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2298. Despachos de la guerra civil española III



Madrid, 26 marzo 1937

Un día soleado y diáfano nos hallábamos en las colinas rojas al norte de Guadalajara, en el borde rocoso de un altiplano del que descendía una carretera blanca hacia el valle del fondo, observando a las tropas fascistas en la meseta empinada que cruzaba el estrecho valle.

—Uno sube por aquel sendero — dijo un oficial español que estaba a mi lado—. Tienen un puesto de ametralladora allí. Mire, por ahí van tres más. Y allá hay otros cinco.

Me senté con unos gemelos de campaña (en este momento, mientras escribo esto en el hotel, una granada ha hundido el tejado de un edificio justo detrás del hotel, explotando con gran estrépito, y este corresponsal ha mirado por la ventana y no ha visto a una sola persona abandonar la cola que hacen para comprar comida. El único movimiento ha sido un correteo de niños en dirección de la granada) y conté más de ciento cincuenta soldados moviéndose por la meseta y sus sendas, parecida a un despeñadero.

—Ahí no tienen artillería —me aseguró el oficial—. Es demasiado lejos para dispararnos con ametralladoras.

Soldados fascistas con uniformes del ejército regular español y mantas ondeantes se dedicaban sin prisa a fortificar su posición en el escarpado risco. Abajo, en el valle, se apiñaban las casas pequeñas y marrones de los pueblos de Utande y Muduex. A la izquierda, yacía Hita como un cuadro cubista contra la colina empinada con forma de cono. La carretera blanca de abajo conducía al otro lado del altiplano que teníamos enfrente y, después de la batalla de Brihuega, avanzar por ella más allá de Utande, que es hasta donde ha llegado de momento el gobierno, habría obligado a una retirada por lo menos hasta Jadraque. Pero los fascistas destruyeron en su retirada esta carretera en el punto donde sube por el estrecho paso, haciéndola impracticable para los tanques, de modo que los oficiales del gobierno decidieron mantenerse en su excelente posición actual en lugar de avanzar más por la carretera principal de Aragón y extender su peligroso flanco izquierdo.

Era el primer día cálido de primavera y las tropas yacían sin camisa, tomando el sol y escarbando en las grietas. Con un jefe de brigada que luchaba en Brihuega, este corresponsal fue hasta el kilómetro noventa y cinco de la carretera principal de Aragón, muy cerca de la línea del frente.

Mientras la altiplanicie de la izquierda está en poder de las tropas fascistas españolas, la línea que cruza la carretera principal de Aragón es defendida, según se informa, por la única división italiana de la reserva que no luchó en la batalla de Brihuega, exceptuando el fuego de batería de los españoles, que usan granadas y cañones capturados a los italianos, el frente está absolutamente tranquilo y con toda probabilidad, seguirá estándolo hasta que las tropas italianas hayan tenido tiempo de reorganizarse. Incluso entonces, este corresponsal duda de que intenten otro ataque en el sector de Brihuega, ya que la fuerza de las posiciones gubernamentales es ahora bien reconocida y las posibilidades defensivas se pusieron de manifiesto en la batalla mientras las señales de la peor derrota de los italianos en la primera batalla de esta guerra librada a una escala de organización mundial, aún cubren el campo de batalla de diez kilómetros de extensión.

Es imposible exagerar la importancia esta batalla en la que batallones españoles nativos, compuestos en su mayor parte de muchachos que en noviembre pasado aún no habían recibido ningún entrenamiento, no solo se defendieron con tesón sino que atacaron con otras tropas mejor entrenadas en una operación militar de complicado planeamiento y perfecta organización, solo comparable con las mejores de la «Gran Guerra». Este corresponsal ha estudiado la batalla, ha recorrido el terreno con jefes que lucharon allí, ha comprobado posiciones y seguido sendas de tanques, y afirma contundentemente que la batalla de Brihuega figurará en la historia militar con las otras batallas decisivas del mundo.

No hay nada tan siniestro como las primeras huellas de un tanque en acción. El paso de un huracán tropical deja una franja caprichosa de total destrucción que es aterradora, pero los dos surcos paralelos que deja el tanque en el fango rojo conducen a escenas de muerte planeada, peores que las de cualquier huracán. Los bosques de robles achaparrados al noroeste del palacio de Ibarra, cerca de la carretera de Brihuega a Utande, están todavía llenos de italianos muertos a los que aún no han llegado las brigadas de enterradores. Las huellas de los tanques conducen adonde murieron, no como cobardes sino defendiendo posiciones de ametralladoras y rifles automáticos hábilmente construidas, donde los tanques los encontraron y donde todavía yacen.

Los campos incultos y los robledales son rocosos, y los italianos se vieron obligados a construir parapetos de roca en vez de cavar en un terreno donde las azadas no podían clavarse, y los terribles efectos de los cañones de sesenta tanques que lucharon con la infantería en la batalla de Brihuega y cuyas municiones explotaron en y contra aquellos montones de rocas, son una pesadilla de cadáveres. Los pequeños tanques italianos, armados solamente con ametralladoras, eran tan impotentes contra los tanques gubernamentales de tamaño mediano, armados con cañones y ametralladoras, como guardacostas contra buques de guerra.

Los informes de que Brihuega fue sencillamente una victoria aérea en la que columnas de tropas se dispersaron presas del pánico, son desechados cuando se estudia el campo de batalla. Fue una batalla encarnizada de siete días durante los cuales la lluvia torrencial y la nieve casi constantes hacían imposible volar. En el ataque final, cuando los italianos se rindieron y emprendieron la huida, el día permitía volar y 120 aviones, 60 tanques y unos 10 000 infantes del gobierno vencieron a tres divisiones italianas de 5000 hombres cada una. La coordinación de esos aviones, tanques y soldados de infantería es lo que hace entrar a esta guerra en una nueva fase.

El gobierno podría pasar ahora a la ofensiva, pero los hombres entrenados valen más que el terreno y el gobierno ocupa unas posiciones inmejorables para defender la carretera de Guadalajara. Franco necesita con urgencia una victoria para recobrar el prestigio Al parecer también ha sufrido una grave derrota en el frente de Córdoba. Las preguntas que todos se formulan son: dónde hará Franco la próxima tentativa y cómo aceptará Mussolini la derrota italiana.


Ernest Hemingway
Despachos de la Guerra civil española (1937-1938)









2067. Instrucciones para destruir la moral del enemigo



Hordas salvajes

A uno de los oficiales cogidos prisioneros en las inmediaciones de Guadalajara, después de deshechas las tropas que mandaba, se le ha encontrado una hoja impresa con las siguientes

Instrucciones para destruir la moral de enemigo

El primer factor para conseguir la victoria es aniquilar la moral del enemigo. Por eso, y aunque el Gobierno Republicano carece de tropas y armas con que hacernos resistencia, es indispensable atenerse con el máximo rigor a estas instrucciones: 

1. Para asegurar la retaguardia es preciso infundir terror al enemigo. con este fin, cuando nuestras columnas ocupen un núcleo de población, deberá proceder se a ejecutar saludables y definitivos escarmientos en las autoridades que puedan ser habidas.

En el caso de que hubieran huido, se procederá del modo expresado con aquellos de sus familiares que puedan ser capturados. Al hecho se procurará revestirlo de los caracteres más públicos e impresionantes, haciendo saber que se procederá del mismo modo contra cualquiera que se rebele contra nosotros.

2. Convendrá requisar el efectivo metálico que se halle en los edificios oficiales, y en los particulares afectos al régimen. En ocasiones será de particular eficacia destruirles los edificios, las cosechas, los ganados.

3. En toda localidad será muy útil informarse del cura o párroco o de otras personas de orden sobre las opiniones de los vecinos más caracterizados. No debe haber ningún inconveniente en incorporar a las columnas con categoría de oficiales o suboficiales, según las necesidades aconsejen a los partidarios de Falange Esañola.

Estos elementos tendrán por misión, dada la actitud de las tropas, vigilarías de cerca para impedir movimientos de flaqueza.

En caso de manifestarse en alguno de la columna vacilación o resistencia a las órdenes o propósitos de fuga, tanto los jefes y oficiales como los elementos auxiliares civiles, deberán proceder en el acto con la máxima energía.

Entiéndase que será preferible incurrir en equivocación que dejar que se manifieste flojedad en las tropas. De este rigor dependerá el pronto y feliz éxito de unas operaciones cuyo inmediato fin no ofrece el menor género de duda.

Los que vacilen en cumplir esta orden serán juzgados a su vez, en la forma que queda dicha.

4. Para los efectos de quebrantar la moral de los enemigos en el caso poco probable de que nos ofrezcan resistencia seria, es ineludible considerar zona de ataque todo poblado que se halle a la retaguardia del frente enemigo.

Importante: No importa que en los lugares a que se alude no haya fuerzas combatientes. El pánico difundido por los vecinos que huyan producirá el efecto moral que necesitamos.

— Muy reservado: Está probado que lo que más desmoraliza a una fuerza combatiente es ver que se ataca a sus hospitales de sangre y sus columnas de evacuación de heridos. Convendrá tener en cuenta esta enseñanza de la Gran Guerra.

5. Si contra toda posibilidad, Madrid, nos opusiera resistencia deberá considerarse como objetivo primordial las lineas conductoras de fluido eléctrico, así como también las conducciones de agua. Esto último, en la presente época del año, será de una eficacia sorprendente.

6. Cuando entremos en Madrid, acontecimiento que ocurrirá aproximadamente el día 20, la primera medida será colocar nidos de ametralladoras en las torres de las iglesias y cualquier otro edificio que ofrezca extenso campo de tiro.

Las máquinas harán fuego sobre todo elemento enemigo, sea del sexo que sea, que entre dentro del campo de tiro. Aunque no causen bajas, contribuirán a difundir el terror y a impedir reacciones ofensivas del paisanaje.

7. Muy importante y reservado: Los elementos de mando no harán indicación alguna para que la fuerza convierta en dum—dum sus proyectiles. Se harán los desentendidos si vieran practicar dicha operación. Y para estimular a ello, deberán manifestar gran indignación contra el enemigo, protestando violentamente por los horribles destrozos de sus “pacos” que causan por el empleo de semejantes proyectiles. Con esto es de pensar que sobre.


*

Hasta aquí el documento de los "caballeros de la traición", tan feroces como ruines.

Para juzgar a esos malvados basta y sobra con semejante padrón de ignominia sin preciedente en la historia militar de España ni aún en sus luchas contra tribus salvajes.


ABC Madrid,  26 de julio de 1936. Págs. 31 y 32 










1946. Tomasa Cuevas

Tomasa Cuevas, sentada a la derecha. Prision de Amorebieta, 1942 
Con diecisiete años trabajaba en una fábrica de pastas para sopa en Guadalajara. Había un compañero que siempre me echaba una mano en los trabajos más duros. Un buen día, hacía el año 34, me dijo: pequeña, tengo que pedirte un favor. Me llevó a una ventana que daba a la calle y me dijo: ¿ves aquellos tíos que hay allí? pues son policías, están esperando a que salga y me van a detener, ¿por qué?, le pregunté. Ya te lo explicaré, me contestó, yo tengo aquí un paquetito, te lo vas a llevar, pero guárdalo y no le digas nada a nadie; a nadie, eso es solo para ti y para mí.

Efectivamente, cuando salió le detuvieron y yo me llevé el paquetito a mi casa y lo escondí. Entonces todavía no estaba metida en política. Al día siguiente vino a verme el que era el secretario general del Partido en Guadalajara, que se llamaba Raimundo Serrano, y me dijo: oye peque --que aquello de peque todavía me queda como mote-- ¿Santos te ha dado algo para mí? Ni para ti ni para nadie, le contesté yo, a mi no me ha dado nada Santos. El venga a insistir y yo venga a negarme, porque Santos me había dicho que no se lo diera a nadie. Así durante varios días en los que Raimundo me salía en el camino y me pedía el paquete. Yo seguía negando que me hubieran dado nada para él, hasta que un buen día se presentó con una nota de Santos, porque como entonces teníamos guardias de asalto que eran nuestros, a través de uno de ellos habían sacado la nota de la cárcel. Sólo así cedí y le entregué el paquete, pero aquella fue ya mi perdición de comunista, porque a partir de entonces ya todo era: peque guarda esto, peque esconde esto otro, peque ve a ver a fulano de tal y dile que le espero en tal sitio, te dará una cosa y me la das a mí.

Así pasó el tiempo hasta que me detuvieron por primera vez a finales del 34. Acababa de suceder lo de los mineros de Asturias, cuando lo de octubre, y por Guadalajara pasó una expedición de niños hacia Madrid, donde les cuidarían mientras los padres estaban en la cárcel. Con otros compañeros de la fábrica fui a la estación y un guardia de asalto dio un meneo a un crío y le dije: no toqué usted a ese crío porque como lo haga le voy a dar una hostia y me voy a cagar en su madre ¡A un guardia de asalto! Me detuvo, claro.

Me llevaron al calabozo de la Dirección General de Seguridad y me preguntaron que quién me había mandado ir a la estación. Nadie, contesté, yo he visto niños allí y he ido a ver qué pasaba. ¿Y no te ha mandado nadie? No, yo he visto niños allí y he ido a ver. Pero tú has amenazado a un guardia y te has cagado en su madre. Bueno, yo le he amenazado, pero no me he cagado en nadie, le he dicho que lo haría si tocaba al niño, pero como no le ha tocado ni le he dado la hostia que le había prometido ni me he cagado en nadie. Estuve tres días en el calabozo.

En esa época ya tenía yo el carnet de las Juventudes, el número siete. Raimundo me había reunido un día con otros para proponernos formar las Juventudes Comunistas, porque hasta entonces sólo existía el Partido, y nos explicó lo que significaba: las consecuencias son estas y estas, todo lo que me podía pasar siendo comunista. No pasa nada, le dije yo, si hay que luchar, se lucha; si a los once años tuve que ir a trabajar, justo es que luche yo con vosotros por mis derechos y si hay que ir a la Juventud, pues a la Juventud.

Cuando salí de aquella primera detención fui a mi casa. Vivíamos en una planta baja y cuando llegué, mi padre estaba con una zapatilla esperándome, porque su idea era darme una paliza para que no repitiera. Entra, entra, me decía. El iba retrocediendo mientras me lo decía y yo iba entrando. Teníamos la puerta a la calle y un pasillo, una comuna, un retrete comunal de los de entonces, donde yo tenía el carnet de las Juventudes escondido, y cuando llegué a él abrí la puerta, lo saqué y le dije a mi padre: mire, soy comunista, tengo que luchar por mis derechos y como ya se ganarme el coscurro, con esto estaré en la casa, pero sin esto me voy. Mi padre dejo la zapatilla y dijo: mira hija, yo no supe luchar por lo mío, lucha tú por lo tuyo. Mi madre dijo: ¿esa era la paliza que le ibas a pegar?

Yo seguía cogiendo puntos y trabajando en la fábrica, porque la vida nuestra era muy puñetera. Mi padre ganaba veinticuatro pesetas y mi madre estaba enferma del estómago con una úlcera sangrante, así que seguía cogiendo puntos por la noche. Como no teníamos una luz aparente me subía en la mesa con una silla, me sentaba debajo de la bombilla y allí cogía los puntos.

Mi madre tenía que tomar mucha leche, así que por las mañanas me busqué un trabajo para repartir leche por las casas con dos cántaras. Me daban quince pesetas. En invierno se me quedaban las manos agarrotadas de llevar las cantaritas de leche y las clientas se la tenían que servir ellas mismas porque yo no podía, pero a mí me daban dos litros. En la casa donde vivíamos pagábamos quince pesetas de alquiler y como las dueñas de la casa no tenían agua corriente y tenían que llevarla con un cántaro, un día sí y otro no yo iba también a llevarles el agua por las tardes, cuando salía de la fábrica, y me pagaban con el recibo de la casa. Así íbamos trampeando.

En esa época también me eché novio. Era un muchacho muy majo y muy guapito y nos queríamos. Un día vino y me dijo que no podíamos salir porque tenía que hacer una chapuza, yo le dije que de acuerdo y en cuanto el se fue me marché yo también porque tenía una reunión de las Juventudes, que se celebraban en una casa que teníamos en la plaza de la Concordia, en Guadalajara. En la puerta había un grupito de gente, entre los que estaba mi novio, que miraba a los que entraban. Yo le vi, pero entré en la casa. Cuando empezó la reunión entró el grupito que estaba fuera y mi novio con ellos. Así me enteré que él también estaba en las Juventudes y él se enteró de que estaba yo, porque hasta entonces, como éramos clandestinos, no lo sabíamos.


Tomasa Cuevas
(Brihuega, Guadalajara, 7 de marzo de 1917 — Barcelona, 25 de abril de 2007)
"Comunistas. (Memorias de lucha y de clandestinidad)"











169. Guadalajara, marzo de 1937

Brigadistas en la Batalla de Guadalajara. No todo era combatir;
también hubo tiempo para el fútbol, la música y la distracción de la dureza del frente



Guadalajara, marzo de 1937. La primera derrota de Mussolini, victoria de la República.

Referencia: García Bilbao, Pedro A., “Guadalajara, marzo de 1937. La primera derrota de Mussolini, victoria de la República española”, en García Bilbao, Pedro A. y Barbeito Iglesias, Roberto L., Ardenas, Ebro, Guadalajara. Campos de batalla e identidad democrática. Un estudio desde la sociología de la Defensa, Silente Académica, Guadalajara, 2012.


Sanguinario Mussolini, de Miguel Hernández

Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, // carcelaria mandíbula de canto,
Verás la retirada de tus hienas, //veras el apogeo del espanto.
Rumorosa provincia de colmenas, // la patria del panal estremecido,
La dulce Alcarria, amarga como el llanto, // Amarga te ha sabido.


La batalla de Guadalajara, junto con la de Pozoblanco, fue una de las escasas victorias de la República Española durante la Guerra Civil Española (GCE). Las tropas del Ejército Popular Regular (EPR) de la República lograron frustrar los planes del enemigo y desbaratar la fuerza atacante, obligándola a retirarse y a tener que ser completamente reconstruida, esto nos basta para calificar los combates que tuvieron lugar en la meseta de Trijueque entre el 8 y el 22 de marzo de 1937, como una victoria para la causa republicana y una derrota de sus contrarios, pero la imposibilidad de explotar el éxito por falta de reservas ha llevado a muchos a minusvalorar aquel duro enfrentamiento. Intentaremos realizar un breve resumen de los hechos y aportar un análisis que ayude, en este setenta aniversario, a mejor comprender lo sucedido.


Un ejército italiano en España.

Sorprende la naturalidad con la que se toma por parte de mucha gente la presencia de unidades completas italianas, todo un cuerpo de ejército con cuatro divisiones, en lo que se supone que es una guerra civil, pero el hecho fue que Guadalajara supuso la prueba palpable de la intervención extranjera en la GCE y de la agresión que las potencias fascistas realizaron contra la España democrática.

No se trató de unidades sueltas, de técnicos, especialistas o pertrechos, era algo más que eso, Guadalajara representa cómo un ejército extranjero completo toma como objetivo la capital de España, diseña un plan de ataque y ruptura del frente y se apresta a un avance rápido que estrangule la capital y con ello la supervivencia de la República. Un objetivo que hubiera sido posible, nada descabellado si se estudia la situación vivida en los frentes españoles en el invierno de 1937.


La situación militar previa.

La batalla por Madrid se había desplazado a su entorno. El fracaso del ataque frontal en noviembre de 1936 no había alejado el peligro. Los esfuerzos rebeldes buscaron rodear, envolver la capital en vista de que la lucha se había estancado sangrientamente en la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria. El éxito defensivo, lo señala Martínez Bande, había creado una subjetividad positiva en las fuerzas republicanas, pero sobre todo había permitido profundizar en la formación de unas nuevas fuerzas armadas al servicio de la República Española, tras la desintegración del ejército español con el golpe de julio de 1936. Este nuevo ejército, sobre las base de las milicias y las fuerzas leales, tenía en la región central, la defensa de Madrid, sus mejores y mas fogueadas fuerzas. Madrid sería la mejor escuela para el naciente EPR, y aunque se libraban combates muy duros en otros frentes, la continua presión sobre Madrid impedía liberar unidades que acudieran a otros escenarios. En marzo de 1937, la batalla de Madrid vio su última ofensiva encaminada a la toma por la fuerza de la capital. Antes de esta batalla, los intentos directos (en noviembre del 36) o indirectos de la carretera de la Coruña y el Jarama (enero, febrero de 1937) habían fracasado.

Guadalajara había sido prevista por el mando de Burgos como una acción complementaria de la ofensiva del Jarama, pero el retraso en la concentración de las fuerzas italianas había impedido una acción simultánea. Las tropas de infantería italiana habían estado llegando en gran número desde diciembre de 1936. Lo hicieron protegidas por los barcos de la Escuadra Italiana y por las disposiciones de la Sociedad de Naciones que no reconocía a la República Española derechos de beligerancia en el mar. En otras palabras, el viaje desde Italia de miles de toneladas de material de guerra y de decenas de miles de hombres había sido sencillo y con riesgos limitados, al aceptar el gobierno español una legalidad internacional que condenaba la suerte de la República, pues una guerra en la que no se puede disparar al enemigo es una guerra en la que no se puede ganar.

Las fuerzas italianas desembarcadas empezaron a ser muy superiores a las esperadas por las autoridades rebeldes. La ayuda solicitada era sobre todo en material, especialistas, artillería, aviación, carros, transportes. Franco deseaba también algunas unidades de apoyo, pero consideraba peligrosa la existencia de tropas de infantería en masa o que pudieran tener un mando autónomo. Lo que podría estar en juego era la autonomía real del movimiento rebelde respecto de sus protectores italo-alemanes. El plan pasaba por crear unidades mixtas, brigadas reforzadas compuestas por tropas selectas de legionarios, regulares (tropas coloniales), o voluntarios carlistas o falangistas junto con batallones italianos y sus fuerzas blindadas, artillería y otras especialidades. Pero entre diciembre del 36 y marzo del 37, la Italiana de Mussolini realizó sus propios planes y las tropas llegadas en ese periodo lo hicieron en la cantidad, ritmo y características que Roma había decidido. Hubo que esperar al desenlace de la batalla de Guadalajara para que esa situación retornara al modelo ideal deseado por Franco.

La naturaleza de las fuerzas italianas.

Hay un cierto debate sobre el carácter de las fuerzas italianas que combatieron en Guadalajara y aún en toda la GCE. ¿Eran tropas regulares italianas? ¿Fueron trabajadores engañados quienes en vez de ir a África a construir carreteras se vieron en una guerra que no esperaban? Pese a que los datos están a la vista de todos, la confusión parece persistir, algo sin mucho sentido.

Las tropa italianas se presentaron en España con una organización tomada de la milicia fascista territorial que existía en la Italia del régimen de Mussolini. El Ejercito Real italiano prestó sus cajas de Recluta, sus cuarteles, sus depósitos de material y sus oficiales profesionales para encuadrar a los voluntarios y pertrecharlos debidamente. La Armada Real italiana protegió los convoyes y la Aviación Real italiana creo sus propias unidades de voluntarios con todo su material para ir a combatir en España. En Guadalajara combatieron 4 divisiones reforzadas por algunos regimientos independientes (grupos de banderas) y otras unidades especiales (carros, lanzallamas, artillería); toda la alta oficialidad era de carrera, veteranos del ejército italiano, la mayoría de los oficiales también, y gran parte de los oficiales procedentes de la Milicia Fascista habían combatido en Etiopía. Una división concretamente, la Div. Littorio, estaba reclutada al completo entre las filas del Ejército Real. Toda la impedimenta y recursos era italiano y de los depósitos de sus fuerzas armadas, el gobierno rebelde de Burgos no tuvo que desviar ni un solo cartucho, uniforme o granada para dotar a estos voluntarios. Estamos pues, ante un ejército completo, puesto en el frente y en orden de batalla, a coste cero para el bando rebelde.

Otra cuestión debatida ha sido la supuesta carencia de formación militar en las tropas italianas. No es el caso de los artilleros o de los aviadores, por supuesto, sino el de la “masa“ de infantería que combatió en Guadalajara. “No eran soldados”, “las unidades no estaban cohesionadas pues se acababan de crear”, “no tenían apenas instrucción militar”, son los argumentos empleados para disculpar o mejor comprender lo sucedido en esta batalla. Es lícito preguntarse si esto es cierto o no. Añadimos una pregunta: ¿En la campaña de Málaga cómo actuaron esas mismas tropas italianas? La respuesta es clara, en Málaga, las bisoñas tropas italianas actuaron con notable éxito, muy bien secundadas por fuerzas mas fogueadas, eso sí, y arrasaron por completo a un enemigo muy mal organizado y dispuesto. Las tropas italianas habían estado llegando desde diciembre, habían tenido tiempo de viajar juntas, de formarse y hasta de participar en una campaña militar con todo éxito. La diferencia no estaba en ellas, sino en la naturaleza del contrincante, las tropas italianas tenían una formación parecida o superior a la de la mayoría de las tropas de segundo nivel españolas (fueran rebeldes o leales), iban bien amparadas por la cadena de un ejército mas amplio y que cubría sus espaldas y sus cabezas, pero en Guadalajara chocaron con la elite del EPR, con las mejores fuerzas de la República, esa fue la principal diferencia con Málaga, no su falta propia de experiencia. Cuando la fuerza italiana aplastó el frente de Guadalajara y penetró en dirección a Madrid, no se suele argumentar su carácter bisoño, sino a raíz de su posterior derrota.

En resumen, las tropas italianas de Guadalajara no fueron batidas por su falta de experiencia, sino por otros elementos: el mas importante, el acierto en la defensa por parte del EPR, y en segundo lugar los errores de sus mandos (todos ellos, recordemos, profesionales), como el propio transcurso de los acontecimientos demostraría.


El plan y el escenario inicial.

Demasiado tarde para coordinarse con los choques en el Jarama, las tropas italianas victoriosas en Málaga y las recién llegadas a Cádiz posteriormente, reciben la orden de concentración en Miranda de Duero y en la linde entre Soria y Guadalajara.


Orden de batalla italiano.

Unidad nombre efectivos comandante
1ª DIVISIÓN Dio lo vuole 6.360 Gral. Edmundo Rossi
2ª DIVISIÓN Fiame Nere 6336 Gral. Guido Amerigo Coppi
3ª DIVISIÓN Penne Nere 6241 Gral. Luigi Nuvoloni
4º DIVISIÓN Littorio 7689 Gral. Annibale Bergozoli
4º grupo banderas XXIII de Marzo 1801 Cor. Francesco Gidoni
5º grupo banderas 1800 Cor. Enrico Francisci
Artillería 4379
Unidades de apoyo 612


En total, y según estos datos aportados por Martínez Bande del Servicio Histórico Militar, un total de 35.222 soldados, con unidades motorizadas en muy alto grado, unidades de carros ligeros en gran número y una notable artillería. El comandante del cuerpo italiano era el general Roatta, profesional de valía y con ordenes directas de Mussolini.

Además de la fuerza italiana, el flanco norte, la comarca de la Campiña de Guadalajara, desde la meseta de Trijueque hasta las estribaciones de la Sierra, la llamada División Soria al mando del ya general Moscardo, con la Brigada del coronel Marzo que protagonizaría los combates principales en ese sector, en torno a unos 12.000 soldados que han de añadirse al cómputo. El frente no era continuo, constaba de posiciones fijas en los pueblos y cruces, pero existían espacios vacíos muy amplios por los que penetraría la caballería nacional con notable éxito, aprovechando que las reservas republicas eran desviadas a la zona del ataque principal a cargo de los italianos.

Por el lado republicano suele exponerse el orden de batalla del contraataque, pero esto falta a los hechos. El día 8 de marzo de 1937 ¿qué fuerzas del EPR estaban en línea? (…)

El extenso frente de Guadalajara iba desde la Sierra del Guadarrama en su extremo este, bajaba por la campiña del Henares, subía a las altas mesetas (alcarrias es su nombre) que lindan con Soria (área de Algora, Almadrones, Alaminos) , descendía de nuevo al valle del Tajuña y del Cifuentes y, ya en el Alto Tajo terminaba por mezclarse con la fuerzas de la Serranía de Cuenca. En total unos 90 kms. cubiertos por la 12 División del EPR, compuesta por unidades de milicias recién militarizadas tras la creación del EPR, estas sí, con muy poca experiencia de combate. La densidad de fuerzas era muy escasa, apenas unas baterías y muy escasas armas automáticas apoyaban la delgada línea de resistencia. Había planes en marcha para reforzar el sector, e incluso algunas compañías de carros estaba desplegadas en segunda línea o retaguardia, pero lo cierto era que la sangrienta batalla del Jarama había fijado las reservas republicanas y no había con qué cubrir adecuadamente tan extenso frente. Esto le ocurría igualmente a los rebeldes, pero la intervención italiana, con la entrada en liza de un ejército extra, venido desde Italia al completo, había desequilibrado la balanza y hecho posible el ataque.

El plan era aparentemente sencillo. En la alta meseta de Trijueque, a la altura del km. 112 de la carretera nacional II (llamada de Francia por el cronista italiano), se concentrarían las cuatro divisiones italianas. En un frente de unos 15 kms de ancho, con una zona especial de concentración de unos tres kms., se produciría el ataque y la ruptura. Dos divisiones en cabeza con toda la artillería divisionaria atacarían a la vez. El día D se lograría la ruptura y el avance inicial, el D+1 se tomaría Trijueque, en el borde la meseta y sobre la carretera, el día D+2, Torija, en el valle de acceso a la meseta y que desciende hacia Guadalajara y Alcalá de Henares, el día D+3 caída de Guadalajara, enlace con las tropas de la Brigada Marzo que vendrían por la campiña y avance hacía Alcalá de Henares. Con tales objetivos cubiertos, Madrid estaría virtualmente rodeado, sus fuerzas embolsadas y el pánico se adueñaría de la situación. El plan de Roatta, el mando italiano, era lograr en cuatro días una acción de gran calado estratégico que acelerara la derrota de la República.


Éxito inicial y avance italiano.

El día 8 de marzo de 1937 tronaron los cañones italianos dirigidos desde el observatorio del Cerro de San Cristóbal junto a Algora. La sencilla línea mantenida por los batallones Alicante Rojo y Dimitroff fue pulverizada y las unidades italianas lograron una rotura completa. El avance comenzó rápidamente, pero el espacio para moverse era estrecho, la carretera se vio saturada rápidamente y el campo estaba lleno de barro por las continuas lluvias, para colmo los derrotados republicanos se retiraban combatiendo hacía su retaguardia. Tras unos 10 kms de avance, la resistencia se hizo notar de nuevo. En el km. 103 de la N-II, el cruce con el pueblo de Almadrones resistiría durante unas horas cruciales. Imposible avanzar sin tomar ese pueblo al flanco norte de la ruta. Las voladuras en los puentes de la carretera, el fango arcilloso bajo la lluvia, el atasco inmenso de vehículos y la feroz defensa de la infantería republicana atrincherada en Almadrones en el flanco del avance italiano y que combatiría hasta la última bala, pulverizó las previsiones del mando italiano. Las líneas telefónicas y telegráficas con la retaguardia republicana quedaron cortadas, pero Madrid ordenó reconocimiento aéreo inmediato. La meseta estaba cubierta por nubes espesas de lluvia y nieve, pero uno de los cazas descendió temerariamente y pudo comprobar que Almadrones resistía y la fuerza italiana estaba atascada a su altura. Desde ese momento, y pese al tiempo, el reconocimiento aéreo permitiría a las unidades de primera línea saber que había más allá de la colina gracias a un excelente flujo de información recogido por la aviación y comunicado a los mandos sobre el terreno- El peligro era claro e inmediato. El tiempo empeoró en la retaguardia nacional y la aviación no pudo operar, enfangados sus aeródromos de campaña; los aeropuertos de Barajas y Alcalá tenían pistas de cemento y eran completamente operativos. Serían una de las claves de la batalla; el campo de lucha quedaba a unos 20 minutos de vuelo.

Con todo, el día 9 de marzo el avance se reanuda. La 12 División republicana ha sido batida. En la campiña las tropas del coronel Marzo penetran en las zonas no cubiertas y aíslan posiciones republicanas, avanzando hacia el oeste, con orden de no sobrepasar la punta de lanza italiana. En la meseta se sigue la línea de la carretera N-II en dirección a Trijueque con el grueso de la fuerza italiana y se envía al Grupo de Banderas del coronel Bulgarelli por una carretera lateral en dirección a Brihuega. En el flanco Sur, el valle del Tajuña está casi abierto tras ser batidas las débiles posiciones republicanas. Cifuentes, la cabeza de comarca, se mantiene firme no obstante y lastropas de ese sector lograran formar una línea de contención por ese sector; pero el objetivo italiano es más ambicioso, el Tajuña, la meseta, Brihuega, Trijueque y, por supuesto, Torija, la llave del corredor del Henáres, la puerta de Madrid. Esa noche del 9, una unidad de infantería italiana, en una audaz marcha nocturna siguiendo la carretera secundaria que va por el estrecho valle del río, toma la importante villa de Brihuega, adelantándose a las fuerzas motorizadas que por la meseta tienen orden de tomarla a la mañana siguiente. Todo parece ir bien al segundo y tercer día de la operación, pese al evidente retraso del plan inicial. 

Llegan refuerzos y el avance se complica.

Agotados tras el Jarama, los republicanos no disponen de fuerzas de reserva o de una mínima fuerza de maniobra disponible en el frente de Madrid, salvo unos pocos hombres en camiones en Alcalá de Henáres. La rotura en Algora y Almadrones causa un impacto en el mando del sector atacado, situado en Alovera y la primera reacción es comenzar a construir trincheras en Guadalajara, pero las cosas no se ven igual en el mando superior de la Defensa de Madrid. La única opción es confiar en las posiciones del frente continuo que ha blindado el Jarama y Madrid y sacar a las unidades que allí habían combatido de su reorganización y enviarlas de nuevo al combate. Primero unos pocos batallones, luego un puñado de Brigadas. La orden es retrasar el avance enemigo a cualquier precio, hasta poder concentrar ante él fuerzas capaces de asegurar la situación; pero si Trijueque cae y luego Torija, el enemigo se desparramaría por el valle del Henares, bajaría de la alta meseta alcarreña, se coordinaría con las tropas de Moscardó y Marzo y Madrid se vería envuelto. Combatientes del Jarama que apenas han tenido tiempo de reponerse, unidades que se están recomponiendo de las bajas sufridas serán enviadas de nuevo al combate. Las horas ganadas por los valientes soldados de la 12 D en Almadrones serán bien aprovechadas. Lister llega con su reducida escolta al mando del sector en Alovera y los encuentra evacuando, pero hay nuevas ordenes y nuevos mandos. Para sorpresa de los que se veían ya derrotados, una fila de camiones con tropas avanza por la carretera de Barcelona camino de Valdenoches y Torija, son los primeros batallones de la División de Lister. Los carros T-26 salen de sus bases en pesados camiones plataforma y aguardan las ordenes de despliegue bajo los árboles que flanquean la carretera en el valle de Torija. En lo alto de la meseta, horas antes, en la noche, algunas compañías de brigadistas alemanes lograron ser desplegadas de urgencia, conteniendo también a los que ya flaqueaban y retrocedían, pero una vez más la voluntad de vencer y un mando ágil ha logrado cambiar la situación. La orden es avanzar al encuentro del enemigo que avanza y atrincherarse hasta que se pueda contraatacar.

Las tropas cumplirán la orden. Fuerzas de las Brigadas Internacionales y de otras Brigadas Mixtas del EPR se atrincheran a lo largo de la N-II, en sus cruces y en los campos que la flanquean. La batalla se renueva con toda crudeza. Los italianos son muy superiores en número a los escasos batallones que los frenan, pero sus mandos no desean desligarse de la carretera. Los carros lanzallamas Ansaldo aniquilan secciones enteras de voluntarios antifascistas alemanes; la lucha se hace feroz y hay muchas bajas por ambas partes. A los escasos carros T-26 presentes en el sector previamente comienzan a unirse las fuerzas blindadas llegadas de la retaguardia más lejana. Entre Brihuega y Torija, una sola sección de carros contiene un día entero a los italianos tras una exitosa emboscada a una unidad de infantería motorizada y resiste hasta la llegada de nuevas fuerzas.

Sobre el empleo de los carros T-26 y su comparación con las tanquetas Fiat Ansaldo, mucho más ligeras y sin cañón, deben tenerse en cuenta algunas cuestiones. El tanque T-26 era vulnerable a todas las piezas de artillería presentes en el campo de batalla; su mayor altura le hacía especialmente visible a distancia en un terreno llano como la meseta de Trijueque; por lo demás, apoyado por infantería y bien emboscado, en Guadalajara jugó un excelente papel, logrando imponerse rotundamente sobre su enemigo, si bien a costa de sensibles bajas. Por su parte, las muy denostadas tanquetas Ansaldo si bien no eran rival para el T-26 en modo alguno, eran muy peligrosas para la infantería enemiga. Actuaban en masa, formando líneas de avance y apoyándose mutuamente, cubriendo el asalto de los infantes propios. Algunos tanquetas eran lanzallamas y se mostraron muy eficaces. Su baja altura las volvía menos visibles en la meseta y no se debería despreciar su uso en un contexto en el que inicialmente la superioridad artillera y de efectivos propios eran total.


Concentración republicana y detención italiana.

Los días pasan y la ofensiva hacia Madrid ya no existe. Ahora es la batalla de Guadalajara, o quizá la de Trijueque o Brihuega. El mando central republicano comprende que el ataque italiano es muy peligroso y ha reorganizado completamente sus fuerzas. Se forman tres grandes agrupaciones. En la campiña, en torno a la 12 división con N. Nanetti al mando, en la alta meseta, un importante concentración de brigadas, artillería y carros con el mayor Lister, en el Tajuña, las fuerzas quedan al mando de C. Mera. Todos bajo el mando del Tte. Coronel Jurado. El sacrificio ante Trijueque ha tenido éxito. El día 12 de Marzo se inicia el contraataque. Los italianos son desalojados de Trijueque que habían tomado a un alto coste el día anterior. El bosque de Brihuega, la extensa zona triangular ente esta villa, Torija y Trijueque, había visto duros combates y ahora con intenso fuego artillero procedente de Torija, las brigadas republicanas pasan al contraataque. El Palacio de Ibarra, una señorial posesión agrícola en la linde del bosque se convierte en un icono de la guerra civil entre italianos cuando es copada en esta posición un batallón fascista completo que será aniquilado por los voluntarios italianos del batallón Garibaldi.


La contraofensiva republicana.

Las tropas italianas están agotadas. Sus mandos no han sabido aprovechar su superioridad numérica y material, no han querido, en realidad. Ante la enconada resistencia se imponía desplegarse en campo abierto y atacar en toda la línea de forma aplastante, pero hacer tal cosa implicaba crear un nuevo frente y renunciar a intentar avanzar rápidamente por la carretera principal y con ello a la resonante victoria estratégica que alcanzar Alcalá de Henares y Madrid suponía. No lo lograron y fracaso les sobrepasó. La aviación republicana mantuvo su superioridad casi todo el tiempo y trituró las largas columnas italianas, los hombres de la 12 división y los primeros refuerzos se hicieron casi matar en sus últimas posiciones antes de retroceder, de forma que cuando se logra tomar Trijueque, las fuerzas italianas están casi agotadas mientras los republicanos ya han logrado concentrarse para un contraataque. La punta de lanza italiana se alargó y estiró por la carretera sin lograr llegar a Torija, sometida al fuego de flanco de posiciones emboscadas que han ido nutriendo los refuerzos llegados en segundo escalón, son los alemanes del Thaelman y los franco-belgas. Los carros Ansaldo les asaltan frontalmente y hay muchas bajas. Sobrepasada la carretera lateral que une Brihuega con la nacional II, la infantería italiana se despliega finalmente a lo ancho de toda la meseta y avanza a través del bosque en dirección a Torija, la puerta de salid de la meseta y el comienzo de la carrera hacia Madrid. Pero los sacrificios de los antifascistas alemanes y franceses no han sido en vano, la infantería republicana empieza a llegar en masa a Torija, un grupo de artillería del 15,5 bate las zonas de concentración y de partida italiana, desde pocos kilómetros y con buenos observadores, el fuego es muy preciso. Las brigadas de la 11 división bajan de sus camiones entre el cruce con Fuentes de la Alcarria y los pabellones agrícolas del llamado Palacio de Don Luis, forman una línea de ataque y se internan a su vez en el bosque al encuentro de la infantería italiana. La lucha es muy dura y la línea italiana retrocede a la carretera de Brihuega; un batallón queda aislado en el Palacio de Ibarra, una propiedad señorial con un casón del XVIII y diversos edificios agrícolas circundado por un sencillo muro, una isla en el denso bosque. La nieve cubre el campo de batalla y la visibilidad es muy escasa. El combate por el Palacio de Ibarra se convertirá en el icono de la batalla; el batallón italiano antifascista Garibaldi, combatirá a las tropas de Mussolini y logrará rendir la posición. Los italianos han vencido a Mussolini por primera vez, una Italia libre es ya algo más que un sueño desde Guadalajara.

Las tres agrupaciones republicanas incluyen algunas de las mejores brigadas y divisiones del EPR, cuentan con superioridad local y aérea a partir del día 14 y con ello pasan a preparar la ofensiva. El día 18 de marzo, tras un intenso ataqe artillero, los carros y la infantería republicanas toman la salida de Brihuega a la meseta y en una acción conjunta con las Brigadas de carabineros mandados por C. Mera al sur del Tajuña, envuelven casi por completo la hondonada junto al río donde está la histórica villa. El mando italiano del sector se encuentra al borde del copo definitivo; la situación se vuelve insostenible. Desde la cota 709 que domina la ciudad los carros del coronel Paulov cañonean continuamente, la aviación ataca la localidad y la infantería republica ocupa los accesos principales. Cuando Mera ordena cruzar el río y rodear la villa por el este, la orden se cumple sin problemas y apenas queda ya un camino libre el enemigo. El mando italiano ordena la evacuación y abandonan la villa en dirección a Villaviciosa dejando atrás numeroso material, heridos y prisioneros. La victoria republicana en Brihuega es total. Atrás quedan doce días de ocupación fascista en la que numerosos vecinos fueron ejecutados por los grupos de falangistas que acompañaban a las tropas italianas para tareas de ese tipo.

La línea italiana ha retrocedido en la meseta y tras Brihuega. Es toda línea la que retrocede buscando romper el contacto con el enemigo. Una división, la 4ª Littorio, la mejor división, sigue casi intacta, pero las otras tres están muy desgastadas por una intensa semana de duros combates. Los italianos han luchado con mucho valor y han sabido sacrificarse cuando era preciso, pero en un combate la acción del enemigo es un factor a tener en cuenta, no a despreciar. Y en Guadalajara, la conducta del EPR mostró grandes cualidades; mostró ser un ejército que de estar dotado de recursos materiales suficientes podía vencer, pues sus hombres reunían temple y voluntad de victoria.

Derrota y retirada ordenada.

Después de la caída de Brihuega y ante el lento avance republicano en la meseta que amenazaba con ir copando las unidades italianas, el mando italiano ordena la retirada. Se trata en realidad de romper el contacto y retroceder hasta una línea segura. El coronel Faldella, sobre el terreno ordena la retirada por entender que las unidades corren grave peligro de ser batidas y por ello ordena el repliegue. La Littorio, al mando del veterano general Bergonzoli recibe la orden de establecer una línea de contención a la altura del km. 90 de la N-II (Gajanejos), pero la disposición del terreno le aconseja fortificarse a la altura del km. 97. Las tropas se retiran en la meseta y en el flanco sur hasta posiciones seguras. El pequeño avance territorial logrado es magro consuelo para quienes tan importantes objetivos pretendieran. El mando central en Burgos ordena la inmediata afluencia de unidades de refuerzo que cubran las nuevas líneas, la orden tardará varios días todavía en ser cumplimentada por completo, pero los republicanos no están en condiciones de forzar las posiciones de retaguardia que han escogido los italianos y los franquistas para poner fin a su retirada.


La imposible explotación del éxito.

El EPR logró evitar el peligro mortal que se cernía sobre la capital de la república, contuvo al enemigo y lo contraatacó con éxito. Sin fuerzas de refresco que explotaran el éxito, perseguir al enemigo y batirle por completo estaba fuera de sus posibilidades, pero esto no significa que, en esta ocasión, no les asistiera la victoria.

Además de la frustración completa del plan enemigo, Guadalajara fue una victoria moral para la república porque demostró a cuantos quisieron verlo que la España democrática era objeto de una agresión por parte de la Italia fascista. Por supuesto que Guadalajara fue una batalla que la propaganda tomó como propia, pero sin la derrota de las divisiones italianas no hubiera sido posible la campaña de la propaganda que la República emprendió de forma intensa tras combatir a un ejército extranjero completo en tierras alcarreñas.


Balance.

Fue una sangrienta lucha. Al no producirse una persecución decisiva del perdedor, el balance final de bajas fue equilibrado entre los dos bandos si nos fijamos en los números totales. Las bajas republicanas fueron altas en las tropas de la 12 Div. que cubría el frente inicialmente y entre los primeros batallones que llegaron de refuerzo, los italianos por su parte vieron completamente deshechas tres de sus cuatro divisiones. El conde Ciano reconoce sobre unas tres mil bajas totales (entre muertos y heridos); informes oficiales italianos hablan de 490 muertos, 2150 heridos y 257 prisioneros. Lo cierto es que tras el combate las divisiones fueron disueltas y sus supervivientes encuadrados en nuevas unidades.

Para el bando nacional, Guadalajara significó el final de la pretensiones italianas de dar un golpe definitivo a la República y con ello hegemonizar en cierto modo la situación política del bando faccioso. La derrota de ese proyecto italiano autónomo, significó un refuerzo de la posición de Franco ante sus aliados, aunque sin rebajar por ello su dependencia. Para Mussolini, la necesidad de lavar la afrenta implicó que su apoyo se mantendría hasta la derrota del enemigo. Implicó también el final de la larga batalla de Madrid y la orientación del conflicto a otros escenarios antes de retornar de nuevo al centro.

Para los republicanos, Guadalajara fue una victoria ante un peligro cierto y letal. Significó probar ante el mundo lo que el mundo ya sabía y no deseaba ver, que España veía una agresión extranjera contra su República. Para la República fue una victoria local, que proporcionó moral y confianza, pero que no pudo tener consecuencias estratégicas a su favor. Para el Comité de no intervención las contundentes pruebas de la intervención italiana no eran necesarias, conocían sobradamente la injerencia aunque no se dieran por enterados de ella. La batalla de Guadalajara, precisamente por ser la prueba casi absoluta de la agresión italo-alemana en España, se volvió contra las acciones diplomáticas españolas para poner fin a la No-Intervención, pues reforzó precisamente el temor franco-británico a una generalización del conflicto y les convenció de la necesidad de seguir bloqueando las peticiones de ayuda de la España republicana.


Pedro A. García Bilbao, URJC.


Bibliografía

Alcofar Nassaes J.L., Los legionarios italianos en la Guerra civil española 1936-1939, Dopesa, Barcelona, 1972.
Martínez Bande, J. M., La lucha en torno a Madrid, San Martín, Madrid, 1984.
Lister Forjan, E., Nuestra guerra. Memorias de un luchador, Silente, Guadalajara, 2007.
Conforti, O., Guadalajara, la primera derrota del fascismo, Oikos Tau, Barcelona, 1983.


Publicado por gentileza de: Foro de la Memoria de Guadalajara.




140. Paz Mendieta Ibarra (in memoriam)




Simpatizante del Foro por la Memoria de Guadalajara, ha fallecido en Madrid, nuestra querida amiga Paz Mendieta, una mujer menuda, dulce y valiente que siempre tuvo claro que había que honrar a las víctimas de la dictadura franquista, algo que demostró con su ejemplo.


Paz Mendieta Ibarra era natural de Sacedón, una localidad de La Alcarria rodeada de pantanos, donde nació el 24 de enero de 1928. El azar ha querido que falleciera el mismo día de su cumpleaños.

Sus padres eran Timoteo Medieta Alcalá y María Ibarra Valdeolivas. Timoteo fue asesinado tras un simulacro de juicio, el 16/11/1939. Es uno de los 822 republicanos que fueron pasados por las armas en el cementerio de Guadalajara, entre 1939 y 1944. Otros muchos fueron directamente “paseados” en sus pueblos, sin que tuvieran siquiera la suerte de tener un juicio.

El padre de Paz tenía una carnicería en Sacedón, aunque ejerció otros muchos oficios (albañil, jornalero). El matrimonio tenía 8 hijos, incluyendo una niña que murió al poco de nacer.

Presidente de la UGT de Sacedón, Timoteo siempre luchó por la justicia social y por mejorar las duras condiciones de los trabajadores y jornaleros del pueblo. Por ello, los caciques y sus esbirros locales hicieron contra él y otros miembros del sindicato una dura campaña, pidiendo que la gente no fuera a comprar a su tienda, cosa que muchos hacían por miedo y la mayoría, sencillamente, porque tampoco tenían dinero.

La falta de trabajo del padre sumió a la familia en la pobreza llegando a pasarlo muy mal ya incluso antes de la guerra. Cuando tenía trabajo, cada día, antes de que el propio Timoteo saliera de trabajar como albañil, la madre iba a la obra para cobrar el jornal, y con ello poder comprar y preparar la cena. Una anécdota sirve para recordar cómo la madre a veces engañaba a sus hijos para hacerles creer que habían comido. María los peinaba, lavaba y vestía con lo mejor que tenían, los sentaba en la mesa y momentos después decía : “venga, vámonos a la calle, que ya hemos comido”, cuando en realidad nadie había probado bocado. Esta situación de necesidad era repetida en muchas casas del pueblo. Sólo una buena mujer de derechas, llamada Braulia, les ayudaba.

La madre convaleciente todavía de un parto reciente, pero consciente de lo importante del hecho, fue a votar en las elecciones del 16 de febrero del 36. Paz recordaba que allí estaban esperando los hombres de Romanones, ofreciendo una simple manta o una tableta de chocolate a cambio del voto. Tambien tomaban buena nota de quien no aceptaba su chantaje.

Durante la guerra el padre de Paz fue concejal. La falta de autoridad, causada precisamente por el golpe de estado, hizo que los derechistas fueran perseguidos y fueran fusiladas varias personas de derechas en el pueblo. La mayoría eran simpatizantes de Falange o de Acción Popular, en total 18 personas, que fueron asesinadas en los primeros meses de la guerra, cuando el desorden lo permitió. Las fuerzas del orden que debían impedirlo estaban muy ocupadas en el frente, luchando contra unos golpistas. La mayoria de estos asesinatos tuvieron lugar en la plaza de toros del pueblo en el mes de agosto, junto a otros que lo fueron en el término de Auñón, donde fueron enterrados. Además en diciembre, otros 4 fueron asesinados en el asalto a la cárcel de Guadalajara. Los asesinos de estas personas consideradas de derechas fueron en su mayoría milicianos forasteros, fundamentalmente de Madrid, pero sin embargo, lo pagaron los vecinos del pueblo. Tras esta terrible matanza, el comité del Frente Popular del pueblo, del que era miembro el propio Timoteo, tomó serias medidas para evitar que se produjeran nuevos actos y éstos fueron evitados. El verdadero motivo del posterior juicio y asesinato de los republicanos del pueblo, fue otro. Fue enfrentarse al golpe militar, como figura en sus condenas, que indican claramente, por “auxilio a la rebelión”, es decir, por oponerse al golpe de Franco y sus secuaces. La Causa General, elaborada por la fiscalía franquista entre 1940 y 44 para justificar los crimenes franquistas, ni siquiera fue capaz de aportar pruebas sobre los autores de los crímenes. Tampoco le interesaba. No fue hecha para establecer la verdad, sino para justificar el exterminio de los demócratas. El texto de la Causa, se limita, como macabramente ocurre en cada pueblo y localidad de España, a enumerar los nombres de las autoridades republicanas, alcaldes, concejales, miembros del Frente Popular, que “casualmente” son acusados de cualquier delito cometido durante la guerra, tuvieran algo que ver o no. Timoteo tenía todas las papeletas para ser acusado, simplemente por ser concejal y presidente de la Casa del Pueblo de UGT. Estaba condenado previamente y sólo fue sometido a lo que podemos calificar como un “simulacro de juicio”, sin pruebas, sin garantías, sin defensa, sin justicia.

Timoteo no vivió la mayor parte de la guerra allí, pues habia sido movilizado en 1937, haciendo la instrucción en el pueblo de Romanones, y pasando todo el resto del conflicto el frente del centro. Al finalizar las hostilidades, se encontraba en el madrileño barrio de Canillas, y decidió regresar a Sacedón, cosa que tuvo que hacer caminando. Tras oir las noticias de la radio, como nos recuerda su hija Chon, decidió volver tranquilamente al pueblo: “porque les habían dado una paz honrosa, el no había matado ni robado a nadie y quería estar con sus hijos”, repetía Chon con las palabras casi exactas y archirrepetidas de la Junta casadista y que a tantos engañaron. Su esposa, María Ibarra, por su parte, decidió ir al encuentro de su marido, pero ambos no se cruzaron.

Así estaban las cosas cuando entraron los franquistas en Sacedón, iniciándose la persecución de las familias de demócratas del pueblo. Los siete hijos de la familia, que estaban sólos, se escondieron en la cámara, mientras un grupo de vecinos y falangistas del pueblo les increpaban desde la calle. Mientras, un vecino, Florentino Gil, era asesinado en la “ronda” del pueblo, siendo la primera víctima de la “paz honrosa”. No sería la última. Gil era más conocido por el “tío montaborricas”, por usar siempre ese modo de transporte. Motivo: Fue registrado y le encontraron un carnet socialista en los calcetines. Eso bastó para ser asesinado en el acto.

Al entrar Timoteo en el pueblo, el hijo de uno de derechas del pueblo asesinado durante la guerra por las milicias, le dijo “abajo los criminales”, dándole en el hombro, como premonición de lo que le esperaba. Traía los pies destrozados de andar. Esa misma noche, un falangista local acompañado de un militar de las fuerzas de ocupación llegó a la casa cuando todos dormían y Timoteo fue detenido y trasladado a la cárcel local. Al dia siguiente, los falangistas registraron la casa pero no encontraron nada de armas ni nada de lo que buscaban.

Paz recuerda llevar la comida a su padre preso en la “cárcel” de Sacedón. Timoteo no comía por pena y para darle la comida a sus hijos. Paz regresaba entonces con la comida de vuelta para casa.

El ambiente de hostilidad y la escasez en la posguerra hicieron que María, la madre de Paz, se trasladara con sus hijos a Madrid en mayo del 39. Para ello vendió una borrica y los pocos bienes que tenía y todos marcharon a casa de la abuela, en el puente de Vallecas. Dormían todos en la misma habitación. Su hermano de 11 meses era arropado en la tapa de un baúl, entre sábanas.

Al poco tiempo, Timoteo fue trasladado a Guadalajara, donde fue juzgado. Imaginamos que como la mayoría de republicanos y antifascistas que pasaron por este trago en nuestra provincia (más de 7000), Timoteo no pudo ni hablar en su “juicio”, conoció a su “defensor” apenas media hora antes de iniciarse éste, que por supuesto, era sumarísimo. Sólo apariencia de juicio, pues en realidad sólo era un grupo de criminales disfrazados de fantoches que levantaban un acta de su crimen. Por supuesto, la condena fue a muerte. Todo, juicio y sentencia en una única vista, al modo Sumarísimo.

Después María, esposa de Timoteo y madre de Paz, recibió un telegrama de su hermana desde Guadalajara diciéndole que se habían enterado de que ya era el día y le iban a fusilar. Cuando María llegó a Guadalajara era demasiado tarde, no tuvo el consuelo ni siquiera de poder hacerse cargo de su cadáver, pues ya habia sido enterrado junto a 17 compañeros más fusilados ese mismo día.

La necesidad obligó a la madre a ir al “estraperlo”, cambiando ilegalmente porcelana por aceite o judías u otros productos. Por ello en un viaje de regreso al pueblo desde Segovia, fue detenida con unas hogazas de pan como “cuerpo del delito” y condenada a tres meses de cárcel, sumiendo a los Mendieta aún más en la desesperación, pues tuvo que pagar una multa de 3000 pesetas, un capital para la época. Para poder pagar tuvo que mal vender unas fincas, lo único que tenían. Además de ello fue rapada, como tantas mujeres “rojas”.

Había que estigmatizarlas, humillarlas.

Paz recordaba siempre a los republicanos asesinados de su pueblo, – el averías, el tío Chamullo, el tío Oño, el Riolas, una lista de apodos y nombres que le atormentaba por la noche, y se despertaba, añadiendo nuevos nombres a la lista. El número total de asesinados en Sacedón en la posguerra es de 64, en un número que sólo iguala la propia capital, Guadalajara, aunque Paz, sólo recuerda a unos pocos. Su motivación no tenía ni un ápice de odio ni rencor, sólo quería transmitir lo que sabía y luchar por la justicia. Honrar a esas víctimas. Nadie ha reabierto sus heridas, pues las heridas sólo se cierran cuando son curadas.

La familia prosperó con mucha lucha de todos, y gracias a ello, han vivido y viven sin rencor y con dignidad. Paz siempre tuvo orgullo de su padre asesinado por luchar por la justicia social y la democracia y de su madre, que luchó por sacar adelante a la familia a pesar de las dificultades.

Cuando era joven, compuso una sencilla poesía que le gustaba repetir, honrando a sus sacrificados padres:

"Son unos fascistas malos / no podemos olvidar / que un quince de noviembre / te sacan a fusilar / siete hijos dejaste / sin dinero y sin pan / gracias a nuestra madre / que ella supo luchar /

Te sacaron de la cárcel / te subieron al camión / te llevan a Guadalajara / a darte la ejecución / Fuiste un padre muy bueno / y un marido mejor”.

Cuando volvieron al pueblo, años después de la guerra, nunca han tenido problemas con nadie, excepto algún comentario en las primeras veces. Paz quiso transmitir esto para que no se repita y para que se sepa el sufrimiento de su familia. Su madre María se puso de luto al ser su marido fusilado y ya nunca se lo quitó. Luchó siempre por su familia.

Paz y su hermana Ascensión, han sido las mejores luchadoras para recuperar esta memoria familiar. Cada año, el día 1 de noviembre, acuden a la tumba de su padre, al que pudieron finalmente recuperar, a poner unas flores. Durante el homenaje organizado cada año por los familiares, las dos hermanas han honrado siempre con emoción su memoria y la de todos los asesinados. El pasado 1 de noviembre, estuvimos con ellas, y asistimos a cómo descubrieron que algunas de las tumbas habían sido vandalizadas con terribles golpes, entre ellas, la de su padre. Casualmente donde decía: “muerto por defender la democracia” ha quedado la marca de un gran golpe asestado con una piedra o maza. Ahí dejaron claras sus intenciones los vándalos que cometieron el acto.



La lápida vandalizada

Ascensión y Paz Mendieta con María Ballesteros, 
hija y sobrina de fusilados tambien en Sacedón



Sirvan estas palabras de recuerdo para Paz Mendieta Ibarra y de pésame para toda su familia, empezando por su querida hermana Chon.


Xulio García Bilbao



(Todos los datos han sido recogidos por el Foro por la Memoria de Guadalajara en varias entrevistas a las hermanas Mendieta, grabadas en 2009 en su casa de Madrid)