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2773. Es urgente

Manifestación cementerio de Carabanchel de Madrid en el primer aniversario del atentado contra los abogados laboralistas de Atocha.
Foto EFE 


Es urgente pedir por esta boca,
poner los dedos en la llaga.
Pan y trabajo,
siempre se escapa el tiro
pa los de abajo.
No le saliera el tiro
por la culata.
Urgente es preguntar por los ausentes,
de su eterna prisión romper los lazos,
gritar para exigir la libertad que aspiro,
antes de que este tiempo nos quiebre entre balazos.
Sus fusiles…
Sus ametralladoras…
Por “hache” o por “be” no te dejan vivir.
Sus fusiles disparan si “hache” es:
pan para los hijos, escuelas, trabajo
o decir que basta ya de tanto asesinato.
Sus ametralladoras
sorprenden cualquier reunión, en donde
se hable del hombre y sus derechos.
Van a misa rodeados de sus hijos
y allí se dan la paz con las manos manchadas.
No saben que el amor es todo lo contrario.
Quitarnos las mordazas de la boca es
urgente, tirar al río el cinturón
a bofetadas, ay amor, de flores.
Que para limpiar la frente de sudores
bien pueden valer claveles
por pañuelo. ¡Qué dolores
para pintar el puente de otros colores!


Juan de Loxa





2647. En la Cortes: 41 años después

13 de julio de 1977. Dolores Ibárruri y Rafael Alberti bajan del brazo por las escaleras del Congreso de los Diputados, en la
constitución de las primeras cortes democráticas tras las elecciones del 15 de junio. (Foto: Marisa Flórez)



Fue la mañana del 13 de julio de 1977. A las diez y cinco.

¿Por qué tanto detalle?

Porque era sobrecogedor penetrar en el mismo hemiciclo del mismo Palacio de las Cortes, cuarenta y un años después. Cuarenta y un años de historia: Frente Popular, guerra civil, exilio, segunda guerra mundial, victoria sobre el nazismo y una interminable dictadura franquista sostenida por la reacción mundial.

Franco aseguró que terminaría con el comunismo. Encarceló, torturó, mató a centenares de comunistas y de patriotas combatientes de la libertad. Y no pudo acabar con el comunismo. Eso se lo habían propuesto otros fascistas y reaccionarios antes que él. Y nadie lo consiguió. Porque los comunistas están fundidos con el pueblo. Y el pueblo es inmortal.

La historia tiene sus facetas curiosas. La Pasionaria, una de las personas más denostadas por la propaganda franquista a lo largo de tantos años, subía aquel 13 de julio a las mesas de las Cortes y ocupaba la vicepresidencia de edad en la sesión constitutiva de las primeras Cortes democráticas posfranquistas.

Compartía conmigo esa vicepresidencia de edad Rafael Alberti, amigo y camarada mío de siempre, extraordinario poeta de nuestro siglo, que en Cádiz conquistó un escaño a golpe de coplas populares:

Coplero deliberado
que llegó, copla tras copla,
hasta salir diputado.

Rafael y yo participamos en la apertura de las nuevas Cortes españolas de 1977. El silencio era impresionante. Y mi emoción difícil de expresar.

Yo contemplaba el hemiciclo. Sí, era el mismo de 1936. ¡Pero tan diferente! No sólo por su modernización. Yo buscaba rostros conocidos... Pero allí no estaban ni Gil Robles, ni Manuel Azaña, ni Negrín, ni Luis Companys, ni Largo Caballero, ni Prieto, ni Besteiro, ni González Peña, ni José Díaz, ni Antonio Mije, ni Vicente Uribe, ni Juan José Manso... No estaban. Los escaños los ocupaban otras personalidades, mujeres y hombres, jóvenes en su mayoría... A la izquierda, mis camaradas del grupo comunista.

Yo era uno de los parlamentarios supervivientes. Mi paisano Manuel de Irujo, del PNV, lo era también...

Y estábamos allí, ocupando nuestro escaño, defendiendo cada uno sus ideales... sin haber claudicado en ningún momento.

El presidente de las Cortes, señor Hernández Gil, me dio cordialmente la bienvenida durante un descanso. También me estrechó la mano el entonces presidente del gobierno, señor Suárez. Yo le deseé mucha suerte. «Nos va a hacer mucha falta», me contestó sonriendo. Y no le faltaba razón.

A Rafael Alberti —hoy premio Cervantes— pronto le resultó demasiado estrecho el Parlamento y recuperó su puesto de «poeta en la calle», de «cometa errante», cediendo su escaño a un campesino de su tierra. Su asombroso talento creador continúa entusiasmándonos a todos. Su voz no ha dejado de cantar al pueblo, a la amistad, a las causas justas, a la paz.

Un día de octubre las Cortes recibieron con todos los honores al entonces presidente de México, López Portillo. Por tratarse del primer presidente extranjero que saludaba al nuevo Parlamento español y de un amigo de la democracia española, su discurso fue aplaudido por los diputados en pie y con sincero entusiasmo. Yo también le saludaba desde mi escaño. Y entonces ocurrió algo inesperado. López Portillo me envió, por encima de muchas cabezas, un fraternal beso. Gracias, amigo.

Fue un beso para mi pueblo, para la libertad, para la democracia. Hubo instantes de emoción y responsabilidad cudadana en el curso de aquella primera legislatura, en particular el voto afirmativo a la  Constitución democrática, que a mi parecer representa un hito importante en la historia del desarrollo de las libertades en España.

El «sí» que yo pronuncié fue motivo de comentarios en la prensa y en los pasillos. Se dijo que fue «el sí más rotundo y oído con toda claridad». «Pasionaria —escribió Pilar Urbano en ABC— casi declamó el voto afirmativo con una intensidad que ya quisiera para sí Nuria Espert.»

Al ser convocadas dos años después nuevas elecciones legislativas, yo pedí a mi partido que no presentara mi candidatura. Mi puesto debía ocuparlo una persona más joven. Y asturiana, por supuesto.

En efecto, en 1979 fue elegido diputado por Asturias mi camarada Horacio Fernández Inguanzo, querido y respetado por el pueblo asturiano.

En lo que a mí respecta, yo prosigo mi actividad en el Partido Comunista de España, ayudando a resolver complicados problemas que surgen a cada paso en la búsqueda del mejor camino que nos conduzca a nuestra meta: el socialismo.

Como cantara Nicolás Guillen:

Así hemos de ir andando,
severamente andando, envueltos en el día
que nace. Nuestros recios zapatos resonando,
dirán al bosque trémulo: « ¡Es que el futuro pasa!»


Dolores Ibárruri
Memorias de Pasionaria, 1939 - 1977






2037. Recordando a Juan Larrea

Sucede, pues, que la palabra democracia se asemeja extraordinariamente a un frasco rotulado, vacio y de enormes tragaderas, capaz de contener los productos más heterogéneos. No hay sustancia por tóxica o explosiva que sea, desde la leche de cabra hasta el ácido prúsico o el fulminato eclesiástico, que no encuentre en él cabida. Y lo que ocurre con esta palabra tipo, ocurre con las otras. El lenguaje es algo inanimado, muerto, un nuevo envase cuando no un ataúd. Lo funesto de la situación salta a los ojos. Porque ¿qué es lo que puede esperarse del hombre si el elemento que le distingue del animal carece de vida?

Un botón de muestra en el campo político. Hace más de un año que ha triunfado en todo el mundo la democracia. Los regímenes de Alemania, Italia y Japón, han demostrado a la vista del mundo lo mortales que eran. Más he aquí que tal vez la única verdadera democracia en formación dentro del área europea, la española, el régimen que albergaba en su seno a la democracia más antigua de Europa, la vasca, siga asesinada, clamando al cielo. Tales afirmaciones no son gratuitas, ni tendenciosas, ni interesadas como las que divulgan las grandes agencias de corrupción verbal del mundo. Se fundan en la Constitución de la República Española y en hechos muy precisos. Su democracia era expresamente pacífica hacia adentro y hacia afuera. En su repudio expreso de la guerra había llegado a licenciar a la mayor parte de su Ejército. por ello, heroicamente, fue su víctima. Oponía a la secular inercia de las clases poseedoras, no una clase social, sino una categoría esencialmente humana y popular, el trabajo, el dinamismo. Para ese dinamismo creador en todos los órdenes, buscaba el bien de todos. Había venido al poder en 1931 de manera incruenta. En 1936 la voluntad popular se manifestó democráticamente en las urnas a favor del régimen popular republicano en el momento escogido por sus enemigos de siempre, estando estos virtualmente en el poder y cuando disponían del máximo de elementos de organización y económicos para la adquisición de votos. Nadie hasta los albores de la guerra peninsular que, al verse irremisiblemente perdida, desataron con ayuda de Hitler y Mussolini las clases invertebradas de la nación, puso en entredicho la victoria del pueblo (1). Según confesión de parte y documentación fehaciente, esa sublevación se había planteado con dos años de anticipación por los representantes de la monarquía y del ejército y el Duce italiano. Nadie ignora que en cuanto el pueblo expresó su veredicto, empezó de una manera visible la labor de zapa y provocación por parte de la reacción española, más con un virtuosismo patentado en otros países. A pesar de que las cosas están cambiando mucho en estos últimos tiempos por lo que a Franco se refiere, parece ser interés decidido de varias grandes potencias "olvidar" cuanto atañe al régimen popular español y las malaventuras que padeció entonces en el campo internacional dominado por las apellidadas democracias. Más es interés de la conciencia humana no dejar sin atar ninguno de estos cabos. Ni ocultar los sagrados estigmas.

Inglaterra y Francia influyeron en la Sociedad de Naciones a la que pertenecía con ingenuo entusiasmo la República española para implantar una política de no intervención. He aquí otra linda palabra que puede utilizarse, como una manguera, en todas las direcciones de la rosa a fin de regar la maceta que más deleite. Maniatado, el pueblo español empezó su calvario de iniquidades, vejaciones e insultos. Fue tramposamente conculcado su derecho por las llamados a rendir justicia. A todos los demócratas, fuesen del partido que fuesen, se les tachó de criminales y de comunistas, y a los comunistas la democracia cristiana y la plutocracia internacional los declararon, por el hecho de serlo, reos de exterminio.

La República española, abandonada por todos (salvo por México y la Unión Soviética) sucumbió. Diz que aras de la paz universal, para evitar la guerra. Cuantos no comulgan con ruedas de molino sabían que era una mentira de las que deshacen época. Quien más quien menos, todos han sabido después a qué atenerse. Pero ello no quita para que Franco siga todavía en el poder sostenido todo por el artilugio católico-plutócrata del mundo, por el Vaticano, por Churchill. Cierto es que, aunque a regañadientes y a costa de forcejeos, poco a poco se van tomando los medidas para que desaparezca del tablado internacional ese baldón demasiado flagrante y delator para todos y demasiado estorboso para una bien ordenada política de "olvido". Sí, es ya inminente el derrumbe de Franco pero ¿y la democracia española?

He aquí algo de lo que no se oye hablar nunca. La democracia española tenía y tiene un gobierno legítimo que, con las precisas asistencias debiera estar hace tiempo gobernando. Ni lo está ni ninguna de las grandes potencias, inclusas las que no tienen relaciones con la España actual, se ha dignado reconocerlo. Prefieren seguir empeñadas en su política de sobrepujanza, peleándose por arrimar cada cual al ascua española a su sardina. Como si no fuera temerario jugar con tan peligrosas espoletas. Todo se vuelve trampas, obstrucciones, palabras cruzadas, pasatiempos, ardides para dar lugar a que transcurran los días con la esperanza de poder derivar los acontecimientos por ciertos declives de manera que el régimen sustituto del actual sea el que cada jugador estima adecuado a sus particulares conveniencias o siquiera el menos conveniente para los intereses ajenos. Y ello aunque ese régimen no tenga mucho que ver con el que responde a la voluntad democrática de España. Esa voluntad es lo único que, a lo que estamos viendo, no cuenta para el sentido de justicia de los administradores de la victoria. La intervención de no intervención sigue tan flamante como en sus mejores días. A Chamberlain sucedió Churchill y a Churchill Bevin. ¿Delenda est Britania?

Se considerarán desorbitadas estas afirmaciones. Quien esto escribe no lo piensa así. Política. Política de tira y afloja. De toma y daca. De compra y venta. (A lo mejor por treinta pozos de petróleo...) A veces sin finalidad práctica, por la voluptuosidad de entregarse poderosamente al deporte político. El hecho es que ninguna de las grandes potencias, ligadas a lo que cabe conjeturar, por secretos compromisos, ni siquiera Rusia, ha reconocido al gobierno republicano en el destierro, único representante legítimo de la voluntad española victimada atrozmente por el fascismo, a la deriva de su propia irrestañada sangre. Puntualizando: este hecho catalizador, revelador, viene a significar claramente, al confrontarlo con los demás hechos, que el círculo de potencias llamadas democráticas, no tiene de democracia sino un tanto por ciento de su nombre. A lo mejor hasta seis de las letras que lo forman. Las últimas (que son las primeras): cracia, el poder. Falta enteramente lo que se había ya vislumbrado más arriba: el pueblo. No hay pueblo. No lo hay ni puede haberlo sin lenguaje. No hay lenguaje universal, sino su babélica negación. No hay, por tanto justicia.

Sólo una excepción total, siempre la misma, con cuanto ello significa: México. No lo pensamos nosotros. Lo ha pensado la Historia.

Quede todo ello bien sentado para que no se olvide.


Juan Larrea
Visión de paz” Apogeo del Mito
Cuadernos Americanos, vol. XXVIII, núm. 4, julio-agosto 1946


(1) He aquí tres testimonios irrecusables: "Nadie puede desde nuestro campo negar este hecho evidente: la jornada del 16 de febrero ha constituido una hecatombe para la derecha española", José Calvo Sotelo (El Diario Vasco, 11 de marzo de 1936); "La gravedad de la situación creada por unos comicios que han resultado adversos a la política conservadora me obliga a comunicarme otra vez con Vuestra Eminencia", Isidro Gomá (en carta al Secretario de Estado, Cardenal Pacelli, hoy Sumo Pontífice, fechada en Toledo el 26 de febrero de 1936); "La inesperada y formidable victoria del Frente Popular (16 de febrero de 1936) entregó una vez más las riendas del poder a Azaña", Francisco Franco (Revue Universelle, 15 de marzo de 1937)










1395. Contra la impunidad y por la democracia



Carta abierta a los partidos políticos y organizaciones sociales del Estado español: contra la impunidad y por la democracia


Es evidente que en los últimos años la sociedad española se ha sensibilizado por la situación de las víctimas de la represión franquista, lo que ha dado lugar al surgimiento de numerosas asociaciones relacionadas con estos hechos. A pesar de los años transcurridos, cualquiera que se acerca a esta cuestión se encuentra por parte del Estado con la dejación de la situación de las víctimas, de la memoria y de los derechos humanos.

Y es precisamente desde el discurso de derechos humanos desde donde se puede hacer frente a la situación concreta y exigir al Estado la justicia necesaria para poner fin a la desmemoria, dejación e impunidad a que se ha reducido esta cuestión de forma, muchas veces, intencionada.

En un momento en que los modelos de impunidad impuestos en otros países, como Argentina y Chile, han visto caer su legitimidad y su legalidad, creemos que es oportuno que el Estado Español, en parte responsable de dichos modelos, asuma su propia problemática, la que denominamos el "modelo español de impunidad", y ponga fin al mismo en forma democrática y con el respeto que todas las víctimas se merecen, pero teniendo muy claro que la finalidad es consolidar las libertades civiles y los derechos humanos.

Es necesario que se entienda que la justicia es lo contrario de la venganza. Es necesario que no se equipare, en un discurso perverso, el concepto de justicia al de venganza, pues ello posibilita que se considere el olvido como una de las bases del estado de derecho. Ninguna sociedad puede sobrevivir al desconocimiento de su propia historia, por horrible que ésta sea... Y es evidente que el discurso de derechos humanos y libertades no se recuperó aún de la pérdida de ambos valores tras el golpe de estado franquista

A partir del 14 de abril de 2004, con la publicación del informe "La cuestión de la impunidad en España y los crímenes franquistas" y su Plan de Acción, dio comienzo el desarrollo de un discurso sobre las víctimas republicanas de la Guerra Civil, de la Segunda Guerra Mundial y de la dictadura franquista, discurso ausente en los partidos políticos y en la inmensa mayoría de las organizaciones sociales españolas.

Por primera vez se hicieron públicos documentos que permiten la categorización criminal del régimen franquista y de su participación, como parte de los Países del Eje, en la guerra de agresión nacionalsocialista que sufrieron la práctica totalidad de los países europeos, pero muy especialmente los países del Centro y del Este de Europa.

De especial importancia es la resolución 39 (I) de 12 de diciembre de 1946, que define al régimen franquista diciendo: "(a) En sus orígenes, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen fascista modelado sobre, y en gran medida establecido gracias a, la ayuda recibida de la Alemania Nazi de Hitler y la Italia Fascista de Mussolini."

Esta definición, unida a la actuación del fascismo español, nos permite afirmar que fue un régimen criminal y que sus crímenes permanecen impunes judicialmente en virtud de artificios legales pergeñados durante la denominada "transición".

En este sentido, es totalmente contrario al derecho internacional vigente que continúen en vigor leyes como la mal llamada "ley de amnistía", que fue en realidad el parapeto jurídico de los responsables franquistas de la comisión de crímenes contra la humanidad. En fechas más recientes, este marco de impunidad se ha visto complementado con la también mal llamada "ley de la memoria".

Este modelo legal de impunidad sancionado por el Congreso tiene diversos efectos prácticos en el ámbito legal, pero principalmente, ha supuesto la indefensión y exclusión de las víctimas republicanas y la declaración de legalidad del ordenamiento jurídico franquista.

Estas cuestiones, que no son menores, conforman una base de ilegitimidad sobre la que se asienta el régimen político actual. Este problema de fondo no puede superarse con voluntarismos frívolos tales como querer mirar sólo al "futuro promisorio", al tiempo que nos negamos a analizar el pasado, menos aún cuando ese voluntarismo pretende desconocer que el fascismo español está inmerso y es consecuencia de la historia europea.

No existe por tanto esa "excepción española" que permite comprender la democracia alemana, francesa, italiana e incluso la japonesa obviando su ruptura con los modelos legales nacionalsocialistas, fascistas o imperialistas.

Hoy no es discutible afirmar que el régimen fascista español cometió crímenes contra la población civil y que practicó el asesinato, el exterminio, la tortura, el sometimiento a esclavitud, la deportación, la persecución por motivos políticos, raciales y religiosos, así como el encarcelamiento arbitrario.

No obstante, esta constatación empírica, es rechazada por la práctica totalidad de los partidos políticos y de los tribunales, los cuales intentan crear un absurdo e inmoral sistema doctrinal que permita ocultar para siempre la historia del fascismo español.

Tampoco la posibilidad de una Comisión de la Verdad, en cualquiera de sus formas, constituye un mecanismo de respuesta al problema de la impunidad, sobre todo si se tiene en cuenta que las comisiones de la verdad no pueden suplir la obligación que pesa sobre el Estado de investigar, a través de su poder judicial, los crímenes del franquismo.

El 18 de noviembre de 2006, a raíz de un informe publicado por la Sección Española de Amnistía Internacional, la Presidenta de la Asociación de Familiares y Amigos de Represaliados de la II República por el Franquismo (AfarIIREP) se dirigía a esta organización en una carta pública, en la que dejaba claro su rechazo a la posibilidad de una Comisión de la Verdad en cualquiera de sus formas, y ello por tres cuestiones básicas: a) Porque en un estado de derecho lo que debe primar es el derecho a la justicia y esto no se consigue a través de una Comisión de la Verdad; b) Porque el derecho internacional aplicable en la jurisdicción europea obliga al cumplimiento de normas jurídicas que una Comisión de la Verdad no puede garantizar; c) Porque las Comisiones de la Verdad han significado en la práctica la configuración de modelos de impunidad.

El juez francés Louis Joinet estableció unos principios básicos sobre los modelos de impunidad que fueron discutidos, y como reconoce en la introducción de su informe final, contó con la crítica y el apoyo de las organizaciones que participaron en el "Seminario Internacional: Impunidad y sus efectos en los procesos democráticos" realizado en Santiago de Chile en diciembre de 1996.

Por primera vez un documento de Naciones Unidas define la impunidad como "la inexistencia, de hecho o de derecho, de responsabilidad penal por parte de los autores de violaciones de los derechos humanos, así como de responsabilidad civil, administrativa o disciplinaria, porque escapan a toda investigación con miras a su inculpación, detención, procesamiento y, en caso de ser reconocidos culpables, condena, incluso a la indemnización del daño causado a sus víctimas".

Es con estos antecedentes que nos dirigimos a las organizaciones sociales y políticas, para que incluyan el discurso de las víctimas republicanas y el de la lucha contra la impunidad y tengan en cuenta los problemas reales existentes para buscar las alternativas prácticas que den solución a estos problemas.

Es el Estado quien ha de garantizar el derecho a la justicia, con todas las implicaciones que ello supone, como es el acceso a los archivos de la represión, a las causas de la muerte en los registros civiles, al respeto de la normativa forense en materia de exhumaciones de restos humanos (y no de restos antropológicos, que es como se ha tratado hasta el momento a las víctimas de ejecuciones judiciales y extrajudiciales cometidas por el régimen franquista). El Estado no puede declinar ni hacer dejación de sus obligaciones en materia de derecho penal internacional. Es indudable que en el caso del Reino de España la falta de responsabilidad penal de los autores de violaciones graves a los derechos humanos es absoluta y, por ende, el sistema de impunidad pergeñado durante la transición sigue incólume.

Y si dejamos que se implanten definitivamente los modelos de impunidad, corremos el riesgo cierto de perder las libertades que el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos pretendió universalizar.

Los modelos de impunidad surgen con la pretensión de resolver el dilema que representan la democracia, las libertades y la expresión del uso racional de ambas, que son los derechos humanos. Les caracteriza la vanidad, que se plasma en "la presunción de gobernar hasta más allá de la tumba..., en la más insolente de todas las tiranías", como tan bien respondiera Thomas Paine a Edmund Burke.

Y esto es así porque como decía Jeremy Bentham "del poder de perdonar sin límites surge la impunidad de la delincuencia en todas sus formas, de la impunidad de la delincuencia en todas sus formas, la impunidad de todas la formas de maldad, de la impunidad de todas las formas de maldad, la descomposición de los gobiernos, de la descomposición de los gobiernos la descomposición política de la sociedad".

No se puede construir el futuro dando la espalda al pasado y restaurar la justicia significa devolver a las generaciones venideras la libertad, para lo cual es necesario obligar al mundo político a recuperar su conexión con las formas de vida éticas donde la fraternidad y la solidaridad ocupen su lugar. De lo contrario condenamos a las generaciones venideras a vivir en plena soledad y en un espacio vacío.


31 de marzo de 2015



Anexo. Propuesta de programa contra la impunidad y de fortalecimiento democrático

Proponemos a los partidos políticos del Estado español que asuman y promuevan el siguiente Plan de Acción, el cual refleja de una manera no exhaustiva las consecuencias de la impunidad española. En su elaboración se tuvo en cuenta la opinión de todos los actores sociales existentes a principios de 2004.


2. Declarar por Ley la nulidad de todas las acciones legales del régimen franquista, haciendo mención expresa a las Resoluciones de las Naciones Unidas adoptadas por unanimidad por la Asamblea General de la ONU el 9 de febrero de 1946 [Res. 32(I)] y el 12 de diciembre de 1946 [Res. 39(I)], y a su carácter criminal según las normas de derecho internacional.

3. Declarar la nulidad de todos los juicios penales y militares por arbitrarios e ilegales, adoptando las medidas adecuadas para el resarcimiento proporcional y actualizado de las víctimas, así como la reconstrucción de los archivos penales y judiciales afectados.

4. Elaborar una ley de exhumaciones e identificación de víctimas que tenga en cuenta los tipos de delitos, el necesario conocimiento de la verdad y que fije los procedimientos acordes con el derecho internacional de derechos humanos.

Dicha ley ha de tener en cuenta además los diferentes tipos de enterramientos clandestinos, oficiales, etc. y resolver el caso de las fosas comunes producto del plan de exterminio, de los enterramientos ilegales y de las fosas comunes de las tropas regulares en los frentes de batalla.

5. Elaboración de un Manual de Antropología forense adaptado a las normas internacionales de derechos humanos, crímenes de guerra y a la situación histórica de la II República y del régimen franquista, que permita ordenar los desenterramientos en orden a la instrucción penal correspondiente en función del tipo de delitos y las víctimas, sean éstas civiles o soldados regulares en los frentes de batalla.

6. Normalización legislativa de los bancos de datos de ADN para la identificación de víctimas, procediendo al registro judicial de las muestras de los restos de las víctimas, así como las de los familiares que lo soliciten, y creando los parámetros de reconocimiento que surjan de la experiencia antropológico forense y sociológica.

7. Ley de reconocimiento de los campos de concentración y de trabajos forzados, y reconstrucción de los procesos seguidos en los mismos y de las víctimas.

8. Desclasificación y catalogación de todos los archivos diplomáticos, militares y de inteligencia hasta la instauración del régimen democrático.

9. Inventario, catalogación y reorganización, con medios adecuados a la tecnología actual, de los archivos penales, judiciales, carcelarios, militares, de inteligencia, municipales, etc., a nivel de todas las administraciones, adecuándolos a las normas del derecho a la verdad y a la justicia de las víctimas.

Se ha de reconocer el libre acceso y la obligación de colaboración judicial de los responsables de dichos archivos con las víctimas y sus familiares, organizaciones de víctimas, organizaciones de derechos humanos y con la justicia nacional o de otros países.

10. Reconstrucción de las listas de víctimas españolas en terceros países como consecuencia del régimen franquista, incluyendo especialmente a los denominados "niños de la guerra", y solicitando, si fuera necesario, la colaboración internacional, especialmente en el ámbito europeo, para lo que se contará con las organizaciones de exiliados o de organizaciones extranjeras que hayan colaborado con el exilio republicano. Se procederá a la regularización jurídica de los problemas de nacionalidad española derivados del exilio y de los que son consecuencia de la inscripción de españoles en registros de autoridades legítimas dela II República, otorgando el mantenimiento de la doble nacionalidad de los exiliados y de sus descendientes en todos los casos.

11. Reconstrucción de las listas de víctimas y represaliados desde el levantamiento franquista, de forma legalmente válida, otorgando el reconocimiento jurídico válido y teniendo especial cuidado con los menores, huérfanos y mujeres.

12. Adecuación de las normas de los registros civiles a efectos de la correcta determinación de las causas de muerte.

13. Establecer un inventario de los bienes saqueados, embargados o expoliados por motivos políticos, religiosos y de represalias.

14. Establecer una legislación que permita la recuperación e indemnización a cargo del estado, o de los responsables patrimoniales si existieran, de los bienes expoliados a personas físicas o legales por motivos políticos, religiosos o de represalias de cualquier tipo.

15. Legislación de reconocimiento de todos los militares que sirvieron lealmente a la II República, restableciendo su condición histórica y adecuando sus méritos reglamentarios a todos los efectos.

16. Legislación de reconocimiento de todos los militares y fuerzas irregulares de origen español que colaboraron con los países aliados en la resistencia contra los países del Eje y contra el régimen franquista, equiparándolos al reconocimiento jurídico, militar y social que se siguió en países como Francia.

17. Reconstrucción de los mandos de todas las organizaciones franquistas en el interior y el exterior de España, para facilitar el derecho a la verdad y el conocimiento de los perpetradores de los crímenes contra la humanidad.

18. Fijación de un sistema de resarcimiento económico actualizado, en términos actuariales y que se corresponda con la realidad económica y social española, a todo tipo de víctimas aún vivas, herederos y sus familias, así como adoptar las medidas necesarias para el reconocimiento social y cultural, para lo que se procederá a la localización, catalogación y declaración como patrimonio histórico de los lugares de memoria de la lucha en defensa de la República y de la represión franquista.







1249. El parlamentarismo

Apertura de las Cortes Constituyentes, 1931 (Foto Alfonso)



El principal instrumento de la República es el parlamentarismo. Cada cincuenta mil personas, exceptuando las mujeres y los chicos, los militares y los curas, envían un representante al Parlamento, y la suma de esos representantes es la opinión íntegra del país.

Esto, como sistema mágico, puede tener algún valor; como sistema racional, muy poco o ninguno.

Se podría argumentar diciendo que el procedimiento es arbitrario, pero el resultado es valioso; pero no hay tal.

El Congreso, en este momento, no representa la masa social española. Si la representara sería un conglomerado desgarrado de opiniones contrarias, de rencores y de furias.

El Congreso actual es más bien apacible y mediocre, es una creación artificiosa y falsa. No puede ser otra cosa. Parece que está hecho pensando no en el país., sino en la cubicación del palacio del Congreso de la Carrera de San Jerónimo.

Está hecho también con la idea preconcebida de dar una impresión de que España es un país en su mayor parte socialista, lo que es falso.

El Parlamento español, como quizá la mayoría de los Parlamentos, no sólo no representa la masa social, sino que, además de esto, no interesa.

Las Cortes tendrían su objeto si no existiera la Prensa desarrollada de nuestro tiempo; pero hoy que un sólo periódico puede reproducir la opinión de una persona en cientos de miles de ejemplares, ¿Qué valor de expansión puede tener un discurso pronunciado ante trescientas o cuatrocientas personas?

El Parlamento no queda más que como una de tantas ceremonias de la democracia.

Sin el altavoz de la prensa, el Parlamento tendría la misma resonancia que un Congreso de turistas, de veterinarios o de dentistas.


Pio Baroja
Comunistas, judíos y demás ralea, 1938
Capitulo XV








1236. Democracia y mala educación

Pío Baroja y Nessi
(San Sebastián, 28 de diciembre de 1872 - Madrid, 30 de octubre de 1956)


De chico recuerdo haber visto en mi pueblo un cómico muy malo, bizco por añadidura, que cuando no sabía el papel se quedaba mirando furibundamente al apuntador para dar a entender al público que el de la concha era el culpable de todo, y luego, cuando le parecía larga la pantomima, hacía una graciosa pirueta y sonreía amablemente. Se ganaba una respetable silba, pero al día siguiente, el hombre, impertérrito, repetía la suerte.

Como aquel pobre hombre, nuestros políticos tienen una pirueta para salir del paso y disimular el vacío de sus cerebros, y, sin embargo, se les aplaude. Los reaccionarios, la fe, la patria, las veneradas costumbres; los revolucionarios, la libertad y la democracia.

¡Oh! la democracia. Es la palabra más insulsa que se ha inventado. Es como la pirueta del cómico de mi pueblo; la mayoría, ni sabemos lo que es democracia, ni lo que significa y, sin embargo, nos sugestiona y nos hace efecto.

Como la música cancanesca de Offembach, los aires democráticos nos dan ganas de echar los pies por alto y de amenazar con la punta de la bota la nariz del vecino.

Hay algo que se llama democracia, una especie de benevolencia de unos por otros que es como la expresión del estado actual de la Humanidad, y esa no se puede denigrar; esa democracia es un resultado del progreso.

La otra democracia de la que tengo el honor de hablar mal, es la política, la que tiende al dominio de la masa y que es un absolutismo del número, como el socialismo es un absolutismo del estómago.

He leído, como todo el mundo, algo acerca de la democracia, pero no tengo una idea clara de lo que es; etimológicamente significa gobierno del pueblo, pero yo creo —quizás me engañe que el pueblo no ha mandado nunca ni en los tiempos más revolucionarios y que tampoco mandará en el porvenir.

¿Que tienen representantes o delegados que mandan por él? Riámonos de eso. Es la farsa más estupenda que se ha inventado.

Una de las tendencias que parece envolver la idea democrática y con ella la idea socialista, es la de la equidad y la de la justicia. A cada uno según su capacidad, a cada capacidad según sus obras, ha dicho un socialista, y esta fórmula sería lógica como ninguna, si la naturaleza fuera también equitativa y justa. Pero la naturaleza ha hecho sanos y enfermos, fuertes y débiles, talentudos y bobos; como la sociedad ha hecho ricos y pobres, nobles y plebeyos. Tan respetable y tan execrable es una injusticia como otra. Nacer león o nacer cordero, nacer hombre o perro, son cosas que no se deben a ningún mérito anterior. Un poquillo de substancia gris de más en el cerebro y es uno un genio; un poquillo más de substancia blanca y es uno un idiota. ¿A Qué viene el dar premios a la mayor capacidad si ésta es un hecho casual de la naturaleza, como el ser rico es un hecho casual de la sociedad?

A pesar de esto, para el progreso de la especie, sería mejor abrir el campo a las energías de los fuertes, pero actualmente, al menos, no se ve que la democracia sea como una comadrona de genios; dada la manera de ser comunista de la enseñanza, un hombre de talento no tiene más medios de sobresalir que hace doscientos años; quizás tenga menos, porque el afán del lucro arrastra a las universidades ya las escuelas, un turbión de gente que obstruyen todos los caminos y ahogan con su masa las personalidades, aun las más enérgicas.

Otra de las consecuencias, a mi modo de ver, fatales de la democracia y del socialismo es la de supeditar y subyugar el individuo en beneficio de la sociedad y del Estado.

Además, ha inculcado en todos el ansia del perfeccionamiento social, el anhelo de escalar posiciones y ha hecho que el hombre busque su progreso de fuera, su progreso que se podría decir objetivo, más que el subjetivo o de su ser moral.

De estos deseos, de estas ansias, unidas a la afirmación de la igualdad legal, se ha pasado inconscientemente a la afirmación de la igualdad social. Todos nos creemos socialmente iguales a los superiores y superiores a los inferiores; si hacemos la corte a una duquesa se nos ocurre pensar: en el amor no hay clases; pero si el hijo de la portera quiere flirtear con nuestra hermana, o nuestra hija, ¡oh! entonces hay clases, ya la creo.

Escuchad a esos socialistas y demócratas cuando razonan en el seno de la confianza; todos sus argumentos giran alrededor de su yo como un satélite alrededor de un planeta. ¿Por Qué yo he de estar aquí fastidiado mientras qué?... ¿Por Qué yo que soy?..

Desconfío de los demócratas y socialistas pobres; creo que si fueran ricos no serían demócratas.

Quisiera ver a muchos amigos socialistas en posiciones elevadas, para demostrarles que serían más tiranos, más insoportables, pero mucho más, que los de ahora, si ocupasen sus puestos.

¡El advenedizo! ¡Y, en España, en donde todos nos sentimos dictadores! Hay que ver la soberbia de un tabernero convertido en agente de policía, para comprenderlo. Aquí el guarda de un jardín es tan déspota como un zar; un portero se da más tono que el propietario; un cocinero de casa grande le mira a uno por encima del hombro y, si a mano viene, su señor saluda con finura; al director de un periódico de importancia no se le puede comparar más que con Dios...

¡Un gobierno popular! ¡Sería encantador! sé por experiencia cómo la gastan los demócratas.

Fui una vez a una alcaldía a pedir una cosa justa, y el teniente alcalde, un republicano y furibundo demócrata, después de someterme a un interrogatorio humillante, me mandó a paseo sin oírme. Se va a pagar la contribución o a tomar la cédula; le hacen a uno estar en la escalera; se pierde todo el día, y si se atreve alguien a hacer la más mínima observación al escribiente, le hace esperar hasta el último, si es que no la echan a la calle. Se quiere encontrar un expediente en una oficina: —¿Se puede ver a?.. — se le pregunta al portero, saludándole con finura; y cuando no contesta un bufido, vuelve tranquilamente la espalda sin hacer caso. Está lloviendo y se va ensuciando la escalera... la portera gruñe.

¡Es un encanto!

Será útil para los demócratas y socialistas el dominio del pueblo; pero para los demás, si debemos desear algo, es que manden los aristócratas, porque en el poder tendrán menos impaciencias, menos apetitos y formas más corteses.

La Democracia lleva envuelta en sí misma una ansia de exclusivismo por el cuarto estado, que será con el tiempo para los errantes, los pobres y los que no tienen trabajo, una burguesía tan odiosa como la actual.

La Libertad es muy hermosa y muy grande; en el alma del hombre libre y emancipado hay una Religión, una Patria, un Estado, una Justicia, todo; y esto le basta al hombre libre, que no necesita para nada una protección social, basada en intereses parecidos a los suyos. Por la Libertad están las conciencias; por la Democracia y por el Socialismo los estómagos.


Pío Baroja
(De "El Tablado de Arlequín”, 1903)
Publicado en Comunistas, judíos y demás ralea, 1938
Capítulo IV