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2098. La sanidad y la asistencia social durante la Guerra



Esta retrospectiva histórica estará forzosamente limitada, en el tiempo y en el espacio. Sólo puedo referirme a lo que yo viví personalmente durante los meses que duró mi mandato como ministro de Sanidad y Asistencia Social. Y sólo puedo referirme, también, a lo que fueron los problemas planteados a la Sanidad en el espacio ocupado por la España republicana. Ignoro lo que ocurriera en el resto de la España ocupada por las fuerzas franquistas.

El Ministerio de Sanidad y Asistencia Social fue creado en noviembre de 1936, en cierto modo para responder a la necesidad de dar cuatro Carteras ministeriales a la CNT. Existía una Dirección General de Sanidad dependiente del Ministerio de la Gobernación, y otra Dirección de Asistencia Social que dependía, asimismo, de ese Ministerio.

Con esas dos Direcciones Generales de Sanidad y Asistencia Social se creó el Ministerio al que yo fui destinada.


Organización del Ministerio

En realidad, no era una mala idea dar independencia y personalidad a la Sanidad y a la Asistencia Social, que estaban, en cierto modo, desasistidas en el conjunto de Secciones del Ministerio de la Gobernación. La guerra, con sus peligros y sus exigencias, reclamaba una atención especial para los aspectos sanitarios y la asistencia social debía hacer frente a multitud de necesidades creadas por la propia guerra. Empezaban a producirse las evacuaciones de pueblos enteros que huían de la guerra, planteando lo que iba siendo el pavoroso problema de los refugiados.

Cuando me hice cargo del Ministerio me esforcé en buscar personal idóneo, con la voluntad de potenciar la presencia femenina en este mundo político, del que la mujer se había visto casi siempre marginada. Nombré subsecretaria a la doctora Mercedes Maestre; directora de Asistencia Social a la doctora Amparo Poch. En cuanto a la Dirección General de Sanidad, tuve que conformarme a lo que fueron indicaciones del Sindicato Nacional de Sanidad, que señaló la conveniencia de que fuese nombrado para ese cargo el doctor Morata Cantón.

Como inciso, señalaré que se me había sugerido el nombre del doctor Gregorio Marañón como subsecretario de Sanidad. Teniendo una opinión formada sobre las reservas de Marañón ante las derivaciones de la guerra civil, me atrincheré en mi propósito de valorar presencias femeninas en el Ministerio, designando, como he dicho antes, a la doctora Mercedes Maestre, que, por cierto, no pertenecía a la CNT sino a la UGT.

Mi reserva respecto a Marañón, cuyos grandes méritos como hombre de ciencia no he puesto nunca en duda, se vio justificada muy pronto: Enviado en misión al extranjero, no regresó a España, mostrando su hostilidad a lo que era proceso revolucionario con el que el pueblo respondiera al levantamiento fascista, no escondiendo que, colocado ante una opción, siempre debería preferir las ideas de orden y de continuidad que, para él, encarnaba mejor el franquismo que una República desbordada por las masas.

Sin embargo, el doctor Marañón había jugado un papel importante en el advenimiento de la Segunda República, de la que se decía había sido quien le ayudara a nacer.

Algo parecido ocurrió con el doctor Gustavo Pittaluga. Pese a mi desconfianza, se le envió en delegación fuera de España. Tampoco regresó a ella y mejor perjudicó a la causa republicana, ya que no supo guardar, por lo menos, una neutralidad que hubiera podido excusarle históricamente.

Por desgracia, carezco de datos concretos y de estadísticas a mi alcance para poder establecer, de manera fidedigna, todo lo que fueron problemas a resolver durante ese período en que todo estaba trastocado y en que hubo que improvisar muchas cosas. Había, además, una triple función similar. Por una parte, había una Sanidad que respondía a la Generalidad de Cataluña. Por otra, existía una Sanidad de Guerra que formaba parte del Ministerio de Defensa. Y existía la nuestra, que, en cierto modo, debía tomar bajo su cargo los heridos, cuando éstos eran evacuados de los hospitales de sangre y pasaban a la retaguardia.

No hay que exagerar las dificultades de esta triple función, porque las sobrellevamos con buena voluntad y espíritu solidario, evitando roces y malos entendidos. En primer lugar, debo decir que el comportamiento de los médicos fue generalmente ejemplar. En ningún momento, o en raras ocasiones, las ideologías políticas o las influencias religiosas se antepusieron al sentimiento de responsabilidad del médico ante el herido o el enfermo. Tampoco encontré, en ningún momento, hostilidad ante la mujer, confedera) y libertaria, que ocupaba la dirección del Ministerio.

Todos cuantos médicos debí tratar y colocar en cargos importantes cumplieron con su deber y fueron siempre correctos conmigo. Cito como ejemplo el caso del doctor Mestres Puig, que me secundó activamente en la Subsecretaría de Sanidad en los últimos meses de mi gestión.

Recuerdo, como dato anecdótico, que puse a disposición del doctor Trueta los locales del Instituto Pedro Mata, de Reus, para que en ellos se ensayaran los métodos de curación de brazos y piernas por medio del procedimiento de la gangrena seca, que más tarde salvó a tantos hombres de mutilaciones fatales en el curso de la segunda guerra mundial.

Allí se instaló un equipo de médicos, ganados a las ideas de Trueta, que recogían a heridos procedentes de los hospitales de sangre y a los que generalmente salvaban de la pérdida de uno de sus miembros. Tuve ocasión de visitar este instituto, convertido en hospital de ensayo, y de comprobar los éxitos obtenidos.


Sanidad

Otro de los grandes problemas a los que tuvo que hacer frente la Sanidad Civil fue el temor a las epidemias. Como antes apuntábamos, por decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros del 21 de noviembre de 1936, fueron refundidos los Consejos y Juntas Técnicas del anterior Ministerio en el Consejo Nacional de Sanidad y Consejo Nacional de Asistencia Social.

El Consejo Nacional de Sanidad constaba de los siguientes departamentos:

1.° Higiene y Profilaxis.
2.° Hospitales y Sanatorios.
3.° Farmacia y Suministros.
4.° Personal y Organizaciones profesionales.
5.° Secretaría General.

Mi mayor preocupación y la de mis colaboradores consistía en combatir las infecciones, atajar las epidemias, hacer que el resquebrajamiento de la salud del pueblo con la guerra no se convirtiera en un segundo frente. Ejemplo de esta preocupación es la circular que publica el Ministerio a principios de diciembre de 1936, a través de su departamento de Higiene y Profilaxis, en la que se expresa lo siguiente:

«El desplazamiento de una parte de la población española debido a las contingencias de la guerra, y su aglomeración en determinadas regiones y provincias, obliga a la Administración Sanitaria a la adopción de aquellas medidas profilácticas que impiden la aparición de focos de enfermedades epidémicas...»

Había que vigilar atentamente el estado sanitario de las aguas y la higiene de las poblaciones que, en el maremágnum de las instalaciones improvisadas, de las concentraciones de soldados y de refugiados, exigían una vigilancia continua para evitar ciertos contagios, e incluso algunas de las formas que podía utilizar el enemigo para envenenar aguas o para producir focos infecciosos.


El Comité de Higiene de la Sociedad de las Naciones

Tan convencidos estaban en Ginebra del peligro de epidemias, que el Comité de Higiene de la Sociedad de las Naciones envió a España dos delegaciones, una a la España republicana y otra a la España franquista, para examinar «de visu» el estado sanitario de las ciudades y de los frentes.

La obsesión de los médicos comisionados era que se produjese, en una o en otra zona, una epidemia de tifus exantemático. Ignoro lo que ocurriera en la zona sometida por Franco y los suyos, pero en lo que respecta a la zona republicana, no se produjo ni un solo caso de tifus exantemático. La Comisión tuvo que reconocer que el estado sanitario, tanto en las ciudades como en los propios frentes, no dejaba nada que desear, y que se observaban las más rigurosas reglas de higiene y de vigilancia ante la propagación posible de enfermedades clásicas en todo período de guerra, como son las enfermedades venéreas.


Asistencia social 

La otra gran orientación que guiaba nuestras actividades con respecto a la Asistencia Social tenía una proyección para después de la guerra, y en ella se acometieron reformas cuyo objetivo primordial consistía en cortar por la base los problemas concernientes a las antiguas instituciones benéficas. El Decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros del 25 de noviembre de 1936, por el que se creaba el Consejo Nacional de Asistencia Social, disponía que éste «tendrá como misión primordial coordinar todo cuanto antes constituía el objeto y fines de la beneficencia oficial, particular y pública». En efecto, se trataba de aprovechar, por un lado, los bienes e instituciones pertenecientes a la antigua Beneficencia, pero tratando al mismo tiempo de erradicar el espíritu humillante de la caridad que lo inspiraba. 

Procuramos mejorar el régimen de los antiguos hospicios, lo mismo en la acogida a los viejos que a los niños. Se utilizaron también grandes residencias requisadas, instalándolas en condiciones humanas.

La Asistencia Social fue regulada por el decreto del 14 de enero de 1937, según el cual el Consejo Nacional constaría de cinco Consejerías, que serían: 

1ª Anormales, inválidos y desvalidos.
2ª Protección a madres embarazadas y lactantes, y a niños lactados. 
3ª Hogares de la infancia (ex asilos), guarderías infantiles, etcétera. 
4ª Escuelas de corrección y reforma.
5ª Secretaría general.

A su vez, los Consejos Provinciales constarían de cinco secciones análogas en su cometido. Y, al mismo tiempo, quedaban «disueltas todas las instituciones de beneficencia particular, se hallasen o no afectas al protectorado del Gobierno, cualquiera que fuese su carácter, ya se las conociera como fundación, asilo, junta, patronato u otro nombre que pueda haber empleado». De acuerdo con la doctora Amparo Poch, quise mejorar la condición económica de las asistentas sociales, que cobraban sueldos irrisorios. Pero allí choqué con lo que era y sigue siendo el estatuto de los funcionarios, que establece un principio de jerarquización que me sublevaba. Existía tal diferencia entre lo que cobraba un director general y lo que percibía una asistenta social, que no era posible consentirlo.

Pero no hubo manera de modificar legalmente este principio de jerarquía, que temo continúe subsistiendo. No pude hacer más que buscar medios indirectos para  aumentar los sueldos de los funcionarios menos favorecidos y disminuir, apelando a su conciencia de hombres y de sindicalistas, a los que ocupaban cargos elevados.

En lo que a mí respecta, y en lo que se refiere a cuantos estábamos delegados por nuestra organización, el principio quedó establecido: Entregábamos el importe de nuestros honorarios al Comité Nacional de la CNT y éste nos daba mensualmente el sueldo que cobraba un miliciano.


Invitación del Comité de Higiene de la Sociedad de las Naciones

Como consecuencia de la visita a la zona republicana de la Comisión enviada por el Comité de Higiene de la Sociedad de las Naciones, fui personalmente invitada a asistir a una reunión de este Comité, ante el cual expondría las conclusiones de su viaje la delegación antes citada, a lo que yo podría agregar lo que estimase conveniente.

Asistimos a esta reunión la que esto firma, acompañada por los doctores Cuatrecasas y Marín de Bernardo, y aprovechamos la ocasión para defender la causa de la España republicana, denunciando el abandono en que nos dejaban las democracias, de las que era máximo exponente la Sociedad de las Naciones.

Tuvimos el atrevimiento de decir que no era preocupándose del estado sanitario de un país civilizado, como era España, como se defendía a esta democracia que ponían en peligro las huestes fascistas que pretendían enseñorearse de nuestro país.

Me disculpo de referirme a este inciso anecdótico, que nada tiene que ver con la Sanidad. Pero es que, en aquellos días, todo estaba tan íntimamente confundido que era imposible establecer separaciones entre los diversos aspectos de la vida económica, social y política de España.


Creación de la OCEAR

A nuestro regreso nos esperaban las grandes dificultades, creadas por la caída de Málaga, a la que había precedido la de Irún, derramando sobre la zona que continuaba en poder de la República miles y miles de refugiados, la mayor parte mujeres, viejos y niños. Cada día era también mayor el número de heridos a cargo de la Sanidad de Guerra y que pasaban después a cargo de la Sanidad Civil. Ello nos obligó a crear la Oficina Central de Evacuación y Asistencia a los Refugiados (OCEAR), con sede en Valencia y en Barcelona. Cabe decir que en esos días la situación de Madrid, rodeado por las fuerzas enemigas, salvo las rutas que llevaban de Madrid hacia Valencia, había obligado al Gobierno, a todos los servicios oficiales y a los Comités Nacionales de todos los partidos, a abandonar Madrid, instalándose en Valencia.

Sin embargo, en Madrid siguió funcionando la Sanidad Civil y la Asistencia Social, tomando a su cargo los niños en edad escolar, que eran trasladados a zonas más seguras, algunas situadas incluso en Francia, donde ya existían colonias infantiles de niños refugiados.


El problema del aborto

Uno de los problemas que me propuse abordar, aprovechando las dificultades que ofrecía una situación revolucionaria, fue el de encontrar medios para evitar la hecatombe de mujeres que eran víctimas de maniobras abortivas, que las mutilaban para siempre y que en muchas ocasiones les costaban la vida.

En unos momentos en que tener un hijo creaba dificultades casi insolubles, miles de mujeres recurrían a curanderas o a prácticas primitivas que eran causa de infecciones de gravísimas consecuencias. Urgía encontrar una solución sanitaria a este problema, permitiendo que la mujer que se encontraba embarazada, habiendo fallado todo procedimiento anticoncepcional puesto en práctica, pudiera interrumpir este embarazo con garantías de higiene que no pusieran en peligro su salud.

Todo escrúpulo religioso o de otra índole pesaba poco en la vida de las mujeres que debían afrontar tal estado de cosas. Consciente de la necesidad de encontrar solución al caso, sin ser partidaria, ni mucho menos, de la práctica del aborto, decidimos de común acuerdo la doctora Mercedes Maestre y yo preparar un decreto que permitiera la interrupción artificial y voluntaria del embarazo. Decreto que quedó en suspenso en la cartera del presidente a causa de la oposición de la mayoría de miembros del Gobierno.

Esta fue la causa por la cual tuve que recurrir al subterfugio de extender al resto de la España republicana los beneficios del decreto sobre el derecho a la interrupción artificial del embarazo adoptado por la Generalidad de Cataluña en agosto de 1936. Este decreto de la Generalidad, que redactara el subsecretario de la Consejería de Sanidad, el doctor Félix Martí Ibáñez, lo hizo aprobar el compañero Pedro Herrera, nombrado por la CNT para ocupar el cargo de consejero de Sanidad. Al elaborar estos decretos éramos conscientes de que debía buscarse una solución al drama de miles de mujeres que, cargadas de hijos, recurrían a medios extramedicales o caseros para suprimir embarazos no deseados. Debo añadir que la oposición a tal proyecto de buena parte de los entonces miembros del Gabinete derivaba de que sólo veían en él los aspectos negativos. Para ellos, esta permisibilidad sería motivo de desbordes sexuales, y se prestaría a ciertas inmoralidades de las que, a la larga, serían víctimas las propias mujeres.

De todo ello poco quedó, y hoy las tímidas tentativas de legalización del aborto, con muchas limitaciones, chocan, una vez más, con los obstáculos que a ella oponen aquellos que, por prejuicios religiosos, no se dan cuenta de que no sólo no evitan los abortos, sino que exponen a numerosos peligros a muchas mujeres. Por lo demás, estos escrúpulos son trasunto de una hipocresía evidente, de la que son víctimas las mujeres pobres, ya que las ricas pueden ir tranquilamente a Inglaterra, a Suiza o a otro país extranjero a liberarse de un embarazo inoportuno.


La lucha contra la prostitución

Otra de las iniciativas que, de acuerdo con la doctora Amparo Poch, directora de Asistencia Social, pusimos en práctica fue crear las contingencias favorables para que aquellas mujeres que quisieran liberarse de la prostitución pudieran hacerlo encontrando medios que les permitieran abandonar el ejercicio de una profesión considerada la más antigua del mundo.

Creamos hogares, llamados Liberatorios de Prostitución, en los que eran alojadas y asistidas aquellas mujeres que quisieran encontrar otro trabajo. Había allí talleres donde aprendían oficios y un servicio mediante el cual se les iba colocando en otras actividades remuneradas. Debo decir que algunas mujeres reincidieron en su antigua profesión, que juzgaban menos penosa que aquella que se les enseñaba. Pero, en honor a la verdad, hubo una gran mayoría que se reintegraron a lo que, por llamarlo de alguna manera, llamaremos vida honrada, algunas de ellas casándose incluso y siendo esposas y madres ejemplares.


Consideraciones finales

Es difícil imaginar, a cincuenta años de distancia, lo que fueron esos meses terribles. Los bombardeos de la aviación enemiga se abatían, sin discriminación, sobre ciudades abiertas, donde la defensa antiaérea poco podía hacer contra los aviones enemigos. Ignoramos si de manera deliberada, en lugar de buscar puntos estratégicos, se atacaban sistemáticamente los barrios obreros en las grandes aglomeraciones.

Y que conste que la República nunca bombardeó ninguna ciudad de la zona ocupada por Franco. Que conste, también, que la mayor parte de estos aviones asesinos eran pilotados por aviadores alemanes e italianos. Es necesario evocar lo que fue la matanza de niños y mujeres en muchas capitales para comprender el pánico que se apoderara de las familias y que les hizo buscar desesperadamente un refugio, una solución para salvar la vida de sus hijos.

Precisan estas explicaciones para que la historia conozca las razones por las cuales tanto el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social como las familias tuvimos que aceptar ofertas de Méjico y de la Unión Soviética, que se ofrecieron a acoger niños españoles a fin de salvarlos de los peligros de la guerra.

Y fue una labor ímproba, a cargo sobre todo de la OCEAR, la de reunir y dirigir, primero sobre Valencia y luego sobre Barcelona, los miles de niños destinados a salir de España, unos hacia Francia, otros hacia Méjico y otros hacia Rusia.

En ningún momento se violentó la conciencia y la voluntad de las familias que acompañaron a sus hijos hasta los puntos de embarque. Hago gracia de lo que fue, casi siempre, el espectáculo desgarrador de estas separaciones. Pero en todas y en todos había la angustia y la incertidumbre del mañana.

Personalmente, he sentido siempre una pena inmensa diciéndome que, tanto nosotros como los familiares, contribuimos, forzados por las circunstancias trágicas que se vivían, a que muchos de estos niños jamás pudieran regresar a España y a que muchos se perdieran en la vorágine de la guerra que se acercaba, sobre todo los que fueron a Rusia. He procurado ser lo más objetiva posible y, aunque sucintamente, destacar lo más esencial de lo que fue mi labor en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y de las realizaciones que me fue permitido acometer en el corto lapso de tiempo de mi gestión. Sólo lamento no haber podido hacer más y, sobre todo, no haber podido consolidar lo hecho. Éramos ricos en imaginación y en grandiosidad. Pensábamos hacer mucho bien y el bien que hicimos, pese a todo, es superior al mal que se nos ha atribuido. He procurado también abstenerme de todo sentimiento de hostilidad y de toda dura acusación contra los que, históricamente, tendrán siempre la responsabilidad de la tragedia en la que España fue sumida. Cuarenta años de dictadura son muchos años. Es útil que se recuerde ese pasado y que las generaciones actuales lo conozcan y nos conozcan.


Federica Montseny
Los médicos y la medicina en la Guerra Civil española. 
Madrid: Saned, 1986



2089. María Silva "La Libertaria"

Puños de gigante baten 
La puerta del aposento, 
Y la noche entra de pronto, 
Negra de horror y misterio. 
-Ráfagas de fuego arrancan 
Desgarrones de silencio-. 
¡Ay, María Silva Cruz, 
Carne dolida del pueblo! 
Rugió brutal el destino. 
¡Al fin, María Silva! ¡Fuego!
 … ¡Ay! María Silva Cruz 
(“Libertaria”, por tu abuelo) 
¡Carne de tu misma carne, 
Te vengará el pueblo íbero!

Lucía Sánchez Saornil



María Silva Cruz La Libertaria, nieta de Francisco Cruz "Seisdedos", superviviente de la matanza de Casas Viejas, fue asesinada por los golpistas el 24 de agosto de 1936. Se desconoce donde se encuentran sus restos y su muerte no consta en el Registro Civil.


Cuando María regresó a su celda, sus tres compañeras la rodearon.

Qué, qué pasa? ¿Qué te han dicho? le preguntaron anhelantes.

María se sentó sobre un petate. Quedó un momento inmóvil, mirando en torno suyo, como extrañada. Sus hermosos ojos profundos se fijaron atentamente en sus compañeras de infortunio, como si quisiese grabar sus semblantes en su memoria. Luego dijo con voz igual, apenas alterada por un ligero temblor:

Me han condenado a muerte.

Las tres mujeres prorrumpieron en alaridos.

¿Pero así, de esta manera? ¿De qué te acusan. criatura? ¿Qué crimen pueden imputarte si anda has hecho?

No sé. Nos han condenado en masa a todos. Nunca había visto juzgar a la gente de esta manera. Pero así lo hacen ahora.

¡Oh pobre, pobre angelito! ¡No puede ser que te maten en este estado! ¡No es posible que sean tan criminales!

Las lágrimas se deslizaron silenciosamente por las pálidas mejillas de María Silva. Otra vez pasó las manos por su vientre granado. Su pensamiento voló hacia Miguel.

¡Nunca más volveremos a vernos!suspiró dolorosamente ¡No podrá nacer nuestro hijito!


* 


La puerta se abrió sin ruido y una sombra negra apareció ante los ojos asustados de las cuatro mujeres. Un mismo alarido sobrehumano se escapó de tres gargantas:

¡Ya vienen por ella!

María no dijo nada. Se irguió hierática e inmóvil, agrandada por la delgadez de sus facciones y de su cuerpo enflaquecido, que hacía su preñez más evidente y más patética.

No os asustéisdijo el capellán de la cárcel con voz melosaNo vienen por ella. Vengo, por el contrario, a hablar con María para ver de ayudarla.

Y dirigiéndose a María, directamente le dijo:

Ven conmigo, hija mía.

María le siguió sin pronunciar palabra.

El carcelero los condujo a la sala de visitas. El cura hizo sentar a María en un banco y se sentó a su lado, cogiéndola una mano.

Hija mía, tu desgracia me afecta profundamente. Quisiera ayudarte y no sé cómo. Desde luego te anuncio que he conseguido que aplacen tu ejecución hasta después de haber dado a luz, medida de clemencia a la que no pueden oponerse, por cuanto el caso está previsto en las leyes. Pero quisiera hacer más por tí... Quisiera salvarte la vida.

María guardaba obstinado silencio. En su cabeza trotaban los pensamientos. Bajo su exterior quiero y u tanto taciturno, se ocultaba una inteligencia poco común y una voluntad suave y firme. Antes de abrir la boca sabía ya a donde iba el cura. Es más, lo presumió sólo con verle entrar. Pero calló, esperando que él abordase el tema por sí mismo.

Al ver que nada decía, el capellán reflexionó un momento y siguió diciendo, buscando las palabras:

La situación es mala, muy mala. Las noticias que llegan de la zona donde no ha triunfado el glorioso movimiento, no son nada satisfactorias. Los rojos se entregan a toda clase de sacrilegios. Ni las imágenes sagradas ni los ministros del culto son respectados por nadie. Se incendian iglesias y conventos y se fusila sin piedad a sacerdotes, hermanos y hermanas. Esto explica el estado de exasperación en que se encuentra aquí la gente, sinceramente católica, y que no puede contemplar sin indignación y sin protesta tantos desmanes. No todos se ven dotados por Dios del espíritu cristiano necesario para no pensar en vengarse de tales desafueros. De ahí que son de prever y de excusar las represalias sobre los descreídos y los revolucionarios que se encuentran en esta zona. Te explico todo esto para que te hagas mejor cargo de la situación... La misericordia de Dios, sin embargo, es infinita y un buen arrepentimiento salva e indulta de muchas culpas... Eres joven, María, vas a ser madre... Te esperan muchos años de vida, si la quieres emplear rescatando tus pecados y tus errores. Haz una confesión completa y abjuración pública de tus culpas, y yo te prometo, si no la libertad, por lo menos la vida ... Yo la presentaré como el fruto de mis esfuerzos por salvar tu alma y como un milagro de Nuestra Señora, que se dignó descender sobre ti y tocar tu conciencia.

Los grandes ojos de María Silva contemplaron profundamente al capellán durante unos segundos. Este la contemplaba también esperando una respuesta.

— ¿Qué contestas a ello María?

Lo pensaré, señor cura, pero me digo que un arrepentimiento así, forzado por el peligro e impuesto por ustedes, no puede ser grato de Dios, si existe.

No blasfemes criatura. Los designios de la Providencia son insondables y todos los caminos son buenos para llegar a ella. ¡Reflexiona! ¡Reflexiona! Yo pasaré a verte dentro de unos días. piénsalo bien: O la vida, para ti y para tu hijito, entrando en el seno de la Iglesia, pasando unos años de penitencia en el presidio, saliendo de él purificada... O la muerte, inevitables, sin ese hecho sonado, después de tu alumbramiento.

Lo pensaré señor cura, lo pensarérepitió María con calma.

Ante ella solo aparecía clara y evidente una cosa. Sin comprometerse a nada, podía aún salvar a su hijo, hacer nacer el fruto de sus amores. Algo de ella y de Miguel quedaría sobre la tierra, algo desconocido y ya amado, con esa ternura secreta y recóndita de la madre hacia el pequeño ser invisible que late en sus entrañas.

El cura la acompañó de nuevo hasta su celda, repitiéndole, al estrecharle la mano:

Un buen arrepentimiento María, y la vida y el cielo son todavía para ti posibles.

Las mujeres la rodearon.

Qué te ha dicho María?

Nada... No me matarán hasta después de dar a luz. Unas semanas ganadas y la vida de mi hijo segura.

Quizá te indultarán luego...

No, no me indultarán porque no haré lo que ellos quieren

¿Y qué quieren ellos?

Que reniegue de la sangre de los Seisdedos. Que no le quede a mi hijo ni el recuerdo limpio de su madre. Pero esto yo no lo haré. La muerte no me asusta. Me asusta hoy por él; porque habíamos puesto los dos muchas ilusiones en su vida... ¡Cuántas noches dormíamos haciendo proyectos! Miguel quería que fuese niña. Yo quiero un niño... ¡Tanta ilusión para nada!

Hablaba en voz baja. Más para ella misma que para las otras. las tres la contemplaban en suspenso, en adoración casi.

¿Es posible imaginar nada más sublime, ni más conmovedor, ni más patético que esa mujer joven, casi una niña, con el cuerpo hecho sagrado por la naturaleza, depositaria de la vida y ofrendada a la muerte?

Un rayo de sol, filtrándose por la reja, aureolaba de luz la cabeza angélica. Sus grandes ojos como anegados en una humedad dulce, le comían el flaco semblante... Murillo no tuvo más hermosa ni más extraordinaria modelo para sus vírgenes.


Federica Montseny
María Silva, La Libertaria
Publicado en El Mundo al día, 15 de mayo de 1951 Ediciones Universo, Toulouse









2060. Federica Montseny. Toulouse, 23 de julio 1967

XXXI Aniversario de la Revolución Española

Estimados compañeros. Estimados amigos, Séame permitido, en nombre de todos vosotros, y por coincidir casi esta fecha con la de un sacrificio que hoy tiene características singulares, extraordinariamente actuales, ofrendar, de una manera especial, estas flores, dedicadas al recuerdo de todos los que han caído por la defensa de la libertad del pueblo español; permitidme, repito, que estas flores sean especialmente ofrendadas, como símbolo y resumen de todos los sacrificados, a un hombre que, el día 25 de julio hará 25 años, fue asesinado: Me refiero a Juan Peiró.

Jamás, repito, tuvo tan terrible y emocionante actualidad evocar el fin de Peiró. Mañana hará 25 años, Peiró fue visitado, una vez más, en la cárcel de Valencia, por los elementos que en representación de la CNS, y en representación de la Falange, le habían ya visitado en diferentes ocasiones, insistiéndole en el sentido de garantizarle la vida, y después la libertad, si se decidía a colaborar con ellos. Llegaron seis o siete, con sus botas de cuero, sus correajes, sus camisas azules, sus boinas, su aire envarado, que tanto recordaba el de los SS alemanes. Una vez más Peiró se vió obligado a recibirles, yuna vez más le intimaronun ultimátum. Le dijeron: “Si acepta Vd. colaborar con nosotros, si acepta Vd. integrarse a los cuadros sindicales de la Organización sindical española, aquí tiene Vd. el indulto, y le garantizamos que dentro de un mes estará Vd. en libertad.” Y Peiró una vez más, les dijo: “Es inútil que insistan Vds. Mi elección está hecha. Soy un hombre de la CNT, he dedicado mi vida a la CNT, y prefiero morir antes que manchar y que deshonrar a la CNT (grandes aplausos). Y a Peiró le dijeron los emisarios: “¿Es esta su última palabra?” “En efecto, esa es mi última palabra.” “Pues bien, he aquí la nuestra: Mañana a la madrugada será Vd. fusilado.” Peiró se inclinó y dijo: “Bueno, pues, hasta mañana por la mañana.”

A la mañana siguiente, a la aurora, a las cuatro y media, el director de la cárcel fue a llamarle y le dijo: “Sr. Peiró, la hora ha llegado. Vistase Vd.” Y Peiró dijo: “¿Para que?” También se puede morir en pijama.” Y así, tranquilamente, sin aspavientos, sin ningún gesto espectacular, sobriamente, así marchó a la muerte Peiró. Y así cayó, junto con la saca de la cárcel de Valencia, el día 25 de julio de 1942.

He querido evocar esta muerte de Peiró, porque considero que en este fin está implícita toda la conducta de los hombres que, verdaderamente, no pertenecen a la CNT, sino que la CNT la llevan dentro del corazón, dentro del alma.

Peiró era consciente de que en cada hombre de la CNT está la CNT integrada y encarnada. De que cuando un hombre de la CNT disminuye de valor moral, se arrastra, se acobarda, cede, limosnea o se degrada, es la CNT la que se degrada, la que limosnea, la que cede, la que se ensucia y se deforma. Peiró sabía que con él la CNT adquiría una vez más carta de integridad, de valor. Carta de valentía, carta de dignidad ante el régimen que se había enseñoreado del poder en España, después de derramar un río de sangre y de haber lanzado unos españoles contra otros. Peiró sabía que era mil veces preferible la muerte a la deshonra, para él como para otros hombres, y para la Organización que representaba y que llevaba en el alma, que aceptar el preciode la cobardía y de la traición. Saludemos en Peiró el hombre que encarna lo que han sido a través de la historia de España los hombres de la CNT, los hombres de la FAI, los hombres del anarquismo militante.

Porque, lo ha dicho el compañero Liarte, y es necesario repetirlo una vez más, para que penetre y se afinque en todas las conciencias, para que quede grabado en letras de oro en todos los corazones: un movimiento, una organización, no adquieren la fuerza, el prestigio, la influencia que tenía y que tiene la CNT en España; un movimiento organizado no logra catalizar y galvanizar todas las fuerzas que totalizamos y galvanizamos nosotros el 19 de julio de 1936 si ese movimiento, esa organización, esa fuerza, no está enraizada en la entraña popular. Y no es por generación espontánea como se forjan los movimientos, como se hacen las organizaciones, como enraízan esos movimientos y esas organizaciones en las conciencias: todo eso se logra a través de la acción de generaciones que se van sucediendo, generaciones encarnadas en los más sinceros, en los más abnegados, en los más enteros de los hombres. Y esto es lo que todos debemos tener en cuenta.

Si la CNT, si la FAI, si las Juventudes Libertarias tenían, el 19 de julio, por lo menos 250.000 militantes activos, es porque esos 250.000 militantes activos se habían ido gestando, formando, a través de años y años de lucha de las generaciones que les precedieron. Y esos 250.000 hombres y mujeres lograron arrastrar a las masas, lograron que esas masas, en el momento de realizar algo, volvieran sus ojos hacia lo que eran nuestros planes, nuestros programas, es porque en cada pueblo, en cada barriada, en cada sindicato, en cada grupo humano había un hombre que tenía cerca de ellos influencia moral, y que era por ellos amado y respetado.

Es ésta nuestra fuerza; fue ésta nuestra fuerza a través de cien años de actuación y movimiento. Y esta fuerza nuestra, esta fuerza, jamás, jamás, ni la ha tenido, ni la tendrá, ni la organización sindical fabricada por el fascismo en España, ni ninguna otra organización sindical que quiera fabricarse en España. Pues esos pergaminos, esas cartas de nobleza, esa aristocracia revolucionaria que representamos nosotros, no se improvisa.

Eso se forja, y eso se conserva, a través de la conducta ejemplar, del sacrificio, de la voluntad, de la energía, del trabajo, de miles y miles de hombres que han sido espejo, ejemplo para todo un pueblo.

Peiró, a la hora de hacer su elección dramática, tuvo plena conciencia de todo esto. Como la tuvo Higinio Carrocera, y tantos otros, que prefirieron también el paredón a la traición. Los desgraciados, los ex-hombres, los que han renunciado a su propia dignidad al pretender encenagar y deshonrar a la CNT, no han tenido conciencia de ello, probablemente porque eran incapaces de tenerla. Porque si Peiró llevaba a la CNT en el corazón; si Peiró había sido uno de los hombres que habían forjado a la CNT; si Peiró amaba por encima de la vida propia a la CNT, aquéllos que reniegan de la CNT, que encenagan a la CNT, que ensucian a la CNT, que deshonran a la CNT, ni la representan, ni la han amado, ni la han llevado nunca dentro de sus corazones ni de sus conciencias. (Inmensos aplausos)

Examinemos, ahora, objetivamente, la multitud de aspectos que aparecen ante nuestras vista en el momento que vivimos. Algunos, bastantes incluso diremos, de los que hoy visitan España, algunos con pasaporte francés, porque se han naturalizado, otros con pasaporte consular, otros terceros simplemente por que son franceses, o porque no han sido nunca antifascista, o por lo que sea, vuelven de España diciendo: “Pues sí, la cosa está mejor que estaba". 

Se han hecho muchas construcciones. Hoy no se reconocería Madrid, ni Barcelona. No se reconoce la Costa Brava. Aquello ha cambiado mucho”. Y, llevados ya de su afán de bienquistarse con los que están en el candelero, incluso dicen: “No se puede negar que el franquismo ha hecho su obra”. Cada régimen, en veinticinco o veintiocho años de existencia, evidentemente realiza su obra. Si hoy recorremos Italia, nos dicen: “Esta autopista la hizo el fascismo”. En Alemania, muchos dicen: “Si, los cuarteles están muy bien instalados. Los soldados en Alemania viven en verdaderos palacios. Esto lo hizo Hitler”. Perón en la Argentina realizó también algunas mejoras y algunas reformas. ¡Cómo no! 

Los Faraones han pasado a la Historia porque a base de esclavos construyeron las Pirámides, y construyeron las sepulturas dentro de las que debían ser enterrados y debían esperar la resurrección final. Los que así razonan, los turistas que vuelven diciendo: “En España se come bien”, jamás se han preocupado de averiguar el porcentaje de analfabetos, y cuando han recorrido las playas españolas, Marbella, Torremolinos, la Costa Brava, no se han adentrado en el interior de los pueblos y no han visitado lo que es la miseria del agro andaluz, ni las condiciones sociales de la vida del obrero en España, que han obligado a emigrar al extranjero a cuatro millones de españoles.

Los turistas ricos, los grandes millonarios ingleses, o americanos, o italianos, o belgas, o de la América Latina, que visitan España, se encantan disfrutando las bellezas de las playas de las Baleares, y encontrando, en Madrid y Barcelona, lugares de ocio como no los hay en ningún otro país del mundo. Porque esto es lo que Franco y el franquismo han conseguido hacer de España: El burdel de Europa y de todos los países del mundo. (Grandes aplausos). Allí van todos los ricos a divertirse. Porque allí es donde, con menos dinero, se come mejor, se bebe mejor, y se encuentran chicas más guapas – y hasta, si me apuráis, diré chicos más guapos -. (Aplausos). Esto, compañeros, amigos, antifascistas, emigrados económicos, lo que seáis, los que estáis en esta sala y que me escucháis, esto no es para nosotros, ni progreso, ni timbre de gloria, ni realización alguna.

Lo importante y fundamental para un pueblo, la realidad social y política de España, no se puede mirar a través del paso raudo de un automóvil por carreteras y ciudades, ni a través de los placeres gastronómicos o fisiológicos que se encuentran en casinos, en palaces, en playas, en music-halls o simplemente en burdeles. Hay algo más importante, hay algo más profundo, hay algo más fundamental que representa y que constituye el marchamo, el label de un progreso, de una cultura, que garantiza y que asegura las mejoras realizadas en un país: Es el nivel de la enseñanza. Es la definición del número de analfabetos. Son las condiciones sociales de vida de la clase obrera en general, no de una parte de esa clase obrera, de una parte incluso de esa España. La España mediterránea; la España de Cataluña, del País Vasco, la España de los altos funcionarios de Madrid nada tiene que ver con la España triste y tradicional de los Burgos podridos, la España triste y tradicional de las estepas castellanas,de los poblados andaluces, donde los hombres se ven lanzados al hambre porque incluso los tres meses de trabajo en la época de cosecha, que tenían asegurados, hoy no existen, porque la mecanización de la agricultura, porque los tractores, porque las trilladoras mecánicas, porque todo cuanto ha representado el progreso técnico en el mundo, para España ha representado mayor miseria, mayor dolor, mayor tristeza, mayores privaciones, una condición más infrahumana de la clase agraria española y del proletario interior español en general.

En este aspecto, si estableciéramos -cosa que no haremos, porque no tenemos tiempo para ello- un parangón entre lo que fueron, dentro de su limitación y de su modestia, las reformas iniciadas y realizadas por la segunda República española, con lo que ha realizado en 29 años el franquismo, veríamos la enorme diferencia que hay entre lo que intentó hacer la República y no pudo, porque no duró más que cinco años, y porque, además, los años que duró fueron años difíciles, años en los cuales toda la sociedad española tuvo que debatirse dentro de las contradicciones que la desgarraban, si lo comparáramos, repito, el balance sería desastroso para el franquismo. Y si comparáramos lo realizado con el fusil en una mano y la herramienta de trabajo, la pluma o el libro del maestro en la otra, durante los tres años de la Revolución y de la guerra, ¡ah!, entonces no cabria comparación posible.

Pasarán los años, pasarán las generaciones, pero algo quedará de ejemplar y de único en la Historia de España: El esfuerzo gigantesco realizado por un pueblo que, a la vez que se batía contra el fascismo internacional, conjurado, reunido contra la causa de la libertad en España, forjaba las contingencias, las condiciones, para una reorganización del mundo a partir de las realizaciones de carácter social, colectivista, comunitario, realizadas en España. 

Pasarán los años, pasarán las generaciones, eso, pese a todas las criticas, pese a cuanto se dice y se hace para disminuir su valor, para resaltar sólo sus aspectos negativos, queda y quedará permanentemente. La obra pedagógica realizada por la Revolución española, la obra social realizada por la Revolución social española, la creación de sistemas de organización de la sociedad, suprimido el capitalismo, suprimida la moneda, reducido a la mínima expresión el Estado, eso permanece y permanecerá siempre. Y esta floración de ideas sociales colectivistas, de las cuales se apodera incluso el mundo capitalista; todo eso que hoy se maneja, de lo que hoy se habla, la autogestión, la congestión, los ensayos de carácter socialista, realizados en diversos países de Europa, de América y de África; toda esa agitación que conmueve los mismos cimientos del orden social burgués, todo eso tiene, sobre todo, su base y su punto de partida en las realizaciones colectivistas españolas. Que esto lo haga un pueblo en paz, que esto pueda hacerlo un pueblo con una revolución triunfante, sin enemigo interior ni exterior que combatir, tiene su mérito, su gran mérito; pero que esto lo pueda hacer un pueblo combatiendo al enemigo interior, batiéndose en todos los frente a la vez, con todo el mundo conjurado contra él, y que así y todo lo haga, esto, compañeros y amigos, antifascistas, españoles indiferentes, sin preparación ni inquietud social, esto ha de enorgullecernos incluso como pueblo. Pero esto no puede ser tampoco ni desvirtuado, ni deshonrado, ni desviado de sus cauces, integralmente igualitarios y revolucionarios, integralmente socialistas.

Hablar hoy de la obra social que puede realizarse en España a través de las Cooperativas y a través de los Planes Badajoz y Albacete, eso es no tan sólo de un cinismo acreditado, sino un insulto y un escarnio que no podemos recoger sin rechazarlo enérgicamente aquéllos que nos consideramos ofendidos, simplemente porque se establezca una similitud, un parangón, entre lo que hizo el pueblo español en los años del 36 al 39 y la caricatura de la adaptación de aquello a las contingencias de tipo social y político creadas en España por un sistema totalitario.

Se nos ha dicho, en diferentes ocasiones, que ni sabíamos lo que queríamos, ni dónde íbamos, ni cuál era nuestro programa. En pocas palabras el compañero Liarte os lo ha definido. ¿Quién ha dicho que no tuviéramos programa? Yo puedo deciros que no hay ningún partido político, que no hay ninguna organización obrera, que no hay ningún movimiento, que hoy pueda exponer un programa de realizaciones y de reestructuración de la sociedad más claro, más definido y más explicito que el nuestro. Y si no, la prueba. Ese programa que hoy ha sido expuesto a grandes rasgos, esas lineas generales que levantan un mundo sobre la base del individuo, de la federación, que consideran que la sociedad nueva ha de estructurarse a base de la federación de productores y consumidores, que integran toda la sociedad dentro de esta organización de un mundo mejor, ese era nuestro programa el 19 de julio de 1936. 

Y cuando el capitalismo, aterrorizado al ver el cauce que tomaban los acontecimientos, cuando los propietarios de fábricas, los alcaldes, los gobernadores civiles, los funcionarios de la policía, los altos mandos del ejército, pusieron pies en polvorosa, y parecía que la sociedad debía hundirse, el mundo debía hundirse, por que las bases de la sociedad se habían quebrado, la sociedad no se hundió, el mundo no cesó de dar vueltas, y la vida se organizó sobre bases nuevas. Esas bases que parecen vagas, porque son amplías, ese programa que no está precisado diciendo: Fulano de Tal será gobernador de tal población y a menganito lo haremos alcalde de esta otra. 

Fue la base, fue la asamblea, fue la reunión de todos los habitantes de los pueblos, de los comités de barriada, de los comités de empresa, de los órganos naturales de los trabajadores y de las organizaciones sindicales, los que organizaron sobre la marcha esta sociedad nueva.

Y el ejemplo no fue tan desastroso. Y los resultados no fueron tan malos, por cuanto pudimos, a la vez, organizar las industrias de guerra, pudimos, a la vez, improvisar incluso lo que no teníamos, fabricar las armas que el mundo nos negaba para defendernos contra el enemigo interior que él si era defendido y ayudado por Italia, por Alemania y por la complicidad del mundo entero.

Ha hablado Liarte del pueblo de Israel. Y bien, hablemos un momento del pueblo de Israel, y establezcamos un parangón y un ejemplo entre nosotros y ellos. En Israel, los que se han batido, los que han hecho frente a la ofensiva conjugada de los países árabes, apoyados por las armas de Rusia, que en este caso desgraciado ha jugado el mismo papel que jugaron Italia y Alemania vis-à-vis del franquismo y de España (aplausos), han sido los hombres y mujeres, la generación creada en los kibboutz los que han dado la flor y nata de esas muchachas y muchachos que han hecho frente a una situación que parecía sin salida. 

Durante unos días, con el corazón acongojado, pensábamos que ese pequeño pueblo, reunido en una lengua de tierra, sería inexorablemente batido, destruído, aniquilado, por todas las fuerzas de cien millones de hombres armados por la Unión Soviética y galvanizados por ideas primitivas como es esa idea, que prende siempre en el carácter árabe, de la guerra santa. Y el milagro se produjo: Y el milagro lo produjeron dos millones y medio de seres, la mayor parte de hijos de los kibboutz y forjados por eso que alguien ha llamado “la civilización de los kibboutzs” ¿Y sabéis cómo funcionan los kibboutzs? Hay kibboutzs de todas clases. Los hay religiosos, marxistas, laicos; los hay en los que están integrados compañeros, incluso compañeros españoles, pero todos se rigen por el mismo mecanismo que rigió nuestras colectividades. Todos los acuerdos se toman en asamblea abierta, y cuando no hay unanimidad sobre un aspecto concreto de trabajo, de adquisición de material, de lo que sea, la asamblea se levantan y no se toma acuerdo alguno. No se impone ni aun la ley de las mayorías. Y en el interior de los kibboutzs no existe la moneda. La moneda se ha abolido. Y es toda una civilización basada en el esfuerzo humano, en el trabajo, en la igualdad, la que ha creado esa fuerza que ha sido capaz de hacer frente a toda la conjuración de fuerzas catapultadas contra Israel porque se creía que, atacando a Israel, se conseguía desencadenar la guerra mundial que se buscaba.

Yo no os diré que la situación de Israel sea parecida a la nuestra, porque ellos han dispuesto de material de guerra del que nosotros no pudimos disponer. Porque ellos han tenido una cobertura económica que no pudimos tener nosotros. Pero reflexionad un poco y deciros que hasta bajo el punto de vista del ejemplo humano, eso ha de ser valido: Son los supervivientes del genocidio realizado por el nacional-socialismo. Son los supervivientes, como nosotros, de las más enorme, monstruosa, complicidad de todo un mundo, dejando que se suprimiera físicamente una raza entera. Seis millones de judíos murieron en los hornos crematorios de Alemania. Y son los supervivientes, los hijos, los hermanos, los descendientes, los amigos, los que consiguieron escapar y refugiarse en diversos países e ir a Israel al final, viviendo epopeyas como la que nos muestra el film “Exodus”, los que han constituido hoy el pueblo de Israel. Y el ejemplo que nos dan esos hombres, ejemplo siempre válido, ejemplo que deberemos tener en cuenta, es que, de todo el dolor sufrido, de todas las humillaciones que se les infligieron, de todo el sacrificio impuesto y consentido por una raza ha surgido una moral y un principio nuevo. El pueblo de Israel ya no se dejará nunca más masacrar. Ya no se dejará nunca más sacrificar sin resistencia. Es una mentalidad de combate y de lucha laque ha forjado estos hombres y esas mujeres, cuya media de edad son de 20 a 30 años. Ellos tienen en su haber tantos muertos como nosotros. Ellos han sido, como nosotros, víctimas de la misma indiferencia, de la misma suicida actitud del mundo, que prefirió salvaguardar su precaria seguridad, dejando que se masacran pueblos, primero el nuestro y después el suyo. Y de ese dolor, de ese calvario, de ese sacrificio consentido, han sacado ellos la energía y la voluntad que hoy les ha hecho y les hace una fuerza peligrosa. Fuerza, sin embargo, que, no nos hagamos ilusiones, el propio judaísmo internacional, el propio judaísmo capitalista internacional, mira hoy con inquietud. 

Porque la realidad es ésta: las realizaciones socialistas de Israel son inquietantes para el mundo capitalista mundial. Y es posible que, a la hora la verdad, el propio pueblo de Israel sea sacrificado por lo que el pueblo de Israel ha realizado de revolucionario y transformador dentro del orden social burgués capitalista mundial, que tiende a su conservación.

Sin embargo yo os diré: no soy pesimista. No lo he sido jamás. He tenido siempre fe y confianza, no solamente en nuestras ideas, sino también en el destino de la humanidad. Sé que, de una manera inexorable, fatal, el curso de los acontecimientos lleva al mundo hacia los derroteros por nosotros revistos y anunciados. ¿Qué importa que florezcan las dictaduras? Las dictaduras son la prueba evidente de la incapacidad del sistema capitalista para resolver sus propias contradicciones. Leemos hoy que en Grecia ha sido condenado en rebeldía Teodorakis, el compositor autor de la música de “Zorba el Griego”. Leemos hoy que en un accidente de tren un poco sospechoso ha muerto Albert Luthuli, el escritor negro que fue agraciado con el premio Nobel de la paz en 1960, y que el gobierno fascista de Sud-África tenía encerrado en una reserva. Vemos de qué manera el mundo capitalista, el mundo teocrático, el mundo dictatorial, el mundo del dinero se debate luchando de todas las maneras para sostener sus privilegios. 

Contemplad el panorama de la América Latina, en donde el levantamiento de los pueblos es hoy fustigado y estigmatizado, calificándolo de maniobra castrista y comunista. Yo os repito hasta la saciedad: ¡No es verdad! Si los pueblos americanos se levantan y declaran huelgas, si los pueblos sud-americanos se organizan en guerrillas, no es por la presión del castrismo, ni del comunismo: es por la evolución fatal e inevitable de la propia Historia. Porque esos pueblos quieren vivir, porque están cansados de ser explotados, de ser esquilmados, de la condición infrahumana de sus proletariados. Y el mundo, todo el mundo, está en convulsión y en transformación. Cada país capitalista busca los medios para sobrevivir, para afianzarse. Ved en Francia: De Gaulle se convierte, sobre el papel, en el líder de las reformas sociales más revolucionarias. Pero para imponer esas reformas que representan la intervención de los obreros de los comités de empresa de las fábricas y la participación de los obreros en los beneficios, ha exigido, y obtenido, los poderes especiales. ¿Por qué? Porque él sabe perfectamente que, si una parte de la clase obrera puede dejarse cazar en el lazo de esa participación hipotéticay teórica en los beneficios, en la realidad eso no es más que una añagaza destinada a asfixiar el espíritu revolucionario de las masas obreras. (Aplausos). De una manera también inevitable, el mundo marcha hacia una formidable crisis económica.

Ved los Estados Unidos, de qué forma se debaten en las agitaciones sociales y raciales. Los Estados Unidos no habían sufrido directamente ninguna guerra. Hoy sufren la del Vietnam, que les agota, que les extenúa, que cada día arranca hijos a los hogares americanos. Y los negros, que saben que son ellos los primeros que parten como soldados para el Vietnam, los negros se revuelven. Y su revuelta, como la de los judíos, deja de ser pasiva, deja de ser resignada, deja de ser una resistencia que acepta, para convertirse en una lucha que encara, que desafía, en una lucha en que mata y en una lucha en que muere.

La crisis es universal, porque universales son las contradicciones del sistema capitalista, la imposibilidad, para el sistema capitalista, de resolver sus contradicciones internas.

Y en este contexto mundial, en ese conjunto de factores, unos positivos, otros negativos, que alternan en el panorama del mundo, el lugar que tiene reservado España continúa siendo, será siempre, primordial. Yo no soy de los que creen en pueblos mesiánicos. No hay, no ha habido, no habrá jamas pueblos mesiánicos. Pero hay condiciones étnicas. Pero hay situaciones geográficas. Pero hay climas. Pero hay historias, que todas ellas coinciden creando algo personal y único que es patrimonio de un pueblo o de otro, de un rincón o de otro. Yo sé, estoy segura de ello, que España no ha terminado su historia social. Este pueblo nuestro, que hoy se agita corroído de inquietud, que hoy se manifiesta en la explosión de una juventud que no sabe lo que quiere, pero que ya sabe lo que no quiere, y esto ya es bastante; en la manifestación de un movimiento obrero que se multiplica en acciones de reivindicación. De este pueblo nuestro, que se manifiesta en la torna de posición de profesores y de intelectuales. En la solidaridad activa de una muchachada estudiantil. En todos los factores que han forzado al propio franquismo a lanzar lastre.

Yo sé, repito, que ese pueblo está forjando hoy día ya las condiciones para hacer algo de fundamental y de decisivo. Esta confianza es la que me anima y la que me sostiene. Y me anima y me sostiene sobre todo ver de qué manera, en el interior de España, de nuevo la gente nuestra se manifiesta. De qué manera la CNT, que no dejó jamás de existir, de actuar, de organizarse, cada día va adquiriendo más fuerza, más influencia; va manifestándose más claramente.

Se refería el compañero Liarte al último proceso visto en Madrid ante el Tribunal de Orden Público, y en el curso del cual han sido condenados cinco compañeros nuestros. Pues bien: En ese proceso, tanto los abogados como el propio fiscal, como los encartados, hablaron constantemente de la CNT, las tres letras célebres, las que constantemente flotaron en el aire. Y uno de nuestros compañeros –Cañete- declaró ante el Tribunal: “Fuí condenado por la República por pertenecer a la CNT; dispuesto estoy a aceptar la condena que me inflija este Tribunal reunido, todavía por pertenecer a la CNT. Porque a la CNT he pertenecido, a la CNT pertenezco, y a la CNT perteneceré”. (Aplausos).

Si en la figura de Peiró he sintetizado, recogido, ofrendado, en esas flores traídas a la tribuna, el símbolo y el resumen de todos los hombres sacrificados por el franquismo, quiero también, en la figura de Cañete, establecer el cordón umbilical que une, que ha unido en España en el movimiento unas generaciones con otras. Recuerdo que en el año 1932 me encontraba en Granada cuando se produjo la Sanjurjada. Los fascistas se hicieron fuertes en el Casino de Granada. En los combates de los obreros, todos los obreros, pero singularmente los obreros confederales, contra el reducto de los fascistas granadinos, murieron dos compañeros: un compañero llamado Donato y el padre de Cañete. Y recuerdo que en aquellos días, agosto de 1932, fuí yo laque pronuncié la oración fúnebre en la tumba abierta del padre de Cañete. Pues bien, el padre de Cañete, muerto en el 32 en lucha contra el fascismo, el padre de Cañete, hombre de la CNT, es, de una manera lógica, el cordón umbilical que une al Cañete de ahora con el de ayer. 

A ese movimiento de ayer con ese movimiento de ahora, como se unen y se suceden en la Historia de nuestra Organización esas filiaciones. Recuerdo, por ejemplo, a Francisca Saperas, viuda del compañero Borrás, que se suicidó en Montjuich. Viuda de Aschery, que fue fusilado en Montjuich. Los hijos de Francisca Saperas y de Borrás han sido todos compañeros. La última en morir de esa familia fue la viejecita Salud Borrás, que fue enterrada en París, donde vivía refugiada. Y así, de esta manera, podría citar centenares de familias en donde el cordón umbilical, la tradición revolucionaria, la fidelidad al anarquismo y a la CNT, continúan y han continuado.

En España eso no ha muerto. Vive y vivirá siempre. Y aun en la lucha subterránea, en la clandestinidad a que nos ha sentenciado durante 29 años el franquismo. Y aun a través de las defecciones fatales, porque no todos los hombres tienen el mismo temple, aun eso continúa. Y son muchas veces los hijos de compañeros los que continúan la labor realizada por sus padres, que continuaron ya la de los abuelos. Cordón umbilical que establece la comunidad ideológica de un movimiento, y que ha hecho, hace y hará su fuerza.

No sé lo que pasará en España. No sé cuándo se desencadenarán los acontecimientos que hagan posible una nueva eclosión confederal. Lo que sí sé es que nosotros, ni ayer, ni hoy, ni mañana hemos renunciado a nada.

Que nuestra labor, que nuestro trabajo, que nuestra misión, es y continúa siendo la misma: empujar al pueblo lo más lejos posible, conseguir para el pueblo la mayor libertad posible, los mayores derechos posible. Realizar constantemente, como decía Tarrida, nuestra misión de anarquistas. Restar constantemente fuerzas a la autoridad. Empujar al pueblo hacia donde pueda llegar por si mismo. 

Por sus propios medios, por sus propios ideales, por sus propias finalidades. Y conscientes de ese pasado glorioso que llevamos, de nuestras experiencias realizadas, de las contradicciones en que se debate el mundo entero, de la fatalidad en que se encuentra el sistema franquista de hundirse, sin que puedan salvarle combinaciones de ninguna clase, maniobras de ninguna clase, transacciones de ninguna clase. La CNT sin concesión alguna, una vez más estará a la cabeza de este pueblo nuestro, para que este pueblo nuestro no tan sólo no arríe la bandera de sus reinvidicaciones, la bandera de su dignificación como pueblo, como colectividad, sino que todo lo que se inició en1936 continúe, se amplíe, se cimente, y el pueblo español pueda ser, como es hoy el pueblo de Israel, un ejemplo para el mundo, una lección para el mundo, el pionero de la primera y más auténtica transformación social realizada.

Transformación que no se limitó, que no puede limitarse, a una simple y vulgar transmisión de poderes. Nosotros vamos a la destrucción de todos los poderes. Nosotros vamos a la entronización de un sistema social en donde el Estado desaparezca y sea sustituido por la administración de las cosas. En donde el productor y el consumidor asuman por sí mismos la responsabilidad de su destino y de la organización de la sociedad futura. Sociedad sin amos y sin esclavos. Sociedad sin clases. Sociedad de hombres libres, unidos, todos, a través de un sistema de federación que ha de arrancar del individuo y que ha de abarcar el universo. (grandes aplausos).


Federica Montseny
Palacio de los Deportes de Toulouse, 23 de julio de 1967