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958. Matar a bomba limpia

Enrique Cerdán Tato / El Pais 24/05/2008


Que estirpe de bestias se perpetúa en el helado regazo del capital y sus extensiones.

Aún me remueve las tripas la la expresión de aquel niño destrozado por la metralla y que no quería morir, ¿y a quién no se le remueven?, ¿y a quién no, por el espanto reflejado en el rostro de un niño o de una niña o de un adulto, palestino, iraquí, o de cualquier otra parte del planeta donde acampan los asesinos y la carnicería? Pero aquel niño destrozado por la metralla y que no quería morir, era de aquí, al lado mismo, y se dio con una bomba fascista que venía de los cielos, cuando su ángel de la guarda hacía novillos en vuelo rasante y su madre corría a comprar sardinas, en un puesto del mercado. Mañana, 25 de mayo, se cumplen 70 años, de la criminal agresión de la aviación italiana, sobre la ciudad de Alicante. Era miércoles y poco antes del mediodía, la sombra de los Saboya se cernió, como un Dios impasible, sobre la gente más sencilla e inerme, que andaba con prisas a hacer la compra del día. Qué hazaña la de aquellos aviadores italianos que se montaron una patria bravucona, con despojos de la inocencia y olor a sangre. Noventa bombas devastaron el mercado y sus alrededores y se cobraron la vida de varios centenares de mujeres, de niños, de mayores, en una operación calculada sobre los mapas del resentimiento. Hoy, sábado, a las doce, como otros años, se pondrán flores, palabras, canciones y versos, recuerdos, a tantos queridos muertos, en el mismo lugar donde el fascismo mercenario al servicio del dictador Franco puso terror y exhibió su indignidad. ¿Cuántos muertos los del bombardeo de aquel 25 de mayo de 1938? Es difícil. Historiadores, cronistas e investigadores recurrimos a fuentes diversas, poco fiables, y nada coincidentes. Desde los 62, que Salas Larrazábal cifra en su libro Pérdidas de la guerra, para todo el año 1938, hasta los 393, referidos tan solo a la citada fecha, que he encontrado recientemente en la fotocopia de una relación numérica, que se conserva en el Archivo Municipal, con el sello de Cementerios, elaborada hacia 1940, es decir, por el primer Ayuntamiento de la dictadura, hay una muy considerable diferencia. Claro que no se podía esperar mucho más del general e historiador franquista Salas Larrazábal, quien al trágico capítulo de muertos a bombazo limpio, lo titula como si se tratara de uno de esos enigmáticos expedientes X. Lo titula, agárrense bien, muertos por "accidente producido por cuerpo extraño". Mientras se dilucida, si es posible, ese, en cualquier caso, fatídico número, también se pretende esclarecer otros aspectos de tan dramático episodio, y muy en particular honrar merecidamente a cuantos perdieron la vida, en aquella tremenda infamia, que una comisión británica, enviada por el Gobierno conservador de Chamberlain, constató y calificó de "agresiones deliberadas contra la población civil". 

Si a Guernika, el Gobierno alemán le pidió perdón por las atrocidades de la Legión Cóndor, Berlusconi debería pedir perdón a Alicante. Pero Berlusconi no pasa de carabinieri.

Y la memoria también es un arma cargada de futuro.


La imagen que ilustra es texto es de Tony López.









231. Bombardeo del Mercado Central de Alicante




"Cuando bombardeaban, primero sonaban las sirenas para que la gente se refugiara, pero aquel día no lo hicieron. Mi padre, Baltasar Ortiz, trabajaba en el Mercado y nos tenía dicho a uno de mis hermanos, de diez años, y a mí que cuando las escucháramos saliéramos del colegio que estaba cerca y fuéramos allí para escondernos con él en los bajos. Al percatarse de que atacaban, la profesora nos dejó salir en su busca. Veíamos los aviones y los fogonazos y a mi padre en la plaza con la mano en alto que nos llamaba para que acudiésemos. De repente, vi un avión caer y me refugié. Pero no cayó. Al llegar a la altura de los edificios, levantó el vuelo y fue cuando soltó la bomba que le cayó encima a mi padre. Una mujer cobijó a mi hermano en una pensión y salió ileso. Yo perdí el conocimiento con la explosión y quedé debajo de una puerta. Cuando recobre la conciencia, vi que tenía grandes heridas y se me salían las tripas" (Juan Ortíz, superviviente) 


María Torres / Mayo 2012 (Revisado Mayo 2013)

Eran las 11:15 horas del miércoles 25 de mayo de 1938. La ciudad de Alicante, fiel a la República hasta el final de la guerra, llevaba meses resistiendo en condiciones muy difíciles. Era la hora de mayor afluencia en el Mercado Central. Acababa de llegar una remesa especial de sardinas, alimento básico y accesible por el precio para los tiempos de hambre y la población alicantina había acudido masivamente al mercado en busca de algo que comer.

Eran las 11:15 horas del día 25 de mayo de 1938, cuando dos escuadrillas de aviones Savoia SM-79 “Sparviero” del bando rebelde, con tripulación italiana,  al mando de los capitanes De Prato y Zigiotti procedentes de Mallorca, lanzaron sobre la población de Alicante, con cuatro minutos de intervalo, alrededor de 90 bombas, continuando con la campaña de terror ordenada por las autoridades franquistas, con el único objetivo de dañar a la población civil.

Fue uno de los ataques aéreos más sangrientos e indiscriminados de la Guerra Española. La alarma antiaérea no funcionó, y nadie pudo acudir a los refugios antiaéreos que habían en la ciudad. Las bombas de amplia capacidad de destrucción estallaron en el Mercado y su plaza y en otros puntos de la ciudad.

Las cifras de muertos son indeterminadas, aunque se calcula que hubo más de trescientos muertos. En el registro del cementerio municipal figuran 275 víctimas, (100 hombres, 56 mujeres, más de 10 niños y más de 100 personas no identificadas) Además se estima que el número de heridos alcanzó las mil personas.

Entre los documentos conservados en el Archivo Municipal de Alicante se encuentra uno realizado por las autoridades franquistas bajo el título "Relación numérica de los muertos habidos a consecuencia de los bombardeos aéreos que sufrió la ciudad" en el que se da la cifra de 393 muertos tras el Bombardeo del 25 de mayo. En la placa colocada por el Ayuntamiento en la Plaza del 25 de mayo se habla de 311 muertos.

La comisión británica que investigó el bombardeo dictaminó que había sido un ataque deliberado contra la población civil. Las víctimas, en su mayoría, fueron enterradas en fosas comunes del cuadro nº 12 del Cementerio Municipal de Alicante y permanecieron sin lápida ni recordatorio alguno hasta el año 1995.

Cuando un corresponsal del Times preguntó a Franco sobre este suceso, su respuesta fue la siguiente:

"El bombardeo de las poblaciones civiles por nuestros aviones (lo afirmo rotundamente) no existe. Se bombardean tan sólo objetivos de carácter militar. Es cierto que se producen bajas entre la población civil. Y son muy de lamentar. Pero el Gobierno rojo, lejos de evitarlas, las sitúa cerca de los objetivos militares. Después de todo, el ejército rojo necesita y desea esas víctimas para su propaganda"

75 años después de aquella masacre, y gracias al trabajo de la Comisión Cívica de Alicante por la Recuperación de la Memoria Histórica y a las aportaciones populares, se inaugurará en la Plaza del Mercado el día 25 a las 11:00 horas el monumento "Todos los días a las doce" a las víctimas del bombardeo fascista.

Trescientas luces se iluminarán cada día a las doce de la mañana en recuerdo de las trescientas víctimas.