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1476. Felipe Matarranz, «El Lobo»

«Todo se desvanece, se salva el recuerdo»
Albert Camus


María Torres / 24 Mayo 2015

Con 99 años se nos ha ido Felipe Matarranz, "Capitán Lobo", guerrillero antifranquista. Dos condenas a muerte, once años de presidio en doce cárceles distintas, tres fugas y ocho años como enlace general de la guerrilla en Asturias y Cantabria.

Tenía 14 años cuando se afilió a las Juventudes Comunistas. Al unificarse con las socialistas surgieron las JSU.

«Todavía hay quien dice que luchamos anarquistas por un lado, comunistas por el otro... Lo que hicimos fue defender la República y el Gobierno salido de las urnas del 16 de febrero de 1936»

Antes que guerrillero, fue miliciano. El 19 de julio de 1936 ya formaba parte de las milicias locales de Torrelavega y participó en la defensa del puerto de El Escudo.

«No teníamos más que escopetas de caza y, a veces, ni eso... algunas eran de aire comprimido. Los enemigos llevaban fusiles y pistolas. No teníamos ningún conocimiento sobre la guerra»

Después, ya integrado en el EPR, como cabo en el Batallón 110 defendió puntos del Frente Norte de Asturias, Cantabria y el País Vasco. Participó también en la batalla de El Mazucu.

«Aún tengo en la cabeza el sonido de las bombas cayendo sobre nosotros. Sueño con ellas y con el momento en que tuvimos que retirarnos, dejando atras a cientos de compañeros muertos» 

Y unas semanas antes de la caída de Frente Norte:

«Yo escapé de Santander y quería llegar a La Franca, que era mi pueblo. Me cogieron en Torrelavega, me detuvieron, me juzgaron y me condenaron a muerte. Pero no me mataron. Luego, al poco, me volvieron a juzgar y otra vez me volvieron a condenar a muerte»

Después llegaría el periplo carcelario carcel:  Torrelavega, Santander, Alcalá de Henares...

«Fuimos educados para eso, para no ser esclavos voluntarios, antes preferíamos morir. Al día siguiente de salir de la cárcel me convertí en enlace general de la guerrilla del comité regional de Asturias y el comité provincial de Santander. Teníamos que vivir en la clandestinidad y apenas conocíamos datos de los demás enlaces. Me hice pasar por falangista, hasta tenía un carné (con el nombre de José Lobo) y llevaba una pistola dentro de un libro de Franco, y también una chapa religiosa en la solapa. Me juzgaron por terrorismo y bandolerismo cuando en realidad nosotros éramos soldados de la República que no entregamos el fusil y que seguimos luchando en el llano y en la montaña»

En 1948 una traición hizó que fuera apresado de nuevo:

«Nosotros, los guerrilleros, somos los soldados de la República que nunca entregamos el fusil. Luchamos en la milicia, luchamos en la cárcel, en el monte, siempre... »

Y muchos años después decía:

«La guerrilla no acabó, nunca se acabó. Sigo siendo un guerrillero; nunca dejé de serlo, porque jamás renegué de los ideales por los que luche: los derechos de la clase trabajadora y la libertad». 

Nada fue en vano capitán "Lobo", queda lo que nos dejaste, queda tu lucha, tu memoria.









387. "Las verdaderas héroes de la Guerra Civil fueron las mujeres"

Mujeres republicanas en el frente de Teruel.
La segunda comenzando por la derecha es Rosario Sánchez Mora, "La Dinamitera"


Felipe Matarranz recuerda el 18 de julio de 1936 que vivió en Torrelavega. "Recuerdo aquel 17 de julio. Yo vivía en Torrelavega. Ya nos habían avisado lo que iba a pasar en África. La gente salía a la calle, iba y venía con miedo gritando: ¿Sabéis lo que ha pasado?", rememoraba ayer el asturiano de 96 intrépidas primaveras, Felipe Matarranz. Escasos minutos más tarde, aquel mozuco asturiano de 20 años, con otros cuatro amigos de las Juventudes Socialistas Unificadas tomaron el ayuntamiento. "Le dije al alcalde: ¡fuera! Que nos vamos a hacer cargo del ayuntamiento. Me dijo, ¿fuera? Yo también me quedo con vosotros para luchar contra los sublevados". Al día siguiente, 18 de julio, ingresó en las milicias populares, siendo elegido jefe de su grupo.

Pasados 75 años, este comunista que luchó entre otros sitios en Bizkaia y Gipuzkoa, sigue siendo "el soldado que defendió la República. Sigo luchando". Hasta el punto de que ayer mismo una televisión madrileña le pidió una entrevista junto a un franquista. "¿Un franquista? ¡Lejos! No eran nacionales. Los nacionales reales éramos nosotros. Ellos eran invasores. Franco fue un invasor. ¿Yo con un franquista? De ninguna manera: traidores", diferencia con energía. "Hoy vivimos en un franquismo sin Franco. El 14 de abril de 1931, la bandera era tricolor y al morir Franco, se mantuvo la bicolor. Eso significa algo".

Matarranz (La Franca, Asturias/1915) es una leyenda republicana muy viva. "Ahora nos llaman para entrevistas, cuando estamos para morir, aunque a mí no me duele nada", subraya con lozanía. Conocido como José El Lobo, en sus cuatro años como enlace en el monte, detesta calificativos como maquis o guerrillero. "Yo repito, soy soldado republicano. Además, nos veían como héroes. Ya te digo yo quiénes fueron los héroes de la clandestinidad: ¡Las mujeres! No lo dice nadie. Y ellas se jugaban la vida, además, de hacer lumbre para nosotros, comida, lavar la ropa… Además, les torturaban, incluso violaban. Algunos maridos no han llegado a saber que su mujer fue violada y a mí me lo han confesado", enfatiza este comunista que aprendió de su padre que "hay dos tipos de personas: los capitalistas y los trabajadores". "Yo soy de los segundos. Si muchos votan al PP es porque el fascismo hizo su trabajo: sabían que un pueblo inculto lo domina cualquiera. Y así nos va, aunque a mí el PCE también me ha olvidado. Sus dirigentes; no la base".

Setenta y cinco años atrás, al tomar el ayuntamiento de Torrelavega, Matarranz y otros compañeros de la JSU reunieron todas las escopetas de los cazadores del pueblo para luchar contra los franquistas, se acercaron a la mina de Reocín a por dinamita e, incluso, se las ingeniaron para inventar un tipo de bombas con botes de pimientos y metralla sobre una mesa pequeña. "¡Ya teníamos bombas!", resume quien sufrió cárcel, torturas y fue considerado "hombre peligroso para la patria". El 10 de octubre de 1936 fue herido en combate de forma grave con una bala que le salió por los riñones." Me echaron donde los muertos y vivo gracias a un médico que se dio cuenta de que no estaba tieso", concluye quien el lunes no "veré tele ni pondré la radio. Yo ya sé lo que pasó. ¡Y la verdad!".