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3364. Castelao y Suarez Picallo

Diputados gallegos en 1931. Suárez Picallo (primero por la izquierda), junto a Rodríguez Cadarso, Castelao, Nóvoa Santos, Vilar 
Ponte y Otero Pedrayo


Castelao, o la personificación de la espiritualidad gallega

Picallo, el marinero que pudo ser senador en América

El triunfo de la democracia ha permitido a Galicia, la de los viejos caciques raposos, traer al Parlamento dos genuinos personeros que garantizan la autenticidad de la recuperación civil en un país sometido casi secularmente a la tutela de los rábulas. 

Pero no es ahora la misión del reportero referirse, ni tangencialmente, a la política gallega, lo que podría herir susceptibilidades. Cúmplele sólo —que este es su principal propósito— relatar, siquiera sea someramente, dos vidas en las que se encierran no pocas enseñanzas. 


La sensibilidad gallega

Galicia tiene tan acusada personalidad, que el mismo Gil Robles, que propugna un Estado totalitario, lo reconoció recientemente. Esta personalidad, antes que concretarse en doctrina política, se manifiesta por la cultura espléndida ya en los siglos XI, XII y XIII, y que tras un período de decadencia, renace en estos últimos tiempos al encontrar el camino de una misión histórica. Y Castelao, escritor y dibujante y político que incorpora a la misión de tal él sentimiento por el que su tierra reacciona ante los problemas vitales, es la individualidad, por decirlo así, de una cultura que tiene un sentido ecuménico, pero fraternal. 

Veamos cómo es la vida de este artista de la política. El nos va a hablar. 

—¿Dónde nació usted? 

—En Rianxo, en 1886. 

—¿Es verdad que fué usted marinero? 

—No; lo fué mi padre, en sus mocedades. Mi origen es humilde, como usted ve. 

—¿Estuvo usted en América? 

—Esperaba la pregunta, porque dicen que no hay gallego que no haya tenido un pleito o haya estado en las tierras colombinas. Como yo no he podido nunca tener un pleito, porque nada poseí, ni nada poseo, tenía que haber estado en América, para no dejar de ser gallego. Ya sabe usted que yo sostengo la teoría de que Colón fué paisano mío, porque fué el primer hombre que a América fué desde España. 

—¿A qué edad fué usted al Nuevo Mundo? 

—A los diez años. Fui con mi madre. A los diez y seis volví a España. Entonces estudié el bachillerato y la carrera de Medicina. ¡Dios sabe con cuántos sacrificios!... 

—¿Por qué no ejerce usted? 

—Pues porque la primera vez que actué como médico me convencí de que no servía para serlo. Me llamaron para un alumbramiento difícil, y fué tal la emoción que experimenté al comprender que de mi falta de pericia dependían dos vidas, que decidí no volver a coger un fórceps. 

—Por fortuna para el arte. 

—No sé. Pero aunque del arte no he podido vivir ni vivo, desde niño me dediqué a embadurnar con carbón las paredes, con lápiz las márgenes de los libros de estudio, cartones después... 

—¿Concurrió usted a algún Concurso? 

—Sí; una vez, «por pasar el rato» más que otra cosa, me presenté en una Exposición Nacional, y me dieron tercera medalla. Lo más copioso de mi labor está en los periódicos. De los de Madrid, donde más veces salió mi firma fué en El Sol. Mis amigos han recogido mis mejores estampas en un álbum titulado Nos. 

Y ahora, un paréntesis en el interrogatorio, para que el reportero pueda decir por su cuenta algo más que unas preguntas. Castelao es, tanto como admirable dibujante, escritor excepcional. Tan racialmente gallego como es, no podía excluirse a lo que es el denominador común de la espiritualidad gallega: al humor. Castelao es un humorista que si no escribiera sus libros en la lengua vernácula, tendría un renombre universal. Sin embargo, tiene obras famosísimas entre los familiarizados con las lenguas hermanas. De estas obras, las mejores son: Cincuenta homes por des reasUn ollo de vidro, Os dous de sempre Retrincos. Entre sus obras de investigación recuerda el reportero Cruces de pedra na Bretaña y Os cruceiros en Galicia, en la que trabaja hace diez años, y para la que ha hecho más de dos mil dibujos. 

También es Castelao fundador de un teatro nuevo, que se amolda al carácter y la cultura de su tierra. Su obra mejor de este género literario es Pimpinela


Film de un marinero gallego que pudo ser senador en América

En gracia a la brevedad, el reportero prescinde de las preguntas y respuestas. Del diálogo transcrito, que haría más extensa esta información, y compendia su interlocutorio con Picallo, este hombre salido de la entraña del pueblo gallego para vocear ante el Estado las aspiraciones de sus hermanos los labradores, marineros. 

Picallo nace en Sada, un pueblecito del litoral galaico, mitad labriego, mitad mareante y pescador como todos los de la costa atlántica. En su niñez empuña el remo y la primera peseta que gana es yendo a la pesca del boliche. A los diez y seis años se va a América, empujado por ese afán de más allá que tienen todos los gallegos enxebres. En la inmensidad bonaerense se encuentra solo y desamparado. Entra de peón en una botica, y luego, en unos almacenes de productos químicos. Más tarde se emplea en un almacén al por mayor. Lo despiden por no acudir al trabajo el día 10 de Mayo. Marcha luego a Montevideo y Brasil, en busca de trabajo, y consume, sin encontrarlo, sus pocos ahorros. Regresa a Buenos Aires, y con un paisano se coloca de vendedor ambulante de dulces que tiene que portar llevando una cesta en la cabeza. Por exceso de trabajo, enferma y pasa unos meses en un hospital. Se emplea luego en la Aduana de Buenos Aires, y la organización obrera de estos empleados le nombra secretario y redactor en su boletín. Por entonces empieza su actuación de propagandista y autor de las reivindicaciones sociales. La Asociación de Empleados Postales le nombra su secretario. Una huelga desafortunada da al traste con todos los avances sociales, y se deshacen las organizaciones societarias. Un acontecimiento que pone a prueba su sentimentalidad étnica lo aleja de la lucha momentáneamente, y vuelve al mar: al mar, donde todos  los gallegos costeros buscan refugio para ahogar su saudade fundamental. Se enrola en la tripulación del vapor argentino Helios como camarero; luego es peón de cocina en otros buques. Se hace después periodista. Funda la revista Celtiga y otros periódicos, que mantienen viva en Sudamérica la llama de la galleguidad.

En 1914 ingresa en las organizaciones obreras bonaerenses y en las Juventudes socialistas de la gran capital del Plata. Es candidato a concejal y diputado. Los comunistas de Buenos Aires lo proponen para senador. Recorre toda la República Argentina fundando Sindicatos. 

En 1917, en la lejana Patagonia resuena por primera vez una voz reivindicadora para los derechos de los hombres que trabajan: es la de este gallego.

En 1926, los obreros marítimos argentinos lo designan consejero técnico de su Delegación en Ginebra.

Al proclamarse la República en España, las sociedades gallegas de Buenos Aires lo diputan como su representante en la Península. Llega a La Coruña, da una conferencia en la Sociedad de Artesanos de esa capital, y al terminar, el auditorio, puesto en pié, lo proclama diputado a las Constituyentes. Victoria electoral. Sobreviene el bienio gilroblista, y otra vez, como cuando llegó casi niño, a la capital argéntina No tiene entonces más que cincuenta pesetas de capital para toda la vida. En tres años se hace bachiller y abogado, a fuerza de matrículas de honor. Durante la revolución de Octubre va a la cárcel. Y de ella sale para venir al Parlamento español como genuino presentante de esa Galicia que tales hombres produce y que hasta ahora fué tan mal conocida. 


Ribas Montenegro
Crónica, 19 de abril de 1936









2252. Milicianos




Milicianos fue el tercer álbum de guerra elaborado por Castelao en 1938 como homenaje a los soldados republicanos.

Compuesto por once dibujos en tinta china y un título en gallego manuscrito por el autor en cada una de las estampas, se editó en Nueva York en agosto de 1938.


Estas estampas relembran os primeiros meses da guerra cando a heroica tolería do pobo coutou a marcha dos militares e deunos tempo para crear o Exército da República.

New York, agosto 1938



Eisí seria Hespaña

Arenga

Cando faltaban fusiles

Pol-a liberdade

A loitar pol-o fillo

Vello federal

-Eiqui queda un fusil!

Asi procedían

Antitanquista

-Baixade, cobardes!

Irmáns









2249. Atila en Galicia. Estampas por Castelao

«Todo se ha levantado sobre la sangre. Y esta sangre derramada a raudales por los bárbaros que asolaron Galicia, que cubrieron de dolor y de vergüenza sus prados floridos, las márgenes de sus ríos y el fondo de su mar; esta sangre generosa y fecunda es el lagar de amor y de odio donde se amasa una raza nueva. Campesinos, obreros, intelectuales, hombres y mujeres de todas las tendencias, que encontrásteis la muerte a manos de la barbarie desenfrenada, que caísteis bajo el galope del caballo de Atila, suelto y desbocado en la Galicia martirizada: esperad, en vuestra gran paz y en vuestro gran silencio. 

Vuestro dolor será vengado; vuestro tormento no será estéril. Vuestros hijos vivirán en un mundo más libre y más dichoso, de acuerdo con el anhelo de vuestras almas y digno del sacrificio cruento de vuestras existencias».





Atila en Galicia fue el segundo de los tres álbumes de guerra que Castelao elaboró durante la Guerra española, como denuncia de la represión franquista en Galicia.

Un alegato contra el fascismo, compuesto por diez dibujos en tinta china y un título en gallego manuscrito por el autor en cada una de las estampas, fue editado en Valencia en julio de 1937, por el Comité Nacional de la Confederación Nacional del Trabajo.


«Moitas veces os mártires crean mundos que os herois nin tansiquera son capaces de concebir. E na miña Terra complirase a vontade dos mártires».

Castelao
Valencia, xulio de 1937



O paraiso feixista

Castigo menor

Todo pol-a Patria, a relixión e a familia!

No fondo do mar

Os mártires serán santos

- Pra que ergan o puño!...

Matáronlle un fillo

Algunha vez chegan tarde

Denantes morta que aldraxada

Evasión







2226. Galicia mártir. Estampas por Castelao

Alfonso Daniel Rodríguez Castelao
(Rianxo, 30 de enero de 1886 - Buenos Aires, 7 de enero de 1950)


«Si la tranquilidad es la Muerte; si los caminos aldeanos y las carreteras, santificados por sangre mártir, tranquilizan los espíritus de los que aún viven muriendo; si las mujeres rapadas y tatuadas en la frente con una sigla que allá es infamante, regocijan; si miles de criaturitas huérfanas, sin pan, sin vestidos, sin amor paternal, son un cuadro placentero... Entonces, sí, Galicia está tranquila.

Si vivir sin voz que pueda gritar la injusticia, la arbitrariedad, los crímenes, tranquiliza a los hombres; si el temor constante de ser declarado «desafecto» al «glorioso movimiento y el miedo a la delación, al “soplo’, a la calumnia también, hace la felicidad de las gentes; si el ser «mandado» por el más pillo, holgazán o analfabeto del pueblo es agradable... Entonces, iCómo no! Galicia está tranquila».

Castelao
Galicia libre, 4 Julio 1937


Recordamos a Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, el hombre que lo fue todo para Galicia, con Galicia mártir, uno de los tres álbumes de guerra, publicado en 1937 por el Ministerio de Propaganda de la República. Un alegato contra el fascismo y una denuncia de la represión franquista en Galicia.

Compuesto por diez dibujos en tinta china y un título en gallego manuscrito por el autor en cada una de las estampas, fué editado en Valencia en febrero de 1937, dedicado aos galegos que andan pol-o mundo.


Aos galegos que andan pol-o mundo

«Estas estampas, arrincadas da miña propia door, van dirixidas a vós que sempre amáchedes  a liberdade e sodes a única reserva que nos queda para reconstruir o fogar desfeito».

Valencia, febreriro de 1937


Este é o Deus dos feixistas

- Queiman, rouban e asesinan no teu nome!

- Arriba os probes de mundo

- Así aprenderán a non ter ideas

- ¡Cobardes! ¡Asesinos!

A derradeira lección do mestre

Non enterran cadaveres; enterran semente

- Van a matarnos; pero venceremos

Esta door non se cura con resiñación

Supervivientes







1469. Recordando a Valentín Paz Andrade

Valentín Paz Andrade en el centro, el 25 de julio de 1931


Recordamos a Valentín Paz Andrade, con el artículo "Castelao, el hombre y el artísta", publicado en La Noche el 14 de enero de 1950, tras la muerte de Castelao. La Noche fué expedientada y cerrada dos semanas después por incumplir las normas dictadas por la censura franquista que había indicado que la noticia de la muerte de Castelao se debía dar en páginas interiores, a una sola columna, y solo se podían elogiar sus cualidades de humorista, caricaturista y escritor.


Castelao, el hombre y el artista.

Durante la séptima noche del año naciente -vértebra dorsal del siglo- han debido doblar a muerto las campanas de todas las iglesias de Galicia. Campañas marineras de Rianxo, graves campanas de Compostela. Líricas campanas de Bastabales, de Allóns... Sólo el llanto unánime de las torres románicas, lágrimas de bronce sobre faz de piedra, habría expresado con digno acorde y proporcionado acento, en esta ocasión el dolor de la tierra.

Lejos de ella moría, por filo de las veintitrés horas, el hombre que sólo para amarla vivió. En el ardor espeso de la gran urbe, asilo inmenso del mundo, se apagaba irremediablemente el brío de una vida gloriosa, llagada por el mal de la ausencia, aun más que por la impiedad del desgarramiento físico. Se quebraron, al fin, tras lucha exhaustiva hasta las raíces sutiles del sentimiento, que a través de la mar y del tiempo, aun fundían al hombre con la entraña natal y aliviaban la sed del retorno.

Sin la mutilación moral del extrañamiento, y a pesar de advenir prematuramente, la muerte no hubiera parecido tan desoladora. Y Galicia habría tenido la oportunidad de ejercer la santidad de sus virtudes de madre, de cuerpo que ansiosamente lo buscaba, y de corresponder, con generosidad emocionada, a la ofrenda impagable del hijo, que se fué por la senda de Dios.

Como unidad étnica, Galicia nunca había cuajado espécimen más puro y directo. Castelao era la condensación del alma gallega. A través de su lápiz, de su palabra o de su pluma, de su aire o de su gesto, el espíritu del pueblo adquiría la plasticidad de la carne viviente y sensible.

Señala Alexis Carrel en su testamento, como una de las leyes de la existencia humana, l'ascensión de l'esprit. Este fenómeno se producía en Castelao con maravillosa nitidez, y sin las limitaciones que pudieran derivarse, de la singularidad de su genio personal. Vida y obra se nutren del vivero popular, pero sin convertir al hombre ni al artista en dócil intérprete de la masa.

Comenzó por revelar, incluso dentro del círculo de su origen, zonas inéditas del ser gallego. Valores latentes en el trasfondo de la raza se hicieron en Castelao vivencias imprescriptibles. Renovó el menguado repertorio de imágenes que nos legara el romanticismo, enriqueciéndolo y ennobleciéndolo con la aportación más caudalosa y varia, sin duda, que la cultura gallega recibió de un hombre sólo.

El pueblo, con sus rasgos insobornables, en su doble destinación campesina y marinera, invade su obra. Pero no la aplebeya, como en tantos ,como en casi todos antes que él. Catador de la línea auténtica, del matiz definidor. Los extrae limpios y recios, sin pérdida de la sustancia humana, así de la mente como del cuerpo de sus paisanos, para plasmarlos con trazo sobrio y feliz. Nunca el pergenio céltico adquiriera en los dominios del arte una caracterización tan enérgica y tan legítima.

Pocas veces el hombre y el artista, se habrán mostrado en tan equilibrada alianza. La excepcional dimensión de Castelao, como valor humano, se transparentó día a día en las páginas, a menudo dramáticas, de su vida. La misma ecuación que entre el hombre y el artista, se daba entre el corazón y el cerebro.

¡Ese corazón que alguien dibujó liberado del tórax, condecorando el pecho, y sangrando por los que emigran! Conoció más horas de inquietud que de sosiego, de amargura que de triunfo, y sin embargo, fue el motor poderosos que le sostuvo en la brecha, por el bien de los demás por la suerte de su pueblo, por la ascensión del espíritu”.

Bastaría recordar la triste tara de su parcial ceguera. Y como la progresión del déficit visual, sensibilizaba su mano, para pintar esos ciegos, rústicos juglares del harapo, víctimas resignadas del abandono social, peregrinos del mendrugo por “corredoiras” y romerías, que en Galicia “aínda viven da caridade”. ¡Admirable retablo, en cuyas figuras el artista anticipaba la visión temida de su propio fin!

Castelao no logra su encendida ilusión de padre. La acariciaba en la intimidad de su hogar pontevedrés, como una compensación providencial. Cuando en el hijo apuntaba la adolescencia y precozmente comenzaba a perfilarse la promesa de una digna sucesión, la muerte se lo arrancó de los brazos.

Después, tras difícil cicatrización del alma, otra vez lucha irguiendo aquella su amplia arquitectura corporal, vertiendo a raudales su humor y su bondad, llenando el ámbito con su fluida y contagiosa simpatía.

Engranó con la generación de los Precursores, en el movimiento deshabilitador de la cultura gallega, mucho más consistente que su proyección política. Lo que hace cincuenta años eran destellos aislados, que cancelaron gloriosamente varios siglos de oscuridad, en el campo de la poesía y la historia principalmente, adquirió después estructura, profundidad y magnitud.

La contribución de Castelao a esta gesta del espíritu, asume medidas excepcionales. Comienza como humorista caricaturas, “Memorias de un ollo de vidrio”-, y se extiende pronto al dibujo coloreado, a la pintura mural y al campo literario.

Si el dibujante, con evidentes dotes nativas para el oficio, alcanzó el censo máximo de popularidad sin mengua el rango artístico, algo extraordinario latía en sus producciones. Bastaría, a veces, que las animara el soplo de las inquietudes colectivamente padecidas, pero el artista, aun en parte malogrado por la creciente claudicación de sus ojos, comportaba méritos mucho más altos.

Una densidad filosófica, una tensión trágica, un realismo ennoblecido o un humorismo revelador acertadamente dosificados, aseguraban a sus trabajos la captación inmediata del lector o del contemplador.

Todo servido, en su copiosa producción literaria -crónicas, cuentos, novela, discursos, teatro, monografías...-, por una dicción transparente prieta y jugosa, de la mejor solera idiomática. No hace falta añadir que sus libros, además de una gama de excepcional riqueza -desde el álbum “Nos” a “Cincuenta homes por dez reás”, desde “Os dous de sempre”, “As cruces de pedra na Galiza”-, serán siempre criaturas vivas del espíritu, animadas por una profunda emoción humana; iluminadas por el fulgor del genio.

Se ha extinguido una de esas vidas extraordinarias, que debieran celebrarse como el mejor tesoro del país. “Un hombre que jamás haya intentado hacerse semejante a los dioses – escribió Paul Valery-, es menos que un hombre” Castelao naciera con esta gran lección aprendida pero nunca le impidió hacer de la generosidad un culto y de la sencillez un rito.

Hombre y artista en correspondencia fecunda, podía ofrecer aun obras excepcionales a Galicia. Sobre todo, si su vida se prolongara hasta la senectud, devuelto al agarimo de la tierra, con un pié en la vida y otro en la historia, habrá plasmado en una gloriosa figura de patriarca del arte y las letras, manteniendo vivo entre nosotros el ejemplo de su egregia humanidad y radiante la llama de su espíritu.


Valentín Paz Andrade
La Noche, 14 de enero de 1950









834. “Sempre en Galiza" (Recordando a Castelao)

Alfonso Daniel Rodríguez Castelao Manuel
(Rianxo, 30 de enero de 1886 - Buenos Aires, 7 de enero de 1950)


“No se puede negar que había en todos los republicanos españoles un afán de considerar a Galicia como una madriguera de reaccionarios, sin más fundamento que la mala ley que nos tienen. Ningún antifascista se acordó de citar a Valladolid, pongo por caso de madriguera reaccionaria. No; sobre Castilla no podía caer ningún palo, sabiendo a ciencia cierta que fue la matriz antidemocrática. Los “nacionalistas” hicieron un mapa de las partes que se entregaron sin resistencia, en demostración de la lealtad de Castilla y de su “voluntad de Imperio”. Ni durante la guerra fueron capaces (se refiere a los republicanos) de comprendernos y estimarnos”.

“Su tema preferido consistía en llamarse progresistas y en acusar de retrógrados a los que no soportaban su ley. Combatían a los vascos por reaccionarios; a los gallegos, por reaccionarios; a los catalanes, por reaccionarios. Y a todo esto, las izquierdas y el mismo proletariado servían y seguían la hipócrita y taimada acusación de los centralistas. Podemos decir más: estas fuerzas luchaban a codazos para ponerse a la vanguardia del movimiento uniformista. La España castellana, que dentro del marco geográfico y cultural de Europa era extremo simétrico del Imperio Turco, se empeñó en considerar a Cataluña, Euzkadi y Galicia como países retrógrados. No se daría nada más risible si no existiera un ejército regular y la Guardia Civil par defender esta hipocresía, esta ficción, esta falsedad”.

“A toda España se le hizo creer que los gallegos éramos gente inferior, sin capacidad para el ejercicio de las artes y de las letras, y que nos oponíamos a los designios civilizadores de Castilla sólo por servir y sostener el bandidaje de los señores feudales; pero a nadie se le dijo que contaban con instituciones forales que concedían a los labriegos un comienzo de propiedad, base de los actuales minifundios, mientras que en la España castellana y en el España reconquistada por los castellanos a los moros, perdura el latifundismo feudal, y los labriegos aún son siervos, incapaces de regir sus propiedades”.

“A toda España se le hizo creer que los vascos defendieron a don Carlos por simple fanatismo religioso, y que opusieron su ferocidad de sentimientos al liberalismo iniciado en las Cortes de Cádiz, armando tres guerras civiles con el exclusivo objeto de restaurar la Monarquía despótica; pero a nadie se le dijo que los pseudo-liberales querían abolir los Fueros Vascos y arrasar, en nombre de Castilla, la nación más original de Europa”.”No es cierto que la intransigencia de las “derechas” y de las “izquierdas” sea un hecho irremediable de España, pues sólo es un hecho de castellanización del Estado y acabaría el día en que Cataluña, Euzkadi y Galicia fuesen libres y pudieran contrarrestar esa hegemonía”.


Los cuarteles españoles

“La bravura de los militares españoles era el miedo que metía miedo. El cuartel era un convento donde se juraba, se blasfemaba, se conspiraba contra el gobierno, se pelaban patatas y se tocaba la corneta. Los militares usaban bigote y padecían de catarro crónico. Se adornaban con plumas, charoles, hierros y botones dorados, para enamorar a las mujeres. Gustaban más de procesiones que de batallas. Perdían las guerras, eso es verdad, pero las perdían “gloriosamente”. Eran caballeros en el Casino y arrieros en el hogar. Llegaban a generales por riguroso turno de antigüedad y morían de prostatitis crónica. Se arruinaron comprando “marcos” y continuaban germanófilos”.

“El catolicismo español era una flor de trapo. Los clérigos eran desertores de la agricultura. Cantaban “flamenco” en vez de “gregoriano”. Vivían a costa del purgatorio y morían de indigestión o de apoplejía. Los clericales ponían en la puerta de su casa una efigie del Corazón de Jesús estampada en hojalata. Dentro del hogar vivían aconchabados con los siete pecados capitales. Compraban indulgencias y prestaban dinero al cien por cien. Por algo Dios dejó quemar las iglesias”.

“Estoy por decir que muchos republicanos sintieron el derrumbamiento de la Monarquía porque vivían exclusivamente de combatirla”.

“Si vamos al País Vasco nos encontraremos con un caso semejante, pero más admirable. No es que Euzkadi sea antimilitarista; es que siente incompatibilidad con los uniformes del Ejército español, al que odia cordialmente. Los capitalistas vascos crearon un gran poder financiero, incompatible con la pereza del capitalismo español, de cuya pereza ellos saben aprovecharse. Cierto que se dividían en carlistas, dinásticos y nacionalistas, pero todos juntos rechazaban el programa de la Falange Española. En cuanto a los católicos y al clero de Euzkadi, bien demostraron su incompatibilidad con los reaccionarios de secano”.

“Todo esto quiere decir que las tres nacionalidades avasalladas eran los baluartes de la República, los soportes de la verdadera libertad, y en ellas descansaría segura y firme, si los republicanos no fuesen ciegos y … centralistas."

“El caso de Euzkadi es más sencillo y más fuerte. El renacimiento vasco fue iniciado por la acción del Partido Nacionalista, creado por Sabino Arana en 1895. Las bases doctrinales del nacionalismo vasco contienen afirmaciones rotundas, encaminadas a enmendar el error carlista, y sólo confiadas a la virtud y fortaleza del pueblo. Euzkadi es la única nacionalidad hispana que se funda principalmente en las características de pueblo, y por lo tanto en la acción. No hay duda de que el País Vasco es también un “hecho de voluntad”; pero más permanente que el de Cataluña, porque se siente invulnerable a las contingencias políticas de España”.

“Sólo se quisieron atender las demandas abrumadoras de Cataluña y disfrazóse la concesión con prerrogativas generales que no se pensaban cumplir”.

“Los Estados autonómicos fueron considerados como recurso terapéutico, y no como solución liberal para soldar los diferentes pueblos que integran España”.

“El aplazamiento de las autonomías –por culpa de los trámites inventados para prolongar el sistema unitario- desintegró a Navarra del País Vasco, retrasando en cinco años la fortificación de un baluarte seguro de la democracia”.

“Los gobernantes provisionales de la República carecían de un plan de organización del Estado, y no tenían aliento para formarlo, y por no atreverse a resolver por decreto –pongo por caso- los simples problemas de justicia social, convocaron a toda prisa unas Cortes constituyentes, disfrazando con escrúpulos de leguleyo lo que en el fondo era indecisión, incapacidad y cobardía”.


Iba a ser una República Federal

“Me acuerdo de la noche en que se planteó el problema de la estructuración de la República, cuando la mayoría de los diputados nos disponíamos a votar a favor del sistema federal. Aquella votación hubiera sido absolutamente sincera porque fue promovida por una enmienda de alcance insospechado, que cogió de improviso a los valedores del Parlamento. Tan poca importancia se le dio a esta enmienda que el “banco azul” estaba desierto de ministros. Me acuerdo de que se levantó Santiago Alba y acoquinó a los diputados haciéndoles ver la sorpresa qur recibiría el presidente del Consejo de Ministros, al día siguiente cuando leyese en los diarios de la mañana que la República ya no era unitaria. Los expertos diputados de la Monarquía convencieron a los diputados novicios, y la votación se aplazó hasta conocer el criterio del Gobierno. Y así fue como las Cortes que hubieron dicho “sí”, dijeron “no”.

“Aprobóse, por fín (el Estatuto vasco) el día 1 de octubre de 1936, y no por mayoría de votos, sino por aclamación. Se evitó la tan temida controversia porque era necesario contentar a los vascos y estimularlos para que defendieran la República”.

“Acabáronse los Estatutos restringidos y regateados, que dejan vivos los viejos resentimiento y no curan las mutuas desconfianzas. Tampoco aceptamos que cualquier provincia o provincias limítrofes tengan derecho a reclamar un Estatuto autonómico. Para nosotros no hay más que una república viable: la que se basa en el libre consentimiento de las nacionalidades que integran España. Damos por bien muertas a la primera y segunda República y esperamos a la tercera. Esta tercera República será federal si quiere ser definitiva”.

“Yo creía que la posibilidad de que los españoles mudasen de pensamiento dependía de que mudasen de clima, pero ni aún así. Perdieron una guerra civil y armaron otra en seguida porque no son capaces de convivir consigo mismo. Y como yo estoy exento de responsabilidades y de complicidades, me veo obligado a decir que sólo vivo para Galicia, y que sólo confío en la cordura de los gallegos”.

“No aceptamos que se nos señale la obligación de luchar por la República española “porque ella va a ser la que nos conceda el Estatuto autonómico”, como dicen los republicanos de secano, pues somos nosotros, junto con los vascos, catalanes y demás pueblos hispánicos los que crearemos la unidad superior de todos los españoles, es decir, la República”.

“Lo que más nos duele es que los compañeros de destierro siguen soñando con la República del 31, causa indirecta de nuestro dolor”.

“El caso es que todos pensamos volver en cuanto podamos, y que la mayor parte de los desterrados cree que seremos recibidos con palmas y aclamaciones del pueblo. Yo, por lo menos, no lo creo así. Mucho más que nosotros –los que vivimos en América- está sufriendo la gente de España, que no tiene pan, ni ropa, ni sosiego, ni libertad. No hay peor destierro que el que se sufre en el propio país”.


Castilla es como Prusia

“No hay manera de hacerles ver que los refugiados tenemos derecho a ponernos de acuerdo para llevarnos a España un plan bien meditado y capaz de merecer la aprobación del pueblo. Y como ellos se privan de toda discusión provechosa, quieren que los gallegos, los vascos y los catalanes imitemos su proceder. La discusión que más temen es la que se refiere a los hechos diferenciales y a la consiguiente estructura del estado de mañana. Aplazan esa discusión para cuando se vean en campo propio y asistidos por el ambiente de la región mayoritaria. No les conviene discutir con nosotros en terreno neutral y expuestos a confesar su empedernido centralismo. Les resulta más cómodo discutir con nosotros en Madrid y ganarnos una votación en el Parlamento”.

“Llegan a decir que el problema gallego, igual que el vasco y el catalán, depende de la solución que acuerde la mayoría de los españoles. ¡Estábamos aviados!. No. La voluntad de los españoles debe consultarse para resolver los problemas generales de España; pero, en justicia, sólo Galicia debe resolver sus asuntos privados, como es dueña de tomar la posición que se le antoje frente a los demás españoles”.

“Lo que pasa es que no quieren cambiar la opinión unitaria en opinión federal, porque ellos son unitarios y centralistas”.

“El ruralismo gallego venció al terror clásico que nos acechaba desde el bosque y desde el mar; pero Castilla, sin bosques y sin mares, vive aún en sus ciudades, en un urbanismo creado por el medio y mantenido por epopeyas vanidosas, dentro de un Estado-poder que nunca será un Estado-nación”.

“A los pueblos y a las tierras hay que juzgarlos en toda la hondura que tienen y no hay duda de que la Galicia actual comienza en las edades prehistóricas, así como las formas actuales de Castilla, incluso el paisaje, tienen su nacimiento en los últimos períodos de la reconquista. Imaginémonos una resurrección de los muertos de hace mil años: un gallego reconocería a su tierra; un castellano no sabría decir dónde estaba”.

“Podemos afirmar, con palabras de Otero Pedrayo, que “si en el mapa de la conciencia moderna Roma es la fuerza, París la escuela, Florencia la gracia y Londres el orden, Santiago es la fe”; pero después pregunto yo: ¿Qué representa Madrid en la conciencia del mundo?. Nada.”

“Nuestro genio creador marcaba a los varones hazañosos de Galicia el camino que debían seguir, y éste no era otro que el de unirse a Portugal en vez de ayudar a Castilla. La grandeza histórica de Portugal nos hace ver hoy lo que significaría para España una restauración de la antigua unidad galaica, -la de los tiempos romanos y suevos-, pues ahora estarían coordinadas las variedades hispánicas en un Estado europeo, principalmente atlántico. De Castilla y de los módulos castellanos sólo podría salir la España que estamos viendo y padeciendo”.

“… sirva como ejemplo la influencia de Roma, que con ser tan imperiosa no pudo atacar la lengua vasca y originó varios dialectos, de los que aún quedan tres: el castellano, el catalán y el gallego”.

“Pero Castilla rompió, sin darse cuenta, la unificación hispana que se estaba formando espontáneamente, y hoy es el gran obstáculo para que lleguemos a la unidad pactada; creó resentimientos incurables en Portugal y Cataluña, y después de cuatro siglos de torpezas, ejercidas sobre Euzkadi y Galicia, aún hoy pretende que todos los españoles seamos castellanos”.

“Castilla se afincó en conceptos cerrados, omnipotentes, intangibles; fulminó castigos y excomuniones; impuso un catolicismo más intolerante que el de Roma; declaróse, por medio de la Inquisición, proveedora general de la felicidad ultraterrena; suprimió, siempre que pudo, las soberanías ajenas; usurpó los poderes; propuso, en fín, la posibilidad de fusión o de acoplamiento de las realidades –lenguas, culturas, derechos, tradiciones, haciendas- al propósito de ser dueña y señora de España. La unidad, por lo visto, ni estaba en armonizar todo cuanto fuese español, es decir, propio de los diferentes pueblos que habitaban la península; estaba en la imposición de todo cuanto fuese castellano y propio de los castellanos. Y como Castilla fue engendrada y parida en el estruendo guerrero de la Reconquista, siempre consideraron indigno de su prosapia manejar el arado y fecundar la tierra. Castilla, dueña y señora de España, recibió en herencia inesperada la mitad de Europa y ganó, por un descubrimiento casual, el mundo fabuloso de las Américas. Pues bien, la España centralista perdió todo cuanto tuvo y ni siquiera pudo preservar la integridad de la península”.


No queremos pedir permiso a nadie

“El gallego es la forma más antigua de las lenguas neolatinas de España y la primera que alcanzó un pleno desarrollo literario. ¿No es, pues, una impudicia negarle al gallego el carácter de idioma cuando no se le regatea al castellano?”.

“La poderosa particularidad de Castilla frustró la nacionalidad hispana iniciada en los tiempos visigodos, y la lengua gallega, con todas sus disposiciones culturales, tuvo que retornar a los patrios lares, donde aún vive, al margen de esa entelequia que se viene llamando “nación española”.

“Los gallegos no discutimos el derecho de Galicia a ser una nacionalidad, porque Galicia ya es una nacionalidad. Discutimos los derechos que como tal se le deben y ejercemos un deber cuando reclamamos ese derecho”.

“Cuando entramos en la esfera del espíritu, nos sentimos cada vez más “nacionalistas, es decir, más apartados del espíritu de Castilla. Somos generosos ante España y lo seríamos mucho más ante un estado peninsular organizado en régimen federal; pero somos intransigentes ante Castilla. Somos en fin, verdaderos “nacionalistas”.

“Frente a la política asimilista de los castellanos no nos queda más que un recurso: oponer una recia acción nacionalista. La intransigencia de los gallegos, frente a la intolerancia de Castilla es un acto de indeclinable dignidad”.

“Los “nacionalistas” gallegos salimos del “regionalismo” por considerarlo impreciso y, por ello, favorable a toda clase de embrollos y extravíos; defendemos como principio general la soberanía de todas las nacionalidades y reclamamos para Galicia las garantías de su libre desarrollo y de su fecundidad; denunciamos al Estado español como instrumento de la política absorbente de Castilla, y como perturbador de la vida pública; negamos que la unidad española fuese, en su origen y desarrollo, establecida por la voluntad histórica de todos los grupos; afirmamos, que la heterogeneidad de las fuerzas étnicas de España son la mejor riqueza para un Estado capaz de estimarlas y aprovecharlas. Los “nacionalistas” gallegos vemos que el Estado español es una organización teórica, un ente abstracto sin pies ni cabeza”.

“Los catalanes, los gallegos y los vascos serían antiespañoles si quisieran imponer su modo de hablar a la gente de Castilla; pero son patriotas cuando aman su lengua y no se avienen a cambiarla por otra. Nosotros comprendemos que a un gallego, a un vasco o a un catalán que no quiera ser español se le llame separatista; pero yo pregunto cómo debe llamársele a un gallego que no quiera ser gallego, a un vasco que no quiera ser vasco, a un catalán que no quiera ser catalán. Estoy seguro de que en Castilla, a estos compatriotas les llaman “buenos españoles”, “modelo de patriotas”, cuando en realidad son traidores a sí mismos y a la tierra que les dio el ser. ¡Estos si que son separatistas”

Fuente del texto: Blog Iñaki Anasagasti 

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