de toda discusión provechosa, quieren que los gallegos, los vascos y los catalanes imitemos su proceder. La discusión que más temen es la que se refiere a los hechos diferenciales y a la consiguiente estructura del estado de mañana. Aplazan esa discusión para cuando se vean en campo propio y asistidos por el ambiente de la región mayoritaria. No les conviene discutir con nosotros en terreno neutral y expuestos a confesar su empedernido centralismo. Les resulta más cómodo discutir con nosotros en Madrid y ganarnos una votación en el Parlamento”.

“Llegan a decir que el problema gallego, igual que el vasco y el catalán, depende de la solución que acuerde la mayoría de los españoles. ¡Estábamos aviados!. No. La voluntad de los españoles debe consultarse para resolver los problemas generales de España; pero, en justicia, sólo Galicia debe resolver sus asuntos privados, como es dueña de tomar la posición que se le antoje frente a los demás españoles”.

“Lo que pasa es que no quieren cambiar la opinión unitaria en opinión federal, porque ellos son unitarios y centralistas”.

“El ruralismo gallego venció al terror clásico que nos acechaba desde el bosque y desde el mar; pero Castilla, sin bosques y sin mares, vive aún en sus ciudades, en un urbanismo creado por el medio y mantenido por epopeyas vanidosas, dentro de un Estado-poder que nunca será un Estado-nación”.

“A los pueblos y a las tierras hay que juzgarlos en toda la hondura que tienen y no hay duda de que la Galicia actual comienza en las edades prehistóricas, así como las formas actuales de Castilla, incluso el paisaje, tienen su nacimiento en los últimos períodos de la reconquista. Imaginémonos una resurrección de los muertos de hace mil años: un gallego reconocería a su tierra; un castellano no sabría decir dónde estaba”.

“Podemos afirmar, con palabras de Otero Pedrayo, que “si en el mapa de la conciencia moderna Roma es la fuerza, París la escuela, Florencia la gracia y Londres el orden, Santiago es la fe”; pero después pregunto yo: ¿Qué representa Madrid en la conciencia del mundo?. Nada.”

“Nuestro genio creador marcaba a los varones hazañosos de Galicia el camino que debían seguir, y éste no era otro que el de unirse a Portugal en vez de ayudar a Castilla. La grandeza histórica de Portugal nos hace ver hoy lo que significaría para España una restauración de la antigua unidad galaica, -la de los tiempos romanos y suevos-, pues ahora estarían coordinadas las variedades hispánicas en un Estado europeo, principalmente atlántico. De Castilla y de los módulos castellanos sólo podría salir la España que estamos viendo y padeciendo”.

“… sirva como ejemplo la influencia de Roma, que con ser tan imperiosa no pudo atacar la lengua vasca y originó varios dialectos, de los que aún quedan tres: el castellano, el catalán y el gallego”.

“Pero Castilla rompió, sin darse cuenta, la unificación hispana que se estaba formando espontáneamente, y hoy es el gran obstáculo para que lleguemos a la unidad pactada; creó resentimientos incurables en Portugal y Cataluña, y después de cuatro siglos de torpezas, ejercidas sobre Euzkadi y Galicia, aún hoy pretende que todos los españoles seamos castellanos”.

“Castilla se afincó en conceptos cerrados, omnipotentes, intangibles; fulminó castigos y excomuniones; impuso un catolicismo más intolerante que el de Roma; declaróse, por medio de la Inquisición, proveedora general de la felicidad ultraterrena; suprimió, siempre que pudo, las soberanías ajenas; usurpó los poderes; propuso, en fín, la posibilidad de fusión o de acoplamiento de las realidades –lenguas, culturas, derechos, tradiciones, haciendas- al propósito de ser dueña y señora de España. La unidad, por lo visto, ni estaba en armonizar todo cuanto fuese español, es decir, propio de los diferentes pueblos que habitaban la península; estaba en la imposición de todo cuanto fuese castellano y propio de los castellanos. Y como Castilla fue engendrada y parida en el estruendo guerrero de la Reconquista, siempre consideraron indigno de su prosapia manejar el arado y fecundar la tierra. Castilla, dueña y señora de España, recibió en herencia inesperada la mitad de Europa y ganó, por un descubrimiento casual, el mundo fabuloso de las Américas. Pues bien, la España centralista perdió todo cuanto tuvo y ni siquiera pudo preservar la integridad de la península”.


No queremos pedir permiso a nadie

“El gallego es la forma más antigua de las lenguas neolatinas de España y la primera que alcanzó un pleno desarrollo literario. ¿No es, pues, una impudicia negarle al gallego el carácter de idioma cuando no se le regatea al castellano?”.

“La poderosa particularidad de Castilla frustró la nacionalidad hispana iniciada en los tiempos visigodos, y la lengua gallega, con todas sus disposiciones culturales, tuvo que retornar a los patrios lares, donde aún vive, al margen de esa entelequia que se viene llamando “nación española”.

“Los gallegos no discutimos el derecho de Galicia a ser una nacionalidad, porque Galicia ya es una nacionalidad. Discutimos los derechos que como tal se le deben y ejercemos un deber cuando reclamamos ese derecho”.

“Cuando entramos en la esfera del espíritu, nos sentimos cada vez más “nacionalistas, es decir, más apartados del espíritu de Castilla. Somos generosos ante España y lo seríamos mucho más ante un estado peninsular organizado en régimen federal; pero somos intransigentes ante Castilla. Somos en fin, verdaderos “nacionalistas”.

“Frente a la política asimilista de los castellanos no nos queda más que un recurso: oponer una recia acción nacionalista. La intransigencia de los gallegos, frente a la intolerancia de Castilla es un acto de indeclinable dignidad”.

“Los “nacionalistas” gallegos salimos del “regionalismo” por considerarlo impreciso y, por ello, favorable a toda clase de embrollos y extravíos; defendemos como principio general la soberanía de todas las nacionalidades y reclamamos para Galicia las garantías de su libre desarrollo y de su fecundidad; denunciamos al Estado español como instrumento de la política absorbente de Castilla, y como perturbador de la vida pública; negamos que la unidad española fuese, en su origen y desarrollo, establecida por la voluntad histórica de todos los grupos; afirmamos, que la heterogeneidad de las fuerzas étnicas de España son la mejor riqueza para un Estado capaz de estimarlas y aprovecharlas. Los “nacionalistas” gallegos vemos que el Estado español es una organización teórica, un ente abstracto sin pies ni cabeza”.

“Los catalanes, los gallegos y los vascos serían antiespañoles si quisieran imponer su modo de hablar a la gente de Castilla; pero son patriotas cuando aman su lengua y no se avienen a cambiarla por otra. Nosotros comprendemos que a un gallego, a un vasco o a un catalán que no quiera ser español se le llame separatista; pero yo pregunto cómo debe llamársele a un gallego que no quiera ser gallego, a un vasco que no quiera ser vasco, a un catalán que no quiera ser catalán. Estoy seguro de que en Castilla, a estos compatriotas les llaman “buenos españoles”, “modelo de patriotas”, cuando en realidad son traidores a sí mismos y a la tierra que les dio el ser. ¡Estos si que son separatistas”

Fuente del texto: Blog Iñaki Anasagasti 

Las imágenes han sido seleccionadas por los administradores.








739. Tan Miss España como galleguista

Emilia Docet, 'sex symbol' de la República, mitineó junto a Castelao o Risco.


Diego Giráldez - 9/01/2011  - elpais.com

Emilia Docet nace en Vigo en 1913, cuando al marketing se le llamaba propaganda y el concepto de ciberpolítica no existía ni soñado. En el año 1933 fue elegida Miss España y, casi sin darle tiempo a desprenderse de la banda, se convirtió en la imagen del recién constituido Partido Galeguista (PG). Un famoso vende, y el PG contaba con la miss para empujar su mensaje político exactamente igual que lo hacía La Peninsular -empresa tudense de la que era imagen- para vender sus galletas Pitusín.

"La verdad es que su aparición en aquel momento político alcanzó una importante repercusión. Todos estábamos un poco sorprendidos de que una mujer que había ganado un certamen de esas características hubiese tenido aquella actividad tan marcadamente galleguista", comenta el cooperativista histórico Avelino Pousa Antelo. "Además, el PG estaba conformándose y no cabe duda de que la imagen de una mujer que tenía tanta presencia en los medios era una buena propaganda".

Docet, por aquella época, era una celebridad que apostaba por dos maneras de respirar un tanto dispares y, en principio, sociopolíticamente contradictorias: tan Miss España como galleguista. Es cierto que el partido de Castelao, Risco o Bóveda aprovechó el tirón mediático de la modelo, pero también lo es que la viguesa no se habría involucrado con esa contundencia si su ideología no fuese afín al ideario del PG. "Desde mi punto de vista creo que su implicación política tenía raíces en la relación familiar que mantenía con la esposa de Núñez Búa", apunta el intelectual galleguista Isaac Díaz Pardo. "La compañera de Xosé Núñez Búa, maestro exiliado en Argentina y uno de los fundadores del PG, era pariente de la modelo. Recuerdo hablar con ella, Olivia Valladares Docet, sobre Emilia en Buenos Aires".

Su vinculación con el partido fue realmente importante. Emilia Docet llegó a participar en el famoso Mitin das Arengas de 1934, en la Praza da Quintana, junto a Castelao, Bóveda, Otero Pedrayo, Paz Andrade y Suárez Picallo, y se convirtió en la primera mujer que lo hacía. Según las crónicas de la prensa del momento, pronunció uno de los discursos más bellos y sólidos. Además, destacó también por su implicación social: se presentó ante el ministro de Agricultura republicano para pedirle que levantara el embargo a los 7.000 campesinos avalistas del préstamo estatal -concedido años antes por el dictador Primo de Rivera- para construir el matadero rural de O Porriño.

Era un mujer que luchó por reivindicarse, sobre todo en una época en la que los hombres copaban las cimas de todos los estamentos sociales. El investigador Xosé Ramón Paz Antón, estudioso del contexto histórico en el que Docet empezó a ser conocida, cree que la viguesa "fue una representante de las nuevas mujeres que surgieron en los años veinte: otras ropas, cosmopolitismo, deportes, conducir coches...". Paz Antón recuerda haber leído en prensa un episodio protagonizado por la modelo que refleja el carácter que la definía: eran las fiestas de San Telmo en Tui y la invitaron a participar en una demostración de natación en el río (era una fantástica nadadora en el estilo crawl). Se montó cierto revuelo por el hecho de que aquella señorita se hubiese presentado allí en bañador. Ante esta situación, Emilia dio media vuelta y se negó a hacer la demostración. "Era guapa, muy guapa", recuerda Pousa Antelo. "En cierta ocasión tuve la oportunidad de hablar con un hijo de Docet. Recuerdo que le dije que su madre era una diva. No le pareció nada bien... Yo en absoluto lo había dicho en sentido peyorativo, al contrario", acaba el viejo galleguista.

Una de las escasas imágenes que circulan relacionadas con la viguesa y su implicación política es la que inmortaliza un homenaje que le organizaron los galleguistas de Ourense. En aquel banquete -celebrado el 16 de junio de 1933 en el Hotel Miño- Emilia Docet posa delante de una bandera gallega arropada por Otero Pedrayo, Vicente Risco y Álvaro Cunqueiro, entre otros. Acababa de convertirse en un símbolo centralizador de una España casposa, machista, y ella, posiblemente, lo celebró charlando en los cafés sobre algo parecido a un Estatuto de Autonomía.

Banquete galeguista a Emilia Docet e a Manuel Luís Acuña no hotel Miño de Ourense en 1933. De pé, de esquerda a dereita: Vicente Risco, un reloxeiro d´El Cronómetro, Ramiro Illa Couto, Leuter González Salgado, Ánxeles Otero, Álvaro Cunqueiro, Emilia Docet, Manuel Luís Acuña, Ramón Otero Pedrayo, Mari Luz Morales, Ricardo Fernández Morales, María Josefa Bustamante, Eduardo Blanco Amor e Xoán Luís Ramos Colemán. Sentados, de esquerda a dereita: Miguel Valencia, J. Villagarcía, Roberto Vázquez-Monxardín, Elina Carballo, Esther Peña Bouzas, Alberto Vázquez-Monxardín, Manuel Peña Rei, Emilia Blanco Maneiro, Xosé Goyanes e Daniel Piñeiro.