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2895. El largo viaje




El largo viaje había llegado a su término.

Como si procedieran del otro lado del mundo.

—Ahora sí, venga, que papá nos estará esperando. —Era la orden de puesta en marcha.

El hombre de la mirada huidiza y la gorra calada hasta las cejas fue el primero en recoger la vieja maleta atada con una cuerda, y enfilar hacia la puerta de salida. La mujer de los ojos enrojecidos y el semblante pálido cargó sin ayuda las dos enormes bolsas formadas por hatos de ropa. La pareja estrechamente unida y temerosa se ocupó de dos maletas y un cesto cubierto por una mantita raída. El quinto de rostro enjuto, en cambio, se acercó a ellos. Había deslizado no pocas miradas en dirección a Fuensanta y Úrsula antes de decantarse por la primera, la mayor, ya muy mujer.

Mucho.

—¿Puedo ayudarlas?

—No, gracias. Somos cuatro. Podemos con todo.

—Como quieran.

Una última mirada. Fuensanta apartó los ojos. Barcos en la noche. Era la más alta, así que se ocupó de bajar las tres maletas y los dos hatillos de la parte de arriba. Para cuando enfilaron el pasillo, el quinto ya no se encontraba a la vista y el vagón se estaba vaciando.

—Cuidado, no les des golpes, no sea que se abran y se desparrame todo por el suelo —le dijo Carmen a su hijo.

—Yo cargo ésta, que es la que más pesa —se ofreció Úrsula.

—Deja, ya la llevo yo. Tú coge la otra y este hatillo —decidió Fuensanta.

Llegaron a la plataforma, descendieron los tres escalones y pusieron su primer pie en tierra. La Estación de Francia era inmensa, bulliciosa. Olía a trenes y vida. Olía a máquinas y tiempo.

Allí, en alguna parte, tras los andenes, estaría Antonio.

Cuatro años.

Otra vida perdida.

Carmen elevó la cabeza, como si pudiera verlo de buenas a primeras. Fuensanta se dio cuenta de ello y la imitó. Úrsula y Salvador, en cambio, contemplaban la estación, el alto techo, los contornos de su primera Barcelona, asimilando toda aquella descarga de energía brutal que nunca olvidarían.

Carmen tomó una vez más el mando.

—No os separéis, ¿eh?

Caminaron unos metros, no demasiados.

La pareja de hombres, serios, trajeados, salió de alguna parte.

Ni siquiera se dieron cuenta de nada hasta que uno les cortó el paso y el otro levantó la solapa de su chaqueta para mostrarles el distintivo.

—Papeles.

—¿Cómo dice?
—Papeles.

—Mi marido está…

—Señora, papeles. —El tono fue cortante.

Seco.

—Perdone.

Tuvo que agacharse, desanudar su hatillo, revolver por entre las dos cajas de recuerdos, lo más indispensable, porque el resto se había quedado atrás. Cuando se levantó les entregó toda la documentación que llevaban encima. Incluido el libro de familia.

—¿De dónde vienen?

—De Murcia.

—¿De qué parte?

—De Isla Plana. Bueno, de Mazarrón, aunque yo nací en…

—¿Y los salvoconductos?

—¿Cómo dice?

—¿Está sorda, señora? Los salvoconductos.

—No tengo nada más que eso. —Señaló lo que acababa de entregarle.

—Entonces tienen que acompañarnos. —El hombre le puso la mano en el brazo.

—¿Acompañarles? ¿Adónde?

—Ya lo verá.

La mano se convirtió en una zarpa. El otro hombre le puso la suya a Salvador en el hombro.

—Oiga, venimos a trabajar… —Carmen sintió que un enorme peso lastraba su cuerpo y convertía en inconexas sus palabras—. Mi marido y su primo nos han encontrado trabajo a mis hijas y a mí, porque el niño va a estudiar. Si me dejan ir a buscarle… Él les contará… Tenemos casa. Tenemos donde ir… Por favor…

El hombre tiró de ella. Ya no la escuchaba.

—Tú vigila que no echen a correr —le dijo a su compañero.

—Mamá… —se asustó Salvador.

—¡Andando!

—No pueden hacer esto… ¿Qué es lo que pasa? ¿Adónde nos llevan?

—No sé a qué vienen todos aquí, por Dios, con una mano delante y otra atrás. —El hombre no parecía dirigirse a ella, sino hablar en voz alta—. Como les dé por hacerlo en masa…

—Venimos porque aquí hay trabajo —habló por primera vez Fuensanta—. Allí sólo hay hambre.

El primer hombre se detuvo. No soltó el brazo de Carmen. Se encaró con la muchacha y su rostro grave se convirtió en una máscara seca y endurecida.

—En esta España nadie se muere de hambre, niña.

Fue como si se lo escupiera a la cara, palabra por palabra.


Jorsi Serra i Fabra
Sombras en el tiempo, 2011










2799. Julia Romera Yañez

Julia Romera Yañez nace el 1916 en el seno de una familia obrera, en plena Guerra Europea, una época realmente difícil de la historia de Mazarrón. Con anterioridad a esa fecha ya se dejaban sentir en el pueblo los primeros síntomas de una inminente y anunciada crisis económica. En un párrafo de El Heraldo de Mazarrón, del día 4 de abril de 1905, se decía: “...nadie, absolutamente nadie se interesa por nosotros y como perspectiva para el porvenir, contamos con la paralización de todos los negocios mineros, con la destrucción de los bolas de pesca por no haberse desviado oportunamente la rambla de las Moreras que los ciega e inunda de fangues minerales, y el esquilmamiento de los escasos campos de labor que aún se trabajan, por falta de agua de riego...” La única solución de subsistencia que le quedó a la población trabajadora de Mazarrón, al igual que la de otras localidades mineras murcianas como Águilas, Cartagena, La Unión, Lorca, etc., fue la emigración masiva hacia otras zonas más industrializadas en busca de ese futuro mejor, que no siempre encontraban. José Berruezo Silvente, último alcalde de Santa Coloma durante la etapa republicana y pariente de Julia, en un párrafo de sus memorias refiere así la situación en Mazarrón: “...cuando en junio de 1917 pude obtener el permiso de un mes en la mili para visitar a mis padres, entristecidos por la reciente muerte de mi hermano, ya mayor, encontré un pueblo completamente diferente y cuya juventud había sido barrida por un terrible complejo de circunstancias. La Guerra Europea (1914-1918) había liquidado la infraestructura de explotación de las minas y los obreros habían declarado la huelga general para oponerse a los despidos masivos...”

En el otoñó de 1918, a la ya grave situación que atravesaba la clase trabajadora murciana, vino a sumarse una terrible epidemia de gripe. El día 15 de octubre de 1918 fallecía en su domicilio de Mazarrón, a los treinta años de edad, Francisco Romera Rodríguez, padre de Julia, a consecuencia de una neumonía gripal.

Así transcurrieron tres años hasta que en 1921, ante la pérdida de empleo por parte de varios miembros de la familia Romera-Rodríguez, ésta decidió emigrar a Santa Coloma, donde ya vivía desde hacía dos años una tía de Julia, llamada Mariana Romera Rodríguez, junto con su esposo Diego Berruezo Clemente y sus hijos. Así, se instalaron primero en la calle Ciudadela Alta. Posteriormente, habitaron una casa de la plaza de la Constitución. La Santa Coloma que conoció Julia a su llegada fue la de un pequeño pueblo, eminentemente agrícola, con una población que no alcanzaba todavía la cifra de 3.000 habitantes, pero que debido a la ola migratoria murciana de ese primer tercio de siglo en sólo diez años su población se situaría en torno a los 13.000 habitantes.

En el año 1930, Julia trabajaba en Pañolerías Baró, S.A. Con la llegada de la República, la CNT, que había permanecido en la clandestinidad , volvió a reorganizarse y abrió un local en la esquina del actual paseo Lorenzo Serra con la avenida de Santa Coloma. Muchos trabajadores y trabajadoras de Pañolerías Baró, entre ellos Julia, se afiliaron al sindicato.

Paralelamente a los sindicatos, con absoluta independencia, funcionaron las Juventudes Libertarias, que organizaron la Biblioteca, dieron charlas de orientación cultural y cursos de enseñanza gratuita a otros jóvenes que ya por su edad no podían asistir a la escuela; también realizaban excursiones y giras campestres, que tenían algunas veces carácter comarcal, reuniéndose entonces una enorme cantidad de gente joven. También distribuían la prensa confederal, editaban panfletos,  gestionaban las actividades de la Biblioteca y llegaron a editar una revista llamada Aurora Libre.

Las Juventudes Libertarias colaboraron con los maestros en la Escuela Racionalista que se había instalado en la Casa del Pueblo, dando clases nocturnas a jóvenes que ya no estaban en edad escolar y a adultos después de acabar su jornada laboral.

Posiblemente, entre los años 1934-1935 ingresó Julia en esta organización.  Pero su participación más destacada en las Juventudes Libertarias fue a partir de julio de 1936, Julia fue nombrada secretaria general, cargo que alternó durante el período de guerra con el de tesorera. Una vez finalizada la guerra, Julia Romera no marcha al exilio, a pesar de su labor durante el conflicto, al quedarse al cuidado de su abuela y de una tía. El  27 de enero de 1939, las tropas del Cuerpo de Ejército Marroquí que ocuparon Santa Coloma.

El 30 de mayo es detenida por la Guardia Civil de Santa Coloma,  y tras pasar tres interminables días a merced de la arbitrariedad de sus captores, Julia "quasi sense poder caminar, amb el ventre inflat per les lesions que li havien provocat", fue trasladada al "Teatro Cervantes" de Badalona, donde habían habilitado unas dependencias para servir de cárcel de mujeres. Este traslado se produjo para que la detenida prestara declaración ante el juez militar de esa localidad, acto que no tuvo lugar oficialmente hasta el día 31 de octubre del mismo año, según consta en el Sumario.

Posteriormente fue trasladada a la prisión de mujeres de Les Corts, en espera de la celebración del Consejo de Guerra Sumarísimo y de Urgencia, que tuvo lugar en el Palacio de Justicia de Barcelona el día 2 de enero de 1940. La sentencia: cinco penas de muerte, ocho penas de reclusión perpetua, dos penas de 20 años, cuatro penas de 15 años, dos penas de 6 años y tres absoluciones a los que no tenían todavía 16 años, aunque fueron puestos a disposición del Tribunal Tutelar de Menores.

La petición fiscal para Julia era de pena de muerte, siendo condenada por el Tribunal Militar a reclusión perpetua. La sentencia pronunciada el mismo día del juicio fue ratificada y declarada Firme y ejecutoria por el auditor de Guerra el día 7 de marzo de 1940.

En la cárcel, Julia compartió celda con Conxita Vives y la actriz Maruja Tomás durante gran parte de su estancia en la cárcel. Compartían entre todas la poca comida que les traían sus familiares y amigos. Durante este tiempo recibió las visitas y el aliento de su tía Concepción y de su primo José. También la visitaron en alguna ocasión algunas amigas y amigos. Reproducimos a continuación una de las cartas que escribe desde su cautiverio: 

"Te quejas y tachas de excesivamente dura mi carta para contigo, quizás sea así, pero no te extrañe al así hablarte ya que tú sabes mi manera de ser y digo las cosas y las llamo al desnudo tal y como mi corazón me lo dicta, ya sé que mi manera de ser me costará sufrir y llevar muchos desengaños, pero que haremos soy así y nada ni nadie me podrá cambiar, soy una chiquilla que no tolero las hipocresías ni convencionalismos de la sociedad, eso es todo, pero en el fondo no soy mala.

A finales del verano de 1941, tras varios procesos febriles, el médico de la prisión le detectó el bacilo de Koch que le afectaba ya a varios órganos vitales. La enfermedad, consecuencia directa de las lesiones internas producidas por los golpes recibidos en los interrogatorios y la cárcel, necesitaba para su curación de reposo, buena alimentación, administración de antibióticos y otros cuidados que, por supuesto, Julia no recibió. Fue ingresada en la enfermería de la cárcel cuando la evolución del mal era ya irreversible. El sábado 6 de septiembre,  a las veintidós horas,  fallecía en esas mismas dependencias después de haber rehusado los "auxilios espirituales" que le ofrecía el sacerdote de la cárcel. Las compañeras de Julia recaudaron entre todas las presas algo de dinero para que pudiera tener un entierro digno.











2341. Homenaje a Pedro Chico Suarez, "El Perrero"

Pedro Chico Suarez
(Cehegí, Murcia, 11 de julio de 1877 - Caravaca de la Cruz, Murcía, 9 de Julio de 1941)


Este homenaje va dedicado a mi abuela Carmen Ruiz Carrasco y a mi abuelo Virgilio Chico Alajarín, por las lágrimas que te vi derramar abuela cuando el día de todos los Santos íbamos al cementerio a llevarle flores a tus padres y no podíamos llevarles flores a mis otros bisabuelos porque no sabíamos donde estaban. Mi abuelo ese día estaba pensativo, con la mirada perdida, ese día yo no alcanzaba ni siquiera a imaginar que les pasaba, yo era una niña. Yo preguntaba a mi abuelo por qué él no le llevaba flores a sus padres y él me decía que no sabía donde estaban enterrados, entonces yo, como niña que era le preguntaba por qué, y el me respondía “cosas de antes, de las que no quiero hablar”.

Ahora entiendo, que le doliera el alma, que se le desgarrara por dentro el corazón. Nunca hubo rencor en su mirada, sino resignación. Mi abuelo Virgilio sólo quería que esto no se repitiera más y que no sufriéramos nosotros lo que sufrió él y su familia por pensar diferente.

Ahora os voy a relatar la vida de un hombre bueno, de ideas increíbles que quería un mundo diferente, y que gracias a él y a muchos como él, estoy escribiendo estas letras, acomodada en mi casa, con mi familia y mi tranquilidad.

Pedro Chico Suárez, nació el 11 de Julio de 1877, un miércoles muy caluroso, en una humilde casa de Cehegín. Era el pequeño de la familia, su hermano mayor se llamaba Martín y le seguían Ramón, Catalina y Francisca. Era hijo de Pedro Chico Ibáñez, un jornalero que creía que los libros y el estudio daban la libertad, y que ser libres era lo mas hermoso.  Con su esfuerzo y tesón quiso dar un futuro mejor a sus hijos. Se casó con Luisa Suárez Menéndez, que era ama de casa, como la mayoría de las mujeres de su época.

Mi bisabuelo Pedro quiso ser guarda forestal, y su primer destino fue Alhama. Allí conoció a mi bisabuela María Rosario Alajarín Clares, con la que en 1899 contrajo matrimonio y se fueron a vivir a Lorca, concretamente a la Zarcilla de Ramos, donde nacieron la mayoría de sus once hijos.

Buscando una vida mejor, animado por la familia de mi abuelo, quiso el destino que se fuera a vivir a Cehegín, donde trabajó  de guarda municipal. Fue nombrado jefe de los municipales en 1931. Cuidó valiosamente el pueblo, ayudó a todos sus habitantes, tuvieran las ideas que tuvieran. Ayudaba a la gente que estaba enferma y que no tenían medios, proporcionándoles medicinas y apoyo para que no perdieran sus casas. Para los vecinos de este pueblo, mi bisabuelo era una gran persona.

Fue nombrado jefe de los municipales en el mandato de su sobrino Pedro Chico Cánovas, fundador del partido Socialista del pueblo y alcalde desde el 28 de abril al mes de septiembre de 1931, año para esta familia muy importante, en el que se resaltaba la II República y las ideas socialistas que años más tarde les costaría la vida.

Este sobrino de mi abuelo murió en Julio de 1936, en la sublevación de las tropas de Franco, cuando le dieron un tiro en la cabeza. Tres años después otro sobrino de mi abuelo, José Chico Cánovas, fue fusilado el 31 de junio de 1939 en el paredón del Arsenal militar de Cartagena y su hermano Ramón Chico Cánovas el 29 de octubre de 1940 corrió la misma suerte en el cementerio del Este de Madrid.

En el año 1934 destituyeron a mi bisabuelo del cargo de jefe de los municipales. Siguió en el Ayuntamiento en el Negociado de Multas. En esta etapa, tenía enemigos que ni él se imaginaba.

En las elecciones de 1936, seguía perteneciendo al Partido Socialista. Nunca renunció a sus ideas, las tenía más fuertes que nunca. Era ya una persona mayor, con 60 años, pero continuaba manteniendo la ilusión por un mundo mejor para sus hijos.

En 1940 mis bisabuelos vivían con mi tío Pepe, el único hijo que les quedaba, y la mujer de éste. Los demás había huido, porque esta familia tan socialista, no se salvaría de la barbarie.

A mi abuelo Virgilio se lo llevaron encarcelado acusado de quemar unas iglesias, cuando él no se encontraba en Cehegín. Estuvo en prisión hasta 1944 y por los pelos se libró de la pena de muerte. Otro hijo de mi bisabuelo, mi tío Bienvenido, uno de los pequeños, huyendo de la persecución fue confinado en Mauthausen el 3 de abril de 1941 y sobrevivió hasta la liberación del campo el 5 de mayo de 1945. Los demás hermanos también fueron encarcelados, distribuidos por España, con la “suerte”, de que no los mataron. Un sufrimiento detrás de otro, que dolor tan grande para mis bisabuelos, el no saber nada de sus hijos.

Fue un 27 de Febrero de 1940, cuando irrumpieron en la casa de mi tío preguntando por Pedro Chico Suárez. Él presentó con la cabeza bien alta y se despidió de su hijo y de su mujer, a la que ya no volvería a ver con vida. Tenía 63 años cuando se lo llevaron, y él sabía que ya no volvería.

El 21 de Noviembre de este fatídico año, mi bisabuela ya no puedo más y le dio un derrame cerebral. El sufrimiento de no saber nada de sus hijos y no tener a su lado al amor de su vida, se la llevó.

Mi tío Pepe, pudo lograr que mi bisabuelo acudiera al entierro y cuando entró por la puerta y vio a un pájaro enjaulado dijo: "dejar en libertad a este pájaro, que ni los pájaro se merecen estar entre rejas". Después se desmoronó, su mujer había muerto y él no había estado a su lado. Que tristeza tan grande, que impotencia, tenía mi bisabuelo, que veía inútil como otros se hacían cargo de todo, mientras él volvía a la cárcel. A su hijo, le animaban diciendo que no se preocupara que su padre saldría pronto de la cárcel, pero no fue así.

Volvió a la cárcel de Caravaca de la Cruz, el 26 de junio de 1941 y dieron orden de proceder con la comprobación de los hechos, con la declaración indagante, con mi bisabuelo. Al día siguiente, según cuentan, el recluso Pedro Chico Suarez padecía gripe y fue trasladado al Hospital de la Caridad de la misma localidad. Cuando su hijo se enteró, fue a verlo y las monjas se lo impidieron. Decían que tenía una enfermedad contagiosa. Insistió tantas veces que al final accedieron. Cuando lo vió apenas pudo reconocerlo. Estaba demacrado, tenía la cara transfigurada, llena de morados. Tan solo pudo permanecer con él unos minutos, los últimos que le vió con vida.

El 9 de Julio de 1941, mi bisabuelo Pedro Chico Suarez, falleció por tifus abdominal según la versión oficial.  Lo que yo deduzco, por la documentación de que dispongo, es que la causa de su muerte fueron las palizas que recibió.

En el cementerio de Caravaca de la Cruz se pierde el rastro de mi bisabuelo. Mi tío fue testigo de su enterramiento, pero en el número 96, donde nos habían dicho que se encontraban sus restos, no está, pues se encuentran los restos de una persona que falleció seis meses después. No sabemos si lo enterraron encima, si lo sacaron y lo enterraron en otro sitio. Hemos perdido su rastro y sentimos gran dolor de no poder traerlo a Cehegín y enterrarlo con algún hijo, porque a su mujer unos años después de que muriera, la echaron al osario común por ser roja, y no consta que esté enterrada en ningún sitio, ni en papeles de la Iglesia, como si no hubiera existido, la han borrado de la faz de la Tierra.

Este es mi pequeño homenaje a una parte de mi familia, que sufrió como tantas familias en España, las atrocidades del franquismo.


Ramona Corbalán Chico
Mayo 2017









2262. Primera Jornada de plantación del Bosque de la memoria "Donde los árboles recuerdan"




Éxito de la Primera Jornada de plantación del Bosque de la memoria "Donde los árboles recuerdan".

Organizada por la asociación santomerana el Taller de la Memoria se celebró este sábado 11 de Febrero el primer encuentro para la plantación de un jardín forestal, junto al parque de El Siscar, con especies autóctonas de bosque mediterráneo, y donde cada árbol simbolizará a una persona represaliada o asesinada por el franquismo. Al acto de esta original experiencia unitaria, que ha agrupado a diferentes colectivos senderistas, juveniles y ecologistas del municipio, han asistido casi 60 personas, a pesar de que las condiciones meteorológicas no acompañaron. Este nuevo espacio de memoria de más de 6000 m2, se ha plantado con casi 300 árboles y diferentes especies de arbusto.

La esencia de este proyecto es hacer brotar la vida, a través de los árboles, de todas aquellas personas del Levante Peninsular (la asociación ha empezado la tarea por las personas represaliadas del municipio de Santomera, de las que tienen un listado de casi 100 personas) que fueron represaliadas y asesinadas durante la Guerra Civil y la brutal represión franquista por defender la libertad, los derechos humanos y a un gobierno elegido democráticamente.

Con este proyecto se ha generado un bosque mediterráneo donde cada árbol plantado representa a una de aquellas personas, es una parte viva y visible de la memoria colectiva y que contribuirá a la reparación de las víctimas y posibilitará que, una vez por todas, estén juntas de nuevo. Además, los cuidados que se depararán para que estos árboles crezcan fuertes será una muestra del compromiso de la ciudadanía por mantener viva su memoria, y ya no los dejarán secar, pues sería como volver a dejarlos perder en el olvido. Como bien dice el título del proyecto: renacerán con fuertes raíces y robustas ramas allí "donde los árboles recuerdan".

Dentro de este nuevo espacio de memoria estarán los nombres y el recuerdo de personas que sufrieron la brutalidad de la represión franquista, y que guardan historias que a día de hoy siguen siendo desconocidas para muchas personas tanto en el municipio como en la Región.

Historias de personas que lucharon contra el fascismo aquí, contra el nazismo en Europa y que acabaron deportadas en el campo de concentración nazi de Mauthausen. Que fueron fusiladas lejos de su pueblo después de terminar la guerra y otras que nunca volvieron del frente, y de las cuales sus familias no pudieron guardar más que algunas cartas en un cajón. Que una vez terminada la guerra fueron recluidas en campos de trabajo forzado y obligadas a la más cruel esclavitud. Mujeres que sufrieron la brutal represión en la cárcel, donde algunas incluso tuvieron que dar a luz, en la calle, a través de sus hijos, u obligadas a limpiar el suelo de la iglesia y del cuartel de la guardia civil sin trapo y sin guantes mientras les pisoteaban las manos. Son solo algunos ejemplos de las historias que 40 años de franquismo silenció y que a través de la memoria de los árboles se intentan recuperar con este proyecto.

Desde la Asociación se agradece la colaboración del Programa Impulsa de Podemos, que premió el proyecto y que lo ha financiado, del Ayuntamiento de Santomera, que ha cedido el espacio para realizar la plantación, y, sobre todo, a todas las personas asistentes por venir a echar una mano.


Santomera / Murcia








1712. Donde los árboles recuerdan

Imagen de Eduardo Estrada
“¿Pero es que a estas alturas alguien todavía duda que los árboles eran antifranquistas?”  
Fernado León de Aranoa


Donde los árboles recuerdan es un proyecto de memoria histórica y de protección medioambiental con el que se quiere hacer brotar la vida de todas aquellas personas del Levante español que fueron represaliadas durante la Guerra española y la dictadura por defender la libertad, los derechos humanos y a un gobierno elegido democráticamente. Cada árbol que será plantado representará a una de aquellas personas, será una parte viva de la memoria colectiva. El conjunto de árboles formarán un bosque mediterráneo de especies autóctonas que posibilitará que, de una vez por todas, estén juntos de nuevo.


El proyecto nace de la Asociación El Taller de la Memoria de Santomera (Murcia), con el objetivo de unir diferentes compromisos sociales y de darle vida a la memoria, hacerla concreta y cercana, y poder llegar así a los más jóvenes también, mediante concienciación y voluntariado y ha sido premiado en el programa Impulsa de Podemos. Un concurso para financiar proyectos sociales con los fondos que provienen de la parte de los sueldos que por ley no pudieron reducirse los eurodiputados de esta formación. 

 

Contexto territorial


Con un  presupuesto de 3000 euros, el proyecto se desarrollará en la falda de la Sierra de Orihuela en la parte correspondiente a Santomera (Murcia) (15.860 habitantes). Aunque involucrará y beneficiará a las poblaciones colindantes las poblaciones de La Aparecida (220), Raiguero de Bonanza (1375), Desamparados (3126) , Orihuela (83.417) y Murcia (430.000) que también serán zonas de influencia del proyecto. La situación medioambiental de la masa forestal de Santomera y alrededores es de extrema gravedad. Por un lado la plaga del picudo rojo “Rhynchophorus ferrugineus” ha acabado con más de 300 palmeras de la zona en los últimos cinco años, mientras que la plaga del barrenillo del pino «Tomicus destruens» ha arrasado más de 2.500 pinos desde el verano de 2014 en la subida del Pico del Águila. En el mismo entorno hay zonas de interés medioambiental como Coto Cuadros, el pantano de Santomera y el humedal del Ajauque y Rambla Salada, pero que se ven sometidas a la presión de las altas temperaturas y la escasez de lluvias. A tan sólo unos kilómetros, en la zona del paraje de Los Barrancos y la Rambla del Font, Abanilla, podemos ver cómo el desierto avanza, por lo que es vital realizar una contribución medioambiental potente para recuperar la humedad hacer frente a la desertización. 

En cuanto a la contexto socio-cultural respecto a la memoria histórica, no existen en Santomera ningún tipo reconocimiento a las víctimas de la represión fascista. En el entorno murciano también son escasos los lugares de memoria.

 

Descripción del proyecto


El relator especial de la ONU, analizó la Ley de Memoria de 2007 señalando que "no existen censos oficiales de víctimas, ni datos o estimaciones oficiales sobre el número total de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura" y que "muchas organizaciones y víctimas han expresado que se siguen sintiendo como 'víctimas de segunda categoría'”. Este proyecto quiere cubrir esas lacras y contribuir a poner nombre y apellidos a las personas represaliadas y a darle un espacio físico en la sociedad. Si ayer lucharon por la libertad, hoy seguirán luchando para toda la sociedad por un entorno menos hostil y más habitable, siendo árboles emanadores de vida. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en su Quinto Informe de Evaluación de 2014 alertaba que en los últimos decenios ha aumentado “la vulnerabilidad y exposición de los ecosistemas y muchos sistemas humanos a la actual variabilidad climática”, apelando a contribuir a frenar los efectos del cambio climático. Murcia, por su situación geográfica, su fisiografía y su climatología, es doblemente vulnerable al cambio climático, por lo que se deben tomar medidas de forma inmediata, para paliar el aumento acelerado de las temperaturas, la disminución importante de las precipitaciones y el aumento de los fenómenos climáticos extremos. El proyecto va a contribuir a frenar la desertización a través de la plantación de especies autóctonas de bosque y sotobosque (encinas, pinos, robles, acebuches, algarrobos. aladierno, zarzaparrilla, olivo, lentisco, etc) con 400 árboles y 500 especies de sotobosque. El proyecto va a contribuir a dignificar la memoria histórica de las personas asesinadas a través de la plantación de un bosque que las recuerde, reuniendo a sus familiares para que contribuyan a la plantación. Además se movilizará a la juventud del municipio para que a través de esta actividad medioambiental e histórico-cultural, conozcan su pasado y contribuyan a mejorar el presente.

 

Objetivos del proyecto


1. Contribuir a la reparación de la memoria histórica 

1.1. Dignificar y recordar a las víctimas de la represión franquista en la zona del Levante 
1.2. Unir a las personas con familiares muertos por defender la libertad 
1.3. Sensibilizar a la juventud sobre esta etapa de la historia. 

2. Contribuir a frenar la deforestación y el cambio climático 

2.1. Crear un bosque mediterráneo de especies autóctonas 
2.2. Crear un biorefugio para la fauna y flora autóctona 
2.3. Mejorar la calidad del aire 

Con el proyecto se pretende conseguir: 

- Contactar con 400 familias de personas represaliadas durante la Guerra y dictadura. 
- Entregar 300 diplomas a familiares de las víctimas.
- Sensibilizar a 250 estudiantes de ESO y Bachillerato. 
- Plantar 400 árboles autóctonos. 
- Plantar 500 especies arbustivas mediterráneas. 
- Fijar 500 protectores antidepredadores para árboles. 
- Realizar cuatro actividades socioculturales y medioambientales. 
- Presentar un libro sobre temática del proyecto.
- Crear un blog con información y visibilidad del proyecto.
- Crear un “lugar de memoria” para combatir la impunidad y la historia negacionista.


Metodología del proyecto y fomento de la participación


Con el fin de que se sumen más personas a la actividad, además de las personas beneficiarias directas, vamos a invitar a 14 colectivos y asociaciones cuyas actividades están relacionadas con los fines del proyecto. Estableceremos contacto con la Universidad de Murcia, con la Facultad de Biología para establecer un acuerdo de colaboración mediante el cual puedan realizar estudios de investigación sobre micorrizas y flora autóctona a cambio de las capacidades técnicas e intelectuales que puedan aportar para el cuidado y mantenimiento del bosque. Para asegurarnos de que el cuidado del bosque una vez plantados los árboles tenga continuidad, en los primeros meses vamos a organizar una actividad cultural por mes en la zona, de manera que sea también una jornada de riego colectivo, involucrando también a más público a que conozca el espacio y apoye en la manutención del mismo. Asimismo, estableceremos contacto con dos empresas locales, Viveros Muzalé y Fitoverde Servicios Agrícolas, para que participen activamente del proyecto a través de donación de alguno de los materiales que necesitamos comprar para el proyecto.

 

Segmento poblacional objetivo del proyecto


El proyecto va dirigido a dos colectivos principalmente. Por un lado familiares y amistades de las víctimas de la guerra y la represión del franquismo de la zona del Levante. Se ha elegido este colectivo porque son la memoria viva de las víctimas y portadores de sus recuerdos, su dignidad y afectados directos tanto de sus muertes, entonces, como de su olvido por parte de las autoridades, en la actualidad. Taller de Memoria lleva trabajando con este colectivo desde 2013 a través de las diferentes actividades que han realizando. Además de conocer a muchas de las familias, conocen también a otros colectivos que trabajan por la memoria histórica y que facilitarán los datos necesarios para llevar a cabo la búsqueda de las familias a las que todavía no conocen. Por otra parte va dirigido a jóvenes del entorno. A través de los institutos de la zona, el Informajoven, así como otras entidades que realizan actividades con jóvenes. Se convocará también a los medios de comunicación.


Descargar ficha para incluir a una víctima en el homenaje

Contacto: 

El Taller de la memoria
Mail: asociaciontallerdelamemoria@gmail.com
Teléfono: 699954506