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3343. El oficio del poeta





Contemplar las palabras   
sobre el papel escritas,   
medirlas, sopesar   
su cuerpo en el conjunto   
del poema, y después,   
igual que un artesano,   
separarse a mirar   
cómo la luz emerge   
de la sutil textura.   

Así es el viejo oficio   
del poeta, que comienza   
en la idea, en el soplo   
sobre el polvo infinito   
de la memoria, sobre   
la experiencia vivida,   
la historia, los deseos,   
las pasiones del hombre.   

La materia del canto   
nos lo ha ofrecido el pueblo   
con su voz. Devolvamos   
las palabras reunidas   
a su auténtico dueño


José A. Goytisolo
Algo sucede, 1968









3341. Donde tú no estuvieras


Víctimas del bombardeo sobre Barcelona (16, 17 y 18 de marzo de 1938)


Dónde tú no estuvieras,
como en este recinto, cercada por la vida,
en cualquier paradero, conocido o distante,
leería tu nombre.

Aquí, cuando empezaste a vivir para el mármol,
cuando se abrió a la sombra tu cuerpo desgarrado,
pusieron una fecha: diecisiete de marzo. Y suspiraron
tranquilos, y rezaron por ti. Te concluyeron.

Alrededor de ti, de lo que fuiste,
en pozos similares, y en funestos estantes,
otros, sal o ceniza, te hacen imperceptible.

Lo miro todo, lo palpo todo:
hierros, urnas, altares,
una antigua vasija, retratos carcomidos por la lluvia,
citas sagradas, nombres,
anillos de latón, sucias coronas, horribles
poesías…
Quiero ser familiar con todo esto.

Pero tu nombre sigue aquí,
tu ausencia y tu recuerdo
siguen aquí.

¡Aquí!

donde tú no estarías,
si una hermosa mañana, con música de flores,
los dioses no te hubieran olvidado.


José Agustín Goytisolo








3154. Soldado sí




Madre dicen que debemos
ir a matar o a morir
y los que lo dicen madre
y los que lo dicen madre
nos están matando aquí.

Soldado así yo no quiero
soldado yo
soldado contra mi hermano
soldado no.

Frente al tirano y sus leyes
yo mi corazón pondría
para que volviera al aire
para que volviera al aire
por tu casa y por la mía.

Soldado así yo sería
soldado así
soldado junto a mi hermano
soldado sí.


José A. Goytisolo
Palabras para Julia y otros poemas, 1979









3150. Nadie está solo




En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad.   

Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?

Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. 

¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?


José A. Goytiloso
Palabras para Julia y otros poemas, 1979







3142. La guerra


Madrid, noviembre de 1936



De pronto, el aire
se abatió, encendido,
cayó, como una espada,
sobre la tierra. ¡Oh, sí,
recuerdo los clamores!

Entre el humo y la sangre,
miré los muros
de la patria mía,
como ciego miré
por todas partes,
buscando un pecho,
una palabra, algo
donde esconder el llanto.

Y encontré sólo muerte, 
ruina y muerte
bajo el cielo vacío.


José A. Goytisolo
Años decisivos, 1961








3080. Algo sucede

Vecinos de Madrid comprobando listas del censo instaladas en la Plaza Mayor, para votar al año siguiente en el referendum sobre la 
ley de sucesión a la Jefatura del Estado. 25 mayo 1946


Amigos ya lo veis pasan los años
y parece que ahora
sigan las cosas como el primer día.

Nos hemos reunido ciertas veces
en extraños cafés
en tu casa en la mía
hemos charlado largamente
redactado los pasquines hasta el alba
discutido el problema
y siempre nos decimos que esto acaba
que no puede durar
y muchos hemos apostado cenas no sé dinero
a que antes de fin de año algo sucede
y siempre hemos perdido.

Así sin darnos cuenta
entre reunión y papeleo oscuro
entre miedo y registros y porfía
hemos envejecido poco a poco
pasando de la calle a la oficina
del calabozo al fútbol
y de la espera a la melancolía.

Y sin embargo os digo que tenemos razón
y que vale la pena continuar
porque algo está ocurriendo
algo ha cambiado en este espeso ambiente:

ellos están cansados
también están cansados
gritan y cantan para no admitirlo
mas sus camisas mudan de color
y duermen mal

y toman pastillitas
ponen dinero en Berna o en Manila
y no saben no saben que el peligro
está cerca muy cerca
no en Cuba ni en Angola
sino en su casa en medio de sus hijos
en sus despachos y hasta en las iglesias
porque el mundo camina
con el paso implacable de hombres como vosotros
que creen en la vida y que por eso
mueven el mundo sin pegar un tiro
mientras sea posible
o bien pegándolo.


José Agustín Goytisolo
Bajo tolerancia, 1974







3006. Testimonio






Quiero dejar por escrito
lo que pasa.

Voy al balcón: asomo
la cabeza.

Veo crespones; lanzas
que rodean

el ataúd que encierra
la alegría.

Suena un clarín y se alza
la bandera.

Se oye una vocecita
ridícula.

Después un gran silencio:
sólo un niño

llora. Son las exequias
de la libertad.


José Agustín Goytisolo.
Claridad –  IV  La puta vida, 1961








2812. Autobiografía




“Fui un mísero afligido desde mi mocedad,
siempre lleno de espanto, lleno de tristeza…”
(Salm., 88, 16)


Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste,
y mi padre decía,
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío,
no sirves para nada.

Después me fui al colegio
con pan y con adioses,
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño,
no sirves para nada.

Vino, luego, la guerra,
la muerte –yo la vi
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron,
yo, triste, seguí oyendo:
no sirves para nada.

Y cuando me pusieron
los pantalones largos,
la tristeza en seguida
cambió de pantalones.

Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.

En la calle, en las aulas,
odiando y aprendiendo
la injusticia y sus leyes,
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.

De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día,
la muchacha que amo
me dijo, y era alegre:

Ahora con ella, voy limpio
y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que, a veces, digo,
también con alegría:
no sirves para nada.


José Agustín Goytisolo
Salmos al viento, 1958